Hola, bueno, la persona que escribió este fic tuvo de nick alguna vez Harydrac. Si alguien sabe como puedo encontrarla que me avise, por favor.

Los primeros capítulos no son los mejores, pero sigan leyendo porque después se ponen buenísimos!

Los dejo con la historia:

Capitulo 2. Draco

Aún no sabía como se había atrevido. Tantas noches soñando con ella, con la oportunidad de tenerla en sus brazos y por fin lo había conseguido. Cuando la sintió junto a él no pudo pensar, se limitó a sentir; y l que necesitaba hacer era acercarla mas aún y besarla. Y ella no solo no se había resistido, le había correspondido, y durante unos momentos, creyó que su sueño se había realizado, y que lo peor ya había pasado.

Draco caminó tras los alumnos de primer curso vigilando que no se perdieran en los grandes pasillos de la escuela. Pero no estaba realmente atento. Su mente volvía una y otra vez a lo sucedido aquel mismo anochecer. Tanto tiempo imaginando en soledad como sería recorrer sus labios… y solo había descubierto que tenía mas hambre de su presencia aún que antes. Tenerla junto a él era adictivo, lo había descubierto al obligarles Dumbledore a trabajar unidos el curso anterior.

La secreta pasión de Draco nacida a los 14 años había crecido entonces hasta convertirse en una verdadera obsesión soñaba con ella, la veía en todas partes, y las clases que pasaban juntos los de Slytherin con los Gryffindors eran una completa tortura. Sabía que era imposible, que él era hijo de uno de los más importantes mortifagos, que su padre jamás permitiría su relación con una hija de muggles… que ella le despreciaba, que sus mejores amigos lo odiaban… pero no podía sacársela de la cabeza. Y lo había intentado todo.

Al entrar en la gran sala la buscó de forma inmediata, inconsciente. Le bastaba una ojeada para saber si ella estaba allí. No tenía que buscar demasiado, la roja cabeza del Weasley indicaba como un faro su presencia, pues ese estúpido gigantón nunca estaba muy lejos de ella.

Draco envidiaba cada segundo que Ron y Harry pasaban con Hermione, ignorantes de la suerte que tenían. Y ahora pudo notar que ella aún no estaba en el salón. Respiro tranquilo y se sentó en su lugar habitual. Casi enseguida, las chicas de siempre se arremolinaron a su alrededor.

Le sorprendió bastante al llegar a la adolescencia tener tanto éxito con las chicas. Al principio lo atribuyó al hecho de ser un Malfoy, y a que su padre tuviese más dinero que nadie en la escuela. Y claro, era el buscador de Slytherin, y eso gustaba. Pero la cuestión es que parecía que se le daban bien las mujeres.

Durante un tiempo, no tuvo escrúpulos en tontear con cualquiera que se le pusiera en el camino… pero desde que se obsesiono con Hermione, no podía pensar en nade mas. Llevaba un años sin salir con nadie, y eso tenía intrigados a sus amigos.

- ¡Salid de aquí!- dijo Goyle apartando algunas muchachas de su lugar en la mesa.

- Están en todas partes- se quejó Crabbe.

- ¿Cómo es que no aprovechas y sales con alguna de ellas para que nos dejen cenar en paz?

- No me apetece. No tienen nada en su cerebro. Os las dejo a vosotros, que seguro que os encanta no hablar durante horas.

- La mayoría de ellas no sirven para hablar.

A veces Draco no soportaba a sus amigos. Se preguntaba que había visto en ellos. Se comportaban mas como esbirros que como amigos, y no tenía en ellos demasiada confianza.

Tuvo que ocultar a todos que ayudó a Dumbledore el curso anterior, porque si ellos lo hubieran sabido, su padre no habría tardado en enterarse. Y eso hubiese sido fatal.

A pesar de no estar mirando, supo el momento justo en que ella entró al gran comedor. Levanto la vista para verla pasar flanqueada por Ron y Harry. Siempre juntos, el trío inseparable. Le provocaban tanta envidia… siguió con la mirada el paso grácil y elegante de ella. Conocía su forma de moverse, la forma en la que se apartaba el pelo del rostro. La había observado a hurtadillas durante horas. Y ella nunca se había dado cuenta. Al menos eso creía.

Cuando se sentaron, juntos como siempre no dejo de mirarlos. Y ella levantó la vista, y sus ojos quedaron prendidos a través del aire cargado de conversaciones a su alrededor. Durante unos momentos eternos, ella mantuvo la vista, pero demasiado pronto para su gusto, ella se giró hacia Potter y lo ignoró.

No pudo evitar una mueca de desagrado, y el gesto fue captado por Goyle.

- ¿Qué pasa?

- Nada. Solo miraba.- Dijo mientras dedicaba su atención a la cena.

- Esos estúpidos… tendremos que darles una lección. No podemos permitir que sigan contoneándose por ahí con aire de ganadores.

- Cara cortada Potter y sus amigos ¿no?- Dijo Crabbe con la boca llena.

- No haréis nada ¿entendido?- Draco no quería problemas.

- Pero…- intentaron protestar.

- He dicho que nada

Ellos se callaron y siguieron comiendo. Y sin preocuparse de que fueran a desobedecer sus órdenes, se dispuso a seguir comiendo. Durante el resto de la comida intentó no hacer demasiado evidente su atracción por ella, pero pudo notar que aunque fingía no darse cuenta, sus mejillas se arrebolaban y no miraba nunca en su dirección. Al final no había tenido claro si haber cedido al impulso de besarla había sido buena idea o no. Pero desde luego, no se arrepentía.

Cuando tuvo que aceptar que estaba enamorado de Hermione, tras una larga época de negación, nunca pensó que tuviese esperanzas con ella. Incluso si podían llegar a olvidar que habían sido enemigos naturales durante años, que él se había dedicado sistemáticamente a humillarla y burlarse de ella, su familia jamás podría aceptarlo. La íntima vinculación de los Malfoy con el Señor Oscuro y el odio que este sentía por los muggles impedían cualquier acercamiento. Y Draco se había resignado a saber que no podría atraer a ese ser de luz a la oscuridad de su propia vida, condenarla a una existencia tan triste y vacía como la que había llevado él.

Siempre envidió el amor que Hermione sentía por sus padres, el evidente cariño que se profesaban. Hubiera dado cualquier cosa porque su padre lo quisiera a él.