Bueno, este es el segundo capitulo, donde comienza ya la accion, espero que
os guste (Dejar Rewiews)
Capitulo 2. Un mundo detrás el velo.
Los arcoiris pasaban a toda velocidad al lado de Harry. Estaba concentrado en la lamentable voz que le llamaba. Era la de Sirius, sin ninguna duda, pero dónde se encontraba? Harry no podía saberlo, no podía distinguirlo. La voz venía de todas partes. Era horroroso oír a Sirius lamentarse por él. De pronto, los arcoiris dejaron de subir y caer, y la sensación de vértigo cesó. Harry no abrió los ojos, tenía miedo de ver a su alrededor. De mirar sea lo que sea que le esperase. La voz de Sirius había dejado de gritar, ya no la oía. Estaba mareado, como si se hubiese ido en un traslador. Finalmente abrió los ojos. Se encontraba en medio de un pantano, en una camino de piedra que llevaba hasta las turbias aguas. Boca abajo, tirado sobre el pantano, había una figura.
-¿Oiga? –dijo Harry con voz insegura.
Una cara llena de barro se levantó del agua, pero las lágrimas les habían dejado dos senderos limpios en las mejillas. Llevaba una cabellera negra con elegancia. A pesar del estado en que se encontraba, continuaba siendo apuesto.
-¿Harry? ¿Harry, eres tú?
-¿Sirius? ¿¡Sirius!? ¡¡¡Sirius!!!!
Harry corrió por el agua pantanosa hacia su padrino para abrazarlo. Pero al instante una voz sonó atronadora:
-¡NO LO TOQUES! ¡DILE LO QUE QUIERAS PERO NO LO TOQUES!
Harry se detuvo de inmediato, y al ver que se paraba, Sirius empezó a llorar desconsoladamente. Pareció como si un deméntor estuviera a su lado absorbiendo su alegria. Harry no pudo evitarlo, y se lanzo sobre Sirius.
-¡¡¡QUE NO LO TOQUES!!! –la voz volvió a atronar.
Pero Harry no le hizo caso. Al instante, alguien tiró del cuello de su camisa y cayó sobre un frió suelo enlosado. Pero esta vez no vió ningún pantano cuando abrió los ojos. Vió el velo, la sala donde había estado. Vió a Albus Dumbledore, Remus Lupin y el cuadro tirados e inconscientes en el suelo. Y vió también a un enfurecido Severus Snape mirándolo fijamente. Harry se levantó lentamente, con los ojos de Snape clavados en él.
-¿Qué les pasó? –preguntó titubeante.
-Tuve que dejarlos inconscientes, no podían ver lo que iba a hacer. –contestó con algo de rabia el profesor de pociones.
-¿Y qué ibas a hacer? –dijo Harry ya con un tono más natural en su voz.
-Empujarte a través del velo –dijo Snape, pero al ver la cara de rabia de Harry se explicó mejor-. Te empujé, pero te mantuve agarrado por el cuello de la túnica. Así podías entrar en el mundo que hay detrás del velo sin peligro alguno. Pero tú lo fastidiaste todo, Potter. ¡TE DIJE QUE NO TOCARAS A SIRIUS BLACK! Si lo hubieras tocado, también hubieras pasado a formar parte de ese mundo, y Black nunca hubiera podido volver.
Harry se quedó sin palabras, pero no le hizo falta contestar. La puerta que había sobre las gradas se abrió de par en par y apareció una comitiva de mortífagos. Encabezandola, iba Bellatrix Lestrange. Que al verlos gritó con aire triunfal.
-Severus, nuestro senyor estará encantado de volver a verte –luego su mirada se desvió hacia los cuerpos inertes de Albus Dumbledore y Remus Lupin- ¡Gracias por hacerno la mitad de la faena, Severus!
Severus Snape dejó escapar un gruñido con cólera, que a Harry le recordó a Sirius cuando se transformaba en perro. "Corre... ahora" le susurró a Harry. Snape empezó a correr con Harry pegado a los talones, pasaron siete puertas hasta llegar a la habitación circular.
-¡Muy buena idea esa de dejar inconscientes a Dumbledore y a Lupin! –le dijo Harry en tono de reproche.
-¡Animo linqui!-gritó él en respuesta, con la varita apuntada hacia Harry. El rayo le pasó a escasos centímetros de la cabeza, y un leve gemido de dolor y el golpe de un cuerpo contra el suelo le indicaron que Severus Snape acababa de abatir a un mortífago: era Dolohov.- ¡Corre Harry!
Severus Snape se escurrió por una puerta, pero a Harry no le dio tiempo: la sala circular giró a toda velocidad, y Harry pasó por la primera puerta que tuvo delante. Al hacerlo se encontró cara a cara con Bellatrix Lestrange. Harry cerró la puerta con un golpetazo. Se escuchó un aullido de dolor del otro extremo de la puerta. Harry retrocedió y pasó por otro lugar. Entró corriendo en la sala de los cerebros, que flotaban tranquilamente en medio del líquido.
-¡Animo linqui! – la voz resonó en medio de la sala, y una vez más, el cristal se rompió y el líquido se derramó junto a los cerebros.
Harry no hizo caso de lo que ocurría: ansiaba por volver a la sala del velo y rescatar a Dumbledore y a Lupin y poder salvar a Sirius. Pero entonces una avalancha de preguntas cruzaron su mente: "¿Qué hacían los mortífagos allí?¿Cómo consiguieron escapar de todos los magos de arriba?¿Cómo se habían enterado que ellos cuatro estarían allí, en esa sala? Pero no tuvo tiempo para pensar en todo eso. Entró en una sala totalmente a oscuras, corriendo por una zona que se encontraba entre brillantes puntos d luz roja. Otra luz, blanca, se encendió. Vió con horror que el lugar por dónde había estado corriendo no era sinó na puente a decenas de metros de altura, tan estrecho que alguien un poco más corpulento que Harry hubiera caído. Para desgracia del joven mago, Bellatrix Lestrange no era más corpulenta que él. Ahora no podía volver atrás, y se dirigía a un plataforma redonda de piedra, y por el lado opuesto al suyo, corría hacía él la prima de Sirius. Llegaron al medio de la plataforma: ese espacio estaba, sin duda alguna, destinado al combate. Pero Harry ya no quería matarla: en realidad no había matado a Sirius.
-¡Animo linqui! –gritó Harry. El rayo verde pasó a pocos centímetros del pelo de Bellatrix, que se había agachado para esquivarlo.
-¡Crucio!-gritó ella. El hechizo tocó a Harry de lleno. Un dolor insoportable lo cubrió, sin dejarlo respirar. Cómo si lo hubieran metido en una piscina de agua hirviendo mientras le clavaban mil cuchillos por todas partes. Oyó distante la malvada risa de Bellatrix Lestrange, pero el dolor era cada vez más intenso. No podía más. Se puso a chillar de dolor, con la cabeza a punto de rebentar. Cómo si las tripas presionasen paa salir de su cuerpo y le hubieran predido fuego a sus brazos y piernas. Entonces ese dolor de fuego pasó a un dolor helado. Parecía que le hubiesen tirado en medio de un pozo congelado, y todos los cristales de hielo se le clavaran por todas partes. Era insufrible, cada vez más insufrible e interminable. Notaba que empezaba a olvidar: ya no recordaba por qué estaba ahí, ni quién era ni... en fin, ya no recordaba casi nada. Sólo sentía dolor y más dolor, dolor, dolor... Harry notó que el dolor lo era todo, y ya se acostumbraba a él, se retorcía, chillaba y gemía. Pero ahora el dolor ya no lo envolvía, ahora era parte del dolor. Se había adentrado en él. Ahora Harry era dolor, y quería causar dolor por placer. A pesar de las constantes chuchilladas Harry se levantó: era otro. Y abrió los ojos. Vió a una asustadísima Bellatrix Lestrange que ya no lo apuntaba con su varita. Él la miró con simple indiferéncia, pensó que tan sólo sería una victima, y no un enemigo.
-¡Obitus per Subitum!-la voz de Harry sonó fría y distante. El rayo acertó en el pecho de la prima de Sirius. Harry vió cómo la vida abandonaba los ojos de Bella, que cayó en el frío suelo inerte, sin sentido ni vida: Bellatrix Lestrange había muerto. Al instante, Harry se desplomó, inconsciente.
Capitulo 2. Un mundo detrás el velo.
Los arcoiris pasaban a toda velocidad al lado de Harry. Estaba concentrado en la lamentable voz que le llamaba. Era la de Sirius, sin ninguna duda, pero dónde se encontraba? Harry no podía saberlo, no podía distinguirlo. La voz venía de todas partes. Era horroroso oír a Sirius lamentarse por él. De pronto, los arcoiris dejaron de subir y caer, y la sensación de vértigo cesó. Harry no abrió los ojos, tenía miedo de ver a su alrededor. De mirar sea lo que sea que le esperase. La voz de Sirius había dejado de gritar, ya no la oía. Estaba mareado, como si se hubiese ido en un traslador. Finalmente abrió los ojos. Se encontraba en medio de un pantano, en una camino de piedra que llevaba hasta las turbias aguas. Boca abajo, tirado sobre el pantano, había una figura.
-¿Oiga? –dijo Harry con voz insegura.
Una cara llena de barro se levantó del agua, pero las lágrimas les habían dejado dos senderos limpios en las mejillas. Llevaba una cabellera negra con elegancia. A pesar del estado en que se encontraba, continuaba siendo apuesto.
-¿Harry? ¿Harry, eres tú?
-¿Sirius? ¿¡Sirius!? ¡¡¡Sirius!!!!
Harry corrió por el agua pantanosa hacia su padrino para abrazarlo. Pero al instante una voz sonó atronadora:
-¡NO LO TOQUES! ¡DILE LO QUE QUIERAS PERO NO LO TOQUES!
Harry se detuvo de inmediato, y al ver que se paraba, Sirius empezó a llorar desconsoladamente. Pareció como si un deméntor estuviera a su lado absorbiendo su alegria. Harry no pudo evitarlo, y se lanzo sobre Sirius.
-¡¡¡QUE NO LO TOQUES!!! –la voz volvió a atronar.
Pero Harry no le hizo caso. Al instante, alguien tiró del cuello de su camisa y cayó sobre un frió suelo enlosado. Pero esta vez no vió ningún pantano cuando abrió los ojos. Vió el velo, la sala donde había estado. Vió a Albus Dumbledore, Remus Lupin y el cuadro tirados e inconscientes en el suelo. Y vió también a un enfurecido Severus Snape mirándolo fijamente. Harry se levantó lentamente, con los ojos de Snape clavados en él.
-¿Qué les pasó? –preguntó titubeante.
-Tuve que dejarlos inconscientes, no podían ver lo que iba a hacer. –contestó con algo de rabia el profesor de pociones.
-¿Y qué ibas a hacer? –dijo Harry ya con un tono más natural en su voz.
-Empujarte a través del velo –dijo Snape, pero al ver la cara de rabia de Harry se explicó mejor-. Te empujé, pero te mantuve agarrado por el cuello de la túnica. Así podías entrar en el mundo que hay detrás del velo sin peligro alguno. Pero tú lo fastidiaste todo, Potter. ¡TE DIJE QUE NO TOCARAS A SIRIUS BLACK! Si lo hubieras tocado, también hubieras pasado a formar parte de ese mundo, y Black nunca hubiera podido volver.
Harry se quedó sin palabras, pero no le hizo falta contestar. La puerta que había sobre las gradas se abrió de par en par y apareció una comitiva de mortífagos. Encabezandola, iba Bellatrix Lestrange. Que al verlos gritó con aire triunfal.
-Severus, nuestro senyor estará encantado de volver a verte –luego su mirada se desvió hacia los cuerpos inertes de Albus Dumbledore y Remus Lupin- ¡Gracias por hacerno la mitad de la faena, Severus!
Severus Snape dejó escapar un gruñido con cólera, que a Harry le recordó a Sirius cuando se transformaba en perro. "Corre... ahora" le susurró a Harry. Snape empezó a correr con Harry pegado a los talones, pasaron siete puertas hasta llegar a la habitación circular.
-¡Muy buena idea esa de dejar inconscientes a Dumbledore y a Lupin! –le dijo Harry en tono de reproche.
-¡Animo linqui!-gritó él en respuesta, con la varita apuntada hacia Harry. El rayo le pasó a escasos centímetros de la cabeza, y un leve gemido de dolor y el golpe de un cuerpo contra el suelo le indicaron que Severus Snape acababa de abatir a un mortífago: era Dolohov.- ¡Corre Harry!
Severus Snape se escurrió por una puerta, pero a Harry no le dio tiempo: la sala circular giró a toda velocidad, y Harry pasó por la primera puerta que tuvo delante. Al hacerlo se encontró cara a cara con Bellatrix Lestrange. Harry cerró la puerta con un golpetazo. Se escuchó un aullido de dolor del otro extremo de la puerta. Harry retrocedió y pasó por otro lugar. Entró corriendo en la sala de los cerebros, que flotaban tranquilamente en medio del líquido.
-¡Animo linqui! – la voz resonó en medio de la sala, y una vez más, el cristal se rompió y el líquido se derramó junto a los cerebros.
Harry no hizo caso de lo que ocurría: ansiaba por volver a la sala del velo y rescatar a Dumbledore y a Lupin y poder salvar a Sirius. Pero entonces una avalancha de preguntas cruzaron su mente: "¿Qué hacían los mortífagos allí?¿Cómo consiguieron escapar de todos los magos de arriba?¿Cómo se habían enterado que ellos cuatro estarían allí, en esa sala? Pero no tuvo tiempo para pensar en todo eso. Entró en una sala totalmente a oscuras, corriendo por una zona que se encontraba entre brillantes puntos d luz roja. Otra luz, blanca, se encendió. Vió con horror que el lugar por dónde había estado corriendo no era sinó na puente a decenas de metros de altura, tan estrecho que alguien un poco más corpulento que Harry hubiera caído. Para desgracia del joven mago, Bellatrix Lestrange no era más corpulenta que él. Ahora no podía volver atrás, y se dirigía a un plataforma redonda de piedra, y por el lado opuesto al suyo, corría hacía él la prima de Sirius. Llegaron al medio de la plataforma: ese espacio estaba, sin duda alguna, destinado al combate. Pero Harry ya no quería matarla: en realidad no había matado a Sirius.
-¡Animo linqui! –gritó Harry. El rayo verde pasó a pocos centímetros del pelo de Bellatrix, que se había agachado para esquivarlo.
-¡Crucio!-gritó ella. El hechizo tocó a Harry de lleno. Un dolor insoportable lo cubrió, sin dejarlo respirar. Cómo si lo hubieran metido en una piscina de agua hirviendo mientras le clavaban mil cuchillos por todas partes. Oyó distante la malvada risa de Bellatrix Lestrange, pero el dolor era cada vez más intenso. No podía más. Se puso a chillar de dolor, con la cabeza a punto de rebentar. Cómo si las tripas presionasen paa salir de su cuerpo y le hubieran predido fuego a sus brazos y piernas. Entonces ese dolor de fuego pasó a un dolor helado. Parecía que le hubiesen tirado en medio de un pozo congelado, y todos los cristales de hielo se le clavaran por todas partes. Era insufrible, cada vez más insufrible e interminable. Notaba que empezaba a olvidar: ya no recordaba por qué estaba ahí, ni quién era ni... en fin, ya no recordaba casi nada. Sólo sentía dolor y más dolor, dolor, dolor... Harry notó que el dolor lo era todo, y ya se acostumbraba a él, se retorcía, chillaba y gemía. Pero ahora el dolor ya no lo envolvía, ahora era parte del dolor. Se había adentrado en él. Ahora Harry era dolor, y quería causar dolor por placer. A pesar de las constantes chuchilladas Harry se levantó: era otro. Y abrió los ojos. Vió a una asustadísima Bellatrix Lestrange que ya no lo apuntaba con su varita. Él la miró con simple indiferéncia, pensó que tan sólo sería una victima, y no un enemigo.
-¡Obitus per Subitum!-la voz de Harry sonó fría y distante. El rayo acertó en el pecho de la prima de Sirius. Harry vió cómo la vida abandonaba los ojos de Bella, que cayó en el frío suelo inerte, sin sentido ni vida: Bellatrix Lestrange había muerto. Al instante, Harry se desplomó, inconsciente.
