Gracias Lupinremus por el review :) Que ilusión que alguien esté leyendo el fic! espero que te siga gustando lo que sigue...


Capítulo 6: ¿Alucinación o realidad?

- ¿Co... cómo? -preguntó Inqui sorprendida, que se acababa de acercar a él- ¿Que ves a...?

Todas miraron hacia la pared que miraba Harry pero no veían nada. Harry parecía no reaccionar, estaba absorto y tremendamente pendiente de lo que, al parecer, veía.

- Debe ser por el dolor -comentó Brabra nerviosa y añadió no muy convencida- Estará teniendo una alucinación... ¿no?

Pero Harry no tenía ninguna visión. Allí, ante él, estaba la figura de un hombre alto, con túnica negra que le miraba. Un hombre que era el responsable de la muerte de sus padres, de la muerte de Cedric y en cierta forma, de la muerte de Sirius.

- ¡Harry! ¿No te alegras de verme? -preguntó una voz fría- ¿O es que no te han enseñado modales y no sabes que es de mala educación mirar así sin saludar?

Harry no podía articular palabra. Pero sabía que no estaba soñando, que no era una alucinación. Que la visión de aquel ser malvado era real. Los ojos de serpiente de Voldemort lo miraban fíjamente. Su rostro calavérico y blanco expresaba satisfacción ante la impresión del muchacho.

- No, Harry, no soy ninguna visión como están diciendo tus amiguitas. Soy real.

"¿Pero entonces, por qué no pueden verlo ellas?" se preguntó Harry. Si estaba ahí mismo, ahí delante, ¡a pocos metros de todos ellos!

- Te voy a responder a la pregunta que estás haciéndote -comenzó a decir como si hubiera leído sus pensamientos- No pueden verme... porque estoy dentro de tu mente. Físicamente, no estoy ahí... pero sí ves mi imagen proyectada frente a tí -aseguró y con deleite repitió- Soy real... oh, sí lo soy.

Harry escuchaba el murmullo de la gente a su alrededor pero no entendía nada de lo que estaban diciendo. Sus cinco sentidos estaban impulsados por una fuerza que le hacía no poder dejar de estar pendientes del mago que había frente a él. Era como si Voldemort le estuviese obligando a no desviar su atención.

- Veo que estás triste, Potter -susurró con voz que aparentaba lástima- y veo que tus compañeros también lo están -enseguida transformó su expresión en una de total satisfacción- Mis nuevos aliados, los dementores, han hecho un buen trabajo. Por muchos conjuros que han intentado los profesores no han podido localizarlos. ¿Cómo lo iban a hacer, si los hechicé y les concedí la invisibilidad? -sonrió y exclamó con satisfacción- Aaaah, ¡soy fantástico!

Harry entendió por qué estaba todo el colegio sumido en esa depresión. Si había un grupo de dementores invisibles rondando por allí, no era de extrañar cómo se estaban sintiendo. De pronto, Voldemort se puso serio. Sus ojos eran pura maldad.

- Potter, el día ha llegado. Te reto a duelo. Tú y yo. Solos. Ni mis mortífagos, ni tus amiguitos. Un duelo a muerte, mago a... mago. Estoy harto de que un niño consiga retrasar mis planes y me ponga obstáculos en todo lo que deseo -aseguró mirándolo con desprecio- Pero te advierto: no-digas-nada-a-nadie. Si me llega la menor sospecha de que has ido a pedir ayuda a tus amiguitas o al viejo, el trabajo que han comenzado mis dementores continuará. Estando tan tristes y débiles como están todos -volvió a poner la cara de pena- quizá... hasta les guste morir. ¡Y es todo un colegio! ¡Mmmm... qué emoción! -y lanzó una fuerte carcajada.

El corazón de Harry iba salírsele del pecho. Su respiración era agitada. ¿Cómo podía existir alguien tan despiadado? Voldemort seguía riéndose y en menos de un segundo, volvió a adoptar una expresión siniestra.

- Ya lo sabes, Potter. La vida de tu querido colegio está en tus manos. Y no creas que podrás engañarme. Mis dementores siguen aquí y me tienen bien informado -expresó con orgullo- Duelo a muerte, Potter. Mañana por la noche. En el Bosque Prohibido. Cuando la luna se torne roja.

Y diciendo ésto, desapareció.

- Potter, ¡Potter!

Harry notó que alguien estaba frente a él. Cuando consiguió enfocar la cara que le miraba, vió que era la profesora McGonagall que le zarandeaba por los hombros.

- ¡Potter! ¿Me oyes? Por Merlín y todos los brujos, ¡avisad a la señora Pomfrey! -gritó la profesora.

Harry parpadeó. Aún sentía su corazón desbocado pero iba dándose cuenta de dónde estaba y quien había a su alrededor.

- Profesora... - musitó.

- ¡Ay, gracias al cielo! Potter, ¿qué te ha pasado? No reaccionabas, estabas como en trance -le explicó con gran preocupación la mujer- ¿Cómo te encuentras? Vamos ahora mismo a la enfermería.

- Estoy... estoy bien -susurró débilmente. Sin querer se llevó la mano a la cicatriz que aún le ardía. Las chicas estaban junto a él temblando de miedo. Nunca le habían visto en una situación semejante, aunque conocían todas las que había sufrido.

- Harry -llamó la profesora McGonagall por su nombre- tus compañeras me han dicho que dijiste que veías a... -se acercó y en un tono apenas audible para que ninguno de los curiosos que estaban allí lo escuchase dijo- Voldemort.

El chico abrió los ojos. Era consciente de lo que acababa de pasar y recordaba perfectamente las palabras del mago siniestro: "Te lo advierto: no- digas-nada-a-nadie". Sabía que no podía confirmarles lo que había visto y mucho menos lo que iba a suceder al día siguiente. Les pondría en peligro a todos.

- ¿Yo? No... no recuerdo... Sería por el dolor, que... tuve una alucinación -dijo al recordar de pronto que eso era lo último que había escuchado que decían a su alrededor. La profesora le miró no muy convencida.

- ¿Seguro? -Harry asintió con la cabeza- Bueno... está bien. Habrá sido por el dolor. Pero ahora vamos a la enfermería. La señora Pomfrey tiene que verte.

- No, me encuentro bien, en serio. Ya se me ha pasado.

- Nada de eso. Vamos a la enfermería.

- ¡Me encuentro bien! -replicó de nuevo molesto, agobiándose ante su insistencia- Sólo necesito... salir y que me de el aire.

- De acuerdo -contestó resignada ante su tozudez- Pero que te acompañe alguien. No quiero encontrarte tirado por el suelo desmayado la próxima vez que te vea.

- ¡No! -exclamó pero dándose cuenta de que su tono de voz había sido demasiado brusco, rectificó- No hace falta, profesora. De verdad. Me encuentro bien y... necesito estar solo.

Y diciendo esto se puso en pie ligeramente mareado y cruzó a grandes zancadas el vestíbulo.

- Venga, ¡todo el mundo fuera! -gritó la profesora- Aquí no ha pasado nada, ni hay nada que ver. ¿Qué haceis aquí mirando? Vamos, fuera o empezaré a quitar puntos a vuestras casas.

- Pregunta qué hacemos aquí mirando, ¡jajaja! El circo que monta Potter cara cortada cada vez que la cicatriz le hace cosquillas. ¡Payaso! -se escuchó que alguien decía.

- Diez puntos menos para Slytherin, señor Malfoy -dijo la profesora McGonagall que le había escuchado- Y debería tener más respeto por sus compañeros porque a veces, bueno, prácticamente siempre habla de lo que no sabe, joven -le espetó la estricta profesora, mirándolo fíjamente.

Malfoy le lanzó una dura mirada y sin decir nada más subió las escaleras acompañado de sus inseparables Crabbe y Goyle. Las chicas observaron a la profesora.

- Ya era hora de que alguien le dijese a Malfoy cuatro cosas -sonrió Circe. La profesora le devolvió levemente la sonrisa y guiñando disimuladamente, comenzó a dirigirse al Comedor.

Las siete chicas se quedaron allí sentadas en las escaleras, aún temblorosas.

- Ha sido horroroso... -dijo Brabra aún temblando- ¡No reaccionaba!

- Lo que no entiendo qué es lo que ha podido pasar para que dijese que veía a Voldemort -comentó Missi mirando hacia la pared donde rato antes había aparecido la imagen del mago oscuro.

- No sé, yo tampoco lo entiendo pero es que donde miraba... no había nada -repuso Inqui extrañada, fijando su vista también un momento donde había estado mirando el chico. Entonces se volvió de nuevo hacia sus compañeras- ¿Vosotras notasteis alguna cosa extraña?

- Nada, estábamos hablando y de pronto empezó a gritar y a llevarse las manos a la cicatriz y lo demás es lo que habeis visto -explicó Nigriv aún impresionada, sin entender lo ocurrido.

- Y si... ¿realmente lo vio? -preguntó Mahe temerosa.

Todas se quedaron pensando. Conocían a Harry y sabían que normalmente las cosas que le ocurrían tenían una causa, un motivo.

- No creo que quiera contarnos, no sé, pero creo que no estaría de más que le vigilásemos un poco -propuso Aloho- Estar pendientes de él, ya sabéis. Esto no me da buena espina.

- Sí, creo que es lo mejor que podemos hacer. Dijimos que hasta el final con él y así será -sentenció Circe.

Al rato, vieron como Ron y Hermione bajaban corriendo por las escaleras. Habían estado en la biblioteca estudiando y acababan de enterarse. Las muchachas les explicaron todo lo que había sucedido... exceptuando que el chico había dicho que había visto a Voldemort. Sólo ellas que habían estado a su lado lo habían escuchado, nadie más. Y conociendo como eran Ron y Hermione no iba na dejar tranquilo a Harry si se enteraban. "Vé a contárselo a Dumbledore, tienes que ir, ¡vé!" era como si los estuviesen escuchando.

Harry había bajado al lago. Seguía muy nervioso. La experiencia había sido aterradora porque nunca esperaba encontrarse a Voldemort en el castillo aunque fuese una proyección de su mente. Pero sabía que había ocurrido, que había sido real. "Duelo a muerte... Tú y yo. Solos". No estaba dispuesto a poner en peligro a sus compañeros y profesores porque le entrase miedo y necesitase ayuda. Aquello era una cuestión entre Voldemort y él, de nadie más. La profecía así lo decía. Y el momento había llegado... aunque no se sintiese preparado. Ahora entendía por qué Dumbledore estaba tan mal. Su función con él había terminado, la batalla final se acercaba. Pero no había ninguna garantía de que él fuese a ser el vencedor de aquella lucha. Y eso le atemorizaba aún más. No por él, porque en su estado de ánimo provocado por esos dementores invisibles que ahora sabía que andaban por el castillo, ya no le importaba su vida. Los recuerdos que estaba reviviendo desde hacía días le hacían desear más la muerte que otra cosa porque en aquel otro lado, estaban sus padres y Sirius. Lo que le atemorizaba era que, si no vencía a Voldemort, sus compañeros, sus profesores, el colegio entero, caerían en manos del mago tenebroso. Y sabía que los mataría a todos.

Miró la superficie lisa del agua. Sentía miedo, pánico pero tenía que hacerlo. Lucharía. Y lo haría él solo. No pondría en peligro a nadie ni antes, por querer pedir ayuda, ni después porque intentaría vencer. "Mañana por la noche. En el Bosque Prohibido. Cuando la luna se torne roja".