Siempre tú y yo

Por Sumire-chan

Capítulo 8: Lágrimas y recuerdos

Misao y Aoshi se sentaron en una bella mesita al lado del ventanal que los separaba del pasillo del centro comercial, y de donde tenían una amplia vista de la gente que iba y venía. Habían dejado el tema del festival de lado y disfrutaban de unos helados.

- Delicioso... - susurró Misao probando por primera vez su nieve de vainilla - ¿Cómo está Aoshi-sama?

- Bien, Misao. - contestó como siempre frío.

Esa contestación heló el cuerpo de la jovencita, deseaba tanto que el sacara una conversación, pero con esas actitudes comenzaba a pensar que era imposible. Pasó su atención a una señora que pasaba tomada de la mano de una niña pequeña, esta iba riendo. "Okaasan..." recordó inmediatamente. Cuando sólo era una niña su madre solía llevarle a ver las tiendas y luego le compraba un helado del mismo sabor que tomaba ahora, eran esos pocos momentos de tranquilidad que podían pasar, sin remar contra las deudas, sin el trabajo y la rutina. Ella era feliz.

Sus ojos esmeraldas se llenaron de lágrimas ante el recuerdo de que sus padres no volverían, toda una infancia allí...

- Okaa... - susurró a punto de llorar, una lágrima se escapó fugitivamente para morir en la comisura de sus labios.

Esa voz suave sacó a Aoshi de su letargo, se había ido del lugar pensando en otras cosas, cuando sus ojos azulados se fijaron en la mujer que tenía enfrente.

- Misao... - dijo con voz asustada - ¿Qué sucede?

- ¿Mi okaasan no volverá verdad, Aoshi-sama? ¡¡No lo hará!! - dijo como hablando consigo misma y salió corriendo de allí dejando a su acompañante muy confundido.

Himura alcanzó a pagar la cuenta y salió tras la muchacha de cabello negro azabache, sosteniendo con mucho trabajo las bolsas y en una de sus manos una cajita de terciopelo azulado.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Kenshin estaba parado en la acera de una casita de tejas de color bordó y paredes blancas algo resquebrajadas por el paso del tiempo. Kaoru estaba dentro hablando con sus amigas y él había preferido quedarse afuera esperándola, pero pensando en ella.

Miró los colores del cielo consumirse en un hermoso atardecer, en vez de volver a su casa, él la había convencido de seguir hasta la de sus amigas, sabía que debía extrañarlas mucho. Su mirada violácea se entristeció recordando lo sucedido en el día, la mención de Tanabata, la aparición de Shogo. Todo se juntaba haciéndolo infeliz.

- "Jamás podré olvidarlo..."

Recordaba el pelirrojo con la vista vacía, se había sentido como un idiota esperando bajo un sauce a una muchacha que jamás llegó, que le abandonó allí, con un ramo de flores y un anillo de compromiso. Jamás podría olvidar el sentimiento que aquella tarde le envolvió todo el cuerpo, estuvo a punto de desfallecer allí, esperándola. Por eso, ahora... algo le impedía confesar sus sentimientos hacia Kaoru, temía el volver a sentir el rechazo en la piel.

- ¿Cansado de esperarme? - dijo Kaoru saliendo de la casita con una muchacha tras suyo.

- No, Kaoru, para nada... - dijo él.

- Espero que vuelvan pronto y usted... Himura-san, que pase a tomar té y charlar con nosotras... - comentó graciosamente la muchacha de ojos verdes.

- Será un placer, Magdaria-san...

La muchacha sonrió y se despidió alegremente para volver a entrar en la residencia. Himura se quedó mirando a la mujer que le acompañaba, tenía una expresión de paz en su rostro y estaba seguro que era esa muchachita quien se la trasmitía.

- Esa muchacha... - comentó Kaoru mientras caminaban en dirección a la cabaña - es la hermana menor de Shogo-kun.

- Ah... - dijo él sin mucho interés.

El corazón de la jovencita dio un salto. ¿podía ser que estuviera celoso? Tal vez no eran sólo cosas suyas. Siguieron caminando hasta la playa, donde quedaban sólo unas cuantas personas, los demás habían abandonado el lugar auyentados por la brisa fría que corría, entre ellos Yahiko y Tsubame.

- ¿Dónde se habrán metido? - dijo Kaoru comprobando que en la casa tampoco estaban.

- Maa, Maa... Kaoru, no te preocupes, deben andar por ahí, ya volverán - intentó calmarla.

Ella consideró eso y se fue a cambiar, la cabaña estaba helando.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Megumi y Sano venían caminando solitariamente por la playa, el viento rugía y las olas se balanceaban sobre la arena mojada de forma cristalina, se volvían de un color noche intenso y maravilloso, reflejando en las aguas la figura de la luna.

- ¿estás cansada, Meg? - le preguntó Sano cuando ella bostezó suavemente.

- Un poco...

- ¿Volvemos?

- Está bien, o sino... Kaoru-chan comenzará a preocuparse, la conozco se pondrá histérica - comentó un poco enfadada, a lo que Sanosuke empezó a reir.

En efecto, la furiosa tanuki estaba dando saltos sobre los sillones cuando los enamorados volvieron mientras que Kenshin preparaba la comida, sin borrar su bella sonrisa de los labios.

- Maa, Maa, Kaoru... - decía el muchacho pelirrojo.

- ¡¡¿A estas horas se les ocurre volver?!! ¡¡YA están grandes para hacer estas cosas!! - gritó ella exasperada.

Yahiko, que estaba sentado en un sillón y ya había recibido los retos de la muchacha, ladeó la cabeza a un lado arqueando los labios en una mueca, se estaba muriendo de hambre. Tsubame sonrió, conocía perfectamente esa expresión en el chico.

- ¿tienes hambre Yahiko-kun? - preguntó con dulzura.

- ¡¡¡¡ME MUERO DE HAMBRE!!!! - chilló.

- ¡¡Pues te esperas!!

El reto siguió un rato más, hasta que los humos de la kendoka se bajaron y se pudieron sentar a comer, sin esperar a Misao y Aoshi, que más tarde se tendrían que enfrentar con ella.

- ya verán... - susurró entre un bocado.

- Esperá, Tanuki-chan, piensa que quizás él y ella están hablando de algo importante - insinuó Megumi.

- ¿tú crees? - preguntó dejando de lado el enojo.

- Seguramente....

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Misao estaba sentada bajo un árbol de cerezo, acurrucada y abrazándose así misma, sollozando. Había permanecido allí desde que saliera corriendo de la cafetería y no se atrevía a volver después del papelón que había pasado con Aoshi. Sus mejillas se tornaron rosadas cuando sintió unos pasos cercanos y levantó la vista, encontrándose con esos hermosos ojos azulados.

- Misao... - susurró él.

- Gomen nasai - se disculpó - he sido una baka, perdóneme Aoshi-sama.

- Shhh - dijo con suavidad acercándose a ella, hasta comprobar los dulces de sus ojos - ¿Qué sucedió?

- Esta ciudad... esta ciudad me trae muchos recuerdos, de mi okaasan y también de mi otousan...

Él se cayó las palabras que iba a pronunciar, ella parecía estar sufriendo mucho, no se sentía el apropiado para hablar de ese tema, sus padres también habían muerto hacía tiempo y él se había encargado de la familia Himura, de sacar adelante a sus hermanos y llevar la casa.

- tú.... ¿tienes recuerdos de tus padres? - preguntó Misao con timidez.

- Sí, los tengo... pero... no son recuerdos... sino remordmientos.

Sabía que venía después...

- ¿Doushite?

- Mis padres, Kenshin, Tomoe y yo viajábamos en autobus hacia Kyoto, a buscar a Tsubame que se había quedado con unos parientes nuestros.

- ¿Tienes parientes en Kyoto? Yo también... - dijo ella interesada en lo que Aoshi hablaba.

- Nosotros nos cambiamos de asientos, jugando hacia los más delanteros mientras que mis padres se quedaron detrás. Yo tuve la idea... - recordó con pesar - el colectivo sufrió un accidente, fue de varios vehículos y quedó bolcado mucho más allá de la carreteria, sin duda perdía conbustible. Al estar primeros salimos aterrados, olvidándonos de nuestros padres... sin decirles a nadie... que... dormían al fondo del autobus.

- Demo... tú no tienes la culpa...

- Sí, porque fuimos los únicos concientes... y yo... el mayor... debía avisar, debía decirles que había gente aún dentro antes de que... de que el autobus explotara. Muchos murieron, debí hablar.

- No se culpe Aoshi-sama... culparse no los devolverá... a ninguno de ellos.

Ella bajó la vista, sus ojos estaban colmados en lágrimas y sólo volvió a mirarle cuando su cuerpo se acercó al suyo, uniéndolos en una abrazo tierno y cálido.

- Aoshi-sama... - susurró acercándose aún más a él, deseaba decirle tantas cosas - sus padres... deben estar muy contentos de que ustedes se salvaran, de que usted llevara a sus hermanos a la vida...

Las palabras de Misao eran reconfortantes, llenaban su alma de alegría, de ilusión, de una paz que hacía tiempo no había tenido. Sabía que ante los ojos de muchos ella era una niña, pero ante los suyos estaba una mujer de buenos sentimientos y un corazón noble y puro.

- Misao... - susurró separándose de ella y mirándola directo a los ojos. - "Yo puedo..."

- Debemos volver a casa Aoshi-sama... Kao-chan se enfadará...

Él apretó en su bolsillo la cajita de terciopelo, tendría que esperar.

- ¿volvemos? - preguntó ella.

- Hai, vamos.

Llegaron basatante tarde a la casa, todos ya dormían pero les habían dejado la comida preparada y lista para que pudieran cenar. Misao recogió una nota.

Misao-chan:

Por primera vez no te voy a regañar... cena tranquila con tu Aoshi-sama... supongo que tendrán muchas cosas de que hablar, aprovecha para conocerlo, Oneechan. Espero que todo salga bien con él, mañana será un gran día, de eso estoy segura.

Oyasumi nasai...

Kaoru.

Misao se sonrojo de sobre manera cuando terminó de leer, ¿se trataba de una cena romántica? Ella no deseaba eso, se sentó en su lugar mientras que Aoshi le continuaba mirando sentado en el suyo.

- ¿Cenamos, Aoshi-sama? - preguntó ella timidamente.

- De acuerdo, Misao. - dijo sonriéndole por primera vez - "Mañana será un gran día..."

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

- ¡Qué dulce! Snif... - dijo Kaoru escondida en las escaleras. - ¿no crees Kenshin?

- Sí, Kaoru... - sonrió él siempre dándole la razón.

- ¡¡OIGAN!! ¡¡Dejen escuchar!! - retó Yahiko a Sano y Megumi que estaban... ejem... muy emocionados con el momento. - ¡párense de estarse besuqueando!

- snif... - estaba muy emocionada Tsubame- Ya cállate Yahiko-chan... que Misao y Aoshi nos van a escuchar.

- ¬¬* ¿Yahiko-chan?

- ^-^

- Sshhh - dijeron Kenshin y Kaoru en unísono.

- ¿¿YAHIKO-CHAN??

- ^-^*

- ¡¡¡¿YAHIKO-CHAN?!!!

- :::::::^-^::::::::

- ¬¬* ¡¡¡Cállate ya Yahiko!!! - volvieron a repetir

- ¡¡¡¡¡¡¡¿YAHIKO-CHAN?!!!!!!!

- -____________-*** - todos.

- ¡¡¡¡¡¡¡¡YA VAN A VER MINNA-SAN!!!!!!! - se sintió la voz de una MUY Sonrojada Misao que se disponía a saltar encima de ellos y un diminuto Aoshi que intentaba controlarla.

Fin del capítulo

Bueno, Yahiko le intenta de dar un poco de humor al fic, je, je, bueno, como verán ya va a comenzar a haber un poco más de humor y locura, a cargo de: ¡¡¡¡YAHIKO-CHAN!!!!

Hoshi: ¬¬*

Sumire: bueno, espero que les siga gustando mi adorado fanfiction y me dejen sus lindos reviews que adoro tanto, eh!!!!

Hoshi: ^________^ Pueden votar para ver qué pareja se arma primero en el festival!!!

Sumire: ^___________^ Y también los disfraces que les gustaría que llevasen!! No se olviden de los personajes que les gustaría que reencarnacen!!! Muy importante!!

Hoshi: ^_^ XP y también sus reviews...

Sumire: ^-^* bueh!!!

JA NE!!!

Sumire-chan

miko no ai

Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de