CAPITULO 2
La mañana amaneció tranquila en Privet Drive. Demasiado tranquila para el gusto de Harry Potter. Despertó sin el grito habitual de tía Petunia, de manera que se vistió con las grandes ropas que había heredado de su primo Dudley y se metió en el cuarto de baño para asearse un poco antes de bajar a preparar el desayuno.
Bajó lentamente los escalones mientras se acababa de secar la cara con una de las mangas del suéter. Casi sin abrir los ojos, pues se encontraba terriblemente cansado, llegó a la cocina, donde sacó una sartén, la puso al fuego y se acercó a la nevera para coger un huevo y un poco de fruta.
Se preparó el almuerzo con tranquilidad, ya que no escuchaba la televisión que a esas horas solía tener tía Petunia encendida, por lo que dedujo que toda su "familia" debía haber salido. Cogió el desayuno que se había preparado y se acercó a la mesa. Se sentó y empezó a tomarlo en silencio.
Cuando acabó, se levantó de la mesa y limpió su plato en el fregadero. Al darse media vuelta y acercarse a la mesa para recoger lo que faltaba, se sorprendió al ver sentado en la silla frente a la que había estado él, observándole, al director del colegio Hogwarts, Albus Dumbledore.
-¡Profesor Dumbledore!- exclamó Harry al verlo sentado
-Buenos días, Harry- respondió –Me alegro de ver que te encuentras bien- Harry sonrió a medias.
-¿A que se debe la visita, profesor?- preguntó Harry mientras se sentaba en la silla que había ocupado mientras desayunaba.
-Veras, Harry. Dado que el año pasado no terminaste con las clases de Occlumency, vendré algunos días para acabar de enseñarte. ¿No has tenido ningún sueño más?-
Harry negó con la cabeza.
-Ya veo- murmuró para sí mismo el profesor Dumbledore –Será mejor ponernos al trabajo. Tus tíos tardaran unas cuantas horas en volver-
-Profesor, ¿cómo sabe que mis tíos tardarán en volver?- preguntó Harry extrañado. Dumbledore sonrió y respondió a Harry.
-Digamos que Alastor los va a entretener lo suficiente para poder dar una clase decente-
Harry sonrió con malicia. Al menos, no le molestarían durante las clases con el director de Hogwarts, ni durante unos días, dado que Alastor los estaría advirtiendo.
Cuando el profesor Dumbledore se había marchado era ya la hora de comer. Los Dursley llegaron pálidos, y Harry se preguntó que debía haberles dicho Alastor Moody para dejarlos en ese estado. Se les veía atemorizados y nerviosos. No hablaron durante la comida. Simplemente encendieron la televisión y comieron.
Harry intentó preguntar a sus tíos que les había pasado, pero ellos simplemente lo ignoraron. Después de comer, Dudley se marchó diciendo que se iba a casa de uno de sus amigos, mientras que tío Vernon y tía Petunia se quedaron en casa, viendo la televisión y cotilleando a través de la ventana, respectivamente. Harry decidió salir a la calle, ya que la indiferencia que le mostraban sus tíos no hacía más que incomodarle.
Salió de casa de sus tíos, con la intención de dar una vuelta. Empezó a caminar y llegó a la calle Magnolia Crescent, por donde tantas tardes había paseado durante el verano anterior. Se acercó al pequeño parque infantil que se encontraba en aquella calle. Ese verano ya no quedaba ni un solo columpio sano, por lo que Harry dedujo que Dudley y sus amigos habían acabado destrozándolo.
Se acercó a un pequeño banco que había a lado del columpió y se recostó en él. Cerró los ojos e intentó vaciar su mente de sentimientos, tal como le había recomendado Albus Dumbledore en su primera sesión de Occlumency, que había sido mucho más fructífera que cualquiera de las duras sesiones con Snape.
En realidad, no era una magia muy difícil de realizar, solo se necesitaba tranquilidad y el apoyo necesario, cosa que no pasaba con el profesor de pociones, que lo ponía nervioso con su sola presencia. De manera que allí, acostado en un banco en medio de Little Whinging, Harry Potter vaciaba su mente para tener un mayor control de la Occlumency.
Sintió como todo sentimiento salía de él. Toda la rabia hacia Snape, toda la ira hacia Voldemort, todo el rencor hacia Draco, toda la pena por la pérdida de Sirius, todo el sufrimiento por la seguridad de sus amigos... Parecía que se vaciaba por dentro, que expulsaba todo sentimiento, ya fuera bueno o malo. Se notaba extraño, y lo peor de todo era que no le desagradaba la sensación, sino que la encontraba reconfortante. Fue interrumpido por una voz.
-Hola, fenómeno-
Aun sabiendo que alguien le había hablado, Harry siguió tumbado. Lentamente abrió los ojos, aunque los párpados le pesaban de manera exagerada. Giró la cabeza y observó a un grupo de muchachos que se le acercaban, entre los que se encontraba su primo Dudley.
Harry observó al grupo durante unos segundos. Dudley estaba al frente, mientras que sus amigos Piers, Malcolm y Gordon se encontraban a su alrededor. Acompañando al grupo de su amigo estaban tres chicas de buen aspecto. La primera, alta y rubia, con el pelo largo, por debajo de los hombros y de ojos azules. Llevaba una sonrisa prepotente en la cara, aunque eso no le quitaba que fuera muy guapa. La segunda, una chica un poco mas pequeña que la anterior, de aspecto frágil, con el pelo corto moreno y ojos marrones. Por último, una joven delgada de piel morena, de pelo oscuro y con los ojos también marrones. La chica rubia pasó a través de los chicos y se acercó a Harry, manteniendo la sonrisa burlona.
-De manera que este es tu primo, Gran D- dijo sin apartar la vista de Harry. De pronto, su mirada se puso en la cicatriz con forma de rayo. Sin retirar el tono de burla que usaba dijo -¿Cómo te hiciste eso? ¿Te caíste de la cama?- lo que provocó las risas entre los jóvenes.
Harry, que todavía no se había incorporado y miraba a la chica rubia, movió la cabeza apartando la mirada de la joven prepotente. Hubiera sido una gran Slytherin, se dijo Harry. Arrogante y estúpida. Se permitió esbozar una pequeña sonrisa, lo que provocó la rabia en la joven.
-Oye, niño, te estoy hablando- dijo furiosa. Harry volvió a mirarla a los ojos con rabia, provocando que la joven apartara sus ojos de los de Harry, por la mirada tan intensa que le estaba dirigiendo. Se levantó del banco sin prisa, y miró a todos los presentes para ver sus reacciones. Los amigos de su primo lo miraban de mala manera, como incitándole a insultarlos para poder darle una paliza. Estupidos ignorantes. Las otras dos chicas lo hacían con curiosidad, pero un poco apartadas. Por último, su primo, que parecía arrepentirse de haber ido a molestarlo, porque instintivamente retrocedió un par de pasos. Harry volvió a mirar a la joven rubia, y le respondió con voz amenazante.
-Intentaron matarme-
Los presentes abrieron los ojos por la sorpresa, y retrocedieron al oír el tono frío que había utilizado, pero a Harry no le importó en absoluto. Dando la espalda a los presentes, empezó a caminar hasta salir del parque y dirigirse de nuevo hacia la casa de sus tíos.
Caminando pensaba en lo que iba a suceder ahora, como iba a reaccionar Voldemort, que nuevo plan estaría preparando. No le había dolido la cicatriz en ningún momento, y aunque estaba practicando Occlumency, aun era demasiado pronto como para anular la conexión que existía entre el Señor Oscuro y él.
Cuando pasó por delante de la casa de la señora Figg, algo dentro suyo reaccionó. Algo en su interior le dijo que tenía que entrar en esa casa, en ese mismo momento, porque algo estaba ocurriendo. Se acercó a la puerta de la casa de la squib y cuando se disponía a llamar a la puerta, notó que ésta estaba abierta, por lo que entró en la casa.
Harry oyó unas voces en el comedor, de manera que se acercó sigilosamente hasta la puerta y desde allí escuchó parte de una conversación, de la que reconoció las voces
-...ataque sorpresa. No estaban preparados-
-Pero, ¿hubo muertes?-
-Ninguna, por suerte. El joven Ronald aun se encuentra hospitalizado, pero no se teme por su vida.-
Harry no escucho nada más de la conversación entre Remus Lupin y Arabella Figg. Estaba impactado por lo que acababa de oír. ¿Habían atacado a los Weasley? ¿Y Ron hospitalizado? La confianza en sí mismo que había cogido durante el día gracias al profesor Dumbledore se deshizo en cuestión de segundos. De nuevo la culpa lo envolvía. Los Weasley habían sido atacados por su culpa, y el peor parado había sido Ron, su mejor amigo.
No se dio cuenta de que la conversación entre los adultos había terminado ni de que tanto Remus como Arabella habían salido al pasillo al oír un ruido en el pasillo. Cuando los dos adultos salieron del comedor, encontraron a un Harry sentado en el suelo, con la mirada perdida, mientras que grandes lágrimas salían de sus ojos, aunque no pronunciaba ninguna clase de sonido.
Entre los dos adultos lo cargaron y lo llevaron a una de las habitaciones de la casa, donde, después de obligarle a beber una poción, lo acostaron y lo dejaron dormir.
La mañana amaneció tranquila en Privet Drive. Demasiado tranquila para el gusto de Harry Potter. Despertó sin el grito habitual de tía Petunia, de manera que se vistió con las grandes ropas que había heredado de su primo Dudley y se metió en el cuarto de baño para asearse un poco antes de bajar a preparar el desayuno.
Bajó lentamente los escalones mientras se acababa de secar la cara con una de las mangas del suéter. Casi sin abrir los ojos, pues se encontraba terriblemente cansado, llegó a la cocina, donde sacó una sartén, la puso al fuego y se acercó a la nevera para coger un huevo y un poco de fruta.
Se preparó el almuerzo con tranquilidad, ya que no escuchaba la televisión que a esas horas solía tener tía Petunia encendida, por lo que dedujo que toda su "familia" debía haber salido. Cogió el desayuno que se había preparado y se acercó a la mesa. Se sentó y empezó a tomarlo en silencio.
Cuando acabó, se levantó de la mesa y limpió su plato en el fregadero. Al darse media vuelta y acercarse a la mesa para recoger lo que faltaba, se sorprendió al ver sentado en la silla frente a la que había estado él, observándole, al director del colegio Hogwarts, Albus Dumbledore.
-¡Profesor Dumbledore!- exclamó Harry al verlo sentado
-Buenos días, Harry- respondió –Me alegro de ver que te encuentras bien- Harry sonrió a medias.
-¿A que se debe la visita, profesor?- preguntó Harry mientras se sentaba en la silla que había ocupado mientras desayunaba.
-Veras, Harry. Dado que el año pasado no terminaste con las clases de Occlumency, vendré algunos días para acabar de enseñarte. ¿No has tenido ningún sueño más?-
Harry negó con la cabeza.
-Ya veo- murmuró para sí mismo el profesor Dumbledore –Será mejor ponernos al trabajo. Tus tíos tardaran unas cuantas horas en volver-
-Profesor, ¿cómo sabe que mis tíos tardarán en volver?- preguntó Harry extrañado. Dumbledore sonrió y respondió a Harry.
-Digamos que Alastor los va a entretener lo suficiente para poder dar una clase decente-
Harry sonrió con malicia. Al menos, no le molestarían durante las clases con el director de Hogwarts, ni durante unos días, dado que Alastor los estaría advirtiendo.
Cuando el profesor Dumbledore se había marchado era ya la hora de comer. Los Dursley llegaron pálidos, y Harry se preguntó que debía haberles dicho Alastor Moody para dejarlos en ese estado. Se les veía atemorizados y nerviosos. No hablaron durante la comida. Simplemente encendieron la televisión y comieron.
Harry intentó preguntar a sus tíos que les había pasado, pero ellos simplemente lo ignoraron. Después de comer, Dudley se marchó diciendo que se iba a casa de uno de sus amigos, mientras que tío Vernon y tía Petunia se quedaron en casa, viendo la televisión y cotilleando a través de la ventana, respectivamente. Harry decidió salir a la calle, ya que la indiferencia que le mostraban sus tíos no hacía más que incomodarle.
Salió de casa de sus tíos, con la intención de dar una vuelta. Empezó a caminar y llegó a la calle Magnolia Crescent, por donde tantas tardes había paseado durante el verano anterior. Se acercó al pequeño parque infantil que se encontraba en aquella calle. Ese verano ya no quedaba ni un solo columpio sano, por lo que Harry dedujo que Dudley y sus amigos habían acabado destrozándolo.
Se acercó a un pequeño banco que había a lado del columpió y se recostó en él. Cerró los ojos e intentó vaciar su mente de sentimientos, tal como le había recomendado Albus Dumbledore en su primera sesión de Occlumency, que había sido mucho más fructífera que cualquiera de las duras sesiones con Snape.
En realidad, no era una magia muy difícil de realizar, solo se necesitaba tranquilidad y el apoyo necesario, cosa que no pasaba con el profesor de pociones, que lo ponía nervioso con su sola presencia. De manera que allí, acostado en un banco en medio de Little Whinging, Harry Potter vaciaba su mente para tener un mayor control de la Occlumency.
Sintió como todo sentimiento salía de él. Toda la rabia hacia Snape, toda la ira hacia Voldemort, todo el rencor hacia Draco, toda la pena por la pérdida de Sirius, todo el sufrimiento por la seguridad de sus amigos... Parecía que se vaciaba por dentro, que expulsaba todo sentimiento, ya fuera bueno o malo. Se notaba extraño, y lo peor de todo era que no le desagradaba la sensación, sino que la encontraba reconfortante. Fue interrumpido por una voz.
-Hola, fenómeno-
Aun sabiendo que alguien le había hablado, Harry siguió tumbado. Lentamente abrió los ojos, aunque los párpados le pesaban de manera exagerada. Giró la cabeza y observó a un grupo de muchachos que se le acercaban, entre los que se encontraba su primo Dudley.
Harry observó al grupo durante unos segundos. Dudley estaba al frente, mientras que sus amigos Piers, Malcolm y Gordon se encontraban a su alrededor. Acompañando al grupo de su amigo estaban tres chicas de buen aspecto. La primera, alta y rubia, con el pelo largo, por debajo de los hombros y de ojos azules. Llevaba una sonrisa prepotente en la cara, aunque eso no le quitaba que fuera muy guapa. La segunda, una chica un poco mas pequeña que la anterior, de aspecto frágil, con el pelo corto moreno y ojos marrones. Por último, una joven delgada de piel morena, de pelo oscuro y con los ojos también marrones. La chica rubia pasó a través de los chicos y se acercó a Harry, manteniendo la sonrisa burlona.
-De manera que este es tu primo, Gran D- dijo sin apartar la vista de Harry. De pronto, su mirada se puso en la cicatriz con forma de rayo. Sin retirar el tono de burla que usaba dijo -¿Cómo te hiciste eso? ¿Te caíste de la cama?- lo que provocó las risas entre los jóvenes.
Harry, que todavía no se había incorporado y miraba a la chica rubia, movió la cabeza apartando la mirada de la joven prepotente. Hubiera sido una gran Slytherin, se dijo Harry. Arrogante y estúpida. Se permitió esbozar una pequeña sonrisa, lo que provocó la rabia en la joven.
-Oye, niño, te estoy hablando- dijo furiosa. Harry volvió a mirarla a los ojos con rabia, provocando que la joven apartara sus ojos de los de Harry, por la mirada tan intensa que le estaba dirigiendo. Se levantó del banco sin prisa, y miró a todos los presentes para ver sus reacciones. Los amigos de su primo lo miraban de mala manera, como incitándole a insultarlos para poder darle una paliza. Estupidos ignorantes. Las otras dos chicas lo hacían con curiosidad, pero un poco apartadas. Por último, su primo, que parecía arrepentirse de haber ido a molestarlo, porque instintivamente retrocedió un par de pasos. Harry volvió a mirar a la joven rubia, y le respondió con voz amenazante.
-Intentaron matarme-
Los presentes abrieron los ojos por la sorpresa, y retrocedieron al oír el tono frío que había utilizado, pero a Harry no le importó en absoluto. Dando la espalda a los presentes, empezó a caminar hasta salir del parque y dirigirse de nuevo hacia la casa de sus tíos.
Caminando pensaba en lo que iba a suceder ahora, como iba a reaccionar Voldemort, que nuevo plan estaría preparando. No le había dolido la cicatriz en ningún momento, y aunque estaba practicando Occlumency, aun era demasiado pronto como para anular la conexión que existía entre el Señor Oscuro y él.
Cuando pasó por delante de la casa de la señora Figg, algo dentro suyo reaccionó. Algo en su interior le dijo que tenía que entrar en esa casa, en ese mismo momento, porque algo estaba ocurriendo. Se acercó a la puerta de la casa de la squib y cuando se disponía a llamar a la puerta, notó que ésta estaba abierta, por lo que entró en la casa.
Harry oyó unas voces en el comedor, de manera que se acercó sigilosamente hasta la puerta y desde allí escuchó parte de una conversación, de la que reconoció las voces
-...ataque sorpresa. No estaban preparados-
-Pero, ¿hubo muertes?-
-Ninguna, por suerte. El joven Ronald aun se encuentra hospitalizado, pero no se teme por su vida.-
Harry no escucho nada más de la conversación entre Remus Lupin y Arabella Figg. Estaba impactado por lo que acababa de oír. ¿Habían atacado a los Weasley? ¿Y Ron hospitalizado? La confianza en sí mismo que había cogido durante el día gracias al profesor Dumbledore se deshizo en cuestión de segundos. De nuevo la culpa lo envolvía. Los Weasley habían sido atacados por su culpa, y el peor parado había sido Ron, su mejor amigo.
No se dio cuenta de que la conversación entre los adultos había terminado ni de que tanto Remus como Arabella habían salido al pasillo al oír un ruido en el pasillo. Cuando los dos adultos salieron del comedor, encontraron a un Harry sentado en el suelo, con la mirada perdida, mientras que grandes lágrimas salían de sus ojos, aunque no pronunciaba ninguna clase de sonido.
Entre los dos adultos lo cargaron y lo llevaron a una de las habitaciones de la casa, donde, después de obligarle a beber una poción, lo acostaron y lo dejaron dormir.
