Capitulo 11.- Más de un secretoEntre el pasado y el futuro...
Hay un Instante, un Momento, un Segundo llamado Presente.
Al día siguiente fue nuestro último examen, y esta vez ni Ron ni Hermione comentaron nada, Colin estuvo temblando todo el día; y era que el solo recordar que esa noche a las once teníamos que ir al Valle de Godric a enfrentarnos a Voldemort nos hacía olvidarnos de todo lo demás. Incluso a la hora de la cena no teníamos apetito; estábamos demasiado nerviosos.
A las diez y media de la noche abandonamos la Sala común con las varitas dentro de la túnica y nos dirigimos al despacho de Dumbledore.
Harry dio la contraseña y los cinco pasamos hacia el despacho de Dumbledore. Ahí dentro nos esperaban Dumbledore y Mcgonagall y Lily (aunque los demás la veían como la Profa. Evans).
-¿Listos chicos? –preguntó Dumbledore
-Eso creo, -dijo Harry
-Li... digo Laila, -dijo Lily, -¿Por qué no me dijiste nada?
-Lo siento, estaba muy nerviosa, no se me ocurrió nada. –me disculpé.
-Si Jam... digo si tu padre lo supiera, se pondría muy nervioso, -dijo Lily
-Lo sé, -dije, -Así que mejor se lo decimos cuando volvamos.
-Eso si es que volvemos, -intervino Ron
-Que positivo, -dijo Hermione con sarcasmo.
-Bueno, -dijo Dumbledore, -Se hace tarde.
Colin tragó saliva, se notaba que era el más nervioso de los cinco.
Todos asentimos.
-Llegarán con los polvos flu a una cafetería abandonada, -explicó Mcgonagall
De nuevo todos asentimos en silencio; estábamos muy nerviosos.
Nos dirigimos a la chimenea, tomamos un puñado de polvos flu y con las palabras "Valle de Godric" desaparecimos en el interior de esta.
Cuando llegamos casi me caigo, nunca me ha gustado viajar con polvos flu. Cuando llegaron los demás decidimos seguir adelante. Salimos lentamente de la cafetería; parecía que la calle estuviera abandonada. Los cuatro a un tiempo sacamos nuestras varitas.
-Lumos –dijimos los cinco.
La punta de nuestras varitas se iluminaron. Caminamos por la calle hasta llegar a un campo abierto. Estaba completamente vacío.
De pronto sentimos una ola de aire frío. Frente a nosotros se materializaron varios mortífagos. Uno de ellos con una voz penetrante y tenebrosa:
-Así que han decidido venir, -dijo Voldemort, -Son muy valientes, pero aquí el valor no les servirá de nada.
Yo me sentía un poco mareada, pero seguí perfectamente consciente de todo; Harry al principio se sujetó la cicatriz, después se la soltó y sujetó con más fuerza la varita. Aunque sé que no le dejo de doler, pues yo lo sentía como si fuera él.
Los cinco estábamos con la varita en alto, tratando de aparentar un gran valor, aunque teníamos mucho miedo.
-¿Dónde está mi hermana? –preguntó Ron
Un mortífago, Colagusano se acercó llevando con él a una chica pelirroja (Ginny), a una chica de cabello negro (Luna) y a su novio (Neville). Harry miró con odio al que había traicionado a sus padres.
-Me las pagarás por todo lo que has hecho, -dijo Harry, -Traicionaste a mis padres, y a mí.
-Ya había traicionado a alguien antes ¿no?
-Maldito, -dijo Hermione -¡Deja ir a nuestros amigos!
-¿Los quieres? –tentó Voldemort
Aventó a los tres muchachos. Colin atrapó a Ginny, Ron a Luna, y entre Harry y Hermione a Neville.
-Tontos, -dijo Voldemort, -¡Crucio!
El rayo iba directo hacia Hermione en el último momento Harry la empujó y la maldición lo golpeó a él. Harry cayó al suelo retorciéndose de dolor, y yo estuve a punto de caer también. No estaba segura por qué, pero yo estaba sintiendo lo que Harry, aunque en menor medida. Ron me observaba, no entendía porque me movía yo así, si la maldición había golpeado a Harry y no a mí.
Alcé la vista y vi a Harry, quien se levantó con cuidado, sujetándose la cicatriz. Entonces lo vi, la cicatriz se le iluminó; al instante Harry se soltó la cabeza y se enderezó, yo sentí que acababa de recuperar todas mis energías.
-¿Que Harry? –preguntó Voldemort, -Duele ¿verdad? ¿Que tal si lo repetimos? ¡Crucio!
-¡Nooo! –grité yo, avancé con la varita en alto y: -¡Reflectus!
Una luz plateada surgió de mi varita y le devolvió a Voldemort su maldición. Este se hizo a un lado y Colagusano recibió la maldición y se retorció de dolor. Voldemort me miraba como si no creyera que yo pudiera devolverle un hechizo.
-No lo volverás a hacer, -dije yo muy enojada.
-Ya basta de palabrería, -dijo Voldemort -Ahora decidiremos el destino de la humanidad, ¡Avada Kedavra!
-¡Difevite! –exclamamos nosotros
Fue un sentimiento extraño, como si siempre hubiéramos sabido lo que debíamos hacer; una vez ahí solo lo hicimos.
Se formó una barrera de fuego verde; era lo único que nos protegía de Voldemort y los mortífagos.
-¡Ja! –se burló Voldemort –Creen que eso me detendrá.
Se burló, él estaba muy seguro que nada lo detendría. Dio varios pasos al frente. Comenzó a atravesar la barrera; nuestras varitas vibraban tanto que creímos que se romperían. Justo cuando parecía que Voldemort había logrado su objetivo su cuerpo comenzó a arder.
-¡¿Qué?! –gritó Voldemort -¿Qué me está pasando? ¡No es posible!
Al ver que nuestro hechizo estaba dando resultado sostuvimos la varita con mas fuerza.
-¡NOOOO! –gritó Voldemort
-Vamos chicos, -dijo Hermione
-Podemos hacerlo, -se animó Ron
-Si, -dijo Colin demostrando un súbito valor
-No nos rendiremos, -dijimos Harry y yo a la vez.
-Nosotros tampoco, -dijeron Luna, Ginny y Neville.
Se habían puesto de pie y se unieron a nosotros.
Finalmente con una sonora explosión el cuerpo de Voldemort se destruyó.
.
Al instante, con varios chasquidos los mortífagos comenzaron a desaparecer. Nosotros estábamos muy aliviados de lo que habíamos logrado; en especial yo porque había logrado evitar que mataran a Ginny, (si, ella era la chica a la que debía salvar).
Estábamos tan relajados que no me di cuenta que Colagusano se me acercaba por detrás. Me sujetó por la espalda y me forzó a soltar la varita. Traté de usar mi poder para atraer la varita hacia mí; pero Colagusano me estaba ahorcando y no me podía concentrar.
-¡Suelten sus varitas! –ordenó Colagusano
-No...no lo hagan, -dije yo.
Ron, Luna, Colin, Ginny, Neville y Hermione soltaron la varita, pero Harry titubeó.
-¡Suelta la varita! –gritó Colagusano
-No, -le dije a Harry,
Entonces recordé algo, yo no era una maga normal
-Harry, escúchame, -le dije, -Ataca.
-¡¿Qué?! –gritaron todos
-Pero Laila... –comenzó Harry
-Nada, -dije yo, -Confía en mí, por favor.
-Está bien, -aceptó Harry
Nadie podía creer que Harry hubiera aceptado atacar.
-Una... –comenzó Harry
Yo cerré los ojos y comencé a concentrarme.
-Dos... –siguió Harry
Me preparé para transformarme.
-¡Tres! –exclamó Harry, -¡Crucio!
Luna Colin y Neville cerraron los ojos, estaban aterrados; Hermione se sujetó a Harry, nerviosa; Ginny y Ron no me quitaban los ojos de encima.
En el momento que Harry lanzó la maldición yo me transformé en lechuza y me alejé volando.
Colagusano cayó al suelo, desde abajo alzó su varita y...
-Expelliarmus, -dijo Colagusano
La varita de Harry se le escapó de la mano.
Yo me volví a transformar en humana y usando mi poder atraje mi varita. Harry me miró, yo asentí. El miró fijamente la varita y esta voló havia él. Ambos alzamos la varita al mismo tiempo y pronunciamos lo que sería la sentencia de muerte de Colagusano:
-¡¡Avada Kedavra!!
El cuerpo de Colagusano se convirtió en un montículo de cenizas.
Harry y yo nos dejamos caer al suelo, agotados; Ginny, Colin, Luna, Neville, Ron y Hermione hicieron lo mismo.
Al cabo de un par de minutos hablamos.
-Derrotamos a Voldemort, -dijo Harry
-Aún no puedo creer que lo hayamos logrado, -dijo Ron
-Fue porque Voldemort nos subestimó, -les dije, -Ese mismo error lo mantuvo al borde de desparecer por trece años; ahora fue lo que le causo la muerte.
-Y la de Colagusano, -dijo Ginny
-Por cierto, -dijo Neville, -Laila, ¿Por qué nunca nos dijiste que eras animaga?
-Es que... –estaba pensando que decir, entonces decidí decir la verdad, a medias, -Sucede que soy una animaga no registrada. Me van a registrar cuando vuelva a mi país. Así que les pido que por favor no le digan a Dumbledore.
-No te preocupes, -dijo Luna, -No lo haremos.
Yo sonreí tranquila. Sabía que no lo harían.
