Capítulo 3. Peligro en alta mar.
-¡Marinero arría las velas! –exclamó Elian con el sombrero de pirata. Con cuatro años y ya se hacía pasar por pirata.
-¡Sí capitán! –expresó Enien vestido de marinero pirata.
-¡¿Qué has puesto hoy de comer cocinero?!
-Albóndigas con tomate. –dijo un niño vestido de cocinero, en un cuenco sucio había bolas de tierra y barro por alrededor.
-Buena comida señor.
-¿Qué hacéis? –preguntó Edaran que paseaba por la playa.
-Jugar a piratas, yo soy el capitán y ellos dos son mis marineros.
Le cogió el sombrero y se lo puso él con un arqueo diferente al de ella.
-¡Señores, un nuevo día nos sonríe! –los niños rieron pero él hacía que les hablaba en serio- ¡Marineros! ¡Hoy lucharemos hasta el último de nosotros –daba vueltas alrededor de ellos con rostro de pirata malvado- para conquistar ésta isla! –ponía ímpetu en varias palabras- ¡¡Bahía Blanca será nuestra!! –gritó alzando el brazo.
Los tres niños gritaron entusiasmados alzando las espadas de madera hacia arriba.
-¡¡Lucharemos con valor!! ¡¡Moriremos si hace falta!! ¡¡Conquistaremos tesoros!!
-¡A por ellos! –exclamó Elian-
-¿A por quien? –preguntó Edaran extrañado.
-¡¿Capitán, listo para partir?! –exclamaron la que fue su tripulación. Observaron como tres niños se les acercaban corriendo y gritando a la vez-
-¡¡Mamá cuidado son piratas!! –exclamó Enien-
-Señora… -saludó cortésmente uno marinero en nombre de todos-
-¡¡Aaaaaaaaaaaaaah!! –gritó Enien dándole un fuerte golpe con la espada en la pierna-
-¡Enien no!
-…ay…. –logró balbucear el tripulante con expresión de dolor.
-¡Papá déjame! –exclamó Elian sujeta por el brazo de Edaran.- ¡Son piratas!
-¿…son piratas…? –preguntó el niño que jugaba con ellos-
-Ven, no te harán nada.
-Son piratas dispuestos a matar por mujeres y tesoros, su sangre es fría, sus dientes amarillos y su mirada oscura… -decía Elian asustándolo.
-No le digas eso. –Elian rió de la cara que ponía su amigo.
-¡Capitán!
Edaran dejó a Elian en el suelo para recibir un abrazo de cada uno de los que fueron sus hombres. Hacía cinco años que había dejado la piratería y quizás ahora volvería.
-¿Son tus hijos?
-Enien el mayor con siete años y la pequeña pirata Elian de cinco.
-Vaya pareja.
-Venimos de Neón, traemos malas noticias de allí.
-¿A ocurrido algo?
-El Viejo Gaviota ha caído en manos de los Orientales. En los Suburbios de Treolín.
-¿Su hijo también?
-No se sabe nada de su hijo ni de Irene, tememos lo peor. La muerte de Sparrow ha herido mucho a los piratas, todos los navegantes de los siete mares se han unido para luchar contra Francia, solamente faltas tú Leisma.
-¡Viva, una aventura! –exclamó Elian.
-…no vayas… -dije queriendo que no se fuera. Si iba seguramente lo perdería para siempre.
-Vente conmigo, estarás más segura que aquí.
-En el barco hay sitio para todos, incluso podemos hacer estancia en Neón y dejar a Selene y a los niños allí. –ofreció otro.
-Bien. Dadme tiempo para recoger las pocas cosas que tenemos.
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-¡¡Irene, escondeos Jack y tú!! –gritó James con desesperación. La tripulación entera y él observaban los extraños piratas que se acercaban por Proa, sus barcos eran imponentes, adornados de oro, recubiertos de un material extraño que los convertía más ágiles.
Cogió el catalejo y miró al navío central, sobre la borda observaba un hombre vestido con ropas índicas, rojas y azuladas con detalles dorados, ¿Un mercader? No, su sombrero era pirata y su tripulación vestía como los en la India.
-Capitán no podremos vencer. –balbuceó uno de sus tripulantes más leales.
-Lo sé…, diles a Irene y a mi hijo que cojan un bote y se vayan. Ves con ellos y protégeles.
-¿Pero y vos capitán?
-Lucharé al menos para que no los cojan a ellos. ¡Gond, Ron, id abajo y esparcid la pólvora que nos queda por el interior.
-Sí capitán.
-¿Va a quemar el navío?
-Es la única solución, son al menos cien y nosotros apenas treinta. Nosotros moriremos como piratas y ellos saltarán por los aires.
-¿Mamá qué pasa? –preguntó Jack ya con seis años largos. Subían al bote en compañía de Goodric por la parte trasera del navío.- Quiero ayudar a papá.
-Tu padre no volverá… -dijo Goodric alzando los remos.
-James… -susurró Irene mirando el navío que cada vez estaba más lejos.
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-Capitán ¿hacia donde nos dirigimos?
-Rumbo a las Trifulcas de Liemnon.
-¡Rumbo a las Trifulcas de Liemnon! ¡Al Sureste!
Desde la borda observaba el movimiento del mar, contemplé como los marineros arriaban las velas aprovechando el aire, todos sabían lo que había que hacer. Me pregunté porqué tenía guardado en un cajón aquel medallón, ¿tendría algo que ver la llave que rodeaba su cuello junto a una gargantilla? En Bahía Blanca decían que el tesoro solo se podía encontrar con un medallón y el mapa pero también decían que el pirata perdió el medallón. ¿Lo perdió o se lo arrebataron?
-Edaran… ¿Qué es ese medallón que guardas en el camarote y que nunca me dejas ver?
-Ese medallón se lo arrebaté con más tesoros a un viejo pirata llamado Barbosa, no es que fuese gran cosa pero el dichoso objeto es más importante de lo que aparenta ser.
-¿Es el medallón que descubre el tesoro de Bahía Blanca?
-Sí. Es un medallón el cual se desconoce su origen, nadie sabe de donde provino, los piratas lo buscan desesperados y se arriesgan a entrar en Bahía sin saber si van a volver. Aunque para encontrar el tesoro se necesita también un mapa que nadie ha encontrado aún, yo lo he estado buscando por todo el mundo.
-¿Anhelas tener el mapa?
-Anhelo encontrar el tesoro pero también deseo que nadie lo encuentre, ser el dueño de ese tesoro sin que nadie más lo supiera.
Lo cogí de la mano y me lo llevé al camarote, sus hombres lo miraban sonriendo picarones mientras él se dignaba a encogerse de hombros, al llegar cerré la puerta para que nadie pudiera oír ni ver nada.
-¿Qué pasa? –preguntó extrañado sin saber muy bien a qué venía tanto misterio.
-La llave que adorna tu cuello es la clave para abrir el medallón –abrí el cajón y lo cogí.
-¿Has estado fisgoneando mis cosas?
-No, lo vi la primera vez que subí a este camarote sobre ésta repisa.
-Sigue.
-Lo que anhelas se puede hacer realidad y ambas a la vez. –me miró extrañado- Si escondes el mapa del tesoro en el interior del medallón y lo cierras con la llave nadie más que tú lo podrá abrir, aunque te lo roben o te lo arrebaten tú siempre llevarás contigo la llave que lo abre.
-Pero no sé donde está el mapa. –sin dudarlo más saqué un trozo de papel de mi interior, era diminuto y apenas se veía.- El mapa… ¡lo tenías tu! –le hice silencio para que no levantara más la voz.
-No te lo dije por miedo, lo encontré en Bahía Blanca hace muchos años cuando yo era pequeña, yacía en el bolsillo de un ermitaño que vivía en la playa. –se lo puse en la palma de la mano-
Con cuidado lo fue abriendo hasta convertirse en un enorme mapa que ocupaba casi toda la mesa, asombrados quedaron sus ojos cuando vieron la entrada y el camino a seguir en el laberinto, las trampas que había y el peligro que se corría en cada una de ellas.
-Indirectamente el tesoro es tuyo.
Me miró sin creérselo, no sabía cual era la palabra exacta para hablar.
-Nadie sabrá que tú tienes el mapa pues para los demás seguirá estando perdido, al igual que el medallón.
En silencio doblé de nuevo el mapa hasta quedar en la medida del dedo pulgar, Edaran cogió la llave de su cuello y abrió el medallón, éste tenía dos oberturas, la delantera que mostraba un fondo oscuro donde se podría poner el rostro de alguien querido y la trasera donde se guardaría el medallón para el resto de sus días. El mapa cabía perfectamente en el interior sin doblarse, la tapa encajó pero se podía abrir fácilmente si no se tenía la llave. Él mismo fue quien cerró completamente el medallón sin dejar rastro del mapa.
-Guárdalo donde mejor creas conveniente.
Su rostro incitaba a gritar de alegría y de orgullo pero trató de contenerse para no levantar sospechas. Con ansias me besó rodeándome por la cintura y conteniéndome hacia él, desenfrenados sus labios besaban los míos sin respiración y anhelando más.
-Haz uno de tus discursos capitán.
-¡¡Lucha, batalla, guerra!! –gritó alzando la espada- Honor… ¡¡Eso es lo que hemos de ganar contra los franceses!! El honor… ¡¡El honor que tiene un pirata y que no tiene que perder ante un feo francés de medias rojas y blancas!!
-¡¡Honor!! –gritaron todos a una.
-¡Lucharemos contra ellos, contra la India si hace falta! ¡¡Lucharemos por nosotros, por los piratas!!
Todos gritaron levantando la espada hacia el cielo.
Elian observaba sonriente y orgullosa de estar en un barco pirata, le entraban ganas de aprender todo aquello y de soñar que algún día llevaría uno igual o mejor.
-Papá está diferente. –murmuró Enien extrañado.
-Ese es el pirata que yo conocí. –dije orgullosa.
-Mamá yo quiero ser como él. –dijo ansiada Elian- pero quiero llevar tus ropas.
-Algún día llevarás a tu cargo una tripulación como ésta, les guiarás. –me agaché para ver mejor su rostro- En tu interior llevas sangre pirata, lograrás llegar lejos con tu carisma, pues siempre has de recordar que llevas la sangre de tu padre. –me giré hacia Enien- Y tú Enien te digo lo mismo, si ansías ser un pirata has de decidirlo ya, llevas una parte de tu padre y otra mía, ambas pueden ser tus amigas o tus enemigas.
-Yo no quiero ser pirata… me gusta pescar… y el hierro…
-Estoy segura de que te convertirás entonces en uno de los mejores herreros y pescadores que Bahía Blanca ha tenido.
-¡Enien, Elian! ¡Venid que os voy a enseñar a arriar las velas! –exclamó Edaran-
Ambos corrieron sonrientes hacia él.
El corazón me decía que me quedaba poco tiempo que estar con ellos, me hubiera gustado saber la causa de aquel presentimiento pero no lo lograba averiguar. Cuando estaban dentro de mí vi en sueños lo que serían y como iban a ser, sabía que él se iba a parecer a mí en la tranquilidad y en carácter, en cambio ella se convertiría en pirata, llevaba la sangre, el carisma, el ímpetu para mover gentes y un profesor que le podía enseñar la profesión mejor que nadie. Recuerdo bien cuando Elian tenía pocos meses, sus ojos brillaban intensos como esmeraldas iguales que los de su padre, éste decía que su niña seria pirata, que lograría lo que él no logró porque le tendría a él como mentor.
-No puedes negar que es tuya –dije observándola en mis brazos. Elian me miraba sonriente alargando sus manitas hacia mí.
-Pero ha heredado la belleza de su madre. Nosotros quizás no lo veamos por nuestra hija llegará lejos en la piratería, su belleza será codiciada por todos los piratas, y cuando esté preparada para ello le daremos el medallón.
-Pero…
-Yo no lo quiero, no me servirá de nada estar en el otro mundo con el medallón, contigo a mi lado no me falta nada.
-¡Elian ¿Dónde vas?! –exclamó Edaran en tono preocupado-
Bajé de mi mundo para ver lo que ocurría, Elian se estaba subiendo al mástil sin tener miedo alguno.
-¡Quiero ver lo que me rodea!
-¡Baja de ahí!
-¡Elian baja, te vas a hacer daño!
La niña no hacía caso de ninguno de los dos, subía por la red sin miedo alguno y sin temerle a la altura. Edaran se decidió ir a por ella junto a dos más que subieron junto a él, todos temían por la niña y la inexperiencia que en ella había.
-Será mejor que bajes pequeña. –dijo uno de los tripulantes que subieron en su ayuda.
-¿Quién eres tu?
-…pues yo…
La niña siguió subiendo tras engañar al hombre.
-¡Elian no subas más arriba!
Llegó al palo del mástil, con cuidado y sin miedo se sentó recostada en el central comprobando por sí misma la vista que había desde allí arriba.
-¡Aaaaalaa! ¡Papá sube!
-…intentó cogerla y la niña tan fresca… -murmuró llegando a ella.
-¿No te he dicho que no subieras? Es muy peligroso estar aquí.
-¿Qué es aquello? –indicó con su dedo al cielo.
-El qué.
-Aquel punto amarillo que casi ni se ve.
-Es la Llama de Neón, siempre la verás encendida.
-Pero es muy pequeña…
-Se ve pequeña desde aquí pero la llama es inmensa, y de noche se ve mucho mejor.
-¿Subiremos por la noche?
-No. Vamos abajo.
-Yo me quiero quedar aquí.
-No, es muy peligroso, un golpe de aire te lanzaría al mar y no te podríamos coger.
-Sé nadar.
-El mar no te pregunta si sabes nadar, te absorbe hacia abajo o te lleva a saber dónde.
Algo decepcionada se agarró a la espalda de su padre, éste bajo poco a poco hacia abajo tratando de que no se cayera.
-Pap
-Que.
-Gracias…
Se le figuró una dulce sonrisa, no se arrepintió en aquel momento de haber subido.
-¡Agárrate fuerte!
Edaran saltó desde la mitad del mástil hasta la cubierta del barco, me asusté de aquello aunque la niña disfrutó.
-¡Weejeee otra vez!
-¡Edaran! –exclamé yendo hacia él.- Incitas a la niña a que haga esas cosas.
-A ella le gustan las emociones fuertes
-Pero es una niña y no ve el peligro que corre.
-Solamente se sentía curiosa por aquel punto amarillento, además no ha pasado nada. ¿A qué no?
-No. –sonrió ella.
-Elian no vuelvas a hacerlo. –dije enfadada pensando en lo peor.-
-No ha sido nada mujer, está aquí, viva y coreando. –la dejó en el suelo.
-Lo siento… -dijo arrepentida.
-Capitán… -él se giró al escuchar la voz de uno de los tripulantes. Enseguida observó las nubes de tormenta que tan oscuras y negras se acercaban, con rapidez y escuchando ya casi cerca los aterradores truenos.
-Llévate a los niños abajo y enciérrate en el camarote con ellos. –su rostro era preocupado.
-Sí. Vamos –llevaba a cada uno de la mano.
-Yo me quiero quedar. –dijo Elian sin saber lo que decía.
-Ya sabéis lo que tenéis que hacer. –dijo Edaran arqueando su sombrero. Toda la tripulación se puso en activo, unos recogiendo velas, atando cuerdas a los mástiles, quitando todo trasto que pudiera romper la cubierta y dejando la cubierta totalmente libre para que el agua que entrase no quedara estancada. Él se fue al timón, éste comenzaba a balancearse ligeramente a causa del viento que arreciaba cada vez con más fuerza, la tormenta se venía encima y el barco yacía en aquel momento en mar abierto.
-Mamá… -dijeron ambos a la vez, estaban asustados, abrazados a mí y los tres sobre la cama.
-Tranquilos…, no nos pasará nada. –los abracé aún más fuerte pero yo también estaba asustada.
-¡Capitán con este oleaje no vamos a llegar a Neón!
El meneo del barco hacía enloquecer a más de uno, las ganas de vomitar se hacían presentes pero Edaran seguía frente al timón, aguantándolo lo más fuerte posible para evitar que el barco no se balanceara tanto.
-¡Aguantad como podáis!
La mayoría se amarraron las cuerdas a ellos junto al mástil para no ser arrojados al agua, Edaran era el único que aguantaba el fuerte viento y el agua que sobre el caía.
-¿Mama el papa está bien? –se levantó de la cama sin miedo al balanceo, ella se aguantaba haciendo contrapeso.
-No salgas. –ordené.
-Pero yo quiero ver que está bien.
-Estará bien, no te preocupes. –cuando acabé de decir eso abrió la puerta y salió.- ¡Elian!
Salió corriendo escaleras arriba, lo primero que se encontró fue una ola de agua que la mojó por completo, aún así en la oscuridad de la noche buscaba a su padre.
-¡Papá! –gritó.
-¡¿Niña qué haces aquí?! –exclamaron varios tripulantes que yacían amarrados a los mástiles.
-¡¿Dónde está mi padre?! –el viento se llevaba su voz, apenas se veía con lo pequeña que era mas aún así tenía fuerzas para buscarle. Agarrada a donde podía andaba, mojada completamente y entreabriendo los ojos con tal de encontrarle. En el timón lo vio, las fuerzas aumentaron en ella, creció en su interior el alma de un pirata.
-¡¡Edaran, tu hija!! –gritó Gefree.
Él enseguida la vio pero no podía dejar el timón.
-¡Coge el timón! –lo dejó en manos de su fiel compañero y fue en su busca. Ella apenas tenía fuerzas, el viento se la llevaba, era demasiado pequeña para aquel suburbio.
-¡Papá! –gritó de nuevo cuando lo vio más cerca.
-Tendrías que estar abajo. –dijo cogiéndola.
-No, quiero quedarme contigo. –contradijo ella sin miedo en sus ojos.
-¡¡Cuidado capitán!!
Una hola gigante alcanzó más altura que el propio barco, arrastró todo lo que tenía a su paso. Apenas pudieron sujetarse, el agua se los llevaba con fuerza hacia fuera.
-¡¡¡Papá!!! –gritó ella saliendo disparada hacia el mar. Edaran había logrado cogerse a un hierro pero ella no.
Se levantó buscando una cuerda, su mirada era ardiente. Cuando la encontró se la ató a la cintura y el otro cabo a uno de los mástiles cercanos, cogió fuerzas, corrió y saltó de cabeza sobre la borda hasta caer al agua como un pez. Las corrientes de agua se lo llevaban mar adentro pero con ímpetu conseguía nadar, su mente ya creía que no iba a encontrar a la niña con vida.
Sonrió ligeramente cuando la vio nadar hacia la superficie, aguantando el aire como podía movía brazos y piernas tratando de subir. No se dio cuenta de que la ayudaron, él la sujetó y la subió hacia la superficie.
-¡Vamos subidles! –gritó Gefree subiéndolos junto a los demás, ignorando la tormenta y salvando a su capitán de la muerte por congelación.
Cogieron a la niña una vez estaba en la borda, luego a él lo ayudaron, la sensación de falta de aire aún la tenía. Por desgracia había entrado agua en ella, yacía inconsciente sobre cubierta. Él sin recobrar fuerzas le hizo entrar aire en sus pulmones, una y otra vez hasta que la niña tosió y sacó el agua.
-Papá… -se incorporó hasta ponerse de pie, su padre estaba demasiado cansado, respiraba forzosamente y apenas se aguantaba de rodillas.
-…no lo hagas nunca más… -logró balbucear.
Lo abrazó sabiendo que si él no hubiera estado allí hubiese muerto ahogada. Edaran la abrazó también, orgulloso en parte pero también enfadado por su comportamiento, tenía ganas de romper a llorar, nunca había sentido tanto miedo de perder a un hijo.
El corazón se me deshizo al ver que la puerta se abría, pensaba ya lo peor pero casi rompo a llorar cuando los veo a los dos mojados hasta los huesos y chorreando agua. Observé a Elian, no se atrevía a mirarme a los ojos, miraba al suelo avergonzada por sus actos.
-No la regañes… -susurró Edaran agachándose.
En cuanto la rodeó con su brazo rompió a llorar desconsolada, no quise regañarla, solamente la cogí en brazos y dejé que llorara, se sentía mal, se arrepentía de lo que había hecho.
-No despiertes a tu hermano… -susurré poniéndola sobre la otra cama. Él estaba dormido. Mirándola con cariño para que dejara de llorar la cambié, si se quedaba con lo mojado pasaría frío y se resfriaría. Al instante cayó redonda en la cama, el sueño pudo con ella y también con las lágrimas.
La cogí con delicadeza de no despertarla, tan rebelde de día y como una santa de noche, mi niña.
-Tengo frío…-musitó en el silencio- Y necesito calor… -su mirada pervertida adivinó sus pensamientos y los míos.
-Vamos a nuestro camarote. –susurré sonriendo mientras cerraba la puerta.
