Condena de Muerte

Por Makita.-

"Aunque hable todas las lenguas, humanas y angélicas, si no tengo amor, soy un metal estridente o un platillo estruendoso. Aunque posea el don de la profecía y conozca los misterios todos y la ciencia entera, aunque tenga una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada"

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Meiling se separó de sus primas y de su tía. Observó el cielo, las nubes. Estaban muy lejos del reino, pero quedaba camino por recorrer para llegar a la hacienda de su abuelo. No podía evitar pensar en Xiaolang, en el amor secreto que sentía por su primo. Desde la infancia que experimentaba este sentimiento, hermoso, placentero, cálido, pero a la vez desgarrador, agonizante, tormentoso. Era por las estúpidas reglas morales, enamorarse de un primo o prima estaba prohibido, incluso condenado. ¿Por qué? si uno no elige de quien enamorarse, el amor llega solo, como llega la juventud, como llega la vejez. Para amar se requiere tiempo y paciencia. Ella poseía ambas cualidades, sin embargo existía un lazo irrompible entre ellos y a la vez que los separaba para siempre. La sangre.

Cortó una flor silvestre y la colocó con sutileza entre sus cabellos. Sonrió al recordar cuando le había robado el primer beso. Ella tenía aproximadamente diez años y estaba sentada al lado de una pileta de agua en la plaza.

Con sus dedos hacia girar a la florecilla que flotaba graciosamente en el agua. Su tía siempre le decía que no debía meter sus manos al agua sucia de la pileta, pero ella, al ver esa hermosa florcita, no pudo evitar hacerla girar en un pequeño remolino creado por sus dedos. Un niño insolente tomó la flor y la molió en sus manos. Meiling se entristeció mucho al mirar el objeto de su entretención destrozado. Unas lágrimas se asomaron por sus rojizos ojos, cuando sintió una mano sobre su hombro. Era Xiaolang. Le mostró otra flor, más grande y la dejó flotar sobre el agua. Ella lo observó, asombrada. Él estaba arrodillado, apoyando sus codos en la pileta, sujetando su rostro con sus manos. En un acto rápido y al notarlo levemente distraído, ella le robó su primer beso. Se quedó quieta, esperando su reacción, pero el muchacho no se movía, estaba totalmente paralizado, con la vista fija y el corazón latiéndole salvajemente. Entonces ella le robó otro beso. Y otro y otro.

Finalmente se separó de él, que todavía no realizaba movimiento alguno, sonrió al mirarlo, levemente sonrojado. Corrió de allí, sintiéndose sumamente orgullosa, le había robado mas de seis besos seguidos a su adorable primo.

Corrió unos cuantos metros y cuando volteó para mirarlo por última vez, lo vio al lado de la pileta, desmayado. Se asustó mucho y se acercó hacia él, pero en ese momento llegó Shiefa y lo tomó en brazos. Ella le obligó a contarle todo lo que había sucedido y Meiling se lo contó. Fue entonces que Shiefa le explicó que el amor entre primos estaba prohibido y que si a ella le gustaba Xiaolang, debía guardarlo en secreto, por la seguridad de ella misma y de Xiaolang. Meiling aceptó y desde ese entonces vive reprimiendo ese amor.- Suspiró- Después de todo no era tan malo, al menos vivía con él y siempre estaba a su lado, para apoyarlo.

-¡Meiling!- ¿acaso no tienes hambre?- ¡si no vienes nos comeremos todo!- gritó a lo lejos Femei.

-¡Ya voy!-dijo ella levantándose. Corrió por el acogedor campo hasta encontrarse con sus primas y su tía.

-¿que te sucede Meiling?- has estado muy extraña- preguntó Futtie.

-Nada-dijo ella comiéndose una fruta.- Sólo me preguntaba como estará Xiaolang.

-Él está bien- dijo seria Ilean- Ahora apurémonos, aun queda algo de camino que recorrer.

Las hermanas se levantaron y recogieron todo y lo subieron al caballo. Meiling no quería montar.

-Meiling, tenemos que irnos- dijo Shiefa.

-No puedo irme. Llegaré hasta aquí.

-¿Qué estas diciendo?-Ilean la miró severamente- ¿a donde piensas ir?

-Voy a buscar a Xiaolang.

-No sabes donde está-

-Pero mi corazón me guiará hasta él.

-No lo permitiré, estás bajo mi responsabilidad. ¿Que harías si los soldados negros te atrapan?- No señorita usted viene con nosotras, además Xiaolang es bastante grande para cuidarse él solo.

Meiling aceptó y subió al caballo de su tía. Pero apenas llegaran a la hacienda, ella tomaría nuevamente el Caballo y buscaría a Xiaolang, hasta encontrarlo.

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-Gracias por todo Lang Zhaodao, le estaremos eternamente agradecidos- Dijo Xiaolang parado al lado de su corcel guiándolo de las riendas.

-No hay de que- se acercó levemente a Xiaolang y le entregó una brújula.

-¿Que es esto?

-Es para que no te pierdas- dijo el anciano sonriendo. La princesa Sakura llegó hasta ellos y abrazó amablemente a Lang Zhaodao.

-Me has salvado-dijo ella- gracias por las cartas.-

-Espero que le sean útiles princesa.

-Claro que si- ella se puso al lado de Xiaolang para reanudar el camino.

-Por nada te saques ese amuleto, es muy importante.-

-No lo haré-aseguró ella.-pero ¿para qué sirve?

-Ese amuleto te protegerá, y también impedirá de que cometas otra locura, como la que sucedió hace algunos días.

Caminaron por el pueblo, despidiéndose del amable anciano. Xiaolang iba muy distraído mirando la brújula, y cuando levantó la vista, pudo ver a cinco soldados negros, robándole la mercancía a un abuelo. Buscó a la princesa sin despegar sus ojos de los temibles soldados. Ellos la reconocerían en cualquier parte. Volteó rápidamente y no encontró a la princesa. ¡Pero si recién estaba a su lado!- Los soldados se acercaron a él, amenazantes.

-¿Pero si no es el ladrón que ahorcaron hace unas semanas?

-No, porque ese está muerto.

-¿como sabes?

-Los otros reclutas dijeron que ya habían lanzado su cuerpo a la fosa común.

-Pero este es el ladrón, estoy seguro- dijo el soldado mirando a Li. Este permaneció callado, buscando a la princesa, por su aura. Pudo sentirla y se venía acercando. Trató de evitar que ella llegara a su lado, los soldados la llevarían a palacio y a él de seguro lo matarían.

-Muchacho, te llevaremos al palacio, por las dudas- dijo el sujeto, bajando de su corcel.

Xiaolang se defendió de los ataques y justo en ese momento Sakura lo vio. Ella corrió valientemente hacia el caballo y lo tomó de las riendas y le gritó a Li para que subiera.

- ¡sube!- ella ya estaba sobre el caballo.- Él subió de un solo salto y los soldados se quedaron atónitos al reconocer los verdes ojos de su princesa idolatrada.

-¡es nuestra princesa! ¡Princesa, la salvaremos!- los soldados subieron a sus caballos a la vez que desenvainaban sus espadas. Unos traían arcos y flechas- Li, en tanto ya había tomado el control del animal y la princesa estaba fuertemente atada a su cuerpo. Tenía mucho miedo de que esos hombres los alcanzaran y los mataran. Sintió como las flechas rozaban al caballo y a la gente gritando, corriendo desenfrenada por todas partes.

Comenzó una loca carrera, Li hacia lo posible para que su caballo corriera más rápido, pero los soldados los estaban alcanzando. Trataba de mirar la brújula, pero tenia las manos ocupadas por las riendas. Una flecha despeinó a la bella princesa, ella buscaba sus cartas y su amuleto, quizás era hora de hacer el conjuro para que esos soldados negros desaparecieran. ¡Pero no sabía como! ¿Que debía recitar? ¿Que debía hacer? ¿Tenia que lanzar la carta?- No lo sabía.

Estaban saliendo de la villa y cruzaban ahora por un campo agrícola. Un corcel negro, como el traje que vestía el recluta, se acercó a Xiaolang. Lo atacó con su espada, pero él agachó la cabeza fácilmente, impidiendo que lo hirieran. De pronto estaban rodeados de soldados negros, que atacaban sin piedad a Li, ella notó como sus filosas espadas pasaban a escasos milímetros de su cuerpo. El caballo perdió el control, Sakura tomó una carta que le pareció adecuada y sin saber cómo logró que su amuleto brillara y se convirtiera en un gran báculo, que lucia una estrella en la punta. Los soldados admiraron el resplandor que brilló por unos momentos en el suelo y Li notó como la energía de Sakura aumentaba de golpe.

- ¡Laberinto!-gritó ella lanzando la carta al aire.

Esta carta se convirtió en una carta rosada y brilló cegando a todos temporalmente. Todo se llenó de extraños pasillos y túneles, Li guió a su caballo por un túnel que Sakura le indicó y los otros soldados se perdieron ante esas enormes paredes color verde. Subieron y bajaron escaleras, pasaron por dimensiones diferentes, hasta que al final salieron de ese enorme laberinto. En el momento que lograron escapar, la carta volvió a Sakura, ahora de color rojo. Brilló unos momentos y luego se convirtió en cenizas. Ella miró melancólica los restos de su carta, ahora solo le quedaban dieciocho- Lo importante es que fue de gran utilidad para escapar de esos peligrosos guerreros.

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-Dama Daidouji- Eriol entró muy perturbado a los aposentos de Tomoyo.

-¿Que sucede soldado Eriol?- ella miraba hacia la ventana. Le sorprendió mucho que él entrara  de esa forma en sus aposentos.

-Tenemos problemas, los soldados negros se han revelado y están destruyendo las villas del sureste.

-¿Que dices? ¿Se han revelado?

-Así es dama Daidouji, el problema es que los soldados reales no son capaces de detenerlos.

-¿Pero porque?- Tomoyo se puso mas seria.

-Es por la princesa Sakura. Dijeron que quemarían toda China si es necesario, para hallarla... y tienen la fuerza para cumplirlo...

-¿que haremos?

-Por eso he venido a buscarla, el concejo real necesita su presencia. Van a tomar una decisión.

Tomoyo y Eriol se dirigieron hacia la sala del concejo.

Mientras que en las villas del sureste reinaba el terror, nuevamente los soldados habían incendiado las modestas casas y amenazado a la gente, robaban lo poco y nada que poseían, en el nombre de la princesa. Ellos se daban plena libertad, ya que nadie podía controlarlos. Los soldados lentamente fueron creando una auto-gobernación, ya que tampoco obedecían las normas que les imponía la Dama Daidouji desde palacio.

 De ahora en adelante ellos se organizarían y escogieron como líder a uno de los guerreros más fuertes, llamado Cao Xueqin. Él dio la orden de incendiar todas las villas, con el fin de hallar a la princesa. Era un hombre muy poderoso físicamente y moralmente, ya que lucia el porte de todo un líder. Se destacaba por tener el pelo largo, lacio y de color negro, ojos grises, una mirada aterradora y unos grandes caninos. Se murmuraba en la legión, que se alimentaba de carne cruda, por eso era tan temido por sus compañeros, por su gran fiereza. En sus ojos sólo se encontraba la sed de sangre, la sed de guerra. Era de origen huno* .El objetivo de él en el fondo era tomar el poder del reino, pero iría paso por paso, lentamente, para asegurarse de tener bastante gente reunida para su causa y ahora era la oportunidad perfecta, ya que la princesa estaba desaparecida.

Se paró enfrente de todos los soldados negros, con su imponente presencia, montado en su negro caballo y gritó, para que ahora se dirigieran al  suroeste, a destruir las villas que allí estaban. Los soldados impulsados por ese anhelo de destrucción y sangre lo siguieron. Tardarían algunos días en llegar.

- ¿Conseguir aliados?- Tomoyo estaba preocupada. Extrañaba a Kaho, ella siempre la ayudaba a conservar la calma.

-Si, aliados afuera del país, como en las Indias, Mongolia, incluso Rusia.

-Pero como se pueden conseguir aliados-preguntó Tomoyo-

-Los aliados se hacen a través de un tratado de mutua beneficencia, o uniendo miembros reales.

Eriol se asustó un poco.

-Es decir que...

-La princesa deberá contraer nupcias con algún príncipe aliado.

-Pero la princesa no está además jamás aceptaría casarse-dijo Tomoyo.

-Entonces usted deberá casarse en su lugar- dijo el anciano, vocero del concejo.

-Pero yo no soy princesa.

-Pero perfectamente podrá pasar por una.

-¿y que sucederá entonces con el rey Touya?

-No es totalmente necesario que la Dama Daidouji tenga que casarse- dijo una dama de largos cabellos rojizos entrando repentinamente al salón, ante la sorpresa de Tomoyo.- Puede que el reino de Nanhai negocie con los otros reinos que también están en China  y así se conformará una alianza.

-Si señorita Misuki tiene razón- dijo Eriol- Si realizamos buenas negociaciones los aliados aceptarán apoyarnos.

-Entonces señorita Tomoyo, usted partirá una semana antes de la llegada del rey Touya  a la provincia de Taiwan*, a negociar la alianza- dijo el anciano.- Será acompañada por cuatro de nuestros consejeros y la dama Misuki.

-Está bien, iré- dijo Tomoyo decidida.- Tengo que hacer algo, los soldados negros no pueden seguir destrozándolo todo.

-Cuando el rey llegue hasta aquí, él se encargará del puesto de soberano.

- ¿y que haremos para detener la masacre?-dijo Eriol.

-No podemos hacer nada- El ejército es muy poderoso, indomable.- el anciano se puso de pie.- Por ahora sólo podemos esperar la llegada del rey Touya y su padre, Fujitaka Kinomoto

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-Ya estoy cansada, por favor, detengámonos a comer algo- dijo la princesa Sakura montada en el caballo.

-No, debemos llegar rápido a esas aguas termales-dijo Li mirando la brújula.

-¿Que estas haciendo?-dijo ella mirándolo extrañada.

-Estoy tratando de entender este aparato.

-No, así no funciona, pero que torpe eres.- Ella le quitó la brújula y la dio vuelta.- El norte es hacia arriba.

Él estaba asombrado. Pero no dijo Nada.

-¿Es decir... que todo este tiempo hemos estado galopando en sentido contrario?- la princesa estaba desconcertada.

-Creo que si, porque todo el tiempo seguí la flecha.-

- ¡eres un tonto!- ella saltó del caballo indignada.- detente ahora, en nombre de la princesa Sakura Kinomoto.

-No podemos detenernos a descansar.

Ella buscó entre sus cartas, algo que pudiera ayudarlos a devolverse, pero no encontró nada, aparte de vuelo y salto.

-¿para que servirán éstas?- talvez pueda volar y saltar. Xiaolang bajó del corcel, mirando en todas direcciones. Se tiró al pasto seco, ya que estaban en medio de un gran campo silvestre.

-¿ves que eres un zopenco?- le dijo ella agachándose.- Por tu culpa estamos perdidos ahora.

-Fue su culpa, cuando utilizó esa extraña carta. Desde entonces que estamos perdidos.

-¿me culpas a mi? ¡Tú guías al caballo!

Él calló. La princesa tenía razón, gracias a él ahora estaban perdidos entre los campos de arroz. Miró el cielo, buscando respuestas, pero no encontró. Se angustió, ya que su misión era llevar a la princesa a los manantiales de la montaña para sanarla completamente, pero desgraciadamente pasó esto. No sabía por donde devolverse.

-Al menos ayúdame con esto- le ordenó ella.

-¿qué quiere ahora?

-Necesito que me ayudes a inventar un conjuro para utilizar las cartas mágicas.- se sentó a su lado.

-No sé de esas cosas.

-Haz un esfuerzo, ¿quieres? , es una orden.

-Usted no me da órdenes, princesa.

-¡claro que si, soy la princesa!

-Pero para mi es como cualquier campesina, así que olvídese de darme órdenes.

Ella se enojó bastante, no le agradaba que la tratara tan altaneramente, como si fuera cualquier otra "campesina". ¡Ella era la princesa! y debía hacerse respetar. Lo atisbó con enojo, recorriendo con su vista, la expresión de ese hombre. Parecía relajado, acostado de espaldas sobre el trigo, con las manos en su abdomen y los ojos en un punto fijo. Era muy apuesto, hasta podría pasar como noble.

-¿que pasa ahora, porqué me mira así?

-¡Ayúdame! ¡No se como utilizar estas cartas mágicas!

-¿entonces como lo hizo hace unos momentos?

-No lo sé, de repente mi amuleto de convirtió en báculo, pero no recité ningún conjuro.

-¿Porque simplemente dice el nombre de la carta sin un conjuro?

-por que si no, el báculo no se transforma.

-Nah, no sé arrégleselas usted, sola.- Él se levantó.- Ahora debemos devolvernos, tengo que llevarla cuanto antes a esas aguas termales.

-¿Porqué lo haces?- ella bajó su mirada, triste.-

-Porque debo salvar a mi pueblo.- dijo él tomando a su caballo.

-¿Piensas en mi, aunque sea un poco?- su voz sonaba débil, quebradiza.

Él la observó, estaba arrodillada en el suelo, con la cabeza agachada. Sus castaños y largos cabellos cubrían parte de su rostro, obscureciendo sus ojos. Sujetaba unas vigas de trigo con fuerza en sus manos. Se agachó y la tomó de los hombros, para reconfortarla.

-Claro que pienso en usted, siempre lo hago, me pregunto como se siente o que estará pensando.-

 Ella levantó la cabeza suavemente, para mirarlo a los ojos. No mentía, él decía la verdad. Le dedicó una hermosa sonrisa, para luego abrazarlo. Notó que ella sollozaba silenciosamente.

-No quería causar tantos problemas, yo sólo quiero que todo vuelva a ser como antes, quiero ver a mi madre, a mi padre y a mi hermano, sólo quiero eso.- se aferró con mas fuerza a él.

-Ya verá como todo esto pasará y usted podrá estar junto a su familia nuevamente.-

Se separaron cautelosamente y se miraron. Ella sonrió, lo tenía levemente sujetado de los brazos y él los suyos. Lo soltó repentinamente

-Debo estar loca para abrazar a un sujeto como tú.- respondió la princesa con un gesto de repudio.

Él guardó silencio, pensativo, ignorando por completo a la princesa.

El viento corría fuerte, masajeando y despeinando los enormes campos de trigo. Las vigas sólo cedían, en un baile ondulante. Nunca supieron cuanto tiempo estuvieron, uno frente al otro. El atardecer, imponente se asomó entre dos colinas, dándole a entender que se hacia tarde, pero ellos no lo admiraron.

-Quizás si dice " por el poder de la estrella, invoco esta carta", funcione.

Ella rió.

-¿lo crees?

-¿porqué no? -Despues de todo es un conjuro.

-Lo intentaré mas adelante... creo.

-Debemos irnos princesa, se hace tarde.

Ambos subieron al corcel y galoparon en sentido contrario al que venían. La luna amablemente los iluminó el resto del camino.

Mientras tanto, los soldados negros, conducidos por el escalofriante y sanguinario Cao Xueqin, se dirigían al suroeste, para continuar con los destrozos en el reino de Nanhai.

* * *

Continuar

Hasta aquí el sexto capítulo de esta historia…es verdad, reconozco que me quedó un poco corto comparado con los capítulos anteriores, pero allí tenía que cortarlo. La cita que escribí al principio es de un gran escritor (que personalmente me gusta muchísimo) llamado Anthony De Melo. Este capítulo dedicado a todas aquellas personas que lo esperaban con ansias :) (Gabi, Tsuki Lunita, Celina sosa, Black7, Padme gilraen,  The Dark, Akire no ai  )

Algunas aclaraciones:

Provincia de Taiwan= Taiwan se halla en el mar al sureste del continente chino. Por el oriente la baña el Océano Pacífico; por el oeste la separa de la provincia de Fujian el estrecho de Taiwan.

Hunos= También conocidos como  hiung-nu .Pueblo nómada .Excelentes jinetes arqueros, veloces y decididos, de táctica impredecible, extendieron el miedo por el Imperio romano, chino, turco, greco.

Y con el súper diccionario de Makita :), me despido. Espero que hayan disfrutado el capítulo de hoy… ¡nos vemos!

Sin presiones!

Adiosínnnn