Hola un tierno capítulo. Gracias por los reviews. Saludos.
Cáp. 10. Juntos
Caminaban apresurados por el largo pasillo hacia las mazmorras de Slytherin. No había demasiadas luces, y el pasillo estaba desierto. Todos se divertían en el baile. Draco se había sacado la capa del traje de mago de cumpleaños que llevaba y había cubierto a Hermione con ella. Estaba preciosa, disfrazada de veela. Lo único que no le gustaba era la larga peluca rubia. El adoraba la melena rizada de Hermione, indómita como ella.
Traspusieron el umbral de la puerta sin problemas. Y se dirigieron rápidamente hacia el dormitorio. Cuando entraron, el cerro la puerta con un hechizo y observó como ella se sacaba la capa en un movimiento fluido mientras estudiaba la habitación. Se había tomado un gran trabajo para hacer la atmósfera agradable, velas y rosas, y esperaba que ella hiciera algún comentario.
¡Cuantas molestias!- se giró ella hacía él y le miro con aquellos maravillosos ojos oscuros.- No se si lo merezco.
No digas eso. Por supuesto que si.
Ahora que había llegado el momento se sentía inseguro. No sabía que debía decir. Tragó aire.
Estoy nervioso.- ella le sonrió.
También yo. ¿Se supone que eso ayuda de algo?
Yo creo que es peor.- Las risas suavizaron el ambiente, y ella se abrazó a él. Se puso de puntillas para alcanzar su boca, y él se relajó enseguida. Mientras deslizaba su boca por el cuello de Hermione, le quito la peluca. Ella tampoco estaba ociosa. Sus manos hicieron caer la chaqueta negra al suelo, y volvieron a posarse en su espalda, acercándolo más aún.
No tenían prisa, se tomaron su tiempo para descubrirse. Las prendas caían al suelo una tras otra, sin pausa, con una cadencia casi musical. Pronto, la luz de las pequeñas velas bañaba la piel de Hermione con un brillo cremoso, y él la tendió sobre la colcha rubí de terciopelo. Cada minuto que pasaba ella lo fascinaba mas, con sus rizos castaños extendidos alrededor de su cabeza, con los ojos brillando y los labios entreabiertos.
Extendió sus brazo llamándolo, y él salió de su ensoñación para tenderse junto a ella. Después de pasar tantos años soñándola, aún no creía que estuviera allí.
Los dedos de Hermione se deslizaban perezosamente sobre su plano estomago. Ascendían lentamente por los músculos de su pecho, alcanzando los hombres. Ella no dejaba de mirarle, y sintió un escalofrió cuando sus dedos le rozaron la piel del cuello. A pesar del deseo que sentía, estaba petrificado. Quería y no quería que terminara esa tortura placentera.
Ven- lo llamó ella, y se inclinó sobre su boca, calida y seductora. Cuando la besaba sentía que todo encajaba en su lugar, y podía sentirse de nuevo seguro. Ahora que los hechiceros ojos de ella estaban cerrados, se atrevía a recorrer la piel de Hermione con reverencia, despacito, para aprenderse su textura y estudiar sus reacciones.
Pronto, no hubo más tiempo para pensar. La pasión tomó el control y los besos fueron cada vez mas ardientes, más salvajes.
Tendido sobre ella, con los antebrazos descansando sobre el terciopelo, sujetaba la cabeza de Hermione para asegurarse el camino a su cuello, para llenarse de su aroma. Pero ella se alzaba hacia él, con sus manos aferrándose a los músculos tensos de su espalda, pidiendo sin palabras, clamando sin saber muy bien qué.
Se dispuso a deslizarse en si interior, tenso, esperando alguna negativa tardía, algún reclamo. Pero ella simplemente abrió los ojos y le miró, mordiéndose los labios brillantes y rojos por los besos de él, y en el momento justo en que se abrió paso, ella le habló.
¡Draco!.- era la primera vez que le llamaba por su nombre. Apoyó las manos a ambos lados de su cabeza, y subió su torso, para dejar pasar la luz de las velas y poder ver su cara bien iluminada. No separo la vista de su rostro glorioso ni por un segundo, incapaz de decir nada, de hacer nada. Ella rodeó sus caderas con una de sus largas piernas, y se movió exquisitamente al compás de su agitada respiración. Esta vez fue el quien cerro los ojos. Sus brazos temblaban por el esfuerzo, y Hermione no ayudaba al clavar sus dedos en ellos y alzarse para morder su hombro. No supo cuanto tiempo se mantuvo allí, expectante, pero la sintió estremecerse bruscamente bajo él y no pudo contenerse mas.
Se dejo caer sobre ella, buscándola con su boca, obligándola a adaptarse a su ritmo, aplastándola contra la cama en un intento de sentirla mas cerca de su cuerpo. Su pelo rubio caía sobre su cara, y ella usó sus manos para separarlo de sus ojos y no dejar de mirarlo. De pronto, ella arqueó la espalda, alzo la barbilla y abrió la boca en un grito mudo que él tragó con la suya.
Y súbitamente, en una explosión cegadora que lo dejo satisfecho y entumecido, todo encajó en su lugar y se abrazaron, sobrecogidos y asombrados. Aún con las manos sujetando su pelo, ella apoyó su frente en la de él, y Draco se perdió en aquellos ojos profundos.
Largo rato después, la sentía dormitar apoyada en su pecho. Acariciaba su cabello perezosamente, disfrutando del hecho de saberla totalmente suya, demasiado nervioso para dormir a su vez. Sabía que no podían despistarse, que no podrían retrasar mucho más de la medianoche, hora final del baile. Nadie debía sospechar que ella no estaba entre la alegre multitud y que bailaba en el salón. Incluso sería conveniente que llegara antes del último baile. Pero no deseaba que todo terminara tan pronto. Y no quería compartirla con nadie mas esa noche. Sabía que era egoísta, pero no le importó.
Se sentía feliz. Totalmente feliz por primera vez en su vida. Y no era tan estúpido como para negarse a si mismo que la razón era ella. Hermione. Desde que estaban juntos su vida era mejor. No sabía que les depararía el destino, pero nunca podrían quitarle ese momento, esa sensación. Quería atesorarla para siempre, y sentía reparos a despertarla y vestirse para acompañarla a la torre Gryffindor.
La apretó mas contra sí, y ella protesto levemente entre sueños, pero no quería soltarla, no quería separarla de él.
