CAPITULO9: VIDAS PARALELAS II

Abby Y Carter se apresuraron en llegar a la casa. Aparentemente, Carter decía estar bien ,pero empezaba a marearse de veras. La tez de su cara, normalmente morena, empezaba a tornarse blanca, y un sudor frío le recorría la frente, casi cayendo sobre las cejas.

Abby sabía que debía darse prisa. Empezaba a preocuparse cada vez más: Carter estaba cada vez más débil y se culpaba de no haberle llevado al hospital, y por otro lado, le preocupaba Luka, al que sabía que le había herido con aquellas palabras tan duras. Él era fuerte, pero tenía su corazoncito como todo el mundo, y ella se había aprovechado de conocer su punto más débil.

Ya estaban llegando... y en cuanto subiese a su casa, se disculparía con Luka, siempre y cuando, él lo hiciese con Carter.


Luka rompió las ampollas de cristal que contenían los somníferos y las vertió todas en el recipiente en el que reposaba la mezcla anterior. Se agachó a recoger una cucharilla que había por el suelo. Pensó en recoger todo lo que aún quedaba por el suelo de la cocina, pero decidió que no tenía tiempo suficiente para detenerse a hacerlo.

Abby llegaría enseguida, o bien con la policía, o bien con Carter. Ya llevaba un buen rato fuera, así que no se demoraría mucho más. Si pensaba hacer algo, para hacer dejar de sufrir a Abby, debía hacerlo ya.


-Vamos a parar por favor... – dijo Carter echándose mano al estómago.

Se apoyó en un muro cercano y empezó a respirar angustiosamente. Tenía que coger aire.

-Bien...ya solo nos quedan un par de metros...no te preocupes. – dijo Abby sujetando a Carter por la cintura que parecía que iba recobrando la respiración. - ¡Caray! No sabía que una persona pudiese ponerse de tantos colores – dijo intentando quitarle hierro al hecho de que Carter estaba de un tono azulado.

-Muy graciosa... ¿Ahora de que color soy? – dijo Carter apartándose del muro y volviendo a apoyarse en Abby.

-No sabría decirte... mejor vayámonos a casa... – dijo Abby sintiendo de nuevo el peso de Carter sobre su hombro.

-Si...

Continuaron caminando sobre el manto de nieve, que poco a poco se iba haciendo más fino. Ya quedaba poco para llegar.


Luka agitó la mezcla final con la cucharilla que pudo encontrar. Sacó la cuchara, y se quedó mirando fijamente la mezcla.

Torbellinos de colores se revolvían sobre la superficie del vaso...Giraba y daba vueltas, giraba y daba vueltas... Luka salió de su ensimismamiento y sin más miramiento se bebió el brebaje de un solo trago. Se secó la boca con el puño de la camisa y se miró la mano. Aún le dolía. Se sentó tranquilamente en el sillón que estaba frente a la tele y se quedó mirando al vacío. A la nada...

-Bonitas paredes... – se dijo entre dientes.

Pronto su cuerpo empezó a experimentar una sensación que jamás había sentido, sin embargo, Luka, sabía perfectamente porque le ocurría. Las pastillas y el vodka estaban haciendo efecto, lo extraño era que aún no estuviese muerto...

Un calor insoportable empezó a acumulársele tras los ojos. Sentía que sus pulmones empezaban a arder...sentía que el estómago daba botes con afán de salírsele por la boca.

Su respiración empezó a agonizarse con el paso de los segundos, le quemaba, le ardía...era mejor dejar de respirar a sentir aquella agonía lenta y dolorosa, sin embargo se resistía a hacerlo... Su cuerpo empezó a experimentar unos dolorosos espasmos. Luka se echó mano a cuello con afán de poder respirar, sin embargo, no podía hacerlo. Sus vías respiratorias se habían colapsado, no podía hacer nada.

Corrió hacia el baño tambaleándose y chocando contra las estanterías haciendo caer una vajilla que aún seguía en pie, tras sus ataques de ira anteriores.

Llenó el lavabo de agua y sumergió la cabeza...volvió a sacarla y se miró a espejo: estaba totalmente rojo, tenía los labios amoratados...ya no podía mantenerse en pie ni un solo segundo más... Caminó de nuevo a la salita y se dejó caer en el sillón de cuero negro.

Miró hacia el techo abriendo la boca para poder respirar...imposible. Las pastillas, los somníferos, los analgésicos, los antiinflamatorios, antihistamínicos... y demás medicamentos que había mezclado con el vodka, estaban haciendo estragos en su cansado cuerpo.

Dejó su vista fija en una pequeña lámpara azul que pendía del techo...sentía que sus ojos y sus labios estallarían si intentaba resistirse a la muerte un segundo más. Su vida desfiló delante de sus hinchados ojos tan nítidamente que casi podía tocarla...

Danjela, Marko ,Jasna, Vukovar...viaje a Chicago, Weaver, suplencias, amigos... Carol Hatthaway, Adjunto, Carter y Lucy... Abby, .mi Abby...nuevamente Abby..., Maggie... Mark...Carter y Abby...¿por qué?...

Sintió sueño...sintió que sus ojos por fin se cerraban, para siempre... por fin acabaría todo. Abby podría ser feliz, con quien de verdad deseaba serlo...él ya no tomaría parte en su vida.

Finalmente, dejó caer sus párpados, sintiéndose vencido. Un fantasma cruel y despiadado al que él había invocado´antes de tiempo, había venido a buscarle: la muerte llamaba a la puerta.


Abby aceleró el paso con Carter al hombro. De repente había sentido un escalofrío que le había recorrido la espalda de arriba abajo. Ni sabía decir lo que era concretamente, pero sabía que algo malo estaba pasando. Carter lo vio en su cara...sintió el miedo en su cara. Algo había presentido.

-¿Qué pasa Abby? – fijo Carter soltando momentáneamente el hombro de Abby.

-No...no lo sé. Solo sé que algo malo está pasando. ¿Recuerdas como te dije que me sentía el día en el que resultó que un poco más tarde murieron aquella veintena de escolares? – dijo Abby gesticulando con las manos.

-Si – dijo Carter sintiendo que estaba apunto de caerse al suelo y comerse la nieve.

-Pues es esa sensación otra vez..., esa angustia, ese dolor, la presión en mi pecho... – dijo Abby con la voz temblorosa.

-Abby: estás nerviosa, esta noche ha sido de lo peor, el estrés te está ganando...así que tranquila...solo es eso, una sensación. – dijo Carter agarrándose de nuevo a su novia, que volvía a emprender el camino que había detenido.

Apenas quedaban un par de metros para llegar al portal.

Caminaron la pequeña distancia, y Abby sacó la llave del bolsillo de su chaqueta y la metió en la cerradura, la giró e hizo pasar a Carter.

No había ascensor, de modo que el ascenso a la casa, debía ser realizado a pie. Muy dificultosamente, Abby consiguió arrastrar escaleras arriba, a un Carter que empeoraba por momentos.

Abrió la puerta que antes había cerrado de un golpe y que había atrancado con llave. Luka estaría allí como ella suponía, y de hecho lo estaba, pero no de la forma en la que esperaba encontrarle...