LA PRINCESA Y LA PROFECÍA
Capíttulo III
La joven Sakura estaba tirada en su cama observando el techo de su habitación. Se estaba aburriendo muchísimo, sólo de pensar que dentro de unas horas vendría su profesor y ya estaba cansada. Decidió pensar para ver si encontraba algún otro plan mejor para la tarde. Pero tenía que pensar rápido, ya que si no lo hacía así Lucy, su tata, aparecería pronto para llevársela a algún sitio.
Inconscientemente empezó a jugar con el anillo nuevo que llevaba en el dedo. Todos se habían dado cuenta que la joven princesa llevaba algo que brillaba en el dedo y enseguida le habían preguntado de dónde lo había sacado. Ella explicó más de mil veces lo que le había pasado encima de la torre, donde había conocido a su abuelita que se lo había regalado. Todos le miraban con una cara extraña, esa señora no existía, tendría que haber conseguido el anillo de alguna otra manera pero ella no lo quería revelar.
Para Sakura era muy exasperante que nadie la creyera cuando explicaba que había conocido a su abuela (que en realidad era más la abuela de la abuela de la abuela...), todos pensaban que se lo estaba inventando. Lucy se preocupó mucho por ella porque pensaba que se estaba inventando a una amiga invisible o algo así. Parecía que la niña estaba más sola de lo que parecía en un principio.
Mientras la princesa seguía quejándose de que no la creyeran su mente se abrió de golpe y dio con la idea perfecta. Empezó a sonreír de nuevo, ya tenía un plan para la tarde. Tendría que ser rápida si quería esfumarse antes de que llegara el profesor o Lucy. Enseguida cogió una capa verde y se la puso encima saliendo corriendo de su habitación. Tenía esa capa desde hacía un tiempo, siempre la utilizaba para poder salir por el jardín, la mayoría de veces lograba pasar desapercibida. Para que Lucy no se preocupara le había dejado una nota en su habitación diciéndole que se había ido a dar un paseo y que dijera al profesor que no estaría en su clase. Seguro que su tata se enfadaría mucho, pero si llegaba pronto y le traía un regalo la perdonaría, como hacía siempre.
Pudo llegar al jardín sin toparse con nadie. Una vez allí tenía que ser más cuidadosa, ya que había muchos jardineros y sirvientes por ahí. Sorteándolos y escondiéndose en los matorrales consiguió llegar a la puerta que siempre había abierta. Normalmente siempre estaba abierta, no había ningún signo de peligro en su territorio. Nunca había ocurrido nada que les asustara. Después ya salió corriendo, sólo paró después de estar segura que la distancia era lo bastante grande del castillo.
Fue paseando tranquilamente en dirección al pueblo, esperaba que se encontraría a unos cuantos amigos suyos que siempre jugaban. Sakura era toda una experta en ese tipo de escapadas, no era la primera vez que hacía algo así. Caminando tranquilamente y cantando, no se dio cuenta de que había alguien más por el mismo camino que ella. Como estaba bastante distraída no se dio cuenta cuando de golpe una cesta llena de manzanas se le cayó encima.
-¡Uy!- gritó la cesta que se había caído.
Sakura se asustó, nunca había visto hablar a una cesta. Se incorporó un poco para poder ver mejor lo que había pasado y vio que en realidad no era una cesta lo que se le había tirado encima, sino que había una niña que la llevaba, lo que pasaba era que la cesta era casi tan grande como la niña.
-Lo siento, iba distraída- se disculpó Sakura ayudando a la niña a levantarse. Por la pinta que tenía parecía que tendría unos 3 ó 4 años de edad.
La niña le agradeció su ayuda y se miró el contenido de la cesta que llevaba. Fue entonces cuando se echó a llorar. Sakura no entendía por qué se había puesto así, segundos antes no lloraba, ¿cómo podía ser que se hubiera hecho daño ahora?. Eso era muy improbable.
-¿Te has hecho daño?, ¿qué te pasa?- preguntó Sakura intentando calmarla.
-Se me han caído las manzanas- gemía la niña-. Las iba a llevar a mi padre y mi hermano para que comieran algo.
-Vamos, tranquila- dijo Sakura mientras empezaba a poner las manzanas en el cesto-. Yo te ayudo a recogerlas.
-Gracias- dijo la pequeña sonriendo y secándose las lágrimas que aún le corrían por el rostro.
Al poco tiempo entre las dos ya habían recogido todo el cesto.
-Por cierto, yo soy Sakura- dijo la princesa.
-Yo me llamo Meiling- contestó la niña riendo, ahora que ya había solucionado el problema volvía a estar contenta otra vez-. ¿Quieres acompañarme a la mina a dar las manzanas a mi padre y mi hermano?.
-Bueno, no tengo nada mejor que hacer- dijo Sakura pensando-. Sí, vengo contigo. ¿Sabes? Nunca he estado en la mina.
-Yo he ido muchas veces- dijo Meiling ilusionada-. Seguro que te va a gustar.
Sakura ayudó a Meiling a llevar la cesta y las dos se encaminaron alegres hacia la mina. Por el camino iban charlando y cogiendo flores de tanto en tanto. Sakura había pensado regalárselas a Lucy para pedirle perdón, eso siempre funcionaba.
Al poco tiempo llegaron a la boca de la mina. Fuera había algunos mineros charlando y les saludaron amistosamente, todos conocían a la pequeña Meiling pero no a la chica que estaba con ella, suponían que sería una nueva amiga suya. La niña se caracterizaba por su alegría y su facilidad para hacer amigos. Se podía decir que ella y Sakura se parecían en muchas cosas.
Meiling fue corriendo entre los pasadizos de la mina buscando el lugar donde estaban en esos momentos sus familiares. Los pozos eran muy profundos pero al final logró encontrarles.
-Papá, hermanito- gritó alegremente cuando los encontró y se fue directamente a darles un fuerte abrazo.
-Si es la pequeña- dijo su hermano mientras le acariciaba el pelo.
-Mamá me ha dado un cesto con manzanas para vosotros- decía Meiling señalando a Sakura que estaba aguantando la cesta-. Ella es Sakura, una amiga nueva que he encontrado.
-Encantada- dijo ella cortésmente-. Vaya Meiling, no sabía que Shaoran era tu hermano.
-¿Os conocéis?- preguntó Meiling mirando a Sakura y a Shaoran.
-Sí Meiling- contestó Shaoran riendo ante la sorpresa de su hermana-. Nos conocimos hace unos días cuando Sakura y su tata se perdieron por esta zona. Por cierto, ¿esa mujer sigue de tan mal humor como aquél día?.
-La verdad es que Lucy siempre es así- dijo Sakura también riéndose-. No le gusta que hable con desconocidos, dice que nunca se sabe que pueden querer hacerme.
-Claro princesa- dijo Shaoran.
-Gracias por ayudar a mi hija- le agradeció el señor que también se encontraba allí.
-No tiene por que agradecerme nada- dijo Sakura con una leve inclinación.
-Sakura vamos a jugar, ¿sí?- preguntó Meiling tirando de su manga.
-Claro, vamos- contestó Sakura saliendo corriendo de la mina con Meiling cogida de la mano.
Los dos hombres se quedaron mirando la escena muy alegres. Cuando ya no se las podía ver empezaron a mirar el contenido de la cesta y cogieron una manzana cada uno. Un descanso no les iría tan mal después de todo.
-¿Esa chica es la princesa?- preguntó el hombre a su hijo que estaba sentado a su lado.
-Sí padre- le contestó él dando un gran mordisco a su manzana.
-Nunca lo hubiera dicho- dijo siguiendo el ejemplo de su hijo y mordiendo también su manzana.
Los dos se quedaron callados disfrutando de su pequeño refrigerio. Estaban bastante cansados. Últimamente trabajaban un poco más que antes. Al hombre no le hacía mucha gracia dejar a su hijo solo por las noches e intentaba trabajar unas horas más para estar con él y que el chico no tuviera que cargarse tanto. Aún así, Shaoran siempre le decía que no se preocupara y que fuera a casa a cuidar de las dos mujeres de la familia.
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Meiling había pedido a Sakura que la acompañara a su casa y ésta gustosamente aceptó, pensaba que aún tenía un par de horas más para poder jugar. Las dos chicas fueron andando cogidas de la mano hacia el pueblo.
Por el camino Meiling hablaba felizmente a Sakura:
-¿Sabes que Sakura?- le preguntó la niña.
-Pues... si no me lo dices- le contestó riendo Sakura.
-Cuando sea mayor yo también trabajaré en la mina- dijo Meiling riendo y dando palmaditas con las manos-. Lo he decidido hoy mismo. Cuando llegue a casa se lo voy a comentar a mi madre.
-Bueno, si estas segura de ello- decía Sakura no muy convencida-. ¿Hay muchas mujeres que sean mineras?.
-Creo que no- dijo Meiling mientras pensaba en la pregunta-. Eso no importa, así yo seré la primera.
Sakura empezó a reír y al poco tiempo Meiling se la unió. Estaban tan distraídas las dos que no se habían dado cuenta de que ya habían llegado al pueblo. Entonces Meiling le indicó que la siguiera y llegaron a una de las tantas casas que había. Todas eran exactamente iguales.
-Mamá, ya he llegado- dijo Meiling al cruzar la puerta correspondiente.
-Hola pequeña- se escucho como una voz bastante débil contestaba. Sakura supuso que era la voz de su madre.
Las dos entraron y encontraron a la mujer tumbada. Meiling se le tiró encima y la abrazó enseguida y la mujer le correspondió con una sonrisa, intentando tapar el dolor que sentía. Sakura se había dado cuenta de eso y se preocupó enseguida por la mujer. Se podía ver que estaba realmente mal.
-Ella es Sakura, mi nueva amiga- decía Meiling mientras obligaba a Sakura a ponerse a su lado.
-Encantada- dijo Sakura con una reverencia.
-Igualmente pequeña- le contestó afectuosamente la madre de Meiling.
Meiling se sentó en el regazo de su madre para explicarle como había conocido a Sakura y lo que habían hecho esa tarde. También tenia que comentarle su deseo de llegar a ser minero algún día. Las tres se quedaron hablando durante un largo rato para pasar el tiempo.
Sakura se fijó en que el semblante de la mujer demostraba alegría al ver a su hija pequeña hablar tan contenta. Empezó a pensar que Meiling tenía mucha suerte de poder tener una madre como ella. Pero al poco tiempo sus ideas cambiaron, no estaba segura de lo que le pasaba pero no daba el aspecto de ser nada bueno. Entonces recordó que ella no recordaba muy bien a su madre. Siempre le habían hablado de ella y le habían explicado maravillas, pero realmente no la conocía. Quizá le hubiera gustado conocerla, o quizás era mejor así ya que no la había visto sufrir. No estaba muy segura de todo ello, nunca había pensado en cosas tan tristes.
Sería mejor no pensar más en ello porque le producían un nudo en la garganta. Dejó atrás sus pensamientos y se fijó otra vez en su nueva amiga y su madre para reírse con ellas de cualquier tontería que había dicho la niña.
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Ya era tarde y Shaoran estaba a punto de guardar los últimos trozos de mineral que había conseguido. La jornada había sido bastante dura y ya tenía ganas de salir de la mina. Se colocó el pico en el hombro y empezó a andar cuando escuchó un ruido extraño. Se paró enseguida y miró de donde venía.
Estaba seguro que eran los mismos que había escuchado con anterioridad. Él trabajaba en el lado más fondo de la mina. Se acercó a la pared intentando ver si podía saber mejor que era lo que pasaba. Ese era el mejor momento para investigar, ya no quedaba nadie en la mina.
Con la mano iba dando pequeños golpecitos, había un lugar donde sonó totalmente hueco. Eso significaba que detrás no había nada. Realmente estaba cansado y tenía ganas de regresar pero la curiosidad le pudo más y empezó a picar justo en el trozo de pared hueca que había encontrado. La roca no era muy dura y poco a poco pudo ver como detrás de ella había algo parecido a una estancia.
Logró realizar un pequeño agujero y miró dentro de él. No veía mucho ya que todo estaba oscuro. Sólo había dos posibilidades sobre qué era eso: o bien era un túnel excavado por los elfos oscuros, ya que Tomoyo le había explicado que vivían en las entrañas de la tierra donde nunca toca el sol; o era una mina más antigua que habría quedado tapada. La primera posibilidad no era muy buena pero la segunda sí. Eso lo puso en un dilema ¿Tenía que intentar entrar o no?. Eso era realmente complicado.
De repente se volvió a escuchar un ruido sordo que provenía del agujero. Shaoran decidió que si le tenía que pasar algo malo no habría otra solución. Tenía que saber lo que pasaba, ya hacía días que estaba pensando en eso y ahora que tenía la oportunidad lo resolvería. Cogió su pico y empezó a picar la pared rompiéndola para poder pasar hacia dentro. Una vez dentro se fijó en que había una especie de puerta al final y enseguida entendió que la solución era la primera hipótesis. Tendría que ir con cuidado para no ser descubierto.
Intentó volver a tapar el agujero pero no calculó bien y un trozo de roca que estaba medio desprendido terminó de desprenderse y cayó haciendo mucho ruido, aún más del que había provocado él con su pico.
-¿Has oído eso?- se escuchó una voz a través de la puerta que estaba cerrada-
-Creo que sí- contestó otra.
Shaoran se había quedado bien quieto para ver si esas voces desistían y no decidían ir a ver lo que pasaba. Al ver que no había ningún tipo de movimiento empezó a andar y salió de esa sala. Una vez había llegado a la mina intentó tapar lo mejor que podía el agujero que había hecho. Tendría que comentar eso a Tomoyo a ver si le podía ayudar.
Aún no había terminado de tapar el agujero cuando se escuchó un ruido extraño con el que la puerta se abrió. Detrás de ella aparecieron dos hombres con la piel muy blanca y las orejas puntiagudas. Enseguida fijaron sus ojos en él que aún tenía algunas piedras en la mano.
En un abrir y cerrar de ojos se lanzaron sobre él y le obligaron a ponerse de rodillas delante de ellos.
-¿Quién eres humano?- preguntó uno con los ojos encendidos de ira.
-Sólo soy un minero- respondió Shaoran intentando parecer lo más calmado posible.
-Un minero, ¿eh?- dijo el otro un poco burlón-. Ya veo que habéis cavado demasiado profundo. Ahora os habéis topado con la peor de vuestras pesadillas.
Los dos levantaron sus armas dispuestos a darle un golpe mortal ya que ésa era su ley. Si veían a un humano debían eliminarlo para que no les delatara. Shaoran ya conocía todo esto porque se lo había explicado su prometida. Así que pensó rápido un plan para poder salvar la vida.
-Antes de morir me gustaría hacer una pregunta, si es posible- dijo él tranquilamente o al menos intentando aparecer lo más tranquilo posible.
-¿Un humano necio como tú quiere hacer una pregunta?- dijo el que hablaba en tono burlón-. Creo que podemos hacer eso.
-Vamos pregunta rápido- dijo el otro con el arma aún apuntando al cuello del joven minero.
-Es que me gustaría saber quiénes sois vosotros- dijo Shaoran-. Y también intentar buscar un entendimiento para poder salvarme.
Los dos hombres delante de él empezaron a reír. El chico era o muy listo o un estúpido pensando que llegarían a un entendimiento. Aún así pensaron que tal vez les sería útil torturándolo. Hacía tiempo que no habían tenido el gusto de tener prisioneros a los que poder torturar.
-Sí, un entendimiento- dijo el que sujetaba el arma mientras la bajaba-. Creo que te lo podemos conceder, aunque tú no puedes decir nada al respecto- mientras decía eso empezó a ligarle las manos y los pies con una cuerda-. Te llevaremos a nuestro rey y delante del pueblo para poder divertirnos contigo.
-Bien dicho- respondió el otro que aún no había parado de reír.
Shaoran no tuvo tiempo ni de recoger su pico, los dos hombres se lo llevaron hacia dentro, donde todo era muy oscuro y no podía vislumbrar nada. No estaba muy seguro si había acertado con la decisión tomada, tal vez nunca más podría ver la luz que ansiaba tanto ahora que se encontraba fuera de ella. Sólo esperaba que eso fuera una de sus múltiples pesadillas.
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Notas de la autora. Ue, he vuelto con otro capítulo!. Ahora con las vacaciones estoy algo más inspirada y voy escribiendo más rápido. jeje, espero que os siga gustando y no decepcionaros. Gracias a todos los que me brindan apoyo.
Supongo que ya os habéis dado cuenta de que estoy escribiendo otra historia a parte de esta... si no lo sabéis aprovecho estos pequeños momentos para hacer un poco de propaganda personal. Se llama "El destino de los dioses", si aún no le habés hechado un vistazo... ¿a qué esperais??. Jeje, bueno, nos vemos lo más pronto posible, hasta entonces.
