Aviso a quien lea (eeoo! hay alguien ahí?), este capítulo es un poco triste porque tenía que ser así y antes de poner en boca de alguna de las almas alguna experiencia triste, no me parecía bien, fue mi personaje quien tuvo que hablar. Pero sólo es un poquito, a partir de ahora es cuando empieza lo bueno...
Capítulo 5: Efectos indeseables
Apenas durmieron esa noche. Las emociones que habían vivido hacía unas horas a las afueras del castillo las mantenían tensas. Además, un ambiente frío, casi helado se notaba en las habitaciones.
- Qué mal lo he pasado esta noche -mumuró Circe restregándose los ojos- Bueno, el ratito que he podido dormir.
- Yo también, pero es que estoy helada. ¿Se habrán roto las calderas? -preguntó Brabra arrebujándose entre las mantas.
- Ni idea, pero yo me voy a la sala común a la chimenea -comentó Nigriv levántandose- A ver si me caliento un poquito. Aloho ¿te vienes?
- Sí, voy también.
Las dos chicas bajaron a la sala común. El fuego estaba encendido y parecía que no era a las únicas que se les había ocurrido la idea. Ya había algunos alumnos de segundo sentados ante la chimenea. Nadie hablaba. El silencio era lo único que se escuchaba en el ambiente junto al crepitar de las llamas. Y aún así, se notaba el frío, mucho frío.
Rato después, las cuatro Hufflepuff se reunieron, como de costumbre, con las dos Ravenclaws para bajar a desayunar. Se saludaron con desgana.
- Hoy estoy "ploff" -dijo Nigriv, una expresión que usaba cuando se encontraba mal.
- ¿"Ploff"? -se extrañó Inqui ante la expresión- Si significa q estás apática, entonces yo también estoy "ploff".
- Es extraño... yo también me siento... no sé, rara... triste -confirmó Mahe. Se miraron sin entender qué podía ser.
- Quizá sea un efecto retardado del enfrentamiento con los dementores anoche -comentó Aloho pensativa- Y por eso nos sentimos así, porque yo también me siento extraña.
- Puede ser... pero no me gusta sentirme así... -se estremeció Circe- y encima este frío...
- Habrá que ir bajando, ¿no? -propuso Brabra desganada- Aunque no tengo ni ganas de desayunar
Se encaminaron al Gran Comedor. Como cada día Missi estaba en la puerta esperándolas.
- ¿Has dormido algo? -le preguntó Circe.
- Casi nada y no me he levantado muy bien.
- ¿No te sentirás... triste o algo así, no? -tanteó Aloho. Missi la miró con sorpresa. Era así como se sentía y no sabía por qué.
- Pues la verdad es que sí, estoy...
-... ploff -terminó de decir Inqui.
Cruzaron las puertas y se quedaron extrañadas. El ambiente en el Gran Comedor no era el habitual. No había risas ni jaleo por parte de los alumnos. Se podría decir que hasta la gran mayoría estaba en silencio. Algo estaba pasando.
-Entiendo que nos podamos sentir mal por lo de anoche pero... ¿y el resto de la gente? -preguntó Brabra extrañada.
Sin apenas desayunar se fueron cada una a sus clases. Si una clase de Historia de la Magia con el profesor Binns resultaba aburrida con tanta revolución de goblins y gigantes, con el ánimo que tenían, se hacía insufrible.
Durante el almuerzo hablaron con Harry, Ron y Hermione de cómo se sentían. Ellos estaban exactamente igual. Y así siguieron durante todo el día, y al día siguiente y al otro...
- A lo mejor, como hubo tantos dementores aquella noche, consiguieron deprimir al colegio entero -opinó Ron, una tarde mientras estaban sentados en la escalera de mármol- No me importaría que Snape se cogiera una baja por depresión y nos dejara unos días tranquilos sin clase.
- Ron, me siento tan apática que no tengo ganas ni de replicarte -le dijo Hermione. Harry callaba.
- ¿Hablando mal de los profesores, Weasley? -se escuchó una voz a su espalda- Voy a tener que decírselo al profesor Snape -Ron lo miró. Hizo un gesto de resignación y le dio la espalda. Era verdaderamente extraño: parecía que todo el colegio, alumnos, profesores incluso fantasmas, se hallaban sumidos en una apatía total, todos excepto algunos alumnos de Slytherin... - Weasley, te estoy hablando -espetó Malfoy bruscamente.
- Y yo ya te he oído pero no tengo ganas de contestarte. Sé que debería decirte chivato pero ni ganas tengo. ¡Uy! si ya te lo he dicho -dijo Ron poniendo cara de sorpresa.
- ¡Bah! Crabbe, Goyle, vámonos -contestó el rubio Slytherin mirándolo con desprecio.
- Estaba buscando provocarte -dijo Hermione mientras apoyaba su cabeza en la barandilla- Parece que no se atreve a meterse con Harry, vaya que le dé otro puñetazo.
- ¿Insinuas que yo no podría pegarle? -replicó el pelirrojo.
- Pues lo mismo eso cree -dijo Hermione pasivamente.
- ¡Basta! -gritó Harry- No cambiáis ni aunque os sintais apáticos. No tengo ganas de escucharos. Me voy a dar una vuelta.
Harry los dejó sentados en las escaleras y salió al exterior. Por extraño que pareciera, el frío era menos intenso allí que en el interior del castillo. Vio a lo lejos que las siete chicas estaban sentadas en el patio. Su intención era estar solo. Llevaba días pensando en lo que el profesor Flitwick les había dicho en las cocinas: "El destino le encargó realizar una función muy importante: preparar a su sucesor como un mago poderoso, ya que éste tendría que combatir con la maldad personificada en otro mago." Suspiró y volvió a mirar donde estaban las chicas y de pronto, sintió ganas de ir a hablar con ellas.
- Hola Harry -saludó Inqui.
- Hola -contestó. Las demás le saludaron con un gesto de la cabeza, con la mano o con una leve sonrisa, todas desganadas.
- ¿Cómo estás? -le preguntó Mahe- Se te ve cansado.
Harry la miró en silencio y luego a las demás. Ya había confiado en ellas como el día que las vió entrenando a Quidditch y sabía que ahora podía volver a hacerlo.
- No estoy bien. Pero no sólo yo. Vosotras tampoco, ni Ron ni Hermione, nadie. Todo el colegio está raro -dijo el chico con voz cansada- y no entiendo por qué.
-Bueno, todo el colegio, no -aclaró Missi- Lo estábamos comentando ahora mismo. En mi casa, hay gente que se les vé muy bien.
- Y son precisamente los alumnos familia de mortífagos -apuntó Brabra- Es todo tan extraño.
- Sí, estas pocas ganas de hacer nada... -dijo Aloho- y ese frío tan gélido en el colegio... No es normal
-¿Has vuelto a soñar cosa extrañas o a tener viajes astrales? -preguntó Nigriv.
- Sueño todas las noches pero no sé qué es -se detuvo pensativo- Me veo en el sueño, sin apenas poder moverme, tirado en el suelo y algo me rodea, creo que son personas pero no lo distingo bien, y de repente veo entre lo que me rodea que viene una luz verde hacia donde estoy y... entonces me despierto. Es el mismo sueño todas las noches.
-¿Qué significará? -se extrañó Circe.
- No lo sé pero la sensación es una de las cosas más angustiosas que he sentido -confirmó Harry temblándole la voz.
Los días pasaron y a la apatía y el desánimo, se unieron una sensanción triste. No había nadie en todo el castillo a quien se le escuchase reír. Incluso Peeves ignoraba a los alumnos y había dejado de reírse de ellos. Tanto alumnos como profesores estaban deprimidos, sensibles. Y lo peor es que seguían sin saber cuál era el motivo.
- Vi a la profesora McGonagall en el pasillo -comentó Circe susurrando, una tarde en la biblioteca- Y escuché que le decía a la profesora Sprout que Dumbledore había empeorado. Que este ambiente extraño que rodea al colegio lo hacía sentir peor. Pobrecito.
- Lo que no entiendo es por qué no hacen algo para descubrir qué está pasando en el colegio -protestó Nigriv en voz baja.
- Yo escuché hablar algo de eso a la profesora Sinistra -explicó Aloho- Al parecer han intentando hacer un conjuro evocador para descubrir la causa y salieron unas presencias por el castillo pero cuando fueron a mirar no encontraron nada. Lo han repetido bastantes veces pero el resultado es el mismo. Están seguros de que debe haber algo en el castillo pero no saben qué ni saben como enfrentarlo. Suena a magia oscura, ¿verdad?
-¡SSSShhhhhh! -siseo la Señora Pince mirándolas.
- Mejor que nos vayamos fuera, o en breve nos vuelven a echar.
Salieron de la biblioteca y fueron al Gran Comedor a buscar a Inqui, Missi y Mahe. Allí estaban con sus libros delante pero sin hacer nada. Inqui garabateaba en un pergamino. Missi daba vueltas a una pluma entre los dedos y Mahe tenía la mirada perdida en algún punto de la mesa.
- Mal, ¿no? -preguntó Nigriv.
- Ya ves -contestó Missi.
La tristeza les embargaba y no sabían por qué. Se mantuvieron en silencio. Todas se quedaron absortas en sus propios pensamientos. Hacía días que los recuerdos de situaciones vividas por ellas o por los suyos, resonaban dentro de sus cabezas con más fuerza que nunca, las abrumaban: malas experiencias, dolorosas situaciones... Eran recuerdos que normalmente vivían en ellas porque habían formado parte de su vida, pero solían ser recuerdos mudos. Ahora, les hablaban a voces y las torturaban. El sentirse así las debilitaba tanto físicamente como psíquicamente, las hacía débiles y vulnerables, las convertía en víctimas fáciles...
De pronto, Mahe se levantó y salió corriendo del Comedor. Las demás la miraron y Nigriv salió trás ella.
- ¿Qué te pasa? -le preguntó cuando la alcanzó.
- Uf, no lo aguanto. Llevo noches soñando con la gente que se me ha ido. Los veo y no puedo acercarme a ellos. Y cuando consigo llegar a donde están, los abrazo pero están fríos como el hielo -se detuvo un instante y suspiró- Entonces, me despierto -las lágrimas resbalaban por sus mejillas- No puedo evitar acordarme de ellos, no me puedo sacar de la cabeza sus momentos finales. Les echo mucho de menos -lloró un rato en silencio, mientras Nigriv intentaba consolarla- Bah, no te preocupes -dijo al cabo de un rato secándose las lágrimas, al ver la cara preocupada de su amiga- Sabes que lloro con cualquier cosa.
- Es normal que llores. Unos recuerdos así no son cualquier cosa, Mahe. Los viviste y lo pasaste muy mal. Y ahora estás volviendo a revivirlos aunque sea en tu mente -comentó Nigriv sentándose junto a ella- A mí me está pasando lo mismo con mis momentos malos. Y creo que a todas. Anoche escuché cómo una de las chicas lloraba también en su cama.
- Vamos a volvernos locas -musitó Mahe apesadumbrada.
Entonces, vieron a Harry que bajaba las escaleras. Mahe se secó bien las lágrimas, ya que no le gustaba que la vieran llorar.
- ¿Qué tal, chicas? -preguntó el muchacho al llegar a ellas pero de pronto, se fijó en la Ravenclaw- Mahe, ¿has estado llorando?
- No... emmm -lo que menos ganas tenía Mahe era de parecerse a Cho Chang pero no creyó que pudierar disimular mucho- Bueno... sí, creo que no puedo negarlo por la cara que debo tener, no?
- Tú tampoco te ves muy bien que digamos -comentó Nigriv.
Harry asintió con pesadez. Eran días los que llevaba recordando a sus padres, a Sirius, los momentos en que había estado a punto de morir... y eso le mortificaba, haciéndole sentir débil.
- Harry, esto no es normal, cómo nos estamos sintiendo todos -se estremció Nigriv- Es como si hubiese un ejército de dementores metidos en Hogwarts.
- Lo sé. Parece que los profesores hicieron un conjuro de algún tipo y salieron unas presencias pero no han podido encontrarlas.
- Sí, eso escuchó Aloho.
- ¿Tú que crees que puede ser, Harry? -preguntó Mahe.
Harry estaba seguro que Voldemort estaba detrás de todo. Sabía que los dementores se habían ido a su lado y que hubiesen aparecido en Hogwarts la noche que lucharon contra ellos en los terrenos del castillo, había sido por orden suya. Estaba seguro. Lo que no entendía era qué táctica estaba utilizando. De repente, se llevó la mano a la cicatriz.
- Aaaaah, ¡aaah! -gritó.
- Harry, ¡Harry! ¿qué te pasa? -preguntó asustada Mahe.
- ¡AAahhh! ¡Me duele! ¡Aaaaahhhh! -gritó Harry desesperado. Pocas veces antes le había dolido tanto, casi como si se le partiera el craneo en dos. Ante los gritos del chico, la gente empezó a salir del Gran Comedor.
- ¿Qué hacemos? - dijo Nigriv angustiada.
Las demás chicas habían salido también del Comedor y corrieron hasta donde estaban. Harry seguía gritando de dolor.
- ¿Qué pasa? -exclamó Brabra -¿La cicatriz? -preguntó temerosa. Mahe y Nigriv asintieron. Intentaron levantar a Harry pero éste no podía con su cuerpo. Estaba temblando. De pronto, el chico dejó de gritar y apartó la mano de la cara, levantando la vista lentamente. Se quedó mirando al frente todavía con una expresión de extremo dolor en su rostro pero parecía que veía algo.
-¿Qué pasa, Harry? ¿qué pasa? -preguntó Missi nerviosa.
Miraban hacia donde él dirigía su vista pero no había nada. Sólo una pared.
- Harry, ¿qué ves? - preguntaban. Todos estaban asustados. El rostro de Harry era una mezcla de dolor, sorpresa y miedo. Mucho miedo. Y entonces, de pronto y en un susurro, dijo:
- Veo a Voldemort.
