Bueno, este capítulo no es muy interesante… pero no dejen de leer que lo que viene es buenísimo!
Gracias por los reviews. Saludos!
Capítulo 15. Mansión Potter
Ya había llegado la hora. Esa misma mañana se había traído al despacho una pequeña maleta para el fin de semana, y tampoco había olvidado el regalo de su ahijado. Se despidió de su elfina, y a las seis en punto tomó un puñado de polvos flú, y con voz potente habló a la chimenea:
- ¡Mansión Potter!- y dio un paso al interior. En unos segundo estaba en el salón de cada de Harry y Ginny, casi vacío y aún así, terriblemente desordenado. Dejó caer la bolsa al suelo, y se aproximó a la puerta de la cocina, de donde salían unas voces agradables.
- ¿Y va a venir el abuelo?
- Claro que sí.
- ¿Y la abuela?
- También – Ginny lavaba las manos de James en el fregadero. El niño estaba cubierto de una sustancia azul.
- ¿Y Mione?
- Yo ya estoy aquí, cariño.- el pequeño se soltó de los brazos de su madre, y se arrojó en los de ella. Mientras saltaba en el aire, Ginny agitó la varita y el niño perdió la capa de pintura.
Miró a Ginny con una ceja levantada.
- Me daba lastima arruinar ese precioso vestido, Mione.
- No te preocupes. De todas maneras te lo agradezco, no quiero saber que tipo de sustancia era esa.
- Yo también creo que es mejor que no preguntes.- Se dieron un abrazo, mientras James trataba de que Hermione le prestase atención sólo a él.
Tras unos momentos de agradable confusión, James corrió a buscar sus juguetes nuevos, los que se mantenían enteros), y ellas pudieron parar a tomar un té.
- Estoy agotada. Menos mal que mamá cuida a ames cuando estoy trabajando, porque si no… y lo peor de todo es que cuando ella está delante, el se comporta como un angelito, pero con nosotros… es un tirano.
- Tu madre tiene mucha práctica, ella crió a siete, este es tu primer hijo. No seas demasiado dura contigo misma.
- Menos mal que me dejan hacer clases externas en Hogwarts. Si tuviese que ser la directora de alguna de las casas tendría que pasar las noches allí también, y eso sería desastroso. Ya es bastante con que Harry pase esas largas temporadas en el extranjero.
- El trabajo de auror tiene eso. Y al menos Ron y él están juntos.
- Llama a casa constantemente, y trata de visitarme cuando puede, pero sé que James le extraña mucho… y yo también. Aunque suene egoísta, me gustaría que cambiara de trabajo.
- Ellos no están hechos para puestos de papeleos, Ginny. Morirían en cuatro paredes.
- Lo sé. Pero no tiene porque gustarme ¿Verdad?
Un barullo de voces anunció la llegada de Harry y Ron. Hacía varios meses que no los veía y estaba un poco nerviosa.
- Hola, cielo… Mione, ¿eres tu?- Harry apenas había cambiado. Seguía siendo el mismo a pesar de las perdidas sufridas, de los amigos caídos. Ella envidiaba su capacidad de recuperación. Se fundieron en un abrazo. Ella siempre se sintió cercana a él, almas gemelas. Sus ojos habían visto mucho en diferentes misiones, habían presenciado mucho dolor. Pero sus ojos verdes seguían teniendo la misma inocencia, la misma verdad. Cuando él la estrechó entre sus fuertes brazos, sintió ganas de llorar.
- No la ocupes todo el tiempo, egoísta. Yo también tengo derecho.- la mano de Ron los separó, y ella fue abrazada a su vez por su enorme amigo. Más alto y mas fuerte que la última vez que se vieron, Ron tenía la misma sonrisa amable de siempre. Aquella sonrisa que tanto la hacía temblar cuando era adolescente. Llevaba el cabello demasiado largo, y ella se lo revolvió cariñosamente, poniéndose de puntillas.
- En cuanto venga tu madre, lloverán los tijeretazos, me parece a mi.
- ¡Que lo intente! A mi mujer le encanta, y eso es lo único que me importa.
- ¿Cómo esta Fleur?- Preguntó Ginny mientras despejaba la mesa.
- Perfectamente. Tiene mucho trabajo, así que lamenta no poder venir. Tratará de pasar al menos el domingo. Pero no promete nada.
- Al final seremos menos de los que pensaba. Seamos y Parvati están de guardia en Hogwarts este fin de semana.
- Pues Neville esta de misión.- aclaró Harry comiéndose una galleta de jengibre.
- Entonces Lavender no se atreverá a venir sola con el embarazo. – se quejó Ginny.
- Lamentablemente, Fred y George han confirmado su asistencia.- se quejó Ron.- y yo que pretendía un tranquilo fin de semana…
- Oye cariño, he invitado a comer a un compañero auror. Espero que no te importe. Como parece que sobrará espacio…
- ¡No hay problema! Pero primero voy a llevar a Hermione a su habitación.- el rugido de James al entrar en la cocina y divisar a su padre, hizo que Ginny pusiera pies en polvorosa- vamos 'Mione, querrás colocar tus cosas.
Huyeron vilmente de la cocina dejando a su suerte a los dos hombres con James. Mientras subían las escaleras, reían con complicidad.
- ¿Crees que sobrevivirán?
- Supongo que sí. Son aurores. Supongo que están entrenados para casos extremos.
- ¿Sabes, Hermione? Siempre me pregunté porque no habías intentado hacerte auror. Tenías las mejores calificaciones. Entre todos, tu eras la mas brillante.
Ella no dijo nada. Se limitó a caminar en silencio. De pronto, Ginny se estremeció
- ¡OH! Lo siento. No me di cuenta, 'Mione, lo siento. Soy una estúpida.
- No pasa nada, Ginny. No tienes porque recordarlo.
- Soy imbécil. Es que a veces se me va de la cabeza, de verdad.
- Fue una decisión personal. Después de que asesinaran a mis padres, no pude pensar en vengarme, estaba tan desesperada, que no podía ni comer. No tenía fuerza para entrenarme, ni cabeza para estudiar mas. Dumbledore hizo bien metiéndome en el ministerio. El trabajo mecánico me ayudó mucho, y al final he ido subiendo, pero tampoco era mi ambición ser ministro de magia de Inglaterra. Simplemente estaba demasiado ocupada intentando superar la pena como para preocuparme de nada más.
- ¿Aún tienes pesadillas?- Ginny le abrió la puerta de un precioso dormitorio azul.
- Todas las noches. Así que si me sentís gritar no os asustéis. Se me pasa en cuento abro los ojos.- admiró el bello decorado.- tienes una casa preciosa.
- Sirius se la dejó a Harry. Y gracias a Dobby no es complicado tenerla bien. Lo que es terrible es tener que conseguir cada vez calcetines mas estrambóticos para pagarle.
Ambas rieron.
- Winky no me deja en paz. Todo el dinero que le pago se lo regala a la señora Stitch, la secretaria de Padma Patil. Al final, la señora Stitch a optado por abrirle una cuenta en Gringotts, sin decirle nada, y yo lo que hago es comprarle ropita para bebé, que le encanta y ella la adapta para ponérsela.
- Nunca pensé que ella aceptaría salir de Hogwarts e irse contigo.
- Creo que pensó que yo necesitaba más ayuda que el colegio.
- Te dejaré para que te refresques. Cenaremos a las ocho.
Cuando la puerta se cerró, ella se dejó caer sobre la cama. El colchón de plumas la abrazó con delicadeza. La habitación era preciosa y tenía una vista espectacular. Ginny se había tomado muchas molestias por ella. Tenía incluso un jarrón de flores en el tocador.
Decidió darse un baño de espuma, y eligió aroma de rosas. Tenía tiempo hasta la cena y no quería interrumpir. Había oído llegar a los Weasley. Era imposible no oírlos, nunca hacían nada en silencio. Recordó lo feliz que era cuando pasaba aquellas temporadas veraniegas en La Madriguera. Las recordaba con nostalgia. Perdida en sus propias ensoñaciones, dejó pasar el tiempo tumbada sobre la cama, aún en albornoz.
Cuando se quiso dar cuenta, tenía el tiempo justo para arreglarse ligeramente y no pudo domar su pelo. Siempre le había dado problemas. Por eso había optado por llevarlo recogido en un moño cuando trabajaba. Esta vez tendría que dejarlo suelto. Eligió un vestido de flores azules, estilo romano, pegado al cuerpo sin se demasiado ceñido. Era lo menos Muggle que tenía en su armario, sin contar la ropa de trabajo. Se había enamorado de él al verlo en un escaparate porque le recordaba a una toga romana, con sus delicados drapeados.
Se calzó y bajo las escaleras casi corriendo. Al llegar al salón, entendió porque Ginny había retirado los muebles. Con todos los Weasley allí, era imposible que nada se mantuviera en su sitio. Cuando la vieron aparecer, comenzó de nuevo la ronda de besos y abrazos. Aquello era fantástico, y volvió a preguntarse porque dejaba pasar tanto tiempo entre visita y visita. Desde que sus padres desaparecieron, ellos eran la única familia que tenía. Y sabía que debía cuidarles más. Pero le hacía daño verles. No podía evitar recordar.
Pasaron al comedor. Debió ser la mágica influencia de Molly Weasley, porque James se comportó perfectamente. Sus tíos estaban orgullosos de él, pero Ginny y Harry lo miraban como si estuviera poseído. Todos estaban sentados, incluso el niño, cenando tranquilamente, cuando sonó el timbre.
- Debe ser Hagrid. Murmuró Harry levantándose. Y Hermione se alegró de que hubiese podido asistir, al menos a la cena, pues sabía perfectamente que a él no le gustaba dejar abandonadas a sus criaturas si podía evitarlo.
Mientras todos reían ante la dificultad evidente de James de tomar los guisantes con el tenedor, Hermione prestaba atención a la voz de Harry en el recibidor.
- ¡Has llegado antes! Que sorpresa. No te esperábamos hasta mañana.- ella pudo oír un murmullo, y luego la risa clara de Harry- por supuesto que no es problema, tu habitación ya esta lista. ¿Has cenado? Perfecto, cenaras con nosotros. Pasa, estamos en el comedor.
¿Tantos parabienes para Hagrid? Él era otro más de la familia. No era normal tanta cortesía. Debía ser el auror nuevo, el amigo de Ron y Harry. Se sintió intrigado. A su despacho no había llegado ninguna nueva petición de admisión. ¿Quién sería el nuevo auror?
Como estaba de espaldas a la puerta se quedó con las ganas de verle la cara, le parecía descarado girarse a mirarle. Pero supo que algo andaba mal cuando la conversación enmudeció y vio como Ginny se llevaba las manos a la boca y la miraba espantada.
Entonces, aún antes de verlo, lo supo. Pudo sentir su presencia. Todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo le gritaban que tuviera cuidado. Temía girarse para verle, pero no podía evitarlo. Tenía que cerciorarse de que no era él, de que no era posible que Ron y Harry le hicieran esto. Casi en cámara lenta, fue girando la cabeza para mirar atrás. Y sus sentidos no la engañaron.
En la puerta del comedor estaba Draco Malfoy.
