ADVERTENCIA: Cuidado... este capítulo contiene escenas sexuales, es un lemon, así que si no tienen la suficiente madurez o consciencia como para leer algo así, no lo hagan no quiero que me acusen con ser una hentai o con pervertir a alguien; cosa que no quiero hacer, jejeje. Así que si van a leerlo háganlo bajo su propia responsabilidad.

Siempre tú y yo

Por Sumire-chan

Capítulo 22: "Incertidumbres"

Ya el cielo estaba despejado, pero aún con mezclas entre grisáceo y celeste pálido; no llovía y el calor comenzaba a llegar a los cuerpos en tierra. Eran pasadas las diez de la mañana, y aunque no era momento, algunos comenzaban a despertar.

En el patio del Aoya, no se escuchaba ruido alguno, la mayor concentración de bullicio estaba en la cocina, donde los integrantes del Onniwabanshu y algunos del famoso Kenshin-gumi estaban desayunando recién. Mas, ese desayuno era como de costumbre, muy peculiar; Yahiko mordisqueaba la cabeza de Sanosuke mientras trataba en vano de arrebatarle un panecillo glaseado y este se quejaba gritando como el gallo que era; a su lado, Megumi sentía vergüenza ajena. Y todos, por supuesto, reían.

La incertidumbre y desazón que habían sentido con todos los acontecimientos habían desaparecido por completo. Llegado el momento, habían acordado dejar que el tiempo quemara esas heridas y las cicatrizara con su paciencia, porque después de todo, había cosas que preferían no saber, había cosas que habían sido como baldes de agua fríos en sus cabezas y esas les habían arañado el rostro.

- ¡Buenos días minna-san! - exclamó cierta Kendoka de cabellos negros entrando a la cocina con una amplia sonrisa, sus mejillas estaban levemente teñidas de rojo y toda ella olía a jazmines, rápidamente al aroma inundó el cuarto.

- Vaya... Kaoru.. ¿A qué se debe ese buen humor? - preguntó Megumi con evidente malicia. Su hermana pareció atragantarse y la zorrita se ligó un golpe en la cabeza, que Sano bloqueó, recibiendo miradas ácidas y de agradecimiento respectivamente.

Rato más tarde, entró Kenshin con la misma sonrisa boba que tenía Kaoru, momento para el cual ella ya estaba sentada recatada desayunando junto a las antiguas ninjas del clan. Apuradas ellas pues tenían que abrir el restaurante.

- Anda, habla Kenshin, ¿qué estuvieron haciendo tu y jo-chan anoche que están tan felices hoy? - preguntó Sano, como siempre, fuera de lugar.

- ¡Sano! - musitó Kaoru ruborizada.

- ¿Qué?

Kaoru estaba a punto de decir algo cuando Okina irrumpió a la cocina, su rostro estaba sombrío, alejado de la realidad.

- ¿Qué sucede? ¿Aún no despierta?

- Aún no - murmuró arrugando entre sus manos un papel de carta, nadie lo notó, así que lo guardó silenciosamente en su bolsillo mientras abría la puerta que conducía al restaurante. Antes de salir volteó a decir - pero Aoshi está con ella, él sabe bien que hacer.

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Finalizado el desayuno cada uno se fue a realizar sus tareas cotidianas, para las ninjas Onniwabanshu estaba realizar los quehaceres domésticos, limpieza de habitaciones y además atender en el restaurante, que habría sus puertas nuevamente. Kenshin se había ofrecido como cocinero así que él estaba ocupado en lo suyo; esto podría molestar a Kaoru pero ella había retomado las clases de Kendo con Yahiko así que no objetaba nada.

El joven aprendiz, a su vez, estaba feliz de que su maestra, en tiempos modernos y en tiempos antiguos no tuviera preocupaciones ajenas a su vida actual, el pasado finalmente no le perseguía, era momento de felicidad para ellos.

- ¿En qué piensas Yahiko? - le preguntó Tsubame viéndolo mirar el cielo celeste puro en uno de sus descansos. Kaoru estaba ayudando con la limpieza a Okon.

- Es rarísimo pensar que hemos pasado tantas cosas para que al fin podamos encontrar un poco de felicidad - dijo con aires de sabiduría - al menos, ya nada puede interferir.

Un grito llamó su atención, entonces una Kaoru hecha llamas de furia salió corriendo hasta el cuarto de armas, donde Okina estaba meditando. Abrió la puerta de par en par, ocasionando que los demás dejaran sus actividades y fueran a verle, incluso Kenshin molestado por Sano y Megumi quien había estado de paseo con Sayo y Miyarai, habían visitado a Saito y a Tokio. Aquel no perdía tiempo para volver a su antigua casa. Por su parte, quienes esperaban un nuevo ataque, es decir, Shougo y Soujiro, corrieron rápidamente al encuentro de Kamiya.

- ¡¿Me va a decir porqué no nos dijo nada?! - exclamó enojada - ¿Cuándo pensaba hablar? ¿Cuándo Misao estuviera a punto de meterse en un maldito avión?

La educación que Kaoru había recibido de niña había sido dura, ambas, sin duda; en la época Meiji su padre le había negado levantar la voz ante personas de avanzada edad, y por supuesto, Kojiro Kamiya no había sido mucho menos indulgente con la inquieta e hiperactiva Kaoru. Aunque dándole lugar a sus intereses por el Kenjutsu, el hombre amable y sabio sabía enseñarle a Kaoru el debido respeto que tenía que tener por las demás personas. Por esa misma razón, aunque la Kendoka estaba furiosa su conciencia le impedía levantar un poco más la voz, o incluso decir groserías.

- Cálmate Kaoru-chan que no ganas nada con ponerte mal.

- No gano nada es cierto, pero ya estoy muy agotada de todas sus mentiras, necesito que me diga ya toda la verdad, toda...

Okina suspiró, y volteó de reojo a ver a los demás, todos, incluidos quienes no tenían nada que ver con ello directamente estaban esperando su respuesta, pues era necesario que las cartas estuvieran sobre la mesa.

- Hoy llegó una carta desde Inglaterra, donde una de las sedes de los Onniwabanshu, o por lo menos una que fue durante un tiempo una sede del clan, está ejerciendo como fuerzas policiales. Mandaron a llamar a algunos Onnis. En realidad, antes de que sucediera todo eso, Misao había acordado ir ella misma y radicarse allá, terminar sus estudios y quizás tener una vida propia. Por eso el comandante de las fuerzas la manda a llamar... está en ella decidir lo que ahora se hará. Creo que lo mejor es que asista. Es una buena oportunidad para que Misao se desarrolle como ninja. Y como persona también.

- ¿y qué hay de mí? - preguntó una voz a sus espaldas. Sus ojos azules estaban cristalizados en un hielo que aterró a todos. ¿habría regresado el antiguo Shinomori? Él retrocedió unos cuantos pasos, suspiró. - Tiene razón, Okina. Lo mejor para el futuro de Misao es viajar, ella no debe ligarse a mí. Por lo tanto, esta misma noche regresaré a Tokio yo también. Misao no podrá negarse.

- P-pero...

- Ya he tomado esa decisión, espero que no se opine al respecto.

Kaoru se sintió afligida, tantas luchas para nada. Volteó a ver a Kenshin, este negó con la cabeza con resignación y se metió nuevamente en la cocina, ella le siguió; Dejando a Okina seguir con su meditación en la sala de armas.

Yahiko retomó los ejercicios pasados y Tsubame se dispuso a leer una revista que Megumi le había conseguido. Pese a los tiempos modernos que vivían, el Aoya se retraía a épocas pasadas en cuanto a costumbres; las camas continuaban siendo edredones, las comidas en familia, sentados alrededor de una mesa chica y los cubiertos: hashi.

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- Aoshi está arruinando las cosas nuevamente - comentó Kaoru cortando unas verduras a pedido de Ken.

- Él tiene razón, no debemos meternos, Kaoru.

- ¡Pero Ken! ¿Acaso no lo escuchaste? Está tratando de arreglar la vida de Misao y la suya como si la opinión de mi hermana no importara. No es justo que suceda todo esto después de lo que hemos pasado y que él reaccione como si nada.

- Nada podemos hacer - murmuró tratando, así, de consolarse.

- ¡Ken reacciona por dios! Ponte en el lugar de Aoshi, ¿Harías tú lo mismo?

- No lo sé.

- Vamos trata, necesito saber. Quizás, es una de las tantas respuestas que necesito para seguir con esto.

- Kaoru tu sabes que te amo pero si tu felicidad tuviese que ver de esta forma con una decisión mía yo no duraría en dejarte ir.

- Ya veo... - susurró triste - entonces, tu te alejarías de mí.

- Pe... sí, creo que sí.

- ¡Oh Ken! Te amo tanto. - rió, abrazándose al pelirrojo - no pienses mal, Kenshin. Claro que dejarme ir no es una buena decisión pero aún así me parece una muestra de amor hermosa.

Kenshin rió, esa era su Kaoru... la mujer que había buscado para amar, la que le pertenecía pero así él también era de ella, y de nadie más. Porque nadie le había entregado un amor tan profundo. Decidió entonces, que nada podría separarlos y que también deseaba algo más para ellos...

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Aoshi acarició la piel tersa, suave con dedos trémulos. Quitó algunos cabellos negros del rostro y suspiró.

- Aoshi... - susurró ella con los labios entreabiertos tentadoramente.

El muchacho se dio el placer de probarlos y saborearlos ávidamente, pues era esa su mujer, y su nombre, su voz, toda ella estaba grabada en su corazón. Si tenía que dejarla ir, lo haría, pues deseaba que Misao fuese feliz.

Finalmente, la ninja comenzó a moverse y despertar alegrando al joven, los ojos que veía eran verdes, como dos esmeraldas que brillaban en la noche, y no se comparaban con cualquier trozo de oro.

- ¿dónde estoy? - preguntó confusa.

- En el Aoya, anoche... ¿recuerdas algo?

Asintió, sin quitar el rostro de incertidumbre.

- Misao, con todo lo que pasó... bueno... yo...

- Shhh. Está bien. Ya sucedió. Espero que puedas perdonarme si llegué a dañarte, Aoshi, no quise realmente - le besó las manos sosteniéndolas contra su pecho - Lo que sucedió es que Battosai necesitaba lo que me dijiste anoche, ahora ya no creo que vuelva a irrumpir en nuestras vidas. Pero aún así Aoshi, dímelo... - sonrió amplia y sinceramente - quiero oírlo.

- No me importa quien seas - susurró al oído de su amada - no me importa que suceda, sólo ámame Misao, porque yo te regresaré siempre todo mi amor.

- ¿Qué pasa? - preguntó confundida - Te sucede algo, Shinomori, estás...

- nada, no me pasa nada.

Antes que pudiera decir algo más, selló sus labios con un beso intenso, apasionado, amándola con cada roce, pues sus manos no se quedaban quietas; si no que se deslizaban por entre la ropa y la piel de la joven, sintiéndola tersa, deseable, húmeda por él. Recorrió cada camino de su cuerpo, cubrió de besos su cuello, y sus hombros, bajando y subiendo; recargando su peso sobre ella, de manera que no la aplastara por completo.

Lamió la comisura de sus labios con deseo, sintiéndola gemir, repitiendo su nombre bajito y pasional, mientras él cubría con su mano uno de sus pechos. Tenía que ser suave, era su primer hombre, su primera mujer... Y era para los dos, la primera vez que se entregaban en cuerpo y alma, pues se amaban ante todo.

Nunca se sació de ella, la besó, la absorbió pensando que tal vez sería la primera y la última vez que lo hacía. Por ello, la hizo disfrutar extasiadamente, hasta culminar con el deseo máximo.

- No... te detengas... no me... dejes...

Ella repetía entre respiraciones esas y más palabras, mientras Aoshi se dedicaba a darle placer. Finalmente, se introdujo en ella, quería estar en su interior, saber que por un momento eran uno...

Pero al acabar, se sintió tan vacío que no evitó derramar algunas lágrimas, que al estar cansada, Misao no vió; pero sí se quedó dormida a su lado, buscando su calor, el calor que emanaba Shinomori. Delicioso.

Él, por su parte, la contempló dormida por largo rato hasta que finalmente, él también se durmió a su lado.

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Era ya muy de noche y en la estación de trenes de Kyoto un hombre conocido esperaba entre la multitud de gente, pequeña, que había decidido también viajar esa fría noche. Su cuerpo estaba escepcionalmente sin calor, pues había abandonado otro cuerpo que le brindaba esa sensación de seguridad, de placer. Y se encontraba ahora, muy solo, demasiado vacío.

Pero era lo mejor, por su felicidad, y por la de él, quizás, también...

Fin del capítulo

Bueno, quiero decirles que no tengo mucho tiempo, pero he podido finalmente subir el otro capítulo que hace tanto deseaba subir, jejeje. Estoy tardando más porque mis visitas a Internet se hacen cada vez más espaciadas y las promesas de Internet son también más insulsas y vanas, pero en fin, como no tengo deseos de quejarme les cuento que estoy algo agotada con tantos exámenes que tengo, agregando a ello las clases de Kung Fu. Muy pronto, tendremos un torneo que servirá como eliminatorias para el mundial en el 2005, de artes marciales, me refiero, ¿no? Así que voy a participar aunque no creo que vaya a quedar, jejeje. Haré, sin embargo, mi mayor esfuerzo.

Ese es un dato que le quiero contar.

Otro es que estoy averiguando para tomar clases de Kenjutsu y quizás sea posible, pero no sep. Ojalá pudiera.

En fin, no quiero aburrirles con la historia de mi vida, que ya es de por sí bastante rutinaria, hemos considido con un amigo que nuestra vida se vuelve cada vez más aburrida y rutinaria, por ello no dejo de repetirlo. No pregunten, jijiji. Así que paso directamente hacia los lindos reviews:

Gaby (Hyatt): Bueno, no harán nada, Battosai ha quedado en calma, pues ha escuchado lo que realmente quería oír, es decir, que alguien le quiere no por lo que es realmente. Aoshi quiere a Misao con todo, con Battosai inclusive; como una vez Kaoru quiso a Kenshin con el hitokiri dentro de él. Gracias por tu review, un besito.

Blue Ningyo: te felicito por lo del tomo 3, yo estoy esperando ansiosa el 14, porque parece que no va a aparecer jamás, y me pongo cada vez más insoportable, pero espero... que llegue pronto. Sabes, me alegra mucho tu review, y que te guste la historia; sin duda amé esa escena de Ken y Kaoru y en este cap. también la de Misao y Aoshi, como verás... nuevamente algo más interfiere.

Marie Shinomori: que bueno que te guste, Marie, se viene prontito el próximo capítulo, y espero, ante todo, que te guste muchiooooo, como sigue así, jeje. Bueno, nos vemos en el próximo chapter.

Ahora sí, me voy, tengo que seguir con los otros fics y ver qué tareas tengo para mañana, aún no he hecho nada.

Bye bye, minna-san!!

Sumire-chan

Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de