Capítulo III

Snape entró al salón de aritmancia, con una mano en su cabeza que aún le dolía después del golpe a pesar que la señora Pomfrey, le había curado la herida. El no quería dar gusto a James y quejarse pero la profesora McGonagal lo vio allí tirado y no lo dejó ir sin antes pasar por la enfermería.

La profesora aún no había llegado y Snape tomó un asiento junto a la ventana. En este salón había más gente, alrededor de unas 20 personas aunque la mayoría eran de Ravenclaw (7), de Hufflepuff había 4, al igual que de Gryffindor y de Slytherin había otras cinco personas aparte de él pero no sentía ganas de hablarles, algunas veces le perecían unos idiotas que querían creerse muy malos pero que al final terminaban escondiéndose detrás de la falda de mamá.

La profesora Trust, entró en ese momento en le salón y les pidió a los alumnos que hicieran silencio, comenzó con un amable saludo de bienvenida y comenzó a explicar los temas que verían en el curso avanzado y las nuevas condiciones.

Severus no le prestaba atención, miraba por la ventana a un par de lechuzas que se alejaban del castillo y por un momento quiso ser una de ellas, sería genial llevar la vida de una lechuza, tu única preocupación sería llevar las cartas que te mande tu dueño y esperar que este te de una buena alimentación que de todas maneras te podías proporcionar tu mismo, en cualquier lugar puedes encontrar ratones y cosas asquerosas para comer, en todo caso tenías el privilegio de volar, podías despegar del suelo y alzarte en un majestuoso vuelo sin fronteras, hacia la libertad, sin necesidad de estúpidas escobas o encantamientos, simplemente por ti mismo sin la ayuda de nadie, eso era realmente lo que él quería. No podía entender como se decía que el hombre era el ser más privilegiado de la naturaleza, de que valía la inteligencia, los sentimientos, eso solo servía para atormentarse, a qué se podía llamar privilegio si no se tenía un simple par de alas, si había que obedecer y seguir los mandatos, las órdenes, no había derecho a escoger a ser uno mismo, todo era falso, las alianzas, todo, se hacía por conveniencia y no por convicción. Se puso a pensar en su vida, llevaba seis años en Hogwarts, pero ningún amigo, es cierto que pertenecía a un grupo, del cual el líder anterior había sido Lucius Malfoy, pero él no era un amigo, era un superior, el que daba las órdenes, luego estaba Harvey Nott, con quien hablaba de vez en cuando pero el era sólo otro estúpido lamezuelas que estaba con él por conveniencia, sabía que si le decía que no quería más, que quería ser libre saldría corriendo y se lo diría a sus padres, se haría con otro líder para no disgustar a su amo, luego estaban sus padres, en realidad a ellos no los podía considerar familia, desde que tenía uso de razón le estaban dando órdenes, preparándolo, pero no recordaba un abrazo o un beso, sólo bofetadas y golpes cuando las cosas salían mal, pero ni una mirada de orgullo cuando salían bien pues así tenía que ser. Luego estaban sus compañeros de curso esos idiotas que le tenían miedo, y se decían ser serpientes, actuaban por la espalda, como verdaderos animales rastreros, esperando a ser pisoteados por alguien más fuerte, esperando unirse por conveniencia al que tuviera más poder para absorber todo ese poder y luego desecharlo al no tener más fuentes. No podía creer que su única amiga fuera su lechuza Galatea, él sabía que no estaba a su lado sólo por comida y abrigo, ya habían pasado varias pruebas juntos y sabía que podía confiar en ella, por eso quería ser como su lechuza...

- Señor Snape, esta es la décima vez que lo llamo, son cinco puntos menos para Slytherin por su falta de atención y haga el favor de contestar la pregunta que le estoy haciendo – dijo la profesora Trust con voz de impaciencia.


Era ya sábado, la primera semana había pasado de una manera vertiginosa, tal vez era por ese extraño sentimiento que lo invadía de vez en cuando y lo hacía pasar horas meditando, no tenía con quien discutirlo, su lechuza Galatea lo escuchaba pero no podía darle un consejo, por momentos soñaba que era un gran búho, que alzaba el vuelo y escapaba lejos, a otro lugar, pero luego despertaba y se daba cuenta que estaba en su cama atrapado, que no había manera posible de escapar.

"De cuando acá me vengo yo con sentimentalismos y cursilerías" pensó observando como su lechuza devoraba una enorme rata gris, "Siempre el poder estará por delante de lo que podamos sentir, el poder lo único a lo que los sangre limpia podemos aspirar y la única forma de procurarme el poder es procurándome un amo poderoso" se dijo con energía, pero sus palabras no le sonaban convincentes, eran más una copia de lo que solía decir su padre, quería creer lo que se decía pero en su interior algo le hacía dudar, no sabía que era esa molesta sensación, pero había empezado a tenerla cuando su padre le anunció al finalizar el cuarto año que tras la salida de Lucius del colegio, él sería el nuevo jefe.

"Mi vida siempre ha sido desgraciada" se dijo de manera brusca y resentida "Yo no puedo huir de mi casa como hizo Black, no tengo nadie que me reciba ni se preocupe por mí aparte de mis padres o mi futuro amo", continuó con una horrible rabia que le venía del corazón y le hacía sentir unas inmensas ganas de llorar "Sé que no lo hacen sinceramente, solo porque les conviene tener más aliados, pero ya no puedo luchar más contra esto, este ha sido siempre mi destino y lo sé, también sé que mi única amiga es Galatea y que me acompañará hasta el final" luego miró su cara en un espejo, a veces se daba asco por no ser valiente, por no luchar, pero no quería morir estúpidamente, por una causa que desde el inicio sabía perdida. "Yo no tengo amigos como los de Black y nunca voy a tenerlos, nadie me recibirá con las manos abiertas en su casa, tampoco nunca he tenido sentimientos y no he de tenerlos ahora, mi único interés es alcanzar el poder y la gloria, uniéndome a mi amo y buscando quien se una a él. De hoy en adelante comenzaré con el gobierno del grupo de esta escuela y demostraré que buen capataz puedo ser".

Severus ignoró ese sentimiento que se presentaba de nuevo y se dedicó a dirigir una mirada de superioridad alrededor, se quedó mirando como su lechuza devoraba los últimos huesos del ratón y decidió bajar a almorzar.