LA PRINCESA Y LA PROFECÍA I

Capítulo 1

-¡Alteza! ¿Pero que está haciendo?- decía una mujer de mediana edad con la mano en la cabeza. Era muy difícil educar bien a esa niña, siempre hacía lo que quería. Llevaba un vestido azul de manga larga, en su cabeza llevaba un pañuelo blanco que tapaba sus cabellos castaños que siempre peinaba con un moño.

-Vamos tata, sólo quiero jugar un rato- decía una niña de unos ocho años. Llevaba un vestidito color amarillo, era una chica con el pelo castaño que llevaba suelto y le llegaba hasta un poco más debajo de sus hombros. El rasgo más característico de ella eran sus ojos, todos conocían quién era ella por su color verde esmeralda.

-Pero si ya es el momento de que tome sus lecciones- seguía diciendo la señora-. Por favor, hágame caso de una vez...

-Lucy, por favor sólo un ratito más, no me gustan las lecciones... son muy aburridas. ¡No quiero ir!- seguía diciendo lloriqueando la pequeña niña.

-Vamos princesa Sakura- decía ya un poco enfadada Lucy- vamos a ver al profesor, seguro que ya le estará esperando.

La princesa Sakura dejó todos sus juguetes. Se encontraban su la habitación, que estaba llena de juguetes. Su padre, el rey Fujiyata, no se encontraba en esos momentos en el castillo donde ella residía. Ése había sido su hogar desde que ella tuviera uso de razón, su madre había muerto cuando ella era muy pequeña y no podía recordarla. Su padre la pasaba a visitar de tanto en tanto, siempre que tenía algunos momentos libres. Ya hacía cuatro meses que no había vuelto a saber nada de él.

Era una niña bastante traviesa, no le gustaba que nadie le dijera lo que debía hacer. Era amiga de todos los niños del pueblo que se encontraba a la protección del castillo. Siempre encontraba el momento adecuado para salir sin que nadie se diera cuenta e ir con ellos a jugar. También era muy amiga de todos los animales que se encontraban en el bosque, los pajaritos siempre acudían a ella cuando los llamaba.

Era una niña muy feliz, a pesar de su carácter un poco particular, siempre se la veía sonreír y alegraba a todos los que se encontraban a su alrededor. A veces parecía que era mucho mayor de su verdadera edad, y otras veces se comportaba como una niña mucho más pequeña.

Entraron dentro de otra estancia del enorme castillo donde ya se encontraba su profesor. Encima de un escritorio estaba lleno de libros y algunas hojas en blanco. Sakura se resignó, ya no tenía ninguna salida. Al final tendría que acudir a la clase.

-Princesa llega tarde- le reclamó el profesor-. Pero como ya ha llegado podemos empezar, que no tengo todo el tiempo del mundo para estar aquí.

-Entonces no tiene por qué quedarse- le dijo con cara de angelito la pequeña niña-. ¡Yo le doy permiso para que regrese a su casa!.

-Lo siento su majestad pero ese truco ya no funciona conmigo- le dijo el profesor- así que no lo intente más por favor.

La niña se cruzó de brazos y empezó a bufar. No era justo ella lo que quería era ir a jugar con los juguetes nuevos que le había enviado su padre. Así el profesor empezó a explicarle algo sobre no sabía muy bien el que, la verdad es que después de unos dos minutos ya no le escuchaba. Estaba pensando en que cuando terminara esa aburrida clase iría al jardín a jugar con las flores. Le regalaría un ramo a Lucy, aunque siempre la hacía enfadar la quería mucho. Tal vez también podría escaparse un ratito para ir al pueblo. Empezaba a notar como sus ojos se cerraban sin que pudiera hacer nada en contra de ello.

-¡Princesa!- le dijo el profesor mientras la cogía por los hombros- ¿me escucháis?- dijo un poco molesto mientras veía como ella lentamente abría sus ojos.

-Mmmm- se quejaba la niña- ¿qué hora es?.

-Os habéis quedado dormida mientras le estaba explicando la geografía de este lugar- le dijo el profesor-. De eso ya hace una hora.

-¡Entonces la clase se ha terminado por hoy!- dijo la niña dando palmadas y riendo ¡era libre por fin!.

-Sí señorita, eso me temo- le dijo el profesor- sólo espero que en la clase de mañana me escuchéis durante todo el tiempo.

El señor se levantó, no había manera con esa niña, siempre hacía los mismo. Nunca lo escuchaba. Era la primera princesa a quién había enseñado que pasaba de todo. No sabía si se convertiría en una buena reina cuando le llegara el tiempo, tendría que comentar eso con el rey Fujiyata. Ella necesitaba una educación mucho más estricta.

La niña ya estaba en el jardín tirada en el suelo y escogiendo las flores que encontró más bonitas para hacer ése ramo que había decidido darle a su tata. No se dio cuenta como desde una de las ventanas más altas del castillo había una figura que la observaba con una sonrisa en los labios. Era una mujer con un vestido del mismo color que el lapislázuli, su pelo era de color plateado y muy largo. En su cabeza reposaba una pequeña corona dorada.

-Vaya, parece que mi pequeña está muy alegre hoy- dijo la voz musical de esa mujer-. Sigue así, yo te protejo, no temas por el futuro.

Mientras tanto la niña seguía sin saber nada de lo que estaba comentando esa mujer. Ella era feliz jugando con las flores, la verdad era que no necesitaba mucho para ser feliz. Después de un rato entró corriendo en el castillo gritando el nombre de su tata.

-¡Lucy! ¡Lucy!- decía mientras subía por las escaleras- ¿dónde estás?.

-Estoy aquí alteza- se escuchó la voz de Lucy que salía del cuarto de la niña. Estaba recogiendo todos los juguetes que ella había dejado esparcidos por ahí-. ¿Para que me busca?.

-Toma- le dijo la niña sonriendo mientras le daba el pequeño ramo de flores que había recogido hacía poco- porque te he hecho enfadar hace un rato.

-Ay pequeña- dijo la mujer mientras se limpiaba algunas lágrimas que le caían de la emoción. Seguro que esta niña era un poco problemática, pero siempre tenía esos detalles que hacía que todos le tuvieran reservado un espacio en su corazón-. Gracias, pero a ver si se porta mejor otro día.

-Yo siempre me porto bien- dijo Sakura mientras ponía su cara de angelito, sabía que con eso todo el mundo le daba la razón.

-Lo que digas princesa- dijo derrotada Lucy, no sabía como siempre caía en la trampa de la niña-. Por cierto, ¿qué ha hecho con ese vestido? Está todo sucio.

-Verás tata yo...- estaba intentando encontrar alguna excusa- ¿Por qué no salimos a pasear un rato?.

-No me ha contestado mi pregunta- le reprochó la señora-. Pero de acuerdo, es imposible tratar de hablar de cosas serias con usted. Está bien pero solo un ratito.

-¡Sí!- gritó la niña mientras se tiraba a los brazos de su tata.

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Existen unos habitantes del mundo que nadie tiene en cuenta. Viven bajo tierra y nunca salen a ver la luz del sol. Ellos son los llamados elfos oscuros. Son el residuo de una antigua raza de hombres que vivían en los tiempo antiguos, eran personas rudas y sin corazón, por eso los dioses les condenaron a una vida en la oscuridad. No tenían ningún tipo de contacto con los humanos, es más, los odiaban por tener la vida que ellos soñaban desde hacía tanto tiempo.

Ése era un día muy importante para ellos, el rey y la princesa habían acudido al oráculo para saber cómo podrían romper la maldición que pesaba sobre ellos desde hacía tantos miles de años. Ya era hora de volver a vivir en el exterior. La familia real se caracterizaba por ser más altos que el resto. Su piel era muy blanca y sus orejas ligeramente puntiagudas. Todos se encontraban en su habitual lugar de reunión para hablar sobre las importantes noticias que habían recibido su monarca.

La princesa era excepcional, nadie podía compararse con ella ni en belleza ni en sabiduría. Era una niña de tan sólo diez años y ya había demostrado todo lo que valía. Siempre llevaba vestidos en tonos azules o morados. Su pelo era largo y de un color negro brillante y tenía unos ojos de un color difícil de definir, aunque muchos decían que eran de color morado. Aún siendo tan pequeña, esos ojos mostraban una gran sabiduría, aunque ya se sabe que esa sabiduría puede ser utilizada para hacer el bien o el mal, según dependa el caso. Todos tenían una gran devoción a su princesa.

-Escuchadme- dijo entonces el rey, que era castaño y tenía los ojos marrones- Tenemos la respuesta a nuestras plegarias, el oráculo nos ha informado de que tenemos a nuestro alcance la manera de deshacernos de la maldición.

Todos los elfos aplaudieron ante las palabras de su rey. Lo que más deseaban era volver al mundo de arriba. Durante todos estos años habían ido aumentando el odio que sentían hacia los que se encontraban arriba. Cada vez eran un pueblo más exterminador. Deseaban venganza y la conseguirían. No quedarían impunes por haberse reído así de ellos. Era a ellos a quienes les pertenecía esa tierra.

-Mi hermana la princesa os explicará las palabras que le ha dedicado el oráculo- seguía diciendo el rey.

Con eso, la princesa se levantó y observó a todos sus súbditos, todos esperando las noticias que traía para ellos. Se hizo un silencio sepulcral.

-Según me ha dicho el oráculo, sólo hay una forma para poder vivir en el exterior, sin temer a morir bajo los rayos del sol- dijo la princesa-. Tenemos que corromper al humano con el corazón más puro que existe y sacrificarlo a nuestros dioses. Sin duda no es algo fácil.

-Ya lo habéis oído- volvió a tomar la palabra el rey-. Tenemos que investigar para poder encontrar a ese humano. Sin duda eso nos llevará tiempo, ya sabéis que el contacto con esos seres inmundos está totalmente prohibido bajo una pena muy grave.

-Eso es todo, el oráculo ya no me ha comentado nada más- dijo la niña.

-Empezamos nuestra venganza a partir de hoy, por fin seremos libres- éstas palabras del rey fueron muy aplaudidas-. Por cierto hermana... ¿hermana?

La princesa había desaparecido. El monarca puso una mueca de disgusto, esa niña siempre hacía igual. Durante la última semana se iba muchas veces y nadie podía encontrarla. Eso le empezaba a preocupar. Sabía que era una chica muy lista e inteligente y que podía defenderse perfectamente de lo que fuera, aún así no se quedaba tranquilo del todo. Ella era muy independiente, siempre le gustaba hacer las cosas por ella misma.

-Veo que ya se ha ido- dijo-. Ya no hay más que hablar, aquí dejamos el tema por hoy.

Todos volvieron a sus ocupaciones habituales. Aunque parecía imposible, bajo tierra tenían unas espléndidas construcciones, eran unos herreros muy hábiles y aún seguían con las tradiciones antiguas que no habían cambiado.

Ése era un pueblo que buscaba lo mejor para su familia, eran capaces de hacer lo que fuera por su honor, ése era un parámetro muy importante. Sólo podían salir al exterior con la protección de la noche, la luna y las estrellas, pocas veces alguno de ellos de atrevía a salir de la protección de su mundo a oscuras, aunque el sueño de todos ellos era poder vivir otra vez en el exterior.

Entre todos había una excepción: la princesa. Era imprevisible, nunca sabían con que iba a salir. Tenía un carácter muy extraño, imponía respeto a todos y en su mirada se podía leer la gran sabiduría que poseía. A parte de eso, nadie era capaz de saber lo que pasaba por su mente, ella tampoco dejaba que los demás supieran como se sentía realmente.

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Un chico estaba saliendo de una gran mina con el pico en su hombro. Él era minero y siempre se quedaba a trabajar hasta que la luna empezaba a asomarse por el firmamento. Tendría unos diez años y se paseaba silbando tranquilamente, como siempre. Con una mano se apartó un poco su pelo castaño que se le había ido a la cara. Era algo alto para su edad y sus ojos dejaban a todos enmudecidos, nunca antes había tenido esos ojos de un color ámbar intenso, nadie en el pueblo sabía de dónde había salido el chico con unos ojos de un color tan extraño para ellos.

Él se paró de repente y dirigió su mirada a un matorral cercano, enseguida al reconocer la situación sus labios se curvaron en una hermosa sonrisa.

-¿Tomoyo?- preguntó el chico acercándose hacia el matorral-. ¿Has venido a cazar algo?.

Al sentirse descubierto, el matorral empezó a moverse y lentamente salió una chica muy bonita. Enseguida había algunos rasgos en ella que hacían darse cuenta que no era una persona como las demás, tenía las orejas puntiagudas y su piel era muy pálida, cosa que contrastaba enormemente con su pelo negro.

-No se como te has dado cuenta de que estaba aquí- dijo ella cruzándose de brazos-. ¿Cómo haces para descubrirme?.

-Pues diría que no es muy normal que un matorral tenga ojos- dijo él riéndose.

-No juegues conmigo Shaoran- dijo ella un poco enfadada- Sabes que odio a los humanos, incluso puede que haya venido a matarte.

-Seguro- dijo él sin abandonar su sonrisa-. Ahora de verdad, ¿qué estás haciendo? Si no recuerdo mal me dijiste que no podías tener contacto con los humanos.

-Sólo he venido a ver a un amigo- dijo ella algo dolida, su expresión de volvió seria, incluso a veces se preguntaba porque siempre iba a verle salir de la mina-. Tranquilo que no me verás más si es lo que quieres. Menor problemas para mí. Mi hermano empieza a preguntarme donde voy por la noche, si me descubren nos matan a los dos.

-No te pongas tan seria, me va bien tener compañía- le dijo él con una mirada algo triste-. La verdad es que sois unas personas muy raras, no consigo entender vuestras leyes, ¿cómo podrían matarte si supieran que somos amigos?.

-Bueno, supongo que matar no, pero el castigo seria muy fuerte. Tenemos prohibido el contacto con los humanos- dijo ella-. Son nuestras leyes desde hace mucho tiempo y no han cambiado. Sabes que eres el único que conoces de nuestra existencia, aunque eso solo fue por un estúpido accidente.

-Aún te quejas de lo que pasó hace una semana, eres imposible- dijo Shaoran recordando-. ¿Querías que te hubiera dejado para que ese lobo hubiera hecho lo que fuera contigo?.

-Pero puedo defenderme sola- dijo ella con mucho orgullo- no necesitaba tu ayuda, ya estaba a punto de acabar con él.

-Lo que digas- dijo él cansado, sabía que no se podía discutir con ella-. Ahora en serio, ¿puedo hacer algo por ti?.

-Pues la verdad es que sí podrías- dijo ella recuperando su expresión neutra que la caracterizaba-. Mira, el oráculo nos ha hecho una profecía para que podamos vivir de nuevo en el exterior. Ya te expliqué que la luz del sol nos mata. Pues la solución es encontrar al humano más puro que existe y corromper su corazón, después de esto lo sacrificamos a nuestros dioses.

-¿La persona con el corazón más puro?- dijo Shaoran un poco extrañado- pero como podrás saber quién es esa persona, la verdad es que eso es muy difícil. Y otra cosa, ¿corromper su corazón?. Eso será verdaderamente algo muy complicado.

-Sí pero es la manera de conseguir nuestro sueño- dijo ella-.

-Ya, y después nos eliminaréis a todos- dijo él mirando como la expresión de ella seguía inmutable- no me equivoco, ¿cierto?.

-No, no te equivocas- dijo ella.

-¿Por qué debería ayudarte entonces?- preguntó él observando a la chica que tenía al lado.

-Como soy la princesa, si conseguimos volver a implantar nuestro reino en el exterior puedo perdonarte a ti y a tu familia- dijo ella intentando convencerle, sabía que eso sería algo difícil-. Además podremos estar más tiempo juntos e incluso puedo darte el honor de ser mi príncipe.

Shaoran se la miró algo desorientado, ¿ser su príncipe? Esa niña era muy extraña. Recordó la primera vez que se conocieron, cuando mató al lobo con su pico ella estuvo a punto de matarle a él para darle las gracias, se tiró encima de él como una fiera. Cuando se calmó le explicó algo sobre ella. Durante la semana que hacía que se conocían se habían hecho muy buenos amigos. Se veía como ella necesitaba tener a alguien de su edad, según le había explicado siempre estaba haciendo encargos que le pedía su hermano, siempre pensando en su pueblo. Él también necesitaba alguien con quién hablar, su familia tenía muchos problemas.

Por mucho que le gustara estar con su amiga durante todo el día, también tenía que pensar por los habitantes de su pueblo. No vivía mucha gente, por eso todos se conocían. Lo que le pedía a cambio de eso era algo demasiado fuerte. No era capaz de poner en peligro a todas esas personas sólo para que él y su familia de salvaran.

-Sabes que no puedo aceptar eso, Tomoyo- dijo él después de pensar un rato.

-Has dicho exactamente lo que pensé- dijo ella-. Pero eso es lo único que puedo ofrecerte, nada más. ¿No te gustaría poder estar siempre conmigo?.

-No te lo tomes a mal, pero Tomoyo ¿cómo me dices eso?- dijo él algo extrañado-. Si sólo tenemos diez años, no sé cómo voy a pensar dentro de un tiempo.

Tomoyo se lo miró dolida. Se veía que él no quería estar con ella. No sabía por qué le había ofrecido ser su príncipe, en sólo una semana ella sabía que se había enamorado de él, aunque no lo demostraba. Era una experta a la hora de esconder sus sentimientos cuando quería. Además que existía el problema que él era un humano, su hermano nunca vería esa unión con buenos ojos, ella tenía demasiadas cosas en las que pensar para que además tuviera que lidiar con ese problema. Era muy cuidadosa para que nadie se diera cuenta que se veía con él. Siempre buscaba alguna excusa por no estar en casa durante la noche. En verdad era una chica mucho más madura de lo que para su edad era normal.

-Si eso es lo que quieres, seremos enemigos a partir de ahora- dijo ella de manera fría-. No volveremos a vernos más como amigos, la próxima vez acabaré con tu vida. Los humanos sois patéticos.

Diciendo esto ella empezó a ir hacia el bosque otra vez para volver a casa, estaba muy enfadada, en este estado solía perder la paciencia muy fácilmente, él la había herido. Tomoyo pensaba que Shaoran también le tenía mucho cariño pero le había demostrado que eso era falso. Estaba decidida a hacer lo que había dicho anteriormente. Si hablaba a su hermano sobre ese humano que la había visto seguro que no tardaría mucho en ir para matarle. Eso sería lo que haría, su mente rápidamente empezó a pensar un plan que fuera definitivo.

-¡Espera!- dijo Shaoran mientras corrió y la agarró por el brazo, ella se lo miró extrañado-. ¿Tanto me odias? Pero si no he hecho nada para que te pongas así. Yo no quiero que seamos enemigos de veras que te aprecio mucho. Eres la única persona a la que considero una amiga.

-Pero has dicho que no querías estar conmigo para siempre- dijo ella dolida- , con eso yo considero que no te importo lo suficiente como para arriesgar mi vida en estos momentos. Si fuera reina no habría ningún problema en que fuera a verte, pero actualmente me encuentro bajo el dominio de mi hermano, y él odia a todos los humanos sin ninguna excepción. Por mucho que él me quiera, las leyes son las leyes.

-Lo siento Tomoyo, de veras- dijo Shaoran-. Claro que me gustaría estar contigo siempre, pero lo que me pides a cambio es algo que no puedo aceptar tan fácilmente.

-¿Me ayudarás?- le preguntó ella con ojos suplicantes-. Te he ofrecido mi mano, ¿qué más quieres a cambio?.

Shaoran se puso a pensar otra vez. Realmente estaba perdido, no sabía como responder a eso. Ella era la única amiga que tenía y no quería perderla. Si la única manera de que su familia estuviera a salvo y él pudiera seguir viendo a su amiga era aceptar el trato, llegó a la conclusión de que no tenía otra salida. Aunque enseguida su corazón se abrumó mucho al conocer que estaba traicionando a su pueblo.

-Está bien, acepto el trato- dijo él con la cabeza baja y su cara escondida por el pelo-. Pero me tienes que prometer que mi familia no sufrirá ningún daño.

-Confía en mi- dijo Tomoyo que había vuelto a sonreír-, nada les pasará a los tuyos. A partir de ahora eres mi prometido.

Ella estaba muy contenta, al ver su sonrisa Shaoran también se alegró. Sabía que ella sólo sonreía para él. Entonces Tomoyo le abrazó y le dio un beso en la mejilla.

-¡Princesa!- se escuchó una voz que venía de bastante cerca-. Ya nos hemos perdido, ¿cómo pude hacerle caso?.

Shaoran miró a Tomoyo que entendió la situación y enseguida huyó entre los matorrales para llegar enseguida a su hogar sin ser descubierta. No podía dejar que ningún otro humano la viera. Se iba muy contenta, había conseguido que Shaoran fuera su prometido. No podía esperar a que se cumpliera la profecía para poder estar con él durante la noche y también durante el día.

Él se quedó mirando hacia dónde se había ido Tomoyo. Enseguida por detrás notó cómo se le acercaron dos figuras, una era una mujer y otra una niña pequeña de unos ocho años. Se veía como la mujer estaba empezando a perder los nervios. ¿Quiénes eran ellas? Nunca antes las había visto por ahí.

-Tranquila Lucy- dijo la pequeña niña con una sonrisa reconfortante- sólo nos hemos demorado un poco más. Ya verás como encontraremos el camino para regresar a casa.

-¡Siempre pasa igual!- decía la mujer gritando y con las manos encima de la cabeza desesperada.

Al cabo de poco tiempo ellas se dieron cuenta de que no se encontraban solas. Shaoran vio como la niña le observaba con curiosidad. Ahora que podía verlas más de cerca se pudo fijar mejor en ellas. La luz de la luna se reflejaba en el rostro sonriente de la pequeña, cosa que hacía que sus ojos esmeralda reflejaran la luz. Parecía un ángel.

-Bunas noches- le dijo sonriendo la chiquilla-. ¿Podría hacernos el favor de indicarnos como se llega hasta el pueblo?.

-Sí, yo voy hacia allá, si quieren les acompaño- dijo él cortés.

-¡No, no, no y no!- dijo la mujer gritando-. Princesa debe ir con más cuidado, nunca se sabe lo que pueden tramar esos lugareños. ¿Cómo se da tantas confianzas con él?.

-¿La princesa?- preguntó Shaoran un poco sorprendido mientras observaba a la niña. Nunca habría dicho que ella era su princesa, la verdad es que nunca la había visto antes y realmente ella no se veía como una de las niñas de la realeza.

-Bueno, no le hagas caso a mi tata, ella siempre quiere protegerme- dijo la princesa riendo-. Soy Sakura Kinomoto, ¿cómo te llamas?.

-Shaoran- dijo él, después miró a la mujer que le estaba echando una mirada asesina a la que él respondió con una sonrisa-. Creo que no me va a decir su nombre, bueno de veras no importa. ¿Qué haces por aquí tan tarde princesa?, debes ir con cuidado nunca se sabe si algo puede atacar o no durante la noche.

-Llámame Sakura- le contestó ella-. Lo que pasa es que estaba aburrida en casa y tenía ganas de salir a pasear un rato. Después Lucy y yo nos hemos perdido y aquí estamos...

-¡Princesa! No debe hacer eso- le dijo Lucy regañándola-. Todos deben llamarla princesa o su alteza, nunca por su nombre. ¿Cuándo aprenderá esa lección?, no se que vamos a hacer con usted, es incorregible.

-Vamos Lucy, yo también te quiero mucho- dijo la niña sacándole la lengua-. No me gustan esos nombres tan formales, además si me pusieron un nombre es para que me llamen por él ¿no?.

Shaoran estaba riendo sin parar, ver a esas dos personas pelear era muy divertido. Se veía que la chica tenía las ideas muy claras. De lejos se veía como tenía pocas cosas en las que pensar. No pudo dejar de pensar que era muy diferente a Tomoyo, aunque ambas fueran princesas. Pero tenía que reconocer que los elfos oscuros tenían un carácter muy diferente al de los humanos.

-Está bien Sakura, señora voy a llevarlas al pueblo- dijo Shaoran-. Hace un rato he terminado de trabajar y ya voy hacia casa.

-Terminas muy tarde de trabajar- dijo Sakura- ya es de noche. ¿No te da miedo pasear así por la noche?.

-La verdad es que ya estoy acostumbrado- dijo él con mucho orgullo-. Trabajo en la mina desde que tenía seis años ayudando a mi padre, tengo que ayudar para que mi familia pueda salir adelante.

-Entonces eres minero- dijo Sakura pensando-. Si siempre trabajas hasta tan tarde, es por eso que nunca te había visto antes cuando voy a jugar con los niños del pueblo. ¿Por qué no vienes un día a jugar con nosotros?.

-Lo siento pero eso no puede ser, tengo muchas obligaciones que no puedo olvidar- dijo él tranquilamente.

-Ya hemos llegado al pueblo- dijo Lucy al ver como el castillo cada vez se hacía más grande delante de ellos-. Creo que ya es la hora de separarnos, gracias por acompañarnos hijo de minero.

-Bueno Shaoran, tenemos que separarnos- le dijo Sakura sonriéndole- ya nos veremos otro día.

-Seguro, adiós Sakura, señora- dijo Shaoran mientras hacía una pequeña reverencia a modo de despedida.

Las dos siluetas se perdieron hacia el interior del castillo, las puertas aún estaban abiertas y esperaban su llegada. Una vez entraron dentro el castillo se cerró y quedó como una fortaleza donde nadie podía entrar fácilmente. Realmente estaba lleno de guardas, se veía como el rey cuidaba mucho la seguridad de su hija.

Dejando de lado esos pensamientos cogió el sendero que llevaba al pueblo que se encontraba muy cerca del castillo. Mientras iba hacia su casa pensaba en su encuentro con Tomoyo. Buscar al humano con el corazón más puro... no sabía por dónde se tendría que empezar a buscar. Esperaba que la noche siguiente pudiera hablar más tendidamente con ella, para que le diera todos los detalles que pudiera. Había dado su palabra que la ayudaría y no iba a decepcionarla.

Vaya, ahora ella era su prometida, no podía creerlo. Cuando le ofreció su mano creía que le estaba haciendo una broma, poco después vio como todo iba muy en serio. No sabía exactamente qué era lo que sentía por Tomoyo, la conocía desde hacía una semana y seguro que en este poco tiempo se había convertido en su mejor amiga y que esperaba siempre a que llegara la noche para poder estar con ella. Pero de aquí a estar enamorado había un gran trecho, o tal vez no. Se sentía confundido. A más, a todo ello había que añadir que su relación estaba prohibida.

Así pensando llegó a la puerta de su casa, era muy sencilla y se encontraba en la salida de todo el pueblo. Por la pequeña ventana se podía ver como aún había una luz tenue, su padre ya hacía tiempo que había terminado de trabajar y se encontraba en casa cuidando a las dos mujeres que había en la casa.

Abrió la puerta y una niña de tres años se lanzó sobre él. Tenía el pelo color negro recogido en dos pequeñas coletas y sus ojos de un color marrón tirando a rojo brillaban de emoción al ver su llegada.

-Hermanito- gritó la pequeña-. Has llegado muy tarde- decía mientras hacía pucheros.

-Lo sé, es que me he encontrado dos personas que se habían extraviado y les he ayudado a regresar a su casa- le explicaba el chico.

-Buenas noches Shaoran- se escuchó una voz débil que le saludaba. Ésa voz venía de una cama que se encontraba en el centro de la habitación.

Shaoran fue acercándose lentamente a la cama y saludó al hombre que se encontraba sentado a un lado de la cama. La mujer que estaba en la cama le sonrió calurosamente. Se veía que no se sentía muy bien, aunque siempre hacía lo que podía para que su familia no se diera cuenta del dolor que estaba sufriendo anteriormente.

-Hijo mío ¿Cómo estás?- le preguntó amablemente la mujer.

-Bien madre- dijo él mientras le besaba la frente-. Hoy he terminado tarde de trabajar, mira, he encontrado esta piedra para ti- decía mientras le enseñaba una piedra de color verde oscuro muy bonita.

El padre le miró muy agradecido, sabía que su hijo no tenía una vida normal para su edad, nunca había ido a jugar con los demás niños, siempre estaba ayudando a la familia. Verdaderamente era un chico muy responsable, y desde que había nacido la pequeña Meiling siempre se estaba cuidando de ella en sus ratos libres.

Toda la familia se sentó alrededor de la cama donde reposaba la madre, ésta siempre había tenido una salud muy deteriorada y débil, pero desde que había nacido la pequeña ya no se pudo levantar más de la cama. No sabían que era lo que tenía, pero como no tenían recursos no podían llevarla a algún médico para que la mirara. La velada terminó como siempre. Todos se relataban las aventuras que habían tenido durante el día que acababa de terminar.

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Notas de la autora. Oh! No me lo puedo creer mi nueva historia!. Como éste es el primer capítulo, me gustaría decir unas cuantas cosas sobre cómo se va a mover.

Primero (y ya no lo voy a repetir) con los términos legales: los personajes no me pertenecen sino que son creación de Clamp y sólo los utilizo para dejar ir mi imaginación y espero que ustedes puedan pasar un buen rato. Ya está, sólo lo digo una vez porque ya se sobre entiende que lo hago extensible a toda la historia.

Segundo. Esta historia está pensada en dos partes. Si veo que la idea tiene buena aceptación entre ustedes los lectores espero poder terminarla completamente. Ya veremos si puedo hacer mi sueño realidad y escribirla entera. (Espero que me apoyen, jeje).

Tercero. Esta vez he puesto a los personajes en un mundo alternativo, no tienen nada que ver con la serie CCS, aunque sí que he sacado a los personajes de allí, lo que pasa es que me encanta leer y escribir historias sobre ellos, no lo puedo evitar. Ya aviso que no van a salir todos (por ahora) y la magia tendrá un pequeño lugar, a no ser que cambie de opinión y le de un papel más activo aunque no de la manera habitual de la serie. También las relaciones entre ellos son diferentes (véase que he puesto a Meiling como la hermana pequeña de Shaoran). Aún así, espero que no quieran matarme por utilizar estos personajes a mi aire, lo que pasa es que es como me he imaginado la historia.

Cuarto. Supongo que ya se ha visto que ésta es la típica historia de princesitas y cuento de hadas. Lo que pasa es que siempre me han gustado estas historias en cierto punto y me he decidido a escribir la mía propia!. Aún así ya aviso que intentaré no ser muy tradicional en este sentido, no será el típico cuento, habrá factores que espero que lo diferencien de ellos. También es importante decir que para escribirla me he basado en un libro que leí de pequeña, se llama La princesa y los trasgos, si alguien más lo ha leído podrán notar los puntos en común, pero también algunos que no tienen mucho que ver.

Mmmm, creo que ya he explicado todo por el momento. Ahora sólo espero que les haya gustado el primer capítulo y como siempre espero que me dejen algún mensajito, que no os cuesta nada!. Bueno, espero que nos podamos ver en el próximo capítulo.