CAPÍTULO14: DIAGNÓSTICO MÉDICO

El servicio de Urgencias continuó casi con normalidad en el County. La gente no dejaba de estar enferma, no dejaba de sufrir accidentes, por lo que todos los trabajadores, tuvieron que reanudar su jornada de trabajo.

Aquel día se hizo realmente duro. Las entradas en las salas de trauma se hacían casi insoportables. En silencio...sin mucho alboroto, aunque tampoco fue un día demasiado agotador. Uno de esos días en los que casi da gusto ir a un hospital.

Abby y Carter pasaron la mayor parte del día encerrados en la salita de médicos. Carter tenía mucha mejor cara. Había recuperado su tez morena, y le habían curado todas las heridas... casi todas. Aún le dolía haber provocado el suicidio de Luka.

Abby continuaba con su estado de nerviosismo, y no había parado de llorar en todo el día.

Gallant. Susan y Elizabeth, se les unieron en el momento del descanso de la comida. No tenían hambre.

Se reunieron en la salita con ellos y allí quedaron en silencio.

Carter se sentó en un sillón y de allí no se movió en todo el día, esperando a que Abby se sentase junto a él, sin embargo, esta, permaneció en una silla justo en el lado opuesto de la habitación, mirando al suelo. Espontáneamente levantaba la cabeza, para dirigir una triste mirada a la ventana, por la que se filtraban un par de rayos de sol. Los primeros rayos de sol de aquella mañana, pensó Abby, sin embargo, Carter hubiese podido asegurarle que los primeros rayos fueron los que el vio incidir sobre Luka, apenas unas horas atrás.

Elizabeth miró a Susan que permanecía con la mirada fija en el suelo. Gallant jugueteaba distraído con un llavero que se sacó del bolsillo de su bata.

Nadie quería mirar a nadie. Tal vez, intentasen acusarse con la mirada, de algo que nadie había hecho. El silencio era cada vez más ensordecedor. La quietud que reinaba en la sala, apenas se veía perturbada por algún espontáneo golpe de tos, que sufría Carter. Abby levantaba la vista de dónde la tenía clavada y miraba a Carter, pero acto seguido, seguía a lo suyo.

La puerta se abrió, rompiendo la monotonía , dando paso al forense de turno. En la mano llevaba un sobre marrón con un par de garabatos escritos con una caligrafía ininteligible, seguramente en el que se encontraban los resultados de la autopsia de Luka.

Era un hombre bastante joven vestido con una bata blanca y unos pantalones verdes.

Su cara de felicidad, parecía no ir acorde en absoluto con su trabajo. Jamás borraba esa sonrisa de la cara.

Carter se tomó aquel gesto del forense como una especie de insulto hacia todos ellos.

Decidió callarse. No estaba de ánimos para enfrentarse a nadie.

-¿Kerry Weaver? – dijo el médico levantando el paquete.

-¿Acaso no conoces a la jefa de urgencias o qué?- preguntó Susan un poco irascible.

-Acabo de llegar de un hospital de Nevada. Ayudo al Doctor. Anderson en las autopsias y para analizar algunos tejidos. Ahora me manda a que le entregue esto personalmente a la Doctora Weaver, jefa de urgencias.

-Soy yo. Yo soy Kerry Weaver. – dijo Elizabeth segura de si misma. Seguramente Kerry no se molestaría lo más mínimo cuando le contase que le había robado el nombre. -¿Qué tienes para mí? – dijo Elizabeth mirando fijamente al risueño muchacho.

-Lo que usted pidió Doctora Weaver. – dijo el hombre desconcertado.

-Claro, claro...- dijo Elizabeth casi sonrojada por su error.

-Un examen minucioso del contenido del estómago de una tal Luka Kovag...o Kovan o como quiera que se diga. Estos apellidos son bastante extraños. – dijo con el sobre aún en la mano.

-Kovac...- dijo Abby desde la otra punta de la habitación.

-Bien...Kovac. Aquí le dejo el sobre Doctora Weaver. Le pongo en aviso: el tal Kovac debía estar bastante grillado el pobre. Se metió varias pastillas para el pulgón de las plantas... – dijo el forense con una sonrisa aún más amplia. – Creo que a los familiares de este tío les hará falta una buena terapia, y un par de clases de cómo se deben guardar las medicinas en un botiquín. Recuérdenles que aprendan a separar las pastillitas de la tos, de los insecticidas..., pero no les digan que por ese pequeño desliz, ahora el pobre de Kovac, está muerto...– dijo casi carcajeándose. Por alguna razón aquello parecía hacerle gracia.

-Doctor... – dijo Elizabeth dudando del apellido del joven, dirigiendo una mirada a Abby que parecía haberse quedado hecha polvo tras los inoportunos comentarios del infame forense.

-Johnson. – afirmó el médico.

-Doctor Johnson, sepa usted que está en un hospital docente – dijo Elizabeth levantándose de su asiento. – Dudo muy firmemente que este sea lugar, para que usted, un médico forense, venga a carcajearse de algo tan duro como es el fallecimiento de cualquier persona, independientemente de quien sea, y dudo también que este sea el lugar idóneo para que usted utilice ese lenguaje callejero que acaba de utilizar ahora mismo delante de varios adjuntos, el jefe de residentes, una enfermera y un estudiante de medicina. ¿Le queda claro? Si quiere emplear ese lenguaje descontrolado y poco ortodoxo, haga el favor de esperar a que acabe su turno y salga de este edificio. Antes no. – concluyó Elizabeth.

-Ahora comprendo porque es usted la jefa de urgencias. – dijo el muchacho, desdibujando ligeramente su sonrisa. – A...aquí le dejo el sobre, ya si eso. – dijo el joven dejando el sobre, sobre un sillón saliendo por la puerta como alma que lleva el diablo.

Todos dirigieron una mirada de satisfacción ante la reacción de Elizabeth. Todos menos Abby.

Elizabeth abrió el sobre y leyó en alto los resultados, lo más escuetamente que pudo.

-El pequeño fantasma tenía razón.- dijo Elizabeth ignorando la bronca respecto al lenguaje que acababa de echarle al joven forense. - Los resultados indican que Luka ingirió insecticidas por vía oral. Tenía el esófago bastante irritado, es decir, que creo tomase lo que tomase, le mató casi en el acto. No entiendo como pudo tomarse eso...sabía lo que le haría. El examen indica además, unos niveles de alcohol altísimo, así como distintos medicamentos : antihistamínicos, somníferos... un largo etcétera...- dijo Elizabeth casi llorando.

-A ver ,a ver... – dijo Gallant. – Luka sabía perfectamente a lo que se exponía con el alcohol y los medicamentos... ¿por qué diablos se tomó un insecticida?

-Puede que ni si quiera se diese cuenta. Estaba bastante mal. Durante la pelea...bueno, no era él. "Alto nivel de alcohol en sangre"..., puede que de antes de la pelea, más lo que ingirió después, claro. ¿Quién es su estado se fijaría en las letritas pequeñas de un comprimido? – dijo Carter.

-¿Pero de dónde sacó esas pastillas...? – preguntó Susan. – Eso debió matarle casi en el acto. Debían estar junto a las otras que cogió... – dijo desconcertada.

-Eso es una estupidez... los insecticidas no se guardan en el botiquín. – dijo Gallant dejando su llavero quieto. - ¿O si? – preguntó al ver que sus compañeros miraban fijamente a Abby que continuaba observando la persiana y sus dibujos solares.

-Abby...cielo. –dijo Elizabeth acercándose a ella, agachándose, posando una mano sobre su rodilla. -¿Es posible que por algún casual guardases insecticida en el botiquín? – preguntó lo más dulcemente que pudo.

-Necesitaba ir al baño ¿sabes? – dijo rompiendo a llorar dedicando una sonrisa a la mujer inglesa. –El día anterior bajé a comprar algo para mis plantas. Yo tengo plantas ¿sabes Lizz? – dijo sonriendo forzadamente. –Subí a casa corriendo porque me estaba meando desde hacía rato. Entré el baño con el abrigo puesto y con el paquete en la mano. Creo que lo dejé encima del botiquín, o sobre el lavabo..no recuerdo. Más tarde utilicé un par de pastillas y por la pereza de no llevar el paquete hasta la cocina, lo dejé ahí, con la burda excusa de guardarlo el día siguiente. Hoy es el día siguiente, y el paquete no se ha movido de allí... He matado a Luka, no hay más...– dijo echándose en brazos de Elizabeth.

-No debes hacer caso al payaso ese del forense...es un estúpido. No sabe ni lo que dice. – comentó Susan medio llorando.

Sus compañeros miraron a Elizabeth, que hacía gestos con la mano que le quedaba libre, para que alguien fuese a buscar un tranquilizante.

Abby tenía que descansar. Su día había sido extremadamente largo. Sus 24 horas, se habían alargado demencialmente.