Siempre tú y yo
Por Sumire-chan
Capítulo 20: "Una esencia que no encuentra descanso"
- Misao, estoy bien, ¿me escuchas? - intentó en vano Aoshi nuevamente.
La joven okashira se puso de pie empuñando sus kunais entre sus dedos blancos, resaltaban los brillos de los filos a pesar de que la luz ya estaba prendida. Se acercó a una de ellos, lo barrió rápido y se avalanzó contra él. Los otros dos estuvieron a punto de ayudarlo pero Aoshi y Kenshin, más rápidos que de costumbre, se acercaron a dejarlos imposibilitados. Quizás el miedo los hizo más débiles porque cayeron fácilmente y Saito se apresuró a esposarlos. (jamás dejaba sus esposas)
- ¡¡Háblenle!! - gritó el pelirrojo en un estado totalmente extraño.
- pero... ¿Qué le sucede? - preguntó Miyarai. Entonces todos captaron su presencia, excepto Misao que ya acercaba su kunai al cuello del sujeto, totalmente enceguecida.
- canalla... - gruñó - eres un desgraciado, pero ahora pagarás lo que hiciste. Por traidor y demente.
- no,no, no, ¿Qué te pasa niña?
- ¡¡¡Niña cualquier ramera!!! ¡¿Me escuchas imbécil?!
Kenshin miró con cierto horror, le recordaba a él, sólo que ella hablaba con ellos, les hería en su orgullo antes de matarlos. Era una buena táctica para que no intentaran nada más, porque estaban asustados.
- ¡¡Díganle algo por favor!! - exclamó nuevamente entre la angustia y la desesperación, no quería que ella fuera como él, que sintiera el olor de la sangre impregnado en su piel y que luego tuviera que decidir si su vida era importante, si era realmente capaz de amar o por lo menos, si lo merecía. - ¡¡Vamos Misao!! ¡¡NO hagas esto!! ¡¿De verdad deseas matarlo?!
- ¡¡Callate!! ¡¡Tu no entiendes!!
- Sí, si entiendo. Recuerda... yo ya fui Battosai.
- ¡¿Y qué con eso?!
- que no vale la pena - bajó el rostro - arruinarás tu vida, y la de los seres que te aman - volteó a ver a Aoshi.
Shinomori, su verdadero apellido, se acercó lentamente a Misao, hasta ver de cerca sus ojos esmeraldas, convertidos en dorados en ese estado casi inconsciente. Pero si tenía suerte, quizás la verdadera 'Misao' aún estaba allí. Tomó la mano del kunai y la alejó, ella se dejaba mover con tranquilidad, observando quieta al sujeto. Él tomó el rostro de su mujer y le dedicó una sonrisa clara como el agua, especial, justamente hacia ella.
- M-Misao... - susurró - yo te amo, no hagas esto. No cambies esa pureza que siempre, en las dos épocas hubo en ti. Siempre tan ingenua, tan delicada, tan especialmente rebelde, siempre... dejándote ser.
- ya no soy así - dijo esta en una voz muy queda, apenas oíble, ligeramente fría, seca.
- no, yo sé que hay aún una Misao dentro tuyo. La que yo amo, tu solo eres Battosai. Aunque... no me importa.
- ¿No te importa que yo sea una asesina?
- no, no si estás junto a mí y dejas de serlo. Yo te amo por ti... con tus defectos y virtudes. Battosai es solo algo más de ti.
Misao se puso de pie, sus ojos mostraban un leve verde entre lo dorado. Él también se levantó sin soltarle la mano.
- ¿virtud o defecto?
- no lo sé... que sea lo que tiempo requiera.
- es imposible, el amor no sobrevive a las ansias de sangre que el corazón lleva ocultas, y eso... no cambiará jamás, ni en décadas - pronunció Misao alejándose del sujeto y de Aoshi.
Se puso de pie velozmente y salió corriendo del Aoya, todos la miraron en un estado de confusión, hasta que las piernas de Shinomori volvieron a funcionar, y se sintió, ligeramente apto para salir en su búsqueda. Afuera, la calma reinaba, las nubes grises acompañaban a las suaves y minúsculas gotas que comenzaban a caer sobre él, todo estaba oscuro.
Sintió unos sollozos cercanos y se encontró a la joven Kamiya, Makimachi en otros tiempos, recostada en una pared, los kunais olvidados en el suelo asfaltado, ya húmedo. Las lágrimas se deslizaban como ríos por sus mejillas levemente sonrojadas y sus ojos estaban opacados, aún dorados. ¿sería la primera vez que Battosai lloraba?
Él se acercó a ella, silencioso y muy lentamente, temiendo cualquier reacción.
- ¿Porqué? - preguntó ella mirándolo - la gente no tiene que amar a un espíritu que desea sangre. Ore jamás cambiará.
- ¿Battosai? - quiso saber de manera inconsciente, recordaba, aunque con cierta dificultad, que en la era Meiji quien se refería a sí mismo con ore, es decir el 'yo' vulgar, impersonal era el mismisimo Hitokiri Battosai, por el contrario de Kenshin que hablaba con Sessha. - ¿Porqué haces esto?
- ¿es que no entiendes? Las preguntas están demás, hay verdad y hay mentira. Y todo esto es mentira.
- es cierto, no comprendo.
- Kenshin fue parte de mí y ore fue parte de él. Si el espíritu de Himura sobrevivió a las eras y llegó a la actual, ore también podía hacerlo. Lo logré, sí. Mas estoy confundido. En la época actual ya no hay porqué luchar, no hay sangre... hay... otras cosas.
- ¿otras cosas? - se sentía confundido, de pronto estaba hablando con un asesino y ¿su misao?
- para un Samurai, la era Meiji, o la Tokuwaba, eran perfectas, en aquellos tiempos siempre había para luchar, asesinar, sí... ser un hitokiri, cosa que ore es. En cambio, si en esta época no hay, ¿qué será de mí?
- "hasta un asesino puede estar confundido" - pensó Aoshi entendiendo la incertidumbre de Battosai. Se decía, según lo vago que recordaba, que los Samurais seguían su código de honor, es decir el Bushido, y que no había matices grises para ellos, que la lucha era imposible de escapar, pero en esa éra... donde la lucha casi no era necesaría. ¿Qué haría un asesino? Con sinceridad no había lugar para uno. El único escape a ello era... ¡¡Un momento!! Si la única solución para un Samurai sin dueño y sin lugar en la época, sin nada que lo atase a ella, o bien.. que había cometido algún acto indigno era el seppukku, es decir, el suicido... ¡¡Pero Battosai era solo una esencia!! Si lo que estaba pensando era cierto...
Entonces, Kenshin y Kaoru salieron fuera, seguidos de los demás, que a duras penas entendían lo que sucedía. Misao caminó un poco y los miró desde sus ojos dorados, su mirada era muy triste, como nunca antes se había reflejado, una sonrisa se curvó en sus labios.
- ya no queda espacio para ore en esta época - explicó - lo mejor será...
Y no dijo más, simplemente corrió, mientras la tormenta se hacia más intensa, Aoshi la vió de la misma manera que antes, sin poder hacer nada, corriendo lejos de él. Finalmente, sus piernas volvieron a responder y él también corrió, hacia ella, no le llevaba mucha ventaja, pues sus piernas eran bastante cortas comparadas a las suyas. Es decir, podría alcanzarla con tranquilidad.
Kenshin suspiró, lamentándose que todo ese problema, fuera, en última instancia, su culpa. Kaoru lo rodeó con los brazos y él se dejó caer al suelo bruscamente, soltando algunas lágrimas. ¡¡Maldita esencia!! ¡¿Porqué se le ocurrió aceptar esa propuesta cuando solo era un niño?! Si él no hubiera escapado de su Shishou esas cosas jamás habrían sucedido, pero... tampoco habría conocido a la mujer, en cuyo pecho se undía, sintiéndose acariciado por sus suaves manos, que bien se sentía.
- ssshh... Kenshin, escucha, nada de esto es culpa tuya, deja de pensarlo. - le dijo sabiendo perfectamente lo que sentía.
Himura levantó la cabeza muy lentamente, todos habían entrado a la casa, sin poder hacer nada, se fijó en Kamiya, los cabellos se apegaban a su rostro, algunos a sus hombros y a sus brazos que salían de una yukata tradicional, que solía usar ella para dormir, sus manos se deslizaron a su rostro, rozándolo, brindándole una calidez que contrastaba con la intensa frialdad de la lluvia torrencial. Miró a la lejanía por la que su hermano había desaparecido y luego volvió a Kaoru, ella le sonreía... a pesar de que su hermana era la que estaba a punto de...
- Una vez ya estuvimos así, solo que la lluvia era más bien una afloración hermosas de flores de cerezos. ¿recuerdas? - él asintió - Kenshin, ¿me amas?
- ¿Cómo me pregunta tal cosa Kaoru-dono? - preguntó confundido, antes de notar lo que decía, ella le golpéo suavemente la cabeza.
- baka Kenshin, no voy a repetirte nada respecto a ese maldito -dono, lo único que me falta es que comiences a escupir oros - pareció pensarlo - oh no, ni se te ocurra - rió un poco, contagiándolo - te amo mucho Kenshin Himura y sé... que en épocas pasadas te amé también, quizás menos... quizás más, no me interesa ahora realmente. Lo que sí es de importancia, es que tu recuerdes que nada de lo que ocurrió ha sido tu culpa, y que tu me debes algo.
- ¿qué cosa?
- amarme... y quedarte conmigo, prometiste volver... y claro, lo cumpliste pero me dejaste nuevamente y como fue cuestión de tiempo para que nos volviéramos a reunir, es hora ya que me cumplas la promesa de quedarte siempre.
- Kaoru, eres una mujer maravillosa - susurró antes de volver a undirse en su pecho, con pequeñas y tan simples palabras ella lograba que todo su mundo encontrase paz, era la única que podía lograrlo. - por eso te amo tanto. Voy a cumplir ahora, tu sabes que los Samurais no necesitamos prometer nada.
- lo sé y aunque tu ya no eres uno sé que llevas el alma de uno. Para mí, que lo digas es suficiente, seas o no un guerrero.
- gracias, Kaoru - había necesitado oír eso.
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- Realmente no entiendo nada - dijo Miyarai recibiendo una tasa de té de parte de su hermana mayor. Shougo le apretó la mano por debajo de la mesa antes de dejarla tomar la tasa.
Todos pensaron que ambas parejas podían arreglar perfectamente sus conflictos y que, a su vez, Aoshi era el único que podía ayudar a Misao, que a nadie más ella entendería tan bien como a él, porque muy dentro, lucharía contra Battosai y lograría volver a ser la jovencita alegre de siempre. Era solo cosa de que usaran todas sus fuerzas.
- Shougo ya me había explicado todo - prosiguió - pero yo no esperaba encontrarme con algo así. ¿Porqué Misao se ha convertido en Battosai y no Kenshin?
- debe haber sido una confusión con la esencia - le explicó Okina como buen sabio que era, aunque- ^o^ Oya, Miyarai ¡¡pero que bonita te has puesto!! - bastante pervertido también.
- O///O
- ¬¬ viejo lidibinoso - masculló Shougo.
- ¡¡Okina compórtate!! - exclamó Okon pegándole un coscorrón en la cabeza y haciendo que el anciano comenzara a llorar como niño y los presentes rieran un poco, no les venía nada mal.
Entonces, Kaoru y Kenshin entraron, ambos estaban empapados y él parecía estar mucho mejor que antes, por lo menos, en su rostro ya se observaba esa sonrisita despreocupada y suave que solía tener cuando estaba junto a Kaoru.
- ¡¡Sugoi Jo-chan!! ¡Vienen justo para tomar el té! - exclamó Sanosuke intentando levantar un poco el ánimo. - además está delicioso, y no como el que sabes preparar tu.
- ¬¬ ¿Entonces porqué no te quejas?
- u_u Es mejor no protestar ó.ò a ver si te enojabas y luego no podía comer de la esquicita comida de mi novia.
- Aveces tengo ganas de matarte cabeza de pollo.
- Ah... no es bueno reprimir deseos - explicó cierto maestro de Kendo de gran porte, sonrisa inmensa y ego hasta por las nubes.
- ¿Usted cree?
- ¡¡Estoy seguro!! - exclamó viendo como Kamiya se avalanzaba al cuello de Sanosuke, mientras él gruñía cosas sobre tanukis locos que no sabían comportarse cuando había visitas, refiriéndose a Mirayai, mas esta solamente sonreía, estaba muy divertida.
- "Todos están muy felices" - pensó Megumi sin intención de ayudar a su pareja - "y así nadie se acuerda de Misao..." - sin duda ella era la más preocupada de todos por su pequeña hermanita y no era para menos, pues siempre la había protegido por demás, consintiéndola, ayudándola en el instituto, protegiéndola, siempre había actuado como si de su madre se tratara. Porque era su hermanita... su pequeña comadreja...
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Aoshi corría con todas sus fuerzas, tropezó bruscamente con el barro que se había formado en esa zona boscosa a donde su Misao, ahora convertida en Battosai, había llegado. Sus piernas ya le flaqueaban un poco, ahora que la perdía de vista se sentía un inútil. Se abrió paso entre los árboles cuando vió el brillo que pertenecía indudablemente, al filo de algún objeto.
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- Oya, ¿Y el señor Sonrisa? - preguntó Sanosuke mientras se sobaba el cuello, había sido esfuerzo monumental de Kenshin de separar a Kaoru de su nuca, mientras murmuraba millones de 'maa maa Kaoru' y ella le gritaba que la dejara que aún no acababa de matarlo.
- ¿Soujiro? Estaba aquí hace unos minutos - explicó Sayo intentando excusar a su novio - no sé... él... ¿Dónde se habrá metido?
Fin del capítulo
Aún faltan cosas para resolver, ya verán qué tiene que ver Sayo y Shougo en todo esto, y también Soujiro, ¿ok? Será emocionante, impactante, y además... ^^ el próximo cap. estará lleno de descubrimientos e hiper romance, no se preocupen. Ahora paso rápido a los mensajes:
Gaby (Hyatt): si, Misao se ha vuelto loca, o mejor dicho... se ha vuelto Battosai, ya verás cómo terminará esto. Y Lo de Sano... bueno, capaz fue un error mío a la hora de expresar las ideas.
Justary: mucho K+K, sip, aunque ahora estoy poniendo A+M, mas te prometo hacer espacio para el ex hitokiri y la kendoka, porque son, después de todo, una de mis parejas favoritas. Estoy hiper contenta de que sigas el fic, y además porque hace poco me compre el tomo 13 de RK, que salió aquí en Arg. Jijiji, estoy muy feliz. No veo la hora de buscar el 14... y los anteriores, porque hay algunos que me faltan.
Bizcochia U-u: Bajé los dos caps de tu fic y prometo que cuando los lea te dejo mensaje, sip? Gracias por tus comentarios y bueno... cuando necesites info me cuentas, también te digo que lo del beso no está muy lejos de la realidad que digamos, prometo que todo irá bien, besos.
Eso es todo, abrazos a todos y me siguen mandando reviews, que quiero llegar a los 100 ¿Sipi?
Sumire-chan
Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de
How do you prove that you exist...? Maybe, we don't exist...
