Dejamos al resto subiendo las cosas hacia el piso de arriba. De repente me acordé, ¿qué habría sido de Tonks y Lupin? Estaban detrás de mí, o eso creía… porque parecía que habían desaparecido. En fin, cuando me quise dar cuenta nos habíamos quedado los cuatro solo en la sala. De nuevo rompí el silencio.

-Bueno, vamos a colocar las flores, que seguro que después nos tocará ayudar con la comida.

-Sí, será lo mejor si no queremos que mi madre acabe de los nervios- contestó Ginny.- ¡Y me tienes que enseñar tu vestido! No me has dicho ni cómo es, ni de qué color…En fin, vamos a llevar todo esto.

Fuimos hacia el jardín… y de nuevo "Wingardium Leviosa". Y una vez más no me lo podía quitar de la cabeza. No entendía por qué estaba así con Viktor. Además, puede que él ni siquiera supiera que hubo algo entre nosotros. Bueno, y si lo sabía me daba igual, yo era libre de hacer lo que quisiera. Llevaba mucho tiempo sin verle, así que esperaba que no hubiera cambiado mucho. Lo último que supe de él era que estudiaba para auror, y que en cuanto terminase vendría aquí. No sé, tengo la impresión de que quiere estar cerca de mí, y yo no puedo evitar querer distanciarme. Porque, a pesar de todo, sólo él ocupa mi mente. Ese pelirrojo que…

-¿Hermione, te pasa algo? – vaya, Ginny me conoce mejor de lo que pensaba.

-Pues…

-Seguro que estará pensando en Vicky- Ron parecía bastante molesto. ¿Hace mucho tiempo que no os veis, verdad?

Intuí que algo no iba a acabar bien hoy… y no iba a ser la boda precisamente.

-Sí, no volví a verle desde cuarto curso…

-Bueno, tal vez ahora podáis seguir donde lo dejasteis, lo estás deseando.

¿Pero se había vuelto loco, o qué? Son este tipo de comentarios lo que tanto me duelen, pero a la vez, me dejan intuir que tal vez él… no, no lo creo. Si realmente hubiera sentido algo, no se hubiera liado con Lavender, no me hubiera dejado de segundo plato en el baile. Entonces, ¿por qué se pone así? Esto es insoportable.

No iba a decir nada, que pensara lo que quisiera, no iba a seguir su juego, no ese día. Abrí uno de los baúles, y ahí estaban. Ahora lo entendía perfectamente, eran Flores de Lis. Una variedad preciosa, de un blanco inmaculado. Eran perfectas, sin duda. Cogí un ramillete, me di la vuelta y las fui colocando, junto a las sillas. Él no iba a conseguir sacarme de mis casillas, no cuando iba a reencontrarme con Viktor, y con mucha gente que echaba de menos. Sobre todo cuando aún no sabíamos si el colegio abriría el próximo curso. Cuando todos sin excepción estábamos amenazados por El que no debe ser nombrado.

Oí que alguien hablaba entre susurros, y se acercaba a mí. No, claro que no era él, era demasiado orgulloso como para pedir disculpas a la primera de cambio. Era Ginny, venía a ayudarme con lo que estaba haciendo.

-¿Estás bien?- era la enésima vez que alguien me lo preguntaba aquel día, y tenía la sensación de que no sería la última.

-Sí, todo va bien, no te preocupes, estoy acostumbrada. Vamos a ver si terminamos con esto, tengo hambre.

No me importaba lo que estaban haciendo los chicos. Ya sé que Harry no tenía ninguna culpa, al final siempre la acababa pagando con quien no debía. Cogí otro ramo, y lo acerqué hasta el improvisado altar, sobre las escaleras. Me levanté, y miré el resultado. Todo estaba precioso. Y aquel olor… me perseguía. La tarde anterior los chicos se habían encargado de cortar el césped, y de desgnomizar el jardín. Era… lo mismo que había olido en aquella clase de Sloughorn, con aquella poción, Amortentia. Sabía que no producía amor, si no auténtica obsesión, y estuve a punto de decirlo… a punto de decir quién me obsesionaba. Tenía que ser estupendo, encontrar a esa persona con la que compartir tu vida, y celebrarlo de esta manera, al aire libre, y con sólo unos pocos invitados. Sería una boda preciosa, sin duda. Vi a Ron, parecía estar hablando con Harry. Bueno, por lo menos estaba intentando hacerle entrar en razón, algo difícil en el caso de Ron.

Ginny estaba a mi lado, mirando soñadora hacia Harry… seguramente pensando lo mismo que yo.

-Bueno, vamos dentro antes de que…

-¿Eh? – de repente me miró Ginny- Ah! Si, vamos.

De nuevo nos encaminamos a la Madriguera. Antes dejé que Ginny se despidiera de Harry. Era increíble cómo habían cambiado las cosas entre ellos en tan poco tiempo. Al final mi consejo sirvió para algo. Algo bueno tenía que tener, ¿no? Lo cierto es que se les veía muy bien juntos, aunque no era muy dados a mostrar sus sentimientos. Y era normal, teniendo en cuenta que estaban en la casa de los padres de la chica… no tenía que ser nada cómodo para Harry. Aún no habían decidido qué ocurriría a partir de ese día.

Nosotros lo teníamos claro, seguiríamos con él. Teníamos que apoyarle en esto, si no, ¿de qué servían todos estos años? ¿De qué servía todo lo que había hecho la Orden por él, y por nosotros? Iríamos al Valle de Godric, le ayudaríamos con los Horcruxes. Pero Ginny aún no era mayor de edad, y en el ministerio seguían con esas estúpidas órdenes para magos y brujas menores de edad. De momento no podría hacer magia, lo que sería un inconveniente. Harry lo sabía, por eso dejaron lo suyo después de la muerte de Dumbledore. Pero ellos seguían luchando por seguir adelante juntos. Y ahí estaba, otra demostración de ello.

La pelirroja se acercó y le dio un tierno beso en la mejilla a Harry. Ron les miró, sin decir nada, y yo no pude menos que sonreír. A pesar de todo, era el hermano mayor, protector con su hermana pequeña, y seguía viendo rara la relación. Bueno, ya se acostumbraría.

Ellos se quedaron fuera, supongo que intentando escaquearse de más trabajo que la Señora Weasley estaría encantada de darles, pero nosotras sí entramos, directas a la cocina. Pero allí ya tenía ayuda.

-Oh, ¿sabes? Si le añadiegas una pizca de pimienta, el caldo estaguía muchísimo mejog.

Por una vez en aquel día, era alguien quien mandaba algo a la señora Weasley, que seguía atareadísima.

-Vaya, eso tiene muy buena pinta- Ginny se acercó para probar, pero su madre en seguida la regañó.

-¡Un día de estos te vas a quemar! Venga, sube a avisar a las chicas, ¡Ron, cariño, ve a poner la mesa!

Aunque normalmente solíamos comer dentro de la casa, en la cocina, en aquella ocasión éramos demasiados. Ya había ocurrido antes, así que a Ron le tocaba preparar la mesa en el jardín. Sería un poco complicado, ya que prácticamente estaba decorado con los motivos de la boda. Y era en estos momentos en los que no sabía qué hacer. Si ayudarle, o dejarle que él solo se apañara. Bueno, sería la última oportunidad, aunque sé que jamás va a aceptar que se ha equivocado. Es cuestión de cabezonería.

-Señora Weasley, salgo a ayudar a Ron.

-¡Te has pasado con la sal!

Uuf… no sabía si se había enterado, parecía que no, pero creo que tampoco me echaría de menos. No parecía que a la señora Weasley le gustara que se metieran con sus guisos, y la madre de Fleur parecía muy exigente. Me crucé con Harry cuando salía por la puerta. Él entraba.

-¿No ayudas con la mesa?

-En seguida bajo, voy arriba un momento a coger algo.

-Muy bien.

Harry se traía algo entre manos. Después intentaría que me comentara a qué venía tanto secretismo.