CAPÍTULO2: SUEÑOS PREMONITORIOS
¡Abre la maldita puerta de un vez! – gritó Carter. Estaba en el descansillo de Abby golpeando la puerta frenéticamente intentando que la persona que estaba al otro lado la abriese para darle paso. Finalmente la mujer de cabello largo abrió la puerta con un gesto de alegría forzada. -Siento no haber abierto antes, estaba en el baño, recogiendo algunas cosas. Me duché hace unos minutos y tenía que recoger las toallas mojadas. Lo siento. – dijo Abby con poca seguridad en si misma. Carter entró a la sala principal del apartamento y realizó una vista panorámica a toda la casa como queriendo encontrar a alguien. -No hay nadie cariño. Estamos solos tu y yo...ya te dije que estaba en el baño, y sabes que no se oye la puerta desde allí. Carter se resignó a creer la estúpida historia que su novia le estaba contando. Sabía de sobra que había estado detrás de la puerta todo el tiempo: a cada golpe, y a cada voz que él daba para que le abriera. -Creo que me mientes y no se porqué lo haces. No te doy motivos para que lo hagas. Te doy todo lo que quieres y sin embargo estoy seguro de que hay alguien más en esta casa. Nada extraño en una fulana como tu,¿verdad cariño? – dijo Carter quitándose las gafas de sol y colocándose el cuello de la chaqueta de cuero negra. El miedo de Abby iba creciendo por momentos. Carter se encaró a ella y la miró muy acusadoramente. Abby agachó la cabeza. Sabía que no tenía derecho a hablarla así, pero sin embargo, era a lo que se había acostumbrado. Carter dejó de mirarla y se dirigió a la habitación. Abrió el armario y miró bajo la cama. No había nada. Volvió a la salita en la que se encontraba Abby casi temblando del miedo. Volvió a encararse a ella y le soltó una bofetada. Sin más miramientos, empezó a patearla como a una pelota de fútbol, sin parpadear...como sólo un insano podría hacerlo
-¡¡¡Abby!!! – gritó Luka levantándose de un salto del sillón en el que se había quedado dormido. Jadeaba, su respiración era atropellada y apenas podía mantenerla con regularidad. Estaba sudando: algo bastante extraño para el mes de enero en el que estaban.
Corrió al baño, llenó el lavabo de agua y hundió la cabeza hasta que sintió que el agua no le dejaba respirar. Volvió a sacar la cabeza y se miró al espejo. El agua le chorreaba por la comisura de los labios, y le caía por encima de las cejas, hasta la barbilla. Tomó una toalla para secarse. Recordaba que en su pesadilla Abby había nombrado algo de unas toallas. Volvió a mirarse en el espejo y esta vez, se quedó petrificado mientras pensaba algo.
Odiaba a Carter. Ese tío le crispaba los nervios, y no iba a permitir que menospreciara a Abby de aquella manera. Ella no era una fulana tal y como él había afirmado. Era la mujer más maravillosa que Luka jamás había conocido, y no estaba dispuesta a que Carter la sometiese a su voluntad.
Todo había sido un sueño, pero a fuerza de soñar días y días lo mismo, Luka lo convirtió en realidad, así que tenía que hacer algo para que Abby dejase de sufrir en manos de Carter, bien fuese fantasía o realidad. La ya perturbada mente de Luka, había empezado con su plan.
Estaba seguro de que no fallaría, y de que a su término, Abby regresaría con él.
