Capitulo XII
La infiltración

Respuestas a los reviews:

Emily: ¡¡muchas gracias lokis!! En serio, que bueno que te decidiste a leerlo al fin ^^U pero bue, de nuevo gracias y esperamos que los siguas leyendo.

Anna Kyouyama: jejejjejeje gracias gracias n////n en verdad le estamos poniendo muucho empeño para que lo disfruten al máximo, ya veras que pasara con ellas en este cap XD esperamos que lo siguas leyendo amiga.

Hikari-chan: holis! Bueno primero gracias n_n que bueno que te gusto el cap, en verdad Duo se paso de bello y hermoso pero que le podemos hacer, es su encanto natural *¬* también gracias por leer nuestros otros fics ^^U sigue dejandonos tus opiniones.

Lorena: ¡arigatto! En serio, nos agrada tus opiniones, y estamos muy deacuerdo contigo, Relena se perdió la oportunidad de su vida jejejejeje pero ya veras que tendrá muuuchas más XD también Hilde jujujujujuju, aun nos falta algo para el final así que sigue dejando tus reviews y tranquila que tenemos muy presente lo que hablamos ^_-

Tsubasa: ¡domo arigato! Que bueno que opines así del fic, sip, cada ves es mejor y se pondrá mucho mejor jejejejejeje también nos dio lastima que Heero tratara a Relena de esa manera pero como ya sabes él es del reino de la oscuridad y creemos que se le subió a la cabeza ^^U sigue dejando reviews porfis.

Sailor Luisa: hola amiga! Gracias por tu review ^.^ esperamos que te guste este también, ya Hee-ice reflexionó y la cosa cambiara un poco, sigue dejandonos tus opiniones! n____________n

Ayumi: gracias Ayumi, también nos encanto ese cap, es uno de los que quedaron mejor a nuestra opinión n////n bueno, falta mucho y también seguirá el enredo emocional de los personajes, sigue leyéndolo y déjanos tus opiniones n-n

Chibi_Mela: tranquila chica que esos dos nacieron para estar juntos, gracias por tu review y aquí esta el esperado cap. 12 esperamos que te guste. ^^ disculpa la tardanza u_u realmente estamos muy apenadas, de ahora en adelante trataremos publicar rápidamente.

Relena: ¡¡holis!! Gracias por tu review n.n, nosotras también somos súper fanáticas de HxR y tranquila chica que los besos no se hacen esperar la cosa va lenta pero pronto pasara lo esperado ^//////^, sobre otros fics de Gw, bueno tenemos pensado hacer uno muy bueno pero eso seria después de uno que vamos a hacer de Hp n_n sigue dejando reviews porfis!

Águila: gracias amiga, en verdad la discusión le dio el toque a la historia, ahora vendrá el momento de la reconciliación y batallas emocionales dentro de cada personaje n_n sigue leyendo porfis!

Atery: gracias! Nos pone muy contenta que nos dejen reviews n_________n nos sube tanto el animo! Porfis sigue leyéndolo y deja tus opiniones.

Ada: ¡holistas hasta Argentita! Gracias por tu comentario ^^ a nosotras también nos encanta la mitología y las batallas medievales, y ¿Quién mejor para el papel que nuestro bello y siempre hermoso Heero? Jejejeje esperamos que nos dejes más reviews y porfis mandanos la dirección de tu fic, también queremos leerlo y dejarte opiniones ^_-

dragonlink_777: gracias por tu reviews ^////^ nos halaga que estés tan interesado en nuestro fic, tranquilo que ya pronto publicaremos, esperamos que te guste también este cap. Déjanos tu opinión que nos encanta que nos escriban n-n

Quatre Rabeaba Winner: muchas gracias por escribirnos, nos agrada que te hayan gustado los fics, y esperamos que sigas enviándonos tus comentarios que tantos nos alientan ^_______^ !!!!

N.A: DISCULPEN LA TARDANZA, PERO DEBIDO A VARIOS FACTORES NO PUDIMOS PUBLICAR ANTES u_u TRANQUILOS QUE NO DEJAREMOS LA HISTORIA SIN TERMINAR, TENGAN ESO POR SEGURO n_n LES PEDIMOS QUE TENGAN UN POCO DE PACIENCIA, NOSOTRAS SABEMOS LO QUE ES ESTAR EN ESPERA DE UN NUEVO CAP, TENEMOS SIEMPRE EN MENTE EL DEBER DE TERMINARLO Y LO HAREMOS.

Aquí esta el tan esperado cap.12 ^^U:

Las ruedas de la carreta crujían sobre el camino empedrado mientras la lluvia seguía cayendo copiosamente formando una densa y fría neblina. Se podían escuchar los cascos de los caballos emitir un ruido seco mientras se abrían paso entre la tempestad y mientras pequeñas gotas de agua salpicaban el rostro de Relena obligándola a abrir ligeramente los ojos. Pestañeó un par de veces mientras sus sentidos volvían lentamente a su cuerpo, tenía una visión borrosa de lo que la rodeaba, que poco a poco se hacía cada vez más clara. Los recuerdos volvían lentamente a su cabeza, mezclados con distintos sentimientos, y unas lágrimas tímidas comenzaron a asomarse en sus ojos. Sacudió la cabeza para despejar la mente, y lentamente se incorporó con la ayuda de los brazos porque sentía el cuerpo demasiado pesado y entumecido. Echó un rápido vistazo a su alrededor y se percató del cuerpo que yacía su lado. Rápidamente se acercó y comenzó a zarandear desesperadamente a su amiga mientras el miedo comenzaba a apoderarse de ella. Una sensación de alivio se hizo presente por primera vez desde que despertó en ese extraño lugar cuando Hilde comenzó a recobrar conciencia y se apartó un poco para darle espacio mientras se incorporaba

"¿Relena te encuentras bien?" preguntó ella repentinamente rompiendo el silencio.

"estoy bien." contestó Relena casi de forma inconsciente. Hilde la observó fijamente como si intentara saber lo que estaba pensando, mientras ella simplemente evitaba el contacto visual. A veces podía saber exactamente lo que pensaba con solo mirarla a los ojos, pero simplemente suspiró y se acomodó mejor en una esquina.

"debemos permanecer juntas y buscar una manera de escapar de aquí lo más pronto que podamos" murmuró ella con una nota de preocupación en su voz.

Relena la observó de reojo asintiendo levemente para luego voltear la mirada hacia afuera entre los barrotes de madera que las mantenían cautivas mientras que una suave brisa jugueteaba con sus cabellos. Cerró los ojos captando la agradable sensación de la lluvia mientras rememoraba los recuerdos aun frescos en sus pensamientos. Realmente no tenia intención alguna de enojarse de esa forma con él, no fue nada mas que sorpresa lo que sintió al verlo recorrer las paginas de su libro, también se mezclaba con angustia ante la perspectiva de verlo involucrado en algo en lo que peligraría su vida, no debía entrometerse en los asuntos de la guerra entre los reinos, lo que más deseaba es que Heero viviera lo más feliz posible, como una persona normal.que jamás se enterara de su verdad. Todo ese enojo que se manifestó en ella fue solo con ella misma, se sentía tan impotente en ese momento ¿cómo podía haber sido tan descuidada en dejar algo tan importante al alcance de cualquiera? Ahora había pagado caro el precio, tal vez nunca más podría volver a ver su rostro nuevamente ni volver a experimentar esa sensación tan agradable al estar bajo la mirada de aquellos ojos. Pero ahora que conocía la profecía lo mejor sería apartarse lo más posible, no dejar que su vida se derrumbara como lo hacía la de ella. Abrió los ojos observando como se acercaban cada vez más a un pueblo que se veía en la lejanía, y lentamente comenzó a frotarse la muñeca de forma involuntaria. En esos instantes en los que ambos se miraron fijamente a los ojos, Relena había notado un frío en esos ojos azul cobalto, que provocó que todo su cuerpo se estremeciera. Desde un principio, cuando lo conoció por primera vez, le había costado trabajo descifrar esa mirada, pero con el pasar del tiempo había descubierto una nobleza y una bondad inmensa escondida bajo esa fría máscara. Pero todo eso había desparecido, ya no podía ver más ese brillo, únicamente un dolor muy profundo, como si una vieja herida del tiempo se hubiera vuelto a abrir. Sintió miedo, por primera vez había sentido un miedo verdadero, porque realmente no sabía de lo que Heero fuera capas de hacerle en ese momento. La carreta tropezó con una roca en el camino haciendo que se sobresaltara, despegó su mirada del camino arrestando su cabeza a los barrotes. No podía permitirse perder más tiempo, en estos momentos se podría estar librando la más grande de las batallas en la que las vidas de todos sus seres queridos estaría en grave peligro. Había que salir de salir de allí lo más rápido para regresar con su querido hermano, ya era hora de dejar a Heero como un recuerdo de su pasado.

***********

Los rayos se sol comenzaban a hacerse presentes colándose entre las hojas de los árboles, mientras Heero recogía pesadamente sus pertenencias metiéndolas en la bolsa. Luego se dispuso a guardar las cosas que Relena había dejado detrás, las acomodó con sumo cuidado dentro de la bolsa, para luego echársela en el hombro junto con la suya. Estrechó los ojos ante la gran cantidad de luz a su alrededor, y cuando estaba a punto de salir del campamento su mirada se tropezó con algo en el suelo. Era ese pequeño libro, ese libro que había provocado desde un comienzo la gran disputa entre ellos. Entre sus paginas estaba escrito lo que podía significar el futuro para su gente, las respuestas que tanto anhelaba conseguir ¿Qué hacia Relena con algo tan importante y peligroso entre sus manos? Tal vez Ella lo haya guardado como un secreto sin saber realmente el significado de esas palabras, pero lo que más le molestaba, es que no le había confiado ese secreto a él. En el pasado, a él poco le importaba que un desconocido desconfiara de él, ya que él mismo no confiaba en nadie, pero con ella era diferente. Un dolor más agudo a cualquiera que haya podido sentir despertó en aquel momento cuando sus ojos hicieron contacto con los de ella y no pudo evitar que una inmensa cólera fría se hiciera presente en él. Tenía que evitar que ella formara parte de todo esto. Inconscientemente había estado involucrándola cada vez más en sus asuntos, haciendo que peligrara su vida, pero ahora había caído en cuenta de su error, su destino es luchar solo por el bienestar de los suyos, tenía que hacer cumplir su propia justicia para que ella pudiera vivir feliz, aunque eso no lo incluyera a él. Realmente su intención no fue lastimarla, pero no pudo evitar que su pasado afectara su forma de actuar en ese momento. Únicamente podía pensar en el significado de las palabras de aquella profecía que involucraba su reino, y en que tenía que obtener sus respuestas a toda costa, sin importar lo que ella tuviera que decir. Fue cuando sintió el pequeño golpe en su mejilla haciendo que sus sentidos parecieran regresar nuevamente a su cuerpo, sintiéndose como si hubiera sido un ejército completo le hubiera pasado por encima pero fue solo cuando levantó la mirada que pudo ver lo que realmente le quitó de su cabeza los pensamientos sobre su reino. Vió miedo, un miedo que nunca había llegado a ver en aquellos ojos celestes, y en el cual nunca esperó verse reflejado. Frunció levemente el ceño mientras recogía el libro y lo guardaba en la bolsa. Tenía que rescatar a Relena a toda costa, no importa que ella lo considere una amenaza, tenía que asegurarse de que estaba bien. Escuchó unos leves ruidos entre los árboles y se volteó rápidamente para encontrarse con Duo que volvía con rostro serio, ambos se quedaron unos instantes en silencio mirándose a los ojos, y pudo descifrar fácilmente que las noticias que su amigo traía no eran del todo buenas.

"¿Qué averiguaste?" preguntó Heero apagando con el pie los últimos vestigios de la fogata.

"deben haber llegado al pueblo más cercano poco antes del amanecer" respondió Duo rápidamente echándose su bolsa y la de Hilde sobre el hombro "el rastro que dejaron indica que llevan mucha prisa por algo, si no salimos pronto podríamos perderlos" dijo frunciendo el entrecejo.

"entonces debemos darnos prisa, hay que llegar antes de que salgan del pueblo" exclamó Heero apretando la empuñadura de su espada. Duo solo asintió en silencio para luego salir a toda velocidad entre los árboles. Heero se quedó de pie unos instantes con los ojos cerrados. El aroma suave de Relena llegaba hasta él desde sus ropas que ella había remendado la noche anterior llenándolas de su dulce esencia. Abrió los ojos con una mirada de determinación bien marcada en su rostro.

"pase lo que pase, te encontrare, lo juro.." Murmuró para luego seguir rápidamente los pasos de su amigo.

Las coloridas casas se levantaban hacia el cielo del medio día cuando la carreta piso el suelo de un pequeño pueblo. Relena podía observar como la gente iba y venia por todas partes. Sentía un ambiente misterioso a su alrededor mientras notaba como los pueblerinos le lanzaban extrañas miradas, pero no movían un dedo por ayudarlas, haciendo como si no hubieran visto pasar la carreta y continuando con sus labores. Al cabo de un rato la carreta finalmente se detuvo frente a una pequeña posada. Pudo escuchar como las pisadas de dos hombres se dirigían hacia la entrada, mientras eran recibidos por una multitud en el interior de la taberna. Cuando se volteó pudo ver que Hilde también se esforzaba por escuchar su conversación.

"¿Qué crees que quieran con nosotras?" preguntó Relena en un susurro echando una rápida mirada hacia donde se encontraba la entrada de la taberna.

"es difícil saberlo, no son de reinos enemigos, solo son simples pueblerinos" murmuró Hilde.

"no debemos perder mas tiempo en esto, hay que escapar lo más pronto" dijo Relena aferrándose a los barrotes.

"creo que seria bueno que intentáramos huir mientras están distraídos" dijo mientras buscaba algo entre sus ropas. Sacó un pequeño trozo de metal alargado con el que empezó a forzar la cerradura "es bueno que haya aprendido estos trucos que resultan ser muy útiles en situaciones como esta" murmuró con una pequeña sonrisa y una mirada de mucha concentración.

"¿Dónde crees que estemos?" preguntó Relena preocupada.

"no estoy segura, pero nos estamos alejando cada vez más de nuestro camino hacia el templo" respondió Hilde preocupada sin dejar lo que estaba haciendo.

"este pueblo es muy extraño, no hay ningún niño y los aldeanos no se molestan en ayudarnos, a pesar de que los secuestradores pasan tranquilamente por sus calles"

Al cabo de unos instantes la cerradura abrió con un pequeño "click" y ambas chicas se deslizaron sigilosamente fuera de la jaula, pero no habían dado cinco pasos cuando se encontraron de frente a los dos hombres que las habían mantenido cautivas, que las miraban con unas extrañas sonrisas en sus rostros, y cuando intentaron volver se encontraron mas hombres cerrándoles el paso. Estaban rodeadas.

En una oscura habitación una figura femenina estaba recostada sobre el marco de una ventana de vidrios verdosos, que, con la luz del sol alumbraban el lugar dándole un aspecto de misterio. Dorothy acariciaba a una gran serpiente de color azabache con ojos rojo que brillaban como un par de rubíes, balanceando despreocupadamente su pierna izquierda mientras la otra estaba apoyada en el marco. De repente un soldado entro apresuradamente jadeando del esfuerzo..

"¿¡Qué es esta intromisión!?" exclamó enfadada Dorothy levantándose de golpe soltando al reptil que siseo molesto al caer al suelo.

"¡disculpe capitán, pero tengo noticias de Heero Yui!" dijo el soldado apoyando la rodilla en el suelo mientras llevaba un puño al pecho.

"prosigue" dijo Dorothy mientras se le formaba su común sonrisa astuta en el rostro.

"habíamos atrapado a la princesa pero Yui se nos adelantó y nos acabó a uno por uno" esto ultimo lo dijo con la voz quebrada por el miedo y temblando ligeramente.

"pero tu sobreviviste" murmuró ella mientras levantaba a la serpiente y le acariciaba la cabeza.

"si..es que.la princesa lo detuvo y me dejó ir.creo que tuve mucha suerte, sino Yui hubiera acabado conmigo sin dudarlo"

"¿dices que la princesa lo detuvo? Que interesante que nuestro antiguo rey Heero Yui se detuviera ante la orden de esa chica, eso nunca me lo imagine ¿tu no lo crees preciosa?" exclamó acariciando más a la serpiente que siseo levemente.

"y eso no es todo, pudo derrotar a nuestros cazadores nocturnos" exclamó el soldado.

"me lo esperaba" murmuró sonriente.

"debo informar de esto al rey" dijo el soldado levantándose y dándose la vuelta.

"¡un momento!" exclamó Dorothy levantando la palma de su mano derecha haciendo que la puerta se cerrara de golpe en las narices del chico. "no creo que sea recomendable que el rey se entere que la princesa sigue con vida"

"¿pero que esta diciendo? ¡nuestras ordenes son traerla con vida!" exclamó el soldado expresando el terror que sentía en ese momento a través de sus ojos.

"no, no, no, no, eso es muy malo, además creo que tendré que tomar cartas en el asunto..personalmente" murmuró más para si que para el soldado.

"¡Lady Dorothy, debemos informar al rey lo antes posible!"

"¡a callar!" dijo Dorothy mirando al chico con furia, de repente el soldado empezó a ahogarse llevándose ambas manos al cuello, empezó a jadear "es lamentable, que todos los guerreros del escuadrón hallan muerto y ninguno halla regresado con vida ¿no crees?" dijo ella acercándose al soldado que se arrastraba en el suelo intentando llegar a la puerta"y pobre de la princesa ¿Cómo pudo morir así? Que mal que el rey no pueda seguir con sus planes, es una verdadera pena" exclamó fingiendo pena en su voz mientras levantaba el rostro del joven que se tornaba azul y la miraba aterrorizado "al menos nos queda la lucha, debemos pelear para hacer cumplir nuestros ideales, ese es el principio de una guerra, y las muertes solo forman parte de ella" cuando termino de decir esto el chico cerró los ojos para nunca abrirlos más.

La gran serpiente reptó por el suelo hasta llegar hasta donde estaba su ama, Dorothy se levantó con una sonrisa de satisfacción en el rostro.

"¿lo ves cariño? Todo esta saliendo a las mil maravillas" dijo Dorothy mientras agarraba un puñado de polvo de una copa dorada, la serpiente la siguió.

"escuchen espíritus mi llamado, muéstrenme lo que esta más allá de lo que mis ojos pueden ver" murmuró mientras lanzaba el polvo en un caldero lleno de una espesa mezcla. El reptil se enroscó alrededor del cuello de ella y miró con sus fríos ojos la poción, esta daba vueltas hasta convertirse en una especie de espejo en el cual mostraba a un chico de ojos cobalto corriendo colina abajo seguido por un chico de larga trenza.

"hum...pero ¿Dónde esta la princesita?" se dijo mientras echaba otro puñado del polvo. Esta ves la imagen cambió mostrando a dos chicas inconscientes siendo cargadas por unos hombres que al parecer las llevaban a una especie de mercado.

"lo se linda, lo se, esto nos retrasara un poco...pero ya estuve esperando un largo tiempo por esto, unos cuantos días más no me detendrán" exclamó haciendo un movimiento con la mano que hizo que la imagen despareciera. Se levantó y se percató de que el cadáver del soldado seguía tendido en el suelo.

"que desastre, Terrífica..cómetelo" exclamó dirigiéndose a la serpiente mientras se daba la vuelta y se estiraba perezosamente.

*************

Cientos de kilómetros más allá, un gran mercado sobresalía en las entradas de un oscuro bosque, formado por pequeñas tiendas de las que se escuchaba numerosas voces, en la entrada se podía vislumbrar un letrero que decía "Mercado Galop" en letras viejas y corroídas por el tiempo. Dentro, incontables chicas estaban atadas con cadenas y encerradas en celdas, los hombres caminaban tranquilamente mientras observaban "la mercancía" y decidían el precio a pagar, era indudablemente un mercado de mujeres.

"demonios ¿y ahora como saldremos de aquí?" suspiró Hilde mientras trataba de safarse de las cadenas que rodeaban sus muñecas. Ambas estaban guindando de un pilar.

"no podemos hacer nada sin las armas, es mejor esperar a ver que sucede" le dijo Relena tristemente mientras su miraba se fijaba en un grupo de niñas que lloraba desconsoladamente en una jaula mientras llamaban a sus padres, esto la hizo recodar cuanto extrañaba su hogar.

"¡¡no es justo!! ¿Cómo se atreven a mantener encerradas a esas pobres niñas?" exclamó Hilde indignada haciendo sonar las cadenas que la mantenían cautivas.

"¡hagan silencio!" exclamó un hombre mientras se acercaba rápidamente hacia ellas "veo que no están muy conforme con el trato que les damos en este lugar" dijo en voz baja cuando ya se encontraba a su lado esbozando una estupida sonrisa.

"¿¡cómo pueden ser capaces de cometer este tipo de atrocidades!?"

"¿te parece injusto lo que estamos haciendo? Pues estas niñas fueron traídas por sus propios padres, por lo menos ahora tendrán a alguien que les de un hogar apropiado"

"¿¡tu llamas apropiado a llevar una vida de esclavo!?"

"después de todo es el destino de toda mujer" dijo el hombre mientras se alejaba riendo ruidosamente, mientras Hilde irradiaba fuego por los ojos.

"por aquí señor, estas son las más recientes" un hombre se acercó a ellas, vestía como uno de los tantos comerciantes del lugar "nos las trajeron hoy por la tarde"

Un hombre alto de piel morena se acercó viéndolas fijamente, vestía muy elegantemente como un árabe y un turbante blanco con una pluma rojiza cubría su cabeza.

"son las mejores que tenemos, tienen una piel muy suave aunque con algunos rasguños pero eso que quitara con el tiempo, me atrevería a decir que tienen sangre real"

"me parece bien, mi amo estará muy complacido" dijo con una mirada impasible "¿Cuánto por ambas?"

"3000 francos por cada una" exclamó el vendedor.

"le daré 2500" dijo el árabe.

"¡hecho!" dijo el mercader estrechado la mano del hombre.

"¿esta seguro que son vírgenes? A mi amo no le gustan las mujeres impuras"

"¡claro se lo aseguro!" exclamó el mercader acercándose a Hilde, ella aprovechando la aproximación le pegó una patada en plena cara haciendo que el hombre cayera de espaldas con la nariz ensangrentada.

"veo que no están domesticadas" dijo el árabe viendo a Hilde tranquilamente.

"¡maldita bruja, yo te enseñaré a respetar a tus amos!" el mercader se levantó con una mirada llena de furia, sacó un látigo y lo lanzó sobre Hilde la cual cerró los ojos. Al no sentir el impactó abrió los ojos para ver que ocurría y se asombró al ver que el árabe había sujetado el látigo.

"a mi amo no le sirven desfiguradas" dijo soltando el látigo "te pagaré 2000 por cada una, ya que no están educadas" dicho esto se dio la vuelta y salió.

"da gracias que te hallan comprado hoy" le murmuró el mercader con la voz llena de furia saliendo detrás del árabe. Hilde lo fulminó con la mirada para después girarse hacia Relena.

"no sabía que hubieran lugares así" murmuró Relena con una mirada triste.

"los hay y muchos, hay gente que todavía cree que la libertad es algo que puede comprarse" le dijo Hilde con un tono triste en la voz.

************

El sol ya se ocultaba en el horizonte, Heero y Duo trotaban ágilmente en los pastizales hasta que Heero se detuvo repentinamente mirando detenidamente el camino.

"¿sucede algo amigo?" preguntó Duo intrigado deteniéndose unos metros más adelante.

Heero no respondió, se agachó y recogió algo. En su mano sostenía un bello collar con una piedra de color esmeralda que poseía un extraño brillo en su interior. Era de Relena, era ese extraño talismán que llevaba bajo sus ropas. Frunció el ceño y lo guardó en los bolsillos de su capa.

"¿Qué era eso?" le preguntó Duo acercándose a él.

"nada en especial...tenemos que movernos"

"detrás de esas colinas esta el pueblo, podemos pasar la noche allí" le dijo Duo mostrándole el mapa. Habían corrido todo el día y no habían comido nada, estaban agotados. Comerían algo y luego reiniciarían su viaje al amanecer.

"no hay tiempo tenemos que seguir avanzando, sino nos llevaran mucha ventaja" dijo Heero sin expresión alguna. No podía permitir que otro error de su parte alejara a Relena aun más de su lado.

"¡no me vengas con esas cosas Heero, Tu bien sabes que seguir un rastro en la noche es casi como andar a ciegas, además necesitas un descanso!"

Heero titubeó un instante en que responder y le dio la espalda a su amigo. Duo se acercó a él y le colocó la mano en el hombro.

"se perfectamente cuanto deseas encontrar a Relena, pero podremos preguntarle a la gente del pueblo sobre su paradero, y de esa forma también podrás tomarte un descanso ¿no crees?" dijo sonriendo mientras Heero asentía. Sin perder un segundo ambos siguieron su carrera.

***********

Relena abrió lentamente los ojos, estaba mareada y tenía la visión algo borrosa. Un rayo de sol le caía exactamente en su rostro a través de una gran ventana, notó que estaba recostada sobre una gran cama con muchos almohadones de colores, al mirar a su alrededor pudo notar a una veintena de chicas más o menos de su edad hablando animadamente, otras caminando y otras acostadas en otras camas similares, estaba en una gran habitación, con una fuente en el medio y algunos árboles alrededor.

"al fin despiertas" una voz hizo que girara su cabeza, a su lado estaba una chica de más o menos 19 años, de piel blanca, cabello rojizo rizado y corto hasta los hombros, de ojos celestes con toques plateados dándole una mirada misteriosa , ella sonrió y se levantó.

"me presentare, mi nombre es Catherine Bloom, soy la mayor de todas y la encargada del harén, así que cualquier pregunta que tengas me la puedes decir" dijo sonriente.

Relena pudo notar la extraña vestimenta que llevaba, una tela rojiza tapaba sus pechos dejando al descubierto todo su abdomen, un pequeño bikini que dejaba ver sus piernas desde los muslos, una tela de satén transparente caía desde su cadera hasta sus tobillos en forma de una falda, esa misma tela cubría el rostro de la joven desde la nariz como un velo hasta el cuello, llevaba muchos ornamentos de oro y joyas en sus brazos, cuello, frente, tobillos y cadera. Al parecer todas las chicas vestían igual.

"yo..¿en donde estoy?"

"pues en el palacio de mi señor, eres su nueva esposa"

"¡¡esposa!!" exclamó levantándose de golpe.

"ya, ya, tranquila, se que al principio es algo difícil de asimilar pero ya te acostumbraras" le dijo Catherine tratando de tranquilizarla.

"no..no puedo creerlo"

"sabes tu amiga se lo tomó igual que tu"

"¿Hilde? ¡¿Dónde esta?!"

"pues..."

De repente se abrieron las puertas y Hilde pasó por ellas con una mirada de furia, se podía notar a leguas el sonrojo que llevaba.

"¡no pienso vestirme así!" le dijo a Catherine, Hilde vestía igual que ella pero de color amarillo dorado. "¡Relena al fin despiertas! Mira lo que tenemos que vestir, no estoy loca. no voy a salir así" dijo Hilde abrazándose intentando ocultar las partes más descubiertas de su cuerpo. Relena rió un poco por el comportamiento de su compañera.

"pero deben, son ordenes del sultán Sait, si no lo hacen las castigarán" dijo Catherine con una mirada sombría. Relena pudo notar un ligero asomo de temor en su voz.

"¡pues no me importa! No obedeceré ordenes de él" dijo Hilde de forma desafiante.

"si no lo haces, las consecuencias podrían ser devastadoras para ti..la ultima de nosotras que desobedeció sus ordenes terminó con el rostro y las manos quemadas por aceite hirviendo, de esa forma no sería aceptada en ningún otro lugar. Todas estamos destinadas a ser sus esclavas, dispuestas a hacer lo que se le antoje"

Relena clavó su mirada en el suelo, y Hilde no hizo ningún otro comentario.

"bien, toma Relena ponte el mismo traje que Hilde, ya que son las nuevas esposas deben vestirse con el color dorado" dijo ella sonriendo olvidando el ultimo comentario que había hecho y entregándole a Relena un traje en sus manos.

"oye, Catherine ¿a ti también te compraron?" le preguntó Relena sin poder contenerse.

Repentinamente la sonrisa de Catherine despareció y una mirada de nostalgia y tristeza se reflejo en sus claros ojos.

"hace 5 años, yo viajaba en una caravana de gitanos que venían del oriente, pero un grupo de ladrones nos atacaron y mataron a todos" Relena podía notar como hacia esfuerzos por contener las lagrimas que comenzaban a formarse en las esquinas de sus ojos "a mi me dejaron con vida porque según ellos podía ser vendida en el mercado de esclavas a un buen precio"

"muchas de nosotras fuimos secuestradas de nuestros pueblos y familias y vendidas al mejor postor" exclamó otra chica del harén que se acercaba con una bandeja llena de frutas.

"no tenemos más opción que servir a los caprichos del señor, si no queremos una muerte dolorosa o peor, años de soledad" murmuró Catherine temblando un poco.

Relena cerró los ojos fuertemente. No podía permanecer más tiempo allí. No le importaba cual fuera su destino, no le importaba servir de esclava a ese sultán ni tampoco llevar una vida solitaria lejos de las personas que más quería. Permanecer allí significaba una cosa mas importante para ella. no podría detener la guerra, todo terminaría, sería el fin para toda su gente. Tenía que salir de allí, pero sentía que la fuerza había abandonado su cuerpo, y apretó los puños sintiéndose enojada y a la vez impotente.

"Heero. ¿Dónde estas Heero?" dijo en un susurro tembloroso. Estaba desesperada, no sabía la razón pero. Repentinamente abrió los ojos mirando a su alrededor.

¿Por qué pensaba en él cuando había decidido apartarlo de sus pensamientos? Resultaba tan simple, no podía evitarlo, se había vuelto una necesidad estar bajo la presencia de él, se sentía tan segura, tal feliz, era un sentimiento que nunca antes había experimentado. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro mientras cerraba los ojos llevándose las manos al pecho. Se sentía tan bien el recordar la forma como esos ojos azul zafiro la miraban con aquella intensidad, dándole fuerzas para seguir adelante, a no darse por vencida en ningún momento. Abrió los ojos repentinamente para luego levantarse de golpe con una mirada llena de determinación. Iba a hacer lo que fuese necesario para salir de este lugar y volver a ver aquellos ojos, no le importaba en ese momento que Heero supiera lo de la profecía, tenía que volver a verlo sino. no podría seguir viviendo lejos de él.

"Hilde, tenemos que escapar de aquí" exclamó con voz firme. Hilde la observó algo sorprendida. Era la primera vez que veía actuar de forma tan decidida a su amiga.

En ese momento las grandes puertas del harén se abrieron dejando pasar dos hileras de soldados vestidos con trajes árabes y todas las chicas voltearon a mirada hacia la entrada, luego entró un hombre que Relena pudo reconocer, era el mismo que las había comprado en aquel horrible lugar. El hombre se detuvo frente a ellas.

"Catherine, el sultán viene, quiere.conocer a sus nuevas esposas" exclamó frunciendo el ceño ligeramente al notar que Relena aún no llevaba la ropa real.

"entiendo, Relena por favor ve a cambiarte detrás de esa puerta, son los baños, apresúrate" dijo levantándose, luego empezó a levantar la voz ordenando a las jóvenes chicas prepararse para la llegada de su señor.

"¡Catherine!" una voz gruesa retumbó en la habitación, al instante todas las chicas cayeron de rodillas con la mirada baja, excepto Hilde quien estaba sentada en la cama con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

"mi señor" murmuró Catherine arrodillándose a sus pies y besándole ambas manos que estaban llenas de anillos con joyas de distintos colores, era un hombre de mediana estatura de piel muy morena, tenía una barba larga y negra al igual que sus pobladas cejas, de ojos negros profundos. Hilde se estremeció visiblemente ya que el hombre era demasiado gordo dándole un aspecto que a primera impresión era un cerdo en dos patas.

"eeeh.Hilde ¿Qué sucede?" preguntó Relena sentándose a su lado, ella ya vestía igual que Hilde, con atuendos dorados y amarillos llevando el cabello suelto.

"quiero verlas" ordenó en un gruñido mientras quitaba la mirada de Catherine buscando con la mirada a sus nuevas esposas.

"lo que usted diga mi señor" exclamó Catherine levantándose y caminando hacia donde estaban ambas chicas.

"¡de pie!" ordenó el hombre del turbante.

Ambas chicas se miraron y luego se levantaron con una mirada desafiante.

El sultán las miro de arriba abajo mientras una sonrisa lujuriosa se acentuaba cada vez más en su rostro, camino en torno a ellas mientras murmuraba cosas en un idioma que seguramente era árabe.

"perfectas, estoy muy satisfecho con tu decisión" exclamó el sultán parándose frente a las chicas mirando al hombre de turbante blanco con la pluma rojiza.

"estoy para servirle" exclamó el hombre haciendo una leve reverencia.

"no puedo esperar a nuestra noche de bodas" dijo sonriendo mientras sujetaba la barbilla de Relena obligándola a mirarlo directo a los ojos. Ella le dedico una de sus mejores miradas de odio mientras Hilde lo miraba con expresión de asco.

Dicho esto el sultán dio media vuelta y salió del harén seguido por los soldados.

"le hubieras mordido la mano o escupido su rostro" le dijo Hilde hecha una furia pero inmediatamente su mirada cambió por completo al ver la sonrisa en el rostro de su amiga.

"saldremos de aquí, ya lo veras" murmuró de manera distraída para luego caminar lentamente hacia un gran ventanal. Los rayos del sol de la mañana se reflejaban con gran intensidad en las pequeñas gotas de rocío en las hojas. Apoyó las manos y la frente contra el cristal mirando el hermoso cielo en el que figuraban suaves nubes blancas. Solo podía pensar en salir de allí para encontrarse con él, Heero había sido su única fuerza cuando se había sentido más débil y pase lo que pase tenia que volver a verlo, aunque sea solo una vez más.

****************

En un pueblo cercano el sol hacia igualmente su aparición iluminando los coloridos tejados del recinto. La húmeda niebla de la mañana cubría los caminos solitarios mientras la gente descansaba en sus hogares antes de iniciar otro día de labores. Heero se encontraba sentado en el suelo apoyado en la pared con los ojos cerrados disfrutando del ambiente fresco y el silencio que reinaba en el lugar. Abrió los ojos nuevamente para verificar nuevamente la posición del sol. Él y Duo habían echo el trato de descansar hasta que el sol estuviera sobre la copa de los árboles más cercanos. Frunció el ceño impaciente al comprobar nuevamente que aun no era hora de partir, y por más que quisiera no podía abandonar a su compañero, era el único que podría ayudarlo en la misión de rescate...

FLASHBACK

Había oscurecido ya cundo Heero y Duo dieron la primera pisada dentro del pequeño pueblo. Caminaron silenciosamente entre las casas bajo las escrutadoras miradas de los pueblerinos. Se percataron del extraño comportamiento de las personas ante su llegada. Por lo general en las pequeñas aldeas los habitantes recibían alegremente a los forasteros con la intención de ganar algo de dinero. Pero en este pueblo era diferente, la gente los observaban atentamente como si esperaran que fuera a ocurrir algo inesperado de un momento a otro y otros mas recelosos se escondieron dentro de sus casas. Heero busco con la mirada signos de actividad agrícola, o cualquier actividad a la que se pudiera dedicar la aldea para mantenerse, pero no pudo encontrar ningún centro de almacenamiento, y mucho menos algún cultivo. Tampoco había ninguna clase de animal que se pudiera comercializar, y no se podían dedicar a la pesca ya que no había ningún lago o río cerca. Frunció el ceño, esto no concordaba para nada. Caminaron hacia una pequeña plazoleta en donde se vislumbraban unos pocos árboles. Parecía el lugar perfecto en donde pudieran pasar la noche lejos de las miradas indiscretas de los lugareños. Echaron los bolsos al suelo y se sentaron uno apoyado en la espalda del otro, alertas ante cualquier intruso. Heero emitió un leve gruñido mientras contemplaba el cielo nocturno. Había luna nueva y apenas se vislumbraban pocas estrellas entre las copiosas nubes.

"lo siento compañero, pero aquí termina nuestra travesía por hoy, no puedes viajar con semejante oscuridad" exclamó Duo triunfante mientras buscaba algo de comida de para viajeros en su bolso.

Heero suspiró resignado. Tenia la pequeña esperanza de seguir caminado si el brillo de las estrellas alumbraban su camino. Pasaron unos instantes en los solo se escuchaban el crujido de Duo al intentar masticar las duras barras de granos de cereal. Comenzaba a relajar sus sentidos cuando repentinamente escuchó un ruido extraño entre los árboles cercanos. Disimuladamente sujetó la espada sin apartar los ojos de donde procedía los ruidos. Al cabo de unos instantes, en los que ambos mantuvieron sus armas a punto, surgió de entre los arbustos un pequeño anciano de larga barba blanca y pequeños ojos celestes escondidos entre las pobladas cejas blancas. Vestía ropas andrajosas y apoyaba su peso en un bastón de madera desgastado. Heero y Duo no bajaron la guardia en ningún momento hasta que el anciano inclinó la cabeza ligeramente en gesto de saludo.

"saludos jóvenes viajeros" dijo en una voz ronca pero con un tono amable. Heero y Duo intercambiaron miradas y soltaron las armas. El anciano se sentó frente a ellos pasando la mirada de uno al otro lentamente.

"¿se puede saber a que ha venido?" preguntó Heero visiblemente molesto ante la inesperada presencia del extraño.

"les he traído información importante, que creo, deberían saber" dijo profundizando aun más su sonrisa.

"¿a que se refiere con eso?" preguntó Heero comenzando a perder la paciencia.

"me refiero claro, a las dos chicas que ustedes intentan encontrar"

Ambos chicos intercambiaron elocuentes miradas. Sea verdad o no, no perdían nada con escuchar lo que el anciano tenia que decir.

"esta bien buen hombre, cuéntenos lo que sabe" exclamó Duo sonriendo mientras colocaba las manos detrás de la cabeza.

"eso pretendo, pero este lugar no es apropiado, síganme si son tan amables" dijo mientras se daba la vuelta caminando. Ambos se pusieron de pie, tomaron sus pertenencias y siguieron al anciano.

Siguieron los lentos pasos del anciano a través de la arbolada alejándose un poco del pueblo. El aire frío de la noche comenzó a afectar su respiración y cuando comenzaron a subir una colina pudieron vislumbrar una pequeña cabaña. Cuando llegaron hasta ella el pequeño anciano abrió la puerta haciéndolos pasar, para luego echar una mirada a sus espaldas para comprobar que nadie los estuviera siguiendo. Dentro de la cabaña había una pequeña fogata que resultaba muy reconfortante, y los tres se sentaron a su alrededor para calentar sus cuerpos. Heero se quedó observando al anciano mientras se quitaba la desgastada capa, para luego extender las manos hacia el fuego calentándose. Heero emitió un pequeño ruido con la garganta intentando ganar la atención del anciano, estaba impaciente por escuchar lo que tenia que decirle.

"veo que no puedes esperar más, eres un chico muy impaciente" murmuró el anciano entre risas sin dirigirle la mirada a Heero "debes estar muy preocupado por tus amigas ¿no es así?"

Heero asintió en silencio.

"oye anciano ¿no sabe que le sucede a la gente de esta aldea? No es por ser grosero pero..." comenzó a decir Duo.

"la razón es muy simple" dijo el anciano con una voz súbitamente cansada "todos los habitantes son criminales, la ley no se cumple en esta tierra, así que todos los prófugos vienen a dar aquí a descansar o a planear su próximo asalto. Nadie se atreve a venir sacarlos porque son demasiados, es por eso que los miraban recelosos cuando entraron, deben ser unos de los pocos forasteros que se atreven a pisar estas tierras. Con los únicos con los que negocian en esta aldea es con los del famoso reino de la oscuridad..." hizo una pausa en la que profundizó su sonrisa "y si no me equivoco esa fue la razón por la que se escondían de sus miradas"

Heero y Duo no hicieron movimiento alguno, solo se limitaron a mirar al anciano directamente los ojos.

"no tienen de que preocuparse, yo estoy de lado del gran Rey Heero Yui"

Heero no cambió la expresión de rostro mientras Duo lo observaba completamente anonadado.

"la noticia de su muerte llegó hasta esta aldea. Inmediatamente supe que alguien estaba detrás de todo esto, la muerte de su padre fue algo que me dejó con mucha intriga. Yo conocí al grandioso Rey Odín, y un guerrero como él no pudo ser abatido de esa forma en una simple batalla. Alguien debía de estar detrás de todo eso, y supe que no tardaría en acabar con su reinado"

Heero no podía creer que ese completo extraño supiera tanto de él cuando se esforzaba tanto por mantener su identidad oculta, y de alguna forma se sentía vulnerable. Su expresión se volvió más fría aun intentando ocultar lo que sentía por dentro.

"¿y como sabe usted todo eso?" preguntó Duo sorprendido.

"este anciano a recorrido y vivido muchas cosas joven" respondió riendo un poco mientras Duo se rascaba la cabeza tratando de entender.

"tiene un gran parecido a su padre, joven Rey, en su mirada existe la misma determinación oculta bajo esa máscara" se detuvo un instante observándolo admirado "solo espero que haga todo lo que pueda para recuperar su reino, sino todo se vendrá abajo irremediablemente. Es triste ver como se ha formado esta guerra entre ambos reinos, y no creo que el joven Trieze sea el más indicado para llevarla su fin"

A la mente de Heero vino repentinamente las palabras de la profecía. `Solo dos almas puras y sinceras que se unan en un solo latir, conseguirán la eterna paz y prosperidad en el mundo´

"entonces ¿qué es lo que tenia que decirnos que era de gran importancia?" dijo Duo de repente sacando a Heero de sus pensamientos.

"se a donde llevaron a las chicas que buscan" en ese momento la atención de ambos chicos se centró únicamente en el anciano "esta mañana una carreta pasó por aquí, llevaba encerradas un par de chicas, una de pelo corto oscuro, y otra de pelo largo dorado. Los vi cuando entraron, eran hombres con ropas de comerciantes que no pertenecían a esta aldea pero fueron bien recibidos en la taberna, así que es de suponer que frecuentan estas tierras. Las chicas intentaron escapar pero fueron rodeadas y las volvieron a capturar" Heero apretó la empuñadura de su espada, entonces Relena estuvo aquí, pensó "al parecer cuando salieron del pueblo se dirigían al mercado Galop"

Ambos chicos fruncieron el ceño preocupados. El mercado Galop es conocido entre los hombre mas desalmados como el lugar apropiado para conseguirse una esclava y les gustaba vender y torturar mujeres por altos precios.

"¿no sabe a donde pudieron ser trasladadas después de allí?" preguntó Duo.

"lo siento, pero es lo único que se... Generalmente son vendidas a poderosos terratenientes de la zona, así que no deben estar muy lejos"

Heero clavó la mirada en el fuego de la fogata sumido en sus pensamientos. Las palabras del anciano le habían regresado las energías. Tal vez no había rescatado a Relena aun, pero por lo menos tenia la esperanza de encontrarla todavía. Tal como lo había prometido, iba a protegerla a toda costa...

FIN DEL FLASHBACK

Los ronquidos de Duo sacaron a Heero de los recuerdos de la noche anterior, volvió a echar un vistazo por la ventana y sonrió al ver que el sol estaba a punto de llegar al borde de los árboles. Se levantó lentamente para luego calzarse las botas y colocarse la capa. Una refrescante brisa removió sus cabellos y terminó de despertarlo. Aunque no había podido dormir en toda la noche, tenía que admitir que el descanso había echo efecto. Ya no sentía su cuerpo pesado y había descargado toda la tensión acumulada lo que le permitía pensar con más claridad. Lo primero que haría seria ir a Galop en busca de Relena.

"Relena.." murmuró inconscientemente cerrando los ojos. Nunca antes había sentido esto por otra persona, y aunque había compartido el lecho con otras mujeres en el pasado, no fue más que para satisfacer un deseo. Esto era diferente, podía sentir como algo nuevo despertaba en su interior, un calor que le calentaba el alma. No podía evitar sonreír al recordar su mirada, era un sentimiento nuevo y desconocido pero que de alguna forma no podía evitar, ¿o tal vez no quería? Podía recordar claramente su rostro la mirada llena de inocencia y bondad, las mejillas teñidas de rosa y los labios tocados por una perla rosada. No podía esperar para volverla a rodear entre sus brazos y hacerla sentirse segura, el saber que estaba bien era lo único que le importaba en ese momento. Lo único que le daba fuerzas era saber que pronto volvería a estar a su lado, que pronto podría sumergirse en el océano celeste de sus ojos. Tenia que admitirlo, seria capaz de dar su vida entera por verla sonreír nuevamente...

Volvió a mirar fuera de la ventana y comprobó que el sol ya estaba a la altura de las copas de los árboles. Se acercó a donde estaba Duo desparramado entre las cobijas, y con el pie comenzó a zarandearlo.

"despierta Duo" dijo con su habitual voz monótona. Pudo ver como su compañero abría un ojo perezosamente, para luego cerrarlo y acomodarse mejor "más te vale despertar ahora" dijo en un suave murmuro apretando los dientes de la furia.

"si, si, como digas señor caridad, ya me estoy levantando" respondió para luego dar un gran bostezo. Heero estrechó los ojos para luego darse la vuelta y comenzar a preparar la bolsa de viaje. Duo sonrió para sus adentros, había cumplido su objetivo, Heero estaba en mucha mejor condición para viajar. Aunque sabía que no había dormido en toda la noche, por lo menos recupero las fuerzas perdidas durante la batalla contra los cazadores oscuros.

"saldremos ahora mismo en dirección a Galop" anunció Heero fríamente mientras Duo terminaba de alistarse. Sin quedarse si quiera a tomar desayuno (aun bajo las ruidosas protestas de Duo, quien tuvo que callar al ver la mirada asesina en el rostro de su amigo), ambos se dirigieron a toda velocidad fuera del poblado, sin prestarle la más mínima atención a las miradas de los habitantes. Heero mantuvo firme la mirada al frente mientras se adentraban cada vez más en el bosque, sin apartar su único objetivo de sus pensamientos. Al cabo de un rato vislumbraron unas tiendas ocultas entre los árboles. Intercambiaron unas rápidas miradas para luego avanzar cautelosamente uno seguido del otro. Cuando entraron en una de las tiendas, pudieron percibir la mugre que se extendía por todo el suelo. Se oían gritos y lamentos provenientes de las celdas a su alrededor y las ratas correteaban de aquí a allá. Heero frunció el ceño ante la perspectiva de que Relena permaneciese en este lugar.

"esto apesta a demonios" se quejó Duo por lo bajo mientras se acercaban agazapados contra una oscura pared. Heero evaluó la situación con toda la calma posible, mientras veía como varios comerciantes y compradores iban y venían mientras regateaban los precios, también habían guardias que rondaban las celdas mandando a callar a las prisioneras. Pensó que la única forma de poder llegar sin llamar la atención era haciéndose pasar por un par de compradores interesados en las jovencitas del lugar. Asegurándose de que su espada estuviese cubierta por la capa, salio de las sombras interceptando a uno de los vendedores que lo observó alarmado al ver la mirada amenazante en su rostro.

"Dis. disculpe joven ¿en que puedo ayudarle?" preguntó con la voz ligeramente quebrada por el miedo.

"quiero una" respondió Heero con voz fría clavando su mirada en la del sujeto.

"lo que mi amigo quiere decir, es que buscamos una hembra obediente, usted sabe." dijo Duo tranquilamente quien estaba más acostumbrado a este tipo de situaciones. El comerciante observó a ambos jóvenes de arriba a bajo. En cierta forma se le hacía extraño que dos hombres jóvenes buscaran mujeres en este tipo de lugares. Detalló el estado de las ropas que llevaban. Una bota del pantalón de Heero estaba rasgada y parte de la capa de Duo estaba chamuscada, debido a esto supuso que ambos jóvenes eran soldados de algún reino cercano, que acababan de salir de alguna batalla y venían a gastar su recompensa en la compañía de una buena mujer. Los rasgos del comerciante se relajaron notablemente dejando el miedo a un lado, para luego adoptar la sonrisa propia de un vendedor ambicioso.

"por aquí, si son tan amables de seguirme" dijo haciendo una floritura con la mano indicándoles el camino, mientras Duo suspiraba aliviado.

El comerciante los guió a través de las celdas, y aunque caminaban apresuradamente, ambos guerreros echaban rápidas miradas al interior con la esperanza de encontrar algún rastro de las chicas. Llegaron hasta el final del pasillo en donde un sujeto de estatura baja se despedía de uno de los compradores, para luego contar las monedas que tenía en una pequeña bolsa. Se detuvieron frente a él, y Heero pudo notar unos pequeños vendajes que le cubrían la nariz.

"mi señor, estos jóvenes vienen por un par de las mejores que tengamos" dijo el comerciante con una amplia sonrisa dirigiéndose a su jefe. El sujeto guardó las monedas en un bolsillo de la túnica para luego entregarle un par de pergaminos. El comerciante hizo una pequeña reverencia y se alejó del lugar mientras que el jefe se volteaba y les lanzaba una mirada evaluativo, pero al igual que el comerciante sonrió satisfecho al final.

"bienvenidos sean al mercado Galop, justamente esta mañana nos llego un embarque lleno de."

"estamos buscando algo en especifico" intervino Duo rápidamente.

"¿a que se refiere?" preguntó el sujeto algo desconcertado.

"buscamos a dos chicas de piel clara, una de cabello dorado largo y una de cabello oscuro violáceo"

"creo que he visto un par con esas descripciones" contestó mientras buscaba en un escritorio algo desgastado. Al instante sacó un largo pergamino y una pluma negra. Duo pudo ver las anotaciones mientras el hombre se guiaba con el dedo buscando rápidamente. Había una larga lista de varias columnas, en una habían una gran cantidad de números, al lado una descripción física, mas allá un nombre y por ultimo un lugar. Inmediatamente Duo supuso que los números eran como nombraban a las mujeres, junto con su descripción física y por ultimo el nombre de su comprador. Recorrió la lista rápidamente pero antes de que pudiera obtener alguna información valiosa el mercader enrolló el pergamino.

"ayer me llegaron dos con esas descripciones" anunció mientras guardaba el pergamino de nuevo en el escritorio.

"queremos verlas" exclamó Heero tranquilamente, pero su mirada expresaba todo lo contrario.

"desgraciadamente esas dos fueron vendidas, aunque tenemos otras que."

"¿a quien?" preguntó Heero acentuando la furia en su mirada.

"lo siento, pero no puedo revelar la identidad de mis compradores" exclamó el mercader negando con las manos.

Duo no pudo ver exactamente lo que pasó. En cuestión de segundos Heero estampó la mesa en la pared de una patada, había sujetado al mercader por el cuello y dirigía la espada directamente a su pecho. Le asombró ver esa mirada de furia en los ojos de su amigo, y no pudo evitar sentir lástima por el pobre hombre.

"no tengo tiempo para jugar contigo ¡¡dime a donde se la llevaron!!" exclamó Heero con un brillo sádico en sus ojos, el hombre tragó en seco.

"no.no puedo" tartamudeó el hombre reuniendo todo el valor restante. Heero endureció la mirada mostrándose más despiadado aun para luego comenzar a cerrar la mano en le cuello del mercader.

"morirás" murmuró fríamente mientras sujetaba con más fuerza al mercader.

"e..el sultán...Sa.Sait" murmuró débilmente debido a la presión en su cuello. Heero lo sostuvo unos instantes más, con su mirada clavada en los ojos del mercader, como si intentara vencer un profundo impulso. Luego lo volvió a arrojar en la pared para luego dejarlo caer. Se dio la vuelta rápidamente enfundó la espada y salio del lugar, dejando al mercader temblando en el suelo.

"lo siento, pero usted lo provoco" le dijo Duo con una mirada algo fría, que no era propia de él. Había visto a su amigo comportarse de una forma que nunca creyó volver a ver. Esa furia ciega era la misma que había llevado al Rey Odín a la derrota inminente, y ahora se hacía presente en el hijo " me llevaré esto" dijo agarrando el pergamino del suelo, ya que la mesa la había partido en dos y guardándolo para luego seguir a Heero.

"e.esa mirada.. la he visto antes" murmuró el mercader sin dejar de observar a Heero, de repente la expresión de su rostro cambió "¡ustedes..ustedes son los malditos de la oscuridad! Son los traidores más buscados por todo el reino" exclamó apuntándolos con la mano temblorosa pero con una sonrisa maníaca "se lo haré saber personalmente a Lord Trieze, estará tan complacido que me dará una recompensa, y quien sabe, tal vez me deje presenciar el momento de sus miserables muertes"

Sentado en el suelo comenzó a reír estruendosamente. Duo emitió un leve gruñido, este hombre sabía demasiado tenía que detenerlo o podría significar el final de su misión. Su mano se deslizó por la espalda en busca de su hoz, pero antes de que pudiera hacer otro movimiento, sintió como una brisa ligera le agitaba los cabellos, y cuando vio al frente pudo ver como Heero se acercaba a toda velocidad hacia el mercader. En un destello desenfundó la espada, la sujetó con ambas manos y le atravesó el pecho desde el hombro, salpicando sangre en las paredes y el suelo. La cabeza del sujeto calló hacia un lado conservando todavía el rastro de la sonrisa. Heero agitó la espada limpiándole la sangre, para luego extender el brazo en dirección al cuerpo. Un brillo negro lo rodeó para luego lanzar un potente rayo que desintegró cada célula del cadáver. Suspiró para luego darse la vuelta.

"vámonos" murmuró con voz inexpresiva. Duo observó los restos de la sangre y sintió el estomago revuelto, pero luego se dio la vuelta para seguir a su amigo.

*************

"¡¡muévanse chicas andando, no hay tiempo que perder!!" exclamó Catherine agitando los brazos, mientras le daba rápidas instrucciones a las demás esposas que corrían apresuradamente. Relena estaba sentada en un gran cojín al lado de un ventanal observando el cielo del atardecer con la mirada perdida, sin percatarse de la conmoción que reinaba en la habitación.

"¿piensas quedarte allí toda la tarde?" exclamó Hilde exasperada ante la actitud de su amiga.

"¿a que te refieres?" preguntó Relena sin quitar la mirada de la ventana.

"¿a eso es lo que precisamente me refiero!" exclamó Hilde colándose entre Relena y la ventana. "¡tenemos que idear algún plan para salir de aquí!"

"lo se" respondió Relena tranquilamente poniéndose de pié "solo hay que esperar el momento adecuado para."

"¡llevamos dos días encerradas!" exclamó Hilde cayendo pesadamente sobre uno de los cojines de colores "¡y no pretendo convertirme en esposa de ese horrible hombre!" dijo señalando la puerta de roble tallada con incrustaciones en rubíes.

Relena había pasado los últimos dos días tratando de buscar alguna vía de escape, pero conocía muy poco del palacio. Había puesto sumo cuidado cuando pasaba por los pasillos para dirigirse a los baños o a las cocinas y se percató que todas las puertas estaban vigiladas, varias veces se alejó del grupo con la intención de poder detallar mejor el lugar pero en una ocasión fue sorprendida por uno de los soldados, le pidió disculpas apresuradamente y alegó que no conocía el camino hacia los baños porque era nueva en el palacio, el guardia le creyó y la llevó nuevamente a la habitación diciéndole que no se alejara de los guías, este percance le hizo suspender sus exploraciones. También estaba el hecho de que las únicas mujeres del palacio eran las esposas del sultán, lo cual dificultaba pasar desapercibidas por los centinelas, y desechaba la idea de usar disfraces de criadas.

Relena suspiró resignada sentándose al lado de su amiga. Hilde había abierto la boca para hablar pero fue interrumpida por la llegada de Catherine.

"saludos chicas" dijo entregándoles rápidamente unas cuantas cosas "he de informarles que la ceremonia de presentación de ustedes será esta noche, dentro de una hora comenzaremos a practicar el baile de apertura, les explicaré que deben hacer y como deben comportarse y..tenia que decirles algo más pero no lo recuerdo" dijo cerrando los ojos y frunciendo el entrecejo pensativa "¡ah si! Deben prepararle algún espectáculo al señor y a medio día tienen que dirigirse al ala oeste para comenzar a arreglarse para la ceremonia" explicó rápidamente para luego salir apresuradamente por uno de los pasillos.

Relena y Hilde se miraron si podérselo creer, esa noche sería la ceremonia, si no escapaban antes del anochecer, se convertirían en las nuevas esposas del sultán.

"¡como fue que me metí en todo esto!" exclamó Hilde hundiendo el rostro entre sus manos.

"Hilde." comenzó a decir Relena.

"¡yo no quiero ser esposa de ese cerdo!"

"Hilde.."

"¡si no fuera por esa estúpida profecía, todavía.!"

"¡Hilde!" exclamó Relena haciendo que su amiga se callara "¡no vez que tenemos la solución!"

"¿a que te refieres?" preguntó asomando sus ojos entre entre los dedos.

"¡la ceremonia! Es el mejor momento para idear un escape"

"Relena..todos los invitados y los guardias tendrán los ojos puestos en nosotras, será imposible dar un paso sin que alguien lo note.

Relena negó con la cabeza sonriendo.

"al comienzo de la ceremonia realizaremos el baile de apertura para los invitados, después el sultán solo tendrá ojos para nosotras"

"¿en que estas pensando?" preguntó mirando directamente a su amiga.

"cuando el baile termine, ambas nos acercaremos al sultán y en ese momento será cuando el verdadero espectáculo dará inicio" dijo Relena para luego tocar unas cuantas notas en una pequeña arpa.

"¿y que haremos con los guardias?"

"es fácil, los soldados estarán pendientes del comportamiento de los invitados durante la fiesta, y la guardia estará mas baja en las puertas, entonces en el momento en que nuestro querido señor quiera un momento a solas con sus nuevas esposas no sabrá quien lo golpeó"

"lo malo es que no tenemos nuestras armas.." Murmuró Hilde con pesadez.

"eso no será problema, utilizaremos el poder del alcohol" exclamó Relena entre risas "tienes que ver los efectos tan peculiares que le causan a Milliardo"

"¡esta bien! Yo me encargare del alcohol" dijo Hilde animadamente poniéndose de pie de un salto.

"y yo me haré cargo del resto" dijo Relena poniéndose de pie igualmente.

Hilde asintió antes de salir rápidamente hacia las cocinas. Relena se quedó mirando el lugar por donde había salido su amiga, se volvió a sentar sobre el cómodo cojín de plumas y tomando el arpa empezó a tocar una suave melodía que inundó toda la habitación haciendo que algunas de las chicas se volvieran a verla. Relena pensaba con una pequeña sonrisa que el momento de volver a verlo se acercaba cada vez más.

***********
La noche había caído bañando todo de oscuridad y bajo el brillo de las estrellas se podía distinguir la silueta de cientos de carrozas que transportaban diversos tipos de comidas, barriles atiborrados de bebidas, finos jarrones de porcelana y lámparas de todo tipo. Estas se dirigían en fila hacia la entrada trasera del palacio mientras que por la principal los guardias esperaban la llegada de los nobles.

"98..99..¡100! vaya, estos si que van hacer una gran fiesta" exclamó Duo contando las carrozas, mientras se ocultaba en las sombras de los arbustos.

Heero se encontraba sentado en las raíces de un gran árbol aparentemente durmiendo, pero la forma en que sujetaba su espada demostraba que sus sentidos permanecían alerta.

"¡hey! ¿Cuál es el plan?" preguntó Duo arrodillándose frente a Heero y chasqueando los dedos frenéticamente. Heero abrió los ojos lentamente y le dirigió una mirada que demostraba todo el desagrado que sentía ante la presencia tan cercana de su amigo.

Duo le dirigió una sonrisa nerviosa y se levantó de un salto señalando directamente al palacio.

"¡esperen chicas, que sus salvadores no tardaran en llegar!"

"cállate idiota, les vas a dar nuestra posición" murmuró Heero a espaldas de Duo.

"relájate hombre, esto será pan comido" exclamó dándose la vuelta para encontrarse que Heero no le prestaba la mas mínima atención.

Duo se situó al lado de su amigo y se dispuso a observar la caravana de mala gana. Al cabo de un instante hizo su aparición una carreta con una voluminosa cantidad de heno. Ambos se dirigieron unas elocuentes miradas y asintieron rápidamente para luego dirigirse entre las sombras hacia dicha carreta. Cuando estuvieron en una buena posición cojieron impulso y saltaron dentro de la carreta ocultándose en el heno. Ambos se situaron uno frente al otro sujetando fuertemente sus armas y con miradas que solo expresaban concentración. Las carretas bajaban la velocidad a medida que se acercaban a las grandes puertas del palacio, y Heero pudo distinguir, por el sonido del crujir de las ruedas, que ya estaban en el puente al pie de las puertas.

"¡alto! Inspección de cargamento" se oyó decir a uno de los guardias en la entrada.

Heero y Duo intercambiaron miradas y lo siguiente que vieron fue la punta de una lanza introducirse detrás de ellos. Heero cerró los ojos mientras Duo miraba expectante a su alrededor. La punto volvió a hacer su aparición pero esta vez justo entre las piernas de Duo, el cual palideció de golpe y abrió la boca para maldecir al soldado y a todos sus ancestros, fue cuando Heero le tapó la boca amenazándolo con la punta afilada de su espada. Al poco tiempo los guardias estuvieron conformes y dejaron entrar a la carreta a las entrañas del palacio.

Cuando vieron la oportunidad descendieron silenciosamente de la carreta y se ocultaron en un oscuro pasillo. Heero se volvió hacia Duo y lo mas silencioso que pudo comenzó a explicarle la siguiente parte del plan.

"al llegar al salón principal, nos mezclaremos con los invitados, cuando veamos a las chicas atacaremos"

Duo asintió con determinación y luego ambos se deslizaron rápidamente hacia el salón.

***********

En la habitación de las chicas reinaba el caos, mientras algunas corrían de un lado arreglando sus últimos detalles, Relena estaba sentada contemplando su reflejo en un gran espejo mientras divagaba en sus pensamientos.

"¡Relena apresúrate! El baile está a punto de iniciar" exclamó Hilde al borde de la desesperación mientras se disponía a peinar los largos cabellos dorados de su amiga.

"¿Cómo crees que terminara todo esto?" preguntó Relena sin mirar directamente a los ojos de Hilde.

Hilde terminó de arreglar el cabello de Relena y se arrodillo justo en frente de ella sujetándola de los hombros.

"todo irá bien, ya lo veras" dijo mostrando una sonrisa sincera que le brindó más confianza a su amiga. Ambas asintieron decididas antes de dirigirse hacia la puerta, por la que se podía escuchar el murmullo de cientos de voces que esperaban ansiosas el espectáculo.

***********

El salón principal estaba finamente decorado con telas doradas y rojas que caían del techo mostraba el escudo del palacio. Altos candelabros de oro con largas velas blancas adornaban las esquinas y mesas mientras que en el techo una gran lámpara dorada con muchas velas alumbraba tenuemente el recinto. En el ambiente se podía percibir un fuerte aroma a incienso y en el fondo se escuchaba una melodía árabe. En todo el centro del salón justo frente a la pista de baile estaba el trono entre palmeras y flores. Sentado en grande cojines de terciopelo bordados con hilos dorados, estaba el sultán fumando una larga pipa de la que emanaba volutas de humo blanco y denso, a su lado estaba una de sus tantas esposas refrescándolo con un gran abanico de plumas blancas.

Al cabo de un rato el sultán se puso de pié, dio dos pequeñas palmadas y la suave melodía se detuvo, cambiando a un ritmo mas acelerado combinando tambores y panderetas. La atención de todos los invitados se fue centrando en la pista, mientras que Heero se abría paso entre la multitud sin mucha dificultad ya que al ver la expresión en su rostro la gente se alejaba disimuladamente. Justo cuando Duo y Heero alcanzaron la pista, un par de cortinas de seda se abrieron dando paso a una veintena de chicas vestidas de rojo con joyas doradas que hacían movimientos sutiles y coordinados al compás de la música. Bailaban con velos carmines en las manos que ondeaban con gracia dando saltos y suaves giros que daban el aspecto de que se movieran entre lenguas de fuego. Heero pasaba la mirada entre las bailarinas buscando un rastro que le indicara la presencia de Relena, pero no puedo encontrar el celeste de sus ojos. La furia estaba volviendo a hacer presente en él, y cuando echó un vistazo a su lado pudo ver la monumental sonrisa que se formaba en el rostro de su compañero. Maldijo por lo bajo antes de abalanzarse sobre él y sujetarlo por el cuello de la capa.

"por tu bien pedazo de idiota, será mejor que te concentres en la misión" dijo con un murmuro amenazante que intentaba en vano contener la ira que sentía.

En ese momento la música se detuvo con un ultimo retumbar de tambores, y fue cuando los chicos se percataron de que las bailarinas estaban arrodilladas en una especie de semicírculo frente al sultán quien se puso de pié y volvió a dar un par de palmadas, haciendo que la música retornara un ritmo mas lento utilizando más instrumentos de cuerdas y cascabeles. Todas las chicas se pusieron de pie y con un rápido movimiento desaparecieron de a pista ondeando los velos tras de si. Al cabo de un instante se podía visualizar dos siluetas femeninas de pié con los brazos extendidos sobre sus cabezas. Los tambores iniciaron un ritmo lento pero marcado mientras las dos figuras comenzaban a moverse entre los velos. Heero comenzó a soltar a Duo inconscientemente sin poder creer lo que veían sus ojos, mientras Duo abría ligeramente la boca señalando al par de chicas y balbuceando cosas incoherentes.

Efectivamente se trataba de Relena y Hilde. Ambas vestían el mismo traje en color dorado que dejaba al descubierto sus esbeltas y largas piernas, al igual que sus hombros y sus estrechas cinturas. Llevaban en las manos velos blancos con joyas incrustadas que destellaban con cada movimiento de ellas. Movían sus caderas al son de la música haciendo sonar las cadenas llenas de alhajas doradas y ondeaban sus brazos armónicamente en conjunto con el resto de su cuerpo. Heero no podía despegar los ojos de semejante visión, mas que una hermosa bailarina parecía que estuviera en presencia de una diosa. Los suaves giros hacían ondear sus largos cabellos dorados, y ni siquiera los velos podían ocultar la luz que parecía irradiar de su cuerpo y que iluminaba todo el salón. Sentía que con solo verla, se llenaba de un sentimiento de calidez y que al pasar su mirada en aquellos ojos celestes todos los problemas parecía desaparecer de su mente. Pero aun así podía sentir que algo faltaba en ella. La sonrisa que siempre llevaba en su rostro había sido cambiada por una expresión vacía que no era propia en ella. Los repentinos aplausos sacaron a Heero de sus pensamientos y pudo ver como ambas chicas hacían una pequeña reverencia a los invitados, antes de acercarse al sultán. La música volvió a tomar el ritmo árabe, mientras que los nobles apartaban su atención de la pista de baile y las bailarinas vestidas de rojo volvieron a hacer una aparición con grandes bandejas de comida y bebidas. Heero y Duo se deslizaron rápidamente a una posición más cercana al trono y pudieron notar como Hilde le servía una copa de vino que él recibía con una sonrisa de suficiencia. Por su parte, Relena se arrodillaba sobre un cojín frente a una gran arpa de madera blanquecina. Suspiró antes de iniciar una suave melodía acompañada por su voz.

Heero sintió como si la melodía fuera un hechizo que le dormía lentamente los sentidos, sintió que la monótona música y las voces de las personas desaparecieron, quedando él observando como las manos se deslizaban suavemente sobre las cuerdas produciendo esa melodía que le veía completada con su hermoso canto, hermoso pero a la vez triste. Memorias vagas volvieron de repente a sus pensamientos, sus recuerdos volvían a un pasado muy lejano, cuando era un niño y en sus sueños escuchaba ese canto lleno de tristeza y soledad. Frunció el seño extrañado e inmediatamente comenzó a echar vistazos a las puertas comprobando la ubicación de los soldados.

"aun no es tiempo" murmuró para si mientras su mirada se volvía a posar sobre Relena esperando pacientemente el mejor momento para atacar.

Relena terminó su canto y se puso de pié haciendo una reverencia al sultán pero sin siquiera dirigirle la mirada. El sultán estrecho sus pequeños ojos mientras la seguía con la mirada hasta que ella se sentó a su lado mirando el suelo.

"por tu expresión veo que no estas conforme ¿o será acaso que yo te desagrado?" estas ultimas palabras las pronunció más fuerte de lo debido arrancando algunas miradas de los invitados.

Relena no respondió, solo se limitó a observar el suelo.

"mírame a los ojos" ordenó. Ella levantó lentamente el rostro y lo observo con una mirada sin expresión alguna. Heero frunció mas el ceño y apretó la empuñadura de su espada.

"ese hermoso rostro se vería mejor acompañado por una linda sonrisa" exclamó acercándose a ella quien no se movió ni un centímetro. El sultán la sujetó fuertemente por el mentol intentado forzarla a sonreír, pero ella ni siquiera se inmutó, él se acercó a ella y le murmuró al oído "será mejor que haga lo que le ordeno...princesa Relena"

Ante este comentario la expresión de Relena cambió a asombro mezclado con miedo. Se escuchó un estrépito metálico, cuando Hilde dejó caer la jarra de vino de sus manos, Relena forcejeó inútilmente intentado safarse del agarre del aquel hombre, cerró los ojos y en una fracción de segundo se sintió libre de las manos del sultán. Abrió los ojos y lo primero que vió fue un destello de furia color zafiro. Heero se había abalanzado sobre Sait y había comenzado a propinarle golpes en su cara ya deforme. No le importaba el no usar su espada, solo quería hacerle el mayor daño posible con sus propias manos.

Los gritos y el alboroto reinaron en el salón, los invitados comenzaron a dirigirse desesperadamente hacia las puertas como una marea incontrolable de gente. Los soldados intentaban por todos los medios abrirse paso hacia el trono, y cuando se vieron libres de la huída de los invitados, se encontraron con un joven vestido de negro y con una pesada hoz en el hombro, que les cerraba el paso.

"si quieren llegar hasta su señor, tendrán que pasar por este dios de la muerte" exclamó con una sonrisa fría antes de lanzarse al ataque.

Relena no podía apartar el asombro de su rostro. Todo ese tiempo pudo sentir la presencia de Heero cerca, pero no le había dado mucha importancia. Durante los días que había permanecido en aquel lugar había soñado el momento en que volviera a encontrarse con él, y ahora aparece justo frente a ella y no sabe como reaccionar, ¡que irónico! de una cosa si podía estar segura, dentro de ella podía sentir esa misma alegría de cuando él estaba a su lado. Pero algo la hacía temblar un poco, esa forma de luchar cargada de furia, esa mirada llena de una cólera fría, despertaban en ella cierto temor al recordar el último suceso, cuando estuvo bajo esos mismos ojos. Sacudió la cabeza sacando esos pensamientos, y pudo ver a Hilde un poco más allá mirando estupefacta la pelea. Se incorporó un poco y comenzó a hacerle señas con las manos para llamar su atención. Cuando Hilde posó sus ojos sobre ella, le indicó que se acercara, y con sumo cuidado, Hilde se las arregló para llegar a su lado.

"Hilde, tienes que ir a sacar al resto de las chicas. Deben estar escondidas en la habitación" dijo Relena rápidamente, con determinación marcada en la mirada.

"¿Qué es lo que piensas hacer?" preguntó Hilde algo insegura de dejar a su amiga.

"solo evitaré que se cometan más errores por mi causa" dijo Relena volviendo echándole una rápida mirada a Heero "vamos, apresúrate, antes de que sea demasiado tarde"

Hilde se puso de pie, pero antes de irse se volvió nuevamente hacia Relena.

"solo intenta no arriesgarte, recuerda que hay todo un reino que espera tu regreso"

"lo se" murmuró Relena mirándola fijamente.

Con un rápido asentimiento, Hilde salió apresuradamente rumbo a las habitaciones. Relena encaró nuevamente la lucha que se llevaba a cabo, y ya para ese entonces el sultán yacía inconscientemente el suelo, con la cara deforme por los golpes recibidos, y Heero se encontraba apoyando a Duo en la lucha contra los soldados, los cuales iban cayendo de uno a uno. Relena negó lentamente con la cabeza mientras se iba acercando hacia donde se llevaba a cabo la lucha. Heero había sacado su espada y cortaba los cuerpos de cuanto soldado se le acercaba, Duo blandía su hoz ferozmente, alejando de si los soldados, y cuando aumentaba el numero de enemigos, ambos conjuraban una especie de barrera que al atravesarla provocaba la asfixia inmediata, permitiéndole acabar fácilmente con un buen numero de soldados a la vez.

"deténganse.." murmuró Relena llevándose una mano al pecho.

Heero levantó la espada para acabar con los soldados que yacían heridos en el suelo. Los miró con furia antes de lanzarse al ataque, pero en ese momento volteó la mirada rápidamente, y encontró a Relena de pie mirándolo fijamente, con una expresión que expresaba una profunda tristeza. Fueron unos pocos segundos en los que ambos permanecieron de ese modo, simplemente mirándose a los ojos. Era como si ambos pudieran entender lo que pasaba por su mente, como si a través de los ojos pudieran echarle un vistazo al interior de su alma, y saber lo que cada uno sentía. Relena esbozó una pequeña sonrisa, que le mostraba toda la gratitud que sentía en ese momento, y Heero no pudo hacer más que observarla fijamente, recordando todo lo que había pasado por verla sonreír nuevamente, y sentir ese calor que lo llenaba por dentro. Guardó su espada y le echó una rápida mirada a Duo, quien tenia algunos problemas con la gran cantidad de soldados. Gruñó para sus adentros y volvió a sacar su espada antes de lanzarse nuevamente al ataque. Relena seguía con los ojos cada uno de los movimientos que Heero hacía al pelear, podía ver también el terror expresado en los ojos de cada uno de los soldados cada vez que veían la muerte aproximarse a ellos. Parecía que Heero no pudiera darse cuenta de ello, únicamente luchaba incansablemente, sin siquiera inmutarse, con los ojos llenos de cólera. Aunque muy en el fondo ella podía ver arder la pasión, el deseo incesante por alcanzar algo.

Permaneció de esta forma sumida en sus pensamientos unos cuantos segundos, segundos en los cuales no vio como una sombra la asechaba constantemente por la espalda, y cuando escuchó la ya conocida voz del sultán, se volteó para encontrarse frente a frente con él.

"¡si no eres mía no serás de nadie más!" exclamó con una sonrisa maniaca. Relena intentó alejarse, pero él fue más rápido y la golpeó fuertemente haciendo que emitiera un pequeño alarido antes de caer pesadamente al suelo.

Inmediatamente Heero volteó en busca de Relena, y lo que vió le hizo sentir como si la sangre le hirviera. Ese maldito se había atrevido a lastimarla, y lo que más le molestaba era el hecho de que él había tenido la oportunidad de matarlo y lo había dejado con vida, y solo para que resultara esto. no pudo evitar que ese inmensa furia corriera por sus venas como veneno, y una aura oscura comenzaba a rodearlo mientras caminaba lentamente apretando la espada en su puño. En su mente solo había espacio para una sola idea: acabar con esa basura. El Sultán se disponía a volver a atacar a Relena cuando sintió como si una brisa helada le rozara la espalda, y cuando se volteó pudo ver como se acercaba lentamente la figura de un joven guerrero. El miedo comenzó a manifestarse en él cuando lo vio levantar la espada en dirección a él. Dando unos traspiés comenzó a huir rápidamente hacia una puerta cercana y al darse la vuelta pudo ver como el guerrero lo seguía con la mirada con ojos de infinita crueldad. Atravesó la puerta cerrando tras de si y comenzó a subir unas escaleras de caracol lo más rápidamente que podía su pesado cuerpo. Al llegar como al quinto piso se arrojó exhausto al suelo, respirando agitadamente mientras una sonrisa de triunfo comenzaba a hacer su aparición en su rostro. Discretamente asomó su cabeza en el barandal, y su cuerpo comenzó a temblar de arriba abajo cundo vió la sombra del guerrero avanzarse precipitadamente a las escaleras, subiendo los escalones de tres en tres. Cayó al suelo temblando al ver de nuevo los ojos del joven. Expresaban una furia ciega, dispuesto a hacer lo que fuese necesario para lograr su objetivo.

Torpemente se puso de pie y comenzó a correr entre los numerosos pasillos sin dirección alguna, hasta que se detuvo frente a una pequeña puerta. Rápidamente entró cerró la puerta cuidadosamente y se tapó la nariz y la boca para que su respiración no lo delatara. Pasaron unos pocos segundos, en los cuales no despegó la mirada de la puerta, y de repente pudo ver como una densa niebla negra se colaba por la parte de debajo de la puerta. Comenzó a arrastrase hacia atrás y cuando su espalda hizo contacto con la pared la puerta de la habitación estalló en pedazos. La figura del guerrero se encontraba de pie en el umbral de la puerta, empuñando su espada, con los ojos fijos en los del sultán. Comenzó a acercarse lentamente hacia él y pudo ver un brillo rojizo en sus ojos, que contenían una furia que pareciera que no fuera capaz de controlar. Se detuvo frente a él observándolo con una mirada gélida, que no mostraba asomo de piedad ni remordimiento alguno.

"¡¡no.no me mate!! Le daré lo que desee, dinero, mujeres, tierras" exclamó el Sultán con voz temblorosa.

"no mereces vivir" murmuró el guerrero con voz fría estrechando los ojos mientras su aura se incrementaba.

"lo se, lo se, yo no merezco nada, tiene usted toda la razón" dijo para luego reírse entrecortadamente.

Heero levantó su espada frente a su rostro sin apartar los ojos del Sultán, quien pudo ver el filo de la espada en la mirada acecina del guerrero. Esos ojos, estaba seguro que había visto aquellos ojos alguna vez. Las memorias surgieron de repente, y el asombro comenzó a hacerse presente en sus facciones.

"usted es.no.no puede ser, es imposible, ¡se supone que el Rey Odín estaba muerto!"

La expresión en el rostro de Heero no cambió en lo absoluto, pero empuñaba fuertemente la espada mientras el aura oscura crecía cada vez más.

"yo no soy quien tu crees." murmuró mientras caminaba lentamente hacia su victima plagando todo a su alrededor con oscuridad.

"entonces solo puede ser el heredero de la oscuridad. pero Lord Trieze me informó que se había encargado personalmente de usted" repentinamente una extraña sonrisa se formó en el rostro del Sultán "es falso, usted no puede ser el verdadero heredero ¿sino porque estaría protegiendo semejante chica sabiendo lo que es?"

Ante estas palabras, la furia de Heero terminó por desencadenarse. La hoja de su espada se oscureció hasta ser de un negro profundo. Blandió la espada ferozmente haciendo una onda oscura que desintegró por completo el cuerpo del sultán derrumbando la pared del frente en el proceso. El aura oscura de Heero se fue apagando pero su mirada de furia aun lo dominaba. No podía entender que había querido decir aquel hombre, desde el ataque de los cazadores le había quedado claro que Relena tenía un lugar importante en esta batalla, también cuando leyó la profecía que ella había escrito y la manera de ocultárselo solo significaba que era algo de suma importancia, y Trieze quería eso.

Heero se dio la vuelta y empezó a bajar rápidamente las escaleras. Realmente poco le importaba que ella mantuviera esos secretos, cuando el mismo tenia los suyos propios, pero eso no iba a evitar que el averiguara su propósito. Después de todo él había jurado protegerla.

Cuando por fin llegó nuevamente al salón, encontró a Duo junto a una inconsciente Relena, intentando ponerla de pie.

"¿Qué pasó aquí?" preguntó Heero mientras tomaba a Relena en brazos.

"los últimos guardias que quedaban se dieron a la fuga" explicó rápidamente Duo sin darle mucha importancia "¿y que fue lo que hiciste? La ultima vez que te vi, ibas echo una furia escaleras arriba ¿Qué te hizo enfurecerte de esa forma?"

Heero lo miró de reojo mientras caminaban fuera del palacio. Cuando volteó al frente su mirada centelleaba con furia.

"sabía demasiado de nosotros, tenía que acabar con él antes de que arruinara nuestros planes. parece que Trieze tiene más hombres de su lado de lo que habíamos pensado" gruñó Heero "debemos andarnos con más cuidado"

"eso mismo te digo a ti, deberías controlar mejor tus impulsos o de lo contrario podrías echar todo a perder. Podrían descubrir tu identidad, o peor aun, Trieze encontraría tu localización y eso significaría más problemas para nosotros" dijo Duo con una mirada muy seria, poco propia de él mientras caminaba hacia la puerta principal "sabes que tenemos que llegar lo más pronto posible a Gadraus"

Heero gruñó por lo bajo mientras estrechaba fuertemente a Relena entre sus brazos. Sabía que tenía que detener la guerra que se avecinaba, sabía que tenía que recuperar su reino, pero lo mas importante, sabía que tenía que protegerla, que pasara lo que pasara tenía que evitar que sufriera daño alguno. Se reprimió mentalmente por haberse dejado llevar, pero en aquel momento no había podido evitar que la furia tomara control en sus acciones. No pudo tolerar ver como esa sabandija le hacía daño a algo tan puro y hermoso, y simplemente con pensar que era uno de los sirvientes de Trieze hacía que su cólera creciese aún más, debido a que al parecer Trieze tenía sus ojos puestos sobre Ella. Frunció ligeramente el ceño al pensar en las últimas palabras del sultán '¿porque estaría protegiendo semejante chica sabiendo lo que es?' Tal vez Relena tuviera que ver algo en todo eso ¿pero estaría ella vinculada con esa extraña profecía, o solo seria mera casualidad? Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios mientras la suave brisa del amanecer revoloteaba sus cabellos y el suave aroma de Relena llenaba de nuevo sus sentidos. Ahora Ella estaba segura entre sus brazos, y por nada en el mundo la volverían a apartar de su lado.

"¿y ahora que te picó? ¿porque repentinamente estas sonriendo de esa forma?" preguntó Duo burlonamente.

"tu cállate, y vámonos de aquí" gruñó Heero en respuesta.

"¡¡Hilde, donde estas, Hilde!!" comenzó a gritar Duo.

"¡Aquí estoy!" exclamó alegremente saliendo de entre los árboles "estaba ayudando al resto de las chicas a llegar al pueblo más cercano, vine lo mas rápido que pude" dijo apoyando las manos en las rodillas mientras respiraba agitadamente. Cuando levantó la cabeza pudo ver que Heero llevaba en brazos a su amiga "¡que le pasó, ¿esta herida?!" exclamó preocupada mientras se acercaba para observarla mejor.

"no, solo esta algo aturdida" murmuró Heero, por lo que Hilde suspiró aliviada.

"veo que han acabado con todos en este palacio" exclamó dándose la vuelta mientras contemplaba lo que quedaba del lugar.

"si, ¡todo gracias al maravilloso Dios de la muerte!" exclamó Duo para luego comenzar a reír frenéticamente.

"si claro, apuesto que no hiciste la gran cosa" dijo Hilde enarcando una ceja.

"¡para tu enorme información yo." Duo interrumpió sus palabras cuando se fijó mejor en Hilde, quien todavía llevaba puesto las ropas doradas del baile. Sonrió ampliamente mirándola de arriba a abajo "¡Hilde!... no sabias que estabas tan bien dotada" exclamó mientras daba vueltas alrededor de ella, quien no salía aun de su perplejidad.

"¡¡pervertido!! ¡No me mires de ese modo!" exclamó lanzando una bofetada que Duo esquivó para luego salir a la carrera riendo a carcajadas "¡vuelve aquí, cobarde!" exclamó a voces mientras corría detrás de él lanzándole todo lo que se le pasaba por el frente.

Mientras tanto Heero se acercó a un gran árbol y colocó a Relena cuidadosamente en el suelo. Ella abrió los ojos y parpadeó un par de veces cuando dejó de sentir el calor a su lado, y todos los sentidos comenzaron a despertar. Pudo ver un par de ojos azules que la miraban fijamente, y cuando la visión se aclaró, se percató de que Heero estaba agachado justo frente a ella y la miraba fijamente.

"¿estas bien?" pudo oír que le preguntaba, y su mirada estaba llena de concentración mientras buscaba algún signo de heridas.

"Heero." murmuró Relena y Heero la miró a los ojos. Fue en ese momento cuando los recuerdos volvieron a sus pensamientos. Aquella mirada fría en esa noche de lluvia, aquella furia desatada contra la vida de esos soldados. todos esos hechos que guardaba en sus pensamientos mezclados tanto con tristeza como con miedo. Pero en ese momento no fue capaz de reprocharle nada, porque al estar de nuevo bajo esa mirada que, aunque fría, encerraba muchos misterios, volvió a sentir nuevamente esa felicidad interior, esa misma felicidad que hizo que una sonrisa se mostrara en su rostro.

"si, estoy bien" dijo asintiendo levemente sin que la sonrisa se borrara. Heero se puso de pie y extendió el brazo para ayudarla a ponerse de pie y después la miró fijamente.

"creo esas ropas no son muy apropiadas para viajar" dijo y ante este comentario el rostro de Relena enrojeció por completo y clavó la mirada en el suelo. La ropa que llevaba dejaba mucho al descubierto, y aunque antes no le había dado mucha importancia, el estar bajo la mirada de Heero cambaba las cosas por completo. Heero sonrió internamente sin cambiar la expresión de su rostro, ella seguía manteniendo el brillo de la inocencia en su mirada. Caminó hacia ella, y Relena abrió los ojos sorprendida cuando sintió el ligero peso de la capa de Heero sobre sus hombros. Sin decirle palabra alguna Heero se dirigió hacia donde estaban Duo y Hilde, y ella sonrió para luego seguirlo. Cuando Duo se volteó Heero puedo ver la marca enrojecida de la palma de una mano, marcada firmemente en su rostro y a Hilde enfurecida, sentada de brazos y piernas cruzadas.

"¿Dónde vamos a acampar esta noche?" preguntó Duo con una sonrisa nerviosa, mirando a Hilde de reojo.

"no acamparemos, nos dirigimos directamente al Reino de Zondra" respondió sin siquiera mirarlo para luego caminar rumbo al bosque.

"¿¡al reino de Zondra!?" exclamó Duo perplejo.

"¿a la capital de la magia negra? ¡son hermanos del Reino de la oscuridad!" exclamó Hilde aun más perpleja.

"no te preocupes querida Hilde, nosotros las protegeremos" exclamó Duo con expresión de suficiencia.

"¡pero es muy peligroso!, aun para ustedes, los de la oscuridad son unos bárbaros"

"el soberano del reino es un viejo camarada mío, además me debe algunos favores. Zondra es el lugar más seguro para refugiarnos por ahora, y ustedes podrán descansar propiamente" dijo Heero endureciendo la mirada observando una oscura montaña en el horizonte.

"¡ya esta dicho, nos vamos a Zondra!" exclamó Duo alegremente levantando el puño.

Hilde miró de reojo a Duo, luego a Relena y de nuevo a Duo.

"¿no me vas a ofrecer también tu capa?" preguntó con las manos en la cadera.

"pero Hilde, si estas muy bien así" le respondió mirando más abajo del nivel permitido.

Hilde cerró los ojos con expresión de enfado, levantando la mano amenazadoramente por lo que Duo se levantó de golpe ante la pasibilidad de otra bofetada, pero Hilde simplemente le arrebató la capa de un tirón y se la acomodo rápidamente para luego salir caminando con el rostro muy en alto, Relena rió un poco mientras seguía a su amiga y a Heero.

"nunca entenderé a las mujeres" murmuró Duo negando con la cabeza mientras seguía a los demás.

*************

Mizao: ¡al fin! Terminamos el cap. 12 , les pedimos nuestras mas sinceras disculpas u.u pero no pudimos publicar antes, se esperan muchas batallas épicas para el final ^_-

Filia: ¡tienen que entendernos, los exámenes nos agobian, tenemos un juego de final fantasy que pasar y además tenemos que cumplir nuestra meta de ver el señor de los anillos mas de 5 veces!

L.G: como ya saben, lo vamos a terminar n_n y no se esperaran lo que sucederá el final jujujujuju

Mizao: en este cap nos concentramos bastante en los sentimientos y pensamientos de H y R ^^ muy importantes en la historia.

Filia: en el siguiente cap colocaremos un poco mas de DxHi para los fans de esta singular pareja, pero claro sin dejar atrás a la pareja HxR, además de que habrá también ZxN ^.^

Mizao: esperamos que estén pasando una feliz y prospera navidad y que hallan recibido un año nuevo espectacular, lleno de alegrías y emoción.

L.G: porfa, sigan dejando sus reviews, nos alientan demasiado a seguir adelante en la historia, además que siempre nos dan nuevas ideas los comentarios y sugerencias que nos dejan.

Filia: de nuevo deseándoles un feliz año nuevo nos dependimos n___________n

L.G: ¡¡muchos besos y abrazos!! ^o^

Mizao, Filia y L.G: ¡¡ FELIZ AÑO NUEVO 2004!!

o^_^o..^__________^..^//////^