CAPITULO10 :FRÍO EN EL ALMA
Abby entró precipitadamente en la salita dejando a Carter apoyado en el quicio de la puerta. Este miraba la dantesca escena con la cara totalmente desencajada.
Apenas podía creer que Luka, el mismo Luka, que horas antes le había dado una paliza, yaciese muerto en el sillón. Abby se tiró de bruces al suelo, cayendo justo a los pies del cuerpo sin vida de Luka.
Profirió un grito y comenzó a llorar, golpeando sus rodillas y aporreando el suelo con los puños cerrados. Se levantó del suelo apoyándose en uno de los laterales del sillón por lo que colgaban los brazos de Luka en peso muerto.
Le agarró del cuello de la camisa y empezó a zarandearle, gritando y suplicando que se despertase de una vez, que estaba harta de juegos por esa noche. Carter entró tambaleándose y agarró a Abby por la espalda.Aún seguía aporreando el pecho de Luka, sin sentido alguno, y sin conseguir absolutamente nada.
Luka estaba totalmente amoratado. Tenía los labios completamente azules, y alrededor de sus ojos aparecían los característicos ojos de mapache, propios de una muerte por asfixia. Carter a duras penas, consiguió que Abby dejase de zarandear a Luka. No había nada que hacer.
Abby se abrazó a Carter llorando como nunca lo había hecho. Sentía que sus lágrimas le quemaban las mejillas, sentía que salían desde lo más hondo de su pecho.
-Carter, le he matado...- dijo Abby soltándose de Carter casi cayendo al suelo. Le flojeaban las piernas.
-Abby, escúchame. – dijo Carter aguantando el peso de su novia. El estaba a punto de caerse redondo, sin embargo, decidió, que debía aguantar, por ella, por Abby. – Tu no has hecho nada...esto se lo ha hecho el solo. Tu no eres culpable de nada, ¿me oyes cielo? – dijo Carter intentando convencer a Abby.
-Que no...que he sido yo la que le ha hecho esto. –dijo mirando la cara de Luka, con los ojos llenos de lágrimas a punto de resbalar de sus hinchados ojos.
-Abby, tu no has hecho nada. Estabas conmigo. –dijo Carter dejando a Abby en un sillón cerca de la estantería. Sentía que las piernas de ambos empezaban a temblar, sobre todo las de Abby. - ¿Quieres agua? – dijo dejándola sola por unos segundos para dirigirse a la cocina.
Una botella de vodka, se encontraba en el fregadero, junto a un montón de frascos de pastillas y ampollas de tranquilizantes. Luka había optado por una muerte dolorosa...pero ¿por qué?
Carter tragó saliva y buscó un vaso en la puerta de arriba. Parecía ser la única puerta que no había sido abierta. Los vasos de cristal teñido de color malva aún seguían en pie, tal como él recordaba que estaban. Puso el vaso debajo del grifo y sintió que una bocanada de aire turbio nublaba su mente. Se agarró a la encimera como pudo, para no caer al suelo. Había perdido mucha sangre.
Se giró despacio y vio a Abby sentada frente al sillón de Luka. Tenía los ojos muy abiertos, y muy brillantes. Miraba a Luka con atención, para intentar percibir cualquier movimiento que pudiese hacer. Ninguno.
Carter miró finalmente la botella de vodka. Hacía ya algún tiempo, Abby le juró, y le perjuró que había dejado de beber hacía meses...sin embargo, aquella teoría no era del todo cierta. Le había mentido, no obstante, decidió callar lo que pensaba, par no hurgar más en la herida de aquella noche.
Cogió el vaso de agua con ambas manos y se dirigió de nuevo a la salita, dónde Abby, permanecía en la misma posición. Carter dejó el vaso en una mesa cercana y miró a Abby. Deseaba saber lo que estaba pasando por su cabeza en aquel momento. Nada bueno, supuso.
Le tendió el vaso a Abby y esta bebió a desganas. Volvió a dárselo de nuevo a Carter y de nuevo clavó sus ojos en la figura muerta de Luka.
-Tan cerca y a la vez tan lejos... –decía Abby levantándose del sofá acercándose lentamente a Luka.
Cogió su cabeza entre sus manos y se colocó detrás del sillón acariciándole el pelo suavemente. Se inclinó hacia delante para darle un beso en la frente. Sintió frío. El frío más árido de la meseta siberiana. El frío de la tundra helada...el frío de la muerte.
Carter miró la escena con un nudo en la garganta. Abby tardaría mucho en superar todo aquello, si realmente llegaba a superarlo. A duras penas, Carter dio unos pasos y se acercó a Abby que había empezado a llorar de nuevo. La abrazó y sintió su corazón latir muy fuerte contra el suyo. Parecía que estuviese a punto de explotar.
Abby continuó llorando amargamente en el regazo de Carter. Carter la agarró con fuerza para evitar que cayera al suelo...la sentía tan débil. Abby empezó a respirar entrecortadamente al borde de un ataque de nervios. Carter intentó calmarla pero sintió que se le caía de los brazos exhausta. Reaccionó a tiempo para evitar que cayera contra el suelo. Se había desmayado.La tensión de aquella noche, había podido con ella.
Como pudo, cargó con ella hasta el cuarto contiguo, y la tumbó sobre la cama. Buscó algo en el armario con lo que taparla y cobijarla de aquel frío. A pesar de los calefactores la casa se había convertido aquella noche en una cámara frigorífica.
El ambiente que flotaba era gélido, como si un fantasma de hielo hubiese helado las almas que permanecían en aquella casa. Frío entre aquellas cuatro paredes, frío en el alma...
Arropó a Abby con la manta que había conseguido del armario. Estaba seguro de que dormiría durante un largo rato. Cogió otra manta del armario y se dirigió a la salita.
"Luka también debía tener frío", pensó Carter. Salió a la salita y puso la manta sobre en inerte cuerpo de Luka.
Tocó su frente esperando inútilmente encontrar un atisbo de calor en su cuerpo. Sabía que no debía moverle de aquella posición, sin embargo, algo le decía que estaba realmente incómodo. "Un hombre de casi dos metros, no podía estar nada cómodo en un sillón tan pequeño", especuló Carter.
Ignorando que a penas podía respirar, cargó a Luka como pudo y lo trasladó hasta el sofá cercano, tumbándole subiendo sus piernas al sofá. Un cuerpo muerto era realmente pesado, por lo que Carter tuvo que realizar un enorme esfuerzo. Agotado por este hecho, se sentó en el suelo, con la cabeza apoyada en el asiento del sofá sobre el que reposaba Luka.
Tragó saliva y pensó en el ritmo vertiginoso que había tomado aquella noche. Empezó a pensar que todo podía haberse evitado desde que salió del County. Si no hubiese seguido a Luka, para preguntarle porque estaba enfadado con él, nada hubiese llegado a aquellos términos.
Se miró las manos y las vio ensangrentadas, casi como si acabase de cometer un asesinato. Quizás lo hubiese hecho... no materialmente, pero si en su conciencia. Había sido el promotor de aquella muerte, y eso, no se lo perdonaría nunca.
Comenzó a llorar amargamente, cubriéndose el rostro con las manos. Se sintió muy pequeño, un ser diminuto en medio de todo aquel barullo. Odiaba su vida, sintió que Abby no le merecía. Ella se merecía a alguien mucho mejor, alguien que la amase tanto como para cometer una locura por ella, alguien como Luka.
El si que la amó de verdad...siempre. Sin interrupciones, y todo se había ido a traste porque él, se había sentido atraído por ella en un momento.
¿Era eso amor verdadero? No encontró respuesta. Jamás lo haría. La única persona que quizás hubiese podido enseñarle lo que era amar de verdad estaba ahora muerta.
Miró su reloj con los ojos inundados en lágrimas. Las 5 y media de la mañana. Carter se levantó como pudo y se colocó de rodillas mirando a Luka. Su color azul se hacía más notorio cada vez, sería mejor no esperar más.
-Hora de la muerte: 5:32 de la mañana. – dijo en voz alta posando sus mano sobre la frente de Luka, arrastrándola por todo el cabello enmarañado. Dejó que las últimas lágrimas que le quedaban cayesen en silencio sobre sus mejillas, estampándose después contra su pecho.
Sabía que aquella hora no era la hora exacta de la muerte, pero decidió no remover más el asunto. Eso, ya lo dictaminaría otro tipo de médico. Se apoyó en el sofá y se levantó. Se dirigió hacia el teléfono que estaba colgado en la pared. Era hora de llamar al County para dar una mala noticia, y para que mandasen una ambulancia, o lo que mejor creyesen necesario
Los primeros rayos de sol, se filtraban por las hendiduras de la persiana, reflejando la luz en los objetos que se encontraban más directamente expuesto a la fuente. Uno de los rayos incidía sobre el pálido rostro de Luka, otorgándole un conjunto de luces y sombras típicas de un mausoleo. Aquella imagen hizo estremecerse a Carter.
-¿Ángel o demonio? -se preguntó Carter sonriendo melancólicamente y sin ganas.
Las sombras proyectaban en su cara reflejos que hacían creer que nada de todo aquello había ocurrido en realidad.
Sin duda alguna, aquellos primeros rayos de luz, se llevaban consigo la noche, pero la noche se había llevado consigo una vida, la vida de Luka Kovac.
