Capítulo 7: La noche llegó

Durante la cena de aquel día, el ambiente en el Gran Comedor seguía igual de deprimente como en los días anteriores. Pero ahora Harry sabía por qué y no podía decirlo. También comprendió por qué a ciertos alumnos de Slytherin se les veía perfectamente. "Alumnos de familia de mortífagos" le habían dicho las chicas. Y era verdad, todo encajaba. Los mortífagos que no habían sido apresados el día del Departamento de Misterios estarían al tanto de los planes de Voldemort y habrían avisado al resto de familias. Y seguramente, el propio Voldemort los habría inmunizado de alguna manera para que, los que serían sus futuros siervos, no sintieran los efectos de los dementores.

Como habían previsto las chicas, Ron y Hermione no dejaron de acosar a Harry. Y eso que afortunadamente no sabían toda la historia. Las chicas les veían desde sus mesas: Ron y Hermione se habían sentado una a cada lado de Harry y no dejaban de hablarle. Harry se limitaba a negar con la cabeza de vez en cuando y a pasear su tenedor por entre los spaghettis de su plato. De pronto, se levantó y salió del Comedor. Ron y Hermione le siguieron con la mirada y se quedaron asombrados por la reacción pero parecía que habían comprendido que no quería hablar y no le siguieron. En cambio las chicas se miraron: habían decidido vigilarle porque estaban seguras de que algo pasaba y no podían quedarse allí paradas, así que poco a poco, fueron levantándose y saliendo del Comedor. Tenían que hacer algo.

- ¿A dónde habrá ido? -preguntó Inqui cuando ya se encontraron todas en el vestíbulo- Tendíamos que haber salido dentrás de él en cuanto se levantó.

- ¿Y qué crees que hubieran hecho Ron y Hermione si nos ven salir a todas tras él tan descaradamente? -contradijo Missi- Hubieran venido también detrás nuestra.

- Pero ahora no sabemos hacia dónde ha ido -insistió Inqui.

- Pero ¿qué ibamos a hacer? -repitió Missi impaciente- Conseguir que vinieran ellos detrás, ¡sólo eso!

- Tranquilas, chicas -apaciguó Brabra- Estamos todas muy nerviosas.

- Es cierto, tenéis que tranquilizaros -coincidióo Mahe- Está bien que discutáis por que cada una quiera buscarle a Harry una novia y tengáis teorías y teorías para ver quién lleva razón, pero por ésto no. Debemos estar tranquilas.

- Pero, lo cierto, es que las dos han dicho una gran verdad -confirmó Aloho mirando hacia las escaleras- Hemos hecho bien en salir poco a poco para no levantar sospechas pero... hemos perdido la pista de hacia dónde ha ido Harry.

Se quedaron en silencio.

- Venga, pues hay que buscarle cómo sea -propuso Nigriv repentinamente- Tenemos que dar con él. No querrá hablar ni contarnos nada pero tenemos que comprobar que está bien. Tenemos... -calló un segundo- que seguirle porque por ahí va.

Harry bajaba por las escaleras corriendo con su Saeta de Fuego al hombro. Esperaron a verle salir por la puerta y lo siguieron. Aún no había anochecido del todo pero la luna estaba casi llena e iluminaba la zona. Vieron que se dirigía al campo de Quidditch. Se miraron, asintieron y fueron tras él a una distancia prudente para que no viera que lo seguían. No querían dejarle solo.

Harry llegó al estadio. Pasó una pierna sobre su escoba, dio una patada en el suelo y se elevó. Sentía el aire de la noche en el rostro. Le despejaba pero lo más importante es que le relajaba. No quería estar con nadie, ni hablar con nadie porque tenía mucho que contar y no podía. Así que la mejor opción era hacer lo que más le apetecía y más le gustaba: volar con su Saeta de Fuego. Vio la luna casi llena que estaba muy cerca. Se podían ver los mares lunares, los cráteres... la luna. Aquella luna que le indicaría al día siguiente cuál sería su destino. Cerró los ojos y siguió volando. No quería pensar, quería dejar su mente en blanco y olvidarse de todo lo que había pasado y de todo lo que iba a pasar. Se sentía cansado, triste, aterrado... Esos malditos dementores le habían minado las fuerzas. Pero tenía que buscarlas como fuese. En poco más de 24 horas se estaría batiendo a duelo, a vida o muerte.

Las amigas habían encontrado un sitio perfecto para ver a Harry sin que éste se percatase de su presencia. Todas le miraban con expectación. Era un buscador de Quidditch magnífico. "El buscador más joven del siglo" dijeron una vez. Y allí estaba, volando por el cielo, como intentando dejar los problemas y preocupaciones atrás, con el viento. Todas sentían un afecto especial por Harry. Le consideraban más que un amigo por la magia que había llevado a sus vidas. Para Missi era una persona especial a través del cual había conocido a gente que consideraba maravillosa. Para Nigriv era alguien que le hacía reír y sentirse bien, como ella lo llamaba "una terapia de risa anti-dementores". Lo mismo significaba para Aloho que aunque era bien conocida su atracción por Malfoy, no menoscababa su afecto hacia Harry. Para Inqui era una persona que le había hecho volar su imaginación y le había hecho olvidar preocupaciones y tensiones. Para Mahe, conocerle fue muy especial porque le hizo encontrar nuevas ilusiones cuando las había perdido. Para Brabra era alguien que le había abierto a un mundo que ella deseaba que se hiciese real. Y para Circe era una persona que le había sumergido en un mundo mágico.

Las siete se sentían felices de haber conocido a alguien como era Harry Potter.

Al cabo de casi una hora, Harry fue descendiendo. Las chicas, para evitar que pudiera sorprenderlas allí, fueron rápidamente hacia la puerta del castillo sin perder de vista por dónde andaba el muchacho. Cuando Harry se acercó, las vio en la entrada pero como seguía sin querer hablar, las miró brevemente y siguió andando.

- Harry... -escuchó. Sabía que estaban preocupadas por él. Y sabía que ellas había sido las únicas que le habían escuchado decir que había visto a Voldemort aquella tarde. No podía ignorarlas de esa manera. Se detuvo un momento y se volvió hacia donde se encontraban.

- Harry, ¿qué podemos hacer? -preguntó Circe tristemente.

- Nada -contestó con pesadez. Deseaba contarles y no podía, no podía...

- Pero sabes que cuentas con nosotras, ¿no? -dijo Nigriv.

- Lo sé, y de verdad que os lo agradezco de corazón... pero esta vez tengo que hacer las cosas solo.

- Pero... - intentó decir Mahe.

- No puede ser. Hay... hay cosas que... -suspiró profundamente- Tiene que ser así... Tengo que afrontar las cosas como vienen y... tiene que ser así... -repitió- Yo solo.

Su expresión era aún más triste de lo que le habían visto en días anteriores. La angustía de querer contarles y no poder, se reflejaba en su cara. Pero no iba a decir nada. Estaba seguro de que si les contaba lo más mínimo iban a querer ayudarle y no lo consentiría. Nadie más habló, con lo que volviendo a mirarlas a todas, se dio la vuelta y subió por las escaleras.

Si estaban preocupadas antes de la cena, en ese momento se sentían desesperadas. Algo pasaba o iba a pasar, de eso no había la menor duda, pero ¿qué? ¿Cómo iba a poder ayudarle si no les dejaba?.

- No me fío nada de que Harry no esté pensando hacer alguna locura. Durante el día podemos estar más pendiente de él pero ¿y cuando estemos en nuestras casas? -preguntó Missi- ¿Qué vamos a hacer?

- Eso es cierto. -afirmó Brabra- No sería la primera vez que sale a escondidas con su capa de invisibilidad de noche. Acordaos cuando nos contó que había ido al baño de los prefectos cuando estaba resolviendo uno de los enigmas del Torneo de los Tres Magos.

- Esa vez y miles más -recordó Inqui. Todas se acordaban de cada una de las veces que Harry se había saltado las normas del colegio, algo muy suyo.

- Esperad... Tengo una idea -dijo Aloho de repente- Como bien dice Missi, de noche no podemos vigilarle porque no podemos estar en la puerta de su sala común por si le da por salir -todas afirmaron- pero si hay alguien vigilando por nosotras y en caso de que se quiera "escapar" nos avise... -todas la miraban extrañadas.

- ¿A dónde quieres llegar, Aloho? -preguntó Circe extrañada- ¿Quién va a vigilar la puerta sin que levante sospechas? ¿Peeves?

- No, no, nada de eso. Peeves lo primero que haría sería gritar " Potter pipí en el pote se escapa de la sala como una bala" -canturreó Aloho. Las chicas rieron. Era agradable reír un poco entre tanto desánimo.

- ¿Entonces? -se interesó Nigriv.

- Sooty.

- ¿Sooty? -se extrañó Inqui- ¿Tu gato? No entiendo.

- ¡Claro! Él puede estar vigilando la puerta de la sala y si ve a Harry salir, ¡irá a avisarte a tí y tú a nosotras! -exclamó Mahe. Todas expresaron sorpresa y conformidad. Ya tenían vigilante para la torre de Gryffindor.

Poco después, cuando los alumnos se estaban retirando a sus salas comunes, las chicas estaban en la puerta de Hufflepuff. Aloho había salido con su gato Sooty y le decía bajito:

- Bueno, Sooty, ya sabes lo que tienes que hacer, ¿eh? Y si ves a la señora Norris, no hables con ella, es muy antipática.

Soltó al gato que se fue corriendo por el pasillo. Ellas se despidieron y se fueron a sus salas comunes. Iba a ser una noche larga pendiente de Sooty, de sus noticias, y de los ojos de los escudos de sus túnicas por si recibían algún aviso.

Harry no durmió nada esa noche. Afortunadamente, cuando llegó a la habitación después de haber estado volando con la Saeta, ninguno de sus compañeros se encontraba allí todavía. Así que aprovechó para echarse en la cama y disponerse a hacerse el dormido si les oía entrar. En su cabeza sólo resonaban las palabras de Voldemort, su advertencia de no decir nada, su reto al duelo. Sentía miedo, no podía evitarlo pero lo intentaría. Tenía que conseguirlo, volver a librarse de la muerte y librar así a sus compañeros. No podía condenarlos.

Amaneció un día soleado, preludio de una noche de sangre. El gato de Aloho no había ido a avisarles en ningún momento, cosa que era buena señal porque significaba que Harry había estado durmiendo. O eso creían. Le vieron durante el desayuno y las de Ravenclaw coincidieron con Gryffindor en clase de Transformaciones. En todo momento, Harry evitó cruzar la mirada con ellas. Esa tarde, fue Hufflepuff quien tuvo clase de Herbología con Gryffindor, y la actitud de Harry fue exactamente la misma: evitarlas. Se le veía nervioso, desconcentrado, absorto en sus pensamientos. Ni siquiera Ron ni Hermione le forzaban a hablar. Llegaba con el tiempo justo para comenzar las clases y se iba el primero, para no tener que pasar mucho rato con sus compañeros y no dar oportunidad de que le hablasen.

Cuando llegó la noche, las chicas habían decidido utilizar la misma táctica, que Sooty vigilase la sala común de Gryffindor. Pero el pobre gato no había dormido en toda la noche y se negaba a hacer otra vez de vigilante nocturno. Se había escondido debajo de uno de los muebles de la sala común de Hufflepuff y no conseguían sacarle de allí.

- Y ahora ¿qué hacemos? -preguntó Circe- Estamos donde ayer.

- Hay que pensar algo rápido, pronto se irán todos a sus habitaciones y ya no podremos ir merodeando por los pasillos -apresuró Nigriv mirando su reloj.

- Bueno, tenemos más gatos, ¿no? -dijo Aloho- Utilicemos otro.

- ¿Mi gato? ¿Tú crees que mi gato podría vigilar algo? -se sorprendió Circe- Si se pasa el día y la noche durmiendo. No me lo explico. Yo creo que debe ser una marmota disfrazada.

- Pues mi gato tampoco lo aconsejo -negó Nigriv- Es capaz de que pasé por allí la señora Norris e irse detrás de ella. Por muy antipática que sea.

- ¿Entonces qué hacemos? No vamos a dejar una de nuestras lechuzas allí, ¿no? A los gatos le es más fácil escabullirse y hacen menos ruido -comentó Brabra. Se quedaron pensando. El tiempo se les agotaba. Los alumnos se estaban recogiendo.

- Gato, gato... -murmuraba Mahe pero de repente miró a Aloho y bajando la voz, le dijo- Buscando gatos... ¿y tú y yo qué somos?

- Por mí sin problema -contestó la chica sonriendo al entenderla.

- Y por mí igual. Mañana tenemos Historia de la Magia a primera hora y me iba a quedar dormida de todas formas.

- Pues solucionado. Esta noche haremos guardia Mahe y yo. -confirmó Aloho- Y vosotras id concienciando a vuestras mascotas que mañana les tocará a ellos.

Era casi medianoche. Harry había cerrado el dosel de su cama para que no pudieran verle. Pero por un lateral, veía la ventana que había junto a la cama de Neville y podía observar la luna perfectamente. Estaba preparado. En cuanto escuchase que todos se habían quedado dormidos, se echaría la capa de invisibilidad por lo alto y bajaría hasta el Bosque Prohibido.

Aloho y Mahe, ya como gatos, se encontraban escondidas tras una estatua frente a la puerta de la sala común de Gryffindor. Habían quedado con el resto en que si era necesario, utilizarían desde allí mismo la forma de contacto habitual para así no perder tiempo. En el mundo de los magos, cuando un animago estaba transformado, como animal que era en ese momento, no podía hablar, pero podía comunicarse mentalmente. Y era un alivio que esto fuera así ya que si no, las chicas no aguantarían toda la noche despiertas sólo maullando. Pero no tuvieron que esperar mucho para ver que algo ocurría.

Harry escuchaba los ronquidos de Neville y Seamus y la respiración relajada de Ron. Miró hacia la luna y vio que había adquirido un tono anaranjado. "Debo irme ya, queda poco" pensó. Colocó las almohadas bajo las mantas simulando que dormía en su cama por si Ron se despertaba y miraba, se echó la capa de invisibilidad por lo alto y salió de la habitación.

Aloho y Mahe, entre maullido y maullido, habían visto pasar a Peeves flotando dormido. Parecía que era el único entretenimiento que tenían. Pero de repente, oyeron un ruido: el cuadro de la Señora Gorda se estaba abriendo.

- Mira...

Como imaginaban que pasaría no vieron salir a nadie pero sabían que alguien había cruzado aquella puerta. Afortunadamente, la capa de invisibilidad no era totalmente invisible a los ojos de un felino. Harry ya lo había notado otra veces con la señora Norris y se lo había contado a las chicas pero ahora ellas eran testigos de que estaba en lo cierto. Vieron cómo Harry avanzaba hacia las escaleras.

- Tenemos que avisar a las demás -pensó Mahe. Aloho miró hacia ambos lados y cuando se aseguró que ni Peeves, ni la señora Norris, ni ningún fantasma se encontraba cerca, se transfomó de nuevo en ella misma. Sacó su varita y pronunció en voz baja el conjuro de aviso sobre su pergamino:

- ¡Comunicatem injuro!

Circe, Brabra y Nigriv estaban despiertas. Missi también. Y lo mismo le ocurría a Inqui. Las cinco vieron destellear los ojos de los escudos de las túnicas y tomaron sus pergaminos:

-¡Aparecium EP!

"Harry ha salido. Nos vemos abajo. No tardéis"

En el pergamino que sostenía Aloho en las manos, aparecieron los escudos de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Todas habían confirmado que habían leído el mensaje.

-Ya está. -guardó la varita y el pergamino- Vámonos -y se volvió a transformar.

La luna aún no tenía el color rojizo que avisaba del encuentro pero le quedaba poco. El momento se estaba acercando y Harry iba en camino. Voldemort le esperaba.


Lo que las chicas piensan de Harry, lo que él significa para ellas está sacado de un juego que teníamos en el foro, en el que se preguntó "Harry Potter es para tí... " y escribí exactamente lo que realmente ellas pensaban. Fue otra forma de que se sintieran parte de la historia al ver sus propias palabras aquí.