CAPÍTULO4: UN DIA FRÍO EN EL INFIERNO

Luka salió a la puerta del hospital. Buscó en uno de los bolsillos de su chaqueta hasta encontró un cigarrillo. Lo prendió y se quedó un buen rato mirando hacia el cielo. Estaba raso, a pesar del frío que hacía. Podía ver el fulgor de cientos de estrellas. Eso de calmaba. Le hacía recobrar la compostura. La nieve se agolpaba bajo sus pies. Le encantaba arrojar la colilla del cigarro sobre la nieve, para oír el ruidito que hacía, aquel pequeño gorgoteo... le gustaba. Amaba las simplezas.

Terminó su cigarrillo y entró para seguir con su trabajo. No tardaría mucho en irse, porque la verdad es que Weaver había exagerado un poco en cuanto a la magnitud del accidente. Entró en recepción y miró el tablón. Sólo había un paciente que aún no había sido tratado.

Había varias opciones: podía esperar a que algún otro médico le tratase, podía tratarlo él, o podía esperar a que Kerry gritase su nombre y le obligase a verlo. Optó por lo segundo. Entró a la salita, dejó su chaqueta y se puso su bata blanca, salió de nuevo a recepción, tomó su historial y se dirigió a la cortina 3.

Resultó ser una anciana que decía oír cosas en su cabeza. Decía que algo en su mente le decía como debía actuar, le decía lo que hacer en cada segundo de su vida. Luka la escuchó durante algunos momentos, y luego decidió pedir consulta a psiquiatría. Aquella pobre mujer, estaba completamente loca, pensó. Borró su nombre del tablón de anuncios y dejó el historial de la mujer justo donde lo había cogido. Volvió a la salita a recoger su chaqueta.

Carter terminaba el turno y estaba charlando acaloradamente con Weaver.

-Kerry, me voy a casa. Es la una menos cuarto, así que mañana me quedaré un cuarto de hora más. Ya he fichado. Paso de quedarme un segundo más en esta jaula de grillos. –dijo Luka sin disculparse por irrumpir en la conversación.

Kerry asintió con la cabeza y siguió atendiendo a Carter que se quejaba por algo que Luka no llegó a oír con claridad.

Se puso su abrigo negro y se enfundó los guantes de cuero. Fuera haría frío, ya era más de medianoche. Salió de la salita y se subió un poco el cuello de la chaqueta al percibir el aire frío que entraba por la puerta de salida. Buscó las llaves del coche en sus bolsillos, hasta que recordó que las había dejado en casa porque no tenía ganas de conducir. Agachó la cabeza y metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta que le cubría hasta un poco más debajo de la cintura. Empezó a caminar fijándose en las huellas que se dibujaban en la nieve.

La gente no se daba cuenta, pero dejaban algo de ellos en aquel manto blanco cada vez que daban un paso, pensó Luka.

A los pocos minutos una voz conocida gritó su nombre a su espalda. Era Carter. Luka se paró unos segundos en el callejón en el que estaba a esperar a que llegase donde se encontraba.

-Hola.- dijo Carter poco menos que exhausto. – Quería hablar contigo, pero Kerry me entretuvo y no puede decirte nada antes en la salita.

-¿Qué demonios quieres, Carter? Hace frío y tengo hambre. – dijo Luka intentando evitar aquella conversación en el callejón salida de la nada.

-Quería preguntarte que si te pasa algo conmigo, que es obvio que sí... pero me gustaría saber que te he hecho...

-Olvídame Carter... no tengo tiempo para tus paranoias. Tengo frío, es más de medianoche y estamos en un callejón oscuro. Paso de seguir hablando contigo. Esto no va a ningún lado. – dijo Luka emprendiendo de nuevo su camino.

-Es Abby, ¿verdad? Me odias porque yo tengo algo que tu quieres... me odias porque ella a dejado de quererte y ahora es mía. Tienes mal perder ¿sabes? – dijo poniéndose delante de Luka, para que este no prosiguiese su camino. Luka respiró hondo hinchado su pecho como intentando controlar un ataque de ira.

-Carter, te juro que como vuelvas a poner un dedo encima a Abby te destrozaré con mis propias manos.

-¡Oh, si! – dijo Carter un poco extrañado. – Que yo sepa jamás he tocado a Abby, y no creo que vaya a hacerlo, porque es la personas más especial que he conocido...

-No te permito que hables así de ella... tu no la quieres. – dijo Luka apretando la mandíbula y respirando muy hondo abriendo muchísimo los orificios de su nariz.

-Así, ¿cómo? No he dicho nada malo. Solo he dicho que es maravillosa. Yo creo que eres tú el que no la quiere, porque si fuera así, respetarías el hecho de que ahora esté conmigo y quiera ser feliz lejos de las manías persecutorias estas que te dan ahora. Te come la rabia de saber que jamás la volverás a tener ¿verdad? Luka escuchó aquello sintiendo que su cabeza iba a estallar.

Su pesadilla era cada vez más real. Carter era idéntico al de su sueño. Arrogante y altanero.

Carter sonrió con un gesto que daba a entender que él era el ganador, y que Luka había sido vencido en su propio terreno. Luka no lo soportó más. No podía verle sonreír de aquella manera. Se abalanzó sobre él y empezó a pegarle.

Carter se defendía golpeándole en la cara y en el pecho, pero Luka era mucho más corpulento que él y no tenía las de ganar. Luka lo levantó de suelo y le apoyó contra una pared de ladrillo viejo, golpeándole la base de la cabeza. Carter gritó del dolor. Luka ,se dispuso a soltarle un gran puñetazo cuando de repente Carter que estaba apoyado contra la pared vio el golpe que se le avecinaba.

Agachó la cabeza y Luka estrelló su mano contra la pared de ladrillo, soltando un gran alarido de dolor. Carter se tiró al suelo y se volvió a levantar para intentar defenderse mientras Luka se quejaba del dolor de su mano, pero no pudo. A pesar del dolor, Luka volvió a arremeter contra él, derribándolo de nuevo. Esta vez, Carter cayó sobre un montón de nieve que se agolpaba cerca de un contenedor de basura. Buscó algo con lo que golpear a Luka para zafarse de él, pero no había nada contundente.

Luka estaba sobre Carter, golpeándole la cara mientras le miraba con una rabia infinita. De la cara de Carter surgían millones de heridas pequeñas que sangraban copiosamente cubriendo el suelo blanco con una fina capa de color rojo.

-¡¡¡¡¡¡¡Luka!!!!!!! ¡para, vas a matarme! – dijo Carter mientras forcejeaba con él en el suelo.

-Tanto gusto. -contestó Luka agarrándolo del cuello de la chaqueta. -¿Disfrutaste pegando a Abby? ¿Ehhhhhhh? –preguntó con la cara llena de ira. Su rostro daba miedo. Se levantó y comenzó a patearle sin miramiento.

-Yo, yo...jamás he pegado a Abby, ya te lo he dicho. ¡Para! ¡La dejaré si eso es lo que quieres! ¡Le diré que vuelva contigo! – respondió sorteando otro golpe que fue a parar contra el suelo. Carter veía que la cosa se le estaba yendo de las manos. Empezaba a sentir el miedo... quería llorar.

Siguieron forcejeando hasta que Luka levantó a Carter del suelo y le tiró contra un contenedor. Cayó y no volvió a levantarse.

No se movía. Se había golpeado la cabeza con un pequeño bordillo cubierto con la nieve. Luka se le quedó mirando por unos instantes. Aún no era consciente de lo que había pasado. Se miró las manos y vio que tenía los guantes cubiertos de sangre, la sangre de Carter.

Se agachó y se los limpió en la nieve, dejando las huellas de sus manos. De la cabeza de Carter manaba mucha sangre, pero Luka, no se detuvo a mirar si estaba vivo. Se limpió los restos de sangre que habían quedado en los guantes en la camisa blanca.

Se cerró la cremallera del abrigo que se había abierto durante la contienda y siguió su camino, dejando a Carter desangrándose, tirado al lado de un contenedor de basura. Cuando salió del callejón miró su reloj.

Casi las dos de la madrugada. Debía irse a casa.