Siempre tú y yo

Por Sumire-chan

Capítulo 19: "Ultima batalla... ¿¿Battosai??"

Misao destajó a un cuarto sujeto, ¿Porqué Utao aún no aparecía? ¿Acaso se estaba ocultando? El maldito debía haber dejado sus ninjas al frente de la batalla mientras él se escondía.

- "desgraciado" - pensó corriendo hacia un callejón, no hacia ni cinco minutos que se había separado de Aoshi al verlo 'entretenido' con una batalla.

Una sombra corriendo por plena calle le llamó la atención y la siguió hábilmente, intentando que no se diera cuenta de su precencia, pero si se trataba de un ninja, seguramente descubriría que lo estaba siguiendo y la llevaría a una trampa, por lo menos eso haría ella.

La sombra se adentró más hacia el resto de la gente que corría y venía, quizás intentando perder de vista a Misao pero no lo logró, porque su viste seguía fija en él. Finalmente, se detuvo.

- ¡¿Porqué me sigues Kamiya?! - preguntó desdeñoso.

- "Utao.." - sonrió sarcástica - ¿Acaso te has quedado solo?

- ¿y qué si así fuera?

- Estás perdido

Él volteó a verla y frunció el ceño, llevaba ropas de ninja bastante raras y una rodela con puas. Se le acercó un poco y ella, por instinto, retrocedió unos pasos.

- ¿Me temes? - rió.

- ¡¡Jamás!! Pero... si vas a pelear es mejor que lo hagas ahora.

Y la lucha empezó, la técnica de Misao era bastante buena pero quizás, la de Utao era mejor, aunque cuando se separaron, él tenía algunos golpes en el rostro y se sostenía fuertemente un brazo que sangraba a causa de las kodachis de la okashira, de su boca corría un hilo de sangre. Ella, por su parte, solamente tenía una leve y pequeña abertura en su mejilla derecha, que escurría líquido rojo hacia su cuello.

- ¿En qué piensas? - preguntó ella sin abandonar su sarcasmo.

- en la mejor forma de hacerte sufrir.

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Aoshi miró en todas las direcciones que pudo encontrar, no había rastro de Misao ni de algún otro ninja, luego pasó la vista del cuerpo inerte de un hombre de mucha edad a su brazo lastimado, le había dado un par de problemas.

- ¡¡Aoshi!! - exclamó la voz de su hermano a sus espaldas.

- ¿Qué te pasa? - le preguntó fríamente, Yahiko, Kaoru y dos sujetos más venían con él.

Uno era alto, el que había peleado con Sanosuke aquella tarde mientras que el otro de apariencia delgada y ojos dorados como los de un lobo.

- ¡¡Hajime!! - gritó una voz alterada en uno de los edificios - ¡¡Auxilio!! ¡¡Salgan de aquí!!!

El de ojos ambarinos salió corriendo a toda prisa y se metió en el departamente desde donde le gritaban, poco después salió empuñando una espada con un estilo que el reconoció como el gatotsu, mientras que protegía a una mujer y dos niños, uno de ellos, se aferraba a una espada de madera, mientras que el otro a la falda de su madre.

- Tokio-dono, ¿Se encuentra bien? - preguntó el antiguo Himura acercándose a ellos.

- sí, no se preocupe - se agachó a la altura del niño que no la soltaba - Tsutomu, hijo, papá está aquí, calmate, nene - él no dejaba de sollozar con sus ojitos cerrados negándose a mirarla - está bien, ya pasará.

- ¿Dónde está Misao? - le preguntó Kaoru a Aoshi.

- no lo sé, nos separamos.

Entonces, sintieron un grito ahogado y corrieron hacia unas calles más allá, donde encontraron la horrible visión.

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- estoy preocupado por Misao-chan - comentó Okina para si tomando un sorbo de té de hiervas, estaba alterado desde que se habían marchado, Megumi estaba en el cuarto continuo, ateniendo a Sanosuke y a Okon que habían resultado heridos, mientras que Omasu descansaba un poco.

Entonces, una mujer de ojos verdes y cabello negro entró en la cocina presentándose con una reverencia.

- soy Tokio Takagi - dijo con voz dulce, y usando su apellido de su soltera, cosa que hacia mucho que no hacía - me ha mandado el capitán Hajime Saito.

Los ojos de Okina se fijaron en el sollozo de una criatura aferrada a la tela del vestido, mientras que otro estaba a su lado, sobreprotector, con un bokken en su espalda, enlazado con un cinto. Su mirada era penetrante, la había visto un par de veces.

- ¿me recuerda, Okina-san? - preguntó la mujer.

- Por supuesto, Tokio, la recuerdo. Siéntese, les traeré algo de comer a sus niños, deben tener hambre.

Regresó poco después, con un plato de galletas que Omasu había cocinado esa mañana.

- ¿Cómo están las cosas?

- trágicas, pero los ninjas se han retirado. Todos fueron a buscar a Misao ahora, que no ha aparecido todavía.

- ¿Qué? Oh rayos... - murmuró.

- Ella... ¿Ya lo sabe?

- ¿Qué cosa?

- lo de su pasado.

- sí, ya se ha enterado, pero ha sido hasta apenas unas horas - le confesó - y me preocupa que no se haya dado cuenta que tanto como sus amigos en Shimabara, son reencarnaciones. Lo que más lamento es que ella se sentirá defraudada.

- ¿defraudada? - preguntó confusa.

- ellos saben la verdad, y la han mantenido oculta durante todos estos años.

- Bueno, no se preocupe, todo estará bien. Miyarai vendrá en unos días, me imagino que para esas fechas, Shougo-san le haya comentado todo.

- ¿Miyarai? ¿Su hermana?

- si, me imagino que vendrá con Shougo-san y los demás, por lo que Misao podrá enfrentarse a ellos.

- va a hacer falta una buena reunión. Muy pronto se acerca el Obon, supongo que podremos juntarnos esa noche.

- oh sí, sería perfecto.

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- ¡¡Misao!! - exclamó Aoshi al ver a las dos figuras cerca, mirándose a centímetros del otro.

La okashira tenía su kodachi penetrada en el corazón de Utao mientras que el disco de punzantes de él, se incrustaba en su estómago, la sangre comenzó a deslizarse por el metal pero ella ni se movió de su posición, sí undió un poco más la espada corta, ocasionando que él gimiera suavemente. La sangre se escapó de sus labios en una tos grave y soltó finalmente la rodela, que cayó al suelo junto a él.

En un intento por apartarla del sujeto patió el arma y se sentó lentamente un poco lejos, el asesino le provocaba repulsión y no deseaba tener contacto con él.

- ¡hermanita! - exclamó Kaoru preocupada, esas eran una de las razones por la que odiaba el puesto que ella ocupaba en los Onniwabanshu.

- estoy bien, Kaoru-chan, no armes tanto escándalo - protestó ella volviendo a ponerse de pie y sosteniéndose con una mano la abertura que ya manchaba su piel con rojo fuego.

- Megumi debe ver esa herida - le recomendó Kenshin viendo como su hermano mayor la tomaba por los hombros, la diferencia de altura ya no se notaba tanto, como quizás lo hacía en otras épocas, cuando él era un hombre de edad y ella, una niña. Aún así, como en aquellos tiempos, el sentimiento prevalecía, el amor era intenso.

- ven aquí - habló Saito con voz gruesa y masculina tomando al sujeto moribundo por la camisa, pero este no le dejo terminar de levantarlo, si no que sacó un cuchillo de la nada y se destajó la garganta. - ahou - susurró lanzando el cuerpo inerte al piso que rebotó un poco - ahora tendré que enviar a mis hombres por ti.

- Saito - lo llamó Kenshin.

- ¿Qué quieres Battosai?

- ya no me tienes que llamar así.

- ¿y porqué no? - pasó a su lado para emprender el camino al Aoya a donde había mandado a su mujer con los niños - Una vez hitokiri, siempre hitokiri.

Kenshin le miró abstraído, con los ojos casi en blanco y el cuerpo entumecido. ¿seria que el pasado volvía a jugarle una mala broma?O que su destino no era la felicidad. Quizás, después de todo, el haber cumplido con su código de honor marchándose a ayudar a la gente, vagando por 10 años había sellado su relación con Kaoru.

- Kenshin - le habló Kaoru viendo que todos volvían, incluso ese sujeto que siempre peleaba con Sano, también su hermana y Aoshi, a excepción de él. Yahiko los miró, debían hablar, él no iba a quedarse a molestar (por primera vez en sus dos vidas).- oi, Ken, ¿qué pasa? ¡¡Kenshin!!

- ¿uh? - la miró confundido - ¿Pasa algo Kaoru-dono?

- oh, no, baka Kenshin - dijo golpeándolo tenuemente con la empuñadura de su sakabatou - no vuelvas atrás.

- ¿por qué?

- ¡¡¡Porque seria una locura!!! - exclamó furiosa - no, no, no me hagas esto, por favor.

- ¿Qué?

- Kenshin, dime, dime la verdad, ¿me amas?

El pelirrojo la miró con confusión, ¿porqué le preguntaba eso?

- sí, con toda el alma, Kaoru. - ella suspiró aliviada al no escuchar el -dono.

- entonces, vive solamente el presente y no dejes que te atormente el pasado, aún cuando ahora lo recuerdes. Ya deja tus pecados, que en otra vida cometiste y que en ella misma te fueron redimidos - le tomo una mano con suavidad - ya puedes vivir tranquilamente, conmigo, y hacer un futuro juntos, como siempre lo quisimos.

- Kaoru...

- ¿mmm?

- por eso te amo tanto - sonrió, y ella pudo ver, tras esos ojos violáceos, toda la seguridad que necesitaba para continuar a su lado - por eso lo hice siempre.

- ahora vamos, ¿si Ken?

- vamos, Kaoru.

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Megumi casi pegó un grito al ver a su hermanita menor en ese estado pero ella con patadas y berrinches logró quitársela de encima y que, por fin, le curara la dichosa herida. Rato más tarde, a pesar de todos los peros que la doctora Kamiya había puesto para que no se levantara de la cama, ella estaba sentada en una de las sillas del comedor. Como muchas veces en su otra vida. Algo la hacía sentir nuevamente tranquila, la guerra había terminado al momento en que su kunai se clavó en el hombro de Utao haciéndolo gemir y dejar caer su rodela, momento que aprevecharon ambos para atacar, él también, ya que al verla avalanzarse sobre él, tomó nuevamente su arma. Así, la situación se volvió a su contra, porque él estaba mucho más herido que ella.

- Misao-chan, debo decirte algo - confesó Okina temeroso, la conversación con Tokio el había abierto puertas.

- oh no, ¿Mas? - rió con alegría - dime, jiya, yo aguanto todo.

- a excepción, claro, de la comida de Kaoru - bromeó Sano ligándose un coscorrón de parte de la joven Kamiya.

- ¬¬;; y aún así te la comes.

- u_u soy un joven necesitado.

- oh, sí, claro.

- ¡¡Shhh!! ¡¡¡YA callénse los dos!! Habla Okina-san - gritó Megumi harta de las peleas de su novio con su hermana menor.

- Hay algo que no saben. - todos le miraron con cara de "¿qué mas?", él asintió levemente y prosiguió - La hermana de Tokio, que ustedes conocen como Miyarai, vendrá dentro de unos días a Kyoto.

- ¿¿Miyarai?? - preguntó Kaoru sorprendida.

- sí, ella es la hermana menor de la esposa de Saito-san. En otra vida, no tuvo nada que ver con ustedes, ya que ella es de la época actual, sin embargo, según lo que Tokio me dijo ella ha quedado emparentada con Shougo-san que sí es de su vida pasada.

- ya me temía yo eso... - suspiró Misao - ¿Shougo sabe verdad? Soujiro y Sayo también.

- oi, ¿y como sabes tu eso? - preguntó Okon asombrada, entrometiéndose en la conversación.

- lo suponía - le contestó - bueno, espero poder verles pronto, mientras tanto, ha sido una noche agitada, necesito dormir.

Eso dio por terminada la conversación y la junta en el Aoya, Saito y su familia fueron conducidos a una habitación, ya que su casa, como las demás, había terminado en ruinas. Seijuro, por su parte, volvería a la montaña, no quería pasar más horas en ese restaurante, donde no le tenían confianza, a excepción de su ex baka deshi que aún intentaba abrazarlo y de Kaoru.

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- ¡¡estoy seguro!! - exclamó un hombre de aspecto cansado, tenía ojeras bajo sus granes ojos azulados.

- está bien, Okita, como tu quieras, pero esta noche...

- y si fallamos...

- ¡¡Callate Itou!! - gritó Okita enfadado - si fallamos el seppukku será nuestra opción, somos ninjas, no nos regirá el código Bushido como a los samurais, pero tengo honor, ya no habrá otra opción.

- de acuerdo, adelante.

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Debían de ser las cuatro de la madrugada cuando Misao se despertó bruscamente, había estado soñando con el día en que Aoshi, Sanosuke y Himura regresaron de la batalla contra Shishio, ahora comprendía esas pesadillas que aveces se tornaban absurdas. Un ruido diferente a los que siempre se escuchaban en el Aoya, la sacó de su ensimismo, se sacó la yukata que llevaba y se puso su traje ninja, aunque no se tratara de nada especial, ella ya no volvería a dormir.

Sacó de debajo de una madera floja en el piso un pergamino (el dichoso plano), lo escondió entre sus ropas, tomó una hilera de kunais de una pequeña mesita pegada a la ventana y abrió la puerta con cuidado. Caminó por el pasillo a oscuras, había algo diferente, un olor raro. Una mano la atrapó de la nada y al atrajo hacia un cuarto. Se trataba de Aoshi.

- Oye, no deberías asustarme así, ¿Sabes? - advirtió Misao ocultando sus kunais.

- lo siento, Misao - abrió la puerta sigilosamente - hay alguien en el Aoya.

- lo sé - susurró asomándose un poco - por eso, tengo que ir.

- es peligroso y estás herida aún.

- ¡Escuchame Shinomori! - de pronto se sintió bien al pronunciar el apellido del ser que amaba - primero, tengo que proteger a mi gente. Segundo, soy una onmitsu, debo recuperarme con facilidad. Y tercero, soy la okashira. Es de MI deber.

Sin dejarle tiempo de decir nada más, ella salió del cuarto, por supuesto, que con Aoshi a sus espaldas. Se acercó a las escaleras y vió una sombra subir peldaño por peldaño sin hacer ningún tipo de ruido, su aura le era desconocida. Rápidamente, sin darle tiempo, salto sobre ella rodeándole el cuello y tirándola al piso. El extraño sujeto murmuró algo incoherente al sentirse derrumbado, se deshizo de su agarre y la pateó con fuerza, pero ella esquivó el golpe.

- ¡oh kamiya! - exclamó él - que bueno verte, porque ahora podrás darme el plano.

- callate, Kirokeshi - gruñó - jamás te lo entregaré, esta bajo mi protección.

- por poco tiempo.

El sujeto prácticamente se manejaba con el kempo. Aoshi se iba acercando por si Misao necesitaba ayuda cuando algo le golpeó la nuca, y sintió que todo le daba vueltas y no se sentía en sí.

- ¡¡Aoshi!! - exclamó Misao y dejó al sujeto, prendió una luz cercana y corrió hacia él.

Shinomori no estaba mal, sólo inconsciente, pero aún así la furia encegueció a Misao, sentía la sangre fluir por sus venas y su mirada se concentró en tres sujetos que habían aparecido bajo la luz. Ni siquiera vió cuando Aoshi abrió los ojos o cuando el resto de los durmientes aparecieron en la escalera.

- les mataré - gruñó con rabia.

- ja,ja, ja, - rió uno de ellos - ¿sólo porque Itou dejó algo inconsciente a tu novio?

- ¡¡Callate!!

- Misao... estoy bien, calmate - le habló Aoshi en vano, ella no le escuchaba.

- morirás, maldito - volvió a gruñir totalmente ciega de lo que hacía, desenvainó sus kodachis de su espalda y todos las vieron brillar intensamente. Su mirada ya no era un matiz verde, si no que se aguaba cada vez más hasta llegar a un blanquecino tan solo comparado al de un demonio.

- "¿Battosai?" - pensó Kenshin en como se sentía cuando su furia llegaba a esos extremos.

De pronto, y de la nada, el rostro siempre sonriente de Miyarai apareció en la cocina del Aoya, le habían mandado desde la comisaria donde trabajaba Saito hacia el restaurante. Sus ojos se agrandaron, ya Shougo le había contado todo pero no esperaba una situación así. El mismo, se sorprendió al ver a la joven Misao mirando sedienta de sangre a los ninjas.

- ja, ja, ¿Está enojada, señorita Kamiya? - preguntó Okita con sarcasmo - no tiene porqué estarlo, ja, ja.

- ¡¡¡¡Callate maldito seas!!!! Te mataré y luego desearás no haberme conocido jamas.

Por una vez en su vida, los ninjas temieron...

Fin del capítulo

¿Quién lo habría dicho de Misao no? Pero bueno, ella es nuestro Battosai de la era actual, jaja. Ya verán como actúa el resto al respecto y como nuestro fic, adorado ;_; snif... dentro de poco termina. Ya vendrán otros, no se preocupen.

No sé qué pasará en el siguiente cap. todo depende de cómo avancen los reviews, a la hora de subirlo, claro. Y en cuanto al contenido... veré como se va desarrollando la trama.

Ahora paso a los reviews:

Gaby (hyatt): ¿porqué lo de Sano? A ver si me aclaras.... y yo te explico. Bueno, gracias por tus mensajes, todos y también en el fic 'La isla' que ya acabé.

Bizcochia U-u: que bueno que te gusto y que el error no fue tan trágico, la verdad, era solo cuestión de corregirlo. Y sí... muchos personajes existieron, te cuento algunas cositas interesantes: por ejemplo Sanosuke era un miembro del Shinsengumi llamado Sanosuke Harada, que estaba en la décima division y según mi opinión en él se inspiró Watsuki-sama porque también Harada hacia las cosas como quería y tenía mucho temperamento. Saito, como sabes, era el jefe de la tercera división, pero no usaba el gatotsu, eso fue invento de Watsuki-sama. Y en cuanto a Soujiro, que era el mejor del Shinsengumi (Es ese que aparece en algún opening o ending junto a Saito, de pelo corto y una cinta en la frente, siempre sonriendo y que parece mujer) y se llamaba Okita Souji, era el más joven del Shinsen y Watsuki-sama dejó su arma, que era la Kikuichi Norimune, bastante larga la espada, además que era muy veloz al usarla. Bueno, él era el mejor y mi favorito del Shinsen, jijijiji. Anunque también me gusta un poco Sanosuke, pero no tanto... como mi Aoshi o mi Ken y mi Sou-chan son los mejores, jejeje. Ya me fui... además, Kenshin también existió, en realidad estaba basado en un asesino llamado Hitokiri Kawakani Gensai, este era el más despiadado y por eso el gobierno Meiji lo mandó a ejecutar, esto fue después de finales del Bakumatsu, cuando la guerra terminó. Es muy triste, no? El también peleaba por ideales similares a los de Ken-san. Como verás, me quedó larguísima la respuesta, me fui contándote cosas, gomen nasai. Para terminar, te cuento que estoy triste porque ví el Seisouhen, y me largué a llorar viendo las dos partes, no me podía detener, además... porque no estoy pasando un buen momento que digamos (tengo unos cuantos problemitas familiares, de salud) así que el próximo cap. va a tardar.

Blue Ningyo: antes que nada, gracias por tu review en mi fic 'La isla', me encantó y espero que a ti te haya gustado la resolución. Y después... ya te perdono, ok? En cuanto a tus preguntas las contesto por orde. 1) es posible que termine el fic cuando acabe todo, o sea... dentro de muy poco, aunque aún faltan cosas que resolver. 2) sip, pasaron muchos años desde la era meiji, es decir... desde que Kenshin y Kaoru murieron (siento si alguien que no sabe esto se está enterando). 3) Saito y Tokio tuvieron esa conseción como el resto, lo explicaré un poco más detallado en el próximo cap. Como ves aparece Mirayai en este y todos querrán saber, ¿qué tiene que ver Shougo y Sayo en todo eso? También Soujiro. Eso se resolverá... ya verás. Eso es todo. Besos.

M. S. Arashi Sumeragi: ojalá te guste este capítulo. Lo de Tomoe ya lo sabía, quizás me expresé mal en contarlo, pero sí tenía entendido que estaban a un mes de casarce cuando Kenshin interceptó a Akira y al sujeto que lo acompañaba, este era su objetivo y Kiyosato era su guardaespaldas, por eso lo mató. Luego, encontró a Tomoe borracha, justo cuando acababa de matar a otro sujeto, la manchó con sangre y ella le dijo algo como 'tu verdaderamente haces llover sangre' y luego se desmayó la muy borracha. ¬¬ En fín, me cae mal ella. Aunque acepto que era bonita y amaba a Kenshin, se escapó de él y por eso murió, además era muy fría la muy... ups, ya me fui de vuelta. Un beso enooooorme Arashi. Y suerte.

¡Eso es todo amigos! ^__^

Sayounara.

Sumire-chan

Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de