Cogí mi ropa y me encaminé hacia el baño, pensando todavía en la poción alisadora y el vestido. Con la poción no habría problemas, ya estaba preparada. Uuf… si hubiera tenido que prepararla, entonces sí que no hubiera podido estar perfecta para la boda. De camino para el baño me solté la coleta, llevaba todo el día con ella, y no estaba acostumbrada. Qué gusto, sentir el pelo al aire…

Abrí la puerta del baño. Si hubiera sabido lo que me iba a encontrar allí, tal vez no lo hubiera hecho, o tal vez sí.

Vi justo frente a mí alguien con una toalla puesta de cintura para abajo. Me sorprendió ver ese pecho completamente desnudo, y esos brazos musculosos, y esos ojos azules y el pelo granate. ¿Era Ron? ¡Era Ron, y se acababa de duchar! Al darme cuenta de aquello mis mejillas se sonrojaron. Y me quedé mirándole con cara de boba. Oh, si, no podía verme la cara, pero me la imaginaba. Estaba petrificada.

-Yo… lo… ¡lo siento!

Cerré de un portazo. No quería imaginarme lo que él habría pensado en aquel momento. Fue una suerte encontrarle con la toalla. Unos instantes antes y… ¡pero qué estaba pensando! Céntrate, Hermione, céntrate. Deja de pensar en eso ahora.

Por fin el pelirrojo salió del baño. Con cierto color en las mejillas.

Y pasó a mi lado como una exhalación. A veces no entendía su actitud, pero no era momento de pensar en ello. Me metí en el baño, y eché el cerrojo. Había cosas que por suerte no cambiaban en el mundo mágico.

Fui todo lo rápida que pude. En apenas diez minutos volvía a estar en la habitación, con una buena cantidad de poción alisadora, intentando que mis indomables rizos fueran, cuanto menos, algo domables aquella tarde. Y Ginny pretendía todo lo contrario.

-¿Cómo hace la gente no mágica para cambiar el aspecto de su pelo?

-Bueno, para rizarlo lo que hacen es colocarse unos rulos, y bueno, después se echan un líquido que fija los rizos. Y no sabes lo mal que huele.

-Casi como nosotros, pero por lo menos a nuestra manera no huele mal –a nuestra manera quería decir, haciendo un hechizo de calor con la varita sobre el rizo en cuestión, muy parecido a los artículos muggles que rizaban con calor.

-Sí, tienes razón, Ginny. Parece que casi estás.

-Tu pelo también está bastante liso, ¿no te lo vas a recoger?

-No, creo que hoy lo dejaré suelto.

Lo cierto es que parecía una peluca. Jamás había tenido el pelo tan liso como aquella vez, parecía incluso más largo de lo normal. Quería sorprenderle… bueno, ya faltaba poco para aquello. Sólo el maquillaje y el vestido. Y tendría que ser rápido, ya eran casi las 6. La gente habría comenzado a llegar. Aunque hasta las 7 no estaba prevista la ceremonia. Fleur, Ginny y Gabrielle bajarían juntas, pero yo tendría que hacerlo antes. Bueno, sólo esperaba que el cabezota de Ron no siguiera enfadado… aunque era posible que Viktor ya estuviera allí.

Concéntrate, píntate, arréglate y baja. Sí, eso era lo que tenía que hacer. Un poco de maquillaje, una sombra natural, un poco de brillo en los labios, rimel… no solía pintarme habitualmente, así que me resultaba un poco raro. Pero el resultado fue bastante natural. Justo lo que yo quería. Ahora tocaba ponerse el vestido.

-Ginny, ayúdame con la cremallera por favor… ¡gracias!

Bueno, y ahora la prueba de fuego. El espejo. Respiré profundamente, y me acerqué a él. Me quedé estupefacta. No parecía yo, para nada. El pelo liso y suelto, sobre los hombros. Luego mi cara, era realmente extraño verme maquillada. Y el vestido… bueno, no me quedaba tan mal. Empezaba a gustarme. Miré el reloj. Quedaban 15 minutos para las siete. Miré a Ginny. Ella ya casi estaba. El vestido le quedaba realmente bien. Seguramente Harry quedaría fascinado con ella. ¡Ah! Se me olvidaba… el perfume.

Abrí de nuevo el baúl, lo busqué… ¡pero no estaba allí! Relájate, busca bien, ¿recuerdas? Lo metiste, seguro. Sí, allí estaba. Bastarían unas gotas en el cuello y las muñecas. Ahora sí.

-Bueno, voy para el jardín. Nos vemos allí en seguida, ¿vale?

-¿Ya bajas? ¿Qué hora es?

-Falta un cuarto de hora para las siete…

-¿¡Sólo? ¡Tengo que ir con Fleur y Gabrielle!

-Bueno, tranquila, seguro que todavía no estarán listas… Venga, nos vemos en un rato.

Salí de allí y fui directa a las escaleras. Según comencé a bajarlas empecé a escuchar un murmullo. Parecía que la sala ya estaba repleta de gente. Y no estaba tan equivocada, aunque no conocía a la mitad. Junto a la chimenea estaba el señor Weasley con los padres de Fleur y los que serían más familiares de la chica; cerca del sofá había un grupo de chicas, que tenían toda la pinta de haber sido compañeras de Fleur en Beuxbatons, seguramente las amigas que había comentado antes; Tonks, Lupin y parte de la Orden charlaban animadamente cerca de la puerta que daba al jardín; y al fondo, junto a una de las ventanas estaban Bill y Charlie. Fueron ellos los que se fijaron en mí.

-¿Hermione? ¡Vaya, cómo has cambiado! Hacía mucho que no venías por aquí –era Charlie.

-Sí, es verdad. ¿Qué tal va todo?

-Oh, muy bien, pero está siendo un año movidito, ya sabes. El regreso de Voldemort está haciendo que tengamos mucho trabajo.

-Si, me imagino –miré a Bill, quien parecía bastante nervioso- Por cierto, Bill, felicidades por el enlace.

-Muchas gracias, me alegro de que hayas venido- sonaba a contestación automática… sí, realmente estaba muy nervioso. Sonreí.- ¿Has visto a Fleur? ¿Sabes si todo va bien?

Seguía tan enamorado de ella como el primer día, a pesar de todo lo que había ocurrido hacía unas semanas. A pesar de que no sabía qué podía ocurrirles de ahora en adelante.

-No, lo siento. No la he visto, pero seguro que no tarda en bajar.

-Herrmione.