Capítulo XI
A pesar de lo que había dicho Samantha, Anabel no regresó sino hasta el jueves en la tarde, entró a la sala común acompañada por el profesor McAffey quien le ayudaba a llevar su baúl, como ya eran más de las seis de la tarde, Severus se encontraba en esos momentos sentado en una de las sillas de la sala común aunque un poco alejado del ruido puesto que estaba leyendo un libro de aritmancia ya que tenía que adelantar su proyecto.
Al verla, Samantha profirió un grito de sorpresa y se acercó a abrazarla, unos de séptimo que estaban cerca de la chimenea (entre los cuales se encontraba Greggory Banks) la rodearon preguntándole como estaba. Severus pudo notar que Anabel estaba muy pálida, bajo sus ojos se podían notar unas enormes bolsas azules, también parecía como "ida" ya que apenas respondía a los saludos de sus amigos.
Después de unos minutos vio que Anabel se dirigía hacia las habitaciones de las chicas, junto con Samantha que llevaba en su mano un cesto de mimbre que por momentos temblaba y Tina Tenderson la cual les ayudaba a llevar el baúl de Anabel. Severus sintió una especie de remordimiento al ver a Anabel, pero se obligó a seguir con su tarea, además necesitaba buscar una manera para reunirse con los del grupo, necesitaba darles algunas órdenes antes de la Semana Santa...
Al día siguiente Severus se levantó muy temprano y se dirigió al gran comedor, no había pasado una buena noche, el regreso de Thompson le había recordado lo que tenía que hacer para Semana Santa. Parecía que aún sus padres no se habían enterado de las medidas de Dumbledore puesto que no había recibido ninguna carta, así como del hecho que Nott se encontraba inconsciente en la enfermería. Severus lo había castigado por su imprudencia durante el discurso de Dumbledore, aunque debido a la extrema vigilancia bajo la cual se encontraban parecía muy difícil al Severus buscar alguna manera hacerlo, le lanzó delante de toda la sala común un hechizo que pudo haberse interpretado como resultado de una pelea cualquiera, que aunque le costó veinte puntos a su casa y una semana de detención en la oficina de McAffey le permitió hacer saber a Nott cualquier tipo de imprudencia no sería permitida en lo más mínimo.
Severus se sirvió un poco de chocolate y cogió una tostada a la que agregó mantequilla, en ese momento recodó a Galatea, aún no regresaba, era posible que sus padres la tuvieran ocupada con algún encargo ya que aunque tenían su propia lechuza algunas veces la utilizaban en sus misiones. "Como quisiera que estuviera aqu" pensó mirando tristemente el cereal de maíz que se encontraba en una gran fuente y que ella comería gustosa. Aún no habían bajado muchos alumnos a desayunar y el gran comedor se encontraba en su mayor parte desierto (aún así los prefectos y algunos maestros los miraban con ojos vigilantes aunque cansados) cuando la puerta se abrió y Severus vio entrar a Anabel, no estaba con ninguno de sus amigos, y aunque seguía muy pálida el surco azul de sus ojos había disminuido notablemente. Aunque aún parecía un poco "ida", al ver a Severus se estremeció visiblemente y perecía querer correr hacia la salida aunque sus piernas parecían negarse a llevarla por lo que quedó plantada en su sitio mirándolo con terror. Esa mirada hizo que Severus se estremeciera en lo más profundo de su corazón y sintiera una especie de remordimiento, sin saber por qué se levanto de su asiento y se dirigía directamente hacia la muchacha cuando en ese momento entró Samantha corriendo y se acercó a Anabel tomándola de la mano y llevándola a una parte de la mesa apartada del sitio en que se encontraba Severus.
Aunque Dumbledore permitió que los alumnos llegaran al gran comedor sin necesidad de venir en los grupos completos de sus casas (por que sería muy tedioso hacer que todos se levantaran al tiempo y esas cosas) era cierto que una vez allí no podían volver a salir hasta que llegara la hora de dirigirse a las clases a las cuales eran llevados por el profesor correspondiente. Por esta razón Severus regresó a su puesto y sacó un libro de su mochila y comenzó a leerlo, aún así no podía concentrarse y de vez en cuando miraba a Anabel de reojo, no podía sacar de su cabeza el terror con que lo había mirado y la forma en que se petrificó ante su presencia. Anabel no comía mucho, mas bien parecía que Samantha intentaba embutirle un poco de comida.
El gran comedor se fue llenando poco a poco y cada vez se escuchaba una algarabía mayor, Spencer llegó junto con otros tres de primer año pero se alejó de ellos y se sentó al lado de Severus.
- Buenos días – dijo Spencer mientras sus azules ojos dedicaban una mirada de desdén sobre la mesa de Gryffindor
- Hola, Spencer – respondió Severus frunciendo el entrecejo porque un robusto chico de quinto año se había sentado en un ángulo que ya no le permitía observar a Anabel y su amiga, por lo que se vió obligado a dedicar toda su atención a Spencer.
- ¿Sigue Nott en la enfermería? – preguntó Spencer mientras se servía una tostada y jugo de calabaza
- No lo sé – dijo Severus encogiéndose de hombros y mirando maquinalmente hacia arriba puesto que esa era la hora en que llegaban las lechuzas, pero parecía no haber rastro de Galatea
- Mi lechuza tampoco ha regresado – dijo Spencer algo pensativo – un posible retraso...
- Imposible – lo cortó Severus – Galatea sabe muy bien hacer su trabajo, es probable que les hayan encomendado alguna misión...
- En todo caso – agregó Spencer mientras miraba una lechuza parda regar el jugo de uno de sus compañeros de curso – ¿Cómo vamos a hacer para reunirnos?, ya se acerca la Semana Santa y...
- Estoy pensando en eso – respondió Severus un poco malhumorado por el giro que iba tomando la conversación – ya sabes que es muy arriesgado ir en estos momentos a ese lugar – y luego agregó pensativo – si por lo menos tuviera aquí mi capa invisible...
- Yo tengo aquí la mía, mis padres me la han mandado hace poco por si la necesitaba – agregó por lo bajo una voz femenina que hizo que Spencer y Severus saltaran de su asiento. Pero al verla, estos se tranquilizaron y Severus hizo correr un poco a Spencer para que ella se sentara. Era Tina Powell que los miraba con sus verdes y brillantes ojos mientras sonreía a un chico de cuarto que la miraba embobado.
- Pero una capa no podrá cubrirnos a todos – dijo Spencer mientras acercaba a Tina una jarra de jugo de calabaza que ella le había pedido – además sería muy arriesgado intentar salir con todos esos ojos vigilando.
- Nadie habló de salir – dijo Snape haciendo que Spencer y Tina lo miraran asombrados – hay un hechizo muy sencillo que se puede hacer con una capa invisible y provee protección a un sitio escondiéndolo a todos los que no sepan su uso, el problema sería encontrar el lugar...
- Eso podría arreglarse – dijo Tina sonriente – yo conozco...
En ese momento sonó la campana y todos se apresuraron a dirigirse a los lugares en que se encontraban sus respectivos profesores.
- Hablamos luego – dijo Severus tomando rápidamente su mochila y dirigiéndose al lugar en que se encontraba la profesora Sprout. Mientras que Anabel y Samantha se dirigían hacia el lugar de la profesora McGonagall.
"Esto es muy aburrido" pensó Severus mientras daba la décima vuelta por la sala común, había terminado todas las clases del día y ya había empezado el "toque de queda", la sala común estaba atestada de chillones niños de primer a cuarto año, pero no quería subir a su habitación porque sus compañeros se encontraban allí haciendo los deberes, aún así estaba esperando a algunos del grupo, no era sospechoso ver alumnos de diferentes cursos hablando en su sala común, pero ya estaba empezando a impacientarse. "Tina se demora demasiado" pensó mientras Spencer le dirigía la centésima mirada preguntándole que era lo que esperaba.
En ese momento se oyó un silbido y una carcajada general, el chico de cuarto que en la mañana estaba embobado mirando a Tina Powell había silbado al verle bajar las escaleras, pero al darse cuenta de lo que había hecho se puso muy rojo, lo que causó la burla general.
- Llegas tarde – dijo Severus un poco malhumorado. Señalando una silla a Tina que ahora miraba con displicencia al que había sonreído en la mañana.
- Lo siento – dijo Tina moviendo suavemente su hermoso cabello negro – mis amigas no me dejaban salir – agregó con una sonrisa que dejaba ver sus blancos y bonitos dientes.
En ese momento Spencer se acercó al grupo y se sentó en una silla cercana, llevaba un pergamino en la mano y simulaba como si estuviera preguntando una tarea. También se acercaron dos alumnos de cuarto y uno de séptimo que se sentaron junto a ellos.
- Parece que ya estamos todos – dijo Severus a los concurrentes
- Pero en las reuniones siempre somos más – dijo John Morrison, uno de los chicos de cuarto, el cual tenía el pelo rojo muy corto y ojos color miel.
- Si, pero ustedes son los que irán en Semana Santa – dijo Severus muy bajo, escuchando un murmullo de excitación que le molestó un poco.- No habrá problema con que los otros se desentrenen un poco, pero ustedes no.
- ¿Pero como vamos a hacer si estamos vigilados por todos lados? – preguntó Bertha Jones, la otra alumna de cuarto año, la cual llevaba su pelo castaño muy largo aunque recogido por una cola de caballo y tenía unos ojos negros inexpresivos.
Tina conoce un lugar que podemos utilizar y además tiene una capa invisible con la que podremos esconder el sitio por medio de un hechizo – continuó Severus
- ¿El Protegius Tronstem? – preguntó Robert Downs un muchacho de pelo cobrizo muy crespo y desordenado y ojos cafés que iba a séptimo año.
- El mismo – respondió Severus mirando a Robert fijamente.
- Pero es muy difícil de hacer – continuó el de séptimo año, Flitwick apenas lo ha nombrado.
- Pero Flitwick no controla los libros ¿o sí? – agregó Severus con una sonrisa que dejaba claro que él sabía muy bien como hacer aquel hechizo.
- Aún así tienes que tener en cuenta que ese sitio tiene que estar en la sala común ya que no se nos permite salir – dijo Spencer mirando fijamente a Tina, que jugaba con uno de los mechones de su cabello.
- Eso ya lo sé, no soy ninguna idiota – respondió Tina lanzando una mirada desagradable a Spencer, pero volviendo a sonreír casi inmediatamente para dirigirse a los otros – enfrente de la puerta de las habitaciones de los alumnos de cuarto año hay una especie de puerta aunque está disimulada por el color de la pared, creo que en algún tiempo fue un cuarto porque es muy espaciosa y creo que podremos movernos con libertad.
- ¿Pero cómo sabes eso? – preguntó Bertha asombrada – yo nunca he subido al pasillo de las habitaciones de los chicos.
Tina se puso muy roja e intentaba balbucir una respuesta – Este...yo...verán.... – Severus sospechaba la causa del embarazo de Tina por lo que únicamente se limitó a preguntar:
- ¿ Alguien más conoce ese lugar?
- Er... Solamente Brian Fawcett – respondió Tina poniéndose mucho más roja que el mismo cabello de Morrison, mientras que este y Bertha se miraban asombrados, Brian era un muchacho bien parecido de cuarto año, pero un poco zoquete, no sería posible...
- Está bien, eso no será problema – dijo Severus frunciendo los hombros – Tina, me indicarás ese lugar y el resto de ustedes será informado cuando esté listo, espero no tardar más de dos días.
El grupo se rompió y cada uno se dirigió a un punto distinto, solamente seguían juntos Severus y Tina que se encaminaban hacia las habitaciones de los chicos, aprovechando el revuelo que habían formado unos de segundo año, que estaban causando estragos al intentar practicar algunos encantamientos que Flitwick les había dejado de tarea.
Tina encontró con facilidad el lugar indicado y después de observar cuidadosamente si alguien estaba cerca, abrió con suavidad la puerta y le indicó a Severus que la siguiera. Este entró y examinó el lugar, efectivamente era una sala amplia aunque un poco empolvada. – Creo que esto servirá, bastará con un par de hechizos insonorizadores y con el de protección, para que no les permita encontrar el sitio aún si algo pasa – dijo estudiando cada uno de los ángulos de la habitación y luego dirigiéndose hacia la puerta.
Quedó con Tina en que esta le llevaría la capa invisible al día siguiente en el desayuno, ya que era sábado y como había salida a Hogsmeade él aprovecharía el día adecuadamente, puesto que aún seguía vigente el castigo recibido por su pelea con Sirius.
Después de un rato los prefectos enviaron a todos a sus camas, por lo que Severus se dirigió a su habitación, el resto de sus compañeros ya estaban acostados y se escuchaban algunos leves ronquidos. Severus se puso su pijama y se acostó bajo las cobijas, la noche era un poco fresca y se escuchaba el ruido del viento al mover los árboles. Se supone que debía sentirse aliviado por haber encontrado un lugar donde continuar con las reuniones, pero en realidad se encontraba muy lejos de eso, ese sentimiento en el estómago había vuelto (tal vez muy en el fondo hubiese sido un alivio que Dumbledore lo hubiera descubierto todo aunque eso implicara haber sido juzgado y enviado a Azkaban, por lo menos así nadie habría pensado que era un traidor y no recibiría castigo alguno), nuevamente deseo que Galatea estuviera cerca, mirar sus grises ojos lo hacía sentir mejor, le daba fuerza y tranquilidad, pero ella estaba lejos y la Semana Santa tan cerca...
Apenas eran las cuatro de la mañana, todos los habitantes del castillo de Hogwarts dormían, menos un muchacho de pelo grasiento y nariz ganchuda, el cual miraba fijamente el techo con sus negros ojos muy abiertos.
"A este paso voy a morir de insomnio" pensó el muchacho como intentando animarse aunque bien sabía que no lo lograría, "otra vez una estúpida pesadilla, esto ya no me está gustando" continuó el muchacho siguiendo el hilo de sus pensamientos, "aunque a estas horas no puedo tomar una poción para dormir sin soñar porque lo más seguro es que me despierte después del mediodía".
Severus Snape decidió entonces levantarse de su cama y se dirigió a la ventana que daba vista hacia una de las esquinas del bosque prohibido, la oscuridad y silencio del bosque le recordaban sus días de niñez y las vacaciones que pasaba con sus padres, así de oscuro era su pasado, su presente y su futuro, sin quererlo recordó que como siempre no tenía ningún amigo, solamente gente que le temía y le espiaba, pero en la que no podía confiar, nadie que pudiera darle un buen consejo... Un suspiro se escapó de sus labios y pegó su frente al frío cristal, hubiera querido llorar pero ya no sabía como hacerlo, en su casa no estaban permitidas esas "muestras de debilidad indignas de un hombre y propias de las mujeres" como le decía con frecuencia su padre, cuando golpeaba a su madre y la hacía llorar...
Un tímido rayo de luz que asomaba detrás de la montaña, brilló en el rostro de Severus y le hizo abrir los ojos, ya era de día y a fuerza de no poder dormir se había ensimismado tanto en sus pensamientos que no notó el pasar del tiempo, decidió dejar su lugar en la ventana y se dirigió al baño donde lentamente tomó una ducha, esperando como siempre que el agua fría le ayudara a aclarar su mente.
Severus bajó a la sala común y se dedicó a tomar su desayuno, unos minutos después llegó Tina, que le pasó muy disimuladamente la capa invisible que llevaba bajo sus ropas. Todos los alumnos terminaron de desayunar y los que irían a Hogsmeade se dirigieron hacia la puerta de salida del castillo, donde les esperaban una gran cantidad de profesores que los vigilaban muy de cerca, y el señor Filch, que con lista en mano revisaba que no fuera ningún estudiante no aceptado.
El profesor Dumbledore permitió a los alumnos de tercero hacia arriba que no iban a Hogsmeade, dar una vuelta por el castillo (debido a que eran tan pocos que los podría vigilar fácilmente) aunque obviamente tenían que estar en sus salas comunes antes de las seis de la tarde. Severus decidió dar un paseo por el castillo, hacía mucho tiempo que no se les daba la oportunidad de salir sin estar acompañados de todos sus compañeros y no pensaba desaprovecharla.
Aunque en cada esquina se tropezaba con algún profesor (de los que no habían ido a Hogsmeade) o un prefecto, la perspectiva de no tener que ver todos esos repugnantes y temerosos rostros de los Slytherin le pareció agradable. Por un momento pensó en ir al cuarto piso de la torre oeste, pero la mirada vigilante y fija de la señora Norris lo disuadió de su idea. El día estaba fresco y soleado por lo que decidió salir del castillo.
Cerca al lago pudo divisar a Sirius, que iba hablando alegremente con un prefecto de Gryffindor, sus manos se crisparon y una vena en su sien comenzó a palpitar violentamente. Prefirió tomar el camino hacia los invernaderos donde la sombra era agradable y no había nadie que pudiera molestarlo.
Su mente comenzó a divagar nuevamente y retomó el hilo de sus pensamientos en el lugar donde los había dejado en la mañana, no tenía ganas de que llegara la Semana Santa, en realidad solamente deseaba poder regresar el tiempo y volver a ser un niño pequeño, en realidad su infancia no fue muy feliz pero por lo menos nadie le obligaba a hacer todo lo que ahora tenía que hacer, su padre y su madre lo ignoraban por lo que podía salir corriendo hacia el bosque cercano a su castillo y quedarse allí durante todo el tiempo que quisiera, estar con su Galatea y regresar noches después sin que sus padres lo hubiesen notado, para no encontrar muchas veces a nadie en su casa, ni siquiera a su elfo doméstico que parecía no querer molestarse en servirle.
"En todo caso ya no hay nada que yo pueda hacer" pensó Severus con un suspiro, mientras se levantaba y se dirigía nuevamente hacia el castillo, "es mejor ponerme a adecuar ese cuarto, si no puedo cambiar mi futuro, por lo menos debo esforzarme para no hacerlo peor".
Severus tomó uno de los pasadizos laterales pero no bajó directamente a su sala común sino que dio un rodeo por el tercer piso, sentía como una especie de repulsión, algo en el fondo de su corazón que no quería dejar que se acercara a ese cuarto...
- Lo siento – dijo Severus al dar la vuelta a la esquina y golpear a alguien. En realidad no era su costumbre pedir disculpas pero podía haber chocado con un prefecto o algún maestro por lo que era mejor no buscar problemas y dejar al lado su orgullo. Al no escuchar ninguna respuesta levantó su mirada del piso y retrocedió sorprendido.
- ¡Thompson! – la chica lo miraba, su cara estaba muy pálida y sus ojos como sin vida, se iluminaron por un momento con un rayo de terror y comenzó a retroceder intentando balbucir algunas palabras
- No...yo...este...lo siento no era mi intención, yo...
- Cálmate – Severus tomó del brazo a Anabel intentando calmarla, no entendía ese temor irracional de una de las personas que tenía fama de saber cuidarse sola. Al sentir el contacto con la mano de Severus la chica se retorció como si sintiera un dolor inmenso, el muchacho sintió ese estremecimiento y la soltó inmediatamente – No...no quiero hacerte daño – agregó por lo bajo.
Anabel parecía no entenderle, estaba como loca. Severus seguía sin entender ese comportamiento extraño y cuando observó que la chica estaba a punto de salir a correr, nuevamente la tomó de la mano aunque esta vez ella no se estremeció pero opuso un poco resistencia.
- Siento mucho lo de tus padres – dijo Severus, aunque sin saber bien porqué lo había hecho. En ese momento Anabel dejó de luchar y miró a Severus perpleja. El chico abrió la boca como para agregar algo pero no encontró nada que decir, un sentimiento extraño cruzó su mente, sintió como si acabara de reaccionar sobre algo y se alejó rápidamente por el pasillo sin decir palabra mientras se escuchaban unos pasos que se acercaban al lugar en que hace dos segundos estaba hablando con Anabel.
- ¿Anny? ¿ Anny, estas bien? – escuchó gritar a la voz de Samantha Grindelawd, que en esos momentos tomaba a una asombrada Anabel de la mano – es mejor que regresemos a la biblioteca, hay que acabar el trabajo de McGonagall...
Severus llegó casi sin notarlo a la sala común, sus pensamientos estaban algo confusos, era cierto que cada vez que veía a Anabel sentía una especie de remordimiento, pero no sabía por qué le había dicho lo de sus padres, aunque también era muy extraño el comportamiento de ella frente a él, ese temor irracional no era nada natural y menos en ella...
La realización del hechizo de protección no fue nada difícil para Severus, también aplicó algunos insonorizadores y se dedicó a limpiar el lugar que estaba hecho un desastre, ese trabajo del cuerpo le ayudaba a olvidar sus preocupaciones, cuando miró un reloj que llevaba en el bolsillo de su túnica se dio cuenta que ya era muy tarde, pues en ese momento debían estar regresando los alumnos de Hogsmeade y pronto sería hora de la comida, por lo que era mejor salir de allí cuanto antes.
Severus se dirigió a su habitación y decidió tomar una ducha, estaba todo cubierto de polvo, telarañas y sudor, lo que daría pie a unas explicaciones que debían resultar sospechosas. Severus estaba terminando de peinar su cabello (en realidad había durado media hora estregándose una poción para quitarle la grasa a su cabello pero todo había sido en vano por lo que tenía una marcada mueca de disgusto) cuando se escuchó a lo lejos el ruido que hacían las diligencias al regresar al castillo.
"Ya era hora" pensó mirando el reloj que estaba sobre su mesita de noche, se levantó de su cama y abrió su baúl del que sacó algunos libros y se dirigió a su sala común para terminar las tareas, todavía se demorarían un poco al llevar al gran comedor a los alumnos que llegaban de Hogsmeade y como luego sí los llevarían a ellos calculaba que tenía una media hora libre, "el tiempo necesario para terminar el proyecto de aritmancia" pensó, mientras abría la puerta de la habitación.
En la sala común estaban todos los alumnos de primero y segundo, así como los de años superiores que no habían ido a Hogsmeade. Severus vio que Anabel y Samantha estaban sentadas cerca de la ventana y se acercó lo suficiente para poder oír lo que decían.
- ¿Segura que estas bien Anabel? – decía Samantha insistentemente mientras miraba a su amiga con ojos tristes
- Si Sam, ya te lo he dicho como cien veces – respondió Anabel esbozando una mueca que tenía la intención de ser una sonrisa tranquilizadora.
- Pero...desde que te encontré en el tercer piso estas muy rara...es decir...más rara de lo normal – Samantha se mordía el labio inferior al decir estas palabras.
- No te entiendo – respondió Anabel aunque no pudo reprimir un temblor que tanto Severus como Samantha pudieron notar con claridad
- Pues...como te dije antes estoy segura de haberte escuchado gritar en el corredor, así como de haber escuchado la voz de un hombre... – Samantha hizo una mueca y continuó – ahora que lo pienso, esa voz es muy parecida a la de Snape. ¿Segura que no había nadie contigo?, él podría haberte hecho daño, con un hechizo o algo, ya sabes lo que dicen de él...
- Ya te dije que no había nadie conmigo – dijo Anabel intentando parecer segura y enfadada pero más pálida que la muerte – además no sé por qué metes a Snape en esto, el no te ha hecho nada ni a mí tampoco, mejor déjalo tranquilo.
- Pero Anny...
- No te preocupes Sam, en serio – dijo Anabel con triste voz – más bien dime que te ha dicho la señora Pomfrey
- Dice que Dumbledore ha ordenado que te sigas tomando la poción, aunque sea por esta semana – en ese momento Anabel hizo una mueca de disgusto, a lo que Samantha la miró con el gesto de una madre protectora – yo sé que no te gusta Anny, pero creo que ellos tienen razón, no puedes seguir más tiempo sin dormir, y por lo menos la poción para dormir sin soñar te ayuda a descansar un poco.
- Anabel intentó suavizar el gesto, Samantha era una muy buena amiga, pero ella realmente no entendía con claridad lo que le estaba pasando en estos momentos, lo último que le preocupaba era dormir, los días eran cada vez más insoportables, y ese miedo irracional que se apoderaba de su ser...
- Es mejor que bajemos ya a comer – dijo Anabel sacudiendo su cabeza como para alejar los pensamientos que por ella pasaban.
- Pero no podemos bajar hasta que no llegue el profesor McAffey – dijo Samantha
- Ya lo sé pero no demorará – dijo Anabel mirando la puerta al momento en que esta se abría y el profesor entraba en la sala común pidiendo a todos que se reunieran para ir con él al gran comedor.
Anabel se levantaba para seguir las órdenes del profesor, mientras Samantha hacía lo mismo, Severus miró con asombro la exactitud de la predicción de la chica, pero Samantha pareció no inmutarse, ya estaba acostumbrada a que eso sucediera a menudo.
Bajaron todos al gran comedor, donde se unieron a los alumnos que habían llegado de Hogsmeade y que ya estaban comiendo. Severus observó que Tina, Bertha, John y Robert se habían sentado juntos y lo miraban con curiosidad por lo que no tuvo más remedio que sentarse con ellos a pesar que en ese momento deseaba encontrarse a Kilómetros de ese grupo.
- ¿Cómo te fue con el encantamiento? – preguntó Robert, mientras hacía una seña a John para que abriera un espacio a Spencer, el cual también acababa de unirse al grupo.
- Me parecía haberte dicho que era un hechizo muy sencillo – respondió Severus fastidiado por la pregunta y porque al parecer Robert lo creía un estúpido.
- No lo digo por eso – dijo Robert con rapidez al observar el tono que estaba tomando Severus – lo que quiero saber es que si alguno de los que se quedó te dio algún problema o algo así.
- No, el lugar ya está protegido y prácticamente listo, únicamente falta llevar algunos materiales y podremos comenzar las reuniones allí.
- Eso es fantástico – dijo Tina - ¿Y únicamente iremos nosotros?
- En principio sí – respondió Severus – después veremos si se pueden llevar los demás a este sitio, de todas maneras no se preocupen, yo me encargo de lo concerniente a los asistentes y la comunicación.
- Estoy de acuerdo – dijo Spencer seriamente – después de la imprudencia de Nott delante de Dumbledore, no me parece adecuado que lo encargues a él de darnos los mensajes, en realidad creo que podría delatarnos y....
- No te estoy pidiendo tu opinión sobre lo que es correcto o debo o no hacer – contestó Severus con furia, aunque intentando no gritar para no levantar sospechas – si no uso a Nott es porque no se me da la gana y no porque tú lo apruebes o no, en todo caso él ya aprendido su lección y espero que eso también les haya servido a ustedes.
- Spencer se puso muy rojo pero no dijo nada, Severus por su parte no volvió a dirigirles la palabra en el resto de la cena y se sintió aliviado cuando por fin les permitieron regresar a sus salas comunes, en realidad sentía que necesitaba un descanso, tanto para su mente como para su cuerpo.
Severus subió a su habitación y se puso el pijama, necesitaba dormir así que se acostó rápidamente en su cama y corrió las cortinas, sus compañeros muy seguramente se encontraban en la sala común pero aún así no quería que nadie lo molestara.
"Dos semanas" pensó mirando al techo de su cama con preocupación, "En dos semanas ya será semana santa", cerró los ojos como queriendo olvidarse de todo y se quedó dormido
- Creo que ya es suficiente por hoy – dijo Severus bajando su varita y mirando al grupo. Todos bajaron sus varitas inmediatamente y voltearon a mirarlo, era mejor obedecer ya que por alguna extraña razón Severus estaba más irritable que nunca, nadie recordaba haberlo visto así ni en sus peores días, ya había mandado a más de diez alumnos a la enfermería y eso que apenas estaban a martes, nuevamente los grupos se disolvían cada vez que lo veían y el ambiente era tenso en cualquier lugar en que se encontrara.
- Mañana nos reuniremos a la misma hora – continuó Severus al notar que tenía la atención de todos – y espero que no cometas tantas estupideces Morrison.
- Severus yo...
- ¡No me interesa lo que tengas que decir! – gritó Severus ya fuera de sus casillas y apuntándole con la varita – No tolero la incompetencia y menos las disculpas, las cosas tienen que ser perfectas ¡¿Entienden?!. – todos estaban petrificados, incluso Tina Powell estaba con la boca abierta, John únicamente había fallado en un hechizo pero lo que decía Severus hacía parecer que era peor que un muggle.
- ¡Qué están esperando!, ¡Váyanse ya! – gritó Severus al observar que no se movían y unas chispas rojas salieron de la punta de su varita por lo que todos se apresuraron a alejarse de él.
Todos salieron silenciosamente del cuarto, era ya muy tarde por lo que no se encontraría nadie en esos momentos por fuera de su habitación.
Severus se apoyó en una de las barandas de la ventana y comenzó a respirar lentamente intentando calmarse, en realidad odiaba a esos chicos, odiaba su estupidez, ellos no entendían, si algo salía mal la culpa sería suya, los días avanzaban rápidamente por lo que pronto le quedaría solo una semana, para prepararlos, para que todo estuviera listo...
Y eso no era todo, las cosas estaban cada vez peores, por lo que había leído en El Profeta y por lo que había escuchado decir a Dumbledore a los otros profesores, parecía que se estaban produciendo significativas bajas de lado y lado. Algunos mortífagos se habían aterrorizado y habían decidido renunciar, ahora estaban bajo la protección del ministerio y de Dumbledore por lo que Lord Voldemort no podría vengarse, y Severus más que nadie sabía el ánimo que tomaba el Señor Oscuro cuando estas cosas sucedían. Para terminar de dañar la escena, por alguna extraña razón, los padres de Severus se enteraron de las pesquisas hechas por Dumbledore los días anteriores, (Severus sospechó de Nott pero no estaba muy seguro porque o si no el chico se habría llevado también un gran castigo por lo del grito) por lo que le enviaron con Galatea una muy poco alentadora carta en la que le decían que tendría que explicar esos sucesos en Semana Santa, lo que indicaba que tendría que enfrentar no solamente a sus padres, sino también al Señor Oscuro.
La situación era cada vez más desesperada, Severus estaba seguro de que un nuevo castigo con el Cruciatus sería el resultado de ese problema, no sabía que hacer, se sentía desesperado y encerrado, ahora más que nunca dudaba querer ser un mortífago, odiaba el maldito momento en que los Malfoy fueron a la casa de sus padres para presentarles a Lucius y terminar d convencerlo de hacer a Severus un mortífago para que pudiera estar a la par con el "niño modelo". Aún podía recordar la voz de su padre "Te felicito Malfoy, tu hijo es un talento nato", recordaba también su mirada de desprecio para continuar diciendo "El mío no tiene esas cualidades pero el Señor Oscuro ha aceptado que lo entrenemos para él, dice que tiene potencial y para algo puede servir"...
Odiaba a su padre, sabía que él era el culpable de sus desgracias, su madre no quería hacerlo un mortífago pero por ello recibió un castigo que la dejó medio muerta, él fue el que con sus maltratos hizo que ella se perdiera en el alcohol y se olvidara de su familia, de defender a su único hijo y salvarlo de las garras de su negro destino. También la odiaba a ella, por no haber buscado ayuda, por no haber sido valiente y haber resistido, en cambio, se convirtió también en un mortífago, más por miedo a su marido que por convicción, pero así se traicionó a ella misma y traicionó a su hijo perdiéndolo para siempre...
Severus no sabía en que momento había comenzado, pero ya no podía detenerse, la magia había quedado olvidada, la varita estaba tirada a un lado, solamente existían la ira y el odio que venían de lo profundo de su corazón, esa ira y ese odio que le hacían golpear la pared cada vez con más fuerza a pesar de que sus manos sangraban profusamente y le dolían como nunca se hubiera imaginado, gruesas gotas de sudor cubrían su cara y su frente, y su ropa estaba empapada, podría incluso pensarse que lloraba pero si se le miraba más de cerca se podía notar que era el sudor, que lo cubría totalmente, no emitía ningún sonido, pero sus dientes estaban muy apretados como si se retara a si mismo a atreverse a dejar escapar una queja. En ese momento el odio y la ira ya no tenían límites, hubiera querido destruirlo todo con sus propias manos, así como hacía con la pared, que a pesar de ser de roca pura ya había empezado a hundirse en algunos puntos, en ese momento si alguien pudiera concedérselo habría, sin pensarlo dos veces, querido renunciar al privilegio de ser un mago y convertirse en un vulgar muggle, ellos podían ser débiles y estúpidos, pero no estaban obligados a servir a un Mago Tenebroso, tenían otras formas de esclavizarse, era cierto, pero no tan horribles como esa.
No supo en realidad cuánto tiempo había pasado descargando sus sentimientos contra la pared pero parecía que no le era suficiente, aún sentía rabia en su corazón y deseaba desahogarse totalmente contra los muros. El problema era que su cuerpo no estaba de acuerdo con él y debido a la pérdida de sangre y al cansancio del esfuerzo realizado, notó que su vista se nublaba, sus puños se negaban a levantarse y su cabeza comenzó a dar vueltas, había caído en el suelo, estaba inconsciente.
La inconsciencia dio paso al sueño, por lo que ahora Severus estaba dormido, si hubiera podido soñar muy probablemente habría tenido pesadillas, pero su mente estaba tan cansada que bloqueo el estado del sueño en que se soñaba, o hizo que Severus no recordara lo que había soñado para no atormentarse más.
A pesar que las ventanas habían sido cegadas hacía mucho tiempo por estar esa habitación clausurada, un pequeño rayo de luz se coló por entre las tablas de la ventana y dio directamente en el rostro de Severus, este sintió la molesta luz en los ojos e intentó voltear la cabeza pero un repentino dolor que le recorría desde los hombros hasta las manos le impidió moverse. Severus perecía no recordar nada de lo que había pasado la noche anterior, por lo que al abrir los ojos se sorprendió mucho de encontrarse en el viejo cuarto clausurado de Slytherin y no en su habitación. Se sentó no sin gran dificultad y se sorprendió al notar que sus ropas estaban untadas de sangre y empapadas en sudor. Al sentir un terrible ardor en sus manos, las miró y se horrorizó al notar que estas parecían destrozadas, estaban muy llenas de sangre y no podía mover los dedos.
De repente recordó cada una de los sucesos de la noche anterior y se tranquilizó un poco, pero siguió mirando con tristeza sus manos. "Definitivamente estaba muy alterado anoche", pensó al revisar sus nudillos destrozados y la pared del frente un poco abollada en algunos sitios, no sabía que hacer, con las manos así no podría ni siquiera coger la varita y no podría esperar hasta la nueva reunión de la noche, tenía clases y muy seguramente los profesores lo enviarían a buscar, por lo que sus compañeros dirían que no durmió esa noche en la sala común, lo que haría todo muy sospechoso. Parecía haberse quedado absorto en sus ideas, cuando una especie de chispazo vino a su mente y su cara se iluminó "No todo está perdido", pensó intentando meter una de sus manos en el bolsillo de la túnica a pesar del insoportable dolor que eso le producía, "Esto servir", y miró un frasquito trasparente que había logrado sacar de su túnica no sin mucha dificultad, con sus manos inertes ubicó como pudo el frasco entre sus piernas, apretándolo fuertemente con sus rodillas, mientras que con la boca le quitaba cuidadosamente el tapón, "Es una suerte que no tuviera un frasco de tapa rosca en ese momento", pensó alegremente mientras escupía el tapón hacia un lado. Colocó su mano derecha delante del frasco y empujó a este cuidadosamente hacia delante, aunque sosteniéndolo firmemente aún con las rodillas.
Cuando la poción hizo contacto con la mano de Severus, comenzó a salir una gran cantidad de humo de este como si se estuviera quemando, Severus se mordió con fuerza los labios para no gritar y esperó pacientemente con los ojos cerrados que el escozor cesara. Luego de unos diez minutos abrió los ojos y comprobó con alegría que ya podía mover los dedos, era cierto que la mano aún la dolía y se veían algunas llagas pero no le importó. Tomo con la mano buena (la derecha) el frasco que aún sostenía con sus rodillas y vertió casi todo lo que quedaba del frasco sobre su mano izquierda, aparecieron de nuevo el humo y el escozor, pero una vez más Severus esperó pacientemente a que estos pasaran.
Una vez más observó con alegría que también podía mover los dedos de su mano izquierda aunque esta también le dolía intensamente, aún así Severus recogió el tapón del frasco y se lo puso, ya solo quedaba una muy pequeña cantidad de poción, sin preocuparse demasiado por ello, Severus miró la poción con orgullo, ese era su mayor logro personal, la receta de poción era de su invención y la había logrado después de estudiar muchas pociones sanadoras y materiales con propiedades analgésicas y curativas. Sabía que ni la señora Pomfrey tenía una poción así de potente, porque si hubiese ido directamente a la enfermería sus manos habrían tardado semanas en sanar, esa poción le había permitido muchas veces de librarse de dar explicaciones sobre sus extrañas heridas o de tener que esperar mucho tiempo para sanar, aunque sabia que debía usarla solo en casos graves ya que los materiales eran difíciles de conseguir y la misma poción complicada de preparar. Además que el no tener heridas en ciertas ocasiones podría parecerle un poco sospechoso a sus padres o al Señor Oscuro, quienes por supuesto no tenían conocimiento de la existencia de esta.
Severus salió de sus pensamientos y se preocupó un poco, no estaba seguro de que hora era y con toda la vigilancia que había en el castillo notarían muy pronto su ausencia por lo que enviarían a buscarlo, lo que daría lugar a explicaciones muy engorrosas, además estaba todo lleno de sudor y sangre lo que haría empeorar todo ya que obviamente nadie le creería que esa sangre era suya y que se lastimó por ponerse a golpear un muro de piedra maciza (estaba seguro que nadie en su sano juicio haría eso).
Recordó que tenía el reloj en su muñeca y se acercó con un poco de dificultad al rayo de luz que entraba por la ventana para mirar la hora y respiró aliviado, aún era temprano y lo más probable era que nadie se hubiera levantado, aún así era consciente que no podía demorarse más porque estaría perdido. Se dirigió con rapidez hacia la puerta intentando ignorar el dolor punzante que recorría todo su cuerpo. "Definitivamente debo controlarme", pensó mientras que habría con cautela la puerta del cuarto secreto y se dirigía a su habitación.
Allí todos sus compañeros estaban profundamente dormidos y Severus incluso pudo escuchar los armoniosos ronquidos provenientes de la cama de Tom Levise. Galatea estaba acomodada en su percha y parecía dormir, pero cuando una de las tablas del suelo crujió bajo el peso de Severus abrió los ojos sobresaltada e iba a emitir un graznido de alegría al verlo, pero este le hizo un rápido gesto para que se quedara callada y la lechuza obedeció cerrando su pico sin emitir ningún sonido.
La lechuza lo seguía con la vista y cundo notó que estaba cerca de la cama, lo miró como preguntándolo si estaba bien, tal era el estado de su cara y de sus ropas.
- No te preocupes, estoy bien – dijo Severus suavemente a su lechuza como para tranquilizarla, se sentó en su cama y abrió el baúl de donde sacó una muda limpia de ropa, unos pequeños frasquitos y unas vendas, "Afortunadamente soy precavido", pensó Severus y se dirigió hacia el baño del cuarto.
Esta vez Severus duró en el baño más tiempo que de costumbre, tenía que asearse muy lentamente, nada de jabón o shampoo podía caer en sus heridas, además tenía que aplicarse todas esas pociones y ungüentos, y vendarse sus manos para que las heridas sanaran rápidamente.
Cuando salió del baño ya todos sus compañeros estaban levantados, e incluso Adrian Roberts y Joshua Stevenson ya habían bajado a desayunar. August Fessenden estaba sentado aún en el borde de la cama y cuando Severus pasó por el lado de su cama se quedó mirando sus manos con interés pero no comentó nada y se dirigió al baño de inmediato.
Severus pareció no notar la mirada que la había dirigido Fessenden y luego de dejar sus cosas en el baúl y meter los libros que necesitaba ese día en su mochila, brindó su brazo a Galatea para que se parara en él y bajó con lentitud al gran comedor.
Nott ya había bajado y se encontraba sentado con otros de séptimo año con los cuales hablaba animadamente, al ver a Severus se estremeció notoriamente pero no hizo ningún comentario, aún le dolían algunas partes de su cuerpo y no podía caminar adecuadamente, además por lo que había escuchado su compañero estaba propenso a frecuentes ataques de cólera que ya habían dejado varias víctimas. Nott no lograba comprender cómo seguía Severus atacando a sus compañeros a pesar de todas las detenciones y puntos que le habían quitado los profesores en esos días.
Severus ignoró a Nott y se sentó en un rincón mas bien alejado donde no había nadie, (unos de cuarto se dirigían al mismo lugar, pero al ver que Severus se sentó allí, prefirieron seguir derecho y hacerse en la parte de adelante). Incluso los del "grupo" ignoraron a Severus, todos prefirieron sentarse con los compañeros de sus respectivos años y al pasar por el lado del muchacho aceleraban el paso por temor a ganar una reprimenda.
Esto tenía sin cuidado a Severus, lo que menos necesitaba en esos momentos era una manda de idiotas preguntándole con excitación sobre lo que harían en Semana Santa y haciéndolo salirse de sus casillas, además necesitaba pensar. Galatea comenzó a abrir y cerrar su pico varias veces seguidas, Severus comprendió que tenía hambre y le sirvió un gran tazón de cereal de maíz.
- Deberías comer más comida de lechuza – le dijo suavemente mientras le acariciaba las plumas, Galatea levantó la vista del plato de cereal y lo miró en tono de reproche, pero seguidamente se dedicó a comer de nievo.
El Gran Comedor se estaba llenando, en el momento en que Severus miró hacia la puerta esta se abrió y entró un grupo de muchachos entre risas y carcajadas seguido de un montón de chicas histéricas que parecían empujarse entre ellas para así poder ocupar el lugar más cercano entre los chicos. Inmediatamente se brotó la vena de la sien de Severus y arrugó el ceño marcadamente, "¿Es que Potty y Blackie siempre van seguidos de un escuadrón de mulas babeantes?", pensó mirando con extremo desagrado al grupo mientras Potter pasaba una mano por su cabello para despeinarlo como siempre lo hacía, "Ese presumido, si tan solo pudiera....¿Pero qué.....?", Severus se sorprendió mucho al observar que hacia el final del grupo de fanáticas histéricas venían Anabel Thompson y Samantha Grindelawd, le parecía increíble que entre todas las personas ellas pudieran ser parte del grupo de fanáticas de los Gryffindor. Severus estaba ya sacando conclusiones apresuradas cuando se dio cuenta que estaba en un error, al observar más detalladamente se dio cuenta que Samantha miraba hacia el grupo con una expresión de asco intenso, mientras que Anabel tenía el ceño un poco fruncido pero parecía distraída.
Una vez hubieron avanzado un poco más allá de la puerta las muchachas se separaron rápidamente del ruidoso grupo y se dirigieron hacia la mesa de Slytherin. Severus se sorprendió mucho al notar que Anabel lo miraba atentamente y parecía ya no temerle, en realidad parecía más bien como si quisiera hablarle pero no se atreviera, las chicas pasaron de largo por el lado de Severus y se sentaron junto con algunos de séptimo que les hicieron señas indicándoles que tenían puestos guardados para ellas, el chico se concentró nuevamente en su desayuno y le pareció ridículo haber pensado que Anabel tuviera ganas de hablar con él, después de lo que había sucedido con los padres de la chica y el hecho que él se estaba convirtiendo nuevamente en uno de los seres más odiados del colegio le hacían dudar seriamente de esa posibilidad.
La campana sonó indicando el final del desayuno y como era habitual los alumnos se dirigieron a reunirse rápidamente con sus respectivos profesores.
Las clases del día estuvieron poco movidas, después de Semana Santa venía una nueva temporada de exámenes, por lo que los profesores se encontraban terminando de explicar los temas que entrarían en los exámenes, repasando algunos temas o resolviendo las dudas de los estudiantes.
Una vez terminadas las clases del día, Severus se dirigió junto con sus otros compañeros a la sala común de Slytherin, eran casi las seis por lo que pronto empezaría el toque de queda, Severus dejó su maleta sobre la cama, notó que Galatea no estaba "Posiblemente estará en la lechucería o comiendo algunas ratas" pensó sin darle importancia y salió nuevamente de su cuarto para bajar a la sala común.
Severus llevaba alrededor de diez minutos sentado confortablemente en un sillón leyendo un libro cuando la puerta se abrió y entró el profesor McAffey.
- Es hora de irnos señor Snape – dijo el profesor mirando al muchacho, el cual dejó el libro sobre la mesa y siguió al profesor por fuera de la sala común
Se alejaban del área de los calabozos y se dirigían hacia la parte más poblada del castillo
- ¿Cuántas detenciones lleva hasta ahora, señor Snape? – preguntó McAffey como confundido deteniéndose un momento.
- La de hoy es la tercera, profesor – dijo Severus deteniéndose también
- Ya veo... – dijo McAffey pensativo – entonces la de hoy es con la profesora McGonagall
- Supongo que sí, profesor – respondió Severus en voz baja, en verdad la profesora McGonagall era muy estricta y no quería imaginar que tipo de castigo le podría, además aún estaba muy adolorido y no podría descansar sino hasta bien entrada la noche porque tenía que reunirse con los otros.
McAffey echo a andar nuevamente, esta vez con paso seguro, hacia el despacho de la profesora McGonagall
- ¿Cuántas detenciones le ha dado el profesor Dumbledore, Severus? – preguntó McAffey de repente aunque en un tono amable
- Cuatro semanas de detención, señor – dijo Severus después de pensarlo un poco – dos antes de salir a Semana Santa y dos después de regresar de esta.
- Mmmm.... Un poco duro – dijo McAffey como pensando en voz alta – Bien ya hemos llegado – agregó parándose frente a una gran puerta de roble y dando unos golpes suaves.
- Siga, está abierto – se escuchó que decía una voz proveniente del interior de la habitación.
- Buenas noches Minerva – dijo el profesor McAffey entrando a la habitación
- Buenas noches Remulus – respondió la profesora McGonagall en un tono cortés.
-Vengo a traerte a Snape para cumplir su castigo contigo – agregó McAffey indicándole al chico que entrara.
- Buenas noches profesora McGonagall – dijo Severus intentando aparentar timidez, no quería más problemas y menos con ella, hasta podría decirse que le tenía un poco de miedo.
- Buenas noches señor Snape – dijo la profesora McGonagall que había fruncido un poco el entrecejo, pero al ver la actitud de Severus relajó su rostro completamente y casi podría decirse que había sonreído – Gracias Remulus, puedes venir por él a las diez – agregó mirando al profesor que en ese momento salió por la puerta.
Severus miró a la profesora preocupado, pensó que su castigo no duraría más que lo que había durado el de Filch el día anterior, por lo que les había dado a los otros una cita a las ocho y media, esperaba que se encontraran despiertos y fuera de sus habitaciones en el momento en que él regresara, era obligatorio entrenar, además no podían perder más tiempo.
- Bien señor Snape – comenzó a decir la profesora McGonagall luego de revisar unas hojas y escribir algunas anotaciones con una pluma que tenía tinta de color rojo – creo que el día de hoy usted me ayudará a limpiar las jaulas y a alimentar los conejillos de indias y los ratones que utilizaré mañana en clase. ¿Alguna pregunta?
- No, profesora
- Bien, entonces sígame – la profesora McGonagall se levantó de la silla y salió de su despacho seguida por Severus, este estaba un poco más tranquilo, no cría que se necesitaran muchos animales en la clase por lo que el trabajo sería rápido.
Severus siguió a la profesora hasta un pequeño cuartito que se encontraba al lado del salón de transformaciones, la profesora sacó una llave de su bolsillo y se disponía a abrir la puerta cuando se volvió hacia Severus y le dijo:
- Creo que sobra recordarle que no puede usar magia
- Está bien – respondió Severus con tranquilidad, en realidad le había extrañado que la profesora no le hubiera dicho antes lo de no usar magia.
En ese momento la profesora abrió la puerta y Severus quedó petrificado y boquiabierto. Había por lo menos unas cien jaulas, en cada una de las cuales habitaban cuatro animales. El olor a heces y desperdicios era insoportable ni que decir de la comida que se encontraba en un rincón.
- ¿Te...tengo que limpiarlas todas? – preguntó Severus casi sin voz
- Todas – respondió la profesora McGonagall – y recuerde que no puede usar magia, pasaré en una hora para ver como va su trabajo – agregó y salió del salón dejando solo a Severus con los animales.
Eso era más que desastroso, cuando la profesora McGonagall regresó, Severus no llevaba ni cinco cajas, con lo que la profesora de transformaciones arrugó el ceño y le dijo:
- Será mejor que se dé prisa señor Snape o se quedará aquí hasta que termine así sean diez años.
Severus estaba desesperado, sus manos y brazos le dolían más intensamente que nunca por el esfuerzo de bajar las jaulas, sin contar que a los ratones no les gustaba dejarse atrapar y lo habían mordido varias veces; definitivamente McGonagall tenía razón, no acabaría ni en diez años.
Sobre les vendas aparecieron unas pequeñas manchas rojas, parecía que las heridas habían vuelto a sangrar, pero en ese momento no podía dedicarse a curarlas porque tenía que terminar con la limpieza. En ese momento abrió una de las cajas para limpiarla y un ratón saltó de ella y salió corriendo.
- ¡Maldita sea! – exclamó Severus tapando la caja justo para evitar que saliera otro de los ratones, y comenzó a buscar al ratón perdido por los estantes. Había revisado la habitación por más de diez minutos, cuando en una oscura esquina escuchó un sonido como de roer.
- ¡Te encontré! – dijo Severus con una sonrisa mientras se agachaba apoyando una de sus manos contra el suelo, mientras que metía la otra debajo de la estantería intentando no asustar al ratón. - ¡¡Ah !! ¡demonios! – gritó Severus cuando sintió los dientes del ratón clavándose en sus dedos, pero aún así no lo soltó ni lo dejó escapar.
Logró sacar al ratón de su escondite y cuando lo acercó a la luz lo miró de malas maneras y lo colocó de manera un poco fuerte en otra de las cajas mientras que limpiaba la que era su hogar.
Severus estaba muy cansado y le parecía que las horas se le hacían más largas, además sentía como si las jaulas se multiplicaran ya que a pesar que limpiaba y limpiaba no parecía avanzar.
- Bien, señor Snape – dijo la profesora McGonagall abriendo la puerta haciendo que Severus se sobresaltara – hemos venido a observar su trabajo.
Entró junto con el profesor McAffey y comenzaron a revisar las jaulas, Severus la miraba nervioso, no había limpiado aún ni la mitad de las jaulas pero no podía pasarse el resto de la noche limpiando excremento de animal.
- Mmmm.... – dijo la profesora McGonagall mirando las jaulas limpias y luego arrugando un poco el entrecejo con las jaulas sucias.
- Yo...
- Esta bien, señor Snape creo que puede irse – dijo la profesora McGonagall desarrugando el ceño y casi esbozando una sonrisa.
- Gracias profesora – dijo Severus aliviado
- Pero aún así tiene que regresar mañana a terminar su trabajo – dijo la profesora McGonagall mirándolo severamente
- E ..está bien profesora – dijo Severus preocupándose un poco en su interior, dudaba poder soportar el dolor y todo el trabajo que tenía que hacer por más tiempo.
- Vamos, Severus – dijo McAffey saliendo del salón y luego mirando a la profesora McGonagall agregó - que tengas buenas noches Minerva.
- Buenas noches a ustedes dos – dijo la profesora McGonagall con amabilidad – nos vemos mañana a la misma hora.
- El profesor McAffey se despidió de Severus en la puerta de la sala común y siguió su ronda nocturna.
Severus miró con ansiedad la sala común ya eran más de las 10:30pm, abajo estaban algunos alumnos de séptimo año que ya se estaban preparando para subir a sus habitaciones pero no había ninguno de aquellos con los que se tenía que reunir.
Severus decidió subir primero a su habitación para cambiar los vendajes que estaban manchados de sangre, además que tenía que aplicarse de nuevo los ungüentos y las pociones porque el dolor había vuelto a aparecer.
Galatea estaba acomodada en su percha y sus compañeros ya estaban en sus camas pero hablaban animadamente, aunque al ver a Severus todos se disculparon diciendo que tenían sueño y cerraron las cortinas de sus camas como si fueran a acostarse a dormir.
Severus no le dio importancia a este hecho y se sentó en el piso, y abrió su baúl de donde sacó varios frasquitos y nuevos vendajes, pero como sus compañeros estaban en un sospechoso silencio y era muy probable que lo estuvieran espiando, prefirió curarse sus heridas en el baño de donde salió al cabo de media hora. Definitivamente ya era muy tarde, pero si no hubiera curado sus heridas, no hubiera podido entrenar, lo que para el caso no le serviría para nada.
Salió de la habitación y se dirigió con cautela al cuarto oculto que se encontraba frente a la habitación de los de cuarto año, en ese momento el pasillo estaba desierto, por lo que Severus dijo la contraseña y entró con rapidez al cuarto.
Allí estaban sentados en el piso John, Berta y Robert; mientras que Tina miraba por la ventana y Spencer jugaba con su varita haciendo salir de ésta chispas de colores cada cinco minutos. Al escuchar el ruido de la puerta todos voltearon a ver a Severus, incluso notaron las vendas de sus manos pero no hicieron ningún comentario.
- Hoy también practicaremos durante tres horas – dijo Severus aunque en realidad hubiera deseado estar bajo sus cobijas, no tenía muy buen gesto, aparte del dolor de sus manos y del cansancio de haber limpiado toda esa porquería de animales, tenía que entrenar a esos idiotas porque nada podía salir mal o sino él lo pagaría.
- Ese día tendrían un duelo, en realidad él estaba muy cansado pero ya les había dicho el día anterior que eso era lo que harían y no podía cambiar los planes de un momento a otro, de todas maneras no se le ocurría pensar en algo diferente.
- Bien, escojan a sus parejas si no quieren que los acomode yo - dijo Severus de malas maneras, acto seguido todos se reunieron. Berta se hizo con Tina, John con Robert y Spencer quedó solo, por lo que Snape decidió hacerse con él, a pesar de la cara de preocupación de este último.
- Vamos a practicar algunos hechizos que le serán útiles. Comenzarán John y Robert
- ¿Qué hechizos debemos usar?- pregunto John
- Sorpréndanme- añadió Snape molesto
Los dos muchachos se pararon uno frente al otro y levantaron sus varitas en señal de saludo, comenzaron a atacarse con varios de los hechizos aprendidos en clase, los cuales, para los que solían usar los mortífagos no eran de mucha utilidad, parecía que ambos estaban muy asustados como para atacarse en forma y estaban muy temerosos de herir seriamente al otro. La vena de la sien de Severus comenzó a brotarse y la paciencia a perderse con el paso de los minutos.
- ¡¿Y así quieren ser presentados al Señor Tenebroso?! –gritó Severus a John y a Robert que quedaron parados en seco. - ¡Esos ataque son tan estúpidamente débiles que hasta un squib podría pararlos! ¡¿Es que acaso sus tutores o yo no les hemos enseñado nada?!
- Esta vez usaremos hechizos más fuertes – dijo Roberts por lo bajo intentando calmar a Severus.
- ¡No habrá un esta vez! – gritó Severus – y déjenme recordarles que si lo siguen haciendo así de mal recibirán un castigo peor que el de Nott y el Señor Oscuro se encargará de tratar el tema con sus respectivas familias.
Morrison y Downs miraron con una especie de temor a Severus y se alejaron del centro del salón para dar espacio a la siguiente pareja.
- Jones y Powell, siguen ustedes – dijo Severus dejando de gritar – espero que lo hagan mejor que ese par de mentecatos-
Tina y Bertha avanzaron al centro del salón y luego del saludo comenzaron el duelo. Ciertamente lo estaban haciendo mucho mejor que John y Robert, se estaban atacando con hechizos que ni siquiera conocían los de séptimo año y ninguna de las dos parecía querer rendirse. Severus desarrugó un poco el gesto, y pudo notar que al cabo de algunos minutos Tina había tomado la ventaja sobre Bertha y la estaba arrinconando. Luego de unos segundos la varita de Bertha voló por los aires y Tina sonrió triunfante y bajó la guardia
- Ja! Excelente – dijo Severus en un tono sarcástico – nada mejor que creer que con haber desarmado al enemigo ya se ha ganado y se puede bajar la guardia.
- Pero Bertha sin su varita...
- ¡Pero Bertha sin su varita qué! – gritó Severus a una muy confundida Tina – ¿es que acaso por quitarle su varita la ha dejado inválida? ¿o la ha dejado estúpida?
- Pero yo puedo...
- ¡Pero yo puedo qué! – volvió a gritar Severus - ¿Defenderme?, le sugiero que no subestime tanto a su enemigo señorita Powell puede que no todos sean tan estúpidos como usted... ¡y ahora retírense!
Bertha y Tina se dirigieron hacia las paredes del cuarto mientras que Spencer avanzaba hacia el centro luego de que Severus le hiciera una seña.
A una señal de Severus ambos levantaron sus varitas en señal de saludo y el duelo comenzó. Un dolor punzante recorrió el brazo de Severus por lo que apenas pudo parar y con mucha dificultad dos hechizos simples que le envió Spencer. El chico que al principio parecía preocupado, se animó con esa muestra de debilidad y comenzó a atacar con más fuerza a su adversario.
Pero Severus no era un contrincante fácil de vencer por lo que después de la sorpresa inicial ignoró el dolor de su brazo y comenzó a defenderse adecuadamente y luego a atacar con fiereza haciendo que Spencer perdiera todo el espacio que había ganado e incluso empezara a retroceder. A pesar que Spencer era muy buen duelista (eso Snape ya lo sabía con anterioridad), Severus lo tenía completamente dominado y solamente le permitía defenderse pero con una gran dificultad. A pesar del dolor intenso Severus atacaba cada vez con mayor fuerza, por lo que un muy asustado Spencer se encontraba ya contra la pared. Con una ataque de Severus la varita de Spencer salió disparada de su mano y fue a caer en un rincón alejado del cuarto.
Severus levantó su varita a la altura del pecho de Spencer y lo miró con un odio tan profundo que el muchacho, a pesar suyo, comenzó a temblar descontroladamente. Quería acabar con él, enviarle un Crucio, lo que fuera, las palabras estaban en su boca, estaba a punto de pronunciarlas, cuando algo en su mente lo hizo detenerse, el movimiento que había hecho para hablar se convirtió en una sonrisa despectiva y simplemente dijo:
- Eres un cobarde, Spencer – y bajó la varita permitiendo que el muchacho corriera al muro al recoger la suya.
- Yo....
- Creí que había quedado claro que no acepto excusas de ninguna clase – dijo Severus sin gritar pero con una mirada y una voz tan frías que todos se alejaron de él un paso. – Son unos incompetentes, dijo mirando a los que habían sido vencidos. Eso es todo por hoy
- ¿Mañana también tendremos entrenamiento? – se atrevió a preguntar Bertha Jones aunque se acercaba a la puerta cada vez más
- ¿Tú que crees? – le respondió Severus con un tono marcadamente odioso y sarcástico
- ¿A...a qué horas? – preguntó Tina Tenderson casi en un susurro
- A la hora en que llegué hoy – respondió Severus con un resto de frialdad – pero les sugiero que lleguen antes y empiecen a practicar si no quieren sufrir las consecuencias de sus estupideces.
Una vez hubieron salido todos Severus hizo un gesto de dolor y se miró las manos y los brazos, le dolían demasiado y por desgracia no tenía pociones para calmar el dolor puesto que no tenía los ingredientes adecuados. Arrugó más el gesto y se dirigió a su habitación donde sus compañeros estaban ya acostados.
