The Center of the Universe
Capítulo III- Los Devoradores de Humanos.

Fortaleza Flotante, Dakria. Base Militar del Cuarto Escuadrón de Vigilancia. 8:30 a.m.

La puerta se abrió para James Potter y éste entró, con los anteojos sujetos entre una mano y frotándose los párpados cerrados con los dedos de la otra. Su habitación se veía acogedora, pero no había tiempo para dormir en aquél momento.

No, todavía tenían que encontrar (nuevamente) a un grupo de rebeldes que se habían escapado debajo de las propias narices de su ejército; que habían logrado engañarles descaradamente y que por si fuera poco estaban destruyendo el poco dominio que habían conseguido ejercer sobre las colonias apostadas en las orillas del desierto.

Gimió, mientras se acomodaba las gafas y rebuscaba dentro de sus documentos la orden que había recibido hacía un par de días. Si alguno de los habitantes del desierto se oponía a la revisión, él simplemente extendería la mano y sonreiría. Todo era legal y él tenía el permiso del Sacro Emperador para poder hacer lo que le placiera dentro de sus territorios: El desierto de Gen.

Y sabía que se opondrían. Los habitantes de Gen y sus alrededores formaban una de las etnias con mayor fortaleza y orgullo entre todas las que habitaban Apollyon. Ni siquiera los gigantes de las montañas del norte habían opuesto tanta resistencia, y sinceramente James no sabía si sentirse orgulloso o desesperado ante tal situación: Los 17 años que había vivido en la ciudadela de Gen le habían vuelto tanto o más orgulloso que el resto de ellos y era en parte gracias a esto que aquel hombre (o cosa, o lo que fuera) le había admitido dentro de sus tropas sin vacilar ningún momento.

Traidor...

Estúpidos aquellos que tratasen realmente de oponerse a Lord Voldemort, Sacro Emperador de Apollyon, Regenta y un par de satélites más que circulaban por el área.

Traidor...

Se frotó la frente con una mano y varios mechones de su desordenado cabello negro se revolvieron todavía más con el sudor. El pequeño cofre de documentos importantes emergió del fondo de su caja fuerte y James Potter sonrió. Dedicó una mirada furtiva al amplio ventanal que coronaba su habitación y pudo ver que había amanecido.

"Debería dormir más.." se dijo a sí mismo, con una risita molesta, y abrió el cofre.

"Deberías." respondió otra voz, desde la puerta ahora abierta de su habitación. Los ojos marrones de James giraron bruscamente hacia la fuente y pudo ver el rostro ceñudo y pálido de un muchacho de mirada azul y cabello castaño claro que le observaba con aprensión.

"Ah. Buenos días a ti también, Lupin." saludó James, volviendo a inclinarse sobre el cofre de piel abierto. "No sabía que vendrías a visitarme."

Remus John Lupin, Comandante de Segundo Grado del Tercer Escuadrón de Vigilancia levantó una ceja hacia él, mientras entraba en la habitación a pasos cortos. La puerta se cerró a su espalda con un chaz!.

"¿Y bien? ¿¿Cómo han ido las cosas con Black??" inquirió, deteniéndose cerca de su lider, quien simplemente arrugó la nariz y bufó una serie de palabrotas que Lupin pretendió no haber escuchado.

"¡Black! ¡¡Ese mocoso insolente ni siquiera era Black!!" explotó James, arrojando una serie de papeles al aire. "El maldito se atrevió a engañarnos, ¡¿Puedes creerlo?! Su hermano menor, por supuesto.. ¡Por eso resultó tan sencillo capturarlo!"

Lupin descompuso su gesto de indiferencia tras aquel comentario. "Eso quiere decir que solamente bajamos a perder el tiempo, ¿No?"

James lo miró de reojo y el sol del desierto se reflejó en sus anteojos de montura de asta. "No necesariamente.." sonrió, retirando un pergamino largo y amarillento de la caja. Después se cerró con un sonido seco de piel golpeando piel. "Después de todo tenemos a su hermano, y conociendo a Black como creo conocerlo, no demorará mucho antes de tratar, estúpidamente, de venir a buscarlo."

El otro no respondió. Se paseó por la habitación de James y se detuvo frente al ventanal. Abajo el desierto se extendía majestuoso a sus pies. Idolatrándole...

"Tal vez." dijo, con voz agotada. "Pero, ¿Qué si no lo hace? ¿Pretendes volver a bajar a buscarlo, arriesgándote a perderlo todo? Deberías saber que estarán preparados para la próxima vez.."

"No hará falta, realmente." sonrió Potter, irguiéndose frente a la ancha cama adoselada. "No tienen comida ni agua; no llevan ninguna clase de provisiones con ellos y sé bien que no podrán ir muy lejos en esas condiciones." su cabello negro cayó en mechones sobre su rostro, elegantemente. "Y cuando se detengan a descansar Black lo hará... Dará el paso en falso y cometerá la estupidez por la que hemos estado esperando.." luego suspiró, sintiendo cómo las fuerzas le abandonaban. "Cuando eso suceda nosotros estaremos preparados, los demás caerán detrás de él y Gen no tardará mucho en desmoronarse ante nosotros.." y dedicando una sonrisa orgullosa a su comandante, caminó a pasos largos hacia la puerta. "Te veré más tarde, ahora tengo cosas que hacer." y desapareció por el vacío pasillo metálico.

Remus Lupin se limitó a observar su salida reflejada en el cristal antes de cerrar sus ojos azules a la oscura mañana que se cernía sobre el desierto.

"Espero que tengas razón, James.." murmuró, pero nadie pudo escucharlo.

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Laberintos Subterráneos del desierto de Gen. 11:52 p.m.

La segunda noche luego de comenzar la travesía que les guiaba hacia las puertas de aquel extraño lugar del que les había hablado Andrómeda (y que curiosamente resultó tener el mismo recorrido que el camino hacia un Segundo Pico cuya distancia se estaba haciendo insondable), Sirius Black se levantó.

No podía ver nada alrededor que no fuese la roca seca iluminada tenuemente por las brazas que aun ardían en la hoguera consumida y la propia oscuridad.

Las respiraciones de sus compañeros se mezclaban con el débil goteo de agua putrefacta de las reservas subterráneas que corrían por encima de sus cabezas, y su propia respiración pareció reducirse a un débil susurro.

Se quedó un rato más de pie, mirando los extremos negros de ambos lados del túnel, y suspiró profundamente, mientras pensaba en Regulus...

Su hermano menor y él jamás habían sido una familia modelo. Es decir, jamás estaban juntos, no solían dirigirse la palabra la mayor parte del tiempo y Regulus todavía le guardaba rencor por haber sido Sirius quien obtuviese el puesto de uno de los cuatro Guías de la Colonia y no él. Durante las reuniones del consejo ambos pasaban la mayor parte de las sesiones gritándose el uno al otro y eran raras las veces en las que no llegaban a los golpes.

Cualquiera que no les conociera pensaría que se odiaban...

Sin embargo Regulus y Sirius eran hermanos y eran lo único que les quedaba en el mundo a ambos. Estaban solos, uno para el otro, y en el fondo ambos se querían más de lo que en sus vidas pudiesen ser capaces de demostrar... y Sirius lo sabía bien, porque ahora que Regulus no estaba más a su lado las cosas parecían estar saliéndose completamente de control y su parte impulsiva se estaba desbordando de esa forma que no había conseguido desde que Regulus tuvo conciencia de sus actos y comenzó a contener su ira con la suya propia.

Es cierto, se complementaban.

Era por eso que Sirius Black necesitaba de su hermano menor en aquel momento más que en cualquier otro. Ahora, cuando Lily se había ido. Cuando su deseo de venganza estaba acrecentándose a raudales dentro de su pecho. Ahora. Cuando el simple hecho de pensar en todo lo que esos malditos traidores pudieran haberle hecho le estaba pudriendo por dentro..

Golpeó la pared de roca con un puño y los huesos de su mano crujieron con el impacto. Lo volvió a hacer. Sentía cómo su piel se desgarraba con cada golpe, pero no le importó. Quería, tenía que desahogarse de alguna manera...

Un par de brazos cálidos alrededor de su espalda le contuvieron de asestar un nuevo golpe y jadeó, desesperado. La nariz de Bilius Weasley se recargó sobre su cuello mientras ambas manos apretaban más hacia sí la figura delgada de Sirius.

Se quedaron así un segundo, sin más emitir más sonidos que la respiración del pelirrojo y los jadeos reprimidos del muchacho de cabello negro, cuya mano despellejada descansaba entre los dedos de las dos palmas de su amigo.

"Deberías.." comenzó Bilius, con voz suave. "..deberías aprender a controlar tus impulsos... por tu propio bien.."

Una sonrisa irónica se dibujó en los labios de Sirius mientras su espalda se arqueaba levemente hacia el frente. "No lo haré hasta que Regulus no esté de vuelta."

Escuchó cómo el mayor se reía entre dientes y buscó su rostro con los ojos. El perfil oscuro, tenuemente iluminado por la luz de las brazas se recargaba sobre su propio cuerpo y vio o creyó ver cómo su cabello rojo se retorcía a la par que las llamas agonizantes de la fogata.

"Eres un estúpido Black, ¿Lo sabes?" sonrió el pelirrojo, rozando suavemente sus labios con la piel desnuda entre el cuello de la ropa del más joven. Y Sirius también sonrió, estremeciéndose levemente y encogiéndose dentro de sus brazos. "Pero así es como me agradas..." y luego nada.

Las palabras quedaron ahogadas entre el sabor ardiente de un beso. De muchos más.

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Fortaleza Flotante, Dakria. Base Militar del Cuarto Escuadrón de Vigilancia. 9:08 p.m.

Finalmente James se sentó, agotado, en la silla principal del cuarto de navegación. El desierto se extendía frente a él, por los enormes cristales de visión, entre la oscuridad de la noche. Sonrió, agotado, y suspiró profundamente.

Habían pasado ya tres días desde que Black y sus compañeros se habían escapado delante de sus propias narices. Tres días de que habían vuelto a encontrar el escondite de su colonia y tres días también de tener que continuar relamiéndose los labios y controlando las ganas de lanzar un nuevo ataque...

Ya llegaría el momento, y Black estaría ahí para cometer una estupidez.

Un muchacho alto y rubio se acercó hasta él, de pronto, y extendió un sobre grueso hacia él sin ninguna clase de ceremonia.

"El informe del día, Potter". dijo, con voz sisearte, y James recibió los papeles con aburrimiento. "Con tu permiso."

"Gracias, Malfoy". acomodándose los anteojos, James abrió el sobre.

Nada nuevo. Una revuelta de rebeldes en el norte que sus Death Eaters habían controlado. Una huelga en la fábrica de tabaco que sus Death Eaters habían terminado. Una explosión en el yacimiento de petróleo del este que sus Death Eaters habían restaurado...

Sus Death Eaters...

Como si realmente fueran suyos. Aquel grupo militar dividido en tantos subgrupos como coroneles, comandantes, capitanes y tenientes existían dentro el ejército de Lord Voldemort. Extraídos de sus aldeas en contra de su voluntad o reclutados a cambio de dinero y/ó promesas de gloria cercana. Niños, adultos y viejos. Personas destinados a vivir sin sentimientos y morir solos en alguna duna abandonados por sus compañeros en la batalla...

Simples muñecos que su mano dirigía, como a él le dirigía la mano del emperador..

Y con un suspiro prolongado, recordó el día en que él mismo fue arrancado de los brazos de sus padres a la edad de 10. Cuando fue obligado a combatir contra aquellos rebeldes que luchaban por su propia causa. A pelear contra sus amigos, contra su propia sangre.... Cuando la ambición y el poder comenzaron a subir a su cabeza, cegándolo y haciéndole trepar hacia la cima.. Hasta donde había llegado.

Devorando vidas y vomitando muerte.. porque finalmente a eso se había remitido su existencia.. A una desenfrenada carrera por el poder, vacía de sentimientos o ilusiones más allá de la grandeza.

Larga vida a Lord Voldemort, Sacro Emperador del Imperio.

Repetía y repetiría ese letargo, como si realmente le importase, hasta el último día de su vida, cuando aquellos devoradores de humanos le tragasen como a uno más...

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Laberintos Subterráneos del desierto de Gen. 10:01 p.m.

Finalmente la salida norte apareció frente a sus ojos, después de cinco días de andar sin detenerse mas que para comer lo poco que podían cazar ahí adentro, dormir un par de horas y observar el camino que habían recorrido para cerciorarse de que estaban solos.

La poca luz de las tres lunas les golpeó dulcemente el rostro y las dunas frente a ellos se extendieron como una manta blanca debajo del cielo salpicado de estrellas.

Frank Longbottom fue el primero en salir del claustro de los túneles, respirando profundamente el aire helado del desierto y ajustándose las gafas para la arena.

"Pensé que jamás volvería a ver la luz." aseguró, sonriendo. Todavía tenía frescas las cicatrices de las heridas recientes y en el estómago la larga hendidura que había producido el corte de una espada comenzaba a llenarse de una asquerosa pus blanquecina que Frank se había asegurado de no mostrar a nadie más.

Sirius caminó hacia él, echando su largo cabello negro hacia atrás y revisando el terreno con ojos analíticos. Bilius se detuvo a su lado con la cabeza levantada por encima del pelo de su compañero.

"Los demás debieron pasar por aquí, pero las huellas se han borrado con el viento." suspiró Black, agotado, mientras se recargaba ligeramente en el pelirrojo. "De cualquier forma, dudo mucho que hallan tomado un camino que no fuese el que conduce hacia el Segundo Pico.."

"Posiblemente." asintió Bilius, aceptando sin rechistar el ligero peso del cuerpo de Sirius sobre su hombro.

Andrómeda intercambió una mirada suspicaz con Peter Pettigrew.

"Sin embargo nosotros si tomaremos otro camino." dijo ella, caminando algunos pasos más allá de sus amigos, lanzando una mirada redonda a través de las arenas. "Ellos viven más allá de la Roca de Sacrificios, cerca de la Cara del Norte." aseguró, apretando un puño contra su pecho y tratando de ignorar los jadeos de sorpresa de sus compañeros.

"¡¿La Cara del Norte?! ¡¡Eso está a medio mes de aquí!!" exclamó Frank, arqueándose levemente con una punzada en su vientre.

"¡¡No tenemos tiempo para estupideces como esa, Andrómeda!!" secundó Sirius, dirigiendo una mirada enfurecida a su prima. "¡Mi hermano menor está prisionero, toda la colonia corre peligro y no podemos darnos el lujo de ir a buscar a una vieja loca que ni siquiera sabemos si podrá sernos útil!"

"¡¡La Señora Sinistra (A/N: Huh xDU?) no es ninguna vieja loca!!" los ojos carmines de Andrómeda refulgieron levemente con la luz de la luna y los cuatro chicos dieron un respingo, asustados. "Y si ustedes realmente saben lo que les conviene, más les vale seguir mis indicaciones y.."

Un débil gemido hizo que cuatro pares de ojos se volvieran hacia el mismo punto de golpe. Frank se había dejado caer de rodillas, presionándose el estómago. Llevaba la cara empapada de una débil capa de sudor frío y sus ojos brillaron por un instante, agonizantes.

"¡¿Frank?!"

"N..no se preocupen..." jadeó, tratando de incorporarse. "Yo.. estoy bien, yo sólo... yo..." pero antes de poder decir algo más sus piernas cedieron bajo su peso y su cuerpo entero se desplomó sobre la arena con un sonido sordo, inconsciente.

Bilius se inclinó hacia él y le sujetó el rostro. Frunciendo el ceño (A/N: bueno, bueno, se escribe ceño, caramba 9¬9U) dirigió una mirada rápida a Sirius Black. "Tiene mucha fiebre.."

Andrómeda les observó aglomerarse alrededor de él, quitando y poniendo cosas, con unos ojos repentinamente vacíos. Tras dedicar una mirada fría al horizonte, se quitó la capucha que llevaba sobre la ropa y caminó hacia ellos.

Después de todo, la Madre Superiora no podría enfurecerse por algo como eso...

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notas: ok, otro capítulo que no aporta nada a la historia XD yo sé que dije que Snape y Ted aparecerían en este chap oOu pero como alargué la travesía por el desierto más de lo que pensaba, pues ya ven que todavía no hay rastros de ellos x.xu Me agrada la idea de que James Potter haya sido un Death Eater de poco rango xPP (ahora es el lider, pero sigue siendo uno de ellos o.oU) ahora me voy porque tengo que ir a comprar alimento para gato o.ou..

capítulo IV- El Oráculo