Capítulo VIII
Era el primer día de las vacaciones de Navidad, ahora el colegio estaba mucho más vacío y se podía caminar. Incluso el ánimo de Severus mejoró al notar que todos los que sexto año de Gryffindor habían ido a pasar las vacaciones en sus respectivas casas, era un alivio no tener que ver las caras de Potty, Black y su pandilla por algún tiempo. Pero su felicidad se vio frustrada en parte al ver a Thompson sentada en la mesa de Slytherin tomando tranquilamente el desayuno, aún le dolía la bofetada que ella le había dado, su orgullo se había visto herido seriamente en esa ocasión además que a causa de eso muchos alumnos comenzaron a perderle el miedo y ya varias veces había escapado de milagro de varios grupos que querían tomar represalias aunque la última vez terminó dos días en la enfermería con un tentáculo en vez de brazo.Severus se sentó en la mesa y como de costumbre sirvió un plato de cereal a su lechuza Galatea quien comenzó a comer con gran ánimo.
- Buenos días Severus – dijo Nott sentándose al lado derecho de este y comiendo una tostada. Severus sabía que Nott se quedaba en Hogwarts para vigilarlo. Los padres de Harvey no le permitían a este que se despegara de Severus, siempre les mandaba informes de lo que hacían y de todos los planes que llevaban a cabo, eso era desesperante pero de todas maneras parecía que los señores Snape también estaban de acuerdo así como el Señor Oscuro por lo que ni modos de quejarse.
- Hola Harvey – dijo Severus como somnoliento – ¿Tú sabes que está haciendo esa idiota aquí? – continuó señalando con la cabeza a Thompson que en ese momento tomaba chocolate.
- Según escuché sus padres tienen que trabajar durante las vacaciones así que tiene que quedarse aquí.
- ¿Y se queda sola? – preguntó extrañado Severus al notar que no había ninguno de sus habituales amigos cerca.
- Sí, Banks sigue mal por tu ataque y sus padres decidieron llevarlo a San Mungo para una revisión completa ya que tiene una audición para el equipo de Quidditch de Inglaterra y no puede perder esa oportunidad, Grindelawd nunca pasa las vacaciones en Hogwarts y el resto creo que querían descansar – dijo Nott mientras contaba con los dedos.
- Sería muy triste que Banks no pudiera jugar al Quidditch – dijo Severus con ironía
- Ya sé que no te gusta ni Banks ni el Quidditch pero créeme que sus padres están desesperados por que sea aceptado ya que su fortuna se ha disminuido mucho estos años por haber decidido permanecer neutrales – dijo Nott comiendo una tostada.
- Eso les pasa por no saber lo que les conviene – dijo Severus dando por terminada la conversación y terminando de tomar su chocolate.
El día había amanecido frío y nublado por lo que los pocos (muy pocos en realidad) estudiantes que pasarían las vacaciones en Hogwarts se vieron obligados a pasar el día en el interior del castillo.
Severus dio una vuelta por algunos pasadizos del tercer piso, cerca de las mazmorras el frío era más intenso pero no había nada interesante y por esa razón decidió ir a su sala común. Allí el ambiente era agradable, el fuego era acogedor y se veía la sombra de las llamas de la chimenea danzar sobre la roca desnuda. Severus se sentó en un sillón cerca al fuego y comenzó a leer un libro que parecía muy viejo, mientras Galatea jugueteaba con las motas de su saco de lana.
De Slytherin solo se había quedado un niño de primer año que tenía cara de tonto, una niña de cuarto que era muy grande y parecía un gorila y un alumno de tercero que extrañamente tenía el pelo azul, aparte de Thompson, Nott y él. Pero ninguno de ellos estaba en la sala común, Nott le había dicho algo de hacer una broma a los de Hufflepuff, pero ante la negativa de Severus se fue con el niño del pelo azul (Vicius Valentine). De todas maneras Severus prefería estar solo así podría leer con tranquilidad y la compañía de Galatea le era más que suficiente.
El libro estaba muy interesante y Severus no habría notado que ya era la hora del almuerzo de no ser por Galatea que comenzó a ulular furiosamente indicando que tenía hambre.
- Ya, no te impacientes Galatea – dijo Severus cerrando el libro y levantándose de la silla con dificultad debido a que la lechuza comenzaba a tirarle la bufanda – ya vamos a comer, no molestes tanto.
Severus abrió la pared y se dirigió por el pasadizo hacia el gran comedor, al subir las escaleras podía sentir el delicioso olor que despedía la comida y que terminó por abrirle el apetito, en la entrada del Hall se encontró con unos niños de segundo año de Hufflepuff que al verlo salieron corriendo horrorizados. También pudo notar que debido a las pocas personas que se encontraban en Hogwarts en esos momentos habían desaparecido las mesas de las casas y solo había una mesa grande en el centro. El profesor Dumbledore se encontraba en una esquina de la mesa y varios alumnos estaban sentados almorzando. Nott estaba hablando con Valentine y al ver a Severus le hizo una seña con la mano para que se acercara a comer con ellos.
- No vas a creer esto – dijo Nott sonriente a Severus quien se había sentado a su lado – fue de lo mejor.
- ¿La broma a los de Hufflepuff? – preguntó Severus con indiferencia
- Sí, fue genial – dijo Nott ignorando el tono de Severus – esos tontos tendrán pesadillas hasta séptimo año ¿No es verdad Vicius?
- Nunca había escuchado tantos gritos en mi vida – dijo Vicius tímidamente, mirando a Severus que estaba concentrado haciendo que su lechuza comiera una papa gratinada
- ¡Ah! Es cierto. No los había presentado – dijo Nott golpeando su cabeza con una mano – mira Severus este es Vicius Valentine, va en tercer año de Slytherin – y luego se dirigió a Vicius – este es Severus Snape va en sexto año y es un monstruo para las pociones, si no se la sabe es porque simplemente no existe.
Severus sonrió en sus adentros ante la burda presentación de Nott y dirigió una mirada a Vicius y un escueto "Buenos días". Vicius desarrugó el ceño y respondió al saludo de Severus.
- Volviendo a la broma – dijo Nott después de observar satisfecho el saludo – Vicius y yo nos pusimos unas asquerosas pústulas falsas, además usamos una poción que al contacto con la piel parece sangre y fuimos a donde los de Hufflepuff diciendo que era contagioso y era el producto de una maldición que tú nos lanzaste, luego los perseguimos como por dos pisos diciendo que los íbamos a tocar para que ellos sufrieran lo que nosotros estábamos sufriendo.
- Así que por eso cuando esos de segundo año me vieron salieron corriendo – dijo Severus quien sorprendentemente tenía una especie de sonrisa en su cara.
- ¿En serio salieron corriendo? – Se atrevió a preguntar Vicius emocionado por el resultado de su broma.
- Sí, aunque es que esos idiotas de segundo se creen todo – dijo Severus mientras Galatea comía otra papa gratinada.
Las vacaciones en realidad no estaban muy divertidas que digamos, el clima era muy malo lo que lo obligaba a pasar todo el tiempo en el castillo. En la primera semana Severus ya había terminado todos los deberes que los profesores les habían dejado, no encontraba nada interesante que hacer y había optado por hacer las tareas, para su sorpresa, las terminó con rapidez. Algunas veces se sentaba en la sala común para ver jugar a Nott y Vicius Snap explosivo. En realidad a él no le gustaba ese juego pero le divertía ver a sus compañeros con las cejas quemadas.
Un día Severus se encontraba sentado leyendo por décima vez un libro de pociones en un asiento cercano al fuego, cuando una gran lechuza gris comenzó a golpear la ventana con su pico. Severus abrió la ventana y la lechuza entró junto con una ráfaga de aire frío que helaba hasta los huesos. Severus cerró la ventana rápidamente y tomó la carta que estaba atada en la pata de la lechuza que se acercó al fuego para descongelarse las alas. La carta era de sus padres, en ella le informaban que el Señor Oscuro necesitaba de algunas pociones, entre ellas Veritaserum y una Poción Multijugos, Severus arrugó el ceño, hacer esas pociones no sería fácil debido a que por ser época de vacaciones, los estudiantes no tenían acceso al salón de pociones ni a materiales; además que le tocaría preparar esas pociones sólo porque los integrantes del grupo estaban en sus casas y Nott que era el único que quedaba siempre se las arreglaba para hacer estallar los calderos. De todas manera tenía que empezar a preparar esas pociones pronto porque si no lo hacía en esa semana tocaría esperar otro mes para tenerlas listas y eso en realidad no le agradaría mucho a sus padres ni al Señor Oscuro.
Aún era temprano así que lo mejor era esperar hasta la noche para comenzar con la preparación de las pociones, tenía que ver qué materiales le hacían falta, además de decidir en que lugar realizaría la poción, ya que utilizar el salón de pociones era muy arriesgado porque estaba muy cerca del despacho de McAffey y podría ser descubierto. Luego de pensarlo un rato decidió que el mejor lugar era el salón que utilizaban para las reuniones del grupo, de todas maneras allí habían calderos y varios materiales por lo que no sería mucho lo que tenía que llevar.
Subió a su habitación y abrió el baúl, escribió en un pergamino la lista de los materiales que allí tenía y salió con el pergamino enrollado, dejó la sala común de Slytherin y se dirigió por el pasadizo hacia el lado oeste del castillo, comenzó a subir las escaleras y llegó hasta el cuarto piso de la torre, se paró enfrente de un enorme tapiz que colgaba desde el techo, miró a ambos lados y sacó su varita dando tres golpes con ella sobre una pequeña copa bordada, el tapiz desapareció y en su lugar apareció una puerta que Severus abrió para entrar a un pequeño salón (no cabrían más de 15 personas) que tenía techo de madera y en medio del cual se encontraban dos grandes mesones muy limpios y brillantes. Al lado izquierdo había un armario negro que ocupaba casi la mitad de la pared. Severus se dirigió hacia el armario y lo abrió, en la parte superior estaban los negros calderos de diferentes tamaños y en los estantes más bajos había una gran cantidad de recipientes de cristal que estaban rotulados y que anteriormente el mismo Severus se había encargado de ordenar de acuerdo con los usos de cada uno. Sacó nuevamente su pluma y pergamino y comenzó a anotar los materiales que tenía, la mayoría de los frascos estaban vacíos porque como le habían suspendido las visitas a Hogsmeade no tenía donde abastecerse y no confiaba en Nott para conseguir los materiales pues no sabía distinguir entre una raíz de mandrágora y unas hojas de menta.
Afortunadamente no eran muchos los materiales que faltaban por lo que luego hizo una lista de los que debía robar del despacho de McAffey ya que obviamente ninguno se encontraría en el armario de los estudiantes. El problema era que si McAffey deseaba hacer alguna poción en vacaciones se daría cuenta de los materiales que faltaban y debido a los pocos alumnos que había en Hogwarts daría muy rápido con el culpable, ya que era obvio que los cuatro de Hufflepuff no se atreverían a tomar nada de su despacho, de Slytherin se podían descartar los de los años inferiores y Nott quedaba descartado porque era un completo desastre para pociones, solo quedarían la de cuarto, Thompson y él con lo que prácticamente ya lo habría atrapado.
Pero de todas maneras era necesario empezar esa misma noche con las pociones o no habría nada que hacer por lo que decidió tomar solo los ingredientes más urgentes y para el resto escribiría una carta a sus padres. Así que salió con mucha cautela del salón y bajó rápidamente las escaleras, la torre oeste estaba desierta incluso durante el tiempo de estudios porque allí no se daba ninguna clase por lo cual estaba prohibido estar allí.
- Galatea necesito pedirte un favor – dijo Severus a su lechuza que estaba en la percha del lado de su cama. Y levantó la vista al verlo entrar. – Necesito que lleves esta carta a mis padres – continuó, mostrando un pergamino enrollado.
Galatea ululó molesta pero extendió una pata para que Severus amarrara la carta. – Ya sé que es molesto Galatea – la cara de Severus expresaba tristeza – yo no quiero alejarme de ti pero esto es urgente porque si no lo llevas puedo recibir un castigo – y acarició la cabeza de su lechuza que le dio un picotazo amistoso y partió por la ventana que Severus le acababa de abrir.
Severus no estaba acostumbrado a separarse de Galatea. Se quedó mirando la ventana por un rato hasta que nuevamente comenzó a hacer mucho frío por lo que tuvo que cerrarla, así que tomó un libro que estaba sobre su mesita de noche y se acostó bocabajo en la cama y comenzó a leer.
- Pensé que estabas dormido y pensé venir a despertarte – dijo Nott entrando en la habitación y viendo que Severus estaba ensimismado en el libro.
- Luego que es lo que quieres – dijo Severus levantando la cabeza y mirando a Nott con ojos fríos.
- Pues venía a decirte que ya es hora de la cena y como no bajaste a almorzar supongo que tendrás hambre – Nott dirigió una mirada alrededor - ¿Dónde está el saco de plumas? – preguntó al no ver a Galatea en su percha.
- Está entregando un mensaje y no la llames así o el que terminará como un saco de plumas será otro – dijo Severus con voz de amenaza y cerrando su libro agregó – bajemos mejor a comer, no sabía que fuera tan tarde y tengo que hacer.....
- ¿Tienes que hacer?, pero si estamos en vacaciones.
- Pues no es tu asunto pero te lo diré, mis padres me enviaron esta mañana una carta diciendo que las pociones que les mandamos la última vez ya se acabaron y que necesitan más, por lo que tengo que comenzar a prepararlas desde esta noche – dijo Severus en voz baja mientras subían las escaleras que los llevaban al gran comedor.
- Mmm... me ofrecería a ayudarte pero ya sabes que las pociones no son mi fuerte – Nott esbozó una sonrisa de culpabilidad – no quisiera arruinar de nuevo alguna poción. En realidad parece que esas cosas me odiaran con solo estar cerca ya no sirven.
- Eso ya lo sé – dijo Severus tomando asiento – por eso no te dije nada.
La cena pasó rápido, Severus estaba aburrido, extrañaba a Galatea y Nott había comenzado a hablar con Valentine para planear alguna nueva maldad a los de Hufflepuff, Dumbledore hablaba animadamente con los profesores y los de Hufflepuff intentaban todo contacto con los que estaban al otro lado de la mesa y se habían sentado inusualmente cerca de los profesores.
Una vez los hubieron enviado a sus salas comunes Severus subió a su habitación como si fuera a dormirse, todos los que se habían quedado de Slytherin seguían abajo, ahora solo faltaba esperar la señal de Nott; Severus le había advertido que esperara a que todos se fueran a dormir y que diera tres golpes en la puerta una vez estuviera el camino libre.
Para hacer la espera menos tediosa, Severus continuó con la lectura del libro que estaba sobre su cama pero no podía concentrarse y cada rato levantaba la vista para ver la hora en el extraño reloj que estaba sobre su mesita de noche. Parecía un mapa del cielo, en el que no había manecillas o números pero sí un montón de estrellas y planetas que se movían pomo mostrando lo que se vería al seguir la rotación de la tierra.
Ya era pasada la media noche cuando Severus escuchó los tres suaves golpes en su puerta, se levantó de inmediato y vio a Nott esperando su salida.
- Ya todos están en sus camas – dijo Nott muy somnoliento.
- ¿Hace cuanto subió el último? – preguntó Severus frunciendo el ceño
- L... la, la verdad no lo sé, me quedé dormido en un sillón y cuando me desperté no había nadie – Nott se había puesto muy rojo y miraba a Severus como si lo fuera a regañar.
- Está bien, nos arriesgaremos – dijo Severus con un suspiro de enfado – ahora vete a dormir que no puedes ni sostenerte en pié. Mientras Nott entraba en su habitación, Severus salía silenciosamente de la sala común y comenzaba a caminar por los desiertos y oscuros pasillos en dirección al aula de pociones. Intentó abrir la puerta pero estaba cerrada con llave.
- Alohomora – dijo apuntando con su varita a la cerradura. Se oyó un suave click y se abrió la puerta. Severus entró con cautela y se dirigió hacia otra puerta que se encontraba al fondo del aula, esta vez no intentó abrir la puerta sino que dijo de inmediato – Alohomora.
Nuevamente la puerta se abrió y Severus entró en la habitación, era el salón donde McAffey guardaba los ingredientes de pociones para su uso personal. – Lumos – de la punta de la varita de Severus salió una pequeña luz y éste acercó un butaco y se subió para comenzar a buscar en los estantes más altos. Algunos recipientes no tenían etiquetas o estas eran ilegibles aunque Severus los reconocía con facilidad. Abrió dos frascos que sacó de su túnica y allí vertió el contenido de dos frascos de los estantes vaciándolos hasta la mitad, hizo lo mismo con otro frasco aunque este lo dejó completamente vacío, buscaba una sustancia que no encontraba y vio otro estante al otro lado de la sala por lo que bajó del butaco y se dirigió hacia ese lugar, en ese momento su varita cayó al suelo con un leve ruido, que de todas maneras hizo que Severus se quedara petrificado por un rato. Al parecer nadie había escuchado por lo que Severus subió nuevamente al butaco y comenzó a buscar la sustancia que necesitaba, aquí había más frascos y sus etiquetas eran completamente ilegibles por lo que tenía que destapar los que no eran transparentes para saber lo que contenían. En un frasco café encontró unas ramas parecidas a los tentáculos de un pulpo y en su cara se dibujó una sonrisa de triunfo, las había encontrado. Sacó de su túnica un frasco oscuro y allí metió la mitad de las hojas del otro frasco y lo volvió a poner en el estante.
- ¿Qué estas haciendo aquí? – Severus se sobresaltó al escuchar la voz que provenía de la puerta y cayó del butaco sobre un montón de frascos de metal vacíos que hicieron un estrépito tan grande como para despertar a todo el castillo.
- ¡ Imbécil nos van a descubrir! – dijo la misma voz de la puerta mientras alguien agarraba a Severus por el brazo y lo arrastraba fuera de la sala del profesor y del salón de pociones. En ese momento se escucharon unos rápidos pasos que se acercaban por la escalera de la izquierda y el inconfundible grito de guerra del conserje.
- ¡PEEVES! ¡Ésta vez si te atraparé canalla!
Severus se levantó con dificultad y ahora a era él quien arrastraba a su acompañante hacia el lado opuesto de se acercaba la voz del conserje, el pasadizo era muy oscuro y no se podía ver nada, Severus caminaba muy despacio llevando a su acompañante del brazo intentando hacer el menor ruido posible, pero en ese momento se escuchó de nuevo la voz de Filch que daba alarma y a la cual seguramente acudirían todos los profesores.
- ¡ Han entrado al aula de pociones! ¡Alguien ha entrado en el aula de pociones y ha hecho un desastre! – estaban perdidos, la voz del conserje parecía amplificarse mágicamente y se escuchaba nuevos pasos por las escaleras aledañas. En ese momento Severus escuchó de nuevo la voz que lo había asustado y no lo pensó dos veces para seguir su consejo.
- ¡CORRE!
Severus y su acompañante corrían a toda velocidad por el pasadizo, el sonido de sus pisadas era apagado por los gritos de Filch y las voces de los profesores que se acercaban al lugar. Llegaron a una escalera y comenzaron a subir sin detenerse, luego voltearon a la izquierda por un pasillo y siguieron corriendo, en ese piso había muchas estatuas, no sabían bien donde se encontraban. De repente el camino se terminó y sólo había una pared sólida al lado de la cual estaba la estatua de un centauro, no había nada que hacer y lo peor era que parecía que Peeves se acercaba pues se le escuchaba tirando cosas por el camino. Severus se recostó sobre la estatua del centauro buscando una salida y para su sorpresa la estatua se movió y dio paso a un pequeño hueco en la pared.
- Por aquí – dijo Severus a su acompañante entrando en el hueco, a una habitación muy pequeñita. El hueco se cerró detrás de ellos dejándolos en la completa oscuridad por lo que Severus dijo:
- Lumos – la luz le permitió ver lo reducido de la habitación y el rostro de su acompañante.
- ¡Thompson! – exclamó Severus al ver el rostro ceñudo de Anabel - ¿Por qué me asustaste de esa manera? - preguntó Severus enfadado
- ¿Asustarte? – dijo Anabel con furia e intentando correrse para atrás porque estaba muy cerca de Severus pero la sólida pared de roca le impidió alejarse – Yo simplemente salí a pasear y cuando regresaba a la sala común vi abierta la puerta del salón de pociones y decidí ver lo que pasaba, tienes suerte que haya sido yo quien te descubrió. ¿ahora sí me vas a decir lo que hacías allí?
- Eso no es asunto tuyo – dijo Severus secamente dijo Severus intentando moverse hacía atrás también pero siendo frenado por la pared.
- Entonces voy a delatarte – exclamó Anabel enfadada.
- Y tendrás que explicar lo que hacías fuera de la sala común a esta hora – dijo Severus con una sonrisa de triunfo
Anabel iba a abrir la boca para replicar pero Severus tenía razón, ahora los dos eran cómplices a pesar de que ella no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
- Esto parece un calabozo – continuó ella mirando alrededor – es muy pequeño, apenas me puedo mover.
- Pero es mejor que estar afuera intentando huir – dijo Severus mirando las paredes y el techo de piedra – de todas maneras no sé de que te quejas si yo soy el que está más apretado intentando darte espacio.
- Tu estás más apretado simplemente porque estas más gordo – dijo Anabel a Severus.
- ¡Qué!, eres simplemente un ser repugnante – escupió Severus enfadado
- ¡Ja! No puedo creer que te preocupes por tu estética – dijo Anabel aguantando una carcajada – de todas maneras no creo que te sea de mucha ayuda.
Severus y Anabel siguieron peleando de esa manera durante un rato, al parecer era la única forma en que podían olvidar sus nervios por que los estuvieran buscando. Pero luego de un rato se dieron cuenta que podían estar haciendo mucho ruido y decidieron callarse.
- ¿Será que ya dejaron de buscarnos? – dijo Severus después de lo que le pareció una eternidad.
- No sé ¿Por qué lo preguntas?
- Es que ya estoy cansado de sostener la varita encendida.
- No te preocupes entonces yo enciendo la mía – dijo Anabel encendiendo su varita mientras Severus apagaba la suya. Nuevamente esperaron durante lo que les pareció una eternidad y Anabel sacó de su bolsillo un extraño reloj y lo miró - ya van a ser las dos de la mañana – dijo guardando el reloj nuevamente.
- Creo que ya podemos salir – dijo Severus – cuando yo salí de la sala común acababa de dar la media noche y como me dirigí directamente al salón de pociones creo que no eran más de las doce y media cuando de te ocurrió la magnífica idea de asustarme.
- Pues a ti no se te debió ocurrir la magnífica idea de meterte a robar en los salones – dijo Anabel enfadada mientras buscaba una puerta - Aquí no hay una puerta ¿Cómo vamos a salir?
- No lo sé – dijo Severus – tal vez si hago lo mismo que hice para entrar funcione – Severus se recostó con fuerza contra la pared pero nada sucedió, intentó golpearla, o empujarla con el pie y nada sucedió.
- Utiliza tu varita – dijo Anabel. Severus golpeó la pared con su varita y nada sucedió, dijo el hechizo de Alohomora y tampoco pasó nada, parecía que nada iba a funcionar.
- Vamos puerta, ¡Por favor ábrete! – dijo Anabel después de ver que nada de lo que hacía Severus funcionaba y para su sorpresa comenzó a abrirse un hueco en la pared, que luego de unos segundos tenía el tamaño perfecto para dejarlos salir.
- Solo había que pedirle el favor, eso es fantástico – dijo Severus poniendo los ojos en blanco mientras caminaban hacia la sala común.
- No te quejes - dijo Anabel - por lo menos pudimos salir de allí.
Parecía que los profesores se habían dado por vencidos, no había nadie vigilando los pasillos, por lo que llegaron a la sala común sin ninguna novedad. Cada uno se dirigió a su cuarto pero unos minutos más tarde Severus estaba nuevamente en la sala común y se acercaba a la salida.
- ¿Crees que soy tonta? ¿Adónde vas? – dijo Anabel sobresaltando de nuevo a Severus quien volteó a mirarla con el ceño fruncido. Ella estaba recostada contra la pared de la chimenea con los brazos cruzados.
- ¿Siempre eres así de entrometida? – dijo Severus con disgusto – ya te dije que no era tu problema.
- ¿Vas a volver a la oficina de McAffey? ¿No te parece que es suficiente por hoy? – insistió Anabel comenzando a enojarse.
- Pues para tu información no voy a la oficina de McAffey y lo que yo haga o deje de hacer no es problema tuyo – dijo Severus volviéndole la espalda y abriendo el hueco de la pared.
- Entonces haz lo que se te dé la gana – dijo Anabel dándose la vuelta también y dirigiéndose hacia los dormitorios de las chicas.
Severus salió de la sala común y esperó sigilosamente en un pasillo para ver si Anabel lo había seguido, pero no se escuchaba ni el zumbido de una mosca por lo que Severus siguió su camino aunque algunas veces volteaba a mirar o tomaba un camino más largo para despistar a cualquiera que quisiera seguirlo.
Ya eran las tres de la mañana cuando llegó al cuarto piso de la torre oeste y dio tres golpes con la varita en la copa bordada del tapiz. Había perdido mucho tiempo y era necesario comenzar a preparar las pociones, por lo menos las que más se demoraban o necesitaban de condiciones especiales para llevarse a cabo.
- Hombre te ves muy cansado – dijo Nott a Severus que acababa de entrar al gran comedor y se sentaba en la mesa.
- Es que sólo dormí dos horas – dijo Severus reprimiendo un gran bostezo. Mientras Dumbledore se ponía de píe.
- Anoche ha ocurrido un suceso lamentable – dijo el director mirando a los pocos alumnos – alguien ha entrado en el salón de pociones y ha tomado algunos materiales del salón. Me gustaría saber si alguno de ustedes tiene alguna idea de quien pudo ser.
Los pocos estudiantes que había se miraron extrañados unos a otros. Nott abrió mucho los ojos y Severus tuvo que patearlo por debajo de la mesa para que se calmara mientras miraba de reojo a Anabel que al parecer seguía desayunando tranquila aunque Severus pudo notar que le temblaba un poco la mano al llevarse la cuchara a la boca.
- En vista de que nadie sabe nada nos veremos en la penosa obligación de requisar sus baúles y habitaciones – dijo Dumbledore suspirando – por lo cual deberán esperar a que termine el desayuno para subir a sus salas comunes con el jefe de su casa y otro profesor los cuales serán los encargados de realizar la requisa.
- ¿Tomaron muchas cosas del salón de pociones? - preguntó la niña de cuarto año de Slytherin en voz alta
- Eso no lo sabemos señorita Bundy – respondió el profesor Dumbledore – desafortunadamente apenas ayer había llegado el nuevo suministro de materiales y no pudimos hacer el inventario de lo que había, pero encontramos un recipiente vacío lo que nos indica que se pudieron haber llevado más cosas. Pero no hablemos más de cosas desagradables y por favor disfruten del desayuno.
Severus respiró más libremente, si no sabían que era lo que faltaba no sabrían que era lo que él estaba haciendo, de todas maneras le preocupó un poco ver que Nott estaba temblando a su lado y que Anabel se quedó mirándolo fijamente un momento y parpadeaba más de lo normal.
El desayuno terminó rápidamente y los alumnos de Slytherin siguieron al profesor McAffey y a la profesora McGonagall a la sala común, como los únicos alumnos que había en el castillo eran de Slytherin y de Hufflepuff, Dumbledore ordenó a la profesora McGonagall acompañar al profesor McAffey en la requisa.
- Por favor esperen aquí – dijo el profesor McAffey una vez los alumnos entraron en la sala común – los llamaremos uno por uno para realizar la requisa.
McAffey llamó al niño de primer año y subió junto con él y la profesora McGonagall a la habitación. El resto de los estudiantes se quedó en la sala común y se sentó a esperar. Nott estaba muy nervioso e intentaba hablar con Severus pero éste simplemente le respondía con monosílabos e incluso le tuvo que decir que se calmara.
- Estas frito, Snape – le dijo muy bajo Anabel que se le había acercado por la espalda
- ¿Es que acaso vas a delatarme, Thompson? – preguntó Severus en el mismo tono – Tendrías que dar muchas explicaciones
- No creo que haya necesidad, cuando requisen tu habitación encontrarán lo que robaste de la oficina de McAffey y serás expulsado – dijo Anabel con una sonrisa despectiva
- ¿Estas completamente segura? – dijo Severus con una sonrisa desdeñosa que hizo dudar a Anabel mientras que Vicius Valentine era llamado para la requisa.
- ¿Estas bien Severus? – preguntó Nott que se había acercado intrigado por saber la razón por la cual Anabel y Severus hablaba
- Por supuesto que estoy bien – dijo Severus con un gesto desdeñoso - ¿es que acaso me veo enfermo?
- No... lo... lo que pasa...
- Entonces déjame en paz ¿No ves que estoy ocupado hablando con Thompson? – cortó Severus con el entrecejo fruncido
Nott se alejó y en ese momento Anastasia Bundy era llamada por la profesora McGonagall para la requisa, en este caso se dirigieron a la puerta de las alumnas de cuarto año pero el profesor McAffey no entró sino que se quedó esperando afuera. Severus los siguió con la mirada pero Anabel lo distrajo de sus pensamientos.
- ¿Ahora si te dio miedo Severus? – los ojos de Anabel estaban ahora completamente grises y lo miró con ironía.
- Eso es lo que tú crees – dijo Severus de nuevo con su sonrisa desdeñosa – no soy menos inocente de lo que tú eres.
- Eso lo veremos – dijo Anabel mientras se dirigía hacia la profesora McGonagall quien acababa de llamarla para la requisa.
Severus dirigió de nuevo la vista hacia la ventana, afortunadamente todo lo que podía meterlo en problemas estaba en el salón del cuarto piso, incluso los libros que había utilizado para hacer las tareas con Anabel estaban allí, pues varias de las recetas que necesitaba estaban en esos libros.
Luego de unos minutos salió Anabel acompañada por la profesora McGonagall, lanzó una mirada de triunfo a Severus y se sentó en una silla cerca al fuego mientras que Severus seguía al profesor McAffey que acababa de llamarlo.
La profesora McGonagall se quedó en la puerta y McAffey entró junto con Severus a la habitación. El profesor de pociones abrió el baúl de Severus y sacó todo lo que allí había, luego lentamente comenzó a meter las cosas nuevamente pero después de revisarlas con cuidado, luego abrió los cajones de la mesita de noche, revisó dentro de la jaula de Galatea, el colchón de la cama, las cobijas, las cortinas, las camas de los compañeros de Severus que estaban de vacaciones así como sus cobijas y sus colchones y sus mesitas de noche, luego con su varita envió varios hechizos reveladores pero nada sucedió.
- Está bien Severus – dijo McAffey con satisfacción – hemos terminado la requisa, puedes salir.
Severus siguió a los profesores a la sala común, cuando llegó lo primero que vio fue a Anabel quien simulaba que estaba leyendo un libro pero en realidad estaba esperando saber lo que había pasado con él.
- ¿Ves? Soy inocente – dijo Severus a Anabel con una enorme sonrisa de triunfo.
- ¿Qué? ¿Pero cómo lo lograste? ¡Hasta tenían hechizos reveladores! – dijo Anabel mirándolo con una mezcla de asombro y extrañeza.
- Yo tengo mis medios – dijo Severus mientras se alejaba hacia la ventana para esperar a Nott.
Como era natural, la búsqueda no produjo ningún resultado así que se le atribuyó el hecho a Peeves diciendo que él había hecho el escándalo pero que no se había perdido nada y que era muy posible que ese recipiente estuviera vacío desde hacía mucho tiempo.
El día de Navidad regresó Galatea junto con otras dos lechuzas cargando varios bultos, eran los materiales de pociones que había pedido, además de algunos regalos de Navidad que sus padres habían enviado
- ¡Qué gusto verte Galatea! – exclamó Severus abrazando a su lechuza que le dio un picotazo cariñoso en el dedo.
- Vaya, que cantidad de regalos Severus – dijo Nott mirando los paquetes que acababan de llegar.
- No todos son regalos Nott – dijo Severus volteándose para hablarle – la mayoría son los materiales de pociones que pedí hace algunos días.
- Ya veo... ¿pero es que no piensas abrir los regalos?
- Si, ya voy – dijo Severus tomando uno de los paquetes que estaba a los pies de su cama – vaya... gracias Harvey, está muy bonita esta bufanda y gracias por los dulces.
- De nada – dijo Nott con una sonrisa – como Galatea le abrió un agujero a la bufanda que tenías pensé que necesitabas una nueva. A propósito ese juego de gobstones está genial ¿Cómo sabías que quería uno?
- Porque me lo repetiste todos los santos días desde la Navidad del año pasado – dijo Severus con una sonrisa desempacando los regalos de sus padres. Como él se lo esperaba eran unos libros de pociones, además de unos materiales que bien se podían confundir con el material que había pedido para hacer las pociones para el Señor Oscuro. Se sintió un poco decepcionado pero lo olvidó rápidamente, ya estaba acostumbrado a esos regalos de sus padres, nunca en su vida habían pensado en regalarle algo diferente a libros de pociones o cosas para prepararlo para ser un buen servidor del Señor Oscuro. Tal vez por eso apreciaba los regalos de Nott, porque no tenían nada que ver con esas cosas.
- Vamos a desayunar – dijo Nott viendo un poco decepcionado los regalos de su amigo, en realidad no le parecía nada divertido que le regalaran libros y materiales en Navidad. – ¡ah!
A propósito esto es para Galatea. – y le puso a la lechuza al lado una caja de cereal –sé que son muggles pero son los que le gustan.
- Gracias Harvey – dijo Severus asombrado pues sabía que a Nott no le simpatizaba mucho Galatea. Abrió el paquete y sirvió un poco en un plato, Galatea comenzó a comer gustosa y dirigió una mirada de agradecimiento a Nott. – yo le regalé algunos juguetes de lechuzas y un tratamiento para abrillantar y cuidar sus plumas – continuó, acariciando la lechuza.
Después que Galatea terminó su desayuno Nott y Severus bajaron a desayunar, el gran comedor estaba hermosamente decorado y Dumbledore charlaba alegremente con el profesor Flitwick y la profesora Sprout.
- Feliz Navidad – dijo al verlos entrar.
- Feliz Navidad, señor director – respondieron Nott y Severus.
Se sentaron en una parte vacía de la mesa, luego llegó Vicius quien les deseó una feliz Navidad y se sentó al lado de Nott con quien comenzó a hablar animadamente. Severus sirvió otro poco de cereal a Galatea y comenzó a comer una tostada, estaba muy feliz por la vuelta de su lechuza pero estaba un poco distraído, más bien cansado ya que todos los días se estaba acostando a las tres de la mañana, trabajando en las pociones que le habían encargado, afortunadamente ya le faltaba poco para terminar y los materiales que necesitaba habían llegado. Un codazo de Nott lo sacó de sus pensamientos, iba a reprocharlo cuando éste le señaló con el dedo lo que pasaba.
- Eres una lechuza muy linda – oyó que decía Anabel a Galatea mientras le acariciaba suavemente las plumas de la cabeza.
- ¿Quién te dio permiso para coger mi lechuza? – preguntó Severus enfurecido mientras se acercaba a ella.
- Pues yo no cogí tu lechuza – dijo ella enfadada – parece que le pones muy poco cuidado así que ella vino hasta aquí para que la alimentara – y señaló el enorme tazón de cereal de maíz que Galatea degustaba gustosa. Severus se quedó en silencio observando a su lechuza comer.
- Lo siento, Galatea – dijo acariciando a la lechuza – no volveré a ignorarte
- Así que su nombre es Galatea – dijo Anabel mirando a la lechuza – es un bonito nombre y se ve que te tiene mucho aprecio.
- Es que la tengo desde niño y somos muy unidos – respondió Severus cogiendo otra tostada y untándola de mantequilla – de todas maneras tú también le agradas, ella no suele alejarse de mí, incluso no se lleva muy bien con Nott.
- Es que es una lechuza inteligente y sabe con quien meterse – agregó Anabel en broma.
- Pues no parece desde que se metió contigo – dijo Severus con indiferencia. Anabel le hizo una mueca y le dio la espalda enojada – era una broma – agregó Severus con rapidez.
- Pues pobre tu lechuza – dijo Anabel aún enfadada – no pudo escoger otro amo y le tocó conformarse con las sobras.
Esta vez Severus frunció el entrecejo y comenzó a pelear con Anabel. Galatea parecía no darse cuanta de lo que sucedía y comía muy animadamente su cereal. Algunos profesores levantaron la vista al escuchar las voces airadas de los dos Slytherin y Dumbledore con voz tranquila y divertida tomó la palabra.
- No estarán peleando el día de Navidad ¿O sí? – dijo mirándolos sonriente
- Por supuesto que no, profesor – dijo Anabel que se había puesto roja al darse cuenta que todos los miraban.
- Que bueno – continuó Dumbledore - ¿Ya se desearon feliz Navidad?, no los escuché hacerlo. ¿Señor Snape?
- Ya estábamos por hacerlo – respondió Severus en un susurro – Feliz Navidad, Thompson.
- Feliz Navidad, Snape – dijo ella apretando los dientes.
- Pero pueden darse la mano y un abrazo – dijo Dumbledore jovialmente. Severus y Anabel se dieron un rápido apretón de manos y un abrazo pero se separaron rápidamente. El profesor Dumbledore comenzó a aplaudir y el resto de los presentes comenzó a aplaudir también.
- Todos deberíamos seguir el bonito ejemplo del señor Snape y la señorita Thompson - dijo Dumbledore que luego dio un apretón de manos y un abrazo a la profesora Sprout que estaba a su lado y luego fue imitado por el resto. Anabel y Severus estaban muy rojos, Severus tenía un profundo sentimiento que le hacía subir la sangre a la cabeza y le revolvía el estómago. Terminó de desayunar rápidamente y salió junto con Galatea del gran comedor.
Luego de media hora llegaron Vicius y Harvey del gran comedor, quienes se dedicaron a molestar a Severus hasta que este los amenazó con echarles la maldición que le había echado a Fessenden.
Harvey bajó el nuevo juego de gobstones que Severus le había regalado y comenzó a jugar con Vicius ya que Severus decía que solamente quería observar. Después de verlos jugar durante una hora y debido a la intensa insistencia de los dos muchachos, Severus aceptó jugar una partida y resultó que le iba muy bien.
El tiempo del día se pasó muy rápido y pronto ya era la hora del banquete de Navidad, todos bajaron nuevamente al gran comedor, que despedía un olor delicioso. Todos hablaban alegremente y para sorpresa de Severus la mesa que había era un poco más pequeña y tenía los puestos justos para los que estaban.
- He creído que una mesa más pequeña es mejor, nos permite un ambiente más familiar – dijo Dumbledore con una sonrisa – sigan, por favor.
Severus se sentó al lado de Bundy, al lado de este se sentó Harvey y luego Vicius, al lado del cual se sentó el niño de primer año que hablaba con Anabel. La cena estaba deliciosa y había muchas sorpresas, incluso casi a media noche un grupo de hadas tocando arpas apareció en medio del comedor y los deleitó a todos con su música. Cuando todos se dirigieron a la sala común Severus estaba más cansado que todos pero tenía que volver a salir, no podía dejar las pociones sin terminar o se arruinarían. Entró con los otros en la sala común y se dirigió de inmediato a su habitación pero se paró detrás de la puerta a esperar que todos se acostaran.
Pasó un buen rato hasta que se dejaron de escuchar ruidos en la sala común, Severus abrió la puerta sigilosamente y miró a ambos lados, no había nadie, todos parecían encontrarse en sus respectivos dormitorios, así que abrió completamente la puerta de su habitación y se dirigió hacia la salida de la sala común, la noche era tranquila y no se veía un alma por los oscuros pasadizos, al parecer la cena había surtido un efecto somnífero sobre todos.
Caminó durante unos diez minutos hasta que llegó al conocido tapiz del cuarto piso de la torre oeste, golpeó la copa y abrió la puerta que aparecía ante sus ojos. Sobre la mesa había tres humeantes calderos, cada uno de los cuales tenía un libro abierto al lado, Severus se acercó al primer caldero y comenzó a adicionar los ingredientes y a agitar en diferentes direcciones cada cierto tiempo, cuando la poción hubo tomado un color rosa brillante se dirigió al segundo caldero y comenzó a trabajar en él.
- Así que este era el lugar al que venías – dijo una voz que lo hizo sobresaltarse y por culpa de la cual casi voltea el caldero en el que estaba trabajando.
- ¡Thompson! – dijo Severus volteando a mirar a Anabel - ¿Cómo rayos entraste aquí?
- Pues al parecer estas muy cansado por lo que no notaste el ruido que hiciste al abrir la puerta, como tengo el sueño liviano lo escuché y decidí seguirte para saber que era lo que hacías, como no podía seguirte tan cerca, me costó un poco abrir la puerta porque obviamente vi que dabas tres golpes al tapete pero no noté que era sobre la copa por lo que duré un buen tiempo intentándolo – dijo Anabel con una sonrisa mientras recorría el pequeño salón.
- Tú no puedes estar aquí – dijo Severus furioso – es mejor que te vayas o lo lamentarás
- Yo no tengo nada que lamentar – dijo Anabel muy seria – tú estarías en problemas si llegan a saber lo que haces aquí ¿Poción multijugos? ¿veritaserum?- añadió señalando los libros y los calderos - ¿es que acaso estás persiguiendo o escapando de alguien?
- Eso no es problema tuyo – dijo Severus volviendo a revolver la poción del segundo caldero.
- Pero será del profesor Dumbledore cuando se lo cuente – dijo Anabel mirando fijamente a Severus cuando hablaba.
Severus levantó la vista y una sonrisa torcida cruzó su cara – bien sabes que no puedes hacer nada porque tendrían que explicar el hecho que estés por fuera de la cama en horas no permitidas
- Simplemente diré que escuché ruidos y decidí seguirte
- Y luego te preguntarán por qué no avisaste a ningún profesor
- Diré que pensaba que era urgente
- Pero te responderán que no eres competente para decidir que es urgente o no y que debiste avisarles desde un principio por lo que te conviertes en cómplice y te expulsarán.
- Eso no es verdad
- Y si no me crees ¿por qué no te vas a contarles?
En ese momento Anabel se quedó en silencio observando a Severus mientras agregaba unos ingredientes a la poción.
- Porque no necesito andarle con quejas a todo el mundo – dijo Anabel con seriedad – y además quiero saber por qué estás haciendo estas pociones si sabes que no está permitido.
- Ya te dije como cien veces que no es tu problema – dijo Severus dejando reposar la poción del segundo caldero y dirigiéndose al tercero – además no me interesa si está permitido o no yo preparo estas pociones porque se me da la gana.
- ¿No será porque se le da la gana a otro? – dijo Anabel con suspicacia.
- ¡Ya te dije que te largaras de aquí, no te metas en donde no te han llamado! – gritó Severus perdiendo la paciencia y regando un poco del contenido del tercer caldero.
- No te atreves a hablarme en ese tono, animal insoportable – dijo Anabel sacando su varita y apoyándola contra el pecho de Severus sin darle espacio para moverse – o me dices ahora mismo lo que estas haciendo o te echo una maldición que nunca olvidarás. - No me interesa – dijo Severus mirándola fijamente – conozco las peores maldiciones y no creo que puedas hacerlas, además me sé todos los contrahechizos así que el daño no será duradero.
- Entonces desapareceré el contenido de los calderos y tu verás como te las arreglas después – dijo Anabel sin retirar la varita pero dirigiendo la vista hacia los calderos. Severus palideció un poco pero no respondió, no podía perder todo su trabajo por culpa de una entrometida.
- Soy mucho más veloz que tú y en el momento que dejes de apuntarme con la varita te la quitaré y no podrás ni siquiera rozar el contenido de los calderos – dijo Severus luego de un rato de pensarlo.
- Pero puedo paralizarte primero ¿No? – dijo Anabel con una sonrisa contrahecha.
- ¿Para qué quieres saber qué es lo que hago? – preguntó Severus malhumorado.
- Solamente quiero saber si es cierto lo que dicen de ti – respondió Anabel sin retirar la varita.
- ¿Y qué es lo que dicen de mí acaso? – preguntó nuevamente Severus en el mismo tono.
- Que eres un mortífago y que junto con tus padres estas al servicio de El Que No Debe Ser Nombrado – dijo Anabel mirándolo fija y seriamente.
- Eso es un asunto que solamente incumbe a mí y mi familia ¿Te afecta en algo? ¿Es que acaso quieres unirte? – la cara de Severus estaba muy pálida y expresaba una furia infinita, lo que pasaba no era problema de nadie más que suyo y una aparecida no se metería en su vida así como así.
- La verdad prefiero permanecer neutral – dijo Anabel en voz baja – yo sólo quería advertirte que mis familiares que están al servicio de El Que No Debe Ser Nombrado han sufrido mucho por su causa a pesar de serle siempre fieles y es algo que no es divertido de ver.
- Pues la verdad no me importa – dijo Severus volteando la cara hacia el otro lado del salón – yo tengo derecho de hacer lo que se me dé la gana y si tus familiares sufren es porque no saben servir.
- Entonces es cierto – dijo Anabel mirando a Severus triunfante y bajando su varita aunque aún la tenía cerca por si la necesitaba – ya te advertí Snape, es peligroso El Que No Debe Ser Nombrado hace incluso que sus mortífagos se espíen mutuamente porque no es capaz de confiar ni en su sombra, en todo caso tienes razón, no es mi problema y no debí haberte hablado acerca de esto, mejor me voy.
Anabel se acercó rápidamente a la puerta y la abrió, ya estaba en el umbral cuando se detuvo y volteó a mirar a Severus.
- Sólo te pido un favor, Snape – dijo casi con aire de súplica – no le comentes a nadie lo que te dije, no quiero que crean que intenté convertir a un mortífago, como te dije prefiero permanecer neutral, además no quiero que me puedan buscar para castigarme – y vio un leve temblor además de una mirada de terror aparecer en el rostro de Anabel.
