Hola! Gracias por los reviews! Esto no es mío.
Este capítulo es muy interesante… ya se imaginaran lo que viene después de leerlo y además… Peligro! Peligro! Jeje, ya veremos… un beso, disfruten de la historia.
Cáp. 9. Hermione
No pensó que sería así. Creyó que sería más difícil mantener una relación oculta, una pasión secreta. Pero se equivocaba. Se veían por la mañana, en el Gran Comedor. Es cierto que no podían estar juntos, pero al menos se veían de lejos, y a veces tenían clases conjuntas, y se sentaban cercas para oír las mutuas voces. Las tardes las pasaban en la biblioteca, en mesas adyacentes, para mirarse por encima de los libros y sonreírse a hurtadillas. Ninguno de los dos quería descuidar sus estudios en su último año, y estar así era casi como estudiar juntos.
Pero lo mejor eran las noches. Después de cenar pasaban algún tiempo en sus salas comunes, resolviendo problemas de los alumnos menores, o incluso platicando con sus amigos. Pero a las diez comenzaba su tiempo. Con la excusa de hacer las rondas, todas las noches se encontraban en lugares diferentes y apartados: la lechuzería, el aula de astronomía, los largos corredores desocupados… allí podía hablarse y besarse como deseaba. Estar juntos. Disfrutar el uno del otro. En aquellos momentos, se borraban todos los problemas, y durante una hora no eran más que ellos don en todo el universo. El tiempo volaba, concertaban la cita para el día siguiente y vuelta a empezar.
Llevaban esa dinámica desde mediados de Septiembre. Ahora, ya cerca de la Navidad, Hermione se preguntaba si debía decírselo a Harry y Ron. No dudaba de los sentimientos de Malfoy… pero él nunca decía que la amaba. Era cierto que no había negado su atracción, parecía siempre deseoso de estar junto a ella, pero la palabra "amor" jamás había salido de sus labios. Tampoco ella le había dicho nada, no se atrevía a quedar tan vulnerable ante él. Y no tenía a nadie con quien hablar. Bueno, Ginny sabía que mantenía una relación con un chico, y a veces le servía de coartada con Harry y Ron, pero ella nunca le había dicho quien era.
Apenas faltaban un par de día para el baile de antes de Navidad. Dumbledore pensó que sería una gran idea celebrar un baile de máscaras, y eso les iba a permitir bailar juntos sin que nadie lo supiera. Ella había comentado a sus amigos que ya tenía pareja, pero había especificado quien. Draco, por su parte había dicho a sus amigos que no pensaba asistir a una tontería como esa. Pero si que iría, sería su pareja. Y mientras todos estaban aún en la fiesta… Draco la había invitado a su habitación.
Como prefecto del último año, Draco tenía derecho a la habitación individual en la casa Slyhterin. Y aquella era la oportunidad perfecta para estar juntos y tranquilos. Nunca tenían oportunidad de tomarse su tiempo, y siempre sufrían el miedo de que los descubrieran en cualquier momento. Hermione sentía que estaba preparada. No tenía dudas. Había llegado el momento. Ella lo quería, aún sin saber si él la amaba a ella. Pero eso no evitaba los nervios.
Le esperaba, reclinada en el sofá del baño de prefectos. No solían encontrarse allí. Ella sabía bien que Myrtle podía aparecer en cualquier momento, o incluso no aparecer y mantenerse escondida, escuchando por eso no le gustaba quedarse allí. Pero era el lugar perfecto. En el caso de que alguien entrara ahí de casualidad no se plantearía su presencia allí.
La puerta se abrió, y Draco apareció en el umbral. El corazón se le aceleró. A pesar del tiempo que llevaban juntos, todavía se sorprendía por el efecto que le provocaba su sonrisa. Él se encaminó hacia el sofá, y la tomó de la mano para levantarla. Se besaron durante un momento.
¡Qué día tan largo!- murmuró mirándola a los ojos.- se me ha hecho eterno.
¿Estas cansado?
Ahora no.- se sentaron y ella se recostó en su pecho. Draco se dedicó a acariciar su pelo.- pero creo que me estoy haciendo mayor para los partidos de Quidditch. Me duele todo.
Has jugado de maravilla. Me ha gustado hasta a mi –repuso Hermione enseguida. Se puso de rodillas sobre el sillón, para observarlo mejor.
Draco rió.
Pero si tu odias el Quidditch.
Lo odiaba hasta que descubría los magníficos efectos que tienen sobre la anatomía masculina. –Comentó, picaramente.
¡Chica mala!- dijo mirándola a los ojos, sin perder la sonrisa.
Esta chica mala ya ha tomado una decisión sobre lo del baile.- ya no sonreía, ella pudo notar lo nervioso que se había puesto. Y le gustó tener ese poder sobre él. Podía ser que no la quisiera, pero desde luego al deseaba profundamente. Ella no tenía duda.
¿Y?- su voz sonaba ronca.
Estoy de acuerdo.- Le miró a los ojos mientras hablaba.- Me iré contigo, Malfoy.
La sonrisa que Draco la dedicó fue tal vez la mas hermosa de las que había visto. No tuvo demasiado tiempo para ello, porque de inmediato el la ahogó en un abrazó inmenso.
Se mantuvieron abrazados durante el resto de su tiempo. Ninguno sabía que decir. Si hubiera tenido alguna duda, ella la habría despejado en aquél instante. No había nada incorrecto en estar así, en sentirse como ellos se sentían. No podía estar mal. Su corazón le decía que podía confiar en él. No creía que le fuera a hacer daño conscientemente.
En uno de los baños, Myrtle sonreía, preguntándose a quién debía contarle las interesantes noticias que tenía. ¿Quizás a Ron? No el debía de sentar muy bien la traición de Hermione. ¿O tal vez a Pevees para que expandiera el rumor por todos los pasillos? Claro que… había alguien a quien la noticia le sentaría como un tiro. Y ella sabía quien era.
La culpa la tenían ellos por venir a alardear de su carió delante de ella, sin ningún respeto por su desgracia. Que se fastidiaran. La próxima vez lo pensarían mejor.
