*******
Capítulo 5
Herencia
*******
Como siempre, los personajes de Slayers no me pertenecen.
Gracias a... Peque... (cuando el amor no se tiene a sí mismo como obstáculo triunfar se le hace más fácil), Drake Bad Girl (Fi-chan! Te extraño un montón!!), ZLas Metallium (También pienso que era obvio y algo mucho más obvio será el capítulo a continuación, sólo espero que las pequeñas sorpresas les sean gratas a todos), Raven174 (Vaya que me costó trabajo leer tu historia ehhh, pero está quedando muy bien), Fany Metallium (sorry por la tardanza), Maryhtta (creo que en este capítulo se comienza a entender la frialdad entre ambos), MGA_FGA (gracias!), Lis-chan (Me parece que son los amigos los que le quitan la frialdad a Xellos, ya te darás cuenta) y Zelda M. (Tú no te preocupes, yo entiendo cómo es eso de los exámenes, cuidate mucho y espero que todo te salga bien.) También gracias a Eva que me envía sus reviews al mail, arigato gozaimashite.
Gomen por la tardanza, serio que ha sido mucha esta vez, siempre publico dos caps por semana pero ya ven... En fin, no quiero tardar más en publicar, así que corto los comentarios.
*******
Filia despertó al sentir que era levantada en vilo. ¿Acaso Xellos se había atrevido a tocarla? O peor aún... ¿la había alejado del campamento con otras intenciones? Un gruñido muy bajo trastornó la faz de la ex princesa de Tougen y antes de que su captor se percatara de nada Filia tomó aire...
"¡¡¡¡XELLOS ERES UN PERVERTIDO!!!!" Una enorme explosión de fuego y electricidad iluminó el cielo nocturno a varios kilómetros a la redonda de donde se encontraba la rubia.
A varias millas más de distancia un joven levantó la cabeza en dirección a la destrucción. Xellos no pudo evitar sentir que el estómago le daba un enorme vuelco, era como si alguien lo hubiera llamado. "Filia..."
Nuevamente en la destrucción, una rubia se puso en pie temblorosa. Miró a todos lados y comenzó a preocuparse cuando sólo vio devastación. ¿Y si había matado a Xellos? El pecho se le comprimió extrañamente. "¿Xellos?" Llamó tímidamente. "¿Xellos?" Trató nuevamente, pero esta vez su llamado fue respondido. Una figura solitaria comenzó a acercarse. Desde lejos Filia sólo podía ver la sombra y algo de miedo se apoderó de ella al notar que no correspondía en nada a la del príncipe de Koubuchi.
"¡Luz!" Conjuró al instante y lanzó el hechizo al aire, iluminando el claro. Se topó con un joven de largos cabellos y mirada almendrada. "¿Quién eres?"
"Alguien que no permitirá que se cumpla una tonta profecía." El joven sonrió levemente. Su voz era mucho más tersa y sedosa que la de Xellos, incluso una octava más baja lo que en otra circunstancia le habría impresionado.
"¿Qué profecía?" Le preguntó confundida, pero el joven no le contestó mientras continuaba acercándose a ella. Con una rapidez que Filia nunca había visto se encontró frente a frente con unos ojos dorados y unos largos mechones acuamarinos. Extendió la mano hacia ella en invitación pero Filia retrocedió indignada y algo temblorosa aún por el exceso de energía que había liberado hacía unos momentos atrás.
"Princesa... será mejor que me acompañe por las buenas, no soy muy paciente." Le instó fríamente el hombre.
"Entonces somos dos, tampoco soy muy paciente y exijo una explicación al por qué he sido alejada de mi prometido." El extraño sonrió una vez más, mostrando unos delicados colmillos.
"Ahh... esa es la verdadera actitud de una princesa." Filia se tensó aún más. "Pero esta..." Dijo al tiempo que la tomaba de los cabellos y la atraía contra sí. "Es la actitud de un rey." La besó profundamente y cuando Filia sintió que su boca era invadida rugió ferozmente y una llamarada azul se formó alrededor de ella. El extraño la soltó de inmediato y maldijo fuertemente.
"Soy Filia Ul Copt, prometida de Xellos Metallium, futuro Emperador de Koubuchi, y estoy unida a él hasta el día de mi boda por un hechizo que no se puede romper." Dijo temblando de la ira.
"Entonces yo encontraré la forma de romper ese hechizo." Rugió con igual fiereza el desconocido. Filia trató de echar a correr en esos instantes pero sus piernas estaban demasiado temblorosas, el joven la alcanzó y la tomó del brazo. "Ni pienses que puedes escapar, tú vendrás conmigo hasta que encuentre la forma de hacerte mía." Y ambos desaparecieron en una pulsación de luz.
Cuando Filia logró soltarse ya no se encontraba a la intemperie. Era una especie de enorme cueva. El piso muy liso, como si alguien hubiera pulido la roca con mucho esmero. Se había alejado unos pasos de su captor que ahora le daba la espalda y se alejaba de ella.
"¿Quién eres y a dónde me has traído?" Volvió a preguntar la rubia, esta vez un poco más determinada y con menos temor.
"Soy tu peor pesadilla." Filia parpadeó varias veces y luego puso cara de aburrida mientras se cruzaba de brazos.
"No... Xellos es mi peor pesadilla. Ahora dime quién eres y qué quieres de mí." Ahora fue el turno de parpadear del joven, luego de unos minutos logró recuperar el habla.
"¿Cómo te atreves? Tú... tú..." Ahora que Filia lo observaba con detenimiento aparentaba tener la misma edad que Xellos. Se había acercado de nuevo a ella con una expresión airada, el rostro terriblemente rojo y los ojos parecían botar chispas. "Te enseñaré a comportarte." Gruñó finalmente. Se disponía a sujetar a Filia cuando la rubia reaccionó, alejándose de su alcance. "¡Quédate quieta!" Le ordenó.
Estaba a punto de lanzarse nuevamente sobre ella cuando un par de figuras entraron en el espacio donde se hallaban.
"Señor." Saludaron al unísono mientras se postraban. El hombre se detuvo y puso su atención en las recién llegadas. "El príncipe y sus guerreros no se han movido de sus lugares aún."
"Perfecto. Continuen vigilando." Y las despidió con la mano. La presencia de aquellas dos criaturas lo había calmado levemente y se giró hacia la rubia que aún lo observaba con recelo. "Bien, ya que deseas saber con tanta vehemencia quién soy me presentaré. Mi nombre es Valtiera, actual y único gobernante de los sobrevivientes de mi raza, los dragones, de la cual tú... princesa Filia, eres parte."
Filia palideció. El joven sonrió al verla tan desconcertada, obviamente nadie se había tomado la molestia de explicarle a la princesa que sus padres no eran precisamente... normales.
"Pero... ¿Cómo?" Tartamudeó insegura y perturbada.
"Lo sabrás a su debido tiempo. Lo que importa ahora es cómo voy a romper el hechizo en el cual estás metida y que en nada me conviene. Pero lo primero es lo primero." Dijo caminando hacia una de las enormes salidas. "Quiero mostrarte quién eres en realidad." Filia se quedó en su lugar sin querer entender. Reaccionó a tiempo para seguir al joven al interior de un salón mucho más amplio que el primero cuyo techo se abría paso hacia el exterior y permitía ver el cielo nocturno. Unas gigantescas lo iluminaban y era un poco más rústico el suelo de roca.
El joven se detuvo justo en el medio y extendió sus brazos con una sonrisa. Filia se detuvo y se cruzó de brazos algo enojada por el espectáculo en el cual se estaba convirtiendo aquella situación pero su semblante cambió de inmediato cuando el joven comenzó a relucir con una fuerte luz y su aura cubrió todo el aposento haciendo palidecer las antorchas. Sin embargo sus ojos continuaban viendo la figura. Dejó escapar un gritito de sorpresa cuando la silueta adquirió un par de alas y comenzó a crecer, deformándose y reformándose en un parpadear. Cuando la luz cesó un par de enormes ojos dorados la observaban inexpresivos mientras suaves plumas negras se agitaban levemente.
*******
"Youki... Filia nos necesita." Le comentó preocupado Xellos al sastre. Después de mucho esfuerzo había logrado despertar al resto, mientras la doncella herida trataba de componerse. Se confundió al dejar de sentir a Filia por unos instantes. Cuando recuperó la sensacion de ella la sintió en otra dirección, mucho más lejana que la primera. Sus ojos recorrieron el horizonte y se detuvieron en unas lejanas montañas. "Debemos seguir en esa dirección." Dijo con determinación. "Pero primero nos detendremos en Soirentosutoon y pediremos ayuda."
Youki asintió y le dirigió una mirada a la líder de su jauría. Kimusume le devolvió una mirada confiada y llena de determinación. "Bien, creo que llegaremos allá en poco tiempo. Si necesitas descansar, Kim-chan, no dudes en hacerlo, una de tus hermanas se quedará contigo."
"No lo necesito. Estoy bien." Dijo con firmeza la joven.
"Entonces, ¿qué esperamos?" Sonrió el sastre. Xellos fue el primero en avanzar, su cuerpo parecía desvanecerse para reaparecer varios metros más adelante. Los demás lo siguieron de inmediato y cuando percibió que todos estaban en movimiento la distancia entre las apariciones comenzó a crecer. Cualquiera que observara esa noche sólo podría sentir a su lado una ráfaga de viento o una sombra de obscuridad aparecer para luego desintegrarse. Antes de lo posiblemente humano, siete sombras entraban a los jardines del castillo de Sairentosutoon.
Xellos le hizo señas a los demás para que le esperaran en el exterior mientras él se adentraba en el castillo.
Sin apenas un leve crujir de sus ropas llegó hasta la Recámara Real. Trató de escuchar tras la puerta pero no sintió nada. Con suavidad quitó el cerrojo y entró. "¿Zelgadis?" Susurró suavemente mientras se acercaba a la enorme cama. Aparentemente sólo había una persona en ella. Hesitó un poco antes de acercarse un poco más. "¿Zel?" Una mano se posó sobre su boca con fuerza y un brazo se cruzó sobre su pecho y hombros impidiéndole el movimiento. Poco a poco lo hizo retroceder hasta salir de la recámara donde finalmente fue liberado.
"¡Zelgadis!" Exclamó cuando pudo salir del asombro.
"¿Qué haces aquí?" Le susurró visiblemente enojado.
"Yare, yare, Zelgadis-san. Para mí también es un placer volverte a ver." Sonrió pero no le duró mucho porque Zelgadis lo tomó por el frente de las ropas y lo arrastró pasillo abajo hasta un salón privado. "Oye, no pensé que fueras a enojarte tanto por una simple visita de un antiguo amigo." Comentó extrañado.
"Un amigo que no ha dado señales de vida durante los últimos seis años." Gruñó sin suavisarse ni un poco. "¿A qué se debe esta inesperada excepción?"
"Iba de camino a Koubuchi con Filia cuando fuimos atacados. Se llevaron a Filia."
"¿Quiénes?"
"Sospechamos de dragones. No conozco lo suficiente acerca de ellos como para intentar seguirlos pero pensé que tú podrías ayudarme con eso." Zelgadis se quedó pensativo unos segundos y luego le hizo señas para que lo siguiera. Xellos sonrió cuando llegaron a una enorme biblioteca, llena de libros desde el suelo al techo, nítidamente organizados y algunas mesas alrededor. Sabía que su amigo no le negaría la ayuda y menos tratándose de Filia.
"Zelgadis-san... ¿por qué tanto misterio para sacarme de la recámara? ¿No querías que sorprendiera a la pequeña Amelia?" Zelgadis, que había comenzado a subir a una escalera para alcanzar los libros que deseaba se detuvo en seco.
"No quería que la fueras a despertar." Cuando vio que Xellos esperaba con cierta sonrisa torcida que continuara se volteó y continuó subiendo. "En estos días ha estado padeciendo insomnio."
"Oh." La sonrisa abandonó el rostro del príncipe. "Me han comentado que ya eres Rey."
"Así es."
"Pensé que recibiría noticias de alguno de ustedes." Murmuró, más para sí que por otra cosa, pero Zelgadis lo escuchó.
"Todos pensamos que responderías nuestras cartas... pero estabamos equivocados."
"¿Enviaron cartas?"
"Hai."
"No recibí ninguna. Yo también traté de enviar cartas." Zelgadis había tomado varios libros y comenzaba a bajar. Con cuidado saltó de la escalera y se encaminó hacia su amigo.
"Mis emisarios me confirmaron que las habías recibido personalmente." Fue la respuesta, algo distanciada.
"Nunca recibí emisarios."
"Entonces alguien las recibió por ti." Zelgadis abrió los libros dando por terminada la breve discusión y le hizo señas para que se acercara. "Estos libros contienen datos acerca de los Ryozoku, la raza de los dragones, o lo que alguna vez fue. Pensé que estaba practicamente extintos pero si existe un demonio supongo que sería prudente imaginar que quedan algunos de estos." Una imagen mostraba a un gigantescodragón, la página contraria mostraba una criatura humanoide. "Estos son los rasgos que los identifican cuando tienen su apariencia humana. Su magia es casi tan fuerte como la de los demonios pero son enemigos mortales."
"¿Como perros y gatos?"
"Algo parecido."
"Bien, tengo toda la noche para buscar información que me pueda ser de utilidad. Espero poder ver a la pequeña Amelia en la mañana. Tú no tienes por qué preocuparte por mí."
"Estamos hablando de Filia. Me quedaré contigo."
"Gracias." Le dijo solemnemente. Observó los libros que Zelgdis había bajado hasta que lo escuchó reir por lo bajo. "¿Qué es tan gracioso?"
"Nada, sólo pensaba en la pequeña Amelia." Dijo con una sonrisa y un brillo juguetón en los ojos. A Xellos le bajó una gotita de sudor por la nuca al ver a su amigo.
"Siempre pensé que estaban arrebatados el uno por el otro, pero no pensé que fuera de ese modo." Dijo con algo de inquietud.
"Ah... eso también Xel-kun, eso también." Y resumió su búsqueda en los libros.
*******
"Hermoso." Murmuró la rubia por lo bajo. El animal se agachó y su enorme cabeza estuvo al nivel de Filia. No sentía miedo y sí mucha curiosidad, muchas ganas de acariciar aquel animal que nunca antes había visto y que la maravillaba.
Extendió su mano sin pensarlo, sintiendo las suaves plumas negras que adornaban parte de la piel de la enorme bestia. El dragón sonrió complacido ante la ingenuidad de la muchacha, si nunca antes había visto uno de su propia especie no sería fácil que reclamara su verdadera herencia, pero tampoco podría controlar los instintos propios de un dragón hembra llegado el momento y el sólo pensar en ello lo hizo ampliar su sonrisa.
"Princesa." La rasposa y profunda voz del dragón estremeció a Filia que recordó en esos momentos que aquella bestia, hacía unos pocos minutos, había sido un joven. Retiró las manos de inmediato y retrocedió unos cuantos pasos. "¿Me permite mostrarle el resto de mi reino?" Y sin darle tiempo para protestar la tomó entre sus garras. Filia gritó con todas sus fuerzas al sentir que era elevada del suelo, sus cabellos revueltos con el aire que movían aquellas enormes alas.
*******
Xellos se sobresaltó repentinamente ganándose una mirada curiosa de su acompañante. "¿Sucede algo?" Le preguntó.
"Filia..."
Zelgadis lo observó detenidamente desde que llegara a palacio. Xellos no había cambiado demasiado aunque su rostro mostraba un poco más su edad, así como su cuerpo que ya no era tan esbelto y lineal. Supuso que los demonios debían envejecer también. En esos momentos Xellos parecía estar metido en su propio mundo, viendo o sintiendo algo que sólo él podía.
"Está... muy asustada. Pero está bien." El joven se pasó unas manos por los violáceos cabellos en un gesto desesperado.
"Filia sabe cuidarse." Le dijo con seriedad. Xellos se giró suavemente.
"¿Filia sabe cuidarse? ¡Filia nunca antes había salido del castillo! ¿Qué puede saber una princesa tan mimada y sobreprotegida acerca del mundo fuera de las paredes y murallas del castillo?"
"Verdaderamente nunca recibiste nuestras cartas..."
"Es obvio que no." Gruñó disgustado con el presentimiento de que había algo que desconocía.
"Después que te fuiste y que terminó todo el lío del Ministro y del collar, decidimos que estaríamos preparados para cualquier otra situación. Dado el caso de que somos blancos naturales para ataques políticos o de otra índole." Sonrió levemente y continuó leyendo. Xellos, por primera vez en toda la noche, comenzaba a perder la compostura ante el secretismo de su amigo. "No te preocupes, estoy seguro que mañana en la mañana mi pequeña Amelia te pondrá al tanto de todo lo que ha sucedido durante estos seis años."
Esa era la gota que colmaba el vaso, pensó Xellos, no sólo no iba a contarle nada sino que cada vez que decía *pequeña* Amelia, el estoico rey de Sairentosutoon sonreía extrañamente.
*******
La mañana los encontró aún leyendo en la biblioteca. Xellos no se había detenido en toda la noche, absorbiendo con rapidez sorprendente toda la información que hallaba, no sólo con respecto a los dragones. Zelgadis había sido tan amable de mostrarle los libros que había adquirido acerca de su propia raza, interés que había tomado luego de haberlo visto por primera vez en su forma real.
Una voz algo somnolienta pero no menos melodiosa los interrumpió. Zelgadis sonrió y se levantó mucho antes que la figura apareciera por la puerta. Xellos lo siguió con la mirada pero Zelgadis recibió a la recién llegada fuera de la biblioteca. Debía ser Amelia por la forma en que Zelgadis la saludaba, pero la voz no se escuchaba en nada como la que él recordaba. Trató de esforzarse por ver más allá de la figura de Zelgadis, sin embargo, justo en ese momento ambas figuras ingresaban a la biblioteca.
"¡Xellos-san!" Amelia corrió hacia donde se encontraba Xellos sentado y le dio un gran abrazo. Un leve malestar se dejó sentir en su interior pero nada más y cuando Amelia le permitió respirar volvió a quedarse corto de respiración. Ante sí tenía una hermosa joven, con cuerpo de diosa. El rostro levemente almendrado había perdido las facciones aniñadas. Los enormes ojos azules que indicaban su corta edad cuando la conoció ahora eran levemente alargados y semicerrados dándole una apariencia exótica. Los cabellos, aunque continuaban siendo negros y rebeldes estaban nítidamente cortados, añadiendo más encanto a su belleza. Vestía un traje sencillo y liviano que le llegaba hasta los tobillos y de un azul suave.
Xellos parpadeó inconscientemente mientras veía que Zelgadis tenía un gran gesto de satisfacción en el rostro. Algo más llamó su atención acerca de la joven. Se concentró un poco y la recorrió con sus sentidos. Cerró los ojos momentaneamente mientras Amelia le preguntaba preocupada qué sucedía. Ahh... allí estaba... tucum... tucum... tucum tum. Le indicó a la joven que guardara silencio y se concentró nuevamente.
Tucum... tucum... tucum tum. Un latido extra oculto tras los latidos de Amelia.
"Amelia..."
"¿Xellos-san?"
"Estás embarazada." Un sonido a espalda de ambos les indicó que Zelgadis yacía en el suelo desmayado.
*******
¿Qué les pareció? Dudas, preguntas, comentarios, flamas, críticas constructivas, todo es bienvenido.
Saluditos especiales al hermano de Fi-chan.
Gabe, tu historia va muy bien, esperame que pueda dejar el review (en cuantito sienta que no me desmayo leyendo)
Wolf, se te extraña, espero que estés escribiendo, aunque si no lo estás haciendo no hay problema, sólo espero que estés bien.
Karo, ánimo con tu page y con tus historias, las estamos esperando con ansias. Take care girla!
Capítulo 5
Herencia
*******
Como siempre, los personajes de Slayers no me pertenecen.
Gracias a... Peque... (cuando el amor no se tiene a sí mismo como obstáculo triunfar se le hace más fácil), Drake Bad Girl (Fi-chan! Te extraño un montón!!), ZLas Metallium (También pienso que era obvio y algo mucho más obvio será el capítulo a continuación, sólo espero que las pequeñas sorpresas les sean gratas a todos), Raven174 (Vaya que me costó trabajo leer tu historia ehhh, pero está quedando muy bien), Fany Metallium (sorry por la tardanza), Maryhtta (creo que en este capítulo se comienza a entender la frialdad entre ambos), MGA_FGA (gracias!), Lis-chan (Me parece que son los amigos los que le quitan la frialdad a Xellos, ya te darás cuenta) y Zelda M. (Tú no te preocupes, yo entiendo cómo es eso de los exámenes, cuidate mucho y espero que todo te salga bien.) También gracias a Eva que me envía sus reviews al mail, arigato gozaimashite.
Gomen por la tardanza, serio que ha sido mucha esta vez, siempre publico dos caps por semana pero ya ven... En fin, no quiero tardar más en publicar, así que corto los comentarios.
*******
Filia despertó al sentir que era levantada en vilo. ¿Acaso Xellos se había atrevido a tocarla? O peor aún... ¿la había alejado del campamento con otras intenciones? Un gruñido muy bajo trastornó la faz de la ex princesa de Tougen y antes de que su captor se percatara de nada Filia tomó aire...
"¡¡¡¡XELLOS ERES UN PERVERTIDO!!!!" Una enorme explosión de fuego y electricidad iluminó el cielo nocturno a varios kilómetros a la redonda de donde se encontraba la rubia.
A varias millas más de distancia un joven levantó la cabeza en dirección a la destrucción. Xellos no pudo evitar sentir que el estómago le daba un enorme vuelco, era como si alguien lo hubiera llamado. "Filia..."
Nuevamente en la destrucción, una rubia se puso en pie temblorosa. Miró a todos lados y comenzó a preocuparse cuando sólo vio devastación. ¿Y si había matado a Xellos? El pecho se le comprimió extrañamente. "¿Xellos?" Llamó tímidamente. "¿Xellos?" Trató nuevamente, pero esta vez su llamado fue respondido. Una figura solitaria comenzó a acercarse. Desde lejos Filia sólo podía ver la sombra y algo de miedo se apoderó de ella al notar que no correspondía en nada a la del príncipe de Koubuchi.
"¡Luz!" Conjuró al instante y lanzó el hechizo al aire, iluminando el claro. Se topó con un joven de largos cabellos y mirada almendrada. "¿Quién eres?"
"Alguien que no permitirá que se cumpla una tonta profecía." El joven sonrió levemente. Su voz era mucho más tersa y sedosa que la de Xellos, incluso una octava más baja lo que en otra circunstancia le habría impresionado.
"¿Qué profecía?" Le preguntó confundida, pero el joven no le contestó mientras continuaba acercándose a ella. Con una rapidez que Filia nunca había visto se encontró frente a frente con unos ojos dorados y unos largos mechones acuamarinos. Extendió la mano hacia ella en invitación pero Filia retrocedió indignada y algo temblorosa aún por el exceso de energía que había liberado hacía unos momentos atrás.
"Princesa... será mejor que me acompañe por las buenas, no soy muy paciente." Le instó fríamente el hombre.
"Entonces somos dos, tampoco soy muy paciente y exijo una explicación al por qué he sido alejada de mi prometido." El extraño sonrió una vez más, mostrando unos delicados colmillos.
"Ahh... esa es la verdadera actitud de una princesa." Filia se tensó aún más. "Pero esta..." Dijo al tiempo que la tomaba de los cabellos y la atraía contra sí. "Es la actitud de un rey." La besó profundamente y cuando Filia sintió que su boca era invadida rugió ferozmente y una llamarada azul se formó alrededor de ella. El extraño la soltó de inmediato y maldijo fuertemente.
"Soy Filia Ul Copt, prometida de Xellos Metallium, futuro Emperador de Koubuchi, y estoy unida a él hasta el día de mi boda por un hechizo que no se puede romper." Dijo temblando de la ira.
"Entonces yo encontraré la forma de romper ese hechizo." Rugió con igual fiereza el desconocido. Filia trató de echar a correr en esos instantes pero sus piernas estaban demasiado temblorosas, el joven la alcanzó y la tomó del brazo. "Ni pienses que puedes escapar, tú vendrás conmigo hasta que encuentre la forma de hacerte mía." Y ambos desaparecieron en una pulsación de luz.
Cuando Filia logró soltarse ya no se encontraba a la intemperie. Era una especie de enorme cueva. El piso muy liso, como si alguien hubiera pulido la roca con mucho esmero. Se había alejado unos pasos de su captor que ahora le daba la espalda y se alejaba de ella.
"¿Quién eres y a dónde me has traído?" Volvió a preguntar la rubia, esta vez un poco más determinada y con menos temor.
"Soy tu peor pesadilla." Filia parpadeó varias veces y luego puso cara de aburrida mientras se cruzaba de brazos.
"No... Xellos es mi peor pesadilla. Ahora dime quién eres y qué quieres de mí." Ahora fue el turno de parpadear del joven, luego de unos minutos logró recuperar el habla.
"¿Cómo te atreves? Tú... tú..." Ahora que Filia lo observaba con detenimiento aparentaba tener la misma edad que Xellos. Se había acercado de nuevo a ella con una expresión airada, el rostro terriblemente rojo y los ojos parecían botar chispas. "Te enseñaré a comportarte." Gruñó finalmente. Se disponía a sujetar a Filia cuando la rubia reaccionó, alejándose de su alcance. "¡Quédate quieta!" Le ordenó.
Estaba a punto de lanzarse nuevamente sobre ella cuando un par de figuras entraron en el espacio donde se hallaban.
"Señor." Saludaron al unísono mientras se postraban. El hombre se detuvo y puso su atención en las recién llegadas. "El príncipe y sus guerreros no se han movido de sus lugares aún."
"Perfecto. Continuen vigilando." Y las despidió con la mano. La presencia de aquellas dos criaturas lo había calmado levemente y se giró hacia la rubia que aún lo observaba con recelo. "Bien, ya que deseas saber con tanta vehemencia quién soy me presentaré. Mi nombre es Valtiera, actual y único gobernante de los sobrevivientes de mi raza, los dragones, de la cual tú... princesa Filia, eres parte."
Filia palideció. El joven sonrió al verla tan desconcertada, obviamente nadie se había tomado la molestia de explicarle a la princesa que sus padres no eran precisamente... normales.
"Pero... ¿Cómo?" Tartamudeó insegura y perturbada.
"Lo sabrás a su debido tiempo. Lo que importa ahora es cómo voy a romper el hechizo en el cual estás metida y que en nada me conviene. Pero lo primero es lo primero." Dijo caminando hacia una de las enormes salidas. "Quiero mostrarte quién eres en realidad." Filia se quedó en su lugar sin querer entender. Reaccionó a tiempo para seguir al joven al interior de un salón mucho más amplio que el primero cuyo techo se abría paso hacia el exterior y permitía ver el cielo nocturno. Unas gigantescas lo iluminaban y era un poco más rústico el suelo de roca.
El joven se detuvo justo en el medio y extendió sus brazos con una sonrisa. Filia se detuvo y se cruzó de brazos algo enojada por el espectáculo en el cual se estaba convirtiendo aquella situación pero su semblante cambió de inmediato cuando el joven comenzó a relucir con una fuerte luz y su aura cubrió todo el aposento haciendo palidecer las antorchas. Sin embargo sus ojos continuaban viendo la figura. Dejó escapar un gritito de sorpresa cuando la silueta adquirió un par de alas y comenzó a crecer, deformándose y reformándose en un parpadear. Cuando la luz cesó un par de enormes ojos dorados la observaban inexpresivos mientras suaves plumas negras se agitaban levemente.
*******
"Youki... Filia nos necesita." Le comentó preocupado Xellos al sastre. Después de mucho esfuerzo había logrado despertar al resto, mientras la doncella herida trataba de componerse. Se confundió al dejar de sentir a Filia por unos instantes. Cuando recuperó la sensacion de ella la sintió en otra dirección, mucho más lejana que la primera. Sus ojos recorrieron el horizonte y se detuvieron en unas lejanas montañas. "Debemos seguir en esa dirección." Dijo con determinación. "Pero primero nos detendremos en Soirentosutoon y pediremos ayuda."
Youki asintió y le dirigió una mirada a la líder de su jauría. Kimusume le devolvió una mirada confiada y llena de determinación. "Bien, creo que llegaremos allá en poco tiempo. Si necesitas descansar, Kim-chan, no dudes en hacerlo, una de tus hermanas se quedará contigo."
"No lo necesito. Estoy bien." Dijo con firmeza la joven.
"Entonces, ¿qué esperamos?" Sonrió el sastre. Xellos fue el primero en avanzar, su cuerpo parecía desvanecerse para reaparecer varios metros más adelante. Los demás lo siguieron de inmediato y cuando percibió que todos estaban en movimiento la distancia entre las apariciones comenzó a crecer. Cualquiera que observara esa noche sólo podría sentir a su lado una ráfaga de viento o una sombra de obscuridad aparecer para luego desintegrarse. Antes de lo posiblemente humano, siete sombras entraban a los jardines del castillo de Sairentosutoon.
Xellos le hizo señas a los demás para que le esperaran en el exterior mientras él se adentraba en el castillo.
Sin apenas un leve crujir de sus ropas llegó hasta la Recámara Real. Trató de escuchar tras la puerta pero no sintió nada. Con suavidad quitó el cerrojo y entró. "¿Zelgadis?" Susurró suavemente mientras se acercaba a la enorme cama. Aparentemente sólo había una persona en ella. Hesitó un poco antes de acercarse un poco más. "¿Zel?" Una mano se posó sobre su boca con fuerza y un brazo se cruzó sobre su pecho y hombros impidiéndole el movimiento. Poco a poco lo hizo retroceder hasta salir de la recámara donde finalmente fue liberado.
"¡Zelgadis!" Exclamó cuando pudo salir del asombro.
"¿Qué haces aquí?" Le susurró visiblemente enojado.
"Yare, yare, Zelgadis-san. Para mí también es un placer volverte a ver." Sonrió pero no le duró mucho porque Zelgadis lo tomó por el frente de las ropas y lo arrastró pasillo abajo hasta un salón privado. "Oye, no pensé que fueras a enojarte tanto por una simple visita de un antiguo amigo." Comentó extrañado.
"Un amigo que no ha dado señales de vida durante los últimos seis años." Gruñó sin suavisarse ni un poco. "¿A qué se debe esta inesperada excepción?"
"Iba de camino a Koubuchi con Filia cuando fuimos atacados. Se llevaron a Filia."
"¿Quiénes?"
"Sospechamos de dragones. No conozco lo suficiente acerca de ellos como para intentar seguirlos pero pensé que tú podrías ayudarme con eso." Zelgadis se quedó pensativo unos segundos y luego le hizo señas para que lo siguiera. Xellos sonrió cuando llegaron a una enorme biblioteca, llena de libros desde el suelo al techo, nítidamente organizados y algunas mesas alrededor. Sabía que su amigo no le negaría la ayuda y menos tratándose de Filia.
"Zelgadis-san... ¿por qué tanto misterio para sacarme de la recámara? ¿No querías que sorprendiera a la pequeña Amelia?" Zelgadis, que había comenzado a subir a una escalera para alcanzar los libros que deseaba se detuvo en seco.
"No quería que la fueras a despertar." Cuando vio que Xellos esperaba con cierta sonrisa torcida que continuara se volteó y continuó subiendo. "En estos días ha estado padeciendo insomnio."
"Oh." La sonrisa abandonó el rostro del príncipe. "Me han comentado que ya eres Rey."
"Así es."
"Pensé que recibiría noticias de alguno de ustedes." Murmuró, más para sí que por otra cosa, pero Zelgadis lo escuchó.
"Todos pensamos que responderías nuestras cartas... pero estabamos equivocados."
"¿Enviaron cartas?"
"Hai."
"No recibí ninguna. Yo también traté de enviar cartas." Zelgadis había tomado varios libros y comenzaba a bajar. Con cuidado saltó de la escalera y se encaminó hacia su amigo.
"Mis emisarios me confirmaron que las habías recibido personalmente." Fue la respuesta, algo distanciada.
"Nunca recibí emisarios."
"Entonces alguien las recibió por ti." Zelgadis abrió los libros dando por terminada la breve discusión y le hizo señas para que se acercara. "Estos libros contienen datos acerca de los Ryozoku, la raza de los dragones, o lo que alguna vez fue. Pensé que estaba practicamente extintos pero si existe un demonio supongo que sería prudente imaginar que quedan algunos de estos." Una imagen mostraba a un gigantescodragón, la página contraria mostraba una criatura humanoide. "Estos son los rasgos que los identifican cuando tienen su apariencia humana. Su magia es casi tan fuerte como la de los demonios pero son enemigos mortales."
"¿Como perros y gatos?"
"Algo parecido."
"Bien, tengo toda la noche para buscar información que me pueda ser de utilidad. Espero poder ver a la pequeña Amelia en la mañana. Tú no tienes por qué preocuparte por mí."
"Estamos hablando de Filia. Me quedaré contigo."
"Gracias." Le dijo solemnemente. Observó los libros que Zelgdis había bajado hasta que lo escuchó reir por lo bajo. "¿Qué es tan gracioso?"
"Nada, sólo pensaba en la pequeña Amelia." Dijo con una sonrisa y un brillo juguetón en los ojos. A Xellos le bajó una gotita de sudor por la nuca al ver a su amigo.
"Siempre pensé que estaban arrebatados el uno por el otro, pero no pensé que fuera de ese modo." Dijo con algo de inquietud.
"Ah... eso también Xel-kun, eso también." Y resumió su búsqueda en los libros.
*******
"Hermoso." Murmuró la rubia por lo bajo. El animal se agachó y su enorme cabeza estuvo al nivel de Filia. No sentía miedo y sí mucha curiosidad, muchas ganas de acariciar aquel animal que nunca antes había visto y que la maravillaba.
Extendió su mano sin pensarlo, sintiendo las suaves plumas negras que adornaban parte de la piel de la enorme bestia. El dragón sonrió complacido ante la ingenuidad de la muchacha, si nunca antes había visto uno de su propia especie no sería fácil que reclamara su verdadera herencia, pero tampoco podría controlar los instintos propios de un dragón hembra llegado el momento y el sólo pensar en ello lo hizo ampliar su sonrisa.
"Princesa." La rasposa y profunda voz del dragón estremeció a Filia que recordó en esos momentos que aquella bestia, hacía unos pocos minutos, había sido un joven. Retiró las manos de inmediato y retrocedió unos cuantos pasos. "¿Me permite mostrarle el resto de mi reino?" Y sin darle tiempo para protestar la tomó entre sus garras. Filia gritó con todas sus fuerzas al sentir que era elevada del suelo, sus cabellos revueltos con el aire que movían aquellas enormes alas.
*******
Xellos se sobresaltó repentinamente ganándose una mirada curiosa de su acompañante. "¿Sucede algo?" Le preguntó.
"Filia..."
Zelgadis lo observó detenidamente desde que llegara a palacio. Xellos no había cambiado demasiado aunque su rostro mostraba un poco más su edad, así como su cuerpo que ya no era tan esbelto y lineal. Supuso que los demonios debían envejecer también. En esos momentos Xellos parecía estar metido en su propio mundo, viendo o sintiendo algo que sólo él podía.
"Está... muy asustada. Pero está bien." El joven se pasó unas manos por los violáceos cabellos en un gesto desesperado.
"Filia sabe cuidarse." Le dijo con seriedad. Xellos se giró suavemente.
"¿Filia sabe cuidarse? ¡Filia nunca antes había salido del castillo! ¿Qué puede saber una princesa tan mimada y sobreprotegida acerca del mundo fuera de las paredes y murallas del castillo?"
"Verdaderamente nunca recibiste nuestras cartas..."
"Es obvio que no." Gruñó disgustado con el presentimiento de que había algo que desconocía.
"Después que te fuiste y que terminó todo el lío del Ministro y del collar, decidimos que estaríamos preparados para cualquier otra situación. Dado el caso de que somos blancos naturales para ataques políticos o de otra índole." Sonrió levemente y continuó leyendo. Xellos, por primera vez en toda la noche, comenzaba a perder la compostura ante el secretismo de su amigo. "No te preocupes, estoy seguro que mañana en la mañana mi pequeña Amelia te pondrá al tanto de todo lo que ha sucedido durante estos seis años."
Esa era la gota que colmaba el vaso, pensó Xellos, no sólo no iba a contarle nada sino que cada vez que decía *pequeña* Amelia, el estoico rey de Sairentosutoon sonreía extrañamente.
*******
La mañana los encontró aún leyendo en la biblioteca. Xellos no se había detenido en toda la noche, absorbiendo con rapidez sorprendente toda la información que hallaba, no sólo con respecto a los dragones. Zelgadis había sido tan amable de mostrarle los libros que había adquirido acerca de su propia raza, interés que había tomado luego de haberlo visto por primera vez en su forma real.
Una voz algo somnolienta pero no menos melodiosa los interrumpió. Zelgadis sonrió y se levantó mucho antes que la figura apareciera por la puerta. Xellos lo siguió con la mirada pero Zelgadis recibió a la recién llegada fuera de la biblioteca. Debía ser Amelia por la forma en que Zelgadis la saludaba, pero la voz no se escuchaba en nada como la que él recordaba. Trató de esforzarse por ver más allá de la figura de Zelgadis, sin embargo, justo en ese momento ambas figuras ingresaban a la biblioteca.
"¡Xellos-san!" Amelia corrió hacia donde se encontraba Xellos sentado y le dio un gran abrazo. Un leve malestar se dejó sentir en su interior pero nada más y cuando Amelia le permitió respirar volvió a quedarse corto de respiración. Ante sí tenía una hermosa joven, con cuerpo de diosa. El rostro levemente almendrado había perdido las facciones aniñadas. Los enormes ojos azules que indicaban su corta edad cuando la conoció ahora eran levemente alargados y semicerrados dándole una apariencia exótica. Los cabellos, aunque continuaban siendo negros y rebeldes estaban nítidamente cortados, añadiendo más encanto a su belleza. Vestía un traje sencillo y liviano que le llegaba hasta los tobillos y de un azul suave.
Xellos parpadeó inconscientemente mientras veía que Zelgadis tenía un gran gesto de satisfacción en el rostro. Algo más llamó su atención acerca de la joven. Se concentró un poco y la recorrió con sus sentidos. Cerró los ojos momentaneamente mientras Amelia le preguntaba preocupada qué sucedía. Ahh... allí estaba... tucum... tucum... tucum tum. Le indicó a la joven que guardara silencio y se concentró nuevamente.
Tucum... tucum... tucum tum. Un latido extra oculto tras los latidos de Amelia.
"Amelia..."
"¿Xellos-san?"
"Estás embarazada." Un sonido a espalda de ambos les indicó que Zelgadis yacía en el suelo desmayado.
*******
¿Qué les pareció? Dudas, preguntas, comentarios, flamas, críticas constructivas, todo es bienvenido.
Saluditos especiales al hermano de Fi-chan.
Gabe, tu historia va muy bien, esperame que pueda dejar el review (en cuantito sienta que no me desmayo leyendo)
Wolf, se te extraña, espero que estés escribiendo, aunque si no lo estás haciendo no hay problema, sólo espero que estés bien.
Karo, ánimo con tu page y con tus historias, las estamos esperando con ansias. Take care girla!
