-Bueno, pues ya estamos aquí. ¿Qué querías decirme?- preguntó Hermione.
-Ah! Si. Es sobre lo de ayer. Quería pedirte disculpas, ayer me pasé un poco. Sé que lo que dije por la mañana fue un poco brusco, pero es que estamos discutiendo siempre y ya… a veces me sacas de quicio.
-¿¡Ah si? ¿Y cómo crees que me siento yo? No si encima ahora serás tú el único que lo pasa mal con las discusiones.
-Vale, lo siento, pero no empecemos otra vez, ¿eh? Que bastante tengo ya con Fred y George.
-¿Fred y George? No lo dirás por lo de anoche, ¿no? Porque supongo que estarían de broma.
Ron se quedó sin saber qué decir, y poco a poco empezó a ponerse rojo. Hermione continuó hablando, sus ojos comenzaron a brillar.
-No me lo puedo creer, ¿era verdad?
-Nos conocemos desde el primer año. ¿Recuerdas cuando Harry y yo te salvamos de aquel Troll? Bueno, desde entonces hemos estado siempre juntos, incluso en verano. Y bueno yo…
No tuvo que decir nada más. Cada palabra que escuchaba hacía que se acrecentara esa sensación tan extraña en el estómago de Hermione. No dejó que Ron terminara de declararse, jamás se lo podía haber imaginado. Y tampoco se hubiera podido imaginar su reacción. Se acercó y le besó.
Pero eso no fue todo, porque en ese mismo momento los alumnos comenzaban a salir del comedor. Y Harry y Ginny ya lo habían hecho. Estaban entrando por la puerta cuando vieron la escena. Se quedaron boquiabiertos, sin moverse, e intentando digerir lo que estaban viendo. Pero de repente, sin más, Hermione se separó de Ron, le miró y se fue corriendo por las escaleras, sin reparar en la presencia de Harry y Ginny.
