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Capítulo 6
Perros y Gatos, Negro y Blanco
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Los personajes de Slayers pertenecen a su creador.
Gracias a... Galatea (no veremos a Lina y Gourry en este cap, pero me parece que sí en el próximo, así que no desesperes), Wolf Greywords (Valgaarv, en este caso Valtiera o Valteira, como le solían llamar antes de convertirse en demonio, es un dragón antiguo, de hecho, el único en existencia en la serie. Qué bueno que pronto vas a actualizar y espero que hayas pasado tus exámenes con buenas calificaciones), Ady (todo tiene su propósito Ady, así que no te aflijas mucho), ALPHA-JACK (sorry por la desilusión, pero tú eres el escritor de lo obscuro, rallando en lo cruel, ejem, sin ofender. No desearía incursionar en un género que no puedo apenas leer, espero me comprendas), Aome (muchísimas thanx), Yoko (gracias por tus críticas constructivas, no recibo tantísimas y me las espero porque ninguno de estos capítulos ha tenido un beta para revisarlos, de ahí algunos errores), Maryttha (es que a la linda de Amelia aún no se le notaba nada, por eso la sorpresa, pero ahora se llevarán una ustedes), Fany Metallium (lo de las cartas... sore wa... ejem... no, ya pronto sabrán lo que sucedió con las cartas), Tira Misu (grashias, grashias), MGA_FGA (gracias por estar al pendiente, se les quiere de gratis), Linita-Gabriev (finalmente el próximo cap.), Zelda M (ojalá pudiera yo compartir tu alegría y decir, no más trabajo por una semana!!!), Peque (vamos a ver si te vas acostumbrando a la línea del fic, así sabrás que hay cosas más importantes que el ADN de cualquier cosa) y Zlas Metallium (gracias por todos los besos de cachalotes, rinocerontes y todo por todo el apoyo!).
Finalmente.... on with the story.
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Cuando finalmente lograron despertar a Zelgadis, este tenía una sonrisa tonta y Xellos pensó que hubiera sido buena idea hablar primero con Amelia.
"Lo siento mucho Amelia, hablé sin pensar." Dijo con una sonrisa mientras trataba de poner a su amigo en pie.
"No te preocupes Xel-kun, se le pasará en unos días. Siempre le pasa igual."
"¿Uh? ¿Siempre?" La joven se echó a reir cándidamente.
"Este será nuestro cuarto bebé." A Xellos le costó algo de trabajo asimilar la información. Después de todo... en seis años habían sucedido varias cosas.
*******
Filia despertó sobre lo que parecía ser un nido o al menos tenía esa apariencia. Era una depresión en la roca llena de almohadones y sábanas. Dicho nido ocupaba gran parte del salón donde se encontraba. Se levantó y trató de quitarse los nudos que sentía en la espalda por la mala posición. El lugar estaba practicamente al aire libre, como una enorme plataforma cubierta apenas por una cúpula de piedra con enormes columnas para sostenerla sobre la base formando unos masivos arcos a modo de entradas por sus cuatro puntos cardinales. Se acercó a uno de los arcos y quedó muda del asombro. En el espacio de cielo sobre el valle y rodeado de montañas volaba un solitario dragón.
Sus hermosas escamas doradas refulgían al sol como el oro bruñido y su aerodinámica silueta se deslizaba graciosamente como un águila. Filia se llevó una mano al pecho, ese era un cuadro que no iba a olvidar fácilmente. La gigantesca bestia cambió el rumbo en dirección a la torre donde se hallaba Filia. Sobrevoló la cúpula, creando una fuerte brisa que alborotó sus cabellos. Filia lo siguió con la mirada, corriendo hasta el otro borde para poder ver lo que haría.
Lo vio girar nuevamente hacia ella, dando una vuelta alrededor de la torre y posándose delicadamente en el borde. Su altura era como la de cinco hombres, no tan gigantesco como Valtiera y sus ojos de un hermoso color azul. Dio unos pasos hacia la joven cuando un brillo intenso lo cubrió, quedando en su lugar un joven. Sus largos cabellos platinados a la cintura y cortados con precisión se revolvieron con el fuerte viento como sedosas cintas. Vestía una armadura liviana de color dorado y llevaba una espada de considerable tamaño ceñida a la espalda. El resto de las ropas era de un material de blanco puro, como el lino.
"Princesa Filia." Dijo al tiempo que hacía una profunda reverencia. "Soy Milliardo, el guardián de la torre. El Rey Valtiera me ha ordenado que le muestre a su Alteza cómo transformarse."
"¿Transformame en qué...?" Recordó entonces las palabras del joven y abrió los ojos desmezuradamente. "¿No te referirás a ese asunto de que soy un dragón, verdad?" Milliardo asintió y sonrió.
"No es tan difícil como parece." Filia no supo cómo reaccionar. El hombre que tenía frente a ella no era en nada parecido al joven Valtiera, a quien comenzaba a tomarle animadversión. Hasta ella misma podía sentir la diferencia en el aire que lo rodeaba, sereno y apacible. Su mirada clara parecía traspasar su cuerpo hasta ver en su alma. "¿Quiere comenzar ahora? Mientras más pronto aprenda más pronto podrá bajar."
"Hai." Le dijo algo nerviosa y Milliardo extendió una mano que Filia tomó con delicadeza.
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Xellos apenas había tenido tiempo para conversar con sus amigos. Primeramente Amelia le había mostrado los pequeños Greywords, uno de cinco años y dos gemelos fraternos de tres. Los tres crios, todos niños, tenían el mismo color de cabello que su madre y la misma cualidad rebelde. Ninguno se pudo estar quieto el tiempo suficiente para que Xellos los pudiera observar con detenimiento pues aparentemente, también habían heredado su hiperactividad.
"Ojalá sea una niña." Suspiró Amelia con ilusión, pasando la mano por su vientre aún plano. Zelgadis la abrazaba con fascinación y con la misma sonrisa tonta. Uno de los gemelos se detuvo al lado de Xellos y lo miró insistentemente.
"Mamá. ¿Por qué tiene el cabello púrpura? ¿Y por qué tiene los ojos así?"
"¿Así cómo?" Amelia salió de su estado de perfecta ilusión.
"Como gato." Amelia le dio una mirada nerviosa al pequeño y justo entonces sus dos hermanos se le unieron para observar al príncipe de Koubuchi.
"¿Es un hombre gato?" Preguntó el mayor.
"No, no soy un hombre gato." Xellos sonrió y miró a la Reina. "¿No hay problema si les digo lo que soy?" Pero fue Zelgadis quien le contestó.
"No lo creo. Niños, ¿recuerdan el cuento del demonio y la princesa?" Los tres pequeños asintieron. "Pues él es el demonio." Les dijo con una sonrisa juguetona.
"¿El valiente demonio que estuvo atrapado por el collar?"
"¿Y que destruyó al monstruo que iba a casarse con la princesa?"
"Waaaooo."
Xellos sintió que el rostro se le ponía de mil colores al escuchar las coloridas exclamaciones de los niños y la mirada que ahora le daban. Se llevó una mano a la nuca y trató de sonrió apenado. Cuando los abrió nuevamente los niños estaban demostrando con gran emoción lo que recordaban del *cuento*. Amelia los miraba y sonreía con ojos tan tiernos como los de Zelgadis. Por unos instantes Xellos los observó también, no con ojos tiernos o con una sonrisa paternal. Los miraba con los ojos del niño que nunca había tenido la oportunidad de jugar con otros, encerrado en un hermoso castillo, rodeado de sirvientes y de su madre adoptiva, pero aún así, solo.
Les echó un vistazo a Zelgadis y Amelia y se preguntó si sus verdaderos padres lo habrían observado alguna vez con esos mismos ojos de amor o habrían compartido esa misma felicidad. No estaba seguro, no había tenido la oportunidad pero algo sí sabía. Zellas lo había mirado con amor maternal, sí había participado de esa felicidad y eso era algo que él valoraba por sobre todas las cosas. ¿Cómo podía entonces separar a esos pequeños de su padre o de su madre? Estaba seguro de que Zelgadis le impediría a la Reina acompañarlos aunque ella quisiera, pero él se ofrecería a ir en busca de Filia.
"¿Xellos-san, te sientes bien?" Preguntó Amelia con algo de preocupación.
"Ahh... Claro que sí Amelia. Sólo estaba pensando en avisarle a mis sirvientes que estaremos en camino dentro de poco tiempo para que se vayan preparando."
"¿Traíste sirvientes? ¿Dónde están?" Preguntó asombrada.
"Acampan en las afueras del palacio." Contestó con rapidez pero sin inmutarse.
"Pero Xellos-san, aquí en palacio había espacio para ellos también." La Reina hizo un puchero de desaprobación.
"No te preocupes Amelia, ellos están bien."
"Entonces avísales que se preparen. Yo prepararé algunas cosas." Le dijo Zelgadis son seriedad.
"Hai." Xellos se levantó y abrazó a la Reina. "Espero que nos volvamos a ver pronto." Le dio una breve mirada a Zelgadis que lo dejó un poco extrañado, pero con su sonrisa de siempre disipó toda duda. El Rey de Sairentosutoon salió para prepararse y Xellos se dirigió a donde se encontraban sus fieles seguidores. Estaba decidido. No le permitiría a Zelgadis afrontar tamaña empresa.
Al salir del castillo le dio una última mirada al lugar, de inmediato fue rodeado por Youki y sus doncellas vestidas como guerreros. "Es hora de partir." Les susurró. Al levantar la vista pudo ver a Amelia en uno de los balcones, sonriéndole y agitando la mano efusivamente. Xellos levantó la mano y contestó el saludo. "Vamos." Murmuró y su figura pasó a ser un reflejo de obscuridad en movimiento. Amelia se tapó la boca asombrada y luego vio cómo los guerreros seguían el mismo ejemplo, perdiéndose de vista entre las sombras de la entrada principal al castillo. Su cuerpo se estremeció levemente.
"¡Zel!"
"¿Qué sucede amor?" Zelgadis estuvo a su lado en un instante al escuchar el agitado llamado.
"Xellos y sus sirvientes... desaparecieron en el aire."
"K´so. Debí imaginar que no aceptaría mi ayuda tan fácilmente."
"¿Crees que pueda salvar a Filia?" Le dijo preocupada.
"Necesita ayuda. Si en verdad está a punto de enfrentarse con dragones va a necesitar toda la ayuda posible." Dejó lo que había comenzado a preparar y garabateó unas notas. Las envolvió en dos hechizos y los envió a gran velocidad. "Espero que la testaruda de Lina pueda controlarse por unos días y darle un poco de ayuda a Xellos."
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Filia se dejó caer frustrada sobre los mullidos cojines mientras el sol comenzaba a descender su glorioso fuego sobre la nebulosa amplitud del valle a los pies de la torre. Con cada color que se descomponía sobre la neblina Filia sentía su frustración desvanecerse. A su lado, en silenciosa compañía estaba Milliardo. Sus ojos de aquel azul frío, casi metálico, observaban a la princesa suspirar.
"¿En qué piensa la Princesa?" Filia no se sobresaltó, la suave voz de Milliardo tenía esa cualidad en ella.
"Pienso... en demasiadas cosas." Susurró sin moverse.
"Piensas en el Príncipe que vendrá a rescatarte?" Filia volteó el rostro levemente para ver a su acompañante.
"¿Príncipe? No necesito esperar por nadie. Tarde o temprano bajaré de esta torre y probablemente sea por mi propio esfuerzo y no por esperar a un Príncipe Azul montando un blanco corcel. Esos son sólo cuentos." Lo vio esbozar la más pequeña de las sonrisas.
"Los cuentos no siempre son fantasías."
"¿Quién podría saberlo? La mayoría son para hacer dormir a las pequeñas y tontas princesas." Musitó con amargura. "Te lo digo por experiencia." Fijó su vista nuevamente en el horizonte y Milliardo se acercó a ella, colocándose en perfecta contraposición de modo que las piernas de Filia señalaban hacia el oeste y las suyas hacia el este. Aún así casi podía tocarla con el hombro. Descansó sus brazos sobre las rodillas flexionadas y sus suaves cabellos se deslizaron al frente. Con un leve gesto los recogió y los dejó caer del lado opuesto de forma tal que si Filia quería, podía ver su rostro por completo.
"Conocí una vez a una princesita." Murmuró de forma audible para Filia. "Muy hermosa. Apenas había abierto sus ojos al mundo y todos la envidiaban." Su voz era como el arrullo de las olas sobre la arena y Filia se relajó.
"¿Qué le sucedió?"
"Los que la envidiaban descubrieron una profecía que no le gustó a nadie y fue decidido que la pequeña princesita debería morir."
"Ese... es un destino cruel." Musitó la joven.
"Pero no todo estaba perdido. La noche antes de que fuera cumplida la terrible sentencia, uno de los fieles servidores de la criatura la arrebató a donde ninguno de los que la envidiaban podían seguirla."
"Entonces fue salvada y vivió feliz para siempre." Concluyó Filia casi con ironía.
"¿Cómo podría saberlo? No la había vuelto a ver desde entonces." Milliardo pegó una de sus rodillas al pecho y descansó sobre ella la barbilla.
Filia agrandó los ojos levemente, la respiración había escapado de su pecho en esos instantes.
"Pienso... que no llegó a ser tan feliz como hubiera deseado. Aunque me gustaría creer que al menos ha conocido el amor." Filia agachó el rostro, una nota triste lo embargaba y sus cristalinas profundidades se opacaron brevemente.
"¿Cómo podría haber conocido el amor? Pensé... una vez..." Sacudió la cabeza y sus dorados cabellos, matizados por el sol de la tarde, resplandecieron en tonos cobrizos. "Pero eso es cosa del pasado."
"¿Pero y tu príncipe?"
"No es un príncipe. Es un demonio. ¿Acaso puede un demonio amar?" Dijo con aquella frialdad que la envolvía a veces.
"Dicen que los dragones son el opuesto de los demonios. Que los dragones son la luz y los demonios la obscuridad. Pero si los dragones son luz y pureza ¿cómo pueden odiar?" Milliardo se dejó ir hacía atrás, apoyándose en las manos. "Yo diría que los dragones y los demonios no son luz y obscuridad."
"¿Entonces qué son?"
"Son dos superficies similares. Una de ellas refleja el espectro completo de la luz y la otra la absorbe sin dejarla escapar."
"El blanco y el negro." Reconoció la princesa de inmediato.
"La diferencia estriba en la forma en que actúan cuando los ilumina la luz. Ambos la reciben y ambos deciden qué hacer con ella." Milliardo levantó el mentón de Filia con delicadeza. "Pero quién podría evitar que fueras como un prisma y no como una aburrida superficie blanca." Le sonrió con suavidad. "Y si un dragón tiene la oportunidad de ser diferente no veo por qué un demonio no pueda tenerla."
Una sonrisa, como hacía tiempo no la recordaba, se posó en los labios de Filia. Mientras tanto el sol terminaba de ocultarse tras el neblinoso horizonte y las antorchas de la torre se encendían al llamado del guardián. "Puedo traerte algo de comer si lo deseas." Le dijo calmadamente mientras se ponía en pie. Filia asintió levemente. Milliardo se dirigió hacia el borde de la torre y cuando aún caminaba se transformó, las brillantes escamas refulgiendo brevemente como una antorcha viviente antes de lanzarse al abismo y extender las alas.
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Una esfera de luz brilló con intensidad ante los ambarinos ojos de una mujer menuda y fiera cabellera antes de desaparecer y dejar un manuscrito en su lugar. La princesa de Herufaia tomó la nota con interés.
"Umhh... ¡¡¿Qué?!! ¿Pero cómo? ¡¡Esto es la guerra!!" Una furiosa centella rojiza salió disparada del lugar donde se encontraba hacia los establos y antes de que nadie pudiera cuestionarle nada espoleó su caballo en la dirección que indicaba la carta.
Una escena similar y diferente sucedía en el Reino de Kuusai, donde un rubio de largos cabellos y ojos azules como el mar leía la misma carta. Un sólo pensamiento pasó por su mente. "Lina." Murmuró y de inmediato salió a preparar su montura.
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Seis sombras se detuvieron a mitad del bosque. Xellos sabía que no podía continuar a ese paso si quería guardar energías para enfrentarse a los dragones. Pero cada vez sentía más cerca a Filia. Youki se había ocupado en encender una fogata y las cinco doncellas, libres de presentarse en su forma real, se echaron cerca del mismo protegidas por sus blancas pieles. En poco tiempo el sastre tuvo sobre el fuego carne de los animales que habían cazado durante la noche en su estadía en el Reino de Sairentosutoon.
Xellos se acercó con lentitud, observando las llamas del fuego crepitar bajo la carne. "¿Príncipe?" El joven levantó la vista hacia el otro demonio, sus ojos claros lo cuestionaban sobre lo que pensaba.
"¿Cómo es posible que exista una raza tan parecida y a la vez tan distinta a la nuestra?" Murmuró. "¿Cómo es posible que dos razas se odien simplemente porque esa es su naturaleza?"
"Piensas que los gatos y los perros se odian porque esa es su naturaleza?" Preguntó a la vez el sastre. "No se odian, simplemente son intolerantes a sus diferencias."
"Es lo mismo." Dijo el joven encogiéndose de hombros. Youki sonrió y negó con la cabeza, levantando el dedo en señal de desaprobación.
"Si un gato nace y se cria con un cachorro, ambos aprenderán a sobrellevar sus diferencias. El mismo gato será tolerante a otros perros, así como el perro será tolerante con otros gatos, porque ha aprendido algo diferente."
"Sería una lástima." Murmuró Xellos con una sonrisa.
"¿Y eso por qué?" Le preguntó curioso.
"El gato podría morir en las fauces de un can intolerante por ser tan confiado." Youki asintió.
"Tienes razón." Volteó la carne sobre el fuego y lo atizó levemente. "Por suerte... nosotros no somos ni gatos ni perros."
"Somos demonios." Dijo con voz inexpresiva.
"Ah, ah... Somos seres astutos que podemos distinguir entre los canes tolerantes y los que no lo son. Tenemos un don." Youki se había llevado la mano al pecho y Xellos comprendió que se refería a la forma en que podían sentir las diferentes emociones emanar de cualquier ser vivo.
"¿Quieres decir que enfrentaremos a los dragones que nos odian solamente?"
"No... Todo lo contrario."
"¿Crees que encontraremos dragones que no nos odien? ¿Más aún, alguno que quiera ayudarnos? Según lo que leí tal parece que es practicamente imposible que no nos hagan pedazos con simplemente olernos a distancia."
"Si creyera en todo lo que dicen los libros literalmente ninguno de nosotros podría ser un demonio. No cumplimos precisamente con todas las características." Xellos asintió. "Si fueramos como nos describen los libros ni siquiera podríamos sentir." Dijo al tiempo que quitaba un pedazo de carne del fuego. "O comer." Le dio una guiñada al joven mientras le hincaba el diente a la carne aún ardiente. "Jjajaja, pero qué digo, si fuera así tu madre no estaría volviéndome loco." Le dio una sonrisa pícara y Xellos palideció.
"¡¡Ohh, ya callate, no quiero escuchar lo que haces con mi madre!" Exclamó Xellos tapándose los oidos.
"Pues deberías prestar atención, así no estarás perdido el día de tu boda con la princesa." Xellos cambió de colores. "La conozco, cielos, casi la crié estando en palacio." Dijo con una gran carcajada que hizo que las lobas levantaran las orejas en su dirección. "Esa chica te va a dar quehacer." Y le ofreció parte de la carne a las lobas y finalmente a Xellos. "Deja de preocuparte tanto por ella, Filia sabe defenderse, ¿cierto chicas?" Las lobas le ofrecieron su versión canina de una sonrisa.
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Espero que la espera haya valido la pena. Esta semana ha sido todo un lio. Mi hermana casi pierde su bebé (apenas tiene cuatro meses y medio), mi amiga, la madre de la gemelita, perdió a su abuelita que es como su madre porque fue quien la crió. Nos enfermamos en la casa, la pasé con algo de fiebre e incluso la fiesta de mi compañía fue en esta semana. Casi no he tenido tiempo para sentarme aquí, pero me he sorprendido día a día de encontrar uno y otro review. Eso me ha alegrado mucho, me ha sacado una sonrisa al leerlos a ustedes. Gracias por ser tolerante conmigo y con lo que escribo. Besos a todos y ya saben, dudas, preguntas, críticas, flamas, todo es bienvenidol. Se cuidan mucho!!
Capítulo 6
Perros y Gatos, Negro y Blanco
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Los personajes de Slayers pertenecen a su creador.
Gracias a... Galatea (no veremos a Lina y Gourry en este cap, pero me parece que sí en el próximo, así que no desesperes), Wolf Greywords (Valgaarv, en este caso Valtiera o Valteira, como le solían llamar antes de convertirse en demonio, es un dragón antiguo, de hecho, el único en existencia en la serie. Qué bueno que pronto vas a actualizar y espero que hayas pasado tus exámenes con buenas calificaciones), Ady (todo tiene su propósito Ady, así que no te aflijas mucho), ALPHA-JACK (sorry por la desilusión, pero tú eres el escritor de lo obscuro, rallando en lo cruel, ejem, sin ofender. No desearía incursionar en un género que no puedo apenas leer, espero me comprendas), Aome (muchísimas thanx), Yoko (gracias por tus críticas constructivas, no recibo tantísimas y me las espero porque ninguno de estos capítulos ha tenido un beta para revisarlos, de ahí algunos errores), Maryttha (es que a la linda de Amelia aún no se le notaba nada, por eso la sorpresa, pero ahora se llevarán una ustedes), Fany Metallium (lo de las cartas... sore wa... ejem... no, ya pronto sabrán lo que sucedió con las cartas), Tira Misu (grashias, grashias), MGA_FGA (gracias por estar al pendiente, se les quiere de gratis), Linita-Gabriev (finalmente el próximo cap.), Zelda M (ojalá pudiera yo compartir tu alegría y decir, no más trabajo por una semana!!!), Peque (vamos a ver si te vas acostumbrando a la línea del fic, así sabrás que hay cosas más importantes que el ADN de cualquier cosa) y Zlas Metallium (gracias por todos los besos de cachalotes, rinocerontes y todo por todo el apoyo!).
Finalmente.... on with the story.
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Cuando finalmente lograron despertar a Zelgadis, este tenía una sonrisa tonta y Xellos pensó que hubiera sido buena idea hablar primero con Amelia.
"Lo siento mucho Amelia, hablé sin pensar." Dijo con una sonrisa mientras trataba de poner a su amigo en pie.
"No te preocupes Xel-kun, se le pasará en unos días. Siempre le pasa igual."
"¿Uh? ¿Siempre?" La joven se echó a reir cándidamente.
"Este será nuestro cuarto bebé." A Xellos le costó algo de trabajo asimilar la información. Después de todo... en seis años habían sucedido varias cosas.
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Filia despertó sobre lo que parecía ser un nido o al menos tenía esa apariencia. Era una depresión en la roca llena de almohadones y sábanas. Dicho nido ocupaba gran parte del salón donde se encontraba. Se levantó y trató de quitarse los nudos que sentía en la espalda por la mala posición. El lugar estaba practicamente al aire libre, como una enorme plataforma cubierta apenas por una cúpula de piedra con enormes columnas para sostenerla sobre la base formando unos masivos arcos a modo de entradas por sus cuatro puntos cardinales. Se acercó a uno de los arcos y quedó muda del asombro. En el espacio de cielo sobre el valle y rodeado de montañas volaba un solitario dragón.
Sus hermosas escamas doradas refulgían al sol como el oro bruñido y su aerodinámica silueta se deslizaba graciosamente como un águila. Filia se llevó una mano al pecho, ese era un cuadro que no iba a olvidar fácilmente. La gigantesca bestia cambió el rumbo en dirección a la torre donde se hallaba Filia. Sobrevoló la cúpula, creando una fuerte brisa que alborotó sus cabellos. Filia lo siguió con la mirada, corriendo hasta el otro borde para poder ver lo que haría.
Lo vio girar nuevamente hacia ella, dando una vuelta alrededor de la torre y posándose delicadamente en el borde. Su altura era como la de cinco hombres, no tan gigantesco como Valtiera y sus ojos de un hermoso color azul. Dio unos pasos hacia la joven cuando un brillo intenso lo cubrió, quedando en su lugar un joven. Sus largos cabellos platinados a la cintura y cortados con precisión se revolvieron con el fuerte viento como sedosas cintas. Vestía una armadura liviana de color dorado y llevaba una espada de considerable tamaño ceñida a la espalda. El resto de las ropas era de un material de blanco puro, como el lino.
"Princesa Filia." Dijo al tiempo que hacía una profunda reverencia. "Soy Milliardo, el guardián de la torre. El Rey Valtiera me ha ordenado que le muestre a su Alteza cómo transformarse."
"¿Transformame en qué...?" Recordó entonces las palabras del joven y abrió los ojos desmezuradamente. "¿No te referirás a ese asunto de que soy un dragón, verdad?" Milliardo asintió y sonrió.
"No es tan difícil como parece." Filia no supo cómo reaccionar. El hombre que tenía frente a ella no era en nada parecido al joven Valtiera, a quien comenzaba a tomarle animadversión. Hasta ella misma podía sentir la diferencia en el aire que lo rodeaba, sereno y apacible. Su mirada clara parecía traspasar su cuerpo hasta ver en su alma. "¿Quiere comenzar ahora? Mientras más pronto aprenda más pronto podrá bajar."
"Hai." Le dijo algo nerviosa y Milliardo extendió una mano que Filia tomó con delicadeza.
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Xellos apenas había tenido tiempo para conversar con sus amigos. Primeramente Amelia le había mostrado los pequeños Greywords, uno de cinco años y dos gemelos fraternos de tres. Los tres crios, todos niños, tenían el mismo color de cabello que su madre y la misma cualidad rebelde. Ninguno se pudo estar quieto el tiempo suficiente para que Xellos los pudiera observar con detenimiento pues aparentemente, también habían heredado su hiperactividad.
"Ojalá sea una niña." Suspiró Amelia con ilusión, pasando la mano por su vientre aún plano. Zelgadis la abrazaba con fascinación y con la misma sonrisa tonta. Uno de los gemelos se detuvo al lado de Xellos y lo miró insistentemente.
"Mamá. ¿Por qué tiene el cabello púrpura? ¿Y por qué tiene los ojos así?"
"¿Así cómo?" Amelia salió de su estado de perfecta ilusión.
"Como gato." Amelia le dio una mirada nerviosa al pequeño y justo entonces sus dos hermanos se le unieron para observar al príncipe de Koubuchi.
"¿Es un hombre gato?" Preguntó el mayor.
"No, no soy un hombre gato." Xellos sonrió y miró a la Reina. "¿No hay problema si les digo lo que soy?" Pero fue Zelgadis quien le contestó.
"No lo creo. Niños, ¿recuerdan el cuento del demonio y la princesa?" Los tres pequeños asintieron. "Pues él es el demonio." Les dijo con una sonrisa juguetona.
"¿El valiente demonio que estuvo atrapado por el collar?"
"¿Y que destruyó al monstruo que iba a casarse con la princesa?"
"Waaaooo."
Xellos sintió que el rostro se le ponía de mil colores al escuchar las coloridas exclamaciones de los niños y la mirada que ahora le daban. Se llevó una mano a la nuca y trató de sonrió apenado. Cuando los abrió nuevamente los niños estaban demostrando con gran emoción lo que recordaban del *cuento*. Amelia los miraba y sonreía con ojos tan tiernos como los de Zelgadis. Por unos instantes Xellos los observó también, no con ojos tiernos o con una sonrisa paternal. Los miraba con los ojos del niño que nunca había tenido la oportunidad de jugar con otros, encerrado en un hermoso castillo, rodeado de sirvientes y de su madre adoptiva, pero aún así, solo.
Les echó un vistazo a Zelgadis y Amelia y se preguntó si sus verdaderos padres lo habrían observado alguna vez con esos mismos ojos de amor o habrían compartido esa misma felicidad. No estaba seguro, no había tenido la oportunidad pero algo sí sabía. Zellas lo había mirado con amor maternal, sí había participado de esa felicidad y eso era algo que él valoraba por sobre todas las cosas. ¿Cómo podía entonces separar a esos pequeños de su padre o de su madre? Estaba seguro de que Zelgadis le impediría a la Reina acompañarlos aunque ella quisiera, pero él se ofrecería a ir en busca de Filia.
"¿Xellos-san, te sientes bien?" Preguntó Amelia con algo de preocupación.
"Ahh... Claro que sí Amelia. Sólo estaba pensando en avisarle a mis sirvientes que estaremos en camino dentro de poco tiempo para que se vayan preparando."
"¿Traíste sirvientes? ¿Dónde están?" Preguntó asombrada.
"Acampan en las afueras del palacio." Contestó con rapidez pero sin inmutarse.
"Pero Xellos-san, aquí en palacio había espacio para ellos también." La Reina hizo un puchero de desaprobación.
"No te preocupes Amelia, ellos están bien."
"Entonces avísales que se preparen. Yo prepararé algunas cosas." Le dijo Zelgadis son seriedad.
"Hai." Xellos se levantó y abrazó a la Reina. "Espero que nos volvamos a ver pronto." Le dio una breve mirada a Zelgadis que lo dejó un poco extrañado, pero con su sonrisa de siempre disipó toda duda. El Rey de Sairentosutoon salió para prepararse y Xellos se dirigió a donde se encontraban sus fieles seguidores. Estaba decidido. No le permitiría a Zelgadis afrontar tamaña empresa.
Al salir del castillo le dio una última mirada al lugar, de inmediato fue rodeado por Youki y sus doncellas vestidas como guerreros. "Es hora de partir." Les susurró. Al levantar la vista pudo ver a Amelia en uno de los balcones, sonriéndole y agitando la mano efusivamente. Xellos levantó la mano y contestó el saludo. "Vamos." Murmuró y su figura pasó a ser un reflejo de obscuridad en movimiento. Amelia se tapó la boca asombrada y luego vio cómo los guerreros seguían el mismo ejemplo, perdiéndose de vista entre las sombras de la entrada principal al castillo. Su cuerpo se estremeció levemente.
"¡Zel!"
"¿Qué sucede amor?" Zelgadis estuvo a su lado en un instante al escuchar el agitado llamado.
"Xellos y sus sirvientes... desaparecieron en el aire."
"K´so. Debí imaginar que no aceptaría mi ayuda tan fácilmente."
"¿Crees que pueda salvar a Filia?" Le dijo preocupada.
"Necesita ayuda. Si en verdad está a punto de enfrentarse con dragones va a necesitar toda la ayuda posible." Dejó lo que había comenzado a preparar y garabateó unas notas. Las envolvió en dos hechizos y los envió a gran velocidad. "Espero que la testaruda de Lina pueda controlarse por unos días y darle un poco de ayuda a Xellos."
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Filia se dejó caer frustrada sobre los mullidos cojines mientras el sol comenzaba a descender su glorioso fuego sobre la nebulosa amplitud del valle a los pies de la torre. Con cada color que se descomponía sobre la neblina Filia sentía su frustración desvanecerse. A su lado, en silenciosa compañía estaba Milliardo. Sus ojos de aquel azul frío, casi metálico, observaban a la princesa suspirar.
"¿En qué piensa la Princesa?" Filia no se sobresaltó, la suave voz de Milliardo tenía esa cualidad en ella.
"Pienso... en demasiadas cosas." Susurró sin moverse.
"Piensas en el Príncipe que vendrá a rescatarte?" Filia volteó el rostro levemente para ver a su acompañante.
"¿Príncipe? No necesito esperar por nadie. Tarde o temprano bajaré de esta torre y probablemente sea por mi propio esfuerzo y no por esperar a un Príncipe Azul montando un blanco corcel. Esos son sólo cuentos." Lo vio esbozar la más pequeña de las sonrisas.
"Los cuentos no siempre son fantasías."
"¿Quién podría saberlo? La mayoría son para hacer dormir a las pequeñas y tontas princesas." Musitó con amargura. "Te lo digo por experiencia." Fijó su vista nuevamente en el horizonte y Milliardo se acercó a ella, colocándose en perfecta contraposición de modo que las piernas de Filia señalaban hacia el oeste y las suyas hacia el este. Aún así casi podía tocarla con el hombro. Descansó sus brazos sobre las rodillas flexionadas y sus suaves cabellos se deslizaron al frente. Con un leve gesto los recogió y los dejó caer del lado opuesto de forma tal que si Filia quería, podía ver su rostro por completo.
"Conocí una vez a una princesita." Murmuró de forma audible para Filia. "Muy hermosa. Apenas había abierto sus ojos al mundo y todos la envidiaban." Su voz era como el arrullo de las olas sobre la arena y Filia se relajó.
"¿Qué le sucedió?"
"Los que la envidiaban descubrieron una profecía que no le gustó a nadie y fue decidido que la pequeña princesita debería morir."
"Ese... es un destino cruel." Musitó la joven.
"Pero no todo estaba perdido. La noche antes de que fuera cumplida la terrible sentencia, uno de los fieles servidores de la criatura la arrebató a donde ninguno de los que la envidiaban podían seguirla."
"Entonces fue salvada y vivió feliz para siempre." Concluyó Filia casi con ironía.
"¿Cómo podría saberlo? No la había vuelto a ver desde entonces." Milliardo pegó una de sus rodillas al pecho y descansó sobre ella la barbilla.
Filia agrandó los ojos levemente, la respiración había escapado de su pecho en esos instantes.
"Pienso... que no llegó a ser tan feliz como hubiera deseado. Aunque me gustaría creer que al menos ha conocido el amor." Filia agachó el rostro, una nota triste lo embargaba y sus cristalinas profundidades se opacaron brevemente.
"¿Cómo podría haber conocido el amor? Pensé... una vez..." Sacudió la cabeza y sus dorados cabellos, matizados por el sol de la tarde, resplandecieron en tonos cobrizos. "Pero eso es cosa del pasado."
"¿Pero y tu príncipe?"
"No es un príncipe. Es un demonio. ¿Acaso puede un demonio amar?" Dijo con aquella frialdad que la envolvía a veces.
"Dicen que los dragones son el opuesto de los demonios. Que los dragones son la luz y los demonios la obscuridad. Pero si los dragones son luz y pureza ¿cómo pueden odiar?" Milliardo se dejó ir hacía atrás, apoyándose en las manos. "Yo diría que los dragones y los demonios no son luz y obscuridad."
"¿Entonces qué son?"
"Son dos superficies similares. Una de ellas refleja el espectro completo de la luz y la otra la absorbe sin dejarla escapar."
"El blanco y el negro." Reconoció la princesa de inmediato.
"La diferencia estriba en la forma en que actúan cuando los ilumina la luz. Ambos la reciben y ambos deciden qué hacer con ella." Milliardo levantó el mentón de Filia con delicadeza. "Pero quién podría evitar que fueras como un prisma y no como una aburrida superficie blanca." Le sonrió con suavidad. "Y si un dragón tiene la oportunidad de ser diferente no veo por qué un demonio no pueda tenerla."
Una sonrisa, como hacía tiempo no la recordaba, se posó en los labios de Filia. Mientras tanto el sol terminaba de ocultarse tras el neblinoso horizonte y las antorchas de la torre se encendían al llamado del guardián. "Puedo traerte algo de comer si lo deseas." Le dijo calmadamente mientras se ponía en pie. Filia asintió levemente. Milliardo se dirigió hacia el borde de la torre y cuando aún caminaba se transformó, las brillantes escamas refulgiendo brevemente como una antorcha viviente antes de lanzarse al abismo y extender las alas.
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Una esfera de luz brilló con intensidad ante los ambarinos ojos de una mujer menuda y fiera cabellera antes de desaparecer y dejar un manuscrito en su lugar. La princesa de Herufaia tomó la nota con interés.
"Umhh... ¡¡¿Qué?!! ¿Pero cómo? ¡¡Esto es la guerra!!" Una furiosa centella rojiza salió disparada del lugar donde se encontraba hacia los establos y antes de que nadie pudiera cuestionarle nada espoleó su caballo en la dirección que indicaba la carta.
Una escena similar y diferente sucedía en el Reino de Kuusai, donde un rubio de largos cabellos y ojos azules como el mar leía la misma carta. Un sólo pensamiento pasó por su mente. "Lina." Murmuró y de inmediato salió a preparar su montura.
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Seis sombras se detuvieron a mitad del bosque. Xellos sabía que no podía continuar a ese paso si quería guardar energías para enfrentarse a los dragones. Pero cada vez sentía más cerca a Filia. Youki se había ocupado en encender una fogata y las cinco doncellas, libres de presentarse en su forma real, se echaron cerca del mismo protegidas por sus blancas pieles. En poco tiempo el sastre tuvo sobre el fuego carne de los animales que habían cazado durante la noche en su estadía en el Reino de Sairentosutoon.
Xellos se acercó con lentitud, observando las llamas del fuego crepitar bajo la carne. "¿Príncipe?" El joven levantó la vista hacia el otro demonio, sus ojos claros lo cuestionaban sobre lo que pensaba.
"¿Cómo es posible que exista una raza tan parecida y a la vez tan distinta a la nuestra?" Murmuró. "¿Cómo es posible que dos razas se odien simplemente porque esa es su naturaleza?"
"Piensas que los gatos y los perros se odian porque esa es su naturaleza?" Preguntó a la vez el sastre. "No se odian, simplemente son intolerantes a sus diferencias."
"Es lo mismo." Dijo el joven encogiéndose de hombros. Youki sonrió y negó con la cabeza, levantando el dedo en señal de desaprobación.
"Si un gato nace y se cria con un cachorro, ambos aprenderán a sobrellevar sus diferencias. El mismo gato será tolerante a otros perros, así como el perro será tolerante con otros gatos, porque ha aprendido algo diferente."
"Sería una lástima." Murmuró Xellos con una sonrisa.
"¿Y eso por qué?" Le preguntó curioso.
"El gato podría morir en las fauces de un can intolerante por ser tan confiado." Youki asintió.
"Tienes razón." Volteó la carne sobre el fuego y lo atizó levemente. "Por suerte... nosotros no somos ni gatos ni perros."
"Somos demonios." Dijo con voz inexpresiva.
"Ah, ah... Somos seres astutos que podemos distinguir entre los canes tolerantes y los que no lo son. Tenemos un don." Youki se había llevado la mano al pecho y Xellos comprendió que se refería a la forma en que podían sentir las diferentes emociones emanar de cualquier ser vivo.
"¿Quieres decir que enfrentaremos a los dragones que nos odian solamente?"
"No... Todo lo contrario."
"¿Crees que encontraremos dragones que no nos odien? ¿Más aún, alguno que quiera ayudarnos? Según lo que leí tal parece que es practicamente imposible que no nos hagan pedazos con simplemente olernos a distancia."
"Si creyera en todo lo que dicen los libros literalmente ninguno de nosotros podría ser un demonio. No cumplimos precisamente con todas las características." Xellos asintió. "Si fueramos como nos describen los libros ni siquiera podríamos sentir." Dijo al tiempo que quitaba un pedazo de carne del fuego. "O comer." Le dio una guiñada al joven mientras le hincaba el diente a la carne aún ardiente. "Jjajaja, pero qué digo, si fuera así tu madre no estaría volviéndome loco." Le dio una sonrisa pícara y Xellos palideció.
"¡¡Ohh, ya callate, no quiero escuchar lo que haces con mi madre!" Exclamó Xellos tapándose los oidos.
"Pues deberías prestar atención, así no estarás perdido el día de tu boda con la princesa." Xellos cambió de colores. "La conozco, cielos, casi la crié estando en palacio." Dijo con una gran carcajada que hizo que las lobas levantaran las orejas en su dirección. "Esa chica te va a dar quehacer." Y le ofreció parte de la carne a las lobas y finalmente a Xellos. "Deja de preocuparte tanto por ella, Filia sabe defenderse, ¿cierto chicas?" Las lobas le ofrecieron su versión canina de una sonrisa.
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Espero que la espera haya valido la pena. Esta semana ha sido todo un lio. Mi hermana casi pierde su bebé (apenas tiene cuatro meses y medio), mi amiga, la madre de la gemelita, perdió a su abuelita que es como su madre porque fue quien la crió. Nos enfermamos en la casa, la pasé con algo de fiebre e incluso la fiesta de mi compañía fue en esta semana. Casi no he tenido tiempo para sentarme aquí, pero me he sorprendido día a día de encontrar uno y otro review. Eso me ha alegrado mucho, me ha sacado una sonrisa al leerlos a ustedes. Gracias por ser tolerante conmigo y con lo que escribo. Besos a todos y ya saben, dudas, preguntas, críticas, flamas, todo es bienvenidol. Se cuidan mucho!!
