Capítulo IV
Nott lo había arreglado todo, había contactado a todos los miembros del grupo y les había indicado la fecha y la hora de la reunión, también había informado oportunamente a Snape, el cual estaba decidido a seguir con su destino.
- Bien – dijo Snape cuando los vio a todos reunidos – como bien saben desde que Lucius Malfoy salió del colegio no hemos tenido ninguna reunión, eso se debía a algunos asuntos que me impedían tomar el completo control de la situación, pero el día de hoy hago esta reunión para informarles que ya estoy a cargo, que espero que en ningún momento hayan pensado que el grupo se disolvería, y que este año entrenaremos mucho más duro y que nuestra presencia se notará más porque nuestro objetivo principal es llegar a ser los mortífagos de más confianza del Señor Tenebroso. – Nott dibujó una débil sonrisa mientras oía a Snape hablar.
- Deben dar por sentado que no acepto a ningún inútil en este grupo – continuó Snape con su característica voz baja pero segura que hace que todos le presten atención – por lo que espero que solamente los mejores estén aquí, si hay algún cobarde que quiera abandonar que lo haga ahora porque después de este día sólo podrán salir de aquí muertos – en ese momento Snape calló y se escucharon algunos murmullos de temor pero nadie se atrevió a abandonar el salón, Snape volvió a hablar porque volvía a sentir aquel pequeño temor de antes, el cual era más fácil de ignorar cuando ponía toda su energía en dirigir al grupo.
- En estos momentos es muy importante que consigamos nuevos seguidores, pero debemos tener cuidado al escoger, no cualquiera puede pertenecer a este grupo, no a cualquiera se le pueden revelar los profundos secretos de las artes oscuras, por lo cual primero deben comentarme cuáles son sus candidatos antes de ir a hablar con ellos, y como segundo este año entrenaremos más fuertemente sobre todo en cuanto a pociones, puesto que la mayoría de los maleficios los saben muy bien – dijo Snape a todos los presentes – si no tienen preguntas creo que eso es todo y por medio del Nott les haré saber la fecha y la hora de la nueva reunión.
Ninguno se atrevió a preguntar nada, antes les había parecido que Lucius era muy estricto pero al ver la forma de hablar de Severus, realmente estaban dudando cuál de ellos era peor, salieron hablando bajo por los pasillos y Severus se quedó en el aula con Nott, quien aguardaba sus órdenes.
- Si lo deseas puedes enviar una lechuza tranquilizando a tus padres, Harvey – dijo Severus y continuó con un dejo de ironía – también puedes aprovechar para decirles que no soy ningún cobarde y que he tomado el control del grupo.
- Severus, yo...
- No me interesa lo que hagas Harvey, solamente que me obedezcas lo que te mando – y salió del salón dejando a su "amigo" perplejo.
- Bonita lechuza – dijo Anabel observando a Galatea que se encontraba observando atenta el pergamino que estaba escribiendo Severus – yo por mi parte tengo un gato
- No me interesa lo que tengas y quiero saber por qué me molestas – dijo Severus levantando sus oscuros ojos hacia Anabel
- Sólo quería preguntarle a su majestad que día tendrá tiempo para realizar la tarea de pociones – dijo Anabel con más frialdad ante la extraña acogida
- No sabía que necesitabas ayuda para hacer una simple tarea, si no puedes con eso la haré yo solo – dijo Severus con displicencia.
- Yo no necesito la ayuda de nadie para hacer nada – respondió con voz furiosa Anabel, en ese momento sus ojos estaban completamente grises y demostraban una especie de odio y frialdad – ni tampoco me interesa que tu realices la tarea, simplemente es un trabajo en grupo y como tal se debe hacer, pero si no te interesa le diré a McAffey que yo presento mis trabajos sola y tu te podrás hacer con alguno de esos adorables leoncitos. – y se alejó hacia una de las mesas del extremo opuesto de donde tomó un libro que comenzó a consultar.
Severus se levantó del sitio donde estaba trabajando y tomó a Galatea con su mano, en realidad no le apetecía trabajar con ningún Gryffindor y la amenaza de Anabel parecía cierta, así que decidió acercarse a hablarle con el tono más suave pero sin disminuir su frialdad.
- Haremos el trabajo mañana después del almuerzo, en la biblioteca – dijo Severus como quien da una orden que debe ser cumplida de inmediato – y a propósito en ese libro no encontrarás nada sobre las maldiciones oscuras, sería infantil creer eso, debes pedir un libro que se llama Ocultismo y uso práctico pero está en la sección prohibida. – y se alejó acariciando a su lechuza sin importarle si esa idiota lo había escuchado o no.
Anabel siguió con su libro abierto pero no lo consultaba, quién se creía que era ese Snape que acaso tenía el poder de mandarla como quisiera?, se creía muy malo porque se la pasaba antes con Lucius Malfoy y una cantidad de malacarosos de otros años, haciendo quien sabe que estupideces, pero de todas maneras la había ayudado con esas estúpidas maldiciones que llevaba buscando un buen tiempo, esta vez lo perdonaba solo por eso pero la próxima las cosas no serían tan simples.
- No te impacientes Galatea – dijo Severus cuando su lechuza le dio un picotazo en la oreja – ya sé que quieres que te deje ir pero tienes que esperar a que termine esta carta para mis padres, bien sabes que mandaron decir en la carta de los padres de Nott que les informara de la situación y de los planes que tengo para el grupo.
- ¿Ahora hablas con tu lechuza Snape? – preguntó en tono burlón un muchacho de pelo amarillo, casi blanco y ojos verdes brillantes
- ¿Por qué no te vas a la mierda, Fessenden?, creo que allá estas mejor y por lo menos te ocupas de tus asuntos – dijo Severus que ya tenía bastante con tener que escribir a sus padres.
- ¿Ahora te crees muy malito, eh Sev? – dijo August Fessenden que se había puesto rojo por la respuesta de su compañero de cuarto – recuerda que ya no tienes a Malfoy para que te proteja y no creo que esa lechuza que tienes por única amiga se atreva a enfrentarse a una varita mágica.
- Yo no necesito que nadie me proteja y no me llames Sev, grandísimo animal – dijo Severus dejando su pluma y levantándose de su silla.
- Yo te llamo como a mí se me dé la gana, me importa un bledo si te enfureces o no de todas maneras nadie va a apoyarte, eres un pobre imbécil, un anormal que ni siquiera tiene amigos, un pobre...
¡PUM!
En el lugar en el cual antes estaba parado Fessenden se veía un gran bulto que se retorcía por el suelo y que mostraba unas enormes pústulas que sangraban, además que no se podía distinguir cada una de las partes del cuerpo, los testigos sabían que era Fessenden porque antes estaba allí parado pero los que acababan de bajar por el ruido no acababan de entender que era esa forma extraña que se retorcía.
Severus estaba al frente de la masa con la varita en alto, pálido y en actitud de ataque, iba a mandar un nuevo maleficio a la forma pero un grito lo detuvo.
- Quédate quieto Snape – dijo una joven de cabello amarillo rizado que llevaba en dos trenzas y gafas de marco negro – ya le has hecho bastante daño.
Severus iba a hacer caso omiso de la advertencia de la chica (que por cierto era premio anual) pero al ver el estado deplorable en que había quedado su compañero decidió retroceder.
- Necesito alguien que me ayude a llevarlo a la enfermería – dijo la joven con tono de urgencia – y tu Snape vienes conmigo a donde McAffey, te tengo que reportar.
Severus hizo una sonrisa de desdén, en realidad no le importaba que lo reportaran pero de todas maneras agregó – Yo de ustedes no lo tocaba si no quieren terminar como él – y su sonrisa se hizo más grande al observar que los que se habían acercado a ayudar ahora se alejaban espantados – lo mejor que pueden hacer es que lo lleve alguien que sepa correctamente hacer el hechizo levitador.
Una chica de quinto año se ofreció a llevarlo y el resto de los alumnos se quedaron pasmados mirando a Severus que parecía no importarle o incluso disfrutar las caras de pánico de todos.
- Vamos, sígueme Snape – dijo la joven de las trenzas saliendo de la sala común de Slytherin.
Severus siguió a la chica en silencio, en realidad le importaba poco su castigo pero debía ser un poco más cuidadoso, había utilizado una maldición muy fuerte con el pobre chico y si se ponía a pensar con cabeza fría en realidad se había enfadado por una pequeñez.
"De todas maneras es mejor así" dijo Severus para sí mientras se dirigían por un oscuro corredor. "Así no lo quieran aprenderán a respetarme o... a temerme" continuó con una sonrisa macabra "Ya pudieron notar que no necesito a nadie que me proteja" pensó triunfante y se asombró de ver que hace un rato se encontraban hablando McAffey y Tenderson (la joven rubia de las trenzas).
- Ya veo... – dijo McAffey cuando hubo terminado de escuchar el relato de Tenderson.
- ¿Tiene algo que decir en su defensa señor Snape?
- Nada profesor – dijo este en tono desafiante
- Bien entonces debido a lo observado... – en ese momento una lechuza marrón que entró por la chimenea dejó caer un sobre directamente sobre el escritorio del profesor, este lo abrió y lo leyó, hizo una mueca de desagrado y retomó la palabra.
- Bueno, señor Snape parece que no se podrá librar tan fácil de esto como yo pensaba, al parecer el estado en que se encuentra el señor Fessenden es muy delicado y el profesor Dumbledore desea verlo en su oficina. – dijo McAffey con cara de disgusto – Señorita Tenderson, gracias y ya puede regresar a su sala común, señor Snape acompáñeme por favor.
Severus siguió a McAffey hacia los pisos superiores y siguieron hasta llegar a una horrible gárgola de piedra "varitas de regaliz" dijo el profesor y la gárgola cobró vida dándoles paso hacia una escalera, que luego los llevó hacia un piso superior.
- Me place que llegaran tan pronto – dijo Dumbledore invitando a McAffey y a Severus a seguir a su despacho. Allí había muchas cosas novedosas y extrañas, además de los retratos de los otros directores que parecían dormir pero que sospechosamente abrían sus ojos de vez en cuando esperando no ser vistos, Severus también pudo ver un hermoso fénix que dormía plácidamente sobre una percha.
- Muy bien desearía escuchar como ha sucedido todo – dijo Dumbledore luego de ofrecerles asiento y sentarse él mismo detrás de su escritorio.
El profesor McAffey comenzó a hablar y relató a Dumbledore lo que Tenderson le había dicho. Severus escuchó atentamente esta vez y notó que al parecer nadie sabía la causa de la pelea, Eso no era de extrañarse puesto que él generalmente se sentaba lo más alejado que podía de la gente y su única compañía era Galatea. En realidad el relato comenzaba desde la parte en la cual Severus atacaba a Fessenden
El profesor Dumbledore escuchó atentamente la historia de McAffey y una vez terminado el relato se dirigió a Severus.
- Señor Snape yo desearía saber si así fue como sucedió todo – dijo Dumbledore sin asomo de enfado o irritación.
- Sí, señor director - Pero aún no me han dicho por qué comenzó la pelea – dijo Dumbledore mirando fijamente a Severus, el cual se estremeció un poco. – o por lo menos quién la comenzó.
Severus no respondió y dirigió su mirada al fénix, el cual seguía con su plácida siesta.
- Veamos – dijo Dumbledore con la mirada fija en Severus – ¿el señor Fessenden se acercó a usted? ó usted a él.
- Él se acercó a mí – dijo Snape sin ganas de perecer inocente, en realidad tenía una actitud mas bien desafiante que no le convenía mucho en ese momento.
- ¿Y que estaba haciendo usted cuando él se acercó?
- Estaba escribiendo una carta
- Ya veo – dijo Dumbledore retirando su mirada de la mirada ilegible de Snape – usted no comenzó la pelea señor Snape, pero eso no es una disculpa, no debió haberse dejado provocar, además que su hechizo ha causado mucho daño. De todas maneras usted recibirá un castigo y el señor Fessenden también lo hará cuando se recupere.
En ese momento Dumbledore tomó un legajo de hojas y comenzó a mirarlo, luego se dirigió a Snape.
- Usted deberá ayudar al señor Filch con la limpieza de los salones del segundo piso durante una semana, sin magia. Y por cierto son 20 puntos menos para Slytherin por cada uno de ustedes. – dijo Dumbledore. – muy bien creo que eso es todo señor Snape ya se puede retirar, profesor McAffey por favor quédese un momento que necesito hablar con usted.
Severus salió de la oficina de Dumbledore y se dirigió hacia las mazmorras, en realidad el castigo era lo de menos, lo extraño era que no le hubiera preguntado nada del hechizo que había utilizado sobre Fessenden, aunque en su interior algo le decía que él ya había reconocido que clase de hechizo se trataba. De todas maneras eso no importaba ya, lo único era que tenía hacer era no utilizar hechizos tan fuertes sobre los otros "por lo menos no se trataba de una maldición imperdonable" pensó con sarcasmo. El problema era que Dumbledore se había quedado a hablar con McAffey, algo le decía que discutirían sobre la maldición que había utilizado y algo también le decía que era posible que McAffey lo tuviera bajo estricta observación de ahora en adelante. "Bueno ya sabremos como manejarlo, de todas maneras al viejo no es que le agrade mucho Dumbledore".
- Slytherin gran heredero de la serpiente – la pared se abrió y dio paso a la sala común de Slytherin, allí todavía había algunos conmocionados con lo que acababa de pasar pero la mayoría estaba reunida en un gran grupo comentando lo sucedido.
- Pero... ¿si vieron como lo dejó? – preguntó una niña de primer año
- Sí, nunca había visto una maldición así – comentó otro de séptimo - Es cierto, no las vemos ni los avanzados – dijo una alumna también de séptimo año
- No me agradaría nada ser su compañero de cuarto – dijo uno de cuarto que estaba muy pálido.
- En realidad es espeluznante, es... – lo que era Severus no lo supo, el niño de segundo que hablaba se había quedado pasmado al encontrarse directamente con él, una terrible palidez subió a su rostro y parecía que fuera a desmayarse. En ese momento el gran grupo central se disolvió y todos los que antes estaban hablando salieron corriendo hacia sus habitaciones.
Severus sonrió para sus adentros, en realidad le gustaba ver el efecto que esa maldición había causado sobre el resto, se dirigió hacia el lugar en el cual había estado sentado para recoger sus cosas y a Galatea que se había quedado cuidándolas. De repente tuvo la sensación de ser observado fijamente por alguien, cuando levantó la vista pudo ver a Spencer Murray que le observaba fijamente y con interés desde la escalera y que no desvió la vista cuando Severus se quedó mirándolo de manera amenazadora.
"Ese chico parece tener lo que se necesita para integrar el grupo" pensó Severus y se dirigió a su cuarto llevando todas sus cosas y pasando por el lado de Spencer quien lo seguía con la mirada.
Al entrar se dio cuenta que todos sus compañeros habían cerrado las cortinas de sus respectivas camas, pero al escuchar más atentamente el sonido de sus respiraciones y sus ronquidos notó que en realidad no se encontraban ni siquiera adormilados, decidió no molestarlos por esa noche, así que se dirigió directamente a su cama y luego de acariciar el suave plumaje de Galatea deseándole buenas noches, se acostó a dormir.
