Siempre tú y yo

Por Sumire-chan

Capítulo 21: "Recuerdos... explicaciones...amor intenso"

Los ojos de Misao Makimachi observaron el rostro sonriente frente a ella, tenía una kodachi frente suya, y la otra estaba metros más allá, por su parte, Soujiro empuñaba su Kikuichimonji Norimune que había sobrevivido décadas para llegar hasta la actual. Y pensar que esa noche de invierno, en uno de sus típicos viajes sin rumbo determinado no esperaba encontrarse con aquella escena...

*~*~*~*~*~* FLASHBACK *~*~*~*~*~*

Una figura pequeña se abrazaba a sí misma, llovía, y las gotas frías se deslizaban por su rostro penetrando en la tela que se aferraba a su joven cuerpo, cobijado inútilmente bajo un pino un poco destartalado. Ella estaba llorando...

- Señorita, ¿qué le sucede? - preguntó antes de darse cuenta de lo que decía.

Ella levantó la vista y él se internó en esos bellos ojos verdes, jamás había descubierto tamaña mirada, tan deslumbrante, e intensa. Llevaba días viajando y el cansancio comenzaba a hacerle efecto, se tulló los ojos y pestañeó varias veces, mirándola indeciso. Era una muchachita muy bella, una jovencita que él conocía.

- ¡¡Seta!! - exclamó ella asustada, poniéndose en una guardia reconocida de Kempo.

- Disculpe, señorita Makimachi, ¿verdad? Yo no pensaba en encontrarla, ¿Cómo está usted?

Le miró incrédula, ¿Acaso estaba jugando con ella? Se sintió un poco confundida pero mantuvo la compostura. ¡¡estaba hablando con toda una okashira!! Debía comportarse como tal, por eso mismo había escapado hacia ese bosque, cercano a la salida de Kyoto, para entrenar debidamente y demostrarle a Shinomori que ella era toda una mujer, digna de su confianza y quizás, de su amor. Pero él no lo veía así. Y al descubrirlo, se sintió fatigada, cayendo, bajo la repentina lluvia, en un llanto desconsolado.

- Señorita, ¿Sucede algo?

- ¡¿Qué es lo que quieres Seta?! Vamos, habla.

- No quiero nada, señorita Makimachi...

- ¡Oh vamos! ¿Acaso quiere hacerme creer que pasaba por aquí nomás?

- No quiero hacerle creer nada, pero es precisamente así como sucedieron las cosas. Yo no espera encontrarla y para probarle que no quiero hacerle daño voy al voltearme, esta espada es lo único que me queda del señor Shishio, mas solo es eso, un recuerdo, no pienso utilizarla - la sacó de su cintura y la dejó cuidadosamente a un lado, ante la mirada supervisora de la okashira. - ¿Aún no me cree?

Ella se relajó, bajando su guardia con recelo y sentándose, finalmente, en la hierba húmeda.

- Le creeré - suspiró - mas si intenta algo fuera de lo común, sufrirá con el filo de mis kunais.

- No se preocupe ^_^ le juro que no intentaré nada raro.

- ¿Qué hace por aquí? Ahora dígame la verdad.

- Pues, aunque sé que sonará raro, le diré que estaba pasando por aquí. Hace ya todo un año que estoy vagando, pagando por mis pecados y buscando mis respuestas.

- Como Himura - susurró más para sí que para el sonriente joven.

- Así es, el señor Himura me sirvió de ejemplo. Es un hombre muy honorable. Y ahora dígame usted, señorita, ¿Qué hace aquí?

- Estaba... llorando - concluyó.

Soujiro abrió los ojos de sorpresa ante la confianza y sinceridad de la muchachita. A pesar de ello, sus cabellos negros cubrían su rostro, especialmente su mirada que se aguaba cada vez más.

- Supongo que debe tener una razón muy seria, puede contarme, soy bueno para escuchar.

La joven okashira suspiró antes de comenzar a contarle a Soujiro lo mal que lo pasaba en el aoya junto a ese ser tan frío y estoico, que no parecía contar con su presencia a su lado, siempre intentando arrancarle una sonrisa, aunque sea una muy pequeña. Misao realmente sufría junto a Aoshi. ¡¿Era muy difícil acaso darse cuenta de todo el amor que ella le profesaba?! Realmente no.

- Señorita Misao, puede contar con todo mi apoyo. Yo le daré mis ánimos para que el señor Aoshi se de cuenta de lo que usted siente.

- ¿Pero...? ¿Porqué lo haría?

- Sería una forma de enmendar el daño que pude hacerle a Shinomori-sama reclutándolo para las tropas de mi Señor Shishio.

- ¿aún sigues llamándolo así? - preguntó ella con desconcierto.

- El señor Shishio no es sólo parte de mi pasado, si no también de mi alma y corazón, de lo que soy hoy y quizás de lo que fui en un tiempo.

- No entiendo realmente... mas... me parece bien que no te olvides de mí.

- Es usted una señorita muy linda, Makimachi. - Misao se sonrojó.

*~*~*~*~*~* FIN DEL FLASHBACK *~*~*~*~*~*

Días después, Misao estaba retando a Aoshi a un combate que él no pudo presenciar, partiendo hacia un nuevo viaje, volviendo recién cuando ellos ya no estaban con vida. Ese combate había sido crucial para la relación de pareja que habían intentado formar, pero que el gobierno y sus opositores habían derrumbado con esfuerzos insuperables. Soujiro se sintió mal por Makimachi encontrándola a su regreso fría como el rocío de la madrugada.

Con un rápido movimiento intentó acercarse a Misao, pero ella, siendo ahora una poseedora del alma de battosai era mucho más rápida que él. La batalla comenzó ante el impactado escrutinio de un joven de ojos azules.

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- Quiero que me expliquen algo - dijo Miyarai bebiendo un sorbo de té. Sólo quedaban ella, Shougo, Sayo y Yahiko en la sala. Este estaba haciendo figuras con algunos papeles que había hayado sin encontrar aún otra actividad mejor. Kenshin y Kaoru estaban en un cuarto exclusivo, ella tratando de controlar al nervioso Himura, y él simplemente demasiado alterado por Misao. Después de todo, aquella esencia una vez fue parte de él.

Por otro lado, Megumi y Sanosuke sintieron que el aire les faltaba y salieron al techo del Aoya a observar la oscuridad, aguardando el regreso de ambos jóvenes. Tsubame, más alejada de todos, dormía tranquilamente en su cuarto, ni Yahiko, ni ninguno de los demás, quería involucrarla en problemas como aquellos. Por último, el Onniwabanshu había salido a buscar a Misao, demasiados preocupados por ella.

- Vamos, habla Miyarai - dijo Shougo - ¿Qué quieres saber?

- ¿Cómo llegaron a tener ustedes que ver en todo esto?

- No lo sabemos.

- ¿Qué?

- Yo morí en aquella época - explicó Sayo - tanto para mí, como para mi hermano fue un misterio que yo renaciera, pero supongo que fue un gran milagro de nuestro señor. ¿no les parece? ^^

- No es una gran explicación - se exasperó Miyarai sin poder entender.

- A mí me gusta creerlo así - aspetó la cristiana - además, hay cosas que aveces preferimos no saber.

- ¿Y tu Shougo? ¿También moriste?

- Fallecí en un accidente en Alemania. Pero ya saben, yerba mala nunca muere. - él rió solo - ¿Dónde están ese tal Seijuro? ¿y ese que parece un lobo?

Miyarai se puso de pie observando al jardín.

- Hajime se fue con mi hermana a la jefatura, tenían que buscar no sé que cosas, se llevaron a mi sobrino con ellos - suspiró - y ese tal Hiko... dijo que estaba harto de la poca diversión que había aquí, así que se marchaba a su casa.

- ¿Diversión? Vaya, que sujeto...

La joven pareja de Amakusa miró las estrellas que comenzaban a salir, hacia rato había dejado de llover, y el ambiente era mucho más calmo que antes. No así para los habitantes del Aoya, sede de los Onni, pues las cosas estaban lejos de calmarse. Ella suspiró varias veces, le costaba entender que Misao de pronto se convirtiera en un asesino de épocas pasadas, y a su vez, que había sido Himura. Por otro lado, que tanto Sayo como Shougo renacieran, quizás así lo quería Dios y era como decía la joven cristiana.

Volteó a ver a los hermanos tomar té, y a su lado Yahiko dormía sobre grullas de papel. Se acercó y entre Shougo lo llevaron a su cuarto, pobre niño. En ambas épocas había tenido que aguantar ser un pequeño infante y luchar con las armas que tenía siendo tal. A su vez, había encontrado el mismo romance dulce e inocente dos veces, eso debía ser agradable.

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- creo que fue un gran error pedir que Himura no fuese nunca más Battosai... - dijo en voz alta Omasu, reflexionando - por eso estamos en este embrollo.

- ¡¿Qué ibamos a saber nosotros que si Kenshin no era Battosai otro tenía que serlo obligatoriamente?! - exlamó Okon, a su lado, mirando hacia todos lados - Ahora ya sabemos que la esencia tiene que permanecer sí o sí en un lado. No pudiendo ser parte de Kenshin tuvo que elegir al ser más frágil, Misao...

- ¡Esto es tan exasperante! ¿Dónde estará?

- No me lo preguntes, me gustaría saberlo.

- Todos quedaron muy confundidos - murmuró Omasu agachándose y tocando la tierra, tratando de buscar huellas - No se explican porqué Misao de pronto es Battosai y porqué tanto Saito, como Shougo, como todos ellos nacieron de nuevo.

- ¡No podemos decirles!

- Lo sé, Okon, ya lo sé. ¿Crees que no escucho cuando hablamos? Ya sé, sería un shock muy grande. Aunque me gustaría ver la cara de Hiko al escuchar que lo mataron en otra época y que nosotras pedimos que los revivieran jajaja - ella rió como una loca desquiciada y su amiga la miró extrañada. - aún así, no podemos.

- Y para agregarle, Saito nos mataría, fingiría que somos unas mentirosas.

- ¬¬ no tenemos forma de probarlo, seguramente ganaría.

- ¡¡Somos todos los Onnis contra el lobo!!

- ¡No! Ni lo menciones, es capaz de llevarnos presos.

Ambas rieron, manteniendo el secreto, muy oculto...

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- Kenshin... ¿Duermes? - susurró muy suave al pelirrojo que estaba tendido a su lado, ella acariciando su cabeza con ternura. - ¿Uhm?

- No, Kaoru, es imposible que me duerma. ¡Entiendes! ¡¡Ella...!!

- lo sé, lo sé. Cálmate mi amor, ¿Qué no comprendes todavía?

- ¡No! ¡Tu no entiendes! Por favor, déjame.

- ¿Qué? Oh vamos Kenshin, ¿qué pasa? - ella frunció el ceño apartando su mano de las finas hebras rojas - Me cansaste, ¿sabes? Tu no tienes la culpa de que Battosai haya quedado atado al espíritu de Misao, fue culpa, en todo caso, del destino maldito que jugó con nosotros.

- ¿Destino? ¡¡Por favor!! ¡¡Kaoru!! - se puso de pie de golpe - ¡¡Eres tu la que no entiendes ni sabes nada!! Okina... - suspiró - Okina me comentó que al pedir el renacimiento de nuestras almas, pidieron también que la esencia de Battosai no renaciera en que mi cuerpo, lo que no supieron es que renacería en alguien más. Eso no estaba en manos, lo sé, pero sí estaba en mis manos quedarme en casa cuando tú y mi hijo me necesitaban. ¡¡¿Crees que no lo recuerdo?!! Por favor, tengo buena memoria.

- Lo sé - susurró - pero eso ya sucedió - una lágrima se escapó de sus dulces ojos azules al recordar las noches sin Kenshin, las preguntas de su niño, el sufrimiento de no saberlo bien o mal, de sentirlo lejos - ¡¿Porqué sigues atándote al pasado?! ¡¿No te das cuenta que me atas a mí tambien?! Ya detente, deja de hacer eso. ¡¡Detente!!

Kenshin, sabiendo que había hablado de más, la aprisionó contra sus labios, sedientos de los de la mujer, la abrazó con locura, mientas le prometía en susurros que jamás volvería a quedar atado a un pasado. Esta vez, definitivamente. Sus caricias le llevaron al extremo rápidamente, se sintió tocando el cielo cuando las manos de Kaoru acariciaron su espalda y se despojó de su camisa, sintiendo que las telas les alejaban más, le quitaban calor al momento. Ella se dejó llevar por cada uno de los pequeños detalles de su Kenshin, que no solo sabía manejarla en lo íntimo si no que también era tan dulce que no dudaba en pedir permiso al avanzar.

Pronto, las telas estorbaron más de lo debido y se dejaron llevar por la pasión que los consumía, por satisfacer los deseos que palpitaban en ambos corazones. Ella se relajó entre los brazos de su amado, permitiéndole a él, olvidar todo lo que alguna vez hizo, todo su pasado. Se conocieron nuevamente, entre besos.

Cuando las caricias estremecían ambos cuerpos, él la sintió preparada para recibirlo. Y Kaoru... ella estaba dispuesta. ¡Cuánto lo amo! Pensaba mientras se entregaba totalmente a su Kenshin. Lo sentía dentro de ella, con placer, delirio, tantas cosas que se consumía en el acto de amor eterno. Llenándola de él, llenándose de ella, ambos llegaron al punto cúlmine, tocaron el cielo con las manos y guiados por sus sentimientos volvieron a la tierra a terminar enroscados en besos y caricias sublimes, muy lentas, disfrutando de cada detalle.

- Te amaré por siempre - dijo Kenshin seguido de un leve gemido.

- Yo también, mi Ken...

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Aoshi no supo en qué momento sus piernas volvieron a responderle, pero llegó justo para quitar la Tanto de las manos de Misao, esta no había alcanzado a tocar su pecho, hacia donde era dirigida por la okashira. Él sintió la espada pequeña cortar la piel de la palma de su mano y un suspiro relajante salió de sus labios.

- Misao, no me dejes - dijo antes de notar lo que hacia. - no importa quién seas en este momento, ámame.

En tanto, el joven de sonrisa eterna se sentía ajeno al momento, sabía perfectamente que Shinomori podía con la jovencita Makimachi y que él sólo arruinaría las cosas. Además su novia se estaría preguntando por él. Comenzó el regreso al Aoya.

Aoshi, no lo vió caminar, ni tampoco vió otra cosa parecida, sí se sintió profundamente feliz al reflejarse en unas fosas muy bellas, mezclas de dorados con Verdes intensos, que se volvían aguados.

- Repítelo, por favor.

- No me importa quién seas, ámame.

Eso es lo que necesitó una vez Battosai para ser feliz, eso era lo que le volvía a hacer falta, echaba de menos...

Misao sintió su cuerpo muy pesado y sus ojos se cerraron a la par que caía en los brazos de Aoshi, incapaz de tocarla con sus manos manchadas de sangre. Sacó un pañuelo y sin rozarla aún, envolvió con el su mano. Luego, se sintió, limpio, para tomarla entre sus brazos y mecerla como si fuera su bebé, mas no era eso entonces, era... su Misao...

Fin del capítulo

Ha sido un cap un tanto confuso, pero no se preocupen ya se resolverán todos los problemas, lo prometo. Cualquier duda, ya verán que se resolverá. Ya saben, seguramente, algunas importates. Y espero que se haya entendido. Quiero dedicar este capítulo a mis dos únicas y queridísimas reviewers, Gaby (hyatt), miiillones de gracias, siempre estas ahí y eso es único. Si no entendiste sobre Batto, ya lo entenderás mejor después. Blue Ningyo, prometo un buen final, lo intentaré, algo tengo planeado, aunque estoy falta de inspiración voy a continuarlo. Se acerca el final, sólo faltan dos caps. UN beso enorme.

Gracias a las dos, son geniales y por eso este cap. va para ustedes.

Ahora sí, ¡¡me voy!!

JA NE!!

Sumire-chan

Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de