La leyenda de Samain...
Nota: Supuestamente esto debía estar en inet el 1ro de junio... pero por razones particulares (millones de trabajos, además de que a mi hermano le dio por arreglar su computador-después explico bien eso-) no pude publicarlo!!! ToT Pero igual... ¡Feliz cumpleaños Chibi! :D
Espero que te guste lo que sigue, corazón n.n
Un beso a todas las que han seguido mi fic!
Una cosita... odio a ff.net por no permitir ya el guión bajo y el asterisco y el... se me olvidó el nombre!!! .
¤ ¤ ¤
Capítulo 4: "De sentimientos..."
"Atatakai kono omoi... nee, hito wa donna namae de yondeiru no?"
-Aquel sentimiento cálido... dime, ¿cuál es el nombre que las personas le dan?-
¤ ¤ ¤
Eclipse Lunar. Gran edificio y destacado entre todos los demás de aquella isla. La luz amarillenta de las bellas lámparas de caracolas que colgaban del alto techo del primer piso, se reflejaba afuera, en la calle. Dentro, el suelo alfombrado te recibía de color bermellón. Jóvenes parejas, solitarios muchachos... parecían escurrirse dentro y fuera del gran hotel. La época veraniega era todo un caos... Isla Luna parecía vestirse de luces en las noches de verano... mientras el dulce olor a "mango" se esparcía por todo el lugar, llevando a todas las personas, residentes y viajeros, a un estado laxo..., pero sólo la gran marejada arruinaba todo aquello.
Lena, la hija menor de los dueños del recinto, con una expresión confusa –para ellos- les había dicho que volvieran al hotel y le avisaran a Aodhan sobre lo ocurrido. Éste sabría qué hacer. Nombró a una tal Marié, pero fue en leves balbuceos algo sofocados. Las lágrimas no la querían dejar en paz, aunque un leve brillo de alivio y confianza había en sus ojos... ¿acaso lloraba de alegría?
Gon y Killua sólo asintieron, partiendo rápidamente...
...pero se desviaron del camino al hotel, cuando percibieron algo extraño en el ambiente. Fueron acompañados por sus cuerpos, quienes fueron conducidos hasta la casa de una anciana. Ésta les hizo entrar en la casa, donde la anciana les dio abrigo y comida. Killua sólo miró algo desconfiado, pero al ver que Gon comía alegremente, abrigado con la chaqueta que la vieja le había dado, decidió aceptar los cálidos regalos.
¤ ¤ ¤
Sí. Antiguo. Así se le podía definir a todo lo que les rodeaba. No viejo... Las cosas puestas en su lugar. Candelabros de cobre brillaban bajo las llamas de las velas, encendidas sólo por gusto. La larga mesa de madera, con sus sillas acompañantes las cuales estaban talladas en formas enroscadas. Las cortinas y visillos salpicados de rosas. Los sillones de cuero: entre ellos, destacaba uno grande. La mesita de centro, repleta de adornos zoomorfos. Las diferentes plantas, invadiendo cada esquina. El piso de madera crujía bajo sus pies. Sí, antiguo...
Sólo el parloteo de la anciana inundaba el espacio elevado. Aquello le mareaba, pero al parecer a Gon no. Killua había mantenido su mirada sobre él, hasta que la anciana sentada en el gran sillón, se dirigió al pequeño. Ésta ciertamente había notado la gran atención del pequeño y, sobre todo, la disipación de una leve angustia gracias a sus relatos...
- ¿Quieres saber la historia del hechicero Ìphos?
Gon sonrió complaciendo a la anciana, la cual le devolvió la sonrisa, haciendo que su rostro pareciera un poco juvenil.
- ¡Claro! – respondió.
Killua miró esta vez a la anciana. Algo le decía que aquel relato sería interesante... o más bien, había sentido un remesón perturbador en su interior al oír el nombre 'Ìphos'...
La antigua anciana pareció removerse en su lugar, aunque podría haber sido tan sólo un efecto óptico creado por la suave brisa que sopló entrando por la ventana a medio cerrar, agitando así las llamas de las velas y perturbando las sombras.
- Habrá sido más de medio siglo, desde que me contaron la historia de Ìphos...
¤ ¤ ¤
Bien, el día al fin había acabado de una u otra forma. La noche se tornó añil, reflejándose en el embravecido mar. El viento no había cesado su violento y frío recorrido, el cual arrastraba vertiginosamente a las oscuras nubes... al igual que no habían cesado los pensamientos del joven pelinegro. La preocupación y, quizás, algunos otros sentimientos, le habían llevado a un estado realmente calmo y extraño que Killua no lograba -pero intentaba- comprender. Y además... el relato de aquella anciana...
Anteriormente se había preocupado bastante por esta razón: el relato de la anciana. Pero no pudo evitar ponerle más atención al estado de su amigo que a sus propias preocupaciones.
Varias veces lo había visto callado, con el ceño fruncido y meditabundo. Eso sucedía con alguna contrariedad o cuando se proponía algo... así de tanto recordaba Killua el tiempo que estuvo junto al joven... así de tanto le conocía. Pero no recordaba aquella expresión tan calma. Sin un ápice de sentimientos, pero que al mismo tiempo le envolvía un aire de absoluta angustia...
Y algo le hacía sentir... o, más bien, le decía que aquello le hacía ver más hermoso. Tal vez era tonto pensar algo así, pero no podía evitar tener ese sentimiento al ver el aspecto de Gon en aquel estado... inmutable. Ah, sí. Ésa era la palabra: Inmutable.
Desvió la mirada. Aquello no estaba bien.
¿O sí?
¿Acaso quebrantaba alguna regla al sentirse atraído de esa manera hacia su mejor amigo?
¡¿Pero qué cosas pensaba?! ¿Cómo era eso de que se sentía atraído a su mejor amigo?
Volvió a posarle su mirada. Y volvió a quitarla.
¡Sí! ù.u Lo hubiera seguido ignorando de no ser porque de algún modo "lo sabía" –hacía mucho- pero no lo había querido asumir. ¡Gon le gustaba! ¤martillazo psicológico¤ ¡Está bien! No sólo le gustaba... le quería... y todas esas cosas cursis ¬¬.
Pero...
Killua esta vez se angustió.
Gon era su amigo..., peor. Era su mejor amigo –como un hermano-.
Amigo...
Otra palabra más que le sorprendía.
Amistad. Confianza. Unión...
"- Nunca traiciones a tus amigos..."
¿Le estaba traicionando? ¿Traicionaba su amistad?
No puedes ser amigo de quien te enamoras.
- Porque es absurdo...
Cerró los ojos un momento, en una expresión triste...
- ¿Qué es absurdo?
Con sobresalto, Killua miró a su "amigo". ¡Ni siquiera había notado que había dicho aquello en voz alta!
- "¡Nada! ¡Nada! ¡Absolutamente nada!! ù.u ¡Es sólo que es absurdo que me haya enamorado de ti, siendo que eres mi mejor amigo! ¬.¬ ¡Seguro que ya nada es absurdo! ." – pensó.
Gon lo miró extrañado, presenciando aquel espectáculo de expresiones de su amigo.
- ¿Killua?
- ¿C-crees que Joseph esté bien? o.o – dijo, sin darse cuenta de que balbuceaba, ya desesperado por tales pensamientos.
Gon sonrió. Y Killua se sonrojó intensamente.
- ¡Sí! – exclamó –. Te lo aseguro, Killua. Leorio es un gran médico y sabrá cuidarle.
Suspiró.
No cabía duda en su interior de que Gon era la luz que tantas veces le había llegado a cegar..., la que tantas veces le convencía de que todo saldría bien y le daba valor. ¿Acaso dependía ya de aquella luz?
- '¿Acaso dependo de ti, Gon?' – se preguntaba como ya mil veces se había preguntado, cuando se hallaba allá lejos..., mirando fijamente los brillantes astros... cuando le recordaba con esa sonrisa y no hallaba el momento de volver a estar junto al chiquillo.
Gon...
Mi amigo...
Y, tal vez, era ésa la palabra que no encajaba: "amigo"...
- ¡Je! Tienes razón – sonrió Killua, algo burlón.
Gon sólo sonrió un poco, apareciéndole una gotita a un costado de su rostro, para luego normalizarse y seguir caminando.
Killua volvió a mirarle de reojo y luego miró al frente cuando un recuerdo, no muy acorde al momento, se le vino a la cabeza. Esa mañana... habían sucedido varias cosas.
Y volvía a aplazarlas...
Isla Luna era hermosa, de eso no había duda, pese a lo poco que conocían del lugar... pero aquel Iphara dejó marcado su paso y horrorosas consecuencias... Una de ellas: la inconsciencia de Joseph...
Sólo se veían unas pocas personas rondando con pasos inseguros las calles del pueblo. El viento daba una sensación de furia y violencia que les afectaba, menos a Gon y Killua quienes seguían su habitual ritmo, recientemente silenciosos..., ¡pero si sus pensamientos se materializaran, habrían llovido rocas!
Y ya cerca del hotel...
- Gon.
Gon se detuvo y le miró con gesto curioso. Hacía unos momentos, después del leve intercambio de palabras anterior, se había hundido en sus pensamientos y no había estado poniendo atención a nada... Killua comprendió la muda pregunta en aquel gesto del muchacho. Estrechó un poco la mirada.
- Estás extraño...
Hacía rato, incluso antes de que hablaran... en la casa de la anciana, que había estado percibiendo aquella angustia como un frío que le alcanzaba levemente.
- ¿Uh? ¿Extraño? – Gon preguntó... algo nervioso.
Y Killua sólo pudo comprobar con este gesto que estaba en lo correcto: Gon estaba angustiado por algo...
- Sí, quiero decir..., algo te sucede – continuó.
- Por qué lo dices...
- Te noto a-
El viento sopló aún más fríamente, haciendo temblar al par.
- ¡Brrr! ¡Hace frío! ¡Volvamos al hotel! – exclamó Gon, frotándose los brazos por sobre la tela de la chaqueta, tal vez intentando cambiar el tema... - ¡Corramos! – o tal vez sí tenía frío...
Pero aún así, Killua bufó. ¡Maldito Gon que le cambiaba el tema y traicionero viento que le congelaba hasta ciertas partes! Gon tenía razón, lo mejor era regresar pronto. Allí al menos podría abrigarse y pedir algo caliente. ¿Leche chocolatada? Seh...
Y corrió tras él, sonriendo un poco... mientras su corazón latía presuroso...
Mientras asumía la razón de su celeridad.
¤ ¤ ¤
Alto e imponente les saludó el gran edificio, que con sus luces y a pesar de lo abrumador del ambiente, iluminaba y llenaba de una calidez a las personas que pasaban cerca. Pocas, pero igual rondaban cerca.
El Iphara sólo hacía que las personas que no conocían bien el lugar, se atemorizaran incluso de las calles de la ciudadela... pero ciertamente, las desgracias no se posaban sobre los turistas: los isleños eran los "desgraciados", por así decirlo.
La recepción no estaba muy concurrida y un abandonado Aodhan observaba aburrido los números iluminados del elevador. Sólo se podía mirar a través de la puerta que daba al comedor a las personas que a esa hora tomaban el té, o cenaban... o sólo conversaban con algún amigo, mientras los pocos meseros se deslizaban por entre las mesas.
Gon y Killua sólo entraron y se acercaron silenciosamente a la recepción.
- Ahora saldrá un botones -.- - murmuró de manera aburrida con los ojos puestos en la puerta del elevador.. y, efectivamente, un chico con chaleco rojo y pantalones negros salió de allí.
- ¡Apuesto a que ha sido lo único que ha salido de allí, desde que nos fuimos! – exclamó Killua.
- Ajá.. – respondió el moreno recepcionista sin siquiera mirarlos, pero entonces abrió los ojos muchísimo y se volteó a mirarlos -. ¡Ustedes! O.o ¡¡Huh!! ¿Y la señorita?! ¡Me enteré que hubo un Iphara! ¡¿Cómo está?! ¡Respondan!
Aodhan estiraba los brazos contra el mesón en ademán de treparse a la recepción y agredir a los chicos, si ellos no le respondían pronto.
- ¡Tranquilo! o.o – exclamó Gon.
- ¡Pero, respondan! ò.o – insistió Aodhan, ya encima de la mesa.
Killua sólo frunció el ceño. Ciertamente, ya no eran los únicos que estaban allí esperando a ser atendidos. Había un par de personas observándoles como si fueran tres monstruos discutiendo la destrucción del mundo ¬¬U.
- ¡Cálmate! ¡Hay más personas observando! ¬¬
Aodhan miró más allá de los chicos y sonrojándose furiosamente, casi cae al bajarse de manera acelerada del mesón.
- Lo siento... – murmuró bajando la mirada.
- No te preocupes – Gon sonrió -. Lena te debe importar mucho, ¿no es así?
- Así es... – respondió sin pensarlo, para luego reaccionar sonrojándose nuevamente-. ¡Eh?! ¡No! ¡No es así! ¿Cómo podría importarme una persona como ella?! Tan caprichosa, salvaje, terca, nada delicada – Aodhan siguió enumerando más defectos de la jovencita, mientras a Gon le aparecía una gotita de nerviosismo a un lado del rostro y a Killua le saltaba una venita de fastidio -, idiota, egoísta...
- ¡Lena se encuentra bien! –interrumpió Killua el apasionado enlistado de defectos, haciendo que Aodhan callara iluminándosele los ojos.
- ¿Y Joseph?, ¿y Alsandeir?
Killua suspiró.
- Joseph fue arrastrado por las olas, pero Alex le salvó... – afirmó Gon, algo triste.
Un dejo de sorpresa y miedo se dejó ver en la mirada del joven.
- ¡¿Qué?! ¡¿Y cómo se encuentra?! ¿Dónde están ahora?
- Están en su casa... Leorio le examinó y dijo que no era necesario llevarlo a un hospital. Más sabiendo que es nada vasto y que la marejada dejó muchas víctimas.
- Claro – murmuró Aodhan, con una sonrisa triste -. Siempre sucede lo mismo... – silencio -. Pero lo importante es que no le ocurrió nada grave a Joseph, ¿no? – dijo ahora sonriendo un poco animado.
Gon y Killua sonrieron de vuelta.
- Bien, chicos... será mejor que vayan a descansar... n.nU – les dijo Aodhan señalando a las personas que aún esperaban.
- ¡Ah, sí! – exclamaron los dos al mismo tiempo.
¤ ¤ ¤
No había notado el tiempo que llevaba mirando a través del cristal. Sólo se había mantenido allí, apoyado en el marco de la ventana, desde que se había cansado de analizar al bicho del techo -¿era o no era una araña?. Ni siquiera llevaba algún libro de bolsillo... bueno, tampoco en ese momento se acordó de un libro. Más bien, su mente no tenía espacio para recuerdos - en ese momento.
Siendo tal vez otra persona ya hubiera hecho un hoyo en el suelo con sus paseos nerviosos a lo largo del pasillo. Pero él sencillamente prefería calmarse y esperar.
Hacía unos momentos Lena había despachado a Gon y a Killua. Hacía unos momentos él se había limitado a abrazar a la pequeña. Y hacía unos momentos que se había quedado sólo –a pesar de que le dijeran que podía entrar a la habitación de Joseph.
Tampoco estaba tan calmo. Estaba preocupado. Pero no por Joseph –ya no como antes-, sino por Alex. El joven se notaba demasiado angustiado. Seguramente se estaba culpando por lo que "casi" le sucede a su hermano.
Alsandair, al igual que sus hermanos, era nativo de Isla Luna, sin embargo, no creía en eso del "Iphara". Contrario a Lena, que a pesar de que Joseph se hubiera casi ahogado, ella sabía que nada le sucedería a su hermano – aunque el susto del momento no se lo quitó nadie.
Kurapika siguió divagando, hasta que una frazada le cubrió la espalda. Se volteó de inmediato a ver quién era el amable y se encontró con un alto y serio personaje, tras unos anteojos transparentes y con una taza de café en sus manos.
- ¿Quieres? – Leorio preguntó, acercándole la taza.
Kurapika sólo se limitó a recibirla, con la mano izquierda, pronunciando un tenue "gracias".
El moreno se sentó a su lado.
- Tu mano – murmuró.
- ¿Eh?
Leorio sin previo aviso tomó el brazo derecho de Kurapika e hizo un firme movimiento, haciendo que el rubio soltara un grito de dolor.
- ¡Kurapika! ¡¿Has estado todo el día con esa mano así?! –exclamó Leorio, señalando la hinchada muñeca del joven.
- No.. no creí que fuera...
- Cof, cof – interrumpió Lena, para luego mirarlos con una sonrisa pícara, olvidando por un momento a lo que iba -. ¿Interrumpo algo?
Leorio y Kurapika, que se habían volteado luego de oírla aclararse la garganta, se sonrojaron sólo un poco.
La chica ante el silencio preguntó:
- ¿Sucede algo malo? – ya lo sabía... lo había leído en la mente de Leorio.
- Nada... – murmuró el rubio en un tono algo... ¿triste?
Leorio lo miró con cara de "¿cómo que no sucede nada?!" y luego dijo a Lena, señalando la muñeca del joven:
- Lena, ¿crees que esto es nada?
La muchacha lanzó un leve "¡Oh!" y se acercó rápidamente a Kurapika. Podía sentir el dolor que sentía el joven y se preocupó.
- Kurapika, esto se ve muy mal – le dijo mirándolo angustiada -. ¿Cómo te sucedió?
- Larga historia... – murmuró Leorio.
- En la mañana, antes de bajar... – Kurapika le relató lo que sucedió.
Lena ahora contenía las ganas de reír. Había entrado en los recuerdos de Leorio y lo había visto todo.
- Qué miedo... – murmuró después de un momento -. Que esos dos chicos cayeran sobre ti no es demasiado, pero que además cayera este grandulón...
- Sí, Lena. Fue horrible – dijo Kurapika tranquilamente.
Leorio hacía rato que tenía ganas de gritarles...
- ¡¿Qué están insinuando?! ¿Que estoy gordo?! ò.o – e igual lo hizo.
- Sí – afirmaron Lena y Kurapika, en complicidad.
Porque la verdad... era que Leorio parecía más fideo que otra cosa ¬¬U. Aún así...
- ¡¿Qué?! ò.ó – Leorio les siguió el juego -.-U.
- Ahora entiendo por qué tenías esa cara cuando bajaron a la recepción n.nU – dijo Lena refiriéndose a lo que sucedió después de la caída -... ¿o no habrá sido porque pasó otra cosa aparte... más temprano?
- ¡¿QUÉ?! – exclamaron los dos jóvenes, más que sonrojados.
Ella y su bocota... De un momento a otro Lena estaba muy pálida y sudando frío. Kurapika como pudo le envió miles de amenazas asesinas –¿quién no haría eso con una bocona como ella? -.-u-
- ¡¿Qué quieres decir con eso, Lena?! – inquirió Leorio, sonrojado aún.
- Eh, quiero decir... que tal vez Kurapika durmió mal y bueno... tú me entiendes n.nUU – Leorio la miró con cara –sonrojada- de pocos amigo -. Lo importante ahora es que deben atenderte esa mano, Kurapika.
- Si sólo se dejara atender... – rezongó Leorio, mirando a Kurapika.
- No es para tanto – dijo el rubio, desviando su mirada, cuando nuevamente Leorio le tomó la muñeca y volvió a sentir aquella punzada de dolor. No pudo evitar soltar un nuevo quejido.
- ¡Leorio, eres un bruto! – exclamó la chica espantada.
- ¡No soy bruto! – replicó Leorio con el ceño fruncido -. ¡Sólo obligo a este cabeza dura a que deje su tonto orgullo de lado y que note de una buena vez que esto no está nada bien!
¡Orgullo! Y claro, Kurapika recién lo notaba. ¡Le dolía como el demonio!
- "¿Cabeza dura?" – pensó.
Lena miró sorprendida a Leorio.
Silencio. Los tres habían callado, Leorio miraba a Kurapika con reproche; Kurapika, apretando los dientes, sólo miraba el suelo y Lena miraba a los dos chicos con rostro grave.
La taza de café olvidada en la mesita de centro...
Hasta que la chica recordó a lo que venía.
- ¡Es cierto! – exclamó, asustándolos y llamando su atención -. Yo venía a preguntarles si quieren quedarse aquí o prefieren volver al hotel... – pausa -. Aunque yo diría que es mejor que se queden, porque...
- No – interrumpió Leorio.
La chica leyó su mente durante esos segundos, pero sólo vio las imágenes de su habitación, un lugar específico donde una silla lo llenaba y en la cual se hallaba acomodado un maletín médico, supuso ella. Así adivinó que Leorio prefería llevar a Kurapika al hotel.
Pero Leorio escondía algo...
Kurapika sólo imaginó la razón de por qué Leorio se negaba a quedarse: sus herramientas médicas debían estar en el hotel. Aunque a decir verdad, no era muy probable ya que estaban de vacaciones. ¿Entonces?
- Tengo las cosas necesarias para aliviar esa mano en el hotel, así que será mejor que volvamos – declaró seriamente Leorio.
Aunque había algo en su voz que no sonaba muy convincente, las imágenes de su conciencia terminaron convenciendo a la chica.
Pero al rubio kuruta no logró persuadir.
- ¿Trajiste tus herramientas estando de vacaciones? – preguntó Kurapika, sarcástico.
Lena miró con desapruebo a Kurapika y Leorio suspiró, para luego levantarse –soltando con cuidado el brazo del rubio.
- Yo no voy a ser el que después se ande quejando – Kurapika iba a decir algo, pero Leorio le lanzó una de esas miradas que dicen "aún no termino de hablar", que le sorprendió -, aunque en tu caso de orgullo crónico no creo que te quejes mucho – el rubio bajó la mirada avergonzado y Leorio continuó con una sonrisa breve que más parecía mueca sarcástica -. De todas formas: no es muy placentero estar con una mano inútil y doliéndote durante las vacaciones.
Lena sonrió. Aquella faceta persuasiva de Leorio le simpatizó bastante, y el aire profesional se acentuaba más con aquellos anteojos –una de las cosas que había llevado al paseo, al parecer para leer una pequeña historieta. Se notaba que Leorio era una de las pocas personas que podían hacer flaquear el orgullo de Kurapika.
Pero Kurapika permanecía en silencio.
Y Lena le miró. Comenzó a captar algunas imágenes y supo por qué Kurapika no quería ir con Leorio: había cierta conversación pendiente...
Leorio frunció el ceño, ya harto de todo. Se quitó las gafas, guardándolas en uno de sus bolsillos para frotarse los ojos con los dedos índice y pulgar -gesto de cansancio- y luego articuló hacia Lena, con voz algo seca:
- Joseph despertará en cualquier momento. Ya no tengo nada más que hacer aquí, así que será mejor que regrese al hotel... – miró a Kurapika para luego volver a mirar a Lena -. Cuando Joseph despierte va a estar sediento, procura tenerle líquido a mano.
Lena asintió, sin saber qué decir. Entonces Leorio se acercó raudo, besándole la mejilla a la chica, para la luego dar media vuelta, pronunciar un escueto "adios" y...
- Espera.
...ser detenido por la voz de Kurapika.
- Iré contigo...
¤ ¤ ¤
Ya habían salido y Lena se había quedado sola y pensativa. Cuando algo se le vino a la cabeza.
- ¿Qué utilizó Leorio para curar a mi hermano?
Joseph había sufrido ciertas contusiones -el mismo Leorio les había dicho eso- pero en medio de la confusión –Leorio con Joseph en brazos llevándolo de inmediato a la que, supuso, era la habitación de Joseph (y lo era) y encerrándose allí- no se les ocurrió preguntar cómo había curado al joven cuando unos 5 minutos después (en realidad mucho más tiempo), el alto médico salió diciendo que Joseph estaba bien. Sólo eso les había importado –que el chico estuviera bien.
- Nen – dijo una voz tras ella, haciéndola volverse.
- Alex... – gimió la chica, al ver la figura de su hermano tan triste, pero luego preguntó -: ¿Nen? ¿Leorio utilizó Nen?
- Sí...
Lena bajó la mirada, nuevamente pensativa.
¡Entonces no era necesario llevarse a Kurapika al hotel! Esperen un momento... Kurapika tampoco tenía idea de aquel poder de Leorio. Pero, ¡¿cómo?!
- "¡Leorio me engañó! Utilizó viejos recuerdos... para que yo no interfiriera en su plan de llevárselo al hotel..." – sonrisa malévola -. "Jeje, por qué será..."
Lena comenzó a reírse muy bajo, poniendo su mejor cara de zorro –ojos rasgados, orejas y cola.
Pero entonces captó los pensamientos de Alex.
- "Fue mi culpa..."
- Nii-chan?
¡Hacía tanto tiempo que no lo llamaba de esa manera!
- ¿Mhm?
- ¡No te sientas culpable! – Alsandeir la miró con sorpresa -. Tú no tienes la culpa, ok? – le dedicó su mejor sonrisa, esas que desfiguran el rostro y que terminan contagiando -. Ahora iré a cuidar a Joseph.
- No, yo lo haré – replicó el joven, sonriendo.
Lena asintió.
- Está bien, pero le voy a llevar jugo de frutas a la habitación. Leorio dijo que despertaría sediento.
¤ ¤ ¤
La habitación de Joseph era toda alegría, todo orden. Unas cortinas color crema aquí, cubriendo el ventanal, salpicadas de las sombras nocturnas, del árbol estremeciéndose allí afuera. Miles de colgantes sujetos al techo en lo alto, todos siempre sonoros: con ese sonido peculiar y adormecedor de caracolas, metales, maderas... que ahora dormían. Las paredes de un suave celeste, sujetaban risueñas pinturas de paisajes de bahía, de playa, de agua marina... El escritorio arrinconado allí, con su silla de madera acompañante: todo en orden, menos aquellas monedas que se esparcían por toda la mesa... algunas que incluso descansaban en el suelo azul alfombrino: siempre tan descuidado con el dinero; también había una que otra estrella de mar seca, nunca en la misma posición, encima. Otros muebles más... Y la cama de mantas blanquecinas en medio de todo aquel mar.
El cuerpo con mortecina quietud. Alex volvió a sentarse en la misma silla que había usado anteriormente y observó el calmo dormir de su pequeño hermano... pequeño... ¿qué edad tenía? Como siempre su memoria le fallaba.
Leorio había dicho que en cualquier momento su hermano menor despertaría. Hasta entonces, debía esperar. Pero la espera lo llevaba a pensar, y, realmente, aquello le cansaba.
Miró tendido tiempo el rostro de Joseph. Los cabellos castaños caían sobre su frente, su rostro blanquecino... los labios juntos, lisos... Su cuerpo bajo las mantas se le antojaba rígido: le asustaba. Su pose calmada, todo en silencio... que era sólo interrumpido por el sonido de la brisa sedosa, colándose por entre la ventana a medio cerrar y rozando las cortinas... o por el sonido de su propia respiración que entre la quietud se le hacía, incluso, escandaloso.
La brisa sopló un poco más fuerte y los colgantes comenzaron todos a entonar su melodía y a bailar: caracolas, metales, maderas... Alex entristeciendo...
- "Si no hubiera sido tan terco..." – entrecerró sus ojos, aún mirando a Joseph -. "Pero el "hubiera" no existe... Oh, mi dulce hermano... ¿Por qué me hiciste caso? ¿Por qué le haces caso al terco de tu hermano?"
Alsandeir inspiró... y luego soltó un largo suspiro, ojos esmeralda y pupilas dilatadas. Cejas enarcadas en un gesto afligido.
-"Si te hubiese pasado algo... yo... yo me muero"
El viento volvió a entrar fuerte y las caracolas cantaron aún más alto. Se levantó y dirigió sus pasos hacia la pared contraria, donde la ventana se hallaba. Cerró suavemente las hojas y volvió a su lugar.
Aguardando...
Le miró un momento más...
Joseph se movió un poco entre las sábanas, tal vez incómodo, tal vez muy cómodo... ya no parecía aquel cuerpo cadavérico de antes. Miró su rostro nuevamente. Las facciones suaves y dormidas y hermosas...
Alsandeir se inclinó un poco hacia delante, acercándose más. Pero Joseph de pronto comenzó a moverse... mucho...
Alex se levantó de inmediato, desesperado, sin saber qué hacer, mientras Joseph gemía agitado hasta que despertó, llamando desesperado a su hermano.
¤ ¤ ¤
Aodhan había estado impaciente esperando a que aquel ruidoso aparato, pues, sonase. Pero con obstinación, el aparato telefónico seguía donde mismo. ¿Acaso quería que incluso se moviera la cosa esa? Estaba volviéndose loco de impaciencia. Hasta que el dichoso teléfono habló su extraño idioma en "la", y el moreno de un salto cogió el auricular, pero en su emocionado e impulsivo paso, tropezó... y el teléfono le quedó de sombrero -.-U
Le habló Lena a un emocionado Aodhan –con teléfono-sombrero y todo- ya no con su tono de mandato típico hacia el joven, sino con uno calmado. Y cuando terminaron de hablar, el moreno suspiró tendido y volvió a la recepción.
- "Así que sólo cuando hay alguna desgracia, tú te comportas más amable conmigo..."
Suspiró.
- ¡Aodhan!
Aodhan se volvió a mirar a quien le había llamado.
Leorio le miraba con una suave sonrisa, mientras que Kurapika sólo se quedó un poco más alejado. Hizo un poco de memoria, porque no conocía muy bien a Leorio y no recordaba su nombre, pero éste lo notó:
- ¡Leorio! Mi nombre es Leorio, ¿recuerdas?
El joven se sonrojó adorablemente.
- Lo siento, lo había olvidado... ¡Ah! Usted es quien atendió a Joseph, ¿no?
- Claro n.n
- ¡No me imaginaba que usted fuese médico! – a Leorio le saltó una venita en la frente.
- "¡¿Qué insinúas con eso!? ò.ó " – pensó, furioso, para luego decirle con una sonrisa torcida -. ¿Por qué no? n.'''
- o.oU Err... porque usted se ve muy joven y bueno, jejeje n.nUUU "me va a matar, me va a matar T.T Kurapika, sálvame" – pensó el chico.
Pero Kurapika no leía pensamientos y... sólo reía interiormente.
- ¡Ah! Claro...
- Err... los jóvenes Gon y Killua ya están aquí, por si lo desean saber n.nUU
- Ok... – Leorio miró a Kurapika sonriendo -. Vamos, para así poderte atender con tranquilidad - el rubio desvió la mirada hacia Aodhan, quien lo observaba con un gran signo de interrogación en su cabeza.
Kurapika le hizo un leve gesto con los labios, que Leorio no vio y que Aodhan comprendió escasamente.
- Vamos... – terminó murmurando el rubio.
- Adiós, Aodhan...
- Erm... que pasen buena noche n.nU
Y en el elevador...
- Kurapika, ¿te sucede algo?
- No creo que te interese ¬¬
- ¡¡ò.o!!... Mejor no gasto mi saliva en ti ù.u
- Qué bien. Así mis oídos descansan -.-
- Grrrr... ò.ó ¿Sabías lo insoportable que eres?
- Piensa lo que quieras -.-
- Deberías quedarte con esa mano así todo el verano... ¬¬¡
- Nadie te pidió que me atendieras ¬¬
Leorio le miró de manera enigmática.
- Es cierto... a veces ni siquiera sé por qué me preocupo por ti.
Kurapika abrió mucho los ojos, pero Leorio siguió hablando, desviando la mirada:
- ¡Ja! Debe ser por mi "sentido del deber".
El rubio inclinó un poco la cabeza. Leorio y su sentido del deber le hacían confundirse... pero luego dijo:
- Mejor dicho: eres un intrometido.
- ¡¿Qué?! ò.O
Kurapika le sonrió, y Leorio simplemente se quedó observando esa sonrisa, hasta que la puerta del elevador se abrió.
Caminaron sin palabras por el pasillo -recordando la caída-, no mucho antes de llegar a la habitación 109.
Kurapika tembló. Estarían... solos... Miró a Leorio quien había sacado la tarjeta y la insertaba, para poder entrar a la habitación y cómo después de abrirle le daba el paso de manera amable. Claro, por su estado deplorable de invalidez –nótese el sarcasmo. Bueno, eso era lo que el rubio pensaba. Sin embargo sabía muy bien que Leorio lo hacía porque era su amigo. Suspiró.
Leorio lo miró. Pero decidió no preguntar nada, sabiendo que el chico tampoco querría decirle nada. Le dijo que se sentara en la cama, mientras él iba al baño. Un momento después Leorio salió del baño, dirigiéndose a Kurapika con una leve sonrisa.
- Bien – murmuró arrodillándose en el suelo, cerca del rubio, a lo que Kurapika se sintió incómodo -, comencemos. Primero debo examinarte – Leorio miró hacia la cabecera de la cama y estiró su mano para alcanzar una almohada -. Levanta el brazo – el rubio obedeció y Leorio colocó la almohada sobre sus rodillas (las de Kurapika).
- ¿No... estás incómodo allí? – preguntó algo nervioso.
- Nah – replicó Leorio, tomando delicadamente (ahora ¬¬U) la hinchada muñeca -. No te preocupes... Bueno, ya sé más o menos cuando te duele. Siento mucho haberte lastimado antes, pero es que me sacas de quicio .
- Lo siento, Leorio...
Silencio.
- No te preocupes... – pausa. Leorio le hizo realizar algunos movimientos con la muñeca. Circulares y de arriba hacia abajo -. ...al parecer es disloque y la manera convencional es muy dolorosa y no me gusta... - le miró a los ojos -. Serían necesarias radiografías para saber con exactitud tu estado, pero estamos a varios kilómetros del hospital, así que...
- No me importa qué método utilices... – interrumpió Kurapika.
- Pero a mí sí, así que usaremos otras medidas.
- ¿Otras medidas?
- Las mismas que utilicé con Joseph.
¡Es cierto! Leorio había atendido a Joseph sin necesidad de su maletín de herramientas...
Kurapika lo miró de manera indescifrable. Iba a decirle algo, pero entonces no pudo. Leorio había posado un dedo en sus labios, silenciándolo.
Las mejillas del rubio se tiñeron de un leve carmín.
Leorio volvió su vista a la mano del chico –nuevamente se había quedado mirándole- y acercó la suya, sin llegar a tocarlo. Kurapika pudo ver cómo un leve brillo manó de los dedos de Leorio como hilos finísimos que "entraron" en su muñeca.
Entonces sintió algo muy cálido... que se esparció desde la punta de sus dedos, hacia la palma de su mano, por todo su brazo y luego le recorrió todo el cuerpo... era el nen cálido de Leorio... Cerró los ojos... el dolor que antes sentía desapareció completamente.
- Listo.
Kurapika abrió los ojos de par en par.
- Mueve un poco la muñeca y dime si te duele.
Se miró la muñeca por un momento, ésta estaba deshinchada y ya no dolía como antes.
- Ya no duele...
- ¡Perfecto! – Leorio se levantó, sonriendo tontamente... y cortando la inspiración del momento ¬¬U.
...pero en realidad, era una sonrisa somnolienta... nuevamente hizo un gesto de cansancio y medio se tambaleó, preocupando a Kurapika quien quiso ayudarle.
- Estoy exhausto – susurró ya sentado en la cama a un lado de Kurapika -. Utilicé mucha energía...
- "Claro" – pensó el rubio -. "En Joseph y en mí... quizás cuán mal estaba Joseph y para no preocuparnos no nos dijiste..."
- Y bueno, todavía no soy superman con poderes ilimitados, jejeje – Leorio rió un poco.
- Tampoco te esfuerces tanto... – replicó Kurapika.
- ¡Ah! ¿Estás preocupado por mí? ¿Eso quiere decir que me quieres? – su tono no era de burla, pero Leorio le miró con una sonrisa de lado.
- Idiota... – murmuró el rubio, sonrojado y sin mirarle.
- Je... ahora el idiota soy yo...
Kurapika se volvió a él con su mejor cara de fastidio y luego le dijo:
- Leorio, ¿por qué me trajiste?
Qué directo... y ¿por qué no? (Karla: dile que sí, dile que sí xD Kaede: No pregunten, no intenten entenderla, no lo hagan... están advertidos...)
Leorio le observó con esa seriedad de a veces...
- Necesitaba preguntarte algo...
Nerviosismo.
- ¿Qué... cosa?
Leorio inspiró y luego exclamó:
- ¡Por qué no "me" dijiste que tú y Joseph tienen algo!
Kurapika abrió los ojos como platos, colocándose rojo como la grana. Leorio sólo le miraba expectante y notando el sonrojo del rubio, afirmó:
- ¡Así que es cierto!
- ¡Y a ti qué te importa! – replicó Kurapika, indignado.
- ¡Claro que me importa!
¿Celos?
Kurapika no pudo evitar sonreír.
- ¿Y por qué?
Leorio se sonrojó. Millones de respuestas se le vinieron a la mente (la mayoría "vergonzosas" -.-U), pero sólo respondió:
- Somos amigos, ¿no?
El rubio bajó la mirada, dejando de sonreír.
- Claro...
Leorio frunció el ceño, para luego alzar las cejas, en un gesto preocupado.
- ¿Dije algo malo?
- No... – Kurapika se llevó una mano al rostro -. Estoy cansado, será mejor que vaya a dormir – se levantó, pero Leorio lo detuvo tomándolo del brazo.
- ¡Espera, Kurapika! Aún necesito hablar contigo...
Kurapika siguió dándole la espalda.
- Hace dos años llegué a esta isla buscando descansar de recuerdos. El lugar me asombró por su belleza y tranquilidad. Entonces conocí a Joseph quien sinceramente se ofreció a ayudarme a olvidar. Viví un año y unos meses en este lugar... y luego, al darme cuenta de que nada dio resultado, dejé la isla. Pero antes, Joseph me dijo que le diera sentido a esos recuerdos... Obviamente Joseph y yo ya no tenemos nada. ¿Eso era lo que querías saber?
Leorio aún no soltaba el brazo de Kurapika.
- ¿Qué recuerdos?
El rubio suspiró.
- De una persona...
Silencio.
- ¿Tú... amas a esa persona?
- Sí...
- Un hombre...
- ¿Y qué si lo es?
- No, es sólo que...
- Te repugna, ¿cierto?
- Kurapika, no-
- Porque no soy lo que ustedes los "normales" llaman "normal", ¿no? – Kurapika enfatizó aquellas palabras.
- ¡Kurapika!
- ¡¿Por qué tu, precisamente tu tenías que ser uno de esos "normales"?!
Kurapika se deshizo del agarre de Leorio e intentó correr, pero Leorio volvió a atraparlo, apretando contra su cuerpo a un histérico rubio que se movía de un lado a otro tratando de zafarse y gritando cuánto odiaba al médico. Éste ya lo había visto una vez en ese estado, aunque no "tan" histérico... lo malo era que no estaba muy consciente de lo que podía hacer, ya que la poca energía que le quedaba, la estaba usando para sostenerlo... entonces... lo besó...
¤ ¤ ¤
Continuará...
Nota: Me van a matar... Kaede: No la maten, fue idea mía que lo dejara hasta ahí! - Erm... ¿ya lo dije? Ah... el martes pasado iba a subir este cap, pero tenía un trabajo de historia muy importante... y bueno, iba a hacerlo al siguiente día pero a mi hermano le dio por arreglar no sé qué cosa (creo que la red de inet) y bueno, no tuve inet... hasta ayer ¬¬
Se estarán haciendo millones de preguntas, no? No quiero ilusionar a nadie, no sé qué sigue después de esto...
Mejor respondo luego los reviews, que me estoy comenzando a deprimir u.u
¤ ¤ ¤
Aki-chan: T.T sé que debes estar queriendo matarme en este preciso momento (o bueno, de seguro hace rato ya que me quieres matar, pero bueno...) Lo siento mucho!!!! o Además de que me demoré en publicar esta porqueriza, más encima me atrevo a dejarlo en un momento tan... tan...
Lo siento! T.T (Sorry porque no entré al msn el fin de semana... mi hermano estaba haciendo algunos arreglos y yo no pude usar inet) Gracias por apoyarme tanto!!! Te quiero montones, corazón, washis de my heart! XDD (a lo Mayu xD, a propósito... le quité los asteristcos, como no se puden usar de los otros -.-U)
Kany-chan: Chica! Al fin! Aleluya! Milagro! ¤cae un meteorito y se acaba el mundo¤ Cof, cof... errr... ya no tá tan corto! n.nUUU ¤Karla cree que con eso evitara que Kany-chan la mate¤ Pero bueh... espero que te haya gustado, jejeejejej Gracias por tu review, niña :D
Clow: Sorry!!!! No te respondí el review anterior!!!! Y sobre Kurapika... lo siento mucho, pero a Kaede le gusta esa pareja y pues... u.u obligada no más xD (como si a mí no me gustara escribir de ellos dos ¬¬U) ¿Qué cosa te enreda de la historia?
Faye: Otra vez te hago la misma pregunta: aún sigues diciendo "filo con que te demores"?? n.nUUU Sip, Iphara aparecerá... más adelante n.n Y sobre el GonxKillua, estaba pensando terminar primero con Leorio y Kurapika y dedicarme después por completo a Gon y Killua, que son mis favoritos! Y, una cosa más, gracias por el review! :D
La chica D: ToT no me pegues! UST... qué sigla más sexy xDD T.T de verdad piensas eso de mi historia?? (es cierto, son más difíciles de encontrar las desgraciadas ToT) Gracias por los plushies! ¤o¤ y por el review! :D
Gael: No te preocupes, no por nada me llaman Karla-llorona-lenta-chan xD y cuidado con el teclado, no vaya a hacer corto-circuito, corazón! :D Gracias por el review! :DD
Kilaki: No eres pervertida!!! Sólo algo fanática xD nah... yo soy igual xD Y sobre el lemon... FALTA! xD Y como le dije a Faye, quería terminar primero con Leorio y Kurapika y luego concentrarme en Gon y Killua, ok? Y una cosita... qué bueno que te guste el fic, corazón! - eso se me pegó de la Mayu xD Gracias por tu review, washis! :D
Nicoyasha: Loca!!! Al fin lo subí!!!! Al fin!!! (supuestamente lo iba a subir antes, para el cumple de la Chibi... pero no pude T.T) Joseph no tiene ninguna deuda... porque si la tuviera, habría muerto (eso no te lo había explicado n.nU) Y lo de la piedrita... falta, falta... gracias por tu apoyo y por tu contínua presión xD y sí!!! Eres una niña muy eufórica e impetuosa! XD
Chibi-poio: ToT Iba a subir este cap el día de tu cumpleaños como regalito, pero no pude!!!!! Además de que tuve miles de trabajos que preparar, mi hermano estaba haciendo arreglos con internet... (no sé cuántas veces lo he dicho ya...) Así que no usé casi en toda la semana la porquería T.T Pero igual, corazón: ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS RECONTRAREATRAZADO, WASHIS DE MI CORAZON XO xD!!!
Kyo: ToT te echo de menos... mucho de menos! Cómo te ha ido?? Espero que bien T.T A mí me ha ido rebien! Tengo promedio 7 en mats... ToT te echo de menooooos!!!!!
Como siempre, feliz si me dejan esos reviewcitos bellos! n.n
Y bueno, la demorosamente lenta Karlucha care trucha se va a ver si puso la burra... o era la gallina?
