CAPITULO13: LA DESPEDIDA
Nadie sabía dónde había ido Abby tras su ataque de nervios. Sólo sabían que se había dirigido a uno de los ascensores, pero después, no sabían nada más.
Instintivamente, Susan y Gallant, tras atender a Carter, subieron a la azotea, para ahuyentar esa sensación de que Abby se hubiese lanzado al vacío. Allí no estaba. Desde la azotea, comenzaron a descender, visitando todas y cada una de las plantas del hospital. Obviamente, no había salido de allí. Gallant sintió que sabía dónde estaba. Era bastante estúpido que aquel lugar no hubiese sido el primero en visitarse. Susan iba delante de él bajando las escaleras precipitadamente, casi de dos en dos.
-Susan...¡Susan espera! – dijo Gallant viendo que su compañera seguí bajando las escaleras ciegamente.
-Hay que encontrar a Abby, Michael...
-¿Quieres parar? ¡Sé dónde está! – dijo con la voz entrecortada, por la carrera que se estaba dando.
-¿Dónde? – preguntó Susan expectante.
-En el depósito – inquirió Gallant.
Susan se palmeó la frente como dándose cuenta de su error. Seguramente estuviese allí. Era el lugar en el que estaba Luka, esperando a que algún forense le realizase la autopsia, en el caso de que no se la hubiesen realizado ya.
-Claro... – dijo Susan continuando su carrera, seguida por Gallant.
Bajaron un par de tramos de escaleras más y llegaron al depósito. Susan se santiguó antes de entrar y respiró hondo. Gallant estaba tan atemorizado como ella, sin embargo, la agarró de la mano y la miró, dedicándola una de sus mejores sonrisas. Instantáneamente Susan se sintió mucho más tranquila. Un estudiante de medicina, no era lo que más tranquilizaba a Susan, sin embargo, aquel gesto del hombre afro americano pareció mitigar sus nervios.
Gallant empujó la puerta respirando hondo y apretando bien fuerte la mano de Susan. Tal vez temiese que se escapase y le dejase allí solo. Ambos habían estado allí cientos de veces, sin embargo, por algún extraño motivo, el hecho de saber que Luka estaba allí le ponía los pelos de punta.
Siempre que entraban allí lo hacían por alguien, para acompañar al familiar de alguien que había muerto, nunca por voluntad propia... pero no obstante, allí estaban ellos, porque querían.
Pasaron entre varias mesas con cuerpos tapados con sábanas agachando la cabeza. Tal vez sintiesen una especie de vergüenza al perturbar su descanso para ir a buscar a Abby. Dieron un par de zancadas más, para encontrarse con Abby y con Luka. Abby había destapado a Luka, dejándole la cara al descubierto.
Susan le dirigió una mirada y sintió que todo su cuerpo empezaba a temblar. Gallant apretó su mano un poco más, para evitar que sintiese miedo. Se agachó con Susan de la mano e intentó levantar a Abby. Susan le soltó la mano y se dirigió hacía Luka. Agarró la sábana y se colocó de nuevo sobre la cabeza. Una sonrisa de dolor se dibujaba en el rostro del médico croata. La muerte que había elegido era una de las muertes más dulces que existe, en las que se pasa del sueño al coma profundo y después a la muerte, sin embargo, algo había fallado en todo aquello. Parecía haber sufrido de verdad. Su rostro lo decía todo. Muerte por asfixia...pero "¿cómo?" se preguntó Susan. Algo debía haber fallado en la mezcla.
Carter les había explicado que encontró una botella de vodka y algunos botes de pastillas vacíos, así que, aquella había sido la forma que había elegido para morir, no obstante, no se correspondía con las consecuencias que tuvo en su cuerpo.
Susan puso la sábana finalmente sobre el rostro de Luka, esperando en vano que se levantase de aquella mesa de acero, dando por terminada aquella broma macabra: no lo hizo.
-¿Qué haces? ¿Qué haces?- gritó Abby levantándose de un salto al ver a Susan cerca de Luka. -Taparle... sólo le estaba poniendo la sábana sobre la cabeza. –dijo Susan al ver el rostro de rabia de Abby. Abby le quitó la sábana de las manos y la dobló sobre el cuello de Luka, dejándole la cara destapada, según la tenía.
-Odia dormir con algo sobre la cara... ni sábanas, ni cojines ni nada. – dijo Abby acariciándole el pelo recuperando su tono normal de voz.
-¿Ya le han hecho...? – Gallant comenzó a decir. Tosió.
-La autopsia? Abby miro la sábana a la altura de su pecho, y la vio ensangrentada. -Solo la mitad. Aún queda...la cabeza. El forense acaba de irse. Volverá en breve. – dijo Abby volviendo a detenerse en la cara de Luka.
-¿Cuánto ha pasado desde que vinimos? – preguntó Abby palpándose la muñeca en busca de su reloj.
-Casi tres horas. Van a ser las 8 de la mañana. – dijo Susan acercándose a ella. –Creo que deberíamos irnos de aquí, Abby. Será mejor que no molestemos más a Luka.
Susan agarró a Abby de la cintura y tiró suavemente de ella, para sacarla de la sala.
-Deja que me despida de él. – dijo Abby inclinándose hacia Luka. Le miró fijamente a los ojos que permanecerían cerrados por toda la eternidad, sujetando su cara entre sus manos. Una lágrima resbaló por la mejilla de la muchacha, yéndose a estampar sobre la de Luka.
-Te quiero... – dijo Abby dejando que sus labios se posasen sobre los de Luka.
Estaban helados...casi dolía besarlos. Susan tragó saliva. Acababa de ver, como Abby le daba un beso a Luka...estando este muerto. No podía creerlo. Cuanta sangre fría.
Gallant salió de la sala, pasando la mano por la cabeza de Luka, alborotando el pelo de este, en señal de despedida. Abrazó a Abby y la sacó de la sala. Susan se había quedado petrificada. Todos se habían despedido de él, menos ella. Respiró hondo hasta que sus pulmones se colapsaron del oxígeno helado que flotaba en la sala. Se agachó hasta tener la frente de Luka cerca de sus labios. Se agachó un poco más, y dejó que un beso cayese sobre ella.
-Que seas feliz donde quiera que vayas. – dijo Susan sintiendo que sus lágrimas se precipitaban de sus ojos.
Caminó hasta la salida haciendo el camino inverso que antes había hecho de la mano de Gallant. Ahora no sentía miedo. Sabía que no tenía nada que temer.
-Ojalá te hubieses dado cuenta de que no sólo era Abby la persona que podía ayudarte...-dijo girándose alzando la voz, como si Luka aún pudiera oírla. Se dio cuenta de que estaba gritando y agachó la cabeza abochornada. Respetaba mucho a los difuntos...quizá por miedo, o tal vez por educación.
-Lo siento. –dijo en voz alta, pero con un tono más templado. –Que tengan buen día...y por favor, cuiden del muchacho.
Susan cerró la puerta y salió al pasillo para dirigirse al ascensor. Se apoyó contra la pared mientras esperaba al elevador.
-Aún no puedo creer que no vayas a volver. – dijo Susan compungida antes de subir al ascensor que acababa de llegar.
