Capítulo XIII
Todos se acomodaron en una especie de auto muggle que los esperaba a la salida de la estación. Severus no pudo ver quien conducía puesto que un vidrio negro separaba a los pasajeros del conductor. El silencio no se rompió durante toda la marcha, cada quien parecía interesado en organizar sus pensamientos y no en prestarle atención a los demás.
Después de aproximadamente una hora el auto se detuvo y todos bajaron de él, cada quien tuvo que cargar su propio baúl. El auto siguió su camino una vez el padre de Severus hubo dado una señal.
El lugar se veía muy pobre y parecía abandonado, había basura tirada en el suelo y un desagradable olor (entre mezcla de orín, excremento y barro) inundaba el lugar. Severus dio una mirada alrededor, dudaba que el Señor Oscuro estuviera en las cercanías, pero al observar fijamente un potrero que se encontraba a unos cien metros, se sorprendió al reconocer en él la fotografía que había aparecido en el diario El Profeta indicando el lugar donde se había encontrado el cadáver del Señor Gardener. Al parecer nadie más había notado esto, pues ninguno había cambiado la expresión indiferente de su rostro.
Severus se vio forzado a seguir a su padre a través de ese potrero y entró detrás de él a una casita destartalada cuya puerta era de latón, allí había una mesa de madera muy gastada y una silla con una pata coja.
- Espero alejarme cuanto antes de estos asquerosos muggles – dijo el Señor Snape, mirando con asco a su alrededor y abriendo un pequeño armario negro que había en una esquina y sacando de allí una copa de plata que tenía labrada una serpiente en la base.
- Acérquense todos – continuó el Señor Snape con voz fría – este es un traslador – agregó mientras sacaba su varita y apuntaba a la copa y decía "Portus" – partiremos en un minuto así que asegúrense de estar tocando una parte de la copa ya que si pierden el traslador quedarán abandonados a su suerte. Aunque si hay algún cobarde de servir al Señor Oscuro, mejor que ni se acerque, tendrán mejor suerte muriendo como perros abandonados que intentando huir de su inmenso poder - tras decir esto soltó una carcajada tan fría que todos se miraron asustados. Estaban pálidos y con un nudo en el estómago, de la decisión que tomaran ahora dependía todo su futuro, aunque la verdad no tenían mucho de donde escoger, no al menos Severus, su destino ya estaba trazado...
- Bien, es hora de partir, sobra decir que ante el Señor Tenebroso solo están los mejores, veremos si merecen ese privilegio - una mirada de evaluación y desprecio salió de los ojos del señor Snape hacia el grupo de alumnos de Hogwarts, que en ese momento parecían más chiquillos asustados buscando a sus madres que futuros –y entrenados- mortífagos. – Apenas lleguen se les conducirá ante la presencia del Señor Oscuro y se les evaluará para ver que tan bueno fue el entrenamiento recibido - sus ojos se posaron por un segundo en Severus, quien deliberadamente desvió la mirada - acto seguido, los que tendrán el honor de ser aceptados por el Señor Tenebroso continuarán con su entrenamiento y tendrán la oportunidad de "practicar" lo aprendido - una sonrisa macabra cruzó su rostro helando aún mas al grupo.
- Ehh...disculpe señor Snape.....eh...que pasará con los que no sean aceptados por el S...por el Señor Tenebroso?- la voz de Tina salió como un murmullo tembloroso, apenas audible por el perfecto silencio que quedó a las palabras del señor Snape.
- ¿Que qué les va a pasar?- la voz del señor Snape expresaba un dejo de ironía - Severus, pensé que habías escogido mejor a los alumnos que se iban a presentar al señor Tenebroso, pero veo que solamente escogiste una manada de estúpidos cobardes - añadió mirando al grupo pálido y tembloroso - En cuanto a usted - dijo mirando a Tina- si no sabe cuales son las consecuencias de decepcionar al amo, mejor que ni se presente, sería una gran estupidez, aunque supongo que viniendo de usted no se puede esperar más. – la cara de Tina enrojeció por la vergüenza y la ira, y por un momento se olvidó frente a quien se encontraba y hubiera atacado al señor Snape de no haber sido detenida por esa mirada tan fría que le dirigía este - Si quiere averiguar que les pasa a los desertores, simplemente compruébelo usted misma, o interrogue a mi hijo, más de una vez a conocido esa respuesta.- Por primera vez desde que llegaron, la mirada de todos se apartó del señor Snape, que en ese momento se giraba y tomaba el trasladador, y se posó sobre Severus, quien miraba con odio a su padre. Tantos años de humillación ante un amo que no era de su agrado y ante su padre giraban en los recuerdos de Severus, era demasiado, esa vida él no la había pedido...
- Es hora de irnos - dijo el señor Snape. Todos tomaron con una manos sus baúles y con la otra tocaron una parte de la copa. Las cosas comenzaron a girar y sintieron como un gancho los agarraba por el ombligo y los jalaba a un lugar que ninguno de ellos conocía. Las vueltas que daban y la expectativa de lo que vendría mareaban a más de uno, pero Severus ya no sentía nada, cuantas veces no había hecho lo mismo, las últimas palabras de su padre aún estaban en su cabeza y no lo dejaban pensar en paz, ahora solo tenía que esperar si los candidatos eran a gusto de Voldemort o él recibiría un castigo de Voldemort, aparte de lo que le haría su padre......
Después de unos segundos todo se detuvo y Severus volvió a sentir el suelo bajo sus pies. La parada fue un poco brusca y Severus tambaleó un poco pero no se cayó, a diferencia de Tina, Spencer, Bertha, John, Robert y Harvey Nott quienes estaban tirados en el suelo. (Nott viajaba con ellos debido a que por ser su padre uno de los más fieles mortífagos de Voldemort, era de suponerse que él tuviera este tipo de "privilegios" aunque como se ha podido observar no tuviera alguna "cualidad especial" para ser un Mortífago). El Señor Snape miró con desprecio a todos los que estaban a su alrededor (excepto a Lucius) y se alejó con rapidez del lugar en que se encontraban.
Severus recorrió el lugar con la vista y no tardó en reconocerlo, había estado allí más de cien veces. Se encontraban en una habitación del piso principal de una vieja y enorme mansión que podía considerarse como el "cuartel general" de los mortífagos. Prácticamente todas las veces que había acompañado a su padre en el servicio al Señor Tenebroso, había estado en ese lugar.
Las ventanas del cuarto habían sido cegadas con tablas por lo que la luz que entraba era mínima, aún así se podía observar que el papel tapiz que cubría las paredes estaba raído y mohoso, mientras que el suelo de madera crujía penosamente al moverse la gente sobre él, además de observarse algunos agujeros en los puntos en que la madera se había podrido, por lo que había que caminar con cuidado.
Lucius había salido de la estancia unos segundos después del Señor Snape, por lo que ahora se encontraban solos. Parecía como si lo lúgubre del lugar hubiera penetrado lo más profundo de los corazones de todos porque no se atrevían a hablar o moverse (a pesar de haberse puesto de pie) sino que se limitaban a recorrer el lugar con ojos atemorizados. Ni siquiera Nott, que al igual que Severus ya había estado varias veces en esa mansión, se atrevía a alejarse un paso más del lugar en el cual había caído.
El único mueble de la habitación (si se puede considerar como tal), era un viejo tapete muy roído en varios sitios que se encontraba en el centro de la habitación. Habían pasado alrededor de unos quince minutos pero aún así ninguno parecía tener ganas de querer moverse, algunas veces se escuchaban pasos lejanos y apresurados que se perdían en la distancia, pero nada o nadie se acercaba para indicarles que podían pasar o que debían hacer. De todas maneras, al no moverse Severus del lugar en que se encontraba, ninguno se creía con derecho para hacerlo.
Severus parecía no hacer notado esto y seguía con la mirada perdida hacia las pequeñas aberturas que había entre las tablas de la ventana y que dejaban entrar la mortecina luz. Ninguno se atrevía a molestarlo, la verdad no deseaban conocer su reacción, además, pensándolo bien, no había razón para acelerar la presentación al Señor Tenebroso.
Pasó así otro buen rato (ya todos habían perdido la noción del tiempo), cuando se escuchó un sonido como de algo que se arrastra acercarse lentamente. Era como si se raspara el piso con algo rugoso, todos voltearon su cabeza hacia la puerta atraídos por el sonido curioso pero no se movieron. Severus también dirigió su mirada hacia la puerta pero en su cara no había señal de expectación, tenía el entrecejo fruncido.
Una sombra apareció en la puerta y se escuchó un agudísimo grito, que no parecía humano, proveniente de la boca de Tina, mientras que Bertha se aferraba con fuerza a un exánime John para no caer. Robert estaba completamente petrificado, Spencer había dado algunos pasos hacia atrás y Nott estaba tembloroso y más pálido que un pergamino. Solamente Severus no cambió su actitud pero miró con extrema aprehensión al monstruo que se acercaba.
Era una enorme y escamosa bestia verde, una serpiente que se acercaba a ellos lentamente sacando cada tanto su lengua bífida. Su actitud era cautelosa, como si supiera que se trataba de extraños. Se acercó primero a Severus, quien se veía que hacía enormes esfuerzos por quedarse completamente quieto, levantó su horrible cabeza mirando directamente a la cara de Severus y sacó y metió varias veces su lengua bífida para reconocerlo, rodeó lentamente al muchacho arrastrando su enorme cuerpo y luego se acercó a la jaula de Galatea, la cual estaba sobre el baúl. La lechuza erizó las plumas asustada y se intentó hacer lo más pequeña que pudo en el interior de su jaula, alejando su cara de la serpiente, que parecía querer hipnotizarla.
El animal pareció satisfecho de su examen a Severus, por lo que se alejó un poco del muchacho y se acercó a Roberts, que la miraba con ojos aterrorizados pero no parecía capaz de moverse, al igual que con Severus, lo miró fijamente a la cara, lo examinó con su lengua bífida, y luego de rodearlo con su enorme y escamoso cuerpo, se dirigió hacia Tina, que estuvo a punto de caer desmayada. La serpiente parecía gozar macabramente con el sufrimiento de la chica, puesto que la examinó más lentamente y se le acercó a menos de un palmo de distancia. Seguidamente pasó hacia John, que parecía haber perdido todas sus fuerzas y ser incapaz de defenderse si el animal intentaba algún ataque. Tras terminar su examen, siguió Bertha, la serpiente le examinó igual que a los otros, mientras la chica intentaba reprimir algunos sollozos.
Spencer había logrado alejarse un poco, pero aún así se había quedado petrificado desde el momento en que vio a la serpiente acercarse a Severus. Seguía su turno, la serpiente se le acercó y lo miraba como hipnotizándolo. Severus pensaba que eso no era bueno, sabía que no tendría mucha opción, pero aún así tomó con fuerza la varita para estar listo por si algo ocurría. Spencer parecía atontado y la serpiente se acercó peligrosamente a una de sus pantorrillas abriendo la boca, lista para clavarle unos enormes y filosos colmillos, Severus levantaba su varita y estaba pensando algún hechizo que pudiera ayudarle, cuando el animal regresó a su examen habitual.
Por último se acercó a Nott, que estaba más blanco que una sábana, pero apenas realizó un muy corto examen, como si supiera de quien se trataba y eso la aburriera. Se arrastró hacia la puerta y dirigió una última mirada a Severus y se fue del lugar.
Su cuerpo desaparecía lentamente por la puerta, todos estaban muy quietos y expectantes, luego de lo que para ellos fue siglos, desapareció el último tramo de la descomunal serpiente por la puerta. De repente se escuchó un golpe seco, Spencer había caído de rodillas y temblaba descontroladamente, mientras gruesas gotas de sudor caían por su frente, incluso Severus pudo notar que algo muy parecido como una lágrima brillaba en sus ojos...
- Síganme – aproximadamente diez minutos después de la visita de la serpiente, Lucius Malfoy entró nuevamente en la habitación, parecía algo más severo que antes pero a nadie le importó, todos querían salir de esa horrible habitación.
El único sonido proveniente del grupo era el ruido que hacían los baúles al ser arrastrados por el piso, después del encuentro todos parecían haber perdido el don de la palabra.
Salieron de la habitación a un pequeño pasadizo que conducía a una enorme sala en cuyo centro había una escalera muy ancha que conducía a los pisos superiores. Lucius subió por la escalera delante de ellos y una vez estuvieron en el segundo piso, torció a la izquierda por un pasadizo que era igual de ancho que la escalera y se dirigió directamente a una habitación que se encontraba al final del corredor.
- Dormirán en este lugar – dijo Lucius abriendo la puerta para dejar ver una enorme y oscura habitación en donde había siete camas adoseladas (muy similares a las de Hogwarts), además de un enorme armario de roble que chirriaba ruidosamente cuando se abría.
Lucius se alejó por el mismo corredor una vez hubieron ingresado todos a la habitación. Cada cual se dirigió a una de las camas y comenzó a acomodar sus cosas. Severus puso su baúl al lado de la cama que había escogido, la cual era la más cercana a la ventana, una vez hubo acomodado sus cosas abrió la jaula de Galatea quien salió inmediatamente de esta y de la habitación por la ventana que Spencer acababa de abrir para permitir que el cuarto se aireara. Severus miró alejarse a su lechuza con envidia y ahogó un suspiro mientras abría su baúl como si fuera a buscar algo
- Pensé que nos darían habitaciones separadas – se atrevió a decir Tina luego de un rato, mientras sacaba unos perfumes de su baúl.
Una carcajada despectiva y amarga de Severus fue todo lo que obtuvo por respuesta.
- Por si hay alguna duda, no estamos en un crucero de lujo- dijo Severus- aquí nadie, NADIE, tendrá un trato especial, así que deben conformarse con lo que les dan.- Tina se dio la vuelta e hizo como si no hubiera escuchado.
Nadie más perecía tener alguna objeción con respecto al tratamiento que estaban recibiendo, así que a pesar que había llegado la hora de la comida y nadie había hecho alguna nueva aparición en el cuarto, no hubo comentarios sobre el caso.
Severus había optado por recostarse en su cama y tenía la vista fija en el techo, la verdad no le extrañaba para nada la acogida, incluso, si la comparaba con algunas acogidas anteriores, esta había sido más calurosa que de costumbre, por lo menos les habían indicado sus habitaciones antes de la media noche...
- Vamos, ¡muévanse! – el Señor Snape había entrado en el cuarto dando un portazo que sobresaltó a Nott y a Jones quienes ya estaban adormilados. - ¡¿me escucharon?! – volvió a gritar el Señor Snape con su voz fría mientras dirigía una mirada de odio al grupo.
Spencer y John, habían seguido al señor Snape desde la primera llamada, Tina, Bertha, Robert y Harvey se apresuraron a unirse al grupo. Severus esperó a que todos salieran, en realidad no tenía ganas de estar cerca de su padre (en realidad no era por el ánimo de este ya que era el mismo de siempre), pero tampoco podía desobedecerle por completo, no deseaba más humillaciones. Aún así salió cerrando la puerta y se unió al grupo pensativo, dudaba que su padre los fuera a llevar inmediatamente a la presencia del Señor Oscuro, eso sería demasiado pronto y no creía que estuvieran tan desesperados...
Salieron de la casa a por una puerta pequeña y se encontraron en una especie de patio muy desarreglado, la maleza crecía por todas partes y había algunos árboles caídos cuya madera ya estaba podrida. Siguieron caminando por el patio y llegaron al límite de un bosque muy oscuro y espeso de donde se escuchaba el sonido de voces y algunas carcajadas.
Un fuerte viento despeinó a los que caminaban, y Severus se ajustó un poco más su capa, podía ver a Nott tiritando, tenía la impresión que no era únicamente debido al frío de la noche. Una vez atravesaron los primeros árboles, Severus pudo observar que a lo lejos se veía una especie de luz que parecía venir de la tierra, la cual era interceptada algunas veces por una especie de sombras. John y Bertha se lanzaron miradas nerviosas, Robert no dejaba ver sus emociones y Spencer caminaba con determinación.
El padre de Severus los guió en dirección a la tenue luz, y luego de unos minutos de camino a través del bosque, se encontraron en una especie de claro en el cual se observaba una enorme hoguera y varias personas con capuchas negras y máscaras blancas que parecían estarlos esperando.
- Por fin llegan – dijo uno de los encapuchados, mientras el resto se acercaba y los rodeaba como para examinarlos. El señor Snape aprovecho el momento para alejarse del grupo y se dirigió en dirección opuesta de la hoguera y desapareció en la oscuridad.
- Les tenemos una sorpresa de bienvenida – dijo una voz de mujer proveniente de un lugar cercano al de la voz anterior y se escucharon algunas carcajadas, que hicieron que el grupo se estremeciera.
- No tendrán miedo los bebitos, ¿o sí? – dijo otra voz de mujer que imitaba macabramente el modo de hablar de un niño pequeño- - No se preocupen que no los comeremos esta noche – prosiguió en el mismo tono, mientras que una carcajada más fuerte que la anterior espantó a algunos animales en el bosque. Severus estaba impasible, estaba seguro que nadie podía hacer guerra mental del modo en que la hacía su padre y de cierto modo se sintió aliviado de que él no estuviera allí, pero por otra parte lo tenía inquieto "la sorpresa". Por su parte, Spencer frunció el entrecejo y tomó una actitud desafiante, mirando al grupo.
- Aquí llegan – dijo con alegría una voz masculina al escuchar un ruido como de ramitas rotas que se acercaba. Severus pudo notar que Tina muy probablemente esperaba la aparición de otra serpiente puesto que miraba al sitio de donde provenía el ruido con cautela y se corrió unos pasos para quedar detrás de Robert.
En ese momento aparecieron dos encapuchados que traían flotando a una familia completa de muggles. A pesar de que los hombres que apuntaban a los muggles con sus varitas cubrían su cara con una máscara blanca y tenían una capucha negra al igual que el resto, Severus no dudó en que uno de ellos era su padre.
Una carcajada general se escuchó al ver que los que apuntaban a los muggles con las varitas les hacían dar vueltas en el aire como si fueran grotescas marionetas. Luego de unos segundos el espectáculo cesó (aunque los muggles seguían suspendidos en el aire) y todos guardaron silencio como si esperaran a que alguien hablara. A una señal de uno de los que sostenían a los muggles con las varitas, se escuchó un sonido como de aclararse la garganta proveniente del grupo de encapuchados que se encontraban cerca de la hoguera y se escuchó la voz fuerte y cavernosa de un hombre que tenía un cierto tinte arrogante:
Este es un obsequio de bienvenida del Señor Oscuro. – hizo una pausa como para organizar las ideas o esperar alguna pregunta – Aunque nuestro amo sabe que no tienen permitido hacer magia por fuera del colegio por ser menores de edad – su tono era como si esa idea le pareciera ridícula u obsoleta – no le ha parecido adecuado que se perdieran el placer que nos ha permitido sentir a nosotros sus fieles mortífagos – un murmullo de satisfacción recorrió el grupo de encapuchados que estaban cerca de la hoguera – por lo que ha permitido que se unan el día de hoy a observar el espectáculo que tendremos con estos muggles.
El semblante del grupo en que se encontraba Severus se relajó, incluso pudo ver una sonrisa macabra que se esbozaba en el semblante de Spencer, y los respiros de alivio por parte de Bertha, John y Tina. Robert seguía impasible y Nott miraba a los muggles con interés. A pesar de esto (o tal vez a causa de esto), el alma de Severus se fue al suelo, "tortura...", pensó con amargura, eso era lo que menos necesitaba en ese momento, apenas si había podido controlarse durante todo el día y ahora venían con esa "hermosa" bienvenida, dudaba poder resistirlo pero se vio obligado a controlarse al sentir una mirada fulminante proveniente de uno de los mortífagos que habían traído a los muggles, no podía observar su rostro ni su actitud, pero sentía unos ojos fríos como el hielo que querían perforar hasta el fondo de su alma...
Una vez hubo terminado la presentación del mortífago de la voz cavernosa, los que sostenían a los muggles en el aire retiraron sus varitas de inmediato, por lo que estos cayeron aparatosamente al suelo desde aproximadamente dos metros de altura. El más pequeño (que tendría unos diez años) parecía haberse fracturado la muñeca derecha, puesto que se la agarraba con fuerza y unas gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. Su madre se arrastró para acercarse a él y lo abrazaba fuertemente, apretándolo contra su pecho, mientras le limpiaba las lágrimas de los ojos.
A la carcajada inicial causada por la caída de los muggles, se escuchó una más fuerte debida a un apunte de uno de los mortífagos.
- Pero miren al bebito, miren como llora bajo la falda de mamá – la voz de la mujer imitando macabramente a un bebé se escuchó nuevamente. Severus pudo notar con repugnancia que Tina y John se unían a la carcajada general, mientras que una sonrisa despectiva aparecía en los labios de Spencer.
- ¿Eres lo bastante valiente para estar lejos de tu madre? – preguntó otro de los mortífagos mientras que dirigía su varita hacia la mujer y con un rayo esta salió impelida hasta golpearse con fuerza contra un árbol y perder el conocimiento. De la boca del niño salió un terrible grito de terror que causó nuevas risas (Ahora Robert y Harvey también reían, aunque este último lo hacía muy débilmente)
Severus miraba con creciente repugnancia la escena, le hubiera gustado hacer algo pero estaba contenido por ese molesto sentimiento de los ojos del mortífago que lo miraban fijamente, desvió la mirada del niño muggle, pero pudo observar como el padre de este intentaba desesperadamente moverse, pero le era inútil, estaba bajo el hechizo inmovilizador.
El niño intentó moverse pero varios de los mortífagos apuntaron sus varitas hacia él mientras gritaban "Sepensortia". Esta vez el niño se había quedado paralizado, estaba rodeado de cuatro horrorosas y enormes serpientes que lo miraban con sus astutos ojos y abrían la boca como si fueran a atacarlo en cualquier momento. Una sonrisa de satisfacción se pintó en la cara de Severus al observar que Tina se había puesto muy pálida y que la sonrisa había desaparecido de los rostros de Bertha y John.
La madre del niño seguía inconsciente y un nuevo "Impedimenta", hizo que el padre quedara inmóvil de nuevo cuando había logrado arrastrarse unos metros hacia su hijo. Parecía que los mortífagos no cansaban de reírse y parecían estar apostando para ver quién sería el siguiente en echar sobre la familia algún maleficio.
Uno de los mortífagos dirigió su varita hacia la señora y la transportó por los aires hasta dejarla casi al lado de su hijo, el cual seguía rodeado por las serpientes. El niño observó con horror que del rostro de su madre se veía salir un grueso hilo de sangre que ya le había manchado gran parte de la blusa y le hacía pegotes en el cabello. Otro de los mortífagos apuntó a la mujer mientras gritaba "Enervate", el niño gritó, pero se calmó al ver que su madre abría los ojos, esta miraba a su alrededor confundida pero estuvo a punto de desmayarse al ver a su hijo rodeado por serpientes y a su esposo tirado en el suelo como si estuviera muerto. Sintió el hilo de sangre que caía por su rostro y se sorprendió cuando al pasar una mano por su cabeza, esta había quedado roja debido a la sangre. Miró a los encapuchados como pidiendo clemencia y les rogó que dejaran ir a su hijo.
Una nueva carcajada común fría y malvada, fue lo que recibió por repuesta, la mujer se puso de rodillas y empezó a llorar desconsoladamente. Uno de los mortífagos que había traído a los muggles hizo un movimiento con su varita y para sorpresa de todos las serpientes desaparecieron. La mujer lo miró con profundo agradecimiento y corrió a abrazar a su hijo, pero él no la miraba a ella, tenía la vista fija en el padre, los efectos de la maldición estaban pasando y este se movía con torpeza. Todos esperaron en silencio hasta que el hombre se puso de pie, parecía muy débil pero aún así los miró con actitud desafiante y gritó:
- ¡ENGÉNDROS DE SATANÁS!, ¡DEJEN EN PAZ A MI FAMILIA!, ¡SON UNOS MALDITOS DEMONIOS!, ¡SOLO EL DIABLO PUDO HABERLES DADO ESOS PODERES!, ¡ALÉJENSE DE ESTE LUGAR ALMAS MALDITAS, HIJOS DEL DEMONIO! – había levantado el puño en alto y a pesar que se tambaleaba, no caía, unos murmullos bajos se escuchaban, de repente el hombre fijó la vista en Severus y su grupo, si bien era cierto que estaban vestidos con túnicas, no estaban encapuchados ni enmascarados como los otros, por lo que el hombre pudo ver sus caras y notar su juventud - ¡ENSEÑAN A SUS HIJOS A TORTURAR! – volvió a gritar con una ira renovada - ¡MALDITOS!, TODOS USTEDES ENGENDROS DEL DEMONIO, SON UNOS MALDIT.....
- ¡Cállate muggle estúpido! – lo interrumpió una voz femenina mientras le apuntaba con la varita y gritaba - ¡Crucio!
- ¡AHHHHHHHHHHH! – el muggle se sacudió de repente y cayó en el suelo aullando y retorciéndose de dolor. La madre apretó al niño fuertemente contra su pecho para no dejarlo ver mientras observaba como petrificada el horrible espectáculo del sufrimiento de su marido. Severus se había puesto lívido y había estado a punto de tambalear, había recordado su conversación a con Anabel y la primera tortura que había presenciado, todo le parecía tan macabramente similar, pero sintió de nievo la fría y vigilante mirada de uno de los mortífagos lo hizo clavarse con fuerza las uñas en su mano para controlarse. Se creía desfallecer y los gritos del muggle le martillaban en los oídos, por encima de las renovadas risas de los mortífagos. Se vio obligado a utilizar toda la fuerza de los músculos de su cara para esbozar una sonrisa que escondiera sus sentimientos y por lo menos confundiera en algo al mortífago que lo observaba tan intensamente.
El muggle estaba tirado en la hierba, parecía intentar moverse pero sus miembros no le respondían. Se oyó un nuevo grito de ¡Crucio!, pero esta vez era la mujer muggle quien era torturada, su hijo la miraba con sus enormes y aterrorizados ojos sin poder moverse o articular palabra.
- Estos muggles son grotescos – escuchó decir a uno de los de la hoguera al ver que el padre había logrado arrastrase hasta el cuerpo exánime de su mujer e intentaba reanimarla, mientras que el niño la tomaba de la mano y renovaba sus sollozos. Severus se sentía enfermo, la cabeza le daba vueltas y quería salir a correr pero tenía que controlarse, un nuevo esfuerzo por sonreír, la sensación de esa mirada fría y fija que lo mantenía en su sitio...
- Es mejor que te despidas de tu familia niñito – dijo una voz de hombre tan fría como el hielo, mientras del grupo de la hoguera dos varitas se levantaron, una apuntaba a la mujer muggle y la otra al hombre y se escuchó al unísono "Avada Kedabra". Un rayo de luz verde salió de cada una de las varitas y fue a dar directamente al pecho de los muggles. Un profundo silencio siguió a esto. Todos se habían puesto muy pálidos, Severus incluso pudo ver que Spencer había fruncido el entrecejo, Nott, Tina y John se habían estremecido por un momento y Bertha, asombrada había dado un paso hacia atrás.
El niño parecía no haber entendido lo que acababa de suceder, pero todos notaron que su desesperación iba en aumento al observar que sus padres no respondían a los llamados que les hacía, el pánico y la comprensión asomaban a su rostro cuando de nuevo la misma voz femenina que hablaba macabramente como un bebé rompió el silencio.
- No te preocupes, bebito – dijo mientras levantaba su varita y le apuntaba – pronto irás a reunirte con ellos ¡Avada Kedabra! – un nuevo rayo de luz verde salió de la varita de la mujer y dio en el pecho al niño, que cayó exánime sobre el cuerpo de sus padres.
Nadie se movía, el silencio se había apoderado de todo, Severus dudaba seriamente poder mantenerse en pie por más tiempo, sentía como si sus piernas fueran de goma. Nott, Tina, John y Bertha habían bajado la vista en el momento en el que el niño había caído sin vida, incluso pudo ver un estremecimiento de terror por parte de Nott, pero se asombró al comprobar que la actitud de Spencer no había cambiado, era cierto que estaba un poco pálido y tenía el entrecejo fruncido, pero parecía ser el que había sido el menos afectado de todos y eso que era el más pequeño.
El movimiento repentino de alguno de los mortífagos y el susurro de la tela sacaron a Severus de sus pensamientos. Uno de los mortífagos se había acercado a los muggles y puso una piedra sobre ellos, mientras que otros apuntaban con su varita hacia la hoguera. Pasó una fracción de segundo antes de que quedaran sumidos en la oscuridad cuando Severus vio desaparecer los cuerpos de los muggles, al parecer la piedra era un traslador. De la hoguera (que había sido apagada por los otros mortífagos) ya solo quedaba humo y la única luz que iluminaba el claro era la de la luna, que en esos momentos aparecía con timidez entre las nubes. De repente se escucharon varios sonidos como de latigazos, los mortífagos estaban desapareciendo, el espectáculo había terminado...
Ahora había un profundo silencio y no se escuchaban ni siquiera los habituales ruidos de los animales de la noche, Severus pensó por un momento que los habían dejado en medio del bosque y supuso que tendrían que regresar ellos solos a la casa, cuando escuchó a sus espaldas una fría pero familiar voz que les decía:
- Síganme.
El señor Snape los llevó de vuelta a la mansión y una vez estuvieron en la puerta de la habitación dijo con su voz más fría y glacial:
- Severus, necesito hablar contigo
A Severus no le daba buena espina esto, pero aún así siguió a su padre hasta el tercer piso y entró detrás de él a una enorme biblioteca que estaba repleta de viejos volúmenes.
- Cierra la puerta – Severus dio la espalda a su padre y cumplió la orden, cuando volteó nuevamente para darle la cara se dio cuenta que el se encontraba a unos pocos pasos de él y lo miraba con expresión iracunda. Silenciosamente levantó una mano y le dio una fuerte bofetada. Severus no sabía por qué, pero ya se esperaba esto, aún así se atrevió a preguntar:
- ¿Por qué....
- ¿Por qué?, ¿Quieres saber por qué? – aunque el señor Snape no gritaba su tono de voz era el más peligroso, en sus ojos brillaba una furia irracional que hacía estremecer a Severus a pesar suyo - ¡Desde cuando mi hijo es un cobarde!, ¡Desde cuando teme torturar muggles!, ¡Ese niño de primero era cien veces más valiente que tú! – Severus tenía la mano en la mejilla pero no decía nada, era mejor no provocarlo, pero aún así lo miraba con actitud desafiante.
- ¡Ah, bien!, ¡Ahora te quedas callado!, ¡Agradece que no le he dicho nada al amo! – continuó es Señor Snape esperando que su hijo le respondiera - ¡Eres una simple y cobarde rata!, ¡No eres digno de ser un mortífago!, ¡Mira a Lucius!, ¡Mira a ese niño de primero que tú mismo escogiste! – Severus intentaba no escuchar, lo cegaba una ira irracional, quería decirle y gritarle que el no había escogido esa vida, quería lanzar un Crucio a su padre para ver si era tan valiente como aparentaba.
- ¡No me compares! – gritó Severus sin poder contenerse y su padre lo miró estupefacto - ¡No soy como Malfoy, ni como Spencer!, ¡No te atrevas a compararme con ellos!
- ¿Qué no me atreva? – preguntó el Señor Snape en voz más baja y acercándose más peligrosamente a Severus – Por supuesto que no eres ellos, no eres ni la mitad de lo que son ellos – agregó mientras sacaba su varita y la apuntaba contra el pecho de Severus – mereces ser castigado. – iba a abrir la boca para gritar el conjuro, pero hizo como si lo pensara mejor y bajó la varita.
- Mira Severus, soy clemente porque soy tu padre (no creas que otro hubiera hecho lo mismo), pero te lo advierto, o empiezas a comportarte como un verdadero mortífago o te aseguro que te arrepentirás – el Señor Snape salió de la biblioteca dando un portazo y dejó solo a su hijo que lo miraba con profundo odio y resentimiento
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Bien hasta aquí va lo que había publicado inicialmente pero ahora sí está ordenado por capítulos como debe hacerse. Reconozco que la historia está algo larga pero si han tenido la paciencia de leer hasta aquí espero que les está gustando.
Dejen Reviews (parezco como un disco rayado con ese cuento no??)
Bye
