Condena de Muerte

Por Makita.-

El soldado bajó con seguridad y fuerza la palanca, haciendo ceder el piso que sostenía a Xiaolang. Él cayó y para el asombro de todos, resistió el tirón y quedó colgando por algunos segundos. Cuando sentía que la vida se le iba sin remedio, una estrella voló certera hacia la cuerda, cortándola. Xialolang se desplomó en el duro piso. Respiró polvo adolorido y la cuerda seguía atada a su cuello. Sintió como el pueblo murmuraba. Nadie entendía exactamente lo que estaba sucediendo allí. Los reclutas se distrajeron y sin que nadie la viera, Meiling corrió hasta donde estaba su primo y lo desató, contando las cuerdas que ataban sus manos. Lo más importante ahora era huir, alguien lo salvó de una muerte segura. Fue allí cuando vio a la princesa totalmente distraída, mirando hacia un árbol, ya que desde allí vino la estrella.

Meiling se largó, corriendo y desapareció entre la gente, al igual que su madre y hermanas. Él aprovechó el momento y tomó a la princesa por la espalda, secuestrándola. Atravesó rápidamente el pueblo y llegó al bosque. Corrió veloz y seguro a pesar de que no sabía hacia donde, mientras ella gritaba pidiendo auxilio. La amarró con la misma cuerda que tenia atada al cuello.

-¡¡ Suéltame, inmundo, asqueroso ratero, ladronzuelo!!-gritaba ella. Pero él no la tomaba en cuenta- ¡te mandaré a decapitar esta vez y nadie podrá salvarte!

La princesa se preguntaba a donde la llevaría, quizás buscaba un lugar tranquilo para matarla y partirla en pedacitos pequeños, para que nunca pudieran hallarla.  O quizás quemaría su cuerpo...

Llegaron a las orillas de un pequeño lago. Xiaolang la soltó y ella cayó bruscamente al suelo. Fue y se lavó la cara, meditando bien lo que había realizado. ¡Había secuestrado a una princesa!- Si lo descubrían ahora, si que sería su fin. Pero tenía la esperanza de que mientras ella estuviera desaparecida realizaran algunos cambios en el Reino. Respiraba con mucha dificultad, después de todo, el tirón de la cuerda le dolió mucho, le impedía hablar y respirar, por el momento. Se sostuvo el cuello con sus manos y palpó la marca que la cuerda había dejado.

Sin previo aviso, la princesa se abalanzó sobre él, tratando de matarlo con sus manos. Éstas se dirigieron a su cuello, intentando asfixiarlo, pero él las sujetó y empujó con fuerza a la princesa, contra el suelo. Se puso sobre ella, aprisionando sus manos, para después atarlas. Sus rodillas estaban rozando cada una de las caderas de la princesa. Ella sintió su respiración y su aliento agitado, fuerte, en su frente, mientras ataba sus manos. Observó el cuello de él, marcado por la cuerda. También pudo ver su pecho, entre los harapos. Subía y bajaba en movimientos constantes, fuerte, bien formado y sudoroso. Luego él se levantó y la dejó tirada allí, mientras bebía agua. Después la miró ¿ahora que haría con ella? ¿Sería necesario matarla? -Ese era su objetivo al principio, alejarla de la civilización y asesinarla. La quedó mirando, mientras analizaba la situación. Le dio algo de pena, pero prefirió no actuar por el momento- Por el ahora sería apropiado alejarse lo mas posible, si los soldados venían a caballo, no tardarían en alcanzarlos. Tomó nuevamente a la princesa en brazos y corrió, inundándose en lo más profundo del bosque.

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-¿que secuestraron a su majestad?-preguntó Tomoyo al soldado Eriol- ¿cómo, cuando?

-Nadie Sabe- dijo él- Entre tanta gente y confusión la princesa desapareció.

-Talvez todavía está en el reino-dijo Tomoyo.

-Los soldados la están buscando a Caballo, pero todavía no saben nada de ella.

-¡Pero como son tan distraídos! entre tanta confusión, lo primero que deben hacer los reclutas es protegerla a ella.

-Ella estaba rodeada de sus militares- no me explico como sucedió-dijo Eriol.

-Y que harán, respecto al aspecto político.

-Según la ley, usted debe hacerse cargo del puesto, temporalmente, hasta que la princesa aparezca. Pero aun debemos esperar  la opinión del concejo real. Ellos dirán que hacer.

-¿Yo? ¿Soberana de un reino?

-Así es, ya que usted tiene en sus venas la real sangre. Esto será solo hasta que la princesa aparezca, ya que el pueblo no puede quedar descuidado.

Tomoyo caminó por la gran sala. Miró a Kaho, confundida. No sabía como actuar, que decir. ¿Debía aceptar el puesto temporalmente? quizás así podría ayudar un tiempo a la gente. Ellas se alejaron del Soldado y hablaron en voz baja.

-Señorita Tomoyo, usted debe hacerse cargo del puesto, auque sea por un tiempo.

-Pero yo no se como gobernar un reino, jamás en mi vida lo he hecho.

-Solo deje que la guíe su corazón-dijo Kaho- Mientras usted está a cargo del reino, yo iré en busca de la princesa.

-¿y quien me protegerá a mi?

-Sus fieles soldados-dijo Kaho- ellos estarán con usted.

-Pero necesitaré de tus concejos- dijo Tomoyo angustiada. La verdad estaba muy insegura de la decisión que iba a tomar.

-Ni se acordará de mi, señorita Tomoyo.-Además recuerde que nuestra misión mas importante es hacer recapacitar a la princesa y si ella no está, ¿como cumpliremos con la promesa que le hicimos al rey Touya?

-Si, tienes razón- ve entonces, yo asumiré la responsabilidad de todo esto.

-Gracias -dijo ella haciendo una reverencia- Entonces partiré hoy mismo, a pesar de que esté oscuro.

-Ten mucho cuidado, por favor- le dijo Tomoyo

-Todo estará bien-dijo Kaho saliendo del gran salón.

Tomoyo se acercó a Eriol, decidida.

-Soldado y concejero de la princesa- dijo ella- Tomaré el puesto, por un tiempo.

-Gracias su majestad- dijo Eriol, haciendo una reverencia-hablaré con los demás concejeros y les comunicaré su decisión.

-Está bien y ahora me retiraré a mis aposentos-

-Que descanse, su majestad- Eriol se inclinó levemente y salió del lugar.

Tomoyo suspiró. Ahora en adelante tendría mucho trabajo.

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-Shiefa, tu...-dijo Meiling, viéndola llegar con su disfraz de ninja. Entró en la casa silenciosamente. Su madre y sus otras dos hermanas la miraron admiradas.

-..Tenía que hacerlo...No podía permitir que mataran a mi hermano-dijo ella observando el suelo.

-El problema es que ahora podrían capturarnos-dijo Meiling.

-Y no tenemos donde escapar- dijo Futtie.

-Si tenemos-dijo Femei- Podemos irnos a los terrenos desocupados del abuelo- Tendríamos que viajar mucho y aprovecharemos de salir de las fronteras, ahora que los soldados reales y los soldados negros están buscando a la princesa.

-¡Si! y quizás Xiolang también se dirige hacia allá-dijo Meiling.

-Se equivocan - Ilean Li se paró, haciendo notar su importancia en la casa.- Xiaolang es el secuestrador de la princesa. Yo vi cuando la tomó en brazos y huyó con ella. Y lo hizo porque cree que puede salvarla del mal que la posee.

-¿y que podemos hacer nosotras para ayudar a nuestro hermano?-preguntó Shiefa en voz baja.

-Nada. No podemos hacer nada- él mismo buscó su destino- Ahora sólo tiene que encontrar a alguien que pueda ayudarlo.

-Pero él no conoce a nadie-dijo Meiling

-Si, pero en estos momentos una mujer va en su ayuda. Ella lo apoyará.

-¿Entonces que haremos?-preguntó Femei-¿vamos a la hacienda abandonada del abuelo o no?

-Vamos-dijo Ilean- Allí estaremos seguras. Miró a Shiefa- Tu vendrás con nosotras, de seguro te buscarán, así que quítate ese uniforme inmediatamente.

Ella se sacó su disfraz de ninja y dejó todas sus armas sobre la modesta mesa.

-¿Iremos a pie?-dijo ella sin levantar la vista. Su madre se acercó y puso sus manos en los hombros de ella.

-No sé porque estás así, si salvaste la vida de tu hermano. Todas estamos agradecidas.

-Me siento así, porque al salvar a mi hermano también arriesgue sus vidas.

-Nosotras estamos bien- Si tu no hubieras lanzado esa arma, ahora estaríamos velando el cadáver descabezado de tu hermano, Shiefa.

-Porque, porque tenemos que vivir en estas circunstancias...-lloraba ahogadamente.

-Porque así es el destino, hija mía y si te preguntas todos los días el porque, nunca hallarás una respuesta. Tu eres una chica fuerte, axial que ahora levanta el rostro, con orgullo.

Ella así lo hizo. Luego las cuatro mujeres comenzaron a empacar sus cosas. Cargaban lo mínimo, para no ser descubiertas.

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Xiaolang caminaba con la princesa en sus brazos. Podía sentir los pasos que los lobos daban atrás de ellos. Por eso no había encontrado algún lugar para quedarse. Todos eran peligrosos, estando los lobos cerca. Ya estaban muy lejos del pueblo. Había caminado casi toda la noche y el amanecer estaba a punto de aparecer. La oscuridad y la humedad del bosque, hacían que éste fuera sumamente frío. Casi no corría aire, y el oxígeno que allí se respiraba era como encerrado, pesado.

Se detuvo, para hacer una fogata, la princesa, que venia dormida en sus brazos, se despertó al sentir el frío y áspero árbol donde estaba apoyada su espalda. A Xiaolang le costó mucho hacer fuego, porque los leños estaban húmedos. Pero con mucha paciencia buscó uno que estuviera relativamente seco. Finalmente armó una fogata, pequeña, para no atraer la atención de los soldados negros. Se sentó frente a la princesa, apoyado también en un árbol.

-Repugnante ladrón, te ordeno que me lleves de vuelta al palacio-dijo la princesa.

Él no contestó.

-¡te hablo! ¡No puedes ignorar a una soberana como yo!

Xiaolang miraba la fogata y no le prestaba ni la más mínima atención.

-En una hoguera mil veces más grande que esa, me gustaría verte morir-dijo ella.

En un acto muy ágil, Xiaolang tomó el cuchillo que tenía atado en su cinturón y se lo lanzó a la princesa. Ésta cerró los ojos al ver el arma cortante acercándose con gran velocidad hacia ella. Rozó su rostro, cortando ligeramente sus castaños cabellos, mientras que se incrustaba con fuerza en la corteza del árbol. Ella se quedó completamente inmóvil sintiendo como su corazón aceleraba fervorosamente el ritmo. No fue capaz de decir nada más. Todo su ser tembló al ver a ese hombre  aproximándose peligrosamente a ella, sujetó el arma y de un tirón la desprendió del árbol.

-Vámonos -dijo Li dirigiéndose a la princesa.

-¿Qué?-ella puso cara de asombrada.

-Que le sucede ahora-

-¡Yo no voy a caminar con un ratero!- dijo enfadada

-¿Acaso piensa quedarse aquí, con una docena de lobos rodeándola?

-Entonces llévame cargando, ya que una princesa como yo, no puede hacer semejante tramo.

-Ya la cargué durante toda la noche, así que camine usted ahora.

-¡te lo ordeno! soy la máxima autoridad en este lugar.

Sin decir palabras Li se retiró del lugar, dejando a la princesa sola. Ésta, al verse sometida a esas circunstancias decidió seguirlo. Miró de reojo a los lobos que sigilosamente los seguían.

-Ladrón insolente, después pagarás todos tus pecados en la hoguera-dijo ella enojada.

Él partió por el bosque y la princesa lo siguió, en silencio. Pasar por esa clase de bosques era muy agotador, pues el aire era dióxido de carbono, que exhalaban las plantas. La princesa sintió como el corazón se le aceleraba más y más, por la falta de oxígeno y comenzó a ver y a oír mal. Le flaquearon las piernas y su frente transpiró por el miedo. Aunque no quisiera reconocerlo, estar en ese bosque le causaba terror. No pudiendo soportar las condiciones que ese bosque le imponía, cayó  al suelo. Xiaolang volteó para verla y se acercó a ella, levantándola suavemente de los hombros.

-Por favor-dijo ella-...Desátame las amarras- su voz se oía cansada.

-No, usted escaparía y me mandaría a matar.

Ella lo miró a los ojos insistentemente. Xiaolang la tomó en brazos, no tenía otra opción, la princesa no era capaz de continuar el pesado viaje. Tenia la vaga esperanza de que llegaran pronto a una de las tantas villas que conformaban el enorme reino. Pero no era así, aun le quedaban mucho Kilómetros que recorrer, para salir de ese espeso y gigantesco bosque.

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-Eriol- dijo un soldado- La dama Akisuki ha llegado a palacio.

-Muchas gracias por avisarme, enseguida iré a recibirla- Eriol salió del palacio.

-¡hermanito!- dijo ella aforrándose al cuello de Eriol- ¡tanto tiempo sin verte!

-¡ Nakuru !, dime, ¿mis padres no vinieron contigo?

-No, le tienen terror a este reino, pero te envían muchos saludos.

-Ven, entremos al palacio.

-No sé como puedes seguir trabajando para una Kinomoto.- dijo ella con rabia en su voz. Él guardó silencio.

-..Después de todo el daño que le han hecho a nuestra familia-continuó ella.

-Eso fue hace mucho tiempo-dijo Eriol sin quitar la vista del frente- No vale la pena que todavía encierres esa sed de venganza en tu corazón.

-No puedo evitarlo, hermano. ¿ La princesa esta ahora en palacio?

-No, la princesa Sakura fue secuestrada y hoy en la tarde Tomoyo Daidouji tomará temporalmente su lugar.

-¿Quien la secuestró?

-No lo sabemos, pero las tropas la buscan por todo el reino, sin descanso.

-Por una parte es bueno que esa mujer no esté.

-No digas eso Nakuru, y por favor, cambiemos el tema de conversación.

En ese momento Tomoyo, vigilada por dos de sus soldados entró en el salón, donde se encontraba Eriol y Nakuru. Se acercó y saludó amablemente a la invitada.

-Señorita Daidouji, estoy segura de que usted suplantará a la princesa muy bien- dijo Nakuru.

-Eso intentaré, aunque creo que será por un periodo corto de tiempo.

-Hasta que encontremos a la princesa Sakura- Eriol miró a su hermana amenazante. No podía decir nada indiscreto frente a la dama Daidouji.

-Espero que la hallen pronto-

Un soldado interrumpió la conversación. Según parecía, el concejo había tomado una determinación, respecto a la situación actual del reino. Eriol suspiró. Los del concejo real, se quedaron discutiendo toda la noche sobre lo que deberían hacer y a quien poner en el puesto. Era una decisión difícil, pero después de todo, tenían ante ellos a una dama, de sangre real. No había por donde perderse. Los concejeros debían escoger a Tomoyo como la sustituta de la princesa. Si no era así, el reino quedaría en manos del mismo pueblo, provocando una anarquía y eso seria mucho más peligroso a nivel general.

La gente pelearía en las calles por la comida, los ladrones y asesinos tendrían libre albedrío, se produciría una emigración importante.

Tomoyo y Eriol se dirigieron al salón del concejo real, seguidos por los dos soldados. Los del concejo los esperaban, sentados alrededor de una enorme mesa. Todos hicieron una reverencia. Tomoyo y Eriol permanecieron de pie, esperando escuchar la solución que proponía el concejo. Un anciano, que parecía ser el vocero del concejo, se levantó y dijo:

-Después de mucho discutir y analizar la situación en la cual se encuentra el reino-Hemos tomado la determinación, que la Dama Daidouji Tomoyo, debe tomar el puesto de la princesa Sakura.

Tomoyo hizo una reverencia y el anciano tomó asiento.

-Ahora el reino está en sus manos, Dama Daidouji- Dijo Eriol.

-Todos los soldados y subordinados de este palacio estarán bajo sus órdenes-dijo el anciano del concejo- Usted debe hacerle saber las órdenes a través del soldado Eriol.

-Así lo haré-dijo Tomoyo con la frente en alto.

-Sin embargo, no puede realizar cambios muy bruscos en la forma de gobernar, toda decisión, deberá consultarla antes con nosotros.

Ella asintió. De ahora en adelante tendría mucho trabajo, ya que nunca en su vida, había tomado un puesto de esa magnitud, aunque sólo estuviera reemplazando a la princesa temporalmente. Salió del salón para dirigirse a sus aposentos, con sus dos guardias atrás. Ella les comunicó que ya podían retirarse a descansar.

Luego ella entró a su lujosa habitación y se asomó al balcón, para admirar el atardecer. Ya habían pasado veinticuatro horas desde que la princesa había sido raptada.

Observó las montañas, que a lo lejos se avecinaban. Altísimas y majestuosas montañas ,terrenos de colinas ondulantes, así como llanuras extensas y fértiles. No entendía como esas tierras tan hermosas eran desperdiciadas y mal cuidadas por la princesa Sakura. Respiró hondo y sonrió. Una criada entró tímidamente a sus aposentos, para ayudarla a vestirse. Traía en sus manos lámparas de aceite, ya que estaba a punto de obscurecer. Amablemente le ayudó a despojarse de sus ropas y posteriormente le pasó una bella camisa al estilo oriental , era de seda muy suave para dormir. Haciendo una reverencia, la criada salió del lugar y Tomoyo se acostó en la amplia y acogedora cama de plumas.

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Las cinco mujeres cabalgaban en tres caballos. Uno dirigido por Ilean Li, y sujetando su cintura venia Meiling con algunas bolsas amarradas a su cintura. En otro venia Shiefa con Futtie, quien te tenía terror a los caballos, ya que cuando era muy niña, se había caído de uno. Y por último venia Femei, soportando la mayoría de los objetos que acarreaban. Iban a paso seguro, a Galope constante, por un viejo camino. A lo lejos divisaron unas antorchas , que bloqueaban el camino. Pararon en seco. Eran soldados negros, vigilando las fronteras del reino. Si las descubrían, las matarían. Decidieron devolverse cuando oyeron unos gritos, que parecían ser de mujeres. Ocultaron los caballos tras unos árboles. Shiefa, con su instinto de ninja, se acercó cautelosamente para ver y escuchar mejor lo que allí sucedía.

Al parecer un grupo de tres mujeres había intentado pasar los límites del reino. Ahora estaban siendo aporreadas y asaltadas por los soldados.

-Por favor devuélvame ese brazalete, fue el único regalo que me dejó mi madre al morir- lloraba una de ellas en el suelo.

-Me servirá para comprar algo de licor en el pueblo- dijo el soldado, metiendo el brazalete en su bolsillo.- ¿Que mas tienen?

Los otros soldados revisaban a las otras dos mujeres, que estaban en silencio.

-Nah, No tienen nada de valor, son un par de rameras asquerosas- Las tiró con violencia contra el suelo y las mujeres permanecieron quietas, acallando el dolor.

-¿Qué haremos con ellas?- La princesa ahora no está, por lo tanto no sacamos nada con llevarlas a palacio.

-¿Y porqué no nos divertimos un rato con ellas?-dio un soldado riendo maléficamente.

A Shiefa le ardieron los ojos cuando escuchó decir eso. La furia calaba en cada una de sus células, y las ganas de matar a esos hombres repugnantes llegaron hasta sus puños. Sacó cautelosamente tres estrellas del bolsillo de su modesto vestido. Iba a subir a un árbol cercano, cuando una mano sujetó la suya.

-No lo hagas hermana-dijo Futtie- Si los matas, serás uno mas de ellos.

-No te metas en esto Futtie, yo sé lo que estoy haciendo. No puedo permitir que les hagan algo tan horripilante a esas pobres mujeres. Quédate quieta, de lo contrario, podrían descubrirte.

Shiefa saltó al árbol, dejando a su hermana desconcertada. Su madre desaprobaba todo esto, ella lo sabía. Podía notar su mirada, penetrándola. Pero no le importó, ella debía hacer algo. Sus ojos se abrieron y agudizaron la vista. Las estrellas deberían llegar al mismo tiempo al cuello de sus víctimas. Vio como el hombre la tocaba morbosamente y la sangre le hirvió. Lanzaría certeras sus armas, dejando degollados a esas asquerosas mentes.

Preparó sus armas en silencio. El entrenamiento para convertirse en ninja, en Japón, había dado resultado. Era excelente su forma de moverse por las ramas, sin emitir el más mínimo ruido. Se paró con confianza en una de las ramas y analizó el ángulo de lanzamiento. No podía fallar, ya que si eso sucedía, su familia estaría en extremo peligro.

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Continuar

Aquí termina el tercer capitulo de este fic, melodramático y algo extraño U…espero que lo hayan disfrutado, y quiero agradecer a todas las personas que se preocuparon por dejarme un mensajito…¡Gracias! Y nos vemos