Después de ti.
Capítulo II
Irónicos Rivales.
El doctor Adrian O' Connor, miraba a través de la ventana de su consultorio hacia el jardín que se encontraba debajo de Hospital General de Nueva York, la miraba a ella sentada en la banca debajo del abeto, el sol le pegaba directamente en el rubio cabello. Mientras la veía, su corazón se encogió, no quería pensar en si mismo como un sentimental, pero quizás el hecho de que la guerra por fin terminara y que ese día se cumplían 2 años de conocer a la mujer que le robo el corazón, fueran las causas suficientes de su inmensa melancolía. Los anchos hombros y el pelo corto del color de las avellanas hacían de este hombre una visión magnifica para los ojos femeninos, aun más siendo un reconocido Traumatólogo y Ortopedista y parte de la alta sociedad de New York, él podía darse el lujo de elegir a cualquier mujer que deseara, pero su corazón había elegido a la pequeña y tierna joven que estaba a su cargo. Como un hombre de estricta moral que era, se conformaba con amarla en silencio, sabiendo que no podría expresarle sus sentimientos, por que además de estar comprometida, era su paciente, aunque esto último ya por muy poco tiempo.
Cuando O'Connor vio por primera vez a Susana no pudo evitar sentir gran ternura por la hermosa niña-actriz, parecía tan triste y sin esperanza, jamás llegó a pensar que sería tan fuerte, tan extremadamente animosa, después de 2 años de tratamiento, y un entrenamiento tan exhaustivo para controlar la prótesis que el mismo diseño, se había ganado su respeto y admiración, muchos de sus pacientes varones habían desistido en el intento, la prótesis se aseguraba con cintas de cuero al muñón, y rozaban la piel, no podían ser de otro material porque necesitaba estar firme y ajustada, evitando así que pudiera resbalarse o romperse, por eso cuando el paciente se quitaba la prótesis, debía frotarse todas las noches con ungüentos, hasta que la misma piel formaba una capa gruesa y cayosa que, igual que en las manos de un labrador, la protegían del constante roce. Pero no solo eso soporto Susana, también el entrenamiento y las constantes caídas, para una persona lisiada, la falta de equilibrio los hacia sentir inseguros y temerosos, muchos que caían en su intento por volver a caminar y recuperarse, no volvían a intentarlo por miedo, pero la pequeña Susana no cejaba en sus intentos, caída tras caída, ella volvía a levantarse.
Al principio no sabía cuál era el motivo de lucha de Susana, pensó que quizás quería regresar a los teatros de Brodway, pero le basto verla una sola vez en compañía de Terrence Grandchester para que quedara claro que era del amor que le profesaba de donde sacaba toda su fuerza. De igual forma fue evidente que el no sentía igual, entonces fue cuando se dio cuenta que amaba a Susana, porque lo invadió un incomprensible odio por el actor y desde ese momento no tenía paz, los celos le partían el alma y mientras el soñaba con mirar el reflejo de su amor en los ojos de Susana cada vez que estaban juntos, solo veía confianza, ternura, tal vez admiración, sabía que Susana lo estimaba, lo llamaba amigo y le prodigaba su cariño, pero su pasión, su risa coqueta, el fuego de su mirada estaba reservada para otro ¿Cómo alguien podía no amarla¿Cómo él podría olvidarla, sentía frustración, igual que cuando no podía salvar una vida, o no tenía los elementos para evitar una amputación y debía conformarse con verla cada día, desde su posición de medico, en cambio ese hombre arrogante y altanero la tenía para si y no le importaba. Se llenaba de furia solo de pensar en la forma tan condescendiente como la trataba, cuando que lo que ella necesitaba era amor, el perenne interés que se expresa con la voz, la pasión que se alimenta de miradas, entregarle en un solo beso el ser mismo ¿Cuánto daría por estar en su lugar? Sin embargo el dueño de sus suspiros, de sus miradas, de su boca y sus manos eran de otro ¿Qué desperdicio tan grande de amor? Cada palabra de pasión que ella le dirigía, se diluía en el silencio, en ese maldito silencio que era lo único que ese estúpido hombre le prodigaba con creces.
Regresó a su escritorio y saco el expediente del siguiente paciente. Llamo a la enfermera y continuó su consulta. Mirando su agenda sonrió satisfecho, esa misma tarde tenía una cita con él, ese día le diría a Grandchester lo que realmente pensaba de su persona.
Terry estaba sentado en las butacas del público, miraba el escenario en la actitud indómita y despreocupada que no lo había abandonado desde sus tiempos de estudiante en el San Pablo, parecía que nada podía tocar su corazón, miraba siempre por encima de las personas, nunca se detenía para conversar o bromear; sus compañeros en el teatro lo atribuían a la guerra, después que volvió, era aun más taciturno; todos esos hombres subiendo y bajando escenografías, todas esas voces gritando instrucciones, las risas de las actrices, el dueño del Teatro y el jefe de su compañía teatral, todo era un hervidero de nervios y excitación por la premier de Hamlet que se daría en menos de una semana. Ninguno de ellos sabía realmente cual era el tormento que vivía diariamente y que solo olvidaba cuando subía al escenario, cuando él no era él, era alguien más, libre y sin cargas pesadas en el corazón. Definitivamente su estado anímico era igual al del sombrío príncipe que interpretaría y sus compañeros se acostumbraron al taciturno intérprete, con sus arranques de furia y su irónico lenguaje. Muchos de ellos lo respetaban si no a él, su excelente trabajo y aprendieron a no acercarse. En cambio el público lo acosaba, lo llamaba excéntrico y contrariamente esa aura de soledad había sido parte de su popularidad, todos querían saber ¿Por qué un hombre con tanto éxito no disfrutaba de la vida, se encerraba y no asistía a las fiestas del circulo artístico? Jamás asistía a las temporadas de la alta sociedad neoyorquina y sobre todo nunca daba entrevistas personales. Mientras los hombres querían develar el secreto, las mujeres ricas o pobres, hermosas o no incluso las casadas, buscaban su atención, insistentemente trataban de conquistarlo, franquear sus barreras, pero ninguna de ellas había logrado arrancarlo de su impasibilidad, todos sus esfuerzos solo lograban una fría indiferencia.
Se levanto de la butaca para ir a la salida, sus pensamientos iban y venían del pasado al presente, una vez mas se dejaba arrastrar por los recuerdos a pesar de conocer todo el deprimente proceso. La angustia, la primera siempre que pensaba en ella, se presentaba, sabía que el dolor llegaría pronto, era el precio que pagaba. Sabía que le dejaría el corazón inundado de tristeza y el cuerpo temblando de emoción, entonces en su mente se repetían las mismas frases una y otra vez.
"Candy, prométeme que serás feliz"- su voz implorando- "¡Promételo!"
"Tu también, Terry."
Después de un rato, volvería a levantar los muros que lo mantenían aislado de ese sentimiento para volver a respirar una vez tras otra y seguiría adelante, hasta la siguiente vez que se diera el lujo de recordar unos maravillosos ojos verdes.
Después de tantos años, de que casi pierde su carrera por el alcohol, de pedirle desesperadamente la muerte a Dios cuando se enrolo como voluntario en la guerra, de haber podido reconciliarse con su Padre antes de que muriera, de heredar y renunciar al titulo de Duque a favor de su hermano, el tiempo lo llevaba sin remedio a aquello de lo que huía desde hacia 4 años, la cárcel del amor de Susana.
"Cuanto tiempo mas podré posponer lo inevitable"-pensaba- "ya me he quedado sin excusas, Ella pronto podrá caminar sin problemas y no tendré mas remedio que cumplir mi promesa y casarme"
Subió a su automóvil y puso dirección del hospital como cada tarde.
En cuanto entró en el despacho del Doctor O' Connor y le miro a los ojos supo que esa reunión no iba a ser cordial. Debido a su carrera tenía la suficiente experiencia en lenguaje corporal como para notarlo, la línea recta de la boca, la forma como su cuerpo estaba levantándose en total tensión, como si fuera a saltar en cualquier momento sobre él y atacarlo. Estaba sorprendido, pero su cara no dejó traslucir nada, parecía totalmente indiferente, no tenía idea del porque este hombre que solo había asentido como respuesta a su saludo se erigió como su enemigo, pero parecía que iba a averiguarlo muy pronto. . .
Siéntese Grandchester- le pidió señalando una silla frente al escritorio de roble donde él estaba sentado.
No gracias, estoy mejor de pie- contestó Terry en tono indiferente
Bien- dijo levantándose igualmente- entonces vayamos directo al asunto por el cual lo cite.
En realidad Terry no se preguntó realmente el motivo de la cita hasta ese momento y la actitud de O'Connor con él lo estaba irritando.
Adelante, soy todo oídos- contesto provocándolo con una sonrisa
A O'Connor lo confundió la actitud de Terry, pero solo por unos segundos, ya había visto esa misma actitud antes, cuando la madre de Susana intentaba que le diera una fecha para la boda con su hija.
Como medico de la Srita. Marlow debo informarle que la daré de alta en 4 semanas mas, ya no tiene caso que siga viniendo al Hospital para su entrenamiento, puede continuar en su casa, de hecho es lo mejor para ella, se acostumbrara a moverse confiadamente sobre la prótesis en su propio ambiente.
Como prometido de la Srita Marlow - contestó burlonamente Terry- pudo ahorrarme el viaje informándoselo a ella misma.
¡Esta usted burlándose de mí!- pregunto muy irritado
La verdad es que sí. . .
Terry levanto la mano antes de que O'Connor dijera o hiciera nada
No, no se moleste tanto y antes de que me eche de aquí o de que nos liemos a golpes, dejemos el juego y dígame ¿Cuál es la verdadera razón de este encuentro?
O'Connor quedo mudo un largo minuto, no se esperaba una reacción así mucho menos la forma directa como preguntará Grandchester, se encontró debatiéndose entre guardar su compostura profesional o decir lo que realmente pensaba y sentía, finalmente la razón fue olvidada y con una decisión que se denoto en su voz le contesto:
La verdadera razón no es otra si no Susana y antes de que me diga que no es de mi incumbencia escuche lo que voy a decir, después haga lo que se le venga en gana.
Terry asintió y se sentó muy firme en el asiento que antes le ofreciera.
La recuperación de Susana es el resultado de su esfuerzo y dedicación, sin embargo es la esperanza de recibir la recompensa lo que la da a un paciente la fuerza constante. Susana volvió a caminar por amor a usted.
Terry se adelanto para decirle lo obvio que era el comentario, pero O' Connor siguió hablando como si no estuviera, parecía que no se había dado cuenta de su movimiento, había demasiada pasión en su voz mientras los nudillos se ponían blancos de la fuerza con que tenía apretadas las manos.
Sin embargo si por alguna razón usted ya no estuviera con ella, esa fuerza se acabaría y temo que lo que va a suceder, usted no ama a Susana y terminará por abandonarla cuando crea que ya puede valerse por si misma. Sin usted, ella no tendrá motivos para seguir, es por eso que lo cite aquí, conozco a Susana, y algo que puede hacerla sentirse viva y que disfrute además de… usted, es el teatro, una vez que se adapte totalmente a la prótesis no tendrá problema alguno para desenvolverse en el escenario, yo se que eso puede darle un sentido a su vida cuando usted la deje.
O'Connor se quedo en silencio mientras Terry le observaba, estaba esperando una respuesta y él tenía mil preguntas en su cabeza¿Era tan obvio que no amaba a Susana?. No, no lo creía, pero este hombre lo sabía, lo afirmo con plena conciencia ¿Podría negarlo¿Cuánto tiempo hacia que era observado? Pero más que eso ¿Por qué el interés en él? No, eso no era lógico. . . de pronto lo supo¡Este hombre esta enamorado de Susana, el mismo lo dijo, estaban ahí por ella.
¿Y qué le hace pensar que Susana quiere volver al teatro?
Lo sé, hemos platicado muchas veces sobre su vida en el teatro, siempre escucho la nostalgia en su tono.
¿Se lo ha propuesto?
No, la motivación debe venir de usted, a nadie tomaría en cuenta, ninguna opinión es mas valiosa que la suya, conque usted lo insinuará, ella se lanzaría a realizarlo, tanto así lo ama, es por eso que lo llame, le pido. . . no, no se lo pido, le exijo que lo haga, si no por ella, por su conciencia.
En ese momento Terry se sintió tan afín a su irónico rival. Si él supiera la verdad, si supiera que no podía abandonar a Susana caminando o en silla de ruedas… Pero tenía razón, si le sucediera algo, si muriera de repente, Susana debía tener algo mas, por lo menos si se interesaba en el Teatro de nuevo le devolvería algo de lo que perdió cuando se lanzó imprudente a salvarlo.
Doctor O'Connor -comenzó- afirma demasiado y en realidad no tiene la certeza de naday se entromete mas allá de su deber profesional.
Una sonrisa cínica cruzó por su rostro, era tan irónico que estuviera ahí escuchando las declaraciones de amor de un hombre por una mujer que era suya por las circunstancias y no por amor, sintió compasión por él y por sí mismo.
No, -dijo al ver la reacción de O'Connor- no me interrumpa ni se ofenda, es solo un hecho. Pero tiene razón en algo, Susana necesitara mas que mi presencia en el futuro, ya que no podré amarla nunca, desde luego no de la forma en que la ama usted.
O'Connor se sonrojo visiblemente, la furia y el bochorno se le subieron a la cara sin que pudiera evitarlo, debió anticipar que lo descubriría, después suspiró profundamente y contestó.
No lo negaré, la amo, así que comprenderé que quiera cambiar de medico, yo mismo le recomendaría a alguien perfectamente calificado.
No es necesario, precisamente es su amor lo que me garantiza a mí el éxito de la recuperación total de Susana, ya que solo el amor verdadero logra hacer lo que usted ha hecho por ella, créame que lo sé muy bien.
Ud. No puede saber en absoluto lo que es el amor.
No tiene idea.- dijo Terry en un tono que O'Connor no comprendía
Entonces usted la ama.
No.
Si no la ama¿Por qué está con ella?
Terry levanto una ceja, ante la pregunta, en realidad estaba sorprendido de que el educado y adusto doctor lanzará la pregunta así.
Aun que no debería contestarle, lo haré, créame cuando le digo que sé el infierno por el que esta pasando. Susana esta en esa silla de ruedas por que me salvo a mí de ese destino, la lámpara de teatro que le destrozo la pierna estaba justo sobre mi cabeza y ella simplemente tomo mi lugar.
Entiendo… Por eso no la abandona, por gratitud.
Se equivoca, el agradecimiento no es suficiente para que un hombre se quede con una mujer, de hecho debe ser la mujer la razón misma para quedarse, es por eso que estoy con Susana.
No comprendo nada, habla de amor, pero no de amor por ella…
Déjeme contarle entonces: El día que Susana se iba a lanzar del ultimo piso del hospital donde la habían operado, fue la mujer a la que amaba quien la salvo y después me abandonó, pero antes de irse me hizo jurarle que no la abandonaría mientras me necesitara.
El silencio se apodero del consultorio, ambos hombres analizaban la situación que los había puesto como rivales.
¿Se casará con ella entonces?
Si, la deuda que tengo y la promesa a la mujer que amo me obligan.
Entiendo.
Se equivoca O' Connor, nunca entenderá.
Terry salió del consultorio y se dirigió con Susana, pensando en lo ultimo que O'Connor había dicho "entiendo", no, seguramente no entendía, como tampoco él lo hacía, -" lo aceptara, igual que yo "– se dijo- "pero tu mente y tu corazón jamás se reconciliarían. . . tú infierno acaba realmente de empezar, O'Connor, solo acaba de empezar".
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alisaroma33
