Y de vuelta otra vez en el jardín. ¿Cuántas veces había salido ya? ¿Tres, cuatro? Bueno, y estaba claro que no sería la última. Allí estaba, colocando la mesa. ¿Qué tenía? ¿Qué era lo que hacía que no pudiera dejar de pensar en él? He intentado olvidarle, miles de veces, intentar olvidar su pelo, sus ojos… pero es imposible. Definitivamente, tenía que aclarar las cosas con él. Sobre todo después de mi comportamiento cuando lo de Lavender… aquello canarios… Merlín, estaba furiosa. No podía desahogarme tranquila, tuvo que aparecer con ella en aquella clase. Si entonces no se dio cuenta de las cosas, ya solo queda decirlo claramente pero… sigo teniendo la esperanza de que él… dé el primer paso. ¿Y si le digo lo que siento, pero él no siente lo mismo? Ahora Harry necesita nuestro apoyo, no podemos fallarle, no podemos enfadarnos por este tipo de cosas. Así que tal vez sea mejor dejarlo para más adelante. Sí, definitivamente.

Me acerqué hasta él. Ya estaba colocando los platos.

-¿Al final cuántos seremos?- le pregunté.

Él simplemente me miró. Pensé que no contestaría, que seguiría enfadado.

-Bueno, los que estamos ahora en casa y mi padre. El resto llegarán por la tarde. Mi madre cree que podría venir Percy.

Vaya, Percy. Los chicos me contaron que apareció por la Madriguera las pasadas navidades. Parecía que lo habían perdido completamente, ya que él no confiaba en Dumbledore, mientras los Weasley son parte de la Orden.

-Tu madre estará muy contenta, supongo.

Una vez más me miró, y no dijo nada. Seguía enfadado. Así que suspiré, y me limité a colocar los cubiertos. Apenas tardé un minuto, estaba acostumbrada a poner en casa siempre la mesa. Entonces sucedió algo muy extraño. Le miré, y cuando se dio cuenta apartó su mirada.

-Hermione, yo…

-Vaya, yo que venía a ayudar y ya habéis terminado.

Harry ya estaba aquí. No me había dado ni cuenta. Justo en ese momento… tenía la certeza de que era importante lo que estaba a punto de decirme. Volví a mirarle, estaba rojo. Bueno, no iba a pensar que había esperanzas. Ahora era importante estar con Harry. También venían Ginny, Fleur y Gabrielle con parte de la comida. Detrás aparecieron los padres de Fleur y los Weasley. El señor Weasley acabaría de llegar, porque estaba saludando a sus futuros suegros.

Me senté en una de las esquinas de la mesa, tal vez tratando de evitar el contacto con Ron. La comida fue bastante tranquila, aunque en un ambiente un tanto enrarecido. Se notaba la tensión, y no sólo entre los padres de familia; Ginny y Harry se lanzaban sus miradas, seguidas de cerca por Ron. Y Gabrielle no podía menos que estar alerta con Harry. Estaba tan despistada que continuamente se le estaban cayendo las cosas. Llegó un momento, cuando se le cayó el vaso, que pensé que no podría ponerse más roja.

Si había algo que los chicos no soportaban era quedarse sin postre. Harry no lo decía, supongo que por respeto, pero se le notaba en la cara. Siempre había sido así. Sobre todo durante los exámenes en Hogwarts. Simplemente, había que estudiar, no teníamos tiempo para nada más. Así que a la hora de las comidas devorábamos lo primero que nos ponían en el plato y les arrastraba conmigo a la sala común o a la biblioteca. Y ellos siempre se quejaban. Sobre todo Ron.

-Pero mamá…

-No habrá postre, Ron. No te comportes como un chiquillo, recuerda que después de la boda podrás comer todo lo que quieras. Y aún queda mucho por hacer. Chicas, vosotras subid para probaros los vestidos y dar los últimos arreglos. Vosotros, echar un vistazo por la casa para ver que todo esté en orden. Recordad que a partir de las cinco empezarán a llegar los invitados. Procurad estar arreglados para esa hora, ¿de acuerdo? Ustedes –se dirigía ahora a los padres de Fleur- si quieren pueden descansar un poco.

-No hace falta. Yo subigué con Fleur paga veg cómo le queda el vestido. Caguiño, tú puedes quedagte con el señog Weasley.

-¡Oohhh! Si, clago, pog supuesto.

-Bueno -volvió a tomar la iniciativa la señora Weasley- entonces no hay más que hablar.

Dicho y hecho. Ginny logró arrastrarme con ella, recordándome que aún no había visto mi vestido.

-Pero si no es nada del otro mundo.

-Tampoco era nada del otro mundo el del baile en tercero, y dejaste a todos boquiabiertos… ¡y te ligaste a Krum!

-No digas eso…

Pero era verdad. Era un vestido azul celeste. Me gustaba, realmente me encantaba. Recuerdo el día que lo compré… entonces no me gustaba, resaltaba demasiado mi lado femenino. Pero lo cierto era que con el paso del tiempo había terminado por cogerle cariño a ese vestido. Por una vez me sentí realmente… increíble. Sabía que era la principal causa de todas esas miradas, y en el fondo me encantaba. Viktor estuvo a la altura, por supuesto. Se había portado como un auténtico caballero. Había disfrutado mucho aquella noche. Si exceptuamos la discusión con Ron. ¿Confraternizando con el enemigo? Fue otra de esas ocasiones en las que me había parecido que estaba celoso. Y aún hoy en día sigo sin entenderlo.

Llegamos a la habitación que compartíamos. Fleur, la señora Weasley, la madre de Fleur y Gabrielle ya no nos seguían, se habrían quedado atrás. Entramos, y abrí el baúl que estaba junto a la cama. Me había acostumbrado a él, estaba prácticamente todo el año metiendo y sacando cosas de ahí. Tenia la tapa un poco desgastada, pero no lo cambiaría por nada. Fui sacando con cuidado las piezas de ropa que estaban cuidadosamente dobladas. Y allí, al fondo, se encontraba. Oí un suspiro, era Ginny. Me apartó, lo cogió y lo extendió delante de ella.

-Pero… ¡es precioso! Es incluso más bonito que el azul.

-Sí, es bonito, pero tampoco es que me vea muy bien con él.

-¡Pero qué dices! Este vestido tiene que sentarte genial.

Era verde. Como el paisaje con el que había soñado siempre, y que tan buenos recuerdos me traía a la mente. Por eso me gustaba tanto, aunque no iba a admitirlo delante de Ginny. Era largo, hasta los pies.

-Me lo tienes que dejar alguna vez…

-¡Eso ni lo sueñes!

Nos miramos, y nos empezamos a reír. Era bueno poder hablar de ese tipo de cosas con Ginny. Me había acostumbrado a estar en Hogwarts siempre con Harry y Ron, y claro, con ellos no podía hablar de este tipo de cosas.

-Venga, Ginny, enséñame el tuyo. Sólo sé el color…

El año anterior era tal la felicidad que embargaba a Fleur que ya tenía una idea sobre los vestidos de las damas de honor. Serían de un dorado pálido. Y en esos momentos la intriga me abrumaba.

-Oh, bueno, si quieres saber mi opinión, creo que Fleur no tiene muy buen gusto con esto…

Abrió una puerta del armario, y allí estaba. También era precioso, de ese tono dorado pálido que había deseado Fleur. También largo, hasta los pies, y de tirantes estrechos. Con un cuello palabra de honor. Muy sencillo, y en la sencillez se encontraba su principal belleza.

-Oh… ¡es fantástico! ¿Y has pensado qué vas a hacer con el pelo?

-Bueno, espero que no sea un problema. Quería rizármelo, pero no sé si me dará tiempo.

-Seguro que sí. Lo mío sí que es más complicado, ya lo hice en cuarto, y me llevó toda una tarde. Así que no voy a perder más tiempo. Voy a darme una ducha para poder ir cuanto antes con la poción alisadora.

-Muy bien, hay toallas en el baño.