Condena de Muerte
Por Makita.-
Los soldados arribaron en las villas del suroeste... ¡cuan felices se sentían! Reían a carcajadas, al mirar a la gente correr asustada por su imponente presencia. No existía otra cosa que les produjera mas placer. Sentir que estaban en la cima del mundo, que todo podrían dominarlo con su descomunal fuerza.
Cao Xueqin tenía muchas cosas arrollando su mente. Ahora que era el líder de los soldados negros, conseguiría cualquier cosa que se propusiera, por mas difícil que fuera.
Se propuso acabar con el ninja que supuestamente era el causante de la muerte de la princesa Sakura. De alguna forma u otra, también debía agradecérselo, ya que ese ninja hizo desaparecer uno de los obstáculos que le impedían el alcance de la gloria que tanto anhelaba. Como ahora estaban en el sur, no sería muy complicado dar con ese peligroso ninja misterioso. Según había oído, el ninja escapó con unos cómplices hacia esta zona del reino...- sonrió.- Era hora de pagarle el gran favor que le había hecho.
Corrió con su caballo, alrededor de sus soldados, levantando una mano. Era la señal acordada para reunirse. Rápidamente los soldados se acercaron y con mucho respeto le escucharon.
-Soldados, es hora de que encontremos a ese peligroso Ninja que mató a uno de nuestros preciados compañeros.- Su voz era ronca y su porte temible.
Los soldados se miraron y asintieron.
-He escuchado que se encuentra por estas zonas. No descansaremos hasta que lo hallemos… y luego lo aniquilaremos.
Todos oyeron las instrucciones de su jefe y galoparon en diferentes direcciones, buscando su objetivo. Cao Xueqin sonrió maliciosamente y también tomó un rumbo desconocido.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
-¿porqué debes llevarme a ese manantial de aguas termales?- Masculló Sakura de mala gana. Ya estaban en las faldas de la montaña y quedaba muy poco camino que recorrer.
-Porque ese anciano lo dijo, y por que debemos obedecerle.- dijo Xiaolang
¿Qué le sucedía con ese muchacho?- No lo sabía.- ¿lo odiaba?-Si.- Una vez intentó matarla, además era su secuestrador. Por culpa de él, el reino estaba en completo caos.- al menos eso pensaba ella.- Sin embargo, era un odio dulce. No se sentía capaz de lastimarlo como la última vez, ni de causarle algún daño... ¿entonces que era?- creía que lo odiaba, pero no era así... Tampoco le simpatizaba… de vez en cuando era atento, pero siempre era silencioso...Se arrepintió de mostrarse tan débil frente a él, el otro día, cuando sin razón aparente lo había abrazado.
"boberías"
Dejó de pensar en tonterías y se dedicó a admirar la belleza de esa montaña- Lucía ellos y enormes árboles, muchas flores... algunos pajaritos trinaban y sobrevolaban el lugar. A lo lejos avistó un prado lleno de florcitas blancas. Saltó del caballo, sorpresivamente y corrió hacia aquel maravilloso lugar.
Desde muy pequeña le gustaron las flores. Xiaolang se quedó muy pensativo, la observó mientras corría y sonrió-Le alegraba verla feliz, ahora si podía apreciar lo hermosa que era, sobre todo la sonrisa que se dibujaba en su rostro. Sus verdes ojos brillaban, al igual que su cabello a la tenue luz del sol. Sus rasgos eran muy delicados, su piel blanca. Bajó del caballo, complacido al notar el radical cambio que la princesa demostró. Aún era una cabeza dura, pero al menos todo ese odio y ese rencor habían desaparecido.
¿Sería por el amuleto?
Ella danzaba sutilmente entre el hermoso campo floreado. El olor era gratificante, dulce, suave. Se lanzó de espaldas al suelo, suspirando hondo, cerrando los ojos. A su mente llegaron los recuerdos de Yukito, cuando juntos paseaban y recogían flores.
Trató de alejarlos de su mente. Esos recuerdos, por muy bellos que fueran, le traían mucho dolor. Se acomodó entre las flores y miró las nubes, evitando la melancolía.
Alzó la vista entre las flores y no vio a quien esperaba ver. Sólo estaba el caballo. ¿Donde se había metido Li? ¡Ojala no se hubiera perdido! Se levantó delicadamente, tratando de que él no la viera, no quería que supiera que se preocupaba por él. ¿Se preocupaba?- Sólo un poco. Caminó cautelosamente por las flores, buscándolo, cuando de repente lo encontró frente a ella. Ella caminó dos pasos hacia atrás y puso cara de indiferencia. Se fijó en la hermosa flor que él cogía en sus manos.
-¿qué busca princesa?- dijo él algo irónico.
-Nada ¿que voy a estar buscando?.. Solo paseaba.- se explicó, en regañadientes, mirando hacia otro lado.
Él se dirigió hacia el caballo y guardó la preciosa flor en un bolso de cuero. La flor era blanca como la nieve, de grandes pétalos y tenía un cautivante olor.
-¿Esa flor no era para mi?- le preguntó la princesa a su secuestrador.
-Jajaja, claro que no, esa flor tiene poderes curativos, la llevo por si la necesitamos.
-Eres muy desatento.- le regañó ella.
Él la miró con algo de risa, se veía muy graciosa con la cara enojada. Ella era muy cambiante de ánimo, de una alegría extrema podía pasar fácilmente a furia y a tristeza. Pero ahora estaba feliz, se notaba en su rostro. -¿porqué esa princesa tan extraña le robaba una sonrisa a él?- No lo comprendía, era muy extraño, pero su felicidad era como si fuera de él.
-No, tenemos que partir.
-Mira, ya está oscureciendo, mejor quedémonos en este hermoso prado a dormir y mañana temprano seguimos con el viaje.
La propuesta no parecía mala y Xiaolang aceptó.
La noche cayó de golpe sobre ellos, cubriéndolo todo con su gigantesco y negro manto. Esa noche la luna no parecía fosforecer como antes y las estrellas escaparon del cielo. Sakura y Xiaolang comenzaron a buscar al caballo, pero como todo estaba tan oscuro no sabían donde lo habían dejado amarrado. Él comenzó a buscarlo a tientas y ella se preocupó mucho, aunque no quisiera admitirlo. Podía perderse en ese sector ensombrecido.
Tomó una de sus cartas mágicas y con gran esfuerzo logró identificar la que buscaba. No usaría la luz, se imaginó que la carta de la luz era muy poderosa y quizás iluminara por completo el cielo, haciendo desaparecer la noche. Lo que ella quería era algo que los iluminara tenuemente. Tomó la carta del resplandor, quizás esa era como un pequeño farolito.-
Levantó su amuleto... ¡pero se le olvidó por completo el conjuro que le propuso Xiaolang el otro día!
¿Xiaolang?
El muchacho no estaba. Había desaparecido entre las sombras. Comenzó a llamarlo tímidamente, pero al no escuchar respuesta, lo llamó más fuerte, pero nada. Se suponía que el caballo no estaba muy lejos de ellos, sólo a unos cuantos metros. Recordó de súbdito que él poseía un pésimo sentido de orientación. ¡Ahora estaba sola, sumida en la oscuridad!- Caminó con las manos adelante, esperando no chocar con nada. Sintió unos pasos y se detuvo, quieta, expectante, con todos los sentidos atentos, abiertos de par en par. En su mano llevaba la carta del resplandor y del trueno, por si alguien la atacaba. De pronto, chocó con Xiaolang y cayeron juntos entre las flores. Él cayó irremediablemente sobre ella, pero alcanzó a apoyarse con sus manos, para no aplastarla. Sus rostros quedaron a milímetros de juntarse y sus labios a milímetros de besarse.
Él sintió como el corazón se le desesperó, queriendo salirse del pecho. Sintió como la sangre subía sin parar por sus venas, hasta llegar a su rostro, sonrojándolo levemente. Se levantó, asustado por la reacción de la princesa, pero ella seguía tendida en el suelo, él lo pudo notar, porque no sintió ningún movimiento por parte de ella. Sakura, en tanto estaba inmóvil. Por tercera vez, sentía el cuerpo de ese hombre dominando por completo el suyo, pero esta vez fue distinto. No deseaba que se levantara... ¿que le estaba pasando? ¡El era un ladrón! ¡A una hermosa princesa no le podía gustar un ladrón!... No, no le gustaba... Sólo sentía por el una atracción sin importancia, como alguien que admira a su padre o a un hermano... ¿era eso? ¿Cómo saberlo? Sus mejillas se tornaron rojas, al sentir un leve roce de su brazo en su cintura... ¡no puede estar pasando ésto! Tomó la carta entre sus manos y la lanzó al aire con fuerza...
-Ilumina todo el sector... ¡resplandor!
Al contacto del báculo con la carta, la estrella comenzó a girar y la carta se liberó, convirtiéndose en una carta rosada. Ésta escapó, subió hasta el cielo y luego brilló intensamente. Unos extraños copos caían desde el cielo, suavemente, como copos de nieve, con la diferencia que éstos eran de color verde. Era un espectáculo hermoso y como lo pensó Sakura desde un principio, la carta iluminaba el lugar delicadamente. Los copos caían rozando sus rostros. Quedaron frente a frente y Xiaolang tomó uno de los copos entre sus manos y lo miró fijamente.
-¿cuanto tiempo durará el efecto de la carta?-preguntó él, sacando de sus pensamientos a la princesa.
-No lo sé, espero que sea hasta que encontremos el caballo.
-Si allí esta.- Xiaolang se paró y fue a buscarlo. Aun estaba amarrado a un pequeño árbol. Lo acarició un momento, el caballito estaba comiendo el verde pasto que nacía en esa montaña- Sacó del bolso unas cobijas y se las pasó a la princesa.
-¿como convirtió el amuleto en el báculo?-preguntó él, después de un largo silencio.
-No lo sé, otra vez se transformó solo, sin que recitara algún conjuro.- respondió ella.
Otra vez silencio
Él se recostó en el pasto, con las manos atrás de la cabeza, mirando fijamente el firmamento. Se sentía como un naufrago a la deriva, se sentía perdido y confundido. Esa princesa le hacía sentir cosas muy extrañas, desconocidas, sin embargo, era un sentimiento muy especial, muy placentero de cierta forma le agradaba su compañía, aunque pasara la mayor parte quejándose de todo.
"Está mal este sentimiento, después de todo.... ella es una princesa...."
Una pesada cobija cayó en su rostro, sacándolo de sus pensamientos. Vio a la princesa parada a su lado, con la otra cobija en sus manos. La hermosa carta del resplandor dejó de hacerse presente y volvió a las manos de su dueña. Como sucedió con la carta del laberinto, ésta también se convirtió en cenizas. Nuevamente todo se ennegreció y los dos fugitivos quedaron inmersos en esa absoluta oscuridad.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Después de cabalgar toda la noche, las cinco mujeres llegaron a la hacienda. Era una casa enorme y preciosa, pero estaba muy abandonada, desolada. El campo que rodeaba la casa estaba seco, también había un pozo de agua y un pequeño Huerto. Tomaron a sus caballos por las riendas y se dispusieron a entrar a la casa. Por dentro estaba hecha un desastre, Los muebles estaban rotos, y a algunos los cubría una gruesa capa de polvo. El piso de madera se encontraba en pésimas condiciones, al igual que las ventanas. Todas se miraron con cara de resignación, subieron las mangas de sus vestidos y comenzaron a ordenar y a limpiar todo.
Meiling y Shiefa se encargaron de reparar el establo y regar el huerto, en general, ellas se encargaron del exterior. Futtie y Femei limpiaron el piso y las ventanas mientras que Ilean Li se encargó de reparar y limpiar los muebles y sacar las telarañas, que invadían todos los rincones de la casa.
Cuando Shiefa y Meiling hubieron terminado su trabajo, ayudaron a reorganizar todo adentro, que era donde mas estaba desordenado. Llevaron y trasladaron muebles muy pesados, pero muy finos, se encargaron de abrir unas habitaciones que estaban cerradas con llave. Limpiaron la extensa biblioteca de su abuelo y el escritorio donde solía leer sus libros. Muchos recuerdos llegaron a sus mentes.
Su abuelo siempre fue un hombre bondadoso, muy cariñoso con sus nietos, le gustaban muchos los niños y los animales. Les enseñó como plantar árboles y como cosechar sus frutos. También como ordeñar las vacas, como montar a caballo, como alimentar a la enorme cantidad de gallinas que tenía. Su abuela no se quedaba atrás, siempre cocinaba deliciosas comidas y deliciosos postres.
Era una abuela un poco mañosa, muy bromista, le gustaba asustar a los niños contándole típicas historias de terror. Al que más le gustaba asustar era a Xiaolang, porque era el único en la familia que creía ciegamente todas sus historias, aunque lo negara y se mostrara valiente. Siempre a sus pies traía a su inseparable gatito color blanco, que se la pasaba todo el día en la cocina o frente al gallinero.
Lamentablemente la primera en dejar este mundo fue la abuela, a causa de una enfermedad que se expandió por toda China. Mucha gente murió ante esa plaga de aquel mortal virus y la abuela no fue la excepción. Posteriormente fue el abuelo quien cayó ante una enfermedad al hígado, pero antes de morir, escribió un testamento, donde decía que todo lo que le pertenecía, se lo heredaba legítimamente a sus nietos.
Así fue como poco a poco la familia de fue desmoronando como una gran torre de cartas. De su padre nunca supieron nada, lo único que sabían era que él era un hombre muy valiente, muy fuerte y que había muerto en una batalla.
-¿Donde dejo esto madre?- preguntó Femei sosteniendo un pesado baúl.
-Déjalo en la sala hija.- respondió esta, mientras miraba los libros que estaban en la biblioteca.
Futtie, Shiefa y Meiling llegaron cargando baldes de agua.
-¿Cómo consiguieron esa agua?-preguntó Ilean, asombrada.
-La sacamos del pozo.-respondió Shiefa.
-Pensé que ese pozo estaba seco.
-Ya ves que no y nos será de gran ayuda.
Futtie y Meiling fueron a dejar los baldes de agua a la cocina y juego se acostaron cansadas en el suelo.
-Hemos trabajado mucho y la casa aún no está completamente limpia.- se quejó Meiling.
-Pobre de la abuela, ella debía limpiar esta enorme casa sola, todos los días.- dijo Futtie.
-Mmm existe algo que me tiene muy intrigada.- dijo Ilean Li, pensando es voz alta.
-¿Que es madre?
-Una bodega que es imposible abrirla.- Dijo ésta caminado hacia el lugar.- Ustedes ya intentaron derribarla pero la puerta es muy gruesa y lo mas probable es que este cerrada por dentro.
-Ahora que recuerdo, el abuelo nunca abrió la bodega.- dijo Femei tratando de recordar.
-Y siempre nos echaba cuando nos acercábamos.- Dijo Futtie.
-Cambiando de tema, estuve mirando el huerto y no está en malas condiciones.- Podríamos sembrar y regar allí así tendríamos nuestra propia comida y no necesitaríamos comprar.- Shiefa indicó el huerto y las hermanas salieron a mirar.
-Tienes razón, pero necesitamos más agua y sabes que el pozo no es eterno.- dijo Ilean.
-Bueno por ahora preocupémonos de comer algo, hemos cabalgado toda la noche y tengo hambre.- se Quejó Futtie.
-Es verdad, pero para eso tenemos que ir a comprar al pueblo más cercano.
-¿Donde queda eso?
-A una hora de galope, al este.- explicó Ilean.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Unos hermosos ojos color amatista se abrieron al llegar la luz del sol. La chica se estiró delicadamente en su cama y se tapó hasta la cabeza con las suaves telas. No quería salir de sus aposentos, porque lo mas seguro era que los del concejo real la mandaran a llamar. No le agradaba que la controlaran tanto y que siempre le explicaran lo que tenía que hacer. Si no fuera por Kaho, que le daba ánimos, ella se volvería loca. Mucha responsabilidad cargaba sobre sus hombros y esperaba anheladamente la aparición de la princesa Sakura. ¿Y si eran verdad los rumores? ¿De que estaba muerta?.. No, no lo creía. Ahora que lo meditaba, nunca se supo lo que pasó con el cuerpo de Xiaolang Li. Todos suponían su muerte, incluso algunos soldados afirmaron que habían tirado su cuerpo a una fosa común- Pero, según lo relatado por Eriol, antes de que él muriera se había cortado la cuerda que ataba su cuello. Entonces... si estaba vivo. ¿En donde se encontraba?
Dos criadas empujaron levemente la puerta de su habitación. Miraron y al ver a la Dama Daidouji dormida, decidieron retirarse, pero una voz las detuvo.
-Buenos Días.- dijo Tomoyo sentándose en la cama.
-Muy buenos días, Dama Daidouji.- dijeron las dos criadas realizando una reverencia.-
-Le hemos traído sus ropas y está todo listo para que usted baje a desayunar.-
-Muchas gracias.- dijo Tomoyo.- me vestiré, pero quisiera desayunar en mis aposentos.
-Está bien, Dama.- Una de las criadas se retiró para buscar el desayuno de la noble. La otra se acercó para ayudarla a vestirse.
-Que hermosas son estas ropas.- dijo Tomoyo mirándose al enorme espejo que había en su habitación.
-Se ven muy bellas puestas en usted.- dijo la criada.- Ahora me retiro, con permiso.
-¿Me harías un favor?- dijo Tomoyo con una dulce voz.- ¿podrías decirle a Kaho que venga a mis aposentos?- Necesito hablar un asunto muy importante con ella.
-Lo que usted diga dama.- dijo la criada retirándose.
Tomoyo miró sus ropas, eran de un color violeta oscuro, la tela era pesada y platinada con bordados de un hilo del mismo color pero un poco mas claro. Todos estos eran de un estilo oriental. El vestido se ajustaba perfectamente a su figura, no tenía mangas y el cuello era alto con un pequeño pliegue en el centro. (Típicos vestidos chinos). Ella cepilló su largo y hermoso cabello y luego lo ató en un moño, cruzando un palillo para que no se le desarmara. Justo en ese momento entró Kaho, algo alterada.
-Kaho... ¿te sucede algo malo?- preguntó Tomoyo acercándose a ella. Tenía un semblante muy preocupado.
-Señorita Tomoyo, ha ocurrido algo muy grave.
-¿Qué sucede?- Tomoyo se impacientó.
-Los soldados negros han descubierto a la princesa Sakura.
-¡pero eso si es una buena noticia!
-No lo creo.- dijo Kaho.- Ella huyó de ellos, por lo visto no tiene planeado volver al palacio por ahora.
-¿La princesa huyó de ellos?
-Si, pero el problema mas grande, es que los soldados negros ya no confían en ella, la están buscando para tomarla prisionera.
-¿Qué? ¿Pero cómo hacen algo como eso?..Ellos no pueden...
-Claro que pueden y con la princesa bajo su poder, no tendrán límites.
-Pero ¿quien dirige a todos esos soldados?
-Los dirige Cao Xueqin, un hombre de origen Huno, creo que tiene muy influenciados a los demás soldados, hasta el momento es él quien ha realizado los destrozos en el reino.
-Y se llegaran a atrapar a la princesa... ¿que sucedería?
-Lo más probable es que maten al Rey Touya cuando vuelva al reino... y a usted también, señorita.
Tomoyo se sentó en la cama, con la vista fija, con la mente en otra parte. Maldito el día en que entró a este reino. Ahora todos morirían, por la culpa de la princesa Sakura. Fue ella quien les dio plena libertad a sus soldados. Ahora nadie ni nada podía controlarlos.
Continuará.
Aquí termina el séptimo capítulo de condena de Muerte. Antes que todo, quiero pedir unas sinceras disculpas por la actualización tan atrasada, pero he estado desconectada del fandom últimamente. Espero que este capítulo compense su espera n.n
¡También quiero agradecer a las personas que me nominaron para el concurso de fics! La verdad, no entiendo mucho en que consiste el concurso, ni la forma de nominar o de votar, pero gracias! Hehehe ¡Que feliz me siento! =P
Yap, agradecimientos a Celina (Gracias por tu apoyo, y por tus mensajitos ¿sabes? Me alegran mucho n-n), a Gabi (¿ves? ¡Actualicé!, tu también deberías hacer lo mismo ¬¬ ¡Pero sin presiones :P!) a Tsuki Lunita (Hola amiguis n.n, un saludito desde aquí, ya que casi nunca te veo en Msn ¬¬) a Kirshe (Kirshe!..al fin TT.TT vi que habías publicado otra historia…¡felicitaciones!, espero que te haya llegado mi review en camino a la redención…nos vemos!), Sindy (Bueno…aquí está el capi, espero que te haya gustado, gracias por escribir n.n), a Miho Sakura Kaiba ( ¿Te gustó el primer acercamiento mas formal? Los chicos están confundidos, muajaja =P), Tenshi Akire, (Hola Akire! Hace tiempo que no te veo en Msn…¡Aparece, niña, por Dios! :P) Y a Hayi-Os (Bueno, tu eres la administradora del concurso…gracias por avisarme, ya que si no fuera por ese mensajito, nunca me habría enterado O.O)
Ok, y con esto me despido, esperando de todo corazón que este capítulo les haya agradado…si no, tirenme tomatazos no más, hahaha.
Recuerden : ¡Sin presiones!
Adiosínn!! n.n
