CAPÍTULO8: VIDAS PARALELAS
Luka forzó la puerta para ver si podía abrirla, pero Abby se había encargado de cerrarla, así que por allí no podría irse. No quería quedarse allí para cuando la policía llegase a buscarle para meterle preso.
Conocía a Abby, sabía que muy pocas veces bromeaba, y de la manera que se había puesto con él, bromeaba mucho menos. Jamás la había visto así, y eso le asustaba.
Se había dado cuenta de lo poco que conocía a la persona a la que decía amar. Luka se sentó en el suelo, frente al televisor, que parecía ser lo único que seguía en pie en la revuelta casa de Abby. Respiró hondo y dejó su mente en blanco. Tenía que pensar algo, y debía hacerlo rápido.[...]
Abby caminó durante unos largos e interminables minutos hasta llegar al callejón del Doc's Maggo´s. Aquel era el único punto de referencia que Luka le había dado: un callejón que estaba cerca del hospital y lejos de su casa...
Carter no debería andar muy lejos de allí.
Abby empezaba a sentir frío, eran las tres y media de la madrugada, pero desde que salió de su casa no lo había sentido. Quizá por el hecho de que había salido muy acalorada después de la pelea con Luka.
Se metió por el callejón del Doc´s y buscó a Carter levantando todas las bolsas de basura y abriendo tontamente los contenedores. Allí no había nadie. Retrocedió lo caminado para encontrarse de nuevo en la avenida principal. Seguiría buscando... no debía estar muy lejos.[...]
Luka comenzaba a perder los nervios de nuevo, pero a pesar de todo, había intentado relajarse.
Colocó de nuevo los muebles en su sitio, y puso los libros en las estanterías que había tirado al suelo. Se asomó a las ventanas y recordó que por la única que realmente se podía salir de la casa era por la del dormitorio de Abby. Daba a la escalera de incendios. Corrió al dormitorio y descorrió la cortina. Un enrejado se alzaba delante la ventana.
-¡¡¡Mierda!!! – dijo Luka girando bruscamente en busca de otra salida. Acababa de recordar que Abby colocó el enrejado, porque en verano, mucho ladrones se le colaban en la casa. Salió al cuarto de estar y miró por la ventana. Era casi imposible escapar por allí. Era un tercer piso, pero estaba demasiado alto.
-Quiero escaparme, no matarme... – dijo Luka malhumorado.[...]
Abby recorrió los tres callejones siguientes al del Doc´s, pero no encontró a nadie... Anduvo unos metros más hasta que encontró otro.
La verdad es que estaba a un par de manzanas de su casa, así que una de dos...: o Luka había perdido la noción de lo que había andado, o Carter se había movido de dónde estuviese. Pero no había sangre en ninguno de los otros callejones.
Abby entró en el oscuro callejón maldiciéndose a sí misma por no haber cogido una linterna. Buscó en sus bolsillo un mechero, pero no recordó donde lo había dejado... Escuchó un sonido que la hizo detenerse.
-Es mi corazón... – se dijo a si misma para calmarse. – Se me va a salir por la boca.
Caminó unos metros más hasta llegar a un gran contenedor de basura. Se detuvo y respiró hondo. Lo abrió. Allí no había nadie. Soltó la tapa dando un gran estruendo, ni ella misma sabía porqué buscaba dentro de los cubos. Luka la había engañado.
Luka volvió a tumbarse en el suelo. Algo tenía que hacer. Podía intentar bajar por la ventana apoyándose en los alféizares de la vecina de abajo, pero ni si quiera recordaba si la vecina tenía de eso.
No podía arriesgarse, aunque la idea de suicidarse no estaba nada mal. Era una manera rápida de escapar de todo aquello.
Le dolía la cabeza, como casi todas las noches. Estaba apunto de estallar. Quería un trago. Seguro que Abby tenía por la casa.
Se dirigió a la cocina y empezó a abrir todos los armarios buscando algo para beber: vino, wiskhy... lo que fuese. Todo menos agua. Abrió un armario y no encontró nada.
Arrojó todas las cacerolas de otro al suelo para mirar en el fondo del armario, pero no había nada. Tiró todos los platos al suelo del otro mueble y tampoco halló nada.
Finalmente, el único armario que le quedaba sin registrar era debajo de la pila. Lo abrió y apartó una caja de detergente de lavadora y un par de botellas de limpia hogar.
Allí estaban. Botellas de todo tipo. Abby había "dejado" de beber hacía tiempo, pero Luka tenía la certeza de que solo lo había hecho para hacérselo creer a Carter. No se había equivocado.
Abby se giró para dirigirse al siguiente callejón, tan solo un par de calles más acá de su casa. De repente un ruido como de lamento se escuchó a su espalda.
Una voz gélida y congestionada pronunció su nombre.
Volvió a girarse y miró al otro lado del cubo.
Carter estaba apoyado contra la pared, en medio de un charco de sangre. Tenía la cara totalmente ensangrentada , pero parecía no estar tan "muerto" como dijo Luka.
-¡¡¡¡¡Carter!!!!! – gritó Abby y se tiró de rodillas hacia él cayendo en el charco rojo.
Carter sonrió levemente.
-Abby...Luka... – dijo Carter. Abby le cortó intentando levantarle dificultosamente.
-Lo sé, lo sé cariño. Sé que ha sido él.- dijo Abby consiguiendo levantarle.
-Está enfermo...hay que ayudarle. Cree que te pego. – dijo con la voz muy débil. A pesar de todo, Carter no guardaba rencor a Luka, lo único que quería era ayudarle.
-¿Ayudarle? ¡Casi te mata! – dijo Abby emprendiendo camino hacia el hospital. –¿Crees que podrás caminar hasta el County?- preguntó agarrándole de la cintura, para que no cayese de bruces.
-Vamos a tu casa, está muchos más cerca. No es nada... allí me curas, ¿vale? – dijo Carter intentando sonreír.
-Luka está en mi casa... además, ¡¡tienes la cabeza abierta Carter!! – dijo Abby olvidándose por un momento de que era enfermera.
-¿No tienes ningún kit de suturas en tu casa? – preguntó Carter caminando muy erguidamente.
-Vamos entonces... – dijo Abby con una sonrisa de resignación. En ese momento se estaba arrepintiendo de las duras palabras que le había dicho a Luka. En cuento llegase a la casa, le pediría disculpas, a pesar de que odiaba lo que había hecho.
Carter no parecía tan malherido como Luka había dicho que estaba. Lo que más problemas podía traer era la herida de la cabeza... pero la sangre, es muy escandalosa.
Luka agarró la primera botella que su mano alcanzó. Una de vodka.
Se fue al cuarto de baño donde sabía que Abby guardaba los medicamentos. Al menos eso no lo había olvidado. Abrió el pequeño botiquín que pendía de la pared y rebuscó algo que le hiciese dormir.
-Pastillas para la tos, aspirinas, antihistamínicos... ¡Vaya una mierda de botiquín! ¿Dónde tendrá esta mujer el opio? – dijo sonriendo nerviosamente.
Luka había pensado algo. Algo muy drástico. No podía salir de la casa, y no tenía ganas de morir despachurrado contra el asfalto de un barrio que ni si quiera era el suyo, así que apartó la idea de saltar por el balcón.
Lo mejor sería que todo quedase en casa. Morir en casa de Abby... sin el menor ruido, sin levantar más escándalo del que ya había levantado aquella noche.[...]
-¿Pido un taxi cariño? – dijo Abby viendo la fatiga de Carter.
-¿Crees de veras que un taxi parará a las cuatro de la mañana para recoger a un tío medio desangrado ayudado por un joven despeinada y en pijama? – dijo Carter haciéndose el fuerte.
-¿Paramos entonces? – dijo Abby sujetando a Carter por la cintura y por la espalda.
-Si... eso será lo mejor. Empiezo a marearme.
-Tendríamos que haber ido a County para que te hiciesen alguna radiografía...
-Estamos más cerca de tu casa que del County. La radiografía puedes hacérmela tú... – dijo Carter poco más que desmayado y casi cayendo sobre Abby que le sujetaba. Empezaba a no saber lo que decía.
-¡¡¡Carter, Carter!!! ¡Siéntate...! – dijo haciéndole reposar sobre unos escalones. – Puedo meterte en el escáner del ordenador y darle a imprimir, a ver si sale una radiografía de tu cabeza... pero no creo que sea muy fiable. – dijo Abby sonriendo preocupada.
Ahora que ya sabía que Carter estaba bien, el que realmente le preocupaba era Luka.
-Sigamos...- dijo Carter volviéndose a incorporar y agarrando a Abby por la cintura, para no caerse de boca al suelo.
Luka cogió todos los medicamentos que había en el botiquín.
Fue a la cocina y buscó un recipiente de los que yacían en el suelo, para echar los medicamentos.
Buscó un vaso de los que habían sobrevivido a su ataque de histeria y con el culo de este, empezó a machacar todas las pastillas que había recogido.
Cuando las hubo convertido en mísero polvo, vertió toda la botella de vodka en el bol, y traspasó el líquido que había conseguido obtener a otro recipiente más manejable. Cogió una taza del desayuno que estaba sobre unas sartenes que habían volado hacía segundo por la cocina de la casa.
-Pastillas para la tos... Abby tiene que tener algo más fuerte, con esto no me va a dar ni diarrea... – dijo malhumorado.
Estaba perpetrando su propia muerte y no lo conseguiría a base de pastillas para la tos y vodka barato. Empezó a revisar nuevamente los armarios que ahora, estaba vacíos. Pateaba las sartenes, cacerolas y demás bártulos para poder caminar. No había nada. Abrió la nevera y buscó por todos los compartimentos de esta.
-Aquí esta....- dijo con una sonrisa triunfal. Había encontrado unos somníferos bastante fuertes. Con eso y un poco de vodka, sin importar que fuese barato, su muerte sería lenta e indolora.
