Fue muy extraño. A pesar de que tantas veces lo había soñado, no podía creer que estuviera sucediendo. Y es que yo, Hermione Jane Granger, quien siempre tenía la situación bajo control, estaba casi temblando. Nos acercamos, hasta que estuvimos lo suficientemente cerca como para notar la respiración del otro. Puse mi mano sobre su hombro, y él rodeó mi cintura. Nos dimos la mano, y comenzamos a bailar. Apenas se oía la música, pero no importaba. En aquel momento todo me hubiera dado igual. Sentir como me llevaba, cómo su mano estaba fría y temblorosa, como la mía. Hubiera dado cualquier cosa porque aquel momento hubiera durado una eternidad.
-Hueles muy bien… ¿es…?
-El perfume que me regalaste.
-Pensé que no te gustaría.
-¡Claro que me gustó! Ya te dije que era muy especial.
De nuevo el silencio… bendito silencio. Cualquier cosa hubiera sido peor que el leve murmullo de la música. O eso pensaba yo.
-Hermione, hay algo más que quiero decirte.- Nuestras narices casi se rozaban. Apenas podía pensar en algo con claridad. Sólo podía verle a él, como siempre me había gustado.- Yo… te quiero.
-Sí, lo se, siempre me lo dice cuando te ayudo con los deberes…
-No, no lo entiendes- dejó de bailar, y su mano acompañó a la otra hasta mi cintura. –Te quiero.
Su cara se acercaba aún más a la mía. ¿Ronald Bilius Weasley iba a besarme? ¡Ron iba a besarme! Pero yo… ¿qué debía hacer? Por mi mente pasaron millones de pensamientos en apenas un segundo. Ese beso podía terminar con nuestra amistad, pero ese beso podía ser el comienzo de…
Dejé de pensar y me dejé llevar, y fue lo más bonito que había sentido hasta entonces. En ese momento me di cuenta de que ése había sido mi primer beso. Sentí sus labios, suaves, tibios, rozando los míos, con una dulzura que hubiera sido imposible de imaginar. Sus manos subieron por mi espalda, y se enredaron entre mi pelo. Adoro que me acaricien el pelo. Mi pulso se aceleró, mi corazón comenzó a golpear en mi pecho con fuerza. ¡Merlín! Era una sensación… que nadie jamás me había hecho sentir. En ese momento supe que haría lo que fuera por él.
Poco a poco nuestros labios se fueron separando, y volvimos a mirarnos una vez más. Jamás me cansaría de mirar esos ojos azules, era algo de lo que estaba completamente segura.
-Ejem… espero no interrumpir.
El instinto hizo que nos soltásemos en apenas un segundo. Harry estaba junto a la puerta.
-Yo, verás, esto no es lo que parece…-intenté aparentar seguridad, pero en ese momento resultaba imposible.
-Me alegro de que por fin os hayáis decidido. Sólo venía a devolverte lo que es tuyo, Ron – le pasó un pequeño envoltorio.- Seguro que has cambiado de opinión.
-Gracias.
-Bueno, voy fuera, Ginny me está esperando. No tardéis en salir, ya se están preguntando dónde andáis.
-En seguida vamos –dije.
Pero no le miraba a él, seguía llamándome la atención el pequeño paquete.
Ron me miró, y sin dejarme decir nada, me tendió la mano abierta con el pequeño paquete.
-Ten, es para ti.
-¿Para mi?
-Cógelo.
-Pero…- le miré, buscando la explicación en sus maravillosos ojos.
-Tenía que habértelo dado hace mucho tiempo. Pero la llegada de Vicky… quiero decir, Krum, lo complicó todo. Se lo había dado a Harry para Ginny, seguro que a ella le hubiera encantado. Es… bueno… yo…
Lo abrí con mucho cuidado. Era... era una pulsera, de plata. Era preciosa. Aunque no llevaba nada grabado. Mejor, así estaba muchísimo mejor.
-Como siempre estás estudiando, y haciendo los deberes… pensé que así podrías verla siempre que estudiaras.
-Pero, no puedo aceptarla, Ron, te habrá costado una fortuna.
-No me ha costado tanto, en serio. Por favor, déjame ponértela.
Dejé que lo hiciera, por supuesto. Y después le di mi regalo. Nos fundimos en otro beso…
Y ahora lo escribo. Porque cada vez que lo hago, me fijo en ella, en esa pulsera que ha cambiado mi vida. Porque cada vez que escribo, me acuerdo de esas horas, de aquel momento… de mi primer beso.
