Capitulo II La Oscuridad

Muchas leguas lejos del Reino de la luz se encontraba una tierra donde nunca llegaba el amanecer y se encontraba sumida en las eternas tinieblas. Dentro de él había un imponente castillo que se erguía hacia el cielo conteniendo cientos de habitaciones, escaleras, pasadizos e infinidades de personas en las que reinaba siempre una desconfianza mutua. El castillo estaba completamente elaborado de fría roca toscamente tallada, pero a pesar de lo terrorífico que podría resultar no le quitaba para nada lo magnifico. Alrededor de este habían grandes y frondosos bosques poblados de grandes árboles y pinos que rodeaban los terrenos del castillo, en la entrada principal se encontraba un puente de metal y debajo de este, una gran fosa oscura a la que no se le veía fin, el camino que guiaba a la puerta era surcado por estatuas de dragones de mármol negro con ojos de rubí que adoptaban distintas poses de batalla. Los oscuros pasillos permanecían muy silenciosos y raramente eran cruzados por personas mientras que numerosos soldados custodiaban la entrada y las torres. Dentro de una de las numerosas habitaciones del castillo, de paredes de madera de roble pulidas y de piso de mármol negro, con una gran cantidad de libros de apariencia antigua que estaban colocados en un enorme estante de mármol negro, una chimenea de plata con algunos detalles de dragones en donde ardía una gran fogata que alumbraba toda la sala dándole un ambiente cálido aunque en realidad hacía un frío seco, en medio estaba un sillón de tela azulada relleno de plumas, allí se encontraba sentado un joven de no más de dieciséis años, de piel blanca, cabello castaño oscuro de donde sobresalía una dorada corona en forma de dragón desplegando sus alas, de ojos azul zafiro muy fríos, vestía con una túnica negra con degradado en verde y una capa negra hasta sus tobillos, leía pacientemente frente a la chimenea.

"¿Qué desea?" preguntó el joven sin quitar la mirada de su lectura.

"disculpe la interrupción majestad, pero ya ha llegado el general con la tropa" le dijo un hombre haciendo una pequeña reverencia.

"ya era hora" exclamó cerrando el libro de golpe haciendo que soltara una nube de humo, se levantó dirigiéndose al sujeto "mandalos a la sala real" dijo dándole el libro y saliendo por la puerta.

El joven rey se dirigió con paso firme hasta una enorme sala alumbrada tenuemente por las antorchas de fuego azulado, de piso de mármol negro y de paredes de piedra, desde las frías columnas salían grandes estandartes de terciopelo negro con el símbolo del reino, un dragón entrelazado en una espada. Al entrar a la sala un par de soldados tocaron unas trompetas haciendo que las personas presentes se dieran la vuelta a mirar la entrada, inmediatamente se arrodillaron ante el joven, el chico dio un pequeño suspiro y entró caminando rápidamente hasta sentarse en un enorme trono hecho de plata y oro.

"que todas las personas se retiren" ordenó haciendo un ademán con la mano.

Todas las personas hicieron un leve reverencia antes de abandonar la sala.

"majestad, el general viene en camino" dijo el mismo hombre que apareció en la biblioteca. Era de tez blanca, de ojos azules de mirada astuta y de cabello castaño casi rojizo, vestía con una túnica azul oscura con detalles en plateado.

"gracias consejero, ya puedes retirarte" exclamó sin mirarlo.

"como ordene" dicho esto salió haciendo una reverencia.

Un chico con una mirada que mezclaba valentía y decisión caminaba silenciosamente por los pasillos, donde solo se escuchaba el seco retumbar de sus pisadas, y conforme pasaba sus ojos reflejaban el brillo azulado de las antorchas, al final entró por una gran puerta hecha de mármol negro, vislumbrando una sala enorme que estaba iluminaba por la tenue luz de las antorchas, al entrar se topó con el consejero real, ambos se miraron con odio antes de seguir con sus respectivos caminos.

"¡majestad! Cuanto tiempo sin vernos amigo mío" dijo alegremente el chico haciendo una exagerada reverencia, era de piel blanca, ojos violáceos y de cabello castaño recogido en una larga trenza, vestía pantalones de cuero negro, botas y guantes hechos de escamas de dragón, una armadura negra de metal con detalles en azul cubría su pecho y una capa negra también hecha de escamas de dragón que le llegaba hasta sus tobillos. Portaba una enorme oz en su espalda.

"Duo." dijo el rey con voz monótona.

"vamos Heero ¿solo me dirás eso? Estuve ausente por tres meses peligrando mi vida en una batalla en la que tal vez hubiera podido morir" dijo Duo con una mueca de dolor.

"ya déjate de tonterías ¿Cómo nos fue?" le preguntó el rey sin cambiar su expresión de fastidio.

"ganamos, las tierras del occidente ya son nuestras" le respondió con tono de aburrimiento.

"¿y las bajas?"

"mínimas, nos recuperaremos pronto"dijo mientras de rascaba la oreja con el dedo meñique.

"bien, ya te puedes retirar" le dijo Heero mientras se levantaba.

"¡oye, deberías agradecerme por la victoria, casi y no lo lográbamos!" le dijo con los brazos cruzados.

"esta bien, haré un banquete en tu honor ¿satisfecho?" exclamó el rey sin dejar de caminar.

"¡siiii fiesta!" dijo dando un salto para luego seguir su camino.

******** El consejero caminaba rápidamente por los grandes jardines del palacio, hasta llegar a un gran estanque.

"señor Trieze, ¿esta saliendo todo como lo planeamos?" preguntó una mujer saliendo de las sombras, era de cabello castaño recogido en dos trenzas enrolladas detrás de la cabeza, vestía con pantalones de cuero negro, botas y guantes de metal y una chaqueta de cuero, con una larga espada al costado de su cadera.

"mi querida Lady Une, todo esta saliendo perfectamente, el rey no se ha percatado y creo que está a punto de caer en la trampa" le respondió sonriendo.

"entonces pronto daremos el golpe final"

"no te apresures Lady, primero debemos encargarnos de él" le dijo mirándola "¿Cómo va ojos de gato?"

"nuestro espía ya nos informó, y todo esta saliendo perfectamente"

"excelente, me gusta escuchar eso, pronto el imperio de los Yui caerá" dijo sonriendo mientras veía unos peces en la laguna.

******** Esa noche en el palacio se llevaba a cabo una gran celebración por la victoria del ejercito, había un gran banquete formado por los mas diversos manjares, todo la armada del reino se encontraba reunido alrededor de la mesa y en ese momento alzaban sus tarros de bebida en honor de su gran soberano, esperando oír su discurso.

"felicidades por su victoria, a este paso nuestra conquista terminara muy pronto" dijo sin cambiar la expresión de su rostro. Todos los demás proclamaron su nombre antes de empezar con el banquete. Dicho esto se retiró disimuladamente, y se recostó en una de las paredes mirando el cielo a través de una gran ventana, donde se podía vislumbrar las nubes grises arremolinadas y de vez en cuando se veía uno que otro relámpago, este clima siempre era igual en el reino desde hace incontables generaciones.

`desde sus orígenes, la raza humana esta condenada a lidiar con la eterna división entre los polos opuestos. Y así estamos nosotros con las mismas dudas de nuestros antepasados.se que el destino de mi reino es continuar con la lucha de nuestros antiguos reyes, y que debo guiar a mi gente a través de la victoria.aunque no sea la persona adecuada para decidirlo, creo que ha llegado la hora de hacer algunos cambios'

"¡¡Heeero!!"

"¿uh? ¿Qué quieres Duo?"

"decía que porque no te estas divirtiendo como todos, en vez de quedarte a pensar en la inmortalidad del cangrejo"

"no estoy de humor" dijo volviendo su vista al cielo.

"¡no me vengas con eso! Ven hombre, hay mucha comida y chicas para divertirse" dijo dándole con el codo en las costillas.

"dije que no" exclamó con un tono más decidido.

"ta bien, ta bien, como quieras su majestad" dijo algo enfadado y volviendo al baile.

Heero le echó una fría mirada antes de volverse asumir en sus pensamientos. Al final, todas las dudas en su cabeza lo llevaron a tomar una firme decisión.

"como te iba diciendo linda, yo soy todo un héroe además de ser la mano derecha del rey" Duo platicaba animadamente con una de las meseras del lugar cuando vio a Heero salir por una puerta "disculpa ahora vuelvo, no te vallas a mover" le dijo con tono seductor antes de salir corriendo detrás de él.

Heero se dirigió hacia una bodega en donde almacenaban una gran cantidad de armas y equipos de batalla. Al entrar tomó una antorcha y la encendió para luego engancharla en una argolla de metal. Cuando Duo entró a la habitación, pudo ver que Heero se calzaba un par de botas negras.

"oyeme, ¿Qué crees que estas haciendo?"

"me ausentare un tiempo" dijo Heero dirigiéndole una mirada fugaz.

"¡¿Cómo?! Y me vienes a decir quien será nuestro gobernante"

"dejaré a cargo a mi consejero" exclamó ajustándose los guantes.

"¿a ese loco de Trieze? Podría empezar otra guerra como hace cien años"

"no tengo otra opción, el viaje no puede esperar y él le ha sido fiel a nuestra familia" dijo mientras se echaba un bolso sobre el hombro

"¿fiel? Él es solo una hiena aprovechadora que solo quiere apoderarse de tu corona"

"eso no va a pasar, en ese caso estarás tú para vigilarlo" dijo Heero caminado hacia la puerta.

"¡oye espérate!, ¡¿tienes pensado ir tu solo?!"

"eres más necesario aquí" dijo antes de salir.

"porque será que esto me da mala espina.¡hey espera Heero!" exclamó Duo para luego seguirlo.

Heero caminaba dando grandes zancadas por los pasillos mientras recordaba la ultima conversación con su consejero.

FLASHBACK

Trieze fue conducido hasta llegar a una gran habitación alumbrada por antorchas en donde se podía vislumbrar la figura de un chico de pie en medio de una habitación con una gran espada en la mano.

"¿deseaba verme señor?" dijo Trieze haciendo una reverencia.

El chico se dio la vuelta y le dirigió una fría mirada al sujeto que tenia en frente.

"Trieze, haré un viaje de exploración, te dejo a mi cargo, tu como perteneciente a la familia que ha sido la más cercana a la mía ocuparas el cargo de soberano de este reino hasta mi retorno" dijo el chico enfundando la espada y caminando hacia la puerta.

"pero mi señor, ¿Qué pasará con la gran batalla?"

"eso aun no se ha resuelto, voy a investigar un poco mas en las tierras lejanas y no me demorare demasiado, no hagas nada sin mi consentimiento ¿te quedó claro?" exclamó con tono muy frió y amenazante.

"si mi señor"

El joven le dirigió una ultima mirada con sus ojos azul zafiro, antes de salir resueltamente de la habitación.

FINAL DEL FLASHBACK.

"ya lo decidí Duo, no intentes detenerme" dijo Heero mientras abría las puertas de la caballeriza.

"es que no puedes tomar una decisión tan importante así como así, y dejar a ese maniático en el trono, no obedeceré ordenes de él" dijo mientras lo veía montar un caballo negro.

"no me tardaré mucho, volveré eso tenlo por seguro, pero en este momento necesito que obedezcas, es lo que te pido"

"demonios que terco eres..esta bien"

"bien, ahora baja el puente"

Dicho esto Duo bajó la palanca que movía el puente.

"nos veremos" dijo Heero antes de salir a todo galope y perderse en la bruma de la noche.

"que dios salve al rey." murmuró algo preocupado antes de subir el puente.

N.A: bue, este fue el segundo capítulo ^^ y aquí vienen las interrogantes ¿Qué tendrá pensado Trieze? ¿Por qué Heero decidió esto? ¿Duo obedecerá las ordenes del ser que más odia en este mundo? ¡¡no lo hagas Duo-chan!! ¡¡porfis dejen sus reviews!! Chaitos.