Todas estaban arrinconadas en un lado de la casa, así que no nos resultó nada complicado colocarlas sobre la hierba. Sólo tenía que concentrarme y pensar en ello. Ahora ya era mayor de edad y podía hacer magia sin ningún miedo de que apareciera una carta del ministerio. "Wingardium Leviosa". Tampoco necesitaba decirlo en voz alta, con solo pensarlo una silla ya se encontraba de camino a donde quería ponerla.

"Wingardium Leviosa"… recuerdo como aprendí aquel hechizo durante mi primer año en Hogwarts. Entonces yo era la sabihonda para Harry... bueno, ahora que lo pienso, me río de ello, pero entonces me hizo mucho daño… fue por aquel comentario por lo que me encerré en el baño, con Myrtle, mientras un trol andaba suelto por el castillo. Si no hubiera sido por ellos, tal vez yo ahora fuera una especie de Myrtle. No pude hacer nada, estaba completamente horrorizada ante aquel enorme ser, pero ellos actuaron con mucha valentía. Sobre todo él. Si no hubiera sido por ese "Wingardium Leviosa"…

-¡Hermione, cuidado!- de nuevo Lupin consiguió sacarme de mis pensamientos.

¿Pero qué estaba haciendo? Una silla venía directamente hacia nosotros. Conseguí que la velocidad aminorara y colocarla en fila, con las otras. Poco a poco se iba adivinando que allí se iba a celebrar algo en muy poco tiempo.

En seguida terminamos con las sillas y las mesas, porque no iba a ser una ceremonia con demasiado público. Sobre todo después del ataque de los mortífagos en pleno Hogwarts. Y sobre todo, después de la muerte de Dumbledore. Muchos magos habían comenzado a alejarse de sus casas, a abandonar todo por lo que habían luchado, pero también quedaban quienes iban a oponerse a la crueldad de El que no debe ser nombrado y sus fieles. Entre ellos… Snape. Ese traidor, cómo pudo…

-¡Hermione, te vas a hacer daño!- esta vez fue Tonks, y menos mal que avisó… la mesa me habría hecho bastante más daño que una silla.

-¿De verdad que te encuentras bien? Tal vez deberías volver dentro, con los demás…

-No, en serio, me encuentro perfectamente, sólo estaba pensando en cómo han cambiado las cosas…

-Te comprendo- los ojos de Lupin brillaban con intensidad. -A mi también me ha resultado complicado aceptar todo lo que ha ocurrido. Todos los que han defendido la Orden… y ya no están aquí- El brillo de sus ojos había desaparecido, y agachaba la cabeza en un gesto de desconsuelo.

-Bueno, ahora no hay que pensar en ello, es bonito ver cómo a pesar de todo dos personas que se quieren van a casarse. Ayy, tan jóvenes y tan enamorados… a mí aún me tocará esperar, no sé por qué tengo la impresión de que lo nuestro va para largo…

No dejaba de mirar al suelo, pero se notaba que el rojo comenzaba a cubrirle toda la cara… Lupin no estaba acostumbrado de que hablaran de lo suyo delante de nadie, por lo menos de momento.

-Bueno, habrá tiempo para hablar de todo. Tendremos que volver, tal vez Molly necesite una mano en la cocina.

- Pero… ¿y las flores? –pregunté.

-Bueno, son un encargo, supongo que llegarán dentro de poco.

-¿Un encargo? ¿De dónde?- no se me ocurría qué flor tenía que traerse desde otro lugar.

-De eso se encarga la familia de la novia. Por cierto, si no me equivoco, tienen que estar al llegar. Arthur ha conseguido que se restableciera la red Flu para que no hubiera problemas con los invitados. Imagínate si hubiéramos tenido que utilizar trasladores para que llegara todo el mundo…

Sí, lo cierto es que los trasladores llevaban mucho trabajo. Ya se habían utilizado antes, como en el Mundial de Quidditch tres años atrás. Había que estar pendiente de estar en el momento exacto junto al traslador, y el viaje no era muy agradable. Pero fue uno de los momentos en los que he estado tan cerca de él… podía sentirle justo a mi lado… que pena que no hubiéramos estado solos. Aunque cuanto más quiero estar con él, cuanto más le necesito, más permanecemos separados. En el último año apenas nos hemos dirigido la palabra. Mira que es tonto, liarse con Lavender, con una de mis compañeras de habitación. No sólo he tenido que aguantar viéndoles juntos todo el día, si no que por las noches todas cotilleaban sobre lo que ocurría… y aunque podía alejarme de ellos, de sus abrazos, de sus besos, por las noches no podía escapar de todo aquello. Y yo, simplemente, no quería meterme. Yo ya mostré mis cartas en aquel baile de Navidad, ya le dije que me invitara a mí la próxima vez. Ahora le tocaba a él decidir qué es lo que quiere hacer, y espero que sea pronto, porque no puedo aguantar mucho más con esta incertidumbre.

Volvimos hacia la casa… era estupendo estar allí de nuevo, son tantos los recuerdos que trae a mi mente. Aquellos días esperando a que llegara Harry durante el verano… ¡qué contradicción! Por un lado deseando ver a mi amigo, pero por otro… estaba tan bien a solas con él. Parece que únicamente durante el verano nuestras discusiones desaparecían... aunque tengo que admitir que me encanta. Discutir con él me hace sentir que está ahí, que le tengo a mi lado, y de momento es la única manera que tengo de sentirle.

Noté cierto revuelo en la casa, seguramente habría llegado alguien. De nuevo entramos por la puerta de la cocina, aunque allí no había nadie. Se oían voces que venían del salón, así que me encaminé hacia allí. Allí estaban todos. Ron, Ginny, Harry, la señora Weasley, Fleur, y quienes habían llegado. Por los abrazos y besos supuse que se trataba de los padres de Fleur, y también estaba la pequeña Gabrielle. Ellos eran bastantes altos, y parecían bastante jóvenes. Sin duda Fleur había heredado el pelo de su madre, que lo llevaba largo y de un rubio que hacía daño a los ojos. En cambio, los ojos eran idénticos a los de su padre, que además era algo corpulento. Gabrielle por su parte había crecido bastante en estos tres años, seguramente rondaría ya los once. Miraba a Harry con expresión soñadora. ¡Vaya! Parecía que a Harry le había salido una nueva admiradora. Había varios baúles, parecían pesados.

-¡Mi pequeña, cuánto tiempo! ¡Pageses más delgada!

-Segá el estgés de los pgepagativos.

-Sí, lo cierto es que estos días no tenía mucho apetito- la señora Weasley trataba de excusarse.

-Bueno, segugo que con eso no tendgas pgoblemas con el vestido. Lo hemos tgaido con el gu'esto, está en uno de los baúles.

- ¡Oh, eso es fantástico!- Fleur estaba muy emocionada- muchas g'asias pog encagagos de todo.

-Es lo mínimo que podíamos haceg pog ti, caguiño- el padre de Fleur no cabía en sí de orgullo.

-¡Soy tan feliz! Tengo ganas de que lleguen todos paga veg'les, sobge todo mis amigas de Beuxbatons, hace mucho que no las veo. Y Viktog… hace tanto…

-¡¿KRUM!- Ron parecía al tanto de la conversación. Me miró como buscando una explicación. Vaya, ni que hubiera sido idea mía, aunque él era capaz de pensarlo.

-Sí, me pagueció buena idea que estuviégamos los pagticipantes del Togneo de los Tges Magos, pego Diggogy…

-Pobre chico… fue horrible lo que le ocurrió, aún era tan joven.- Molly agachó la cabeza, seguramente pensando en qué sería de ella si le hubiera ocurrido a alguno de sus hijos. Lancé una mirada furtiva a Ron… si hubiera sido él, no hubiera podido soportarlo. Harry no parecía inmutarse. Tuvo que ser horrible volver a encontrarse con El que no debe ser nombrado en esas circunstancias. Decidí romper el silencio.

-Bueno, se me ha ocurrido que podríamos ir subiendo los baúles hasta la habitación de Fleur.

-No, tganquila, nosotgos podgemos con eso. Tú debes seg Hegmione- la madre de Fleur reparó por primera vez en mí.

-Sí, encantada de conocerles –sonreí-.

-Fleug nos ha hablado mucho de todos vosotgos. La habéis ayudado mucho en estos días, así que no puedo menos que dagos las g'acias.

Todos la miramos, pero no se nos ocurría qué decir.

-¡Oh! Cgeo que podgíais ig colocando las flogues en el jagdín- Fleur empezaba a impacientarse.

-Si, es ciegto, están en aquellos baúles, espego que el hechizo funcionaga y no se hayan magchitado. Entge los cuatgo tegminaguéis antes. Gabgielle, ayuda a tu hegmana a subig las cosas…

-Pego mamá, yo… -se la veía con ganas de venir con nosotros a jardín. O tal vez con Harry.

-¡Venga, subamos todos!