Capítulo 3: El peligro se acerca.
Al pertenecer a distintas casas, las chicas no podían reunirse en una misma sala común, así que solían quedarse en el Gran Comedor, en la biblioteca (hasta que la señora Pince se hartaba del murmullo constante y las echaba de allí) o en los días en que hacía buen tiempo, cerca del lago.
Precisamente, el que todos estuvieran en casas diferentes era algo que les preocupaba. ¿Qué pasaría si tuvieran que prepararse para luchar y por estar cada una en una punta del castillo no llegaban a tiempo?
- Tenemos que pensar en alguna forma de estar comunicadas - ugirió Missi. Hacía un día espléndido y habían ido a sentarse al lago.
- Sí, es cierto, ¿pero qué? -preguntó Nigriv mientras se encogía de hombros- Habrá que pensar algo que no levante sospechas. En el mundo muggle es más fácil comunicarse en cualquier momento pero aquí...
En ese momento, vieron que Harry, Ron y Hermione se dirigían a la cabaña de Hagrid. Inqui los llamó y los saludó con la mano. Ellos devolvieron el saludo y se acercaron hasta donde estaban sentadas las chicas.
- Hola chicas, ¿qué tal?
- Bien, ¿váis a ver a Hagrid? -preguntó Circe.
- Sí, nos avisó esta mañana durante el desayuno -contestó Hermione aclarando- Parece que ha hecho un pastel y quiere invitarnos.
- Harry... ¿Harry? -llamó Brabra.
- Sí... dime -contestó cuando se dio cuenta de que lo llamaban. Desde que se habían acercado no había abierto la boca y tenía un aspecto preocupado.
- ¿Te encuentras bien? -se interesó Mahe.
- Sí... estaba pensando... en el pastel de Hagrid -acertó a decir distraido.
- Ya... -contestó Inqui con poco convencimiento de la repuesta de Harry.
- Mira, estábamos hablando de que, cómo todos estamos en casas diferentes, qué podríamos utilizar para estar en contacto sin levantar sospechas -explicó Aloho observando al trío.
- Como hacemos con los galeones para las reuniones del ED -aclaró Nigriv- El problema es eso, que todavía estamos pensando de qué forma podemos hacerlo. ¿Se os ocurre algo?
- Bueno, sé que existen unos espejos que sirven para comunicarse -comentó Ron pero de pronto, ante la mención del espejo, Harry lo miró. Su expresión hasta hacía un segundo preocupada se tornó triste. Un espejo cuadrado era precisamente lo que su padrino, Sirius Black, le había dado para que pudiera estar en contacto con él. Pero nunca lo llegó a utilizar. Él había muerto, lanzado a través de un velo por la peor mortífaga que conociera. Dándose cuenta de lo que había dicho por la reacción de Harry, Ron se apresuró a buscar otra posibilidad- O bien... podéis... eemmm... no sé...estooo... utilizar otro galeón -propuso nerviosamente, mirando de reojo a Harry.
- Bueno, no os preocupéis, ya se nos ocurrirá algo -aseguró Circe. Todos miraban a Harry que seguía sin hablar, cuyo reflejo de tristeza en su cara al recordar a su padrino se mantenía.
- De acuerdo. Ya nos contaréis entonces. -concluyó Herrmione- Venga, vamos que Hagrid nos está esperando -comenzó a tirar de los dos chicos hacia la cabaña- ¡No os creáis que voy a ser la única que va a probar ese pastel!
- ¿No puedo quedarme aquí aportando ideas? -se ofreció Ron desesperado por la perspectiva de merienda que tenían.
- Nada de eso, a comer pastel.
- ¿Habeis visto cómo está Harry? -comentó Nigriv cuando los vieron alejarse- Estaba ausente.
- Es que lo del espejo ha sido... -se lamentó Brabra- Ay, este Ron que no se acuerda de las cosas.
- Sí, pero cuando llegó, su expresión era otra -recordó Mahe- Estaba preocupado por algo, se le veía en los ojos.
- A mí me ha parecido ver un par de veces que ha hecho como un gesto de dolor -comentó Inqui extrañada- Ha sido muy leve pero me ha dado esa impresión.
- La cicatriz... -observó Circe temerosa.
- Yo también me he dado cuenta -respondió Aloho. Durante unos instantes se quedaron calladas hasta que Missi se apresuró a decir:
- Chicas, hay que pensar pronto cómo estar en contacto. Puede que lo necesitemos antes de lo que esperamos
Después de estar un buen rato discutiendo diferentes posibilidades de contactar entre ellas, llegaron al acuerdo de que hechizarían los escudos de sus túnicas de forma que si necesitaban ponerse en contacto, los ojos del águila de Ravenclaw, el tejón de Hufflepuf y la serpiente de Slytherin emitirían un leve destello. Cada una tendría también un pergamino hechizado de la misma forma que se hechizó en su día el Mapa de los Merodeadores para que sólo con una contraseña que ellas supieran pudieran leer el mensaje que tenían que darse. Y dado que se tomaron en serio el llamarse "Ejercito de Potter" la contraseña sería "EP".
Días después, la vida en Hogwarts continuaba con normalidad. Los alumnos seguían con sus clases, Filch seguía buscando motivos para regañarles, Peeves seguía haciendo de las suyas por los pasillos, incluso algunos comentaban que habían visto como cogía a la señora Norris del rabo y la paseaba por el castillo mientras ésta maullaba desesperada. Las chicas habían comentado con Harry, Ron y Hermione en la forma en la que habían quedado para estar en contacto y les pareció muy acertada. Adoptaron la misma idea para, desde Gryffindor, poder contactar con ellas.
Una tarde, Aloho, Nigriv y Mahe estaban sentadas en las escaleras del vestíbulo comentando el entrenamiento de Quidditch que habían tenido en esos días, mientras esperaban a las demás. Las siete chicas pertenecían al equipo de Quidditch de sus respectivas casas: en Hufflepuff, Aloho y Nigriv eran cazadoras, Circe guardián y Brabra golpeadora. Inqui y Mahe eran cazadora y golpeadora respectivamente de Ravenclaw, y Missi era golpeadora de Slytherin. Habitualmente, cuando tenían tiempo, quedaban para entrenar juntas libremente. La suerte era que al pertenecer a los equipos y ser todas bastante buenas en sus respectivos puestos, no les ponían impedimentos para utilizar el campo de Quidditch en común. Sólo Snape era un poco reticente a darle el permiso a Missi, no por ella ya que una de las cosas que más quería el profesor era ganar la copa de Quidditch, sino por las demás. Afortunadamente, aquel día les tocó a las de Hufflepuff pedir el permiso a su Jefa de casa.
- Ya estamos aquí -anunció Inqui cuando se acercó con las demás.
- Pues volando y nunca mejor dicho -alentó Nigriv dirigiendo sus pasos al campo de Quidditch.
Debido a los puestos que tenían en el equipo, se hacía un poco dificil jugar un partido entre ellas. Al haber tres golpeadoras se iban turnando para que una hiciese de buscadora, aunque procuraban no soltar muy a menudo la snitch porque a veces era realmente difícil atraparla. Ese día iba a ser un entrenamiento normal. Aunque lo que más les apetecía era simplemente volar un rato con la escoba sobre el campo.
- Eh, ¿váis a soltar la quaffle? -gritó Nigriv que antes de llegar al campo ya se había montado en la escoba.
- Sí, mejor estamos un rato con las pelotas, vaya que les dé a algún profesor por asomarse y nos vean sólo volando -aconsejó Circe, que a veces era demasiado responsable.
- Pero golpeadoras, ojito con las bludgers, ¿eh? -advirtió Aloho- Que no se os escapen muy fuerte que no somos Crabbe y Goyle para que nos tiréis de la escoba.
- Tres golpeadoras y tres cazadoras, ¿no hay más bludgers por ahí? Una para cada -dijo Missi riendo.
- ¡Sí, claro! -exclamó Inqui- y nos machacáis
- Y yo ¿qué? -inqurió Circe - ¿Esperando en los aros hasta que os dé por marcar?
- Venga, venga, a jugar. - apaciguó Brabra.
- Atención chicas, que suelto la quaffle -Mahe la lanzó hacia arriba con fuerza- y... ¡las bludgers!
Dos veloces pelotas salieron despedidas. Nigriv, Aloho y Circe ya estaban por los aires. Brabra, Inqui, Missi y Mahe montaron en sus escobas dieron una fuerte patada en el suelo y se elevaron también. A parte de lo emocionante que era jugar al Quidditch, la sensación de volar era indescriptible: sentir cómo se elevaban del suelo sobre la escoba, el fresco aire dándoles en el rostro y la vista privilegiada que desde las alturas tenían de Hogwarts y sus terrenos era impresionante.
Las cazadoras estuvieron haciendo prácticas de lanzamiento mientras la guardiana paraba la quaffle. Las golpeadoras, procuraban no lanzar las bludgers muy a menudo sobre sus compañeras para evitar que pudieran salir heridas por accidente, aunque sí las suficientes veces como para que éstas no perdieran los reflejos volando y pudieran esquivarlas. Tras casi una hora de estar volando decidieron dejar el entrenamiento y volver al castillo. Mientras descendían, se dieron cuenta de que habían tenido un espectador: Harry estaba sentado en las gradas. Se acercaron a él sorprendidas.
- Buen entrenamiento -felicitó el chico.
- No te habíamos visto, ¿llevas mucho tiempo aquí? -preguntó Brabra echando su escoba al hombro.
- Casi desde el principio. -contestó sonriendo aunque su expresión seguía teniendo un atisbo de preocupación, como cuando lo vieron el día que iba a la cabaña de Hagrid.
- Y ¿cómo es que has venido solo? ¿Y Ron? -se interesó Inqui. El no verle por allí, hacía que temiese que estuviese con Hermione y esa pareja no le gustaba nada.
- Está con Neville -respondió mientras comenzaban a andar para salir del estadio- Le pidió que le ayudase con el trabajo de Herbología y como a Neville es a quien mejor se le da, allí se han quedado. Y Hermione está tejiendo más gorros de lana. Si supiera que Dobby los tiene todos puestos y que ya casi le llegaría a nariz de la altura que parece tener... Y como yo no tenía nada que hacer, vi que estabáis en el campo y me vine a veros.
- Podrías haber traido tu Saeta y jugar con nosotras -le comentó Mahe con una sonrisa- Siempre nos hace falta un buscador.
- Ya... pero... es que no me encontraba muy bien -repuso azorado. Se miraron entre ellas. No estaban acostumbradas a escuchar a Harry quejarse de su estado anímico o de salud. Eso era algo que se callaba siempre.
- ¿Qué te pasa? -preguntó Missi preocupada.
- Emmm... ¿me prometéis que no le diréis nada a Ron ni Hermione? Se ponen tan pesados cada vez que me ven raro...
- Se ponen pesados porque se preocupan por tí. -argumentó Circe- Igual que nosotras.
- Lo sé y os agradezco vuestra preocupación pero es que ellos a veces llegan a agobiarme -y añadió rápidamente al ver que Circe abría la boca para replicarle- Y ya sé, ya sé que lo hacen porque son mis amigos.
- Harry, dinos ¿qué te pasa? -animó Aloho- -nosotras no vamos a agobiarte ni nada de eso.
- Bueno, pues...- comenzó titubeante- He soñado cosas muy extrañas. Nada de pasillos y puertas como la otra vez, no. He soñado con oscuridad, frío, tristeza, mucha tristeza. Pero no ha sido una simple pesadilla. Siento que tiene que ver con Voldemort porque si no la cicatriz no me ardería de esta forma -aclaró llevándose una mano a la frente.
- ¿Y qué crees que puede significar? -preguntó Inqui- ¿Se lo has contado a Dumb...? Perdón -calló antes de terminar la frase al ver que todas volvían la mirada hacia ella. Harry suspiró.
- No, no se lo he contado ni lo voy a hacer. Sabéis que está muy débil, la profesora McGonagall está preocupada por su salud y yo no quiero añadir más preocupación.
- Entonces...- comenzó a decir Nigriv.
- Pues entonces, tengo que apañármelas yo solo y descifrar esto solo.
- Pero no estás solo, Harry, y lo sabes. Estamos contigo. -le recordó Mahe.
- Lo sé - onrió levemente- y os lo agradezco, pero los sueños pertenecen al subsconciente de cada uno y son siempre tremendamente complicados y al soñarlo yo, sólo yo puedo descifrarlos. Pero lo que sí os pido es que estéis atentas. Creo que algo va a pasar, lo presiento.
Se encaminaron todos hasta la entrada del castillo. Sabían la carga que llevaban al haber aceptado ayudar a Harry en algo tan serio y tan importante como era la lucha contra Voldemort. Pero no les importaba. Lo harían. Mientras llegaban a la puerta, vieron como Malfoy estaba rodeado de su grupito de amigos y, como una serpiente, se acercó lentamente hacia a las chicas y a Harry interponiéndose en su paso.
- Vaya, vaya. San Potter y sus guardaespaldas. Veo que no hay mucha sangre limpia por aquí. Todo lo malo se junta.
- Claro, por eso no nos juntamos contigo -espetó Circe- No queremos tener nada que ver con los mortífagos.
- ¿Qué estás queriendo decir, sangre suc...? -pero no llegó a terminar la frase. Las chicas habían sacado sus varitas y le apuntaban.
- Mira, Malfoy, todos lo saben ya. Tu familia y las de tus amigotes son mortífagos, así que no hace falta que lo sigas disimulando -encaró Aloho que consiguió atraer su atención.
- Demuéstralo si puedes -le desafió.
- Lo demostraremos, tranquilo -aseguró Nigriv- Por lo pronto, tu padre está en Azkabán, ¿no?
Malfoy le echó una mirada fulminante.
- Mi padre es totalmente inocente y se comprobará. No como otros que se escapan de allí siendo culpables, como hizo ese Black.
Había dado en el punto débil de Harry y éste, que no había abierto la boca, no pudo contenerse, se lanzó sobre Malfoy y le pegó un puñetazo.
- Vamos, Harry, déjale, no merece la pena -se acercó Mahe cogiéndole del brazo para llevárselo hacia la puerta.
Malfoy, aún en el suelo con el labio sangrando, miró cómo se iban. Había notado realmente que Harry ya no era tan débil como le había parecido años atrás. No sólo por la fuerza de su puñetazo sino porque sabía que había cambiado trás el comentado enfrentamiento con Voldemort en el Departamento de Misterios. Tuvo que reconocer a su pesar, que Harry se estaba convirtiendo en un mago poderoso y un hombre bastante fuerte.
Ese día no hubo mucho más que hacer. Después de la cena y de charlar un poco por los pasillos todos se fueron a sus dormitorios. En la sala común de Hufflepuff, los gatos de Aloho, Circe y Nigriv jugaban sobre la alfombra. Aloho y Nigriv jugaban al ajedrez mágico mientras Circe las miraba. Brabra estaba leyendo Historia de Hogwarts porque Hermione no había dejado de darle la lata durante días para que se lo leyese.
En la sala común de Slytherin, Missi escribía una carta. Afortunadamente, no todos los alumnos que pertenecían a esa casa eran tan arrogantes como los del grupo de Malfoy o Pansy.
En la sala común de Ravenclaw, quedaba poca gente. Inqui y Mahe habían subido ya a su habitación.
- ¿Sabes? Creo que se cómo hacer para que Hermione y Harry queden a solas sin que esté Ron por enmedio el próximo fin de semana que vayamos a Hogsmeade -comentó Inqui mientras se ponía el pijama. Mahe puso los ojos en blanco.
- Vaya dos estáis hechas. Tú, que si Harry y Hermione. Missi, que si Harry y Ginny... Estáis fatal.
- Es que aprecio mucho a Harry y me gustaría que se quedará con alguien como Hermione -se defendió un poco molesta.
- Ya sé que lo aprecias, Inqui, y yo también. Pero el amor no se puede forzar. Si está escrito que sean el uno para el otro, tarde o temprano sucederá.
- Ya, pero yo es para que suceda antes -protestó Inqui metiéndose en la cama.
Se quedaron en silencio. No se escuchaba apenas nada fuera de la habitación. Deberieron de quedarse dormidas aunque no sabían cuanto tiempo.
- Mahe... ¡Mahe! -susurró Inqui- ¡Despierta!
- Mmm... ¿qué pasa?
- Mira, el escudo... -dijo de forma apenas audible.
Mahe se volvió hacia su túnica que estaba en una silla entre la cama de Inqui y la suya. Los ojos del águila destelleaban. Vio como Inqui se volvía para alcanzar la suya.
- La mía también. Es un aviso.
- ¡El pergamino, corre! -apresuró Mahe mientras saltaba de la cama.
Cogieron el pergamino de Inqui que lo tenían más a mano y sacaron la varita.
- ¡Aparecium EP! -exclamó Inqui. El mensaje, precedido del escudo de Gryffindor, comenzó a vislumbrarse.
"Problemas. Tenemos que vernos todos en la puerta del castillo YA. Harry sabe que se acerca un grupo muy numeroso de dementores. Los ha visto. Tened cuidado al bajar. HG".
- HG, es de Hermione.
- Cierto -respondió Mahe- Hay que confirmarle que hemos leído el mensaje
Inqui golpeó de nuevo con su varita y exclamó:
- ¡Confirmus!
Vieron que bajo el mensaje de Hermione, había aparecido el escudo con el águila junto con el hechizo que había pronunciado Inqui y más abajo apareció el tejón y la serpiente, confirmando también que las demás chicas habían leído en el mensaje envíado desde Gryffindor.
Tenían que bajar cuanto antes a las puertas del castillo. Les esperaba su primera prueba ante los dementores.
