Hola, hola! Ya saqué la prohibición de recibir reviews anónimos.
Espero que les guste el capítulo.
Capitulo 5. Draco
Llevaba tres días de un humor de perros. Lo único que deseaba era machacar a Potter, y no podía esperar dos meses hasta el partido de Quidditch que enfrentaría a las dos casas. Desde el momento en que vio su brazo rodeando los hombros de Hermione sentía una rabia sorda crecer en su interior. Le odiaba mas que cuando eran pequeños, sentía un enfado tan tremendo que si lo encontrase en los pasillos no dudaría en jugarse una expulsión con tal de borrarle de la cara esa estupida sonrisa. ¿Cómo se atrevía ni siquiera a tocarla? Solo habían pasado 20 minutos de la clase de pociones y ya estaba deseando matar a Weasley también. Siempre había envidiado la familia tan unida que eran, lo felices que parecían a pesar de no tener dinero, el amor tan grande de ese hombre por sus hijos. Envidiaba tan profundamente esa relación de amor entre padre e hijos que le hacía daño verles juntos. Los odiaba, porque por comparación, la tragedia de tener un padre como el suyo solía hacerse insoportable.
Ahora era mayor, ya no lloraba de noche con la cara enterrada en la almohada deseando no tener un hombre como el suyo. Se hubiera conformado con uno que simplemente no los maltratara a su madre y a él. Ron tenía una suerte que no merecía. No podía quitarle a su familia. Pero no se dejaría quitar también a Hermione.
Desde que había entrado en el aula de Snape, se había dado cuenta de que algo había cambiado. Ron siempre había estado alrededor de Hermione, él lo sabía bien, pero nunca había estado tan pendiente de ella. Le alcanzaba los ingredientes de las pociones, apuntaba lo que ella decía, le rodaba la silla cuando ella se sentaba o se paraba… la seguía a todas partes con una mirada de perro degollado que le estaba poniendo enfermo. Estaba tan distraído que mezcló mal los ingredientes, y su poción para los sueños olía aún peor que la de Neville. Menos mal que Snape no se lo tendría en cuenta.
Sentado en el último banco de clase, con la atolondrada charla de Pansy como música de fondo, sentía que si la clase duraba mas, acabaría lanzándose sobre Potter y Weasley para desgarrarles el cuello con sus propias manos. Lo único que se lo impedía era que sabía que Hermione nunca le perdonaría que tocase un solo pelo de sus amigos. Y el no haría nada que pudieses herir a Hermione.
Ella se negaba a mirarlo. Andaba por los pasillos con la vista baja para no verle, y nunca iba sola ninguna parte. Había cambiado de sitio con Ginny Weasley, y ahora Draco solo podía ver su espalda durante las comidas. Ni siquiera en las reuniones de prefectos estaba sola. Otros prefectos de Gryffindor eran Ron y Ginny, y con ellos llegaba y se iba.
En las clases comunes, Pociones y Cuidado de Criaturas Mágicas, ella estaba rodeada de los estudiantes de su casa. Así que su única esperanza era el baño de prefectos o su entrada y salida de la biblioteca. Ya estaba comenzando a perder la esperanza. Necesitaba verla a solas en algún momento. Tenía que hablar con ella. Pero no sabía que hacer. Necesitaba un milagro. Y se lo concedieron.
La clase estaba resultando un desastre, y Snape estaba furioso.
Se acercan los exámenes, y Pociones es básica para pasarlos. Se bien que alguno de ustedes sueña con ser auror, y nunca lo conseguirán si no se esfuerzan. Estoy cansado de perder el tiempo con alumnos tan incompetentes. De esta clases no se salvan más que dos personas. Y a ellos les dispensaré el resto de la clase. La próxima hora y media será una clase especial. Pueden irse, señorita Granger y señor Malfoy, aunque su poción de hoy no esta demasiado bien. – Draco se levantó de inmediato.
¿Qué?- ella de repente pareció asustada.- ¿Que salga?
Ya me ha oído. Solo ustedes dos alcanzan el nivel básico, y estan dispensados de asistir a esta clase de repaso.
Yo preferiría quedarme, profesor.
¡Y YO PREFERIRÍA QUE DEJARA DE MOLESTARME!
Tomaron sus cosas y salieron al pasillo. Draco no podía creer la suerte que había tenido. Hermione estaba asustada y trató de salir corriendo, pero el la sujetó.
No te vas a ir, Granger.
No puedes detenerme.- Apenas se habían movido de la puerta cerrada de la clase, y Draco se alejó. No le apetecía que se colaran sus voces al interior. Ella parecía un poco nerviosa- Déjame en paz.
Pareces asustada, pero no voy a hacerte daño.
No te creo. Has pasado todos estos años en la escuela tratando de hacerme la vida imposible, y ahora, de repente, pareces lleno de buenos deseos.
Se que te puede parecer extraño, pero necesito hablar contigo tranquilamente. Te lo explicaré todo.
¿Qué parte de "NO QUIERO HABLAR CONTIGO" no entiendes, Malfoy?- ella había dejado de estar asustada y había empezado a enfadarse.
No le parecía mal. También él se manejaba mejor con el enfado que con el miedo.
Puede ser a las buenas o a las malas, tu decides, Granger.
¿Me estas amenazando?- se miraron por unos segundos, pero ninguno dijo nada. Finalmente Draco rompió el silencio.
Puedes tomarlo como quieras. Tengo que hablarte, y tu decides si quieres hacerlo libremente o por la fuerza.
¿Y como se supone que me vas a obligar?- Ella estaba ahí, parada, mirándolo con aquellos ojos oscuros que lo volvían loco. Lo estaba retando, y a él le gustaba verla tan desafiante, con el pelo cayendo sobre sus hombros. Aún la tenía sujeta por el brazo, y la acercó a la pared.
No me gusta obligar a nadie, pero esta visto que no entiendes nada.
A mi me parece que el que no entiende eres tu. Si te…- Pero él la interrumpió.
¡Calla! Llevas varios días evitándome y eso no me gusta. Sabes que tenemos que hablar.
Ni en sueños, Malfoy. No tengo nada que decirte.
¿Segura?- ella le sostuvo la mirada con cara de obstinación.- ¡Será a las malas, entonces?
Si.
Tu lo has querido…- Y agachó la cabeza para besarla.
