Error: ;_; vivo aclarando errores, jojojo. En fin, de los errores uno aprende. El hijo de Saito no se llama Enji si no Eiji, por suerte, me di cuenta sola, jijiji. ¬¬ creo que nadie se fijo en él. Eiji:;_____; Sumi:¡ya no llores niño!! T_T y te prometo hacerte aparecer nuevamente. Eiji:^_^
Disclaimer:rurouni Kenshin no me pertenece, los personajes han sido utilizados sin fines de lucro, si desean demandar, allá ustedes, pero no podrán sacarme mucho.
Agradecimientos:Ahora voy a agradecer... juaz... A mi cuñada Emi Tachibana, a mi oneechan Maru K. N. De Taokura, a Miyuki Kobayakawa (Que escribe muy kawaii), a Chi2, a Justary, a mi amigaza Kirara26, a Bizcochia, a M. S. Arashi Sumeragi, a Anny-chan (te adoro pero te has ido, eh?), a Gaby (hyatt), a mi apoyo moral y psicológico Kala-chan, a mi oneechan Kikyo-chan, a mi otra oneesan Chiisana Minako, a Kaory Kamiya, a Kiara y a todos los que leen el fic pero no se atreven a dejar review, o no tienen deseos, simplemente GRACIAS.
Siempre tú y yo
Por Sumire-chan
Capítulo 18: "Un relato interrumpido por las llamas del terror"
Okina miró a los ojos de la okashira, era el momento que había estado esperando para decir la verdad y se hacía tan difícil como controlar el carácter de Misao, cosa que ya no podía hacer. Por el contrario de la verdad, que sí debía saberse, por el bien de todos...
- debes hacerlo – susurró Okon en voz muy baja tratando de que Okina hablara de una buena vez.
- Aoshi, Misao... siéntense ustedes también – dijo por fin el anciano – lo que voy a decirles... no es fácil...
Tomó aire profundamente y volvió a hablar.
- Es una historia larga, Omasu, ve a traer té, por favor. Bueno, comenzaré por las partes que me han contado. En Tokio, en un dojo bastante modesto y de pocos alumnos enseñaba una maestra de kendo llamada Kaoru Kamiya.
Las hermanas se sobresaltaron y Misao se confundió aún más. Okina suspiró antes de continuar, les explicaría detalles que le habían comentado, que habia escuchado de las vocas de los que alguna vez fueron Misao y Aoshi, en la era Meiji. Sería como un cuento, que lamentablemente aun no tenía un final.
- su dojo fue desprestigiado, durante la era meiji, por un sujeto que se decía el "Battosai Hitokiri". Fue entonces, cuando buscándolo conoció a un hombre de baja estatura, casi inofensivo, de cabellos rojos y ojos violetas, Kenshin Himura en esa época.
- Lo que sucede – explicó Okon entrando en el tema del pasado de Kenshin – es que Kenshin, durante el Bakufu, había sido un hitokiri que peleaba por el Ishin shishi, y mataba en busca de la creación de una nueva era. Pero un día mató al hombre equivocado, o mejor dicho... al hombre que haría cambiar su vida. Se llamaba Akira... este le logró hacer una herida en la mejilla izquiera. Sin saberlo luego se encontró con la esposa de este. De la que se enamoró profundamente pero tampoco estaba bajo su conocimiento que ella, en principio, sólo quería vengar la muerte de su prometido. Finalmente, Tomoe Yukishiro se terminó enamorando del pelirrojo. Pero un día, cuando el ataque de unos ninjas se acercó a donde ellos habían huído, ella se interpuso entre Battosai y un ninja...
Todos estaban totalmente concentrados, parecía tan imposible pero aunque las relaciones no coincidían los nombres eran totalmente verdaderos.
- ella murió pero antes le trazó una segunda herida, de la que se formó una cicatriz en forma de cruz. Después de esto, Battosai se llamó únicamente Kenshin Himura y bagó por todo Japón ayudando a gente, recordando desde que se escapó de la casa de su maestro, del que le había salvado cuando niño... – suspiró – Seijuro Hiko.
- ¬¬** ahora entiendo porqué te gusta esa parte – la miró desafiante Okina – en fin, Kenshin y Kaoru se quedaron viviendo juntos y más tarde, por diversos acontecimientos, se unieron al grupo Sanosuke Sagara y Yahiko Miyouhin.
- ¡¿No me digan que yo también estoy metido en todo esto?! – se quejó Yahiko enfadado, le costaba creerlo.
- lo siento... – agachó la cabeza Okina, ese era una planteamiento que temía bastante, de parte de cualquiera, después de todo, él los había involucrado – llegamos a la parte que más me interesa. De alguna manera, este grupo terminó involucrado con una mujer que pedía auxilio, llamada Megumi Takani. Ella estaba bajo el dominio de un traficante de opio que necesitaba que la doctora lo fabricara, por eso la tenía prisionera, su nombre era Kanryu Takeda.
- "Kanryu..." – pensó Megumi abriendo grandes los ojos.
*~*~*~*~*~* Recuerdo *~*~*~*~*~*
Megumi salía del dojo bastante feliz, llevaba un paquete en sus manos y una sonrisa esculpida en su rostro.
- le daré una linda sorpresa – susurró para sí misma mientras se dejaba llevar por las calles hasta la casa de su actual pareja. Ese mismo día, cumplía cuatro meses de estar saliendo, y ella pensó en llevarle su regalo, perfectamente envuelto y como toque personal una bolsita en su mano. Y un pastel pare celebrar. Ella misma lo había hecho.
Llegó a la puerta de madera castaña y tocó varias veces, nadie atendió. La puerta estaba abierta y sólo fue cuestión de dejar el paquetito en la mesita de la sala de estar e investigar por la casa. ¿Dónde podría estar? Era bastante temprano, quizás aún dormía.
- "mejor"– pensó Kamiya con la intensión de sorprenderle.
Abrió la puerta de la alcoba lentamente por si el muchacho se estaba vistiendo. Sus ojos se agrandaron, su mirada se le nubló totalmente y comenzó a sentir las lágrimas acariciando sus pestañas, pero jamás cayeron. Se las enjugó rápidamente mientras iba en busca del pastel y se lo estampaba en la cara del dormido joven, despertando también a la que yacía a su lado.
Le miró con odio y salió de allí, llevándose también el regalo. ¡¡Él no merecía nada de ella!! Ya en las calles, las lágrimas pudieron caer despreocupadamente por sus mejillas.
*~*~*~*~*~* Fin del recuerdo *~*~*~*~*~*
- Kanryu había metido en todo este conflicto a integrantes del Onni, eran cinco y su líder y okashira que en ese momento era Aoshi Shinomori. La batalla terminó y Hannya y los demás murieron salvando a su jefe. Aoshi comenzó a vagar, casi convirtiéndose en un rurouni que sólo buscaba el título del más fuerte, intentando vencer a Kenshin quien le había quitado ese título. Así, pasó el tiempo, y fue momento de la aparición de Makoto Shishio... él... hizo que los encuentros se fueran llevando a cabo...
Okina comenzó a relatar entonces, cuando Kenshin se reencontró con Saito luego de años, la despedida que comenzó arrancando lágrimas a Kaoru y su novio tuvo que acercarse a abrazarla, susurrándole al oído que él nunca haría eso. Realmente el Himura de ahora, no tenía el peso de sus pecados sobre su cabeza ni la responsabilidad de velar por una era nueva. La aparición de Soujiro, totalmente desconocido para Misao. Cada una de las batallas... que habían dejado marcas profundas en el antiguo Kenshin, y que ahora... se sentía limpio, limpio por un amor.
Cuando llegaron al final de los echos, el cielo comenzaba a matizar rojizos y Okina acababa de explicar el regreso de Enishi en busca de venganza.
- luego de todo eso... ¿Paso algo más? – preguntó Megumi asimilando lo que esa historia intentaba decirles. ¡¡Ella era una reencarnación!! Ni más ni menos...
- sí, la batalla para los ninjas en Kyoto comenzó y Aoshi y Misao, finalmente estaban juntos. Creo que no explicaré cómo lo lograron – los dos aludidos se sonrojaron – ellos salieron a proteger a la Onni y nos dejaron aquí. Escondidos, creo que fueron demasiados astutos, porque en ningún momento pudimos soltar las vendas que nos ataban. En fin, ellos murieron en la lucha. Y todo el Aoya estaba destrozado por lo que buscamos en Tokio a Kaoru Kamiya para informarle que su mejor amiga acababa de fallecer. Los años habían pasado... y nuestra sorpresa fue enterarnos que Kaoru y Kenshin estaban muertos y tenían un hijo, Kenji Himura...
Kaoru abrió grandes los ojos, ¿un niño? ¿De ella y Kenshin? Entonces su vida no sólo estaba unida a él por un pasado de siglos atrás, si no también por un hijo que debía, quizás, nacer en otra época.
- entonces, nos informaron que a las afueras de Kyoto vivía una bruja, jamás había escuchado algo así, pero... – Omasu se entristeció - ¿Qué mas podíamos hacer? ¡La vida había sido tan injusta con todos ustedes! Ella se ofreció a revivirlos, pero años muchos más tarde y a nosotros darnos la oportunidad de vivir hasta que ustedes volvieran.
- ¡¡Esto es increíble!! – gritó Misao enfurecida, viendo con cierta melancolía el cielo oscuro y amenazante a llover – Simplemente no puedo creer...
- lo sé – le dijo Okina – pero es la verdad. Ahora... el tiempo para nosotros comienza a correr de nuevo.
Un silencio se hizo material en la cocina donde todos continuaban reunidos, Misao sintió una mano apoyándose en su hombro, se trataba de Aoshi. Obviamente sabía lo que él quería decirle. Se acercó a la mesa y dejó allí los dos cofres de recuerdos.
- no... – susurró okina temblando y miró los objetos. ¡Había buscando eso por tanto tiempo!
- La antigua Misao debe haber querido que lo tuvieras así como el cofre de Aoshi que ya estaba entre tus cosas. – explicó Misao besando la mejilla de su jiya y saliendo con rumbo desconocido. Seguida muy de cerca por Aoshi.
- voy a salir a caminar, esto ha sido mucho por hoy – dijo Megumi saliendo seguida de Sanosuke.
- ¿Kenshin? ¿Estás bien? – preguntó Kaoru viendo la cara de su novio.
- ¿vamos a caminar un poco? ¿Si?
Ellos tambien se marcharon. Tsubame y Yahiko salieron al patio a ver el cielo estrellado como años atrás lo habían hecho él y sus amigos desde el tejado del Aoya. Ayudó a la pequeña a subir por las tejas y se sentaron admirando las estrellas. Omasu preparó nuevamente té y se sentaron a conversar.
- después de todo... no ha sido tan malo – susurró Okon.
- creo que han entendido, y soy feliz por ello. – le respondió Okina – además, no nos reprocharon nada. Lamentablemente... aún queda una batalla...
- Utao...
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Kaoru y Kenshin se sentaron en la banca de una plazoleta, la mirada violácea del joven estaba perdida y desconcertada aún por todo lo sucedido. Diablos, habían pasado tantas cosas en su pasado y él había sido, en su momento, culpable de muertes, sufrimiento a Kaoru que ahora ella compensaba, en un futuro, con un amor dulce e intenso. ¿Qué podía decir él de eso? No era justo. Ella le entregaba su corazón con facilidad, con el deseo de lo arrimara al suyo y se fundieran en un beso, pero su corazón, después de todo, su alma, estaba enrojecida con las sangres de muchos. ¡Las cosas no cambiaban a pesar de haber renacido!
- Kenshin – le habló la kendoka con voz suave.
- es tan raro, Kaoru. Pensé que el haberte conocido había sido un juego del destino y realmente lo fue... ¡¡y me parece maravilloso!! Aún así... hay personas que ahora son amigos míos y antes... fueron enemigos. O personas, como Tomoe-chan y Akira, que yo mismo maté – hizo una pausa - ¿Lo entiendes? ¡Maté a mi hermana! ¡¡Y a Akira!!
- ¿Porqué no puedes dejarlo en el pasado? Ahora ya no... eres Kenshin Himura y no me importa el pasado... – ella le había hablado como en los viejos tiempos y una sensación de dejavú invadió a ambos - ¿Puedes entenderme?
- Mi Kaoru-chan – le susurró Himura tomándola en brazos, acariciando su cabello sedoso que aún... olía a jazmines. – siempre has sido así y te amo por ello.
- también te amo, Ken. – sonrió.
Se besaron amorosamente, con la pasión que los caracterizaba. Ella undió sus manos en el corto cabello rojizo y abrió sus perlas azuladas para mirar lo violáceo profundo que tanto amaba. Su mano acarició tiernamente el lugar donde tiempo atrás se ubicaba la cicatriz en forma de cruz. Y aunque entonces ella amaba esa cicatriz sabía que no quería volver a verla, porque para Kenshin había significado sus pecados.
- Ken... – le llamó despegándose de su pecho.
- ¿mmm?
- sabes, yo recuerdo mi propia muerte.
- ¿nani? – la miró incrédulo, su actitud era dulce y pasiva.
- recuerdo tu llegada, y tu muerte cuando desapareció la cicatriz en forma de cruz – le acarició la mejilla – y luego la mía propia... a tu lado.
- Oh! Kaoru, no recuerdes eso – sonrió para sí mismo – vive el presente y no el pasado.
Ambos rieron antes de entregarse a nuevos besos y caricias. Para Kaoru representaban que había logrado ese cambioen Himura, que ya no sufriría por muertes que cometió, algunas, por equivocación, y otras, por una nueva era que todos los samurais pretendían construir en aquella época. Ella estaba segura, que en esa época, él debió de haber renunciado al Bushido, aceptándola como mujer, como esposa, haciéndola sentir la alegría de la maternidad. Y en el presente, él quizás lo haría, porque ya nada los separaría jamás.
Para Kenshin, significaba que podría olvidarse de lo que alguna vez lo rigió, de lo culpable que se sentía al no tener el suficiente valor como para cumplir con su honor y tomar con sus manos una kodachi y empuñarla, sintiendo como en el seppukku se perdonaban sus pecados. Pero no así tuvo que hacerlo en esa época, si no... que fue aquella mujercita de ojos azulados y cabellos negros envueltos en un aroma a jazmines quien le brindó la oportunidad de construir un nuevo castillo, una nueva vida, la misma jovencita que llenaba su actual existencia con la más pura aura y el más eterno amor...
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Aoshi se sentó al lado de Misao, desde donde estaban podían ver toda la ciudad de Kyoto. Sus miradas se encontraron y ella se sintió atraía por el brazo firme de él, lentamente quedó recostada sobre su amado. ¡Había deseado tanto tiempo estar así! Pero las batallas que se avecinaban y el torrente de emociones les impedía totalmente hacer lo querido. Ella miró el cielo estrellado, la oscuridad era profunda y el silencio aterrador.
- todo estará bien – se dijo a sí misma lo que Shinomori escuchó.
- "Aoshi Shinomori... ese es mi verdadero nombre... ¿porqué me siento tan bien de volver a poseerlo? Creo que es extraño pero creo que así me siento más cercano a Misao, ambos tenemos un pasado unido"– pensaba Aoshi.
- ¿vuelves a meditar? – preguntó ella mirándolo.
- no, pensaba nada más. No volveré a ser como antes – más que para la joven era para sí esa afirmación, nunca más el ninja frío, renuente a que los demás descubrieran que tras esa barrera de hielo existía un hombre que soñaba, sentía, sufría, añoraba y lo más esencial, amaba. Nunca más...
Él le besó la frente con suavidad y se sumergió en los estanques esmeraldas, esperando una reacción ante esa mirada penetrante que había adquirido, pero ella sólo le miraba. ¿Qué aguardaba? La mano de la okashira se posó en su mejilla y luego se acercó para rozar sus labios con los de Himura... con los de Shinomori. Sí, su Aoshi Shinomori, su Aoshi-sama. Él correspondió los besos de la mujer que amaba y se entregó totalmente a ella, ya nada los volvería a alejar, ahora se sentía estúpido, al pensar que la meditación y la corrupción que sentía ante sus actos, le obligaban a alejarse cada vez más. Pero ya en esos momentos, extrañaba sus sonrisas cuando ella misma se apartaba de su lado, añoraba retenerla en sus brazos, por minutos... por horas... ¡¡Por años si era posible!! Si toda la eternidad confulaba para que ellos dos estuvieran juntos, no desperdiciaría esa oportunidad, que hacia años, le habían arrebatado de las manos, como una cortada sangrante.
De pronto, una explosión los sacó de su momento. A lo lejos, en la total oscuridad se podía ver una columna de humo emerger de los edificios, y el rojizo intenso reflejarse por entre ellos. Misao se avalanzó fieramente montaña abajo y Aoshi la siguió preocupado.
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- ¡¡¿Qué rayos está sucediendo?!! – preguntó Sagara llegando al Aoya agitado, su mirada se oscureció al ver a Seijuro allí y también a Saito. Ahora le recordaba y al mirarle le veía conocido también.
- uy, mira quién llegó el cabeza de pollo – dijo sarcásticamente el lobo de mibu.
- No, no, no comiencen a pelear – intentó detenerlo Megumi tomándolo del brazo, no era suficiente con Seijuro que ahora también aparecía Saito. Se aferró a su novio y lo condujo a la cocina del Aoya, esperando encontrar allí a Okina.
Entonces, Kenshin y Kaoru llegaron también. Ella fue directo a tomar su arma y a llamar a Yahiko que continuaba en el techo observando como la ciudad de kyoto se envolvía en llamas.
- deben ser los ninjas – explicó Okina saliendo de su cuarto - ¿Dónde está Misao?
- ¡¡¡Aquí estoy!!! – gritó entrando por sus kodachis, ella no perdería tiempo. Saito la vió con una sonrisa sarcástica mientras comentaba algo de 'comadrejas desesperadas por defender Kyoto' y quién sabe cuantas cosas más.
La okashira tan veloz como entró salió corriendo sola porque Shinomori aún no encontraba las suyas, todos iban a pelear. Sanosuke besó a Megumi advirtiendo a Hiko que era sólo suya la mujer y también despidiéndose antes de correr al centro de la ciudad.
- ¡¡Vamos Yahiko!! – gritó Kaoru llevando dos envoltorios, los destapó suavemente y entregó al muchacho su nueva shinai mientras que ella sacaba una espada verdadera, solo que como la que Kenshin solía usar, tenía el filo invertido.
- ¡Kaoru! – se asombró el niño – eu, yo quiero una también.
- je, je, algún día mandaré a hacer una para ti.
Ambos salieron detrás de Himura y esperaron en una esquina a que Aoshi les alcanzara, su expresión era preocupada y por detrás de esos ojos azul hielo bastante suavizado se encontraba un hombre nuevo. No era el Aoshi de tiempo atrás, ahora finalmente el amor le había golpeado el pecho obligando al corazón a tomar el control.
- ¡¡¡Vamos!!!! – gritaron Omasu y Okon en unísono acomodándose sus trajes, llevaban sus armas. También Saito y Hiko las siguieron.
Sólo quedaron en el silencioso Aoya, las figuras de Okina, Tsubame y Megumi, observando con impotencia el no poder hacer nada.
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Misao distinguió entre la gente que huía desesperadamente, aclamando por que detuvieran el fuego de sus casas, el brillo de una espada, y a un hombre de traje de ninja embistiéndola contra las personas.
- "¡Maldito!" – pensó la okashira corriendo hacia el sujeto y avalanzándose con una barrida, le hizo trastabillar y quedar en el suelo, algo aturdido pero pronto estuvo de pie mirándole amenazadoramente.
- oye, ¿no eres Kamiya? – preguntó él sonriendo sarcásticamente mientras envainaba su espada cubierta en sangre.
- eso no te incumbe – susurró ella furiosamente – no te queda mucho tiempo como para aprovechar esa información.
El Kirokeshi desenvainó la katana y se colocó en posición de pelea esperando a la ninja. Ella se extraño de que un ninja usara una espada como si se tratara de un hitokiri o un espadachín común y corriente, pero no tuvo ocasión para pensar en ello, porque prontamente tuvo al onmitsu sobre ella.
La joven okashira tenía el punto débil de no haberse entrenado lo suficiente con la espada, y esa fue la razón para que minutos después sus kodachis cayeran a un costado. Y la katana del sujeto apuntara su garganta.
- ¿Qué decimos ahora? ¿mmm? – le pregunto con sarcasmo viendo en sus ojos reflejados el temor y la ira.
- callate maldita sea – masculló mirando hacia otro lado. Si ese sujeto la asesinaba, cuando acababa de descubrir que le habían otorgado una nueva vida, otra oportunidad, no quería verlo. No quería saber cuál era la expresión de su asesino.
- ¡¡Dejala!! – gritaron a sus espaldas y la espada tanto como el sujeto cayeron bruscamente al suelo. Misao se acercó a verle, estaba muerto.
- gracias... – susurró todavía sorprendida por la fiereza de Aoshi.
Él le alcanzó sus kodachis y entre los dos, siguieron observando el lugar. El líder, Utao, debía estar cerca y esta vez, Shinomori no intervendría en la batalla que era solamente de su Misao.
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- ¡¡¡AUXILIO!!! – gritó una mujer asomándose a la ventana, intentando que el grupo de bomberos voluntarios le oyeran, ya que se encontraban bastante cerca.
- debemos ayudarla – dijo Yahiko entrando en el edificio.
- ¡¡Espera Yahiko!! – intentó en vano detenerlo su maestra en el kendo. El niño seguía siendo el mismo cabeza dura de siempre, pero ella no quería cambiarlo, quizás su fortaleza provenía de aquel carácter – vamos, Kenshin, dejemos que Yahiko se encargue.
- ¿De verdad? ¿Estás hablando en serio?
- sí, vamos.
El humo dificultaba la respiración y también la visión del muchacho que subía las escaleras de piso en piso, casi despoblados a excepción de algunas personas que ayudó a bajar. El fuego convertía la edificación en un infierno, las paredes parecían temblar y había muchas de ellas que se habían caído. Yahiko subió su tercer piso y sintió un llanto infatil en un cuarto.
Entró dificultosamente, las vigas del techo habían caído sobre el tatami antiguo, que ya casi no se usaba en las viviendas y que se incendiaba arduamente, las cortinas se habían prendido fuego y la ventana estaba totalmente rota. Se adentró más en el departamento sintiendo los gritos en el pasillo del piso, finalmente, encontró en un cuarto pequeño a una niña escondida bajo la mesa. Temerosa se aferraba a un osito de felpa mientras escondía sus pies bajo un largo camisón azulado, el fuego casi la alcanzaba entre las cosas caídas de la habitación.
Se acercó a ella, apartando las cosas con sus piernas hasta que pudo lograr que ella se aferrara a su gi, el mismo que Kaoru le había regalado días atrás. Las manitos tocaron su piel suavemente, ella rozó sus mejillas y le susurró un muy dulce 'arigatô'. Luego, corrió del cuarto y de ese departamento, volviendo al pasillo del piso.
- mami saltó por la ventana, ¿Estará bien? – le preguntó la pequeña tomando su mano. Él titubeó antes de contestar, por eso el vidrio estaba quebrado. ¿Qué le podía decir? Era una niña... y aveces la verdad era demasiado dolorosa para su corazón infantil.
- no lo sé, no la he visto – quizás no fuera lo más apropiado – seguramente sí.
La niña sonrió y se dejó llevar por el siguiente piso, donde estaba la mujer asomada aún a la ventana, se ataba a ella ya que no podía caminar, su pie estaba amoratado.
- ¡¡Hanako!! – le gritó la señora a la niña.
- Espera aquí – le ordenó Yahiko a su joven acompañante y quitó los muebles que impedían el paso de la mujer, la alzó en brazos con cierta dificultad y finalmente los tres salieron hacia el exterior. Los siguientes pisos estaban ya vacíos, la gente se arrojaba sin soportar el fuego o se armaban de valor para bajar las escaleras y escapar de ese infierno. – ya me tengo que ir.
Hanako le miró confundida.
- ¿y yo que haré?
- Esta señora te cuidara, ¿no es así?
- no lo sé, yo... – titubeó mas la mirada de Yahiko le fue suficiente para aceptar y llevarse a la pequeña hacia el lugar donde estaban los refugiados. Un edificio bastante lejos del fuego, donde algunos bomberos vigilaban que el fuego no se acercase.
Yahiko las miró irse y salió corriendo, aún, el infierno, no terminaba...
Fin del capítulo
Bueno, ha sido todo un cap. repleto de acción, romance y en el próximo les prometo mucho más. Y una SORPRESOTA gigante y estupenda, no me pregunten de donde saqué la idea, pero ya verán que a todos les gustará. Ahora sí, paso a los reviews:
Gaby (hyatt):te explico que sólo quienes pudieron ver como la bruja los revivió, a algunos, recuerdan lo sucedido. A la llegada de Shougo y los demás, bastante próxima por cierto, se resolverán algunas dudas que todos deben tener, porque ellos explicarán cómo les llamaron y el resto de las cosas. Ok?
Kirara26:te cuento, amigaza, que tengo que prepararme bien con las calificaciones desde acá porque quiero estudiar Astronomia y Zoologia, ambas materias requerirán mi esfuerzo. Y la primera sobre todo, así que tengo que estudiar bien para tener buenas notas y que me admitan con un buen promedio en la facu. Uf... con solo decirlo me parece largo. Pero en fin, me gusta eso de tener una carrera y mi sueño está escrito en siglas: N.A.S.A. Pasando al tema de mi viajecito, pasame tu tel. por e-mail así te llamo cuando esté por ir para allá, o cuando haya llegado y nos vemos, sip? Además, te debo la info de Feng Shui, estoy pasando algunos datos a un doc. de word así te los puedo mandar, cuando termine te la paso. En cuanto al fic... bueno, Okina podrá despejarte algunas dudas y las que queden las despejarán los demás cuando lleguen.
Bizcochia U-u:sabes pola-chan, me volví loca con esa parte de Saito, ¡¡No sabía como hacerlo aparecer!! Pero luego leí un informe del Shinsengumi donde hablan del verdadero Hajime Saito, (que si existió, jeje), y cuentan que se casó con una mujer llamada Tokio Takagi (de ahí sacó las cosas Watsuki), pero su hijo real se llamó Tsutomu, que claro, si tuvieron en la serie pero el nombre del hijo de Saito que yo puse se llamó Enji (en realidad es Eiji y me confundí... bueh! Un error lo comete cualquiera, no?) porque es el niño que Saito rescató cuando él, Misao y Kenshin se encontraba en una aldea que estaba siendo castigada por un sirviente de Shishio. ¡¡No se si lo recuerdan!! Bien, te contaba ese detalle, no sabes la inspiración que me vino cuando leí ese informe, estaba muy bien planteado, además después llegó (sorpresivamente y en forma de cartelito en Yahoo), una información del código Bushido (para ser exacta el código Bushido en sí) y la dinastía Tokuwaba. ¡¡Me re inspiró todo eso!! En cuanto a Misao y Aoshi te tengo unas cuantas sopresas aún, a ver si te gustan... Eso es todo, nos vemos por MSN, sip?
M.S. Arashi Sumeragi:gracias por el review, amiga, ojalá te siga gustando hasta que termine, jeje, y espero que si te haya gustado este cap. Si no entendiste algo, sólo avísame, (igual minna-san!!)
Chi2:tanto tiempo amiga, hacía mucho que no aparecías eh? En fin, actualizo rápido porque ya tengo el cap. 19 hecho, sólo tengo que revisarlo y ya. Me alegro montones que te haya gustado y también volverte a ver por estos lados. Un beso, bye
Ahora...
¡¡¡Eso es todo amigos!!! :::^__^:::
Sumire-chan les deja besos
Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de
