CAPÍTULO17: MADNESS IN CHICAGO
Abby cerró la puerta de un golpe dejando las llaves sobre la cestita de la cómoda. Estaba realmente cansada. Aquel día había sido un calvario en las vidas de todos, pero sin duda, para ella había sido mucho más duro.
Aquel forense inexperto había dejado claro que ella había tenido la culpa, no directamente pero lo había dicho. Sin duda lo que más le cansaba eran las miradas de los demás. Miradas de pena que se escondían tras una buena sonrisa y algunas palabras de consolación. Todo infamias.
Estaba realmente tensa. Tenía los labios secos y sentía que su cabeza estaba a punto de estallar. Se dirigió al cuarto de baño que permanecía revuelto por las manos de aquel hombre que horas antes había desvalijado en botiquín.
Buscó desesperada un par de pastillas para su migraña, pero no las encontr
Dirigió una mirada panorámica a todo el cuarto de baño, deteniéndose en la bañera.
-Eso es... un baño me relajará. – dijo Abby en voz alta.
Entró en la habitación que permanecía extrañamente ordenada en comparación al resto de la casa. Se quitó la ropa y la dejó tirada en el suelo, sin detenerse a colocarla como hubiese hecho de costumbre.
Volvió al baño y cogió un albornoz que estaba colgado del toallero de la bañera. Se calzó sus zapatillas y volvió a la habitación.
Buscó su disco favorito y lo puso en su reproductor.
Una suave y lenta música llenó la habitación. Abby subió el volumen para que se oyese perfectamente desde el baño. Adoraba aquella música.
Volvió nuevamente al cuarto de baño para encender el grifo del agua caliente y dejar que la bañera se llenase. Vertió un puñado de sales aromáticas y un chorrito de jabón, mientras ella frente al espejo, se recogía el pelo de manera que no pudiera mojársele. Cuando estuviera relajada, se ducharía en condiciones.
Cerró el grifo cuando consideró que la bañera estaba suficientemente llena y se despojó de su albornoz. El agua ardía... tal vez esa agua limpiase el sentimiento de culpa que la invadía en aquel momento.
Había provocado la muerte de Luka, había hecho que sufriera, y le había dicho a Carter que jamás había amado a nadie. Eso se llamaba tener un mal día.
Se sentó en el suelo y estiró sus piernas... aquello era lo más cercano al paraíso a lo que podía optar.
Cerró los ojos y canturreó al son de la música. Suspiró hondo y comenzó a llorar, dejando que sus lágrimas pasasen a formar parte del líquido elemento en el que se encontraba sumergida.
Había matado al hombre al que amaba... no materialmente, pero le había matado. Eso la torturaba.
No podía creer que jamás fuese a volver a oír su característica voz, ni a probar sus labios en alguna noche de desmadre. No podía concebir que jamás fuese a verle caminar por los pasillos del hospital tan despistado como siempre... ya no salvaría más vidas, ya no.
Se enjuagó los ojos con las manos empapadas y se dio cuenta de que era lo mejor.
Seguramente no dejaría de hacer daño a los que tenía alrededor. Si esto había pasado una vez, tal vez pasase otra.
Se incorporó ligeramente y cogió unas de las cuchillas de afeitar que Carter se había dejado olvidadas alguna noche.
Volvió a sentarse y jugueteó con el objeto durante algunos segundos. Cogió su neceser que estaba en el estante de la bañera y buscó unas pinzas de depilar.
Con ellas podría arrancar la cuchilla de la máquina. Apalancó un poco hasta que tuvo el pequeño pedacito de muerte en sus manos.
Arrojó la maquinilla lejos, y tiró las pinzas al suelo.
Ni si quiera paró a pensárselo. Estiró la mano izquierda y hundió el frío metal en su carne. Sintió que el frío acero le liberaba de su pecado, como fantasma que aguarda preso en su castillo.
Con la fuerza q le quedaba tomó la cuchilla y repitió el movimiento sobre su mano derecha.
Clavó la cuchilla con saña, sintiendo que así todo el dolor que había causado, se le reproducía a ella en aquel mismo instante.
Soltó un pequeño gemido y dejó caer la cuchilla.
Metió las manos en el agua sintiendo que el olor a sangre iba a hacerla desmayar. Eso era algo que siempre había odiado.
Dejó que el agua, ya casi tibia se llenase de nubes densas rojas. Sintió que una nube semejante se formaba en su cabeza entremezclando los recuerdos los cuales eran ya vagas sombras, con el dolor que sentía en sus manos. Sin embargo, aquello parecía hacerla feliz. Había pagado por su crimen.
El dolor que sentía en sus muñecas no era nada comprado con el dolor de haberle causado la muerte al único hombre al que había amado. Las palabras que utilizó con él habían sido realmente duras, habían sido puñales de voz... sin embargo no esperaba que hubiese reaccionado así. No obstante, le había matado.
Cerró los ojos y apoyó la cabeza en la bañera tumbándose hacia atrás para estar más cómoda.
Respiró hondo y volvió a abrir los ojos. Miró cómo el agua se había tornado completamente roja. Ni una pizca de claridad quedaba ya en la bañera, ni en su mente, ni en su corazón.
-Luka... susurró Abby cerrando los ojos finalmente.
Esa fue su última palabra, su último suspiro.
Mientras su ojos se cerraban, los últimos acorde de "Angel" de Sarah McLachlan llegaban a sus oídos.
"You're in the arms of the angel
May you find some comfort here"
Sin duda encontraría el calor y el alivio en los brazos de su ángel.
Un nuevo día se alzaba en Chicago, pero para Abby Lockhart, jamás volvería a brillar la más mínima pizca de sol.
